Muchas grácias, wapísimas, por seguir leyendo! (ya sabeis a quién me refiero, XD).
koharu: Sip, Genbu Kaiden está muy bien, pero es que solo he llegado a los primeros tomos y no sé demasiado...aunque sólo me faltó el primero para quedarme con el trío ese (babeando...XD). Y sí, me parece que van a chocar cuando se encuentren...sobretodo dos que yo me sé: choque de T contra T, ya verás XD. Yo el club de fans lo haría de Nuriko! jeje, le adoro desde el principio. Muchas grácias por seguir este fic, te lo agradezco mucho. Besos!
Akane-chan (siempre seguirás siendo Akane-chan XD): Por cierto, ¿lo de Akane-chan no vendrá de algún anime en particular? Yo pensaba en Ranma 1/2...dimelo si me equivoco XD. Otra seguidora de Ayashi no Ceres! Sí, me encantó, pero tienes razón, el manga es mucho mejor...Lo que queda claro es que Watase - sama (tenía ganas de llamarle así) es única para crear...chicos wapos! (recordando a Toya y Yuuhi XD). De GEnbu Kaiden sólo he leído hasta el tomo 4, así que no sé demasiado...A ver si es verdad que Glenat los saca! Un besazo y grácias por seguir sta historia. Dw.
Este capítulo no tiene nada que ver en absoluto con lo que pasará a partir de ahora, no será tan aburrido. Lo que pasa es que se me ocurrió "arreglar" las cosas un pokillo para todos esos que habían sufrido tanto...ya lo veréis cuando lo leais. A partir del siguiente...sigue la acción!
-O-O-O-O-O-O-O-O-
Cielo y tierra enfrentados
Capítulo 15.- Los recuerdos viven más allá del tiempo
Nuriko suspiró aliviado, tras llegar arriba del todo del camino que llevaba a las afueras de Eiyou, la capital de Konan. Esa misma noche habían llegado de nuevo al palacio de Hotohori, a través del sombrero de Chichiri (N/a: Si Chichiri puede transportarse, ¿por qué no se ahorran ir arriba y abajo?. No, es que sólo puede llevarles a ciertos lugares, como los que recuerda muy bien XD). Dentro de tres días partirían hacia Hokkan, pero hasta entonces tenían unos "días libres". Por supuesto, él quiso ir a visitar la casa de su antigua família, a los que quería con locura y recordaba siempre...No sabía nada de ellos desde después de encontrarse con Rokou tras su muerte. Lo más seguro es que se hubieran mudado...Pero al menos quería ver aquellos recuerdos. No se imaginaba cómo sería reencontrarse con su família después de diez años, en los cuales le consideraban muerto.
Andó por las calles concurridas del barrio téxtil, dirigiéndose hacia la lateral de la avenida principal, dónde había estado la tienda de confección de su família, toda una celebridad en la capital. Se sorprendió al ver el edificio aún intacto, con el mismo cartel que rezaba el nombre de su família. Una sonrisa iluminó su rostro cuando vió que seguían allí. Empezaron a temblarle las piernas de nerviosismo. Diós, ¿iba a verles de verdad?
Pero entonces reparó en algo, el cartel "cerrado" que había en la puerta. Apenado, subió los escalones poco a poco, recordando cuantas veces en su infáncia había corrido con Kourin y Rokou por aquellos peldaños. Recostó la mano en la puerta, sintiendo el tacto, y empujó levemente. Estaba abierta.
Al frente, vió un panorama ya conocido. Cientos de mesas llenas de rollos de tela de todos los tamaños, colores, formas y bordados imaginables, decenas y decenas de mujeres y hombres que medían y cortaban las ropas...Cuantísimas veces su padre le había regañado porqué había interrumpido a los trabajadores. Suspiró pesadamente. Pero, entonces, vió a alguien ante sí que hizo que su corazón diera un doloroso salto.
De espaldas a él, en una de las mesas, había un hombre hablando con dos de las modistas, indicándoles cómo cortar un trozo de seda. Él tenía los cabellos de un azul oscuro recogidos detrás. Su piel era de un tono más oscuro que el habitual. Una enorme sonrisa desbordó los labios de Nuriko, mientras entraba lentamente.
- Perdone...¿se puede pasar?
- Lo siento, hoy no está abierto -fue la escueta respuesta del hombre, que ni siquiera le miró.
Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro de Nuriko.
- ¿Ni siquiera para la família?
El hombre se dió la vuelta, al parecer para descubrir qué entrometido estaba gastándole una broma. Pero entonces, en el momento en que la mirada de un precioso esmeralda se fijó en el muchacho que acababa de entrar, pareció como si toda la seriedad desapareciera de él. Su rostro era joven, rozaba los veintinueve. Sus manos empezaron a temblar, mientras se encaraba a él, con una expresión de absoluta sorpresa en el rostro. De inmediato, se llevó las dos manos a los labios, mientras las lágrimas aparecían en sus ojos a una velocidad vertiginosa.
- Ry...Ryuuen... -solamente eso escapó de sus labios.
- Hola, Rokou... -dijo Nuriko, sintiendo que no podía retener las lágrimas y que estas manaban de sus ojos- Ya estoy en casa...
Las mujeres se alarmaron cuando el hombre soltó la tela que había sostenido y se lanzó directamente sobre Nuriko, oprimiéndole entre sus brazos, llorando ruidosamente sobre sus hombros.
- Ryuuen...estás aquí de verdad...debo estar soñando... -gimió entre llantos, mientras aferraba la ropa de su hermano menor.
- Créeme, Rokou...no es un sueño... -susurró Nuriko cerrando los ojos con fuerza y correspondiendo con fuerza al abrazo- Estoy aquí...y esta vez no me iré lejos de vosotros...nunca más...
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Grácias a Chichiri, había llegado en un instante apenas, a través de su sombrero. A pesar de que no le agradaba la idea de tener que estar otra vez bajo la presión de la família, debía admitir que tras casi un año sin ver a sus padres y hermanas ansiaba reencontrarse de nuevo. Ante sí se extendía una ámplia pradera de hierba verde, que se mecía suavemente con el viento que soplaba. Vió al final del sendero entre los campos una casita de aspecto acogedor. Sonrió abiertamente y empezó a andar por los terrenos, saltando con facilidad la valla que separaba el jardín de la casa del campo.
De repente, pero, escuchó algo fugaz que venía hacia él...cortando el aire. No tuvo tiempo de girarse antes de recibir algo, quizás un leño, que impactó en su cogote, haciéndole caer de bruces al suelo. Casi inconsciente, escuchó una voz estridente y femenina.
- ¡Pero bueno! -gritó la mujer, acercándose- ¡¿Qué es eso de entrar en una propiedad privada sin avisar! ¡¿Acaso querías robarnos!
- Dakira...(N/a: le he puesto un nombre cualquiera porqué no me sé el verdadero. Gomen XD) -dijo Tasuki desde el suelo, maldiciendo- ¡Que soy yo!
La chica se inclinó sobre él, para reconocerle. De inmediato, soltó los troncos y se lanzó sobre él para abrazarle con fuerza, casi asfixiándolo.
- ¡Genrou-chan, eres tú! -gritó feliz- ¡Hacía tiempo que el pequeñito de la casa no venía por aquí...!
- Hermanita... -dijo Tasuki amenazante, levantando el abanico- Cómo vuelvas a llamarme Genrou-chan, te convierto en cenizas...
- ¡Eres un bruto! -gritó la chica golpeando su cabeza y arrancándole un quejido- ¡Así no se le habla a una hermana mayor...!
Tasuki se levantó, sacándosela de encima con fastidio, mientras se sacudía la ropa y corría hacia la casa, seguido de cerca de la chica, que seguía sonriéndole ampliamente. Fueron peleando todo el camino que llevaba a casa, hasta que el chico, riendo al fín a carcajadas, abrió la puerta de golpe.
- Mamá, papá -dijo alegremente- Estoy en casa...
- ¡Genrou-chan! -gritaron un coro de voces histéricas.
Tasuki no entendió donde se había metido hasta que sintió los brazos de cuatro mujeres a su alrededor, dándole tales abrazos que le cortaron la respiración.
- Chicas, chicas... -consiguió decir, aturrullado- ¡váis a matarme...!
- Genrou...qué bueno que hayas regresado... -dijo una de ellas, pellizcándole una mejilla- Pero, oye, parece como si hubieras rejuvenecido...
- Es que he rejuvenecido... -dijo Tasuki cruzándose de brazos- Gajes del oficio...
- Escucha, Genrou -dijo la más joven, saltando a su alrededor- Tenemos una notícia...¡¡Dakira va a casarse!
- ¿En serio? -preguntó el chico sorprendido- ¿Cuando?
La chica agachó la mirada, sonrojada.
- Mañana mismo... -dijo tímidamente.
- Te felicito, hermanita... -dijo Tasuki casi paternalmente, abrazando a la chica.
La escena duró por unos instantes, realmente quería con locura a sus hermanas.
- Oye, Genrou -dijo otra de sus hermanas- ¿Te quedarás para la ceremónia, no?
- Bueno...yo... -dijo Tasuki. No negaba que le gustaría, pero quizás el viaje se adelantaba.
- Anda, porfa... -rogaron las mujeres juntando las manos- Si hasta te hemos comprado un traje...Sabíamos que vendrías, nos habían llegado rumores de Eiyou...
La menor de las hermanas sostuvo ante él un traje oriental de color blanco con adornos dorados. A Tasuki se le cayó el alma a los pies...¿blanco? No tardó en notar que las chicas le miraban con sonrisas perversas en sus rostro.
- Eh, no, ni en broma... -dijo él, com miedo- no pienso permitir que...
Antes de poder acabar la frase, sus hermanas estaban sobre él, desnudándole y poniéndole el otro traje. Una vez acabaron, el chico se incorporó, maldiciendo todo, y se miró en el espejo que había frente a él. Ehh...pues, le quedaba mejor de lo que esperaba. Realmente estaba hecho a su medida.
- Estás guapísimo... -dijeron todas a coro, haciendo ojitos.
- Chicas, ¿no sois un poco mayores para utilizar a vuestro hermano como conejillo de Indias? -dijo Tasuki con una deslumbrante sonrisa.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
No podía hacerlo, diós, qué nervioso se sentía...¿Cómo podía presentarse allí tras tanto tiempo? Toda su anterior família le creía muerto...A Chiriko le había costado lo suyo encontrar la casa de su hermano, ya que se habían mudado hacía años. Por eso, cuando escuchó su apellido en la calle, se apresuró a acudir a tal dirección. Era una casa de las afueras, grande y espaciosa. Sonrió irónicamente al darse cuenta de que estaba justo al lado de la biblioteca: su hermano al parecer seguía amando la lectura. Avanzó, cruzando la calle, pero entonces se detuvo al pie de la escalera.
Sentado en el tercer peldaño, había un niño de unos nueve años. Estaba leyendo un libro con total detenimiento. Tenía el cabello de un castaño claro, recogido en el peinado masculino de costumbre, con dos mechones que caían a ambos lados de su cara. Sus ojos eran de un verdeazulado profundo, vivaces e inteligentes. Titubeando, se acercó al niño, mirándole atentamente.
- Perdona... -susurró.
Eso llamó la atención del chico, que desvió los ojos de su lectura y le miró directamente. Cualquiera que hubiera observado la escena en aquellos momentos hubiera advertido el enorme parecido que había entre ambos, solamente parecían diferenciarse por la edad.
- Disculpa, es esta la casa de la família Ou? -preguntó.
- Sí -dijo el niño sonriendo- Nos mudamos aquí hace tres años...
Chiriko le miró, sin saber qué más decir. Tenía que hacer aquella pregunta que le carcomía la curiosidad.
- Dime, ¿cómo te llamas? -preguntó.
- Dokun -fue la escueta pero sincera respuesta.
¡Diós, estaba frente a su própio sobrino...! Su rostro adquirió una expresión de sorpresa, que se demostró en su boca entreabierta, pero no tuvo tiempo de modificar esa expresión antes de que un hombre saliera de la casa, mirando fijamente al chico que estaba sentado en los escalones.
- Dokun, la comida está lista. Tu madre quiere que entres ya -dijo sonriendo.
- Ya voy, papá -dijo el niño- Es que estaba hablando con este chico...
Los ojos del hombre se desviaron para mirar al chico que estaba de pie frente a la casa. Antes de darse cuenta quién era, solamente pudo notar que unas grandes lágrimas resbalaban por el rostro del niño, quemando sus mejillas. Las manos del hombre empezaron a temblar, mientras le miraba con los ojos desorbitados.
- ¿Do...Dokun...? -preguntó.
Chiriko trató de tragarse el nudo de angústia y emociones que se había formado en su gargante. Trató de camuflar su llanto tras una sonrisa, aunque no lo consiguió.
- Hermano... -susurró sonriendo entre lágrimas.
Pero, antes de poder advertirlo, su hermano mayor se había lanzado sobre él, abrazándole con todas sus fuerzas. No hicieron falta palabras. Chiriko se quedó inmóbil por unos instantes, simplemente agachó la mirada y aferró con fuerza su ropa, llorando, con el corazón repleto de pasiones y deseos de felicidad. El niño que había estado leyendo se puso en pie, contemplando la escena sin entender nada.
- Papá...¿quién és él?
El hombre se incorporó lentamente, aunque sin dejar de abrazar a Chiriko. Una sonrisa surcada de lágrimas apareció en su rostro, mientras le miraba con dulzura.
- Este, hijo...es el hermano de tu padre...Dokun...Te pusimos ese nombre por él...Él es...tu tío...
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Nuriko suspiró plenamente, mientras salía de su casa con una gran sonrisa. Hacía dos días que había vuelto a reencontrarse con su família y todo había sido una revolución. Sus padres apenas le dejaron salir de casa en esos dos días, querían tenerle cerca todo el tiempo posible. Aún no eran capaces de aceptar que su hijo que había muerto hacía diez años estubiera allí de nuevo, tal y como le recordaban. Habían sido dos días maravillosos...Esperaba tener la oportunidad de volver pronto para estar con los suyos. Bajó las escalinatas de su casa, pero entonces algo llamó su atención.
Una niña de unos nueve años corría felizmente por la calle, ajena a todo lo que había a su alrededor. Aquella imagen se le hizo tan familiar...por eso pudo notar antes de tiempo lo que estaba a punto de ocurrir. Un sonido traqueteante se acercaba desde el final de la avenida. Los ojos rosáceos de Nuriko se fijaron en ese punto, para ver un carro tirado por caballos que iba a toda hacia ellos...La niña estaba en la trayectória del vehículo.
Iba a matarla. Diós, aquella niña iba a morir como su hermana...
Un dolor muy fuerte inundó su pecho, mientras, inconscientemente, se lanzaba sobre la chica, envolviéndola con los brazos, como protegiéndola. Escuchó el sonido del carro que se acercaba, así que simplemente cerró los ojos y levantó una mano al frente.
"Esta vez no..."
Contubo la respiración, para sentir el impacto milésimas de segundo más tarde. Solamente el grito de terror de la niña que tenía entre los brazos llenó sus sentidos después.
Respirando fuerte, abrió los ojos, para ver lo ocurrido. Milagrosamente, el brazalete de su mano derecha se había convertido en muñequera, proporcionándole la fuerza necesária para...dejar el carro hecho añicos. El conductor había caído de sopetón al suelo, poniéndose de inmediato en pie y alzando un puño.
- ¡¿Qué te crees que haces, muchacho! -gritó- ¡Mira lo que has hecho...! ¡No sé qué eres ni como lo has hecho pero debes pagarme el destrozo...!
Nuriko sintió que la sangre le bullía en las venas de rábia retenida, de modo que se puso en pie, sintiendo que sus puños se tensaban solos. Se dirigió al hombre amenazadoramente, que se hizo hacia atrás al ver la ira reflejaba en sus ojos. El chico le cogió por el cuello de la camisa y le levantó con una sola mano del suelo, ante el terror del hombre.
- ¡Escúcheme bien, maldito desgraciado! -gritó Nuriko enfurecido- ¡Esa niña ha estado a punto de morir por su culpa...! ¡Si hubiera llegado a pasarle algo, yo mismo me encargaría de matarle con mis própias manos...! ¡Agradezca la suerte que ha tenido y márchese ahora mismo de mi vista...!
Le soltó de sopetón al suelo, pero el hombre, completamente aterrorizado, se puso en pie y hechó a correr calle abajo, hasta perderse de vista. Nuriko suspiró aliviado, relajando la tensión de su cuerpo. Preocupado, se dirigió hacia la pequeña, que seguía arrodillada en el suelo, temblando violentamente de miedo. El chico la cogió entre sus brazos, acariciando sus cabellos...que no pudo evitar notar que eran de un color violeta brillante.
- Ya ha pasado, pequeña...estás bien...Pero debes ir con mucho cuidado...
- Muchas grácias, señor... -dijo la niña con una voz aguda y adorable, aferrándose a su camisa- Grácias por salvarme...
- No ha sido nada... -dijo Nuriko sonriendo suavemente.
La niña alzó la cabeza para mirarle de cerca.
Nuriko sintió que todo escaseaba de importáncia en aquél momento. Su corazón dejó de latir por un instante dentro de su pecho, que se le hizo eterno...Notó que las lágrimas se agolpaban en sus ojos, amenazando con dejarse ver...Sus manos temblaron por un instante, mientras una desmesurada emoción inundaba su ser.
La niña tenía unos preciosos y grandes ojos marrón rosáceo.
Nuriko se quedó petrificado, mirándola largamente, sin poder reaccionar ni moverse. Simplemente sus extremidades se negaban a obedecerle...porqué una mezcla indescriptible de sensaciones se alojaba en su pecho, latiendo al tiempo que corazón...Solamente una voz lo sacó de su ensimismamiento.
- ¡Kourin! -dijo simplemente.
Al oír aquél nombre, Nuriko levantó la vista, viendo a un hombre y a una mujer que no conocía acercándose. La niña que tenía entre sus brazos sonrió alegremente.
- ¡Mamá, papá...! -dijo feliz.
- Oh, hija mía...menos mal que no te ha pasado nada... -dijo la mujer con lágrimas en los ojos. Después miró a Nuriko y se inclinó levemente- Muchísimas grácias por haberla salvado, muchacho. Ha sido increíble...
Nuriko tardó a reaccionar, pero entonces esbozó una ligera sonrisa.
- No me dé las grácias, señora -dijo lentamente- Disculpe, ¿son de por aquí?
- Acabamos de mudarnos ahí enfrente -dijo el hombre señalando una casa casi nueva que había al final de la calle.
- Bien... -susurró Nuriko, con una sonrisa- Entonces, nos veremos pronto...Kourin -dijo amablemente, sonriéndole a la niña.
La niña se aferró a su camisa y acurrucó al cabeza.
- Je, tú serás mi hermano mayor... -dijo riendo mucho- Vendré a verte algún día...
Después, aún contra su própia voluntad, Nuriko soltó a la niña y dejó que se fuera con sus padres. Ella le saludaba alegremente desde los brazos de su padre, despidiéndose con la mano en el aire, hasta que entraron en su casa. Él simplemente se quedó allí, viéndola irse. Al cabo de un minuto, su hermano Rokou salió de casa, sonriendo alegremente.
- Eh, Ryuuen... -dijo- Mamá y papá dicen que hoy vamos a comer fuera. ¿Qué te parece sí...? ¿Ryuuen?
Su voz se quebró al ver que por el rostro de su hermano menor caían sendas y profusas lágrimas, que destacaban con la preciosa sonrisa de felicidad que había en su cara, dando la impresión de que estaba más feliz que en toda su vida.
"De todos los lugares que había para volver, elegiste este...De todos los años, meses y días, justo cuando yo podía verte...No sé si aún me recuerdas, Kourin...pero cuando te has aferrado a mí...como lo hacías hace ya tantos años...cuando me has llamado hermano mayor...he sentido algo muy fuerte en el pecho...Eres feliz, vives tu vida...pero sigues queriéndome a mí y a este sitio...¿por qué si no has regresado tan cerca de nosotros? Sabía que algún día volvería a verte...después de todo, vivir por los dos no fue inútil...Cuidaré de tí en la distáncia...si vuelvo a verte sonreír, me doy por satisfecho...Ahora creo lo que alguien me dijo una vez: los recuerdos nunca mueren...siempre están ahí...jamás desaparecen...mientras haya alguien feliz de recordarlos..."
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Tamahome subió a la loma que llevaba después al valle, seguido de cerca por Miaka. Los ojos del Suzaku se nublaron al ver ante sí aquella villa tan pacífica, apacible, llena de vida...en la cual once años antes había sucedido una terrible tragédia, una matanza sin precedentes...Bajaron por el camino empedrado, flanqueado por árboles verdes y exhuberantes a ambos lados. La sombra era agradable, el viento mecía suavemente las hojas...Era un ambiente de absoluta calma, quizás el más apropiado para lo que iba a hacer.
Al final del camino, en el cual no había estado desde hacía años, vió aquellos montículos de rocas. Ambos llegaron allí lentamente, contemplando las tumbas de la família de Tamahome. El chico suspiró com dificultad y, acto seguido, se dejó caer de rodillas al suelo, mirandolas con una ligera sonrisa.
- Hola, estoy aquí de nuevo... -dijo como si aún pudieran oírle- ¿Os habéis portado bien, no?
Miaka sintió que las lágrimas estallaban en sus ojos y que no era capaz de seguir mirando. A pesar de la sonrisa que Tamahome tenía en los labios, la escena era tan triste y desgarradora que no pudo soportarlo. Ignorando sus movimientos, Tamahome buscó en una bolsa que traía y sacó varias cosas.
- Mira, Chuuei... -dijo lentamente- Te prometí que cuando crecieras te lo compraría...lo siento, no he podido hasta ahora...es el más grande y bueno que he encontrado...con este sí que ganarías a cualquiera de los niños del pueblo en una competición... -dijo lentamente, depositando sobre la tumba un arco con flechas. Después, sacó algo hecho con tela rosa bordada en oro- Gyokuran...toma, esto es para tí...le tube que pedir consejo a Nuriko, pero este es el más bonito que he encontrado en Eiyou...un vestido digno de una nóvia como quieres ser tú... -dejó sobre las rocas un vestido de lo más elegante. De repente, una risa salió de sus labios- ¡mira, Shunkei! ¡Te he comprado la caña que querías...! Con ella se puede pescar perfectamente en el río...¡ya no tendréis que ir a cogerlos con las manos...!
Su sonrisa se suavizó cuando sacó de la bolsa una bolsa de cuero rojo. La abrió cuidadosamente y extrajo una cadena dorada, con un medallón esmeralda en el extremo. La depositó con cuidado sobre el último montículo.
- Yuuiren... -susurró- Miaka te agradece mucho el colgante que la hiciste...Ella me ha ayudado a escoger esto para tí. Seguro...que te quedará precioso...
Después de tales palabras, sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas sin poder evitarlo. Respirando con dificultad, hundió el rostro entre las manos, llorando desconsoladamente. Miaka lo notó y corrió hacia él, abrazándole con fuerza. El chico se aferró a su falda y lloró sin pausas, sin nada más que dolor y angústia.
- Lo siento...consiguió decir a duras penas- no puedo evitarlo...sé que ha pasado...mucho tiempo pero...no puedo olvidar que ellos fueron mi primera família...
Miaka no supo qué decir: simplemente todo aquello era demasiado fuerte para ella...y aún más para Tamahome. Aún a pesar de haber sido Taka en su mundo durante los últimos tiempos, parecía que sus recuerdos seguían impecables. Permanecieron mucho rato de aquél modo, con Tamahome llorando con fuerza sobre su falda.
-------------------
Al cabo de unos minutos, la calma imperante se rompió bruscamente por un sonido alegre que retumbó extrañamente en el vacío de alrededor. Tamahome se separó de Miaka y se incorporó, al oír una voz aguda y estridente. Se puso en pie para mirar hacia el final del camino. Vió entonces una pequeña silueta que venía a toda prisa por el camino. Ante ellos apareció una niña de unos cinco años, de cabellos castaños recogidos en dos moños. La niña les vió y corrió hacia ellos a toda prisa, escondiéndose de inmediato tras la piernas de Tamahome mientras se aferraba a su pantalón.
- ¿Pero qué...? -empezó el chico ceñudo.
- Shhhh... -dijo la niña sonriendo- Dejádme que me esconda aquí, por favor...
- ¿De quién...? -trató de preguntar Miaka.
Pero entonces oyeron unos pasos accelerados que se acercaban. Por el mismo camino que había seguido la niña vinieron dos más, un poco mayores, un niño y una niña, ella de cabellos oscuros y él más claros.
- ¿Dónde se habrá metido? -preguntó el chico con desconcierto.
- No sé... -dijo la chica con una sonrisa maliciosa.
Se acercó a toda prisa a Miaka y Tamahome, que permanecían como dos pasmarotes, observando la curiosa escena. La niña se puso frente a ellos, andando de puntillas, y después salió bruscamente tras ellos, para encontrarse con la primera pequeña.
- ¡Te pillé! -gritó triunfante.
- Jo, no vale... -se quejó la más pequeña- siempre consigues encontrarme...
- Es que no eres demasiado buena jugando a esto, Yuuiren... -dijo la mayor con las manos en las caderas.
Tamahome solo supo que, el oír aquél nombre, se le cortó la respiración y sus pupilas se agrandaron...sintió que su mano se cerró con fuerza alrededor del brazo de Miaka y que su corazón empezó a latir más violentamente. Agachó la mirada lentamente, con los ojos desorbitados, para mirar a la pequeña de cabellos marrones.
- ¿Qué has dicho...? -susurró.
- ¿Eh...? -inquirió la mayor.
Bruscamente, Tamahome se dejó caer al suelo, cogiendo a la niña por los hombros y mirándola de cerca.
- ¡¿Tú te llamas Yuuiren! Por favor, debo saberlo... -dijo el chico casi impulsivamente.
- S...sí... -dijo la niña, sonriendo extrañamente- Y estos son mis hermanos, Gyokuran y Shunkei...
Tamahome desvió la mirada, para ver a los otros dos niños, que le contemplaban con desconcierto. Sintió que las lágrimas pugnaban por salir, pero esa vez de pura felicidad...Pero aquel tenso ambiente se rompió cuando una voz masculina retumbó cerca.
- ¡Yuuiren! ¡Shunkei! ¡Gyokuran! -gritó alguien que venía por el camino- ¿Qué hacéis? ¡La comida ya está lista...!
Ante los ojos de Tamahome apareció un muchacho de once años, de cabellos azul oscuro atados en con una cinta y unos enormes y vivaces ojos verde esmeralda. El chico se detuvo frente a ellos, mirándoles confuso.
- ¿Quiénes son? -preguntó.
- No lo sé, Chu... -empezó Gyokuran.
- Chuuei...¿no? -acabó Tamahome, inexpresivo.
El aludido le miró ceñudo, sin entender la razón por la cual un desconocido sabía su nombre.
- Sí...¿cómo lo sabe?
Tamahome no dijo nada, simplemente siguió mirándole con los ojos llenos de lágrimas. Al final, dándose cuenta de que llamaba mucho la atención, sonrió abiertamente y se secó las lágrimas con la manga del traje.
- No importa...Escucha: cuida muy bien de tus hermanos...
- ¿Cómo sabe que son mis hermanos? -preguntó Chuuei sorprendido.
Tamahome sonrió más abiertamente y suspiró, aliviado.
- En cierto modo, es como si os conociera de toda la vida...
-o-o-o-o-o-o-o-o-
- ¡Yui, espérame...! -gritó Suboshi.
- Tranquilo, que no me voy a ninguna parte... -dijo la aludida parándose y sonriendo suavemente.
Él no pudo evitar mirarla con la boca abierta. Estaba tan bella en aquellos momentos. Llevaba un kimono precioso de seda que le había dado Hotohori en el palacio. Sus largos cabellos rúbio cenizo estaban recogidos en un elaborado peinado, adornado con cintas azules. Parecía una diosa bajada de los firmamentos...No salió de su ensimismamiento hasta que sintió que sus mejillas ardían en rubor. Apartó la vista rápidamente, mientras se le acercaba.
- Bueno, eh...¿quieres que vayamos a algún sitio?
- Vale, tengo hambre -dijo Yui mirando alrededor- podíamos ir a comer algo...
Estaban en la pequeña ciudad que había a media hora a pie de la aldea de Tamahome. Al parecer hacían un festival, quizás equivalente a la fiesta de Tanabaka en Japón. No era nada comparado con las fabulosas fiestas de Eiyou, la capital, pero había mucha animación y se lo estaban pasando bien. A Yui le fascinaban las costumbres de la gente de Konan, tan diferentes a las del frío Kutô. Pasaron un buen rato en un banco, viendo a los niños pescar peces de colores, tal y cómo hacían en Japón, mientras comían algo que sabía muy parecido al sushi pero que Yui no supo identificar.
Justo cuando terminaron, vieron a Miaka y Tamahome al final de la calle. Suboshi agachó la cabeza, apenado por la cercanía del chico. Sabía que Tamahome había ido a visitar la tumba de su família...a la que él había dado muerte de un modo muy cruel...Jamás olvidaría el llanto de aquellos niños al verse en peligro...Era una mancha que nunca desaparecería de su conciéncia. No le sorprendió ver que Tamahome estaba llorando profusamente, aunque...trató de distinguir mejor su expresión y vió...una gran y esplendorosa sonrisa. Yui se puso en pie al ver que su mejor amiga también estaba llorando profusamente.
- ¿Miaka...? -preguntó asustada- ¿Qué ha pasado...?
- Yui... -susurró Miaka sonriendo entre llantos- Ha pasado algo...maravilloso...
- Tamahome, ¿qué...? -empezó Suboshi, viendo que el chico se paraba frente a él.
Pero, entonces, Tamahome se paró frente a él y le cogió por los hombros. El instante se hizo eterno. Suboshi creyó que iba a golpearle...Pero entonces Tamahome levantó la mirada lentamente, con una gran y deslumbrante sonrisa.
- Suboshi...te perdono por fín... -susurró- Ha pasado algo tan...fantástico...que ya he olvidado mi rencor hacia tí...Ahora no tengo razones para odiarte...
-o-o-o-o-o-o-o-o-
- ¡CHICOS! -gritó la voz estridente de Nuriko, cuando vió aparecer a Miaka y a Tamahome junto con Yui, Suboshi y Amiboshi en las escaleras del palacio de Hotohori.
- Nuriko, siempre tan escandaloso... -dijo Miaka riendo de lo lindo.
Los tres días habían pasado apenas en un parpadeo. Ese mismo día Chichiri había pasado a recogerlos a todos para llevarles de nuevo al palacio. Al día siguiente partían hacia Hokkan y solamente tenían esa noche para hacer planes. Al parecer estaban casi todos, sólo faltaba Tasuki.
- Dijo que quería venir él sólo... -dijo el monje- Al parecer su hermana mayor se ha casado y quería estar el mayor tiempo posible con ella...
- Vaya, qué suerte... -dijo Miaka sonriendo.
- Sí, bueno, voy a informar a su alteza Hotohori de que estamos todos aquí. Vuelvo en un segundo -dijo Chichiri quitándose el sombrero oriental de la cabeza.
El Suzaku caminó con su inborrable sonrisa por los pasillos abiertos del palacio, dirigiéndose al estudio de Hotohori. Pero algo le detuvo, encontró a alguien en su camino. El último guerrero de Suzaku, el más cerrado e inalterable de todos, aislado de los demás como tantas otras veces...permanecía de un modo impasible mirando a la lejanía de las montañas. Aunque Chichiri pudo notar una expresión de tristeza en aquel rostro habitualmente invariable, un toque de melancolía que jamás dejaba ver... Se acercó lentamente, poniendo una mano sobre su hombro.
- Mitsukake, los demás ya están allí...ve con ellos -dijo alegremente.
Pero el otro no respondió, si no que agachó la cabeza, haciendo que aquella expresión de angústia se hiciera más notable. Chichiri lo notó y trató de animarle.
- ¿Ha pasado algo?
- Fuí a mi aldea...a ver a Shoka... -dijo el hombre muy seriamente.
- ¿Le ha pasado algo? -preguntó Chichiri preocupado.
Mitsukake negó lentamente con la cabeza, sin alzar la mirada.
- No -dijo.
- ¿Entonces? -inquirió Chichiri desconcertado.
- No me atreví a ir a verla...ni siquiera a hablarle... -dijo el Suzaku alzando la mirada para contemplar el cielo azul colmado de nubes- ¿Cómo decirle a una niña tan pequeña que su mejor amigo, su prometido desde el día en que nació...se ha convertido en un hombre adulto que tiene casi quince años más que ella...?
Chichiri se silenció ante la tristeza que transmitían tales palabras. Claro, no había pensado en aquel asunto...Mitsukake era el único que se veía realmente desfavorecido por volver a tener el cuerpo de antaño. Shoka seguía siendo una niña, mientras él volvía a ser un hombre adulto...Era evidente que su compañero tenía claro que debía olvidarse para siempre de el gran amor de sus dos vidas. Pero eso no era del todo así. Con una sonrisa, Chichiri le hizo un gesto de compañerismo.
- No te preocupes por eso -dijo siempre animado- Cuando todo esto termine, le pides a Taitsu-kun que te devuelva al cuerpo infantil y ya está. No hay problema.
El otro le miró levemente, sin expresión alguna, pero después una leve sonrisa, una de las pocas verdaderas que esbozaba nunca, apareció en su rostro.
- Grácias, Chichiri -dijo- Siempre sabes cómo animar a la gente...
De repente, una manchita blanca con lunares apareció de no se sabe dónde y saltó sobre el hombro de Chichiri, quedándose ronroneando.
- ¡Tama...! -exclamó Chichiri, acariciando el lomo del gato- Creía que no volvería a verte...Prácticamente eres uno más de nuestros compañeros...
En ese instante, se escuchó una voz estridente que gritaba. Ambos se volvieron para ver a Tasuki corriendo hacia ellos, deteniéndose frente a ambos.
- Eh, chicos, qué gusto veros de nuevo... -dijo Tasuki.
Pero, sin previo aviso, Tama se puso a bufar amenazadoramente y saltó sobre Tasuki...arañándole toda la cara. El bandido maldijo todo lo que se movía y ahogó un grito de susto y enfado.
- ¡Maldito gato del demonio! -gritó- ¡¿Pero yo a tí qué te he hecho!
- Creo que tiene sus razones... -dijo Mitsukake cruzado de brazos, con una expresión seria.
- ¡¿Pero por qué! -exclamó Tasuki.
- ¿Recuerdas cuando viniste a buscarme a mi aldea? -preguntó Mitsukake, con una ligerísima sonrisa maliciosa- Creo que Tama trató de venir con nosotros pero tú saliste corriendo conmigo y te olvidaste de él...No creo que le hiciera mucha grácia.
- ¿Era por eso! -exclamó Tasuki enfurecido, tocándose los arañazos de la cara- ¡Será rencoroso el gato este...!
Riendo por aquella curiosa escena, Chichiri se alejó de allí, negando lentamente con la cabeza. Al llegar al estudio de Hotohori, golpeó suavemente la puerta, hasta que escuchó la voz del jóven emperador que le permitía el paso. El monje se quitó la máscara antes de entrar y después cerró la puerta tras de sí.
Vió a Hotohori sentado en su mesa caoba, midiendo distáncias y otras cosas de cartografía sobre un inmenso mapa que cubría prácticamente toda la mesa. El chico levantó la mirada al verle entrar, esbozando una rápida sonrisa.
- Bienvenido, Chichiri -dijo- me alegra verte.
- Lo mismo digo, alteza -dijo el monje haciendo una leve inclinación de cabeza- He venido a deciros que ya estamos todos. Supongo que querréis hacer los últimos preparativos...
- Por supuesto -dijo Hotohori, ensombreciendo su expresión- La última vez que hicisteis esta ruta volvisteis siendo dos menos...No quiero que vuelva a ocurrir algo parecido...
- Lo entiendo, alteza -dijo Chichiri- Habéis pasado unos dias agradables, espero...No ocurre muy a menudo que podáis disfrutar de un tiempo de tranquilidad.
- Cierto... -dijo Hotohori sin levantar la vista del mapa.
De repente, el emperador ahogó un sonido vacío de dolor y se llevó la mano al cuello, frotándose la zona dolorida. En su rostro se reflejó una expresión de malestar. Su compañero no pudo dejar de notarlo.
- ¿Os encontráis mal, señor? -preguntó.
- No, sólo es que me duele un poco el cuello... -susurró Hotohori- Quizás hice un movimiento brusco en la última pelea...No importa: sólo estoy muy cansado...
- Deberíais descansar esta noche, alteza -dijo Chichiri preocupado- No es conveniente que os fatiguéis demasiado...Lleváis demasiados días seguidos estudiando ese mapa.
- Lo tendré en cuenta -dijo Hotohori con una ligera sonrisa- Sólo...dejáme acabar unos cálculos...
- De acuerdo -dijo el monje cubriendo de nuevo su rostro con la máscara- Nos vemos, alteza.
Cerró la puerta al salir de la estáncia, dejándola de nuevo en penumbra. Hotohori trató de seguir estudiando el mapa, pero era imposible. El dolor del cuello, semejante a una torcedura, no le dejaba sosegar tranquilo. Se puso en pie con un suspiro de pesadez y se dirigió hacia el espejo que tenía en un extremo de la sala, como en todas las del palacio. Observó la imagen que le devolvía la superfície de cristal: estaba más pálido que de costumbre, incluso sus ojos eran más apagados. Ahogó un quejido. ¿Qué rayos era aquél dolor...?
Con cuidado, retiró la tela del cuello de su vestido imperial, para observar el lado izquierdo de su cuello. Solamente fue capaz de ahogar un sonido de sorpresa y miedo.
Sobre su piel, de un modo claro e inequívoco, estaba dibujado el carácter "estrella", el suyo própio...sólo que aparecía de un color negro azabache.
Cubrió de nuevo su cuello, sintiendo una terrible inquietud en su cuerpo, que hizo que un fuerte estremecimiento le recorriera. Contempló la expresión de espanto de su própio rostro en el espejo.
- ¿Qué me está pasando...?
-O-O-O-O-O-O-O-O-
Weno, pues eso, nada que decir...Sé que me estoy retrasando mucho en todos mis fics, pero es que tengo mucho trabajo (ya estoy harta del #$€¬! instituto!) XD, es broma.
El siguiente espero acabarlo pronto. Es un punto de articulación, así que debo pensarlo mucho...no me matéis si no os gusta!
Dios y hasta pronto!
