Ya son tres las que me mandan reviews! (saltando por la habitación y bailando la canción del verano) Ejem...weno, voy a agradeceros les reviews...¬¬

Koharu: Jeje, tranki! Los reviews mientras más largos mejor! Mujer, si fueran de diez páginas aún, pero me encanta que me dejen reviews largos...Me encanta que te haya gustado este último capítulo (pensaba que el primer comentario seria "vaya cursilería que has escrito"...Pero es que quería arreglar un pokillo las cosas, me daba mucha pena que hubieran perdido a sus famílias...T--T. Sí, a mí también me daba pena que no los recordaran, pero qué explicación daba para que se acordaran de algo? Tenía que quedar así, y creo que tanto Tamahome como Nuriko están contentos de verlos vivos, no necesitan nada más (son muy buena gente ;P). Muchísimas grácias por seguir esta história, me hace mucha ilusión. Hasta pronto!

Akane-chan-yuna (lo pongo bien escrito XD): QUE HAS LEíDO EL TOMO 5! AHORA MISMO ME VOY A BUSCARTE PARA QUE ME LO PRESTES! Y SI NO ME LO QUIERES DAR, TE LO ROBO! (dramatizado y exagerado, evidentemente es broma, no soy ninguna desequilibrada XDXDXD). Es que llevo mucho tiempo buscándolo...si te lo has descargado, porfa, porfa, porfa...dime de dónde...XD Lo de Akane, no sé, és la Akane que más conozco, acerté por casualidad. Weno, esto será más chungo con alguien que ha leído un tomo más que yo, porqué seguro que me equivoco en un montón de cosas...espero que no sea demasiado. Watase-sama forever! Weno, muchas grácias por tu review, sigues siendo lectora fiel (empieza a hablar como una autora de manga, creo que se me está subiendo a la cabeza...XDXDXDXD). Sayonara!

kazu: Otra lectora, yo flipo, si al principio no había nadie XD. Grácias. A otra cosa...JO TAMBÉ SÓC DE CASTELLÒ! Weno, vuelvo al español...de Castellón capital no, si no del pueblecito más arriba del todo, casi tocando a Catalunya, se llama Vinaroz. Tengo 16 años. A, por cierto...siento tremendamente lo de Chichiri, aunque ya tenía planeado un encuentro...pero más adelante...(Haruka-chan, cierra tu bocaza que siempre haces igual XD). Muchas grácias por leer este fic, aunque en el de Furuba estoy un pokillo atascada...sé la continuación, pero el capítulo de enlace no lo acabo de ver del todo...no sé que hacer para seguir...Sigo pensando, no sufras, un día de estos bajará la inspiración.

Una vez más muchísimas grácias, no sólo a vosotras, si no a todos los que lean esto. Vale, y ahora os dejo leer...

AVISO: no tengo ni idea de qué pensaba cuando escribí este, solamente me vino flash momentáneo...no me matéis, por favor. Sólo leed...(risa nerviosa ¬¬).

Cielo y tierra enfrentados

Capítulo 16.- "Divide y vencerás". Emociones confusas

Después de explicar todos los acontecimientos de aquellos últimos días, se dedicaron al viaje que tenían pendiente. Todo estaba listo para el día siguiente y al parecer no iba a haber contratiempo alguno. Nakago y Soi estaban también en el palacio. Aunque Soi sí que hablaba con los demás y parecía empezar a integrarse, Nakago no hacía lo más mínimo por ser aceptado y normalmente se pasaba el rato en los jardines, sólo y sin compañía. Ninguno de ellos podía evitar tener recelos en tanto a aquel Seiryuu, pero Taitsu-kun les había asegurado que Nakago no haría más daño nunca más y que debían hacer un esfuerzo por considerarle uno más del grupo.

Una vez estubieron todos juntos, planearon lo referente a la partida y, después de una sustanciosa cena, se fueron a dormir muy temprano. Miaka y Tamahome se despidieron de Nuriko, que se fue a su habitación tan feliz como de costumbre, e iban a dirigirse al cuarto cuando se encontraron a Chichiri mirando a la inmensidad oscura del exterior. La máscara no dejaba pasar su expresión, así que no pudieron notar la preocupación que le embargaba. Les miró con la inalterable expresión.

- Eh, Tamahome, ¿puedo hablar un momento contigo? -preguntó.

- ¿Qué pasa, Chichiri? -preguntó Miaka.

- No es nada, sólo un arreglo de última hora que me ha comunicado Hotohori... -dijo Chichiri- Tú puedes irte tranquila, no le tendré mucho rato aquí.

Miaka se fue sin decir nada, aunque un poco recelosa.

Tamahome se quedó al lado de Chichiri, sin decir nada, mirando hacia la misma dirección que su compañero. Al cabo de unos segundos, inspiró ampliamente, con una gran sonrisa.

- Se respira una calma maravillosa... -dijo plenamente.

- Sí...demasiada calma... -dijo Chichiri lentamente.

- ¿Qué? -inquirió Tamahome sin entender.

El monje no dijo nada, solamente retiró la máscara de su rostro y miró de nuevo al frente con su único ojo sano. Sin aquella cobertura de expresiones, la cara de Chichiri reflejaba claramente una expresión de lo más angustiada.

- No estoy tranquilo desde hace unas horas... -dijo lentamente- Siento algo...no sé identificarlo con claridad...es una sensación muy extraña...

- ¿Un enemigo, quizás? -preguntó Tamahome.

Chichiri meditó largamente la respuesta.

- No es exactamente eso...aunque tiene naturaleza maligna -dijo seriamente- Es algo distinto...no lo sé...no lo había sentido nunca...Por eso quería avisarte por si acaso -le miró fijamente- Estáte muy alerta a Miaka esta noche. No quiero alarmar a los demás ni tampoco a ella...Quizás no sea nada, pero más vale prevenir... Mantendré mi aura en alza para notar cualquier intrusión, pero aún así...No le quites los ojos de encima, ¿de acuerdo?

- No te preocupes, no lo haré -dijo Tamahome dirigiéndose a la habitación que compartía con Miaka.

Chichiri le vió irse con preocupación, mientras se colocaba de nuevo la máscara.

"Ojalá que no ocurra nada...Sería un desastre justo ahora que marchamos a Hokkan..."

-o-o-o-o-o-o-o-o-

Hacía un rato, había ocurrido una escena que hubiera preocupado profundamente a Chichiri...

Dos siluetas fugaces se escondieron entre las sombras, tras los árboles del jardín del palacio. Tras de sí habían dejado a cuatro guárdias inconscientes. Para cuando los encontraran, ya habrían terminado allí y marcharían de aquel lugar en dirección a Hokkan. Una vez ocultos en las ramas de un árbol, el hombre retiró la capucha que cubría su rostro, dejando ver unos largos cabellos negros recogidos tras la cabeza. Una sonrisa maléfica se dibujó en su rostro.

- Aquí podremos esperar nuestra oportunidad...

Su acompañante hizo lo mismo, sacando la capa de su cabeza, descubriendo un rostro femenino de ojos azules y largos cabellos dorados. Sus manos aferraron un arco que llevaba en la mano, mientras tensaba una flecha. Ante sus ojos, allá abajo en el palacio, vió tres siluetas que se movían. La muchacha de cabellos castaños se peleaba con el muchacho de la trenza violeta. Un chico con cabellos de fuego trató de separarles, recibiendo un puñetazo por parte del otro.

- ¿Por qué no atacamos? -preguntó la chica impaciente- Ahora les tengo a tiro. Podría matarles a los tres sin que ni siquiera los otros se dieran cuenta...

El chico del cabello negro le dirigió una sonrisa de superioridad.

- Eres demasiado impaciente, muchacha... -dijo com si tratara de hacerse el maduro- Si los mataras ahora, Chichiri notaría nuestra preséncia y en cinco minutos quizás estaríamos muertos...

La chica hizo un sonido de fastidio. Realmente no le agradaba tener como compañero a aquel guerrero, que parecía un sádico en toda regla. Ignorando aquellos pensamientos, el hombre observó de nuevo las siluetas que andaban por el palacio, eligiendo su víctima. Aquel que escogiera sería el "afortunado" en morir a manos de su plan...

FLASHBACK

Tres días antes...

- Habéis fracasado de un modo estrepitoso... -dijo la grave voz masculina.

Los tres Seiryuus se inclinaron, no por respeto, si no por la própia rábia que inundaba sus pensamientos. Ciertamente habían tenido mala suerte...Los Suzakus habían escapado, la mayoría sin apenas un rasguño. Se habían confiado demasiado: habían llegado a subestimar a sus contrincantes. Hokai se puso en pie y andó por delante de ellos, al parecer furioso.

- La derrota ha sido sin precedentes...A pesar de que habéis recuperado el shinjazo de Seiryuu, se han llevado a la sacerdotisa...y ahora ya no tienen razones para quedarse aquí... -una leve sonrisa apareció en su rostro- Por suerte ahora viajarán a Hokkan y Sairo para obtener los otros dos shinjazos...Les seguiremos, matándoles uno por uno...acabaremos con el último cuando hayan conseguido el shinjazo del diós Byakko...y se los quitaremos...

Miró fijamente a los tres guerreros que ahora estaban bajo sus órdenes.

- A pesar de vuestra ineptitud, me sois fieles -dijo seriamente- Y yo recompenso a los que me son fieles...

Hokai levantó una mano al frente, de la cual salió de inmediato una espécie de aura violácia, que envolvió a los tres Seiryuus...Una vez se retiró, vió frente a sí a Tomo, el guerrero de la ilusión, con el aspecto que tuvo antaño, el de un hombre de unos veinte. Su rostro era más humano sin la máscara que había llevado en tiempos, pasaría desapercibido: parecía un hombre normal y corriente. Ashitare seguía pareciendo "humano", aunque ahora aparentaba unos dieciocho. Hokai sabía que sólo era humano en apariéncia: una vez deseara utilizar su poder, volvería a ser una béstia, aunque sospechaba que el Seiryuu estaría satisfecho de ello. En cuanto a Miboshi, no había cambiado lo más mínimo. Este pareció sentir las miradas de sus compañeros sobre sí, así que se apresuró a dar una explicación.

- Esta niña no es mi reencarnación... -dijo cruelmente- La poseí hace un par de años. No fue difícil y además puedo utilizar mis poderes a través de ella...Me basta y me sobra con este cuerpo.

Hokai miró al frente, al parecer pensando en qué debía hacer ahora.

- Debemos partir cuanto antes a Hokkan para esperar a los Suzakus allí -dijo muy serio- Necesitaríamos un contratiempo para retrasar su partida...al menos hasta que les tomemos ventaja y llegásemos al imperio de Genbu...

- ¿Qué os parece la muerte de uno de ellos? -inquirió Tomo con una sonrisa maliciosa.

Hokai pareció sentir curiosidad por las palabras del Seiryuu, porqué se inclinó levemente y le miró.

- ¿Qué quieres decir? -preguntó- ¿Acaso tienes algún plan?

- Es posible, alteza... -dijo Tomo sonriendo maliciosamente- Por precaución, me aseguré de preparar el terreno...Con un movimiento imperceptible, preparé una sutil trampa para esa chusma...Os aseguro que puedo acabar con la vida de la mitad de ellos sin ni siquiera mancharme las manos...Solamente necesito vuestro permiso para ir al país de Konan para poder llevarlo a cabo...

- De acuerdo -dijo Hokai complacido- Pero no irás solo: no puedo arriesgarme a que sufras otra derrota. Te acompañará alguien en quien deposito toda mi confianza.

Entonces, ante ellos, apareció Phobos, la arquera de los cabellos dorados y los ojos azules, ataviada con una armadura de metal negro. En la mano izquierda llevaba un arco y colgado de su espalda un carcaj con flechas. Se inclinó levemente ante su emperador y después se incorporó con respeto.

- Señor, me aseguraré de que la misión sea un éxito.

- Un momento -protestó rápidamente Tomo. Para nadie era un secreto que no le gustaban para nada las mujeres- No pienso acatar mi misión con una "aficionada" como compañera...

- ¡No pienso tolerar que me insultes! -dijo la chica indignada, con una expresión de odio en su rostro- He sido enseñada por los mejores y no pienso dejar que me humilles. Soy capaz de matar a todos los Suzakus yo sola y por eso mismo lo haré, estés o no por enmedio.

El Seiryuu meditó sobre aquellas palabras, pero al final aceptó de mala gana. Después, se dirigió al emperador, mirándole con una sonrisa.

- Con mi plan no sólo mataré a un Suzaku, si no que además haré que la tensión, la desconfianza y el rencor afloren en ese grupo...Os prometo que mi estratégia tendrá éxito...

FIN FLASHBACK

Tomo observó atentamente que las luces del palacio se apagaban y que únicamente el movimiento de los guárdias llenó el silencio. Una sonrisa se reflejó en el rostro del guerrero de la ilusión.

- Es el momento. El espectáculo...va a empezar.

-o-o-o-o-o-o-o-o-

Todos dormían plácidamente, disfrutando de la que seguramente sería la última noche tranquila en mucho tiempo. Pero...había alguien los sueños del cual no eran precisamente placenteros. Sus manos se aferraban con fuerza a las sábanas de su cama, mientras una série de temblores incontrolables recorrían su cuerpo. Su rostro cubiero de sudor estaba contraído por la angústia, manifestando su malestar físico y mental. Cualquiera diría que sufría una terrible pesadilla...y que salió violentamente de ella.

Hotohori se incorporó bruscamente, saliendo de golpe de sus sueños. Su respiración era alterada, casi jadeante. Miró alrededor, dándose cuenta de dónde estaba. En su cuarto, a salvo...Hokin se dió la vuelta entre sueños, a su lado. El chico sintió un involuntário escalofrío cuando una brisa fría que entró por la ventana semiabierta golpeó su torso descubierto, cubierto por un sudor frío. Se secó la frente mientras trataba de calmar su respiración y el latido de su corazón, tan brusco que incluso le dolía. Recostó la cabeza sobre sus manos, tratando de serenarse. De repente, sintió de nuevo aquél punzante dolor en el cuello, aún más intenso que en las veces anteriores. Casi le quemaba...como si estubiera hecho al rojo vivo. No pudo evitar soltar un leve gemido de dolor, mientras se frotaba la zona dolorida.

Se puso en pie lentamente, asegurándose que las piernas le sostenía, y se dirigió a un extremo de la sala, para entornar la ventana. Todo parecía calmado allá fuera. Respirando con más calma, andó hasta encontrarse ante el espejo de cuerpo entero que tenía en la pared de enfrente (le encantaban los espejos). Una terrible sensación de pánico inundó su ser cuando contempló su reflejo.

Su kanji aparecía de nuevo, parpadeante...de un color negro oscuro.

Sin posibilidad alguna de calmarse, pasó lentamente los dedos por su piel, rozando el lado izquierdo de su cuello. Diós, el dolor provenía de allí...¿Qué le estaba sucediendo? ¿Por qué su signo era negro...? Aún le quemaba, era una sensación nefasta...

De repente, sintió que la cabeza le daba vueltas...que su mente se vaciaba de pensamientos...y que lo que tenía ante sus ojos se nublaba hasta desaparecer por completo...

Tras unos instantes de estar de pie, inmóbil ante el espejo, Hotohori se dió la vuelta poco a poco y fue hacia un armario que había junto a la cama. Rebuscó y sacó algo que relució con fuerza con la luz de la luna nocturna: una daga de hoja plateada. Sin siquiera un movimiento más, Hotohori salió de la habitación, cerrando tras de sí. Andó solo por los pasillos abiertos al exterior, en la casi absoluta oscuridad de la noche...sin saber que era observado.

-o-o-o-o-o-o-o-o-

- Ese es... -empezó Phobos, al ver la silueta de una persona andando sola por el exterior.

- Sí, es Hotohori, el antiguo emperador de Konan -dijo Tomo sonriendo complacido.

- Pero...¿por qué...? -dijo la chica sin entender nada, viendo que el hombre llevaba una daga en la mano.

- Cuando luchamos la última vez, me aseguré de adentrar parte de mi aura en su cuerpo... -dijo Tomo, recordando el movimiento imperceptible que hizo rozando el cuello de Hotohori- De este modo puedo controlarle...Será divertido ver cómo mata a uno de sus própios compañeros...Aunque claro, sería muy aburrido si dejo que lo mate rápidamente...Tendré que...animar un poco la escena... -dijo el Seiryuu con una risa de lo más perversa.

-o-o-o-o-o-o-o-o-

Nuriko dormía plácidamente entre las sábanas. Se sentía muy a gusto en aquella estáncia: en sus tiempos de dama de la corte había sido su cuarto, le gustaba mucho aquel lugar. Le había sorprendido comprobar en la noche que, aún a pesar de haber pasado once años, no habían tocado nada de su cuarto. Su espejo, sus vestidos de tanto tiempo...Todo tal cual lo dejó antes de partir al viaje a Hokkan que acabó con su vida. En cierto modo eso le animaba: sería un nuevo comienzo. No cometería los errores que cometió entonces.

Se despertó suavemente por una razón que desconocía. Bostezó levemente y abrió poco a poco sus ojos rosáceos. Qué raro...normalmente dormía hasta que se hiciera de día...Pero entonces algo llegó a sus oídos. Agudizó el oído, tratando de percibir los sonidos de la noche.

Eran...pasos, unos pasos que, inequívocamente, se dirigían a su cuarto. Sin moverse lo más mínimo, esperó, incluso dejó de respirar para poder escuchar con más claridad. En unos instantes, el sonido se hizo más cercano y, al final, se detuvo. Vió a través de la luz de la luna que el pestillo de la puerta se abría...y que la sombra de alguien aparecía tras la tela de la puerta. Puso tensión el en cuerpo, dispuesto a saltar contra el primero que se atreviera a atacarle a traición, pero sus espaldas se relajaron cuando reconoció a esa persona. Ignorando la sorpresa de verle por allí tan tarde, sonrió levemente.

- Hotohori, alteza... -dijo lentamente- ¿Ha pasado algo?

Hotohori no dijo nada, simplemente se quedó allí, mirando al frente. Al cabo de unos segundos, avanzó al interior de la habitación, cerrando sutilmente la puerta tras de sí. Caminó lentamente hacia Nuriko, sin quitarle los ojos de encima. El chico se intimidó un poco por la expresión tan seria que mostraba el rostro de su emperador, pero supuso que quizás era a causa del sueño.

- Majestad, ¿qué...qué ocurre...?

Una vez llegó a su lado, Hotohori se paró al lado de la cama, mirándole sin ni siquiera pestañear. Ni siquiera se oía su respiración. Nuriko empezó a borrar aquella sonrisa de su rostro, al notar que los ojos de su emperador, habitualmente de un color dorado luminoso, ahora eran de un gris apagado y muerto.

- ¿Hotohori...? -preguntó una última vez, aunque su voz ya empezaba a temblar de miedo.

Sin darle una sola respuesta, Hotohori se sentó al borde de la cama, sin dejar de mirarle. Entonces, en un movimiento brusco que Nuriko no pudo evitar, Hotohori puso las manos en sus hombros y le recostó sobre la cama, mientras le miraba fijamente, con una expresión impasible. Nuriko se asustó por aquel comportamiento, prueba de ello eran sus ojos desorbitados de sorpresa. Entendió de golpe que aquello no era una broma. Trató de incorporarse de nuevo, solamente presa del pánico, pero Hotohori se lo impidió, cogiéndole por las muñecas con tanta fuerza que casi le hizo daño. Le retubo de aquel modo, con las manos hacia arriba, imposibilitándole el movimiento.

Con un solo empujón, Nuriko se lo hubiera quitado de encima pero...su cuerpo no respondía, sus músculos se negaban a obedecerle. Diós, era Hotohori...¿y si le hería? Estaba pasando algo extraño, lo sabía...Hotohori jamás se comportaría de aquel modo. En aquellos pensamientos, notó que Hotohori subía a la cama y se lanzaba sobre él, hasta que sus rostro estubieron a escasos centímetros.

- ¡¿Hotohori...! -consiguió gritar por última vez Nuriko, dominado por el miedo.

Pero no pudo hacer nada por evitar que su emperador se lanzara bruscamente sobre él y le besara salvajemente.

El corazón del muchacho se detuvo por unos instantes, mientras sus ojos mostraban la sorpresa y el pánico, mientras sentía que los labios fríos de Hotohori se posaban sobre los suyos, tratando de profundizar más...Las lágrimas manaron de sus ojos...Qué impotente se sentía...Tantas veces había soñado con un beso de su emperador...Pero aquello no se parecía en nada a sus fantasías. Aquel beso era frío, brusco, seco...sin deseo ni amor. Trató de romper aquel contacto, pero era inútil. Hotohori parecía dispuesto a retenerle hasta haber quedado complacido. Diós, aquello no estaba pasando...era una maldita pesadilla...

Pero no puedo evitar que se le hiciera cruelmente real, mientras Hotohori profundizaba en el beso, al tiempo que mordía tentadoramente su labio inferior...Un leve jadeo se escapó de los labios de Nuriko, mientras se rendía a lo inevitable...dejando los vanos intentos de liberarse...dejando manar las lágrimas...sin poder evitar que el hecho de tener a Hotohori sobre sí, besándole, la cautivara por completo.

-o-o-o-o-o-o-o-o-

- Je, je, je... -rió Tomo con su peculiar y tétrica sonrisa, mientras observaba la escena a través de una concha que había en su mano derecha- Vaya, vaya...quién pudiera ser ellos...

Ante aquellas palabras, Phobos le miró de reojo, con una expresión de perplejidad.

- ¿Eh...? ¿Tú eres de "esos"...? -inquirió alejándose como dos metros de él.

Después, pero, contempló lo que tenía lugar en aquella habitación del palacio. No podía evitar notar la expresión de miedo y sufrimiento del muchacho de los cabellos violetas. Dentro de sí, sintió algo que desconocía desde hacía mucho tiempo...¿quizás lástima...?

- Pero...eso es muy cruel... -susurró la chica con los ojos brillantes- Ese chico...lo está pasando muy mal...

Tomo la miró de reojo, fijándose después de nuevo en la concha y riendo perversamente.

- No te dejes engañar por lo que ves... -dijo sádicamente- A la mente se la puede engañar, pero al cuerpo no...a ese chico le gusta lo que está ocurriendo...de no ser así, seguiría tratando de huír de semejante situación...

- ¿No habías dicho que tu objetivo era matarle? -preguntó Phobos furiosa. En aquellos momentos no podía evitar creer que aquél pobre muchacho estaría mucho mejor muerto que en brazos de aquél hombre convertido en títere de Tomo.

- Y así es... -dijo este disfrutando de la escena- Pero...no quiero matarle rápidamente...mostrar un último placer a las víctimas es algo que ellas siempre agradecen antes de morir...Dejaré que sienta en su própia piel lo que puede ofrecerle ese hombre...antes de que su mismo compañero le atraviese el pecho con una daga...

-o-o-o-o-o-o-o-o-

Nuriko cerró los ojos lentamente, con fuerza, sintiendo que se quedaba sin aliento a causa de la brutalidad de los besos de Hotohori. Pensó, deseó con todas sus fuerzas...que acabara pronto...que la obsesión o lo que fuera de su emperador terminara de inmediato y le dejara libre...sin obligarle a soportar aquellos besos que no le parecían si no una auténtica tortura...

Poco a poco, Hotohori fue dejando sus labios y empezó a besarle pasionalmente el cuello, haciendo que el pequeño cuerpo del otro muchacho se estremeciera, entre el deseo y el miedo. Sabía que algo estaba mal...Hotohori no era él mismo. Algo ocurría, algo que no podía identificar...Sintió que su mundo se derrumbaba cuando los labios de Hotohori descendieron suavemente, desplazándose por su hombro.

- ¡Hotohori...! -gritó con fuerza y desesperación- ¡Reacciona...! ¡Por favor, tú tienes a Hokin...!

Pero el otro no se inmutó los más mínimo. Cuando Hotohori empezó a quitar con los labios los lazos de su camisa, vió lo que inequívocamente era la causa de aquel comportamiento. Sus ojos se clavaron en la marca negra que el emperador tenía en el lado izquierdo del cuello.

"Su signo...es negro..."

- ¡Hotohori...! -exclamó, tratando de hacerle reaccionar. Por fín sus brazos respondieron y trató de quitárselo de encima- ¡Despierta, te están manipulando...!

Al oír aquellas palabras, Hotohori se separó súbitamente de él, mirándole con aquellos vacíos ojos grises, que no dejaban pasar ni emociones ni sentimientos. Nuriko suspiró aliviado, con la respiración jadeante por culpa de la tensión de los últimos minutos. Sonrió, esperanzado.

- Por fín habéis despertado, alteza... -dijo Nuriko con una expresión de calma.

Hotohori se quedó pensando unos instantes, perdido y confuso, pero después le miró, soltando sus muñecas, doloridas a causa del forjeceo. Una leve expresión de calma apareció en su rostro.

- Yo... -empezó a murmurar- lo siento...no me dí cuenta...

Sin que el otro muchacho pudiera darse cuenta, deslizó su mano derecha entre su ropa, hasta que sus dedos aferraron la empuñadura de la daga plateada.

- Tranquilo... -dijo Hotohori sonriendo levemente- Ya ha acabado todo...

En un movimiento tan fugaz que ni siquiera Nuriko pudo seguirlo, la mano del emperador descendió en la oscuridad de la noche, aferrando la hoja de plata con fuerza, dispuesto a arrebatarle la vida.

-o-o-o-o-o-o-o-o-

Chichiri sintió aquella extraña sensación retumbar en su cabeza, como tantas otras veces. No había dormido, simplemente dejó su cuerpo en aquel estado de estupor que permitía recuperar sus fuerzas. Por eso no tuvo problemas para serenarse de golpe y ponerse en pie a toda prisa, al sentir cerca de sí el peligro. Ante aquel movimiento, Tasuki, que estaba medio tirado por el suelo desde la cama de al lado, se despertó malhumorado y frotándose los ojos.

- Chichiri...¿qué haces despierto a estas horas...? -inquirió fastidiado.

- Deprisa -dijo Chichiri cogiéndo su báculo- Está pasando algo...alguien está en peligro.

- ¡¿Otra vez...! -gritó Tasuki cogiendo de mala gana el abanico- ¡¿Cuándo vamos a poder dormir tranquilos...! -exclamó mientras iba a despertar a los demás a sus respectivas habitaciones.

-o-o-o-o-o-o-o-o-

El silencio era tan denso que parecía palpable. Hotohori permaneció quieto una vez la hoja se undió profundamente...en el lecho, puesto que Nuriko se había apartado en el último momento, alejándose hacia el otro lado de la sala. El corte le había ido tan de cerca que unos mechones de cabellos violetas cayeron sobre el suelo de piedra. Permaneció quieto contra la pared, respirando entrecortadamente, sin ser capaz de creerse que el hombre que tenía ante sí, uno de sus infatigables compañeros, hubiera intentado matarle.

- Hotohori...por favor, ¡reaccionad...! -exclamó- ¡Alguien os está manipulando...!

Pero el otro de puso en pie de nuevo, sin expresión alguna, girando en pos de él y levantando de nuevo la daga. Estaba decidido a matarle. Le embistió con fuerza, tratando de herirle. Nuriko se apartó de nuevo, esquivándole por los pelos. Diós, ¿es que no iba a detenerse hasta matarle?

En aquel instante, la puerta de la estáncia de abrió bruscamente, cuando alguien le propinó un tremendo puntapie. Tamahome apareció en el umbral, con el signo luminoso resplandeciendo en su frente.

- ¡¿Nuriko! -exclamó- ¿Estás bien?

Pero los ojos de todos se quedaron en shock al ver a Hotohori levantando un arma amenazadoramente contra el otro muchacho, que parecía tener problemas para esquivarle.

- ¡Hotohori! -gritó Tasuki- ¡¿Qué estás haciendo!

- ¡Cuidado, no le hagáis daño...! -advirtió Nuriko- Alguien le está manipulando...

Chichiri levantó su báculo con rapidez y recitó un conjuro mágico. Ante aquella mágia, Hotohori se quedó petrificado, paralizado por un hechizo hecho por uno de sus própios amigos. El monje levantó la mirada, observando a su emperador.

- De momento esto bastará... -susurró.

Nuriko suspiró aliviado pero después se acercó a ellos con preocupación.

- ¿Tú estás bien, Nuriko? -preguntó Tamahome

- Tranquilos...no ha pasado nada -mintió rápidamente Nuriko- Algo está mal...

- ¿Y ahora qué hacemos? -exclamó Miaka asustada- No podemos dejarle así...

-o-o-o-o-o-o-o-o-

Tomo chasqueó la lengua, al parecer fastidiado de que la diversión se hubiera acabado tan pronto.

- Lástima, han descubierto el plan... -dijo con fingida lástima- Bueno, entonces ahora sólo queda una cosa que hacer...

- ¿Qué piensas hacer...? -preguntó Phobos, contemplando el rostro cruel de su compañero.

En la cara del maestro de la ilusión se dibujó una expresión de los más satisfecha.

- ¿Has oído hablar del Harakiri...? -dijo Tomo con crueldad.

- No pretenderás... -empezó la chica horrorizada.

Tomo rió triunfante.

- Te dije que mataría a uno de los Suzakus...fuera como fuera...

-o-o-o-o-o-o-o-o-

Mientras los demás discutían sobre qué debían hacer en una situación como aquella, no notaron un movimiento imperceptible tras ellos. Hotohori aún estaba preso del hechizo paralizador de Chichiri, pero, aún así...Sus manos se movieron un poco, rompiendo parcialmente el sortilegio. Con la mano derecha en la cual aún tenía aferrada la daga plateada, avanzó lentamente, venciendo el poder mental de Chichiri. Al cabo de muchos esfuerzos, consiguió soltar su mano y, lentamente, recostó la punta de la daga sobre su abdomen. Solamente necesitaba un segundo y atravesaría su própio cuerpo con el arma...

Tasuki estaba mirando de reojo a su emperador cuando vió aquel movimiento que podía resultar mortal. Con un grito de alerta, se lanzó sobre Hotohori, cogiéndole de la muñeca con la que aferraba la daga.

- ¡Hotohori, ¿qué estás haciendo!

Aquel grito alertó a los demás, que contemplaron con absoluto horror como el emperador trataba de quitarse la vida. Miaka se llevó las manos a los labios, horrorizada.

- ¿Pero qué intenta hacer...?

- El enemigo le manipula -dijo Amiboshi, apareciendo de no se sabe dónde- Seguramente quieren quitar a uno de nosotros de enmedio...

- ¡¿Pero qué hacemos! -gritó Miaka horrorizada- ¡No podemos dejar que se mate...!

- Espera... -dijo Amiboshi lentamente- Trataré de detectar su aura y romper el hechizo...Seguramente la habrá protegido para que no la encontremos...

Con naturalidad, se llevó la flauta a los labios y empezó a entonar una melodía, que rápidamente adquirió fuerza y ritmo. Al cabo de unos instantes, el instrumento se iluminó con luz azul, mientras el Seiryuu proyectaba su aura a través de la música. De inmediato, Tasuki sintió que la mano de Hotohori que trataba de retener perdía la fuerza y que este cerraba los ojos rápidamente. En un segundo, se desplomó sin sustento alguno, pero su compañero le sostubo antes de que golpeara contra el suelo.

- ¿Qué...qué le pasa? -inquirió.

- El hechizo que le manipulaba ha desaparecido -dijo Chichiri, sonriendo- lo has hecho, Amiboshi.

El aludido se quitó la flauta de los labios e hizo una mirada aguda.

- Aún está aquí -dijo- Es Tomo.

- ¡¿Qué! -inquirieron todos.

- ¡Vamos a buscarle antes de que escape! -gritó Tamahome con ira.

-o-o-o-o-o-o-o-o-

Tomo lanzó una maldición por lo bajo, al sentir que el contacto se rompía, mientras un sonido conocido e irritante para sí le llegó al oído.

- Ese maldito Amiboshi... -susurró furioso- Me la ha vuelto a jugar...

- ¿Ha fallado? -exclamó Phobos.

- ¡Vámonos! -gritó el Seiryuu con fastidio, desapareciendo en la nada.

Phobos advirtió que desaparecía y trató de imitarle, utilizando su capacidad de teletransporte. Pero entonces sintió que algo fallaba...Se concentró una vez más, sin éxito alguno. Levantó la vista y pensó en lo único que le evitaba teletransportarse de nuevo a Kutô.

Chichiri había levantado una barrera de aura alrededor del palacio.

Miró alrededor, con precaución, por si alguien pudiera estar cerca. Aferró con fuerza el arco que llevaba en la mano y, con una agilidad ya aprendida, descendió del árbol al suelo, sin apenas hacer ruido al rozar la hierba con los pies. Sin mirar atrás, echó a correr a toda velocidad hacia el muro que rodeaba el palacio, dispuesta a huír de inmediato. Cuando apenas le separaban unos metros del muro, sintió una fuerza huracanada e imparable que la aferraba de un brazo, obligándola a detenerse bruscamente. El tirón fue tan fuerte que casi resbaló en el suelo de hierba. Se dió la vuelta para mirar qué la retenía y sintió una efímera sensación de pánico.

Se encontró mirando a los ojos rosáceos del muchacho de cabellos violácios que había visto hacía un rato en el palacio. Este aferraba su brazo con tanta fuerza que le dolía. Sin ni siquiera variar su expresión de ira, el chico le retorció el brazo tras la espalda, con tanta fuerza que casi se lo rompió. Tras aquel gesto, el chico permaneció firme, con aquella llave contundente, que hacía que su brazo ardiera.

- ¿Qué estás haciendo aquí? -exclamó Nuriko enfurecido.

- ¡Suéltame! -gritó la chica con un gemido ahogado.

- ¿Que te suelte? -gritó Nuriko con una risa cínica.

Con una fuerte embestida, la hizo topar de espaldas contra el muro, aferrándola por las muñecas para impedirle la huída. La chica le dirigió una fría mirada azul de rencor.

- ¡Por vuestra culpa casi muere el señor Hotohori! -gritó Nuriko enfurecido- ¡Si le hubiera ocurrido algo, ahora mismo te mataría...!

La chica agudizó los ojos, sintiendo que aquella fuerza sobrehumana le impedía moverse lo más mínimo. La mirada de aquel chico estaba llena de ira, un odio que no tenía nada que ver con la expresión atemorizada que había tenido hacía un rato. En aquellos momentos estaba llena de decisión, de valor.

- ¡Vosotros no sóis mejores! -gritó Phobos con rábia- ¡La última vez casi matásteis a mi hermana...!

Nuriko no dijo nada, simplemente soltó una de sus manos y la puso sobre el cuello de la chica, oprimiéndoselo mientras sentía que la ira le dominaba. Notó que ella temblaba tras aquel gesto y que le miraba con auténtico miedo.

- Nosotros no hemos hecho daño a nadie -dijo- Tenemos una misión que cumplir y la llevaremos a cabo, no importa cuantos de vosotros os pongáis por delante...

El chico observó atentamente aquellos ojos azules, que en aquellos momentos estaban impregnados de pánico. Algo en el fondo de su ser reclamó su atención: ¿quizás lástima? Solamente supo que soltó el cuello de la chica lentamente y se separó de ella, mirándola con firmeza.

- Dile a ese Hokai y a los Seiryuu que no permitiremos que convoquéis a Seiryuu. Por esta vez te dejo ir -dijo muy serio- Pero la próxima no tendrás tanta suerte...

Sin ni siquiera nada más, él se dió la vuelta y la dejó sola, marchándose lentamente a través de los jardines de hierba verde. Phobos se quedó mirándole con sorpresa. ¿Qué tipo de persona era esa? ¿Le daba la espalda a un enemigo sin más? Qué iluso...Desde aquella distáncia fácilmente podía ensartarle con una flecha.

Pero...cuando él la había soltado teniendo la posibilidad de matarla, había visto en sus ojos algo que no conocía...Compasión, amabilidad. A pesar de ser uno de sus enemigos la había dejado ir, y encima se marchaba con la seguridad de que no le atacaría por la espalda. Con una extraña sensación de alivio y, a la vez, decepción, saltó con facilidad el muro de palacio y desapareció en las tinieblas de la noche.

---------------------------

Las cosas parecían empezar a calmarse. Nuriko subió lentamente las escaleras del palacio, para encontrarse con Miaka, que andaba arriba y abajo intranquilamente. A su lado estaba Chichiri, que seguía manteniendo la barrera en alza y detectando cualquier posible aura.

- No hace falta que busques, Chichiri -dijo el chico al llegar arriba- Ya no hay nadie. Les he visto huír...

- ¿Estás seguro? -preguntó el monje mirándole inquieto.

- Más que seguro -dijo Nuriko con una ligera sonrisa.

Chichiri relajó las espaldas para deshacer el escudo y suspiró.

- Bueno, parece que esta vez no ha pasado nada irreparable...

- ¿Cómo está Hotohori? -preguntó Nuriko preocupado.

- Está bien, no te preocupes -dijo Miaka sonriendo- Aún no se ha despertado pero no le ocurre nada...se pondrá bien.

- Qué alivio... -suspiró Nuriko, recostándose con los codos sobre la baranda.

Se sentía muy cansado...Aquella noche había sido de locos. Pero lo más fuerte para él no había sido que Hotohori intentara matarle...si no que le besara. Distráidamente, se pasó los dedos por los labios. Esperaba que su emperador no recordara nada de aquellos momentos...no quería tener que dar explicaciones. Él ni siquiera había podido predecir su própia reacción...En aquel momento habría podido deshacerse de él con facilidad, pero...no había podido: algo le retubo. Había sido su deseo por mucho tiempo y, una vez lo hizo realidad, aunque fuera de aquél modo...

Sacudió la cabeza. No. Estaba demasiado confundido, y justo ahora que empezaban un viaje no era el momento más adecuado para pensar en semejantes tonterías...Sería mejor no hablarle a nadie de lo que había ocurrido en aquella habitación.

Sin ni siquiera despedirse de Miaka y Chichiri, andó un rato por los corredores abiertos al exterior, contemplando el cielo estrellado de afuera. Sin que hubiera podido darse cuenta, había llegado a las estancias del emperador. Con precaución, se pegó a la pared, escuchando las voces de las tres personas que había en la estáncia.

- ¿Cómo os encontráis, alteza? -inquirió una conocida voz femenina.

- Estoy bien, Hokin... -respondió la voz suave de Hotohori- Sólo que...no recuerdo nada...

- Nos tenías preocupados, padre -dijo la voz infantil de Boshin.

- No hace falta que os preocupéis más por mí...estoy bien... -dijo Hotohori en voz baja.

Nuriko paró de respirar y se inclinó poco a poco, con cuidado de no hacer ni una pizca de ruido. Sin ser visto, contempló aquella familiar escena, padre, madre e hijo abrazados, juntos, como si cada uno de ellos dependiera de los demás. A pesar de todas las cosas que habían sucedido, seguían siendo una família que se quería. Nadie tenía derecho a robarles aquella felicidad...ni siquiera él por un capricho de muchos años atrás.

Con una ligera sonrisa, Nuriko se puso en pie y marchó de aquel lugar, sin que nadie supiera que había estado allí.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

- ¡¿POR QUÉ! -retumbó la voz estridente del chico de cabellos de fuego.

- ¿Pero de qué te quejas? -inquirió Tamahome con una XXL gota de sudor en su cabeza- Si ya lo sabes desde hace tiempo...

- Ya... -dijo Tasuki con las piernas de gelatina- Pero ahora que ya estoy aquí...

- ¡Anda, Tasuki...! -exclamó Nuriko dándole un golpe de compañerismo que casi le sacó dos costillas del sitio- Creía que ya lo tenías superado...

- Pues no del todo... -dijo el chico, con una expresión que daba miedo.

Los tres chicos estaban en el muelle en el cual se abría la inmensidad de agua que les llevaría a Hokkan. Ante ellos, anclado en el puerto, había un enorme navío, el orgullo de la flota imperial, casi un clon del que utilizaran once años antes para viajar al país de Genbu, el cual había pasado a mejor vida tras los incidentes ocurridos. Evidentmente, al ver aquella mole flotante, Tasuki había sentido que el alma le caía a los pies: para ninguno de sus compañeros era un secreto que tenía pánico al agua, ya que no sabía nadar. En su anterior viaje había sufrido algunas...desafortunadas experiéncias, por lo que aquella fóbia había aumentado.

- Ya, pero luego no os quejéis si estoy de malhumor...

- Tasuki -llamó Tamahome.

- ¿Sí? -inquirió el chico mirándole.

- ¡AL AGUAAAA...! -gritaron Tamahome y Nuriko llevándole por lo alto hasta el borde del agua.

- ¡NOOOOOO...! -resonó la voz del Suzaku.

Miaka sonrió alegremente, al lado de Amiboshi, Suboshi y Yui, que observaban con una gota en sus cabezas.

- ¿Esto es normal...? -inquirieron los tres a la vez.

- Ya os acostumbraréis... -dijo Miaka quitándole importáncia. Se giró, para encontrarse a Hotohori vestido con ropas normales acercándose al muelle, seguido de su mujer y su hijo- Ah, Hotohori, ¿cuándo partimos?

- Cuando lo deseis, podemos irnos -dijo el emperador con una ligera sonrisa.

Al ver aparecer al chico, Nuriko soltó a Tasuki. Graso error, ya que sin su sutento tanto Tamahome como Tasuki cayeron de bruces al agua. Ignorando esto, se acercó a Hotohori y le dirigió una agradable sonrisa.

- Buenos días, alteza -dijo- ¿Ya os encontráis mejor?

- Sí, grácias, Nuriko -dijo Hotohori mirándole con una ligera sonrisa.

- Me alegro... -dijo el chico sonriendo más ampliamente.

Hotohori borró de inmediato aquella expresión de su rostro. Aunque no lo recordaba, los demás le había explicado sus intentos de matar a Nuriko en la noche anterior. Se sentía tremendamente culpable por aquel hecho, sobretodo porqué no era capaz de acordarse de nada de lo ocurrido.

- Nuriko, siento mucho...lo que pasó anoche...

El chico de quedó de piedra, con los ojos muy abiertos. ¿Quizás Hotohori...recordaba algo de lo que había ocurrido en su cuarto...? Imposible...Decidió dar una respuesta nula.

- No...no importa -dijo lentamente- No erais vos mismo...No os culpo de nada, señor.

- Te lo agradezco -dijo Hotohori muy serio, tocándose el cuello lentamente- En la batalla contra Tomo, me hizo algo...creo que fue él el que me manipulaba...Una vez más lo siento.

- No pasa nada -dijo de nuevo Nuriko, con una deslumbrante sonrisa- Ahora hay cosas más importantes.

-----------------------------

El puerto empequeñecía allá a lo lejos, mientras un viento fuerte del sur empujaba el barco en dirección norte. Todos estaban en la popa, mirando como el país de Konan se alejaba al mismo tiempo que ellos de él. Todos echarían de menos la tierra en la que habían nacido. Miaka suspiró con pesar y alivio a la vez. Levantó la vista para contemplar el inmenso cielo azul, con alguna nube y gaviotas que acompañaban el viaje del barco.

- No te preocupes -dijo la voz de Soi cerca de ella- Esta vez ninguna tormenta entorpecerá el camino...

- Grácias... -dijo Miaka sonriendo, para luego regresar de nuevo la vista a la inmensidad azul- Esta vez todo irá bien...

Allá lejos, en el muelle del puerto de Konan, dos personas contemplaban como el barco se alejaba de ellos, hasta convertirse en un punto perdido en la lejanía. La mujer de cabellos violetas bajó la mano con la que había despedido a la nave que acababa de partir y siguió mirando aquella mota hasta que se perdió en el horizonte. El muchacho que había a su lado dió un largo suspiro e hizo una expresión de preocupación.

- ¿Conseguiran volver con éxito?

Houkin le miró lentamente, con una suave sonrisa en su rostro aún jóven.

- No lo dudes, Boshin -dijo- Ahora estoy más segura que nunca de que volverán...sanos y salvos.

-o-o-o-o-o-o-o-o-

El viento se hizo más brusco de repente. El muchacho agudizó la mirada y levantó la vista, escuchando sonidos que solamente él podía oír, arrastrados por su fiel elemento. Se puso en pie de inmediato y agudizó sus sentidos, tratando de detectar algun sonido anormal. Se giró para mirar en dirección sur. Por supuesto, sus ojos no pudieron ver nada nuevo, sólo altísimas cumbres cubiertas desde siempre por nieve y hielo. Estaba seguro de que el momento había llegado y que muy pronto tendrían aquel encuentro que, seguramente, cambiaría sus vidas tranquilas y pacíficas.

Se dió la vuelta para ver una imagen tan familiar como tranquilizadora, de hecho lo más apacible que había visto en su vida. Vió a Hikitsu, el chico de cabellos plateados, correr por la nieve, con la pequeña Takiko a cuestas, ambos riendo como locos. Tras ellos iba corriendo Tomite, con una enorme bola de nieve entre sus manos, persiguiéndolos a toda prisa. Al parecer hacía unos segundos una bola lanzada por la niña había impactado en el rostro del moreno, por lo que se había enfurecido.

- ¡Me las váis a pagar...! -gritaba en Genbu rabiando.

- ¡Corre, Nakuru! ¡Que no nos coja! -gritó la chica riendo alegremente.

Uruki, ahora Fuutaka, observó aquel precioso rostro infantil, mientras el viento zarandeba los cabellos rúbio oscuro de ella. Una leve sonrisa apareció en su rostro. Haría lo que fuera por proteger a aquella niña que una vez fuera su único amor...y que quizás aún lo seguía siendo.

Con una sonrisa maliciosa, corrió hacia ellos, al tiempo que hacía una bola con las manos y hacía que impactara sobre la cabeza de Tomite, provocando que este resbalara en la nieve. El chico sacudió la cabeza para quitarse la nieve y, entonces, se puso en pie, sacando fuego por los ojos.

- ¡Serás desgraciado! -gritó haciendo una XXL bola de nieve y levantándola sobre la cabeza como si tubiera fuerza sobrehumana- ¡Como os coja ya veréis lo que es bueno...!

Dos segundos más tarde, este corría tras los otros tres, que hacían lo posible por huír de él. Jamás hubieran imaginado que pudieran vivir una calma semejante, una despreocupación como aquella...Los recuerdos suponían una gran carga y ellos, como estrellas de Genbu que eran, la soportarían...protegiendo lo que era suyo llegado el momento...

-O-O-O-O-O-O-O-O-O-

Sí, sí, por fín! En el siguiente (que espero que llegue pronto) se encontraran! Ya sabéis por dónde van los tiros, ¿no? XDXDXDXD. Pues sí, habrá una fusión Original - Genbu Kaiden que llevaba tiempo queriendo hacer (en realidad este fanfic lo escribí para que se convirtiera en una espécie de Crossover con los de los cuatro dioses y eso).

Pues eso, si os ha gustado este, ya me lo diréis XD (hoy no estoy inspirada para dar un discursillo).

La escena de ese beso entre Nuriko y Hotohori (aunque él fuera insconsciente de ello) llevaba tiempo queriendo hacerla...me encanta esa pareja, aunque creo que Nuriko va a tener que buscarse a alguien más...(tonta, tonta, más que tontorrona! Que no hables, que eres una bocazas! XD).

Arigato y hasta la próxima!