Grácias a las dos wapísimas que me dejan reviews! Os contesto al final xq si no os desvelo lo que pasa XD.
CIELO Y TIERRA ENFRENTADOS
Capítulo 14.- Encuentros y huídas. Suzakus y Seiryuus, juntos por primera vez
Nuriko esquivó con agilidad una nueva embestida de su enemigo y aterrizó seis metros más allá, poniéndose rápidamente de nuevo en guárdia. Ashitare le miró de reojo y, sin apenas tocar el suelo, se lanzó de nuevo sobre él de un modo fugaz. Nuriko detubo su embestida con los brazaletes y le repelió. Le estaba costando lo suyo contener a aquel maldito Seiryuu: seguía siendo tan rápido y lanzado como en su último enfrentamiento. A pesar de su aspecto de muchacho, no tenía la sensación de estar luchando contra un ser humano. Parecía un animal en toda regla. Blandía aquellas armas de cinco puntas como si de sus mismas garras se tratasen. Ya llevaban más de diez minutos de lucha, él había recibido un montón de arañazos en todo el cuerpo, pero ninguno parecía superar a su adversario: estaban totalmente igualados. Aunque, por supuesto, la resisténcia de Nuriko no podía compararse a la animal de su oponente, por lo cual empezaba a ir más lento en sus esquivos. En una de esas, un terrible puntapié de su adversário le alcanzó en el estómago, haciéndole impactar contra el muro opuesto y cortándole la respiración. Ahogando un leve gemido de dolor, tuvo el tiempo justo para esquivar las agudas armas, que se clavaron en la pared, justo donde había estado su torso. Jadeando por el esfuerzo, se puso de nuevo en posición de ataque.
- Veo que has mejorado mucho... -dijo Ashitare con una sonrisa cruel- Pero no lo suficiente como para derrotarme...Todos los hombres soís iguales: tropezáis dos veces con la misma piedra.
Sin detenerse, arremetió contra él con toda su velocidad. Nuriko lo vió venir y trató de esquivarlo, pero fue demasiado lento. Le alcanzó...
Un sonido de dolor salió de los labios de Nuriko, mientras sentía que las armas le habían alcanzado en el costado derecho. Sintió la sangre resbalar desde la herida, acompañada del cruel dolor.
- ¿Lo ves...? -dijo su enemigo complacido- Te he matado de nuevo...Las cosas no cambian: mi venganza...por tu vida...
Pero, entonces, notó que algo no iba como tenía planeado. Bajó la vista para ver el cuerpo del muchacho que tenía ante sí, atravesado por sus hojas...pero solamente vió las increíblemente fuertes manos de su rival aferrándo sus muñecas. En el último momento, Nuriko había logrado desviar la trayectória del arma con el metal de sus brazaletes, haciendo que la herida fuera solamente transversal. Una sonrisa se dibujó en su rostro cruzado por el dolor.
- Algunos aprendemos de nuestros errores...
Antes de que el Seiryuu pudiera hacer nada, Nuriko soltó un grito de guerra y le dió un tremendo puñetazo en el rostro. Ashitare cayó al suelo tras dar dos vueltas en el aire. Aprovechando que su rival aún estaba aturdido, Nuriko saltó con fuerza en el aire, preparado para propinarle una patada que dió en el blanco. Casi ni advirtió que el signo resplandeciente, visible sobre su pecho entre los retazos de ropa, cambiaba de aspecto para volverse en cursiva. El enemigo incluso sangró por el tremendo golpe, pero aún así trató de huír. Pero, con una agilidad adquirida, Nuriko saltó en el aire para situarse frente a su enemigo, impidiéndole la huída.
- Has hablado demasiado... -dijo el chico con una seguridad que ni él mismo conocía en sí- Esta vez me aseguraré de que no puedas hacer más daño...
- ¡Maldito...! -gritó Ashitare lanzándose contra él en una nueva embestida.
Pero Nuriko no era él mismo: una nueva fuerza se había despertado en él. Sólo le hizo falta levantar una mano para sentir le energía fluir y cómo, si apenas tocar a su oponente, un golpe suyo le envió de nuevo contra el muro, donde el Seiryuu ya no pudo ponerse en pie. El Suzaku avanzó con decisión, mientras sus puños se tensaban.
- No sabes cómo me dolió que me mataras... -dijo lentamente- Lo único que deseaba era seguir vivo para proteger a mis amigos...y tú me lo quitaste todo...¡Sólo deseo matarte...!
De inmediato, sintió que la fuerza le desbordaba, como si ni siquiera él fuera capaz de dominarla...su cuerpo prácticamente se movió solo...para definir un último y contundente golpe...
Pero este no llegó a su blanco. Ante sí vió que la figura de su enemigo se desdibujaba y, después, desaparecía en la nada. No detubo el golpe, sino que su puño impactó en el muro, provocando un tremendo agujero en el tabique de más de un metro de ancho. Respirando entrecortadamente, sintió que sus niveles de energía volvían a la normalidad, haciéndole advertir que su cuerpo era presa de un gran cansáncio.
Un grito de rábia y coraje manó de sus labios, mientras daba un tremendo golpe al muro, haciéndolo saltar en mil pedazos.
Maldición...aquél desgraciado prácticamente de le había escapado de entre los dedos: seguro que algún otro de los Seiryuu lo había transportador a otro lugar.
Poco a poco, se incorporó, pero entonces sintió el dolor de la herida que no había notado hasta entonces. Se llevó una mano al costado, sobre los cinco cortes. Apenas eran profundos, pero sangraban abundantemente y dolían horrores. Se dispuso a seguir a sus compañeros para encontrar a Miaka, pero algo le detubo.
Notó una sensación desconocida en su cabeza...en su corazón. Se desvió de su rumbo y empezó a andar por un pasillo lateral. Mientras lo hacía, trataba de detectar el orígen de tal percepción.
"Es...un aura...el aura de Seiryuu...pero...no parece maligna..."
Tras andar un trecho casi a trompicones, se detuvo frente a las puertas tras las que creía percibir aquella energía. Los portones estaban cerrados desde fuera. Con un poco de esfuerzo, levantó un puño y golpeó, partiendo el cerrojo y dejando que las puertas se abrieran.
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Yui no pudo explicar cómo, solamente supo que de repente un fuerte golpe sacudió la puerta de la estáncia y los dos enormes portales se abrieron solos. Miró con miedo al frente, esperando ver a otro de los aliados del emperador tras ella. Para nada esperaba encontrarse con la persona a la que vió.
Un muchacho de cabellos violácios atados en una trenza, heridas en todo el cuerpo y aspecto de derrotado entró en el lugar, clavando de inmediato en ella sus ojos rosáceos. Al parecer se quedó de piedra tras ver a una chica...empuñando la pata de una mesa, preparada para golpear al primero que entrara. (N/A: Yui ya ha demostrado en varias ocasiones que tiene un par de narices, como cuando dejó insconscientes a la mitad del instituto con un bate de béisbol XD Tomo 16 o por ahí).
- ¿Quién eres tú? -inquirió Yui confundida.
- Espera... -susurró el chico pensativo- Yo a tí te conozco...eres la sacerdotisa de Seiryuu...Yui, la amiga de Miaka, ¿no?
Los ojos de Yui descendieron de su rostro hasta posarse en el pecho del chico, sobre el cual brillaba suavemente entre los desgarrones de su camisa un carácter rojo reluciente. Le miró de nuevo a los ojos.
- Tú eres Nuriko... -dijo con sorpresa. Sus ojos se fijaron en la sangre que manchaba la ropa del muchacho- ¿Estás herido...? -preguntó angustiada.
- Bueno, he tenido un "roce" con uno de los tuyos... -dijo Nuriko sonriendo temblorosamente.
- No digas eso -dijo Yui muy seria- No son "de los míos".
- Lo siento -se apresuró a decir Nuriko.
Yui se apresuró a ayudarle a sentarse en una silla, cosa que hizo que el chico respirara más aliviado al poder descansar. La chica se inclinó a su lado y examinó la herida de cerca. No era demasiado profunda, pero debía dejar de sangrar.
- No es grave...no ha tocado ningún órgano vital -dijo casi profesionalmente. Le miró- ¿duele?
- ¿Tú qué crees...? -dijo Nuriko fingiendo fastidio- No es precisamente una sensación agradable...
La chica desgarró un trozo de tela de una sábana y se apresuró a improvisar un vendaje para la herida del chico y taponar la hemorrágia. Una vez hecho, se lo aseguró y después se sentó frente a él.
- ¿Qué está pasando? -preguntó.
- Debo irme... -dijo Nuriko, decidido a marcharse- Mis amigos me necesitarán...
- Así no vas a ir a ninguna parte -dijo Yui muy seria- Explícame qué ocurre.
- Ayer, mientras descansábamos en Kertaka, fuímos atacados por Tomo -relató Nuriko con la voz apagada- Pero entonces Nakago despertó y le repelió. Esta mañana, al despertarnos, Miaka se había ido y solamente dejó una nota diciendo que venía a buscarte a tí y a su hijo...¿Dónde está? -dijo, acordándose de repente- ¿Dónde está Hikari, el hijo de Miaka y Tamahome?
Los ojos de Yui se ensombrecieron de inmediato.
- El emperador se lo ha llevado... -se llevó las manos al rostro y lo undió entre ellas- He intentado detenerle...pero no he podido hacer nada...
Nuriko calló sin decir nada, al parecer angustiado por la suerte del bebé.
- No le puede hacer nada...no hasta que consigan los otros dos shinjazos... -dijo Yui lentamente, como si intentara justificarse.
- No te preocupes -dijo Nuriko sonriendo levemente, mientras se incorporaba con una ligero gesto de dolor- No es culpa tuya. Ahora debo ir a ayudar a mis amigos...deben estar tratando de rescatar a Miaka...no puedo quedarme aquí...
- Espera, estás herido...te acompañaré -dijo Yui poniéndose en pie.
- Seguro que Miaka se pone contentísima cuando te vea... -dijo Nuriko con una ligera sonrisa.
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Suboshi saltó a un lado con agilidad, para tratar de escapar de un enorme demonio con forma de dragón que vino hacia él a toda velocidad. Después, arremetió a toda prisa contra el monstruo, partiendo su cuerpo en dos con las "estrellas fugaces", ayudándose después de su arma para levitar hasta el suelo. Pero, de repente, vió que dos decenas más demonios como aquél se acercaban a él a toda prisa. Los esquivó como pudo, cortando la cabeza de dos de ellos.
- ¡Son demasiados...! -gritó protegiéndose con sus armas.
- Los crea con esa cosa... -dijo Soi saltando ágilmente a un lado y carbonizando a tres demonios de un chispazo eléctrico.
- No perdáis el tiempo -dijo Miboshi sonriendo maléficamente- ¡Cualquier esfuerzo que hagáis será inútil...!
El punzante objeto dorado volvió a girar tétricamente, haciendo surgir un buen puñado de demonios de la nada, esa vez más grandes que ninguna. Antes de que les tocaran, pero, un sonido conocido, rítmico y casi frenético. Amiboshi miraba al frente de un modo sagaz mientras tocaba su flauta cada vez más rápido. De inmediato, el poderoso escudo de fuerza azul les rodeó, de manera que los demonios quedaban destruídos al tocar la superfície luminosa. Aquél acto pareció enfurecer a su enemigo, que montó en cólera.
- Ya basta de juegos -dijo- Sería mucho mejor para vosotros que volviérais a nuestro lado...No os lo tendríamos en cuenta: seríais aceptados con todos los honores.
- ¡Jamás volveremos al lado de Kutô! -gritó Suboshi amenazante.
- Perfecto... -dijo Miboshi con una sonrisa cruel- No me dejáis más remedio que destruir vuestros cuerpos y desvanecer vuestras almas.
Miboshi cerró los ojos y concentró su aura, convocando al más terrible demonio que había en sus manos. De inmediato se presentó ante ellos una sombra negra, que adoptó de inmediato la forma de un increíble demonio de tres cabezas, con los ojos de cada una de ellas fijos en los Seiryuu.
- A ver cómo derrotáis a este... -dijo Miboshi con satisfacción.
Amiboshi intentó de nuevo su ataque de música contra el demonio, pero entonces se dió cuenta de que le era imposible siquiera percibir su aura.
- ¡Maldita sea, no deja que mi energía entre en su cuerpo...! -gritó.
- Déjamelo a mí -dijo Soi alzando dos dedos sobre su cabeza, convocando el poder del trueno- ¡Estallido del rayo azul!
La tormenta se convocó en un instante sobre ella y un terrible y brutal relámpago cayó sobre el ser. Pero, a diferéncia de los esperado, el demonio ni siquiera se inmutó y se dirigió a ellos con toda su poténcia. Aunque los tres chicos trataron de esquivarlo, no pudieron evitar que un potente golpe del monstruo les hiciera caer de golpe y sopetón al suelo. Suboshi se incorporó, dolorido y herido en un hombro, pero entonces vió que una espécie de tentáculos emergían de la piel del ser...para ir directos hacia ellos.
- ¡Cuidado! -gritó.
Pero fue demasiado tarde: para cuando pudieron darse cuenta, ya estaban completamente inmobilizados en el aire, oprimidos a merced de aquél enorme monstruo. Trataron con todas sus fuerzas de liberarse, pero fue inútil.
- Poco a poco se irá cerrando más a vuestro alrededor...hasta que dejéis de respirar y muráis sin solución... -dijo el Seiryuu triunfante.
Soi sintió que, en efecto, era verdad. Ya casi no podía respirar: sus pulmones empezaban a quedarse sin aire y cada vez le costaba más llenarles. Ahogó un quejido al sentir como la presión crecía. Si al menos pudiera convocar al trueno...pero sin el movimiento necesário era del todo imposible. Si no hacían algo, morirían sin poder evitarlo...
De la nada surgió una poderosa energía azul, que impactó con fuerza contra el monstruo. El ser ahogó un grito de dolor y se desintegró instantániamente, dejando caer a los Seiryuus. Tras impactar con fuerza contra el suelo, Soi se incorporó forzosamente, ahogando una queja de dolor. Llevándose una mano a la cabeza, miró al frente, para ver hecha realidad su mayor esperanza.
Nakago estaba allí, tan imponente como siempre, a pesar de su cuerpo infantil, con sus cabellos rúbios meciéndose violentamente por su própia aura, que manaba del luminoso signo azul de su frente. De su mano había salido el ataque que había destruído por completo al monstruo que les había atacado. El enemigo sonrió, al parecer nada molesto por la preséncia de Nakago allí.
- Por fín te has dignado a presentarte, Nakago.
- Nakago...has venido... -dijo Soi sonriendo, visiblemente feliz.
El rúbio le dirigió una fría mirada azul, aunque ella habría jurado que debajo se asomaba una leve y cálida sonrisa.
- No temáis...estoy aquí.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Tamahome alzó sus brazos en posición de ataque, imitado de inmediato por sus compañeros, que se dispusieron a abatir al enemigo que tenían ante sí. El aura del líder de los Suzakus se hizo más luminosa e intensa, mientras el signo de su frente aparecía en cursiva, denotando el gran poder que lo inundaba.
- Suelta a Miaka, maldito -dijo amenazante.
- No lo creo... -dijo Tomo andando en círculos alrededor de la sacerdotisa, que seguía inmóbil- Creo que será un buen escudo...
- ¡Desgraciado! -gritó Tamahome cogiendo velocidad y saltando en el aire.
Con aquella increíble agilidad, saltó por encima de Miaka, que seguía inmóbil, y aterrizó dónde se encontraba Tomo. El Seiryuu ni siquiera se inmutó, ni tan solo cuando una tremenda y fugaz patada de Tamahome iba a toda velocidad en el aire, directa hacia su rostro...Pero, inexplicablemente, el descomunal golpe de Tamahome no le dió, sinó que le atravesó por completo. El muchacho de los cabellos verdeazulados se quedó de piedra, frenando su própia poténcia justo a tiempo. Se dió la vuelta para mirar a su enemigo, que ni siquiera se había movido del sitio.
- ¿Por qué crees que tengo el poder de las ilusiones? -preguntó Tomo burlón- Este cuerpo que ves ante tí no es más que un espejismo...
- ¿Qué...? -preguntó Tamahome furioso.
Ante sus ojos, Tomo desapareció, para aparecer tras de él, cosa que le chico no notó hasta que escuchó su voz.
- Puedo hacer que mi ilusión sea palpable o no, dependiendo de lo que quiera -dijo sonriendo maliciosamente- Como ves, este nuevo cuerpo no limita mis capacidades ilusórias. ¿Recuerdas lo que ocurrió la primera vez que nos encontramos, Tamahome?
El chico sintió un destello de ira. Por supuesto que lo recordaba...aquél sádico había disfrutado cuanto había querido de verle sufrir mientras él no podía defenderse...Aquello no hizo si no incrementar la rábia de la estrella de Suzaku.
- Te mataré...juro que te mataré...
- Je, antes tendrás que "encontrarme" -dijo Tomo sonriendo con crueldad, volviendo a adoptar la apariéncia de los viejos tiempos (N/a: con máscara y todo Oo).
Sin que los chicos apenas pudieran seguirle con los ojos, el Seiryuu dividió su cuerpo, o mejor dicho lo multiplicó, hasta que sus clones llenaron toda la sala, hacechándoles desde cada esquina. Los Suzakus fueron retrocediendo hasta topar de espaldas unos con otros, manteniéndose en círculo.
- ¡Maldición, hay muchos!
- Su aura se desdibuja... -dijo Chichiri pensativo- Son ilusiones. Tenemos que encontrar el auténtico.
- Teniendo en cuenta que la luz viene de esa ventana -dijo Chiriko haciendo mentalmente sus cálculos- Tenemos que comprobar cuales tienen la sombra orientada al norte para...
- ¡A las narices todo eso! -gritó Tasuki impaciente, alzando el abanico a toda prisa- ¡Rekka Shinen!
Unas enormes llamaradas manaron del objeto encantado, carbonizando las copias de Tomo...y de paso chamuscando a sus compañeros. Tasuki se dió cuenta de ello y sonrió triunfante.
- ¡Ja! ¡Lo conseguí...! -gritó alzando un puño.
- Muy bien...¡Pero te podías haber ahorrado quemarnos a nosotros! -gritó Tamahome cogiéndole del cuello de la camisa.
- Eso no importa -dijo Chichiri- Ahí está el de verdad -dijo señalando el único que había quedado en pie, sin duda el original.
- Yo me encargo -dijo Hotohori levantando la espada sagrada a la altura de sus ojos. Dedició telepáticamente un pensamiento a Chichiri- "Vosotros rescatad a Miaka"- y adquiriendo velocidad para descargar un golpe contra su enemigo, se lanzó sobre Tomo.
El Seiryuu aún trataba de recuperarse de las quemaduras provocadas por el abanico de Tasuki, pero vió de inmediato que Hotohori se acercaba a él a toda velocidad. Cuando la estrella de Suzaku se acercó a él y descargó el hábil golpe, Tomo lo esquivó magistralmente y, con una sonrisa perversa, acarició con una mano el cuello del emperador. Hotohori pareció quedarse congelado unos instantes, al sentir una nefasta y vacía sensación en la zona del roce, pero entonces se llenó de ira e hizo una estocada hacia el lado, hiriéndole en un brazo. Se detuvo, frotándose el lugar en el que el Seiryuu le había tocado, notando que era dónde aparecía su signo.
- ¿Qué haces? -gritó enfurecido.
- Sabía que el emperador de Konan era toda una belleza -dijo Tomo sádicamente- Pero es evidente que ganáis en persona...
- ¡¿Serás desgraciado! -gritó Hotohori furioso- ¡Te cortaré la cabeza...!
Mientras estos dos luchaban de mal modo, Chichiri se acercó a Miaka junto con Tamahome. El monje levantó los dedos en una posición ya aprendida hacía muchos años y recitó un conjuro para sí. De inmediato, las ataduras que inmobilizaban a Miaka se rompieron y esta cayó abajo. Estando Tomo concentrado en la lucha contra Hotohori, no le fue difícil romper la barrera ilusória. Tamahome extendió los brazos y atrapó a Miaka entre ellos, sintiendo el contacto. Se inclinó rápidamente en el suelo, pasando una mano por el rostro de ella.
- Miaka...¿estás bien?
La chica abrió débilmente los ojos y le miró. Sonrió levemente al cabo de unos segundos.
- Tamahome...estás aquí...Lo siento, siento haberme ido sin deciros nada...
- Ya no importa, tonta -dijo Tamahome abrazándola con fuerza- Estamos aquí...es lo más importante de todo...
- ¡Hotohori! -gritó Chichiri- ¡Vámonos!
- ¡No! -gritó Miaka poniéndose en pie con rapidez- ¡Hikari, tenemos que encontrarle!
Tras esquivar un corte de Hotohori, Tomo aterrizó elegantemente, limpiándose la sangre de un corte del rostro.
- No lo encontrarás nunca, sacerdotisa de Suzaku -dijo burlón- Nuestro señor ya se lo ha llevado lejos de aquí...jamás sabrás dónde está.
- ¿Qué...qué...? -dijo Miaka, con los ojos oscuros amenazando lágrimas- ¡¿Dónde está Hikari!
- No lo sabrás...¡nunca...! -gritó Tomo levantando una mano con violéncia.
De improvisto, algo parecido a hilos (N/a: Recordad cómo atacó a Tamahome aquella vez y todos creyeron que había muerto) salieron del suelo, atravesando a los desprevenidos Suzakus, que no pudieron hacer más que ahogar un sonido de dolor. Miaka ahogó una lamento seco, pues aquella cosa le había atravesado el pecho por dos lados. Sintió la sangre manar de ella, quitándole la vida...Pero, antes de perder el sentido, oyó la voz espeluznante de Tomo, que reía divertida.
- ¿No habríais creído que ya estaba acabado, cierto?
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
- ¿Qué te pasa? -preguntó Yui, al sentir que el muchacho tropezaba sin sustento- ¿Puedes andar...?
- Tranquila, estoy bien... -añadió Nuriko, con una mano sobre la herida- He recibido de peores...
Yui asintió y siguió andando, con el chico pasando un brazo por encima de su cuello y recostándose en ella para andar. Ante ellos se levantaba un enorme portal dorado. Yui chasqueó la lengua, fastidiada.
- Maldita sea...si esto es la salida...parece como si el palacio hubiera cambiado -dijo pensativa.
- Espera... -dijo Nuriko incorporándose levemente- Ahí fuera está pasando algo grave...hay muchas auras mezcladas... -de repente cayó en la cuenta- Los Seiryuus están luchando con Miboshi...
- ¿Quiénes? -preguntó Yui.
- Soi, Amiboshi...y Suboshi.
Ante la mención de aquél nombre, el corazón de Yui dió un salto. ¿Suboshi...estaba allí...? Con fuerza, se dirigió a la puerta y abrió los portales. Ante ambos se presentó una escena que no esperaban.
Miboshi flotaba en el aire, rodeado de demonios con forma de serpiente, como si quisiera protegerse. Frente a él, en el suelo, estaba de pie Nakago, con su poderosa aura azul envolviéndole intensamente. Cerca de él, en el suelo había tras personas. Tras reconocer al muchacho de cabellos castaños, Yui logró incluso olvidar el impacto de ver de nuevo a Nakago.
Apenas era un niño, no debía tener más de diez años. Sus cabellos eran de un castaño suave, sus ojos de un azul grisáceo que recordaba tan bien...y a su alrededor flotaban en el aire dos esferas atadas con una cinta. Demasiadas coincidéncias...no podía ser nadie más que él. Sin que siquiera pudiera detenerse a sí misma, sintió que de sus labios manaba una sola palabra.
- ¡Suboshi!
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Al oír aquella voz con la que tantas veces había soñado...que tanto había deseado oír...Suboshi, la estrella de Seiryuu, se dió la vuelta lentamente, para posar los ojos en la entrada del palacio. En las escaleras estaba el ser que robaba sus pensamientos y sus sueños...con aquellos cabellos rúbios cenizo largos, meciéndose suavemente...y aquella mirada esmeralda que hacía que su corazón doblara la velocidad de los latidos...
- Y...Yui... -susurró, poniéndose en pie lentamente.
Sus ojos no podían ver nada más, solamente a aquella diosa que se dignaba a ver a un simple mortal como él. Una leve sonrisa apareció en su rostro.
- ¡Yui! -gritó eufórico.
La chica sonrió abiertamente, sin miedo a que nadie lo notara.
- Anda, ve... -dijo Nuriko con una sonrisa- Te ha estado esperando mucho tiempo...no le hagas esperar más...
Yui asintió y bajó las escaleras a toda prisa, corriendo al encuentro del que, aún a pesar de su aspecto, era el chico con el que había soñado desde hacía muchas noches.
- ¡Suboshi!
- ¡Yui! -gritó este una vez más, sin cansarse.
Pero unos ojos agudos observaban las escena, como si nadie se hubiera dado cuenta de su preséncia.
- ¡No te acerques a la sacerdotisa! -gritó Miboshi, ordenando a uno de los demonios que atacara al muchacho.
Suboshi lo vió de reojo e, instintivamente, se lanzó sobre Yui, aún a pesar de su pequeño cuerpo, protegiéndola con él, como ya había hecho muchas veces. Lo único que oyó después fue el grito de terror de la chica entre sus brazos. Nada más.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Miaka ahogó un nuevo gemido, mientras las lágrimas inundaban sus ojos. Diós...qué manera más espantosa de morir...Y ni siquiera...había podido convocar de nuevo a Suzaku, ni garantizar la paz de Konan...ni tan sólo ver una vez más a su pequeño...Mientras sentía que la vida se escapaba de su cuerpo, dejó un último pensamiento.
"Hikari...lo siento...tu madre no ha podido salvarte..."
Cuando creía que iba a exalar su último suspiro, sintió un calor extraño en el cuerpo, una sensación agradable que borró todo el dolor...y tuvo la sensación de que viajaba muy lejos...muy muy lejos...
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Abrió los ojos lentamente, sintiendo que su cabeza estaba como vacía...ehhh, más vacía que de costumbre. Se sentía extrañamente bien, era una sensación muy agradable...Al menos hasta que los fragmentos de sus memória encajaron y recordó que...Sintió un involuntário escalofrío mientras se llevaba una mano al pecho. Estaba herida, lo sabía...por eso se sorprendió tanto al comprobar que no tenía ni siquiera un rasguño. Entonces, captó un movimiento sobre ella. Consiguió enfocar la mirada, que tenía ligeramente borrosa. Distinguió un rostro infantil, de cabellos verde claro y unos enormes ojos violácios. Trató de recordar a qué le sonaba aquél rostro...hasta que cayó en la cuenta.
- ¿Nyan-nyang? -inquirió.
- Miaka, por fín te has despertado -dijo alegremente la niña abrazándola.
- Pero...pero... -empezó Miaka nerviosamente, incorporándose- ¿Dónde estoy? ¿Y los demás?
- ¿Dónde vas a estar? -gruñó una voz grave tras ella- En el monte Taikioko.
Miaka se giró, para ver a Taitsu-kun flotando en el aire a dos metros del suelo. Sólo entonces notó que estaba en una de aquella enormes habitaciones de aspecto imperial, llenas de luz y de paredes cristalinas.
- Taitsu-kun -dijo Miaka sorprendida- ¿Cómo...cómo he llegado hasta aquí...?
- Os traje aquí justo antes de que sucumbiérais ante vuestro enemigo... -dijo Taitsu-kun sábiamente- No puedo creer que cayeráis en una trampa tan simple...
- Pero yo...estaba herida...he estado a punto de morir -dijo Miaka sorprendida.
- No es cierto -dijo Taitsu-kun seriamente- Aquellas heridas eran solamente una ilusión. Por suerte os transporté antes de que vuestras almas se vieran seriamente dañadas. El único que estaba herido realmente era Nuriko.
- ¿Nuriko está herido? -exclamó Miaka- ¿Qué le ha pasado?
- Su lucha contra el Seiryuu no acabó tan bien como él creía, aunque de eso ya hablaremos más tarde -dijo Taitsu-kun- Nyan-nyang le ha curado hace un rato y ahora todos están descansando.
- ¿Y los Seiryuus? -preguntó Miaka.
- Sí...ellos -dijo Taitsu- He tenido una larga charla con esos cuatro...y creo que deberían acompañaros en vuestro viaje.
- ¿Viaje? -inquirió Miaka- ¿Qué viaje?
- Ya hablaremos más tarde -dijo el señor de los cielos- Ahora descansa un poco más.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Tras un rato de descanso, Miaka salió de la habitación, poniéndose una ropa nueva que le había traído Nyan-nyang. Era un vestido femenino típico de Konan: le encantaba, se los había visto puestos muchas veces a Nuriko y eran preciosos. Salió de su recámara, encontrando a Tamahome recostado contra el muro del exterior, esperándola. Al verla, se lanzó sobre ella, abrazándola con fuerza.
- Miaka, ¿estás bien?
- Tamahome... -dijo Miaka, acurrucando la cabeza en su abrazo- Menos mal que no te ha pasado nada...
- A mí me preocupabas mucho más tú... -dijo Tamahome acariciando sus mejillas- ¿Cómo se te ocurrió irte sola, sin decirnos nada?
- Lo siento, quería...recuperar a Hikari... -dijo Miaka tristemente.
- Tranquila, Yui dice que nuestro hijo está bien -dijo el chico sonriendo.
- ¿Yui? -preguntó- ¿Has visto a Yui? ¿Está aquí?
- Sí -dijo Tamahome- Al parecer Nuriko la encontró después de su lucha...
La llevó por los pasadizos abiertos al increíble paisaje de aquellas montañas sagradas, a las cuales solamente pocos elegidos podían llegar. Enormes y altos picachos retorcidos de roca clara, centenares de cascadas fluyendo entre ellos, arcoiris por doquier, esferas de miles de colores flotando en el ambiente...Realmente era un lugar mágico.
Al doblar un recodo, se encontraron con un grupo de gente que estaban sentados en una escalera de cristal. Eran sus amigos, más Amiboshi, que se había integrado de maravilla: en aquél momento tocaba una suave y alegre melodía con su flaura. Los ojos de Hotohori se iluminaron al verla.
- Miaka -dijo aliviado.
- Chicos -exclamó Miaka sonriendo alegremente- Me alegro de que estéis todos bien...
- La que nos ha hecho sufrir has sido tú -dijo Mitsukake sonriendo levemente.
- Ya lo sé, y siento mucho haberme ido sin deciros nada... -dijo Miaka juntando las manos como disculpa ante los chicos.
- Si ya estamos acostumbrados a que hagas esas barbaridades... -dijo Tasuki con los brazos cruzados.
- Tasuki, a que te... -empezó Miaka enfadada.
Pero entonces reparó en el muchacho que había a su lado. El chico, de cabellos verdosos y unos dieciséis años, le dirigió una sonrisa mientras se quitaba la flauta de los labios.
- Hola, Miaka -dijo sonriendo.
- Amiboshi... -susurró la chica feliz- ¡Vuelves a ser como antes!
- Sí, bueno, es un favorcillo que nos ha hecho Taitsu-kun a los cuatro -dijo Amiboshi alegre- Nos ha devuelto a nuestro aspecto de estrellas de Seiryuu...
De repente, una voz aguda resonó en los muros cercanos, una que les era muy conocida...
- ¡Miaaaaaka...!
- Ah, Nuriko... -dijo Miaka dándose la vuelta para mirar a su amigo.
Se quedó de piedra al ver a Nuriko corriendo hacia ellos saludando desde lejos...vestido con un elegante vestido femenino, peinado trabajadamente e incluso maquillado. Todos cayeron de sopetón al suelo.
- ¿Eh, qué os pasa? -preguntó Nuriko agudamente.
- ¡Nurikooooo...! -exclamaron todos sin creérselo.
- ¡¿Pero no dijiste que habías dejado de ser un travesti! -exclamó Tamahome.
- Ya, pero es que no tenían más trajes de chico... -dijo Nuriko, mirándoles amenazadoramente- Os los habéis quedado nosotros...
- ¿Y entonces para qué te has pintado? -exclamó Tasuki incrédulo.
- Hombre, ya que me visto de mujer, al menos tengo que estar "hermosa" -dijo Nuriko con una gran sonrisa.
- ¬¬ - -U... -todos le miraron con recelo.
- ¡¡Parad de hacer el idiota! -gritó de repente la fuerte y estridente voz de Taitsu-kun, que les hizo dar un salto de miedo a todos...y de paso los dejó sordos.
Tasuki se incorporó rápidamente.
- ¿Cuando has llegado? -exclamó asustado- Siempre sales de debajo de las piedras...
- Basta de tonterías... -dijo Taitsu-kun- Debemos hablar de vuestra próxima misión...
Miró a todos lados.
- ¿Dónde están los demás?
-o-o-o-o-o-o-o-o-
El silencio era muy agradable, roto solamente por el canto maravilloso de unos pájaros de aspecto mágico que volaban aquí y allá, rodeando las cumbres de las blancas montañas. En ocasiones, al pasar sobre ellos, dejaban caer una fina llúvia de puntos luminosos de diversos colores, una estela de paz y armonía...Suboshi estaba muy nervioso: no sabía qué decir. Después de diez años, volvía a tener a su lado a la mujer que siempre había amado...¿Cómo debía expresarse? ¿Qué le decía...? Sus mejillas adquirieron un tono muy rojo, mientras sentía que el corazón le latía muy violentamente en el pecho...Yui suspiró a su lado y le miró con una dulce sonrisa.
- Muchas grácias por protegerme antes... -dijo lentamente.
- Noasidonada... -dijo Suboshi atropelladamente.
- ¿Eing? -inquirió Yui frunciendo el ceño.
- ¡Quiero decir...! -exclamó Suboshi ruborizado- No ha sido nada...¡No quiero decir que vuestra vida no sea nada, alteza Yui, es que...no me ha importado arriesgarme para salvaros...
Yui le miró con una ceja levantada.
- No quiero que me llames "alteza Yui" -dijo lentamente- Soy "Yui" y nada más.
- De acuerdo...Yui... -dijo Suboshi agachando la cabeza, avergonzado.
La chica le miró lentamente y rió al cabo de unos segundos, de un modo agradable.
- No has cambiado nada, Suboshi... -dijo alegremente- Y eso me gusta...
El chico la miró lentamente, ruborizándose plenamente tras esas palabras. Sintió que la sangre le quemaba las mejillas y que no podía mantener el contacto visual. Sus manos jugaban nerviosamente con la cuerda de las "estrellas fugaces".
- Yui... -susurró al cabo de unos minutos- Yo quiero decirte...que...que yo...
- No lo digas, Suboshi... -dijo Yui de repente.
Él la miró. Tenía una expresión de lo más seria en aquel rostro femenino. Al cabo de unos segundos, ella hizo descender la mirada y buscó entre su ropa (que también era un vestido como el de Miaka). Sus dedos se aferraron alrededor de la cadena dorada y el colgante en forma de corazón que pendían de su cuello. Suspiró pesadamente, con los ojos entristecidos.
- Necesito...un poco de tiempo para pensarlo... -susurró- En mi mundo...hay una persona que me quiere mucho...yo estaba convencida de lo que sentía por él...pero...ahora mismo...estoy muy confusa...
Suboshi se quedó helado. ¿Alguien que la quería mucho? ¿Yui...tenía un hombre en su mundo? El chico suspiró pesadamente, al parecer disgustado por aquella idea. Pero, de inmediato, se puso en pie, dándose la vuelta y empezando a subir por las escaleras. Yui le siguió con la mirada.
- Suboshi... -murmuró.
- De acuerdo, Yui -dijo el chico- Te dejaré espacio para respirar... -al girarse, ella vió que en rostro del chico había una deslumbrante sonrisa- Esperaré el tiempo que haga falta...porqué quiero...que estés conmigo...
-o-o-o-o-o-o-o-o-
- Bueno, ahora que por fín estáis todos juntos... -dijo Taitsu-kun mirando a todos los presentes- Vamos a hablar de vuestro siguiente movimiento...
Todos escuchaban atentamente. Nakago y Soi también estaban allí, aunque ligeramente apartados. Desde que habían recuperado sus cuerpos, al parecer no habían hablado con nadie. Se limitaban a estar allí sin intervenir.
- En primer lugar, deciros que hoy habéis tenido un gran fracaso -dijo Taitsu-kun.
- Sí hombre...encima anima... -dijo Tasuki con fastidio.
- Hablo en serio -dijo Taitsu-kun enfadada- Os han robado el shinjazo de Seiryuu y no habeís podido encontrar al hijo de Miaka...Es evidente que no habéis estado a la altura.
- Lo siento, Taitsu-kun -dijo Yui lentamente- Ha sido culpa mía...no supe cuidarle como es debido...
- No te culpes, Yui, ya has hecho más que suficiente viniendo a este mundo para buscar a Miaka... -dijo Taitsu-kun- Por cierto, deberás tener mucho cuidado a partir de ahora...Seiryuu te trajo aquí para que fueras sacerdotisa de nuevo, pero no debes serlo...de momento. Seguramente Kutô te buscará para que cumplas tu misión. Tendrás que evitar que te encuentrén.
- Yo la protegeré -dijo de repente Suboshi, alzando un puño al frente.
- De acuerdo, ya veo que estás muy dispuesto -dijo Taitsu-kun- Te encomiendo su protección. En cuanto a los demás...Debo deciros que debéis hacer un viaje muy largo...que ya habéis hecho con anterioridad.
Los Suzakus se miraron, ceñudos.
- No estaras diciendo que... -empezó Miaka.
- Exacto -dijo Taitsu-kun- Tenéis que viajar de nuevo al imperio de Hokkan y Sairo para recuperar los shinjazos de Genbu y Byakko. Al parecer quedaron en algún lugar de esos países tras la última vez...Pero...
- ¿Pero? -exclamó Tasuki. "Siempre hay un pero" se dijo mentalmente.
- Es posible que tengáis algún que otro encuentro por el camino...
- ¿A quién te refieres? -preguntó Miaka.
Taitsu-kun pareció meditar qué respuesta dar.
- Seguramente las estrellas de Genbu y Byakko habrán sentido la nueva crisis...estoy segura de que ya se habrán reencarnado todos en nuevos cuerpos. Es probable que traten de proteger el shinjazo de vosotros. Si la guerra alcanza a esos dos imperios, se convertirá en una lucha por obtener el mayor número posible de shinjazos. Lo que debéis hacer es marcharos a Konan y prepararlo todo para el viaje.
Los ojos de Taitsu-kun se fijaron de inmediato en el chico de cabellos rúbio dorado, que permanecía en el lugar más sombrío, con los brazos cruzados y sin decir nada.
- A partir de ahora debéis formar un grupo, Suzakus y Seiryuus...es la primera vez que ocurre algo así en la história -dijo seriamente.
Una leve sonrisa burlona asomó en los labios de Nakago mientras se incorporaba.
- Un momento -dijo- ¿Quién ha dicho que quiera ayudaros? -les miró a todos con dureza- Si ahora mismo quisiera, puedría destruiros...¿Qué os hace pensar que voy a dejar a Kutô y a unirme a vosotros?
Los Suzakus le miraron con desconfianza, algunos como Tamahome y Hotohori incluso con odio. Pero el señor de los cielos dijo aquellas palabras que calmaron los ánimos de los muchachos.
- Si en tu corazón hubiera maldad, si tus intenciones fueran malas...no habrías podido llegar al monte Taikioko...no verías más que un desierto de roca...Si hubieras querido matarles, ya lo habrías hecho...
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El muchacho que permanecía sentado en la nieve suspiró pesadamente. Levantó una mano lentamente y concentró su aura. De inmediato, hubo un cambio en él. Sus ragos se volvieron más finos, más...femeninos. Cerró el cuello de su capa rápidamente, para que nadie viera el carácter negro que apareció en su pecho, y escuchó los sonidos que el viento le traía. Lentamente, algó flotó en el aire hacia "él", cayendo suavemente sobre su palma. Lo observó extrañado: una flor roja.
- ¿Qué es eso? -preguntó otro chico, mayor y de cabellos rúbio pálido.
- Significa algo...es una flor de Konan... -dijo el otro, con voz aguda.
De repente, el viento se llevó la mayoría de pétalos, deshojándola. El muchacho se quedó helado, mirándola pensativo.
- Esto no es bueno, Hikitsu... -dijo lentamente- "Ellos" vendrán desde Konan...pero no vendrán solos...
- ¿Qué quieres decir, Uruki? -empezó este.
Pero entonces algo vino cortando el aire hacia ellos. Como por instinto, ambos se apartaron al acto, esquivando el proyectil, que se clavó en un árbol tras ellos. El chico de la coleta castaño pálido se puso en pie rápidamente.
- ¡¿Pero estás tonto! -gritó enfadado- ¡Míra a dónde apuntas!
- ¡Sólo he fallado una vez! -gritó un tercer chico, de cortos cabellos azabache- Mi puntería ya no es como antes...tendré que practicar mucho...
- Eso es típico de tí, Tomite -dijo Uruki sonriendo maliciosamente.
El moreno iba a responder de un modo mordaz, pero algo le detuvo.
- ¡Eh, chicos...! -gritó una voz aguda- ¡Fuutaka, Nakuru, Mikoru...!
Los tres muchachos se dieron la vuelta, al reconocer aquella voz que era si no música para sus oídos. Uruki se apresuró a recuperar su aspecto habitual, para recibir con una sonrisa a la chica.
Corriendo hacia ellos por encima de la nieve iba una niña de unos ocho años, de cabellos rúbio oscuro largos, que se mecían tras ella. Su rostro era una angelical carita, con unos enormes ojos grises. A pesar de ser tan pequeña, desprendía una vivacidad y una grácia dignas de verse. Jadeando, se detubo frente a ellos.
- ¡Venga, vamos...! -gritó extendiendo los brazos y girando alrededor de ellos- ¡Mi madre dice que es la hora de merendar...! ¡Nos ha preparado un rakoshu buenísimo...!
Los tres chicos se miraron levemente y sonrieron, siguiéndola con absoluta lealtad.
- Ya vamos...Takiko... -susurró Uruki con una deslumbrante sonrisa.
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Akane-chan: Grácias por la felicitación, me ha hecho muy contenta. Pues sí, ahora quizás tarde más en actualizar. Estoy en último año de insti y tendré muuuucho trabajo. Así que en fín de semana a escribir como una loca. Ei, podemos hacer hacer un club de fans de Tasuki las 3 XD. Weno, pues eso, espero que te guste, si no me lo dices,vale? Un besazo.
Koharu: Grácias por fijarte en la forma de escribir. Lo siento pero Nuriko aún tardará a poder vengarse...(es que necesito algún malo de verdad, si no es muy aburrido XD). Per no sufras que el bicho ese acabará recibiendo su merecido...uyyy, ya lo creo que sí XD. Ah, por cierto, siento tener que decir que el de Furuba no lo voy a acabar...ES BROMA! No, lo que pasa es que tardaré más porqué con el instituto y eso tendré mucho trabajo. Un beso y que espero que te guste el siguiente.
Venga, otro más XD. No se me ocurre qué más decir, solamente un punto: a Hokai (aunque en este episodio no sale) me lo imaginé un poco con el aspecto de Naraku, de Inuyasha...aunque más wapo! No sé si me entendéis...a, y a Phobos y Deimos como a Aya Mikage y su alter ego Ceres, de Ayashi no Ceres.
Y diréis, ¿para qué narices te preocupas por esas dos que a duras penas salen? A sí, ahora no salen...pero ya saldrán, hombre si saldrán...Y tendrán un papel de lo más importante...No digo más XD.
Weno, los seguidores de Genbu Kaiden irán cogiéndole en tranquillo a esto...Sí, saldrá bastante de ese manga, aunque yo sólo he leído hasta el tomo 4 T--T. No podré ser 100 fiel.
Grácias a quién quiera que sea que lea esto XD.
