Hola de nuevo! Vuelvo con un nuevo capítulo (siento tener que decir que lo quisiera hacer mejor, pero no doy más de mí u.uU). Weno, no seais duros conmigo y leed...
Ah, siempre de me olvida algo: agradecer los reviews!
Akane-chan-yuna: Encontré una página donde estaba el tomo 5 hasta el capítulo del festival (k bonito U & T bailando...se me saltaron las lágrimas n.n). POr cierto, me parece muy interesante el romance de Tomite con cierta persona...ah, y lo del cumpleaños el 14 de febrero, ya lo sabía, me hizo mucha ilusión cuando lo supe (hago los años el mismo día que mi preferido de Genbu Kaiden, Tomite! Esto es el destino! n/n) Ejem...perdón...Muchas grácias por apoyarme. En cuanto a SUboshi y Yui...no se van a quedar así, no te preocupes. Arigato! P.D. Grácias por apoyarme en el otro fic también, eres un cielo n.n.
Koharu: Tranki, koharu, yo me apunto contigo a cargarme a Tomo a lo béstia...pero creo que con un bazoka moriría demasiado rápido...yo lo estrangularía XDXDXDXD. En realidad esa escena del beso hacía muchísimo tiempo que quería hacerla, era de las pocas cosas que tenía claro que quería que pasaran. Uruki y Takiko...bueno, no digo, ya lo leeras n.n (k mala soy, MUAJAJAJA...). Un besazo y hasta luego.
Kazu: Castellonenca! jejej, si no le decía rebentaba n.nU Tranki, a Tasuki no li pasa re... ya sufrió bastante el pobre la otra vez, solo le faltaba recibir de nuevo...Grácias por los animos, me anima que me apoyes. El próximo capítulo de Furuba espero terminarlo mañana o como máximo en tres días...me bajó la inspiración. pronto...(MUAJAJAJAJAJA...es el eco de la risa de AKito XDXDXD). Weno, hasta pronto! n.
Cielo y tierra enfrentados
Capítulo 17.- Un encuentro predestinado. El país del hielo eterno
La travesía había sido mucho más tranquila de lo que todos esperaban. El tiempo les había regalada días de cielo azul claro con nubes esponjosas y un viento suave del sur, que les impulsaba hacia el norte, con noches estrelladas en las que todos solían quedarse horas contemplando los puntos brillantes de los cuales ellos mismos formaban parte. Habían pasado siete días, exactamente una semana desde que partieran, y Chichiri y Chiriko calculaban que ese mismo día divisarían las costas de Hokkan.
Los ánimos estaban muy altos. Yui y Miaka hablaban animadamente, si incluso Soi se les unía. Todos confiaban ya en aquella que en un tiempo fuera su enemiga, pero que descubrieron que en realidad no era si no una chica de lo más amigable. Tamahome, Amiboshi y Suboshi hablaban animadamente con Tasuki, aunque este salía corriendo repentinamente y volvía con la cara de un verde blanquecino que daba miedo. Hotohori y Mitsukake pasaban el rato contemplando el mar inmenso, de acuerdo a su naturaleza callada. Solamente al cabo de un rato de haberse reunido todos tras pasar la noche, Miaka se dió cuenta de que faltaba alguien...
- Eh, ¿y Nuriko? -inquirió con curiosidad.
- No lo sé... -dijo Tamahome- Hace rato que no le veo...ha actuado de forma muy rara estos días...
- ¿Por qué...? -preguntó Miaka.
- Anoche me desperté pronto, debían ser las tres de la mañana. Me lo encontré cocinando como un loco, sin signos siquiera de querer dormirse...y creo que se pasa todas las noches despierto... -dijo Tamahome cruzándose de brazos.
- ¿Qué le pasará...? -se preguntó Miaka, poniéndose en pie- Me voy a buscarlo...
Recorrió el interior del barco, arriba y abajo, repasando todas las habitaciones, aunque sólo se encontró con Nakago, que no le devolvió más que una mirada de indiferéncia. De mal humor, subió de nuevo las escaleras que daban a la cubierta. Aunque el Seiryuu no había hecho nada sospechoso ni parecía tener intenciones de traicionarles, no parecía seducirle la idea de ayudarles. Saliendo de su ensimismamiento, caminó por el exterior, buscando a su desaparecido amigo. Le encontró al cabo de unos minutos, en la popa, mirando ensimismado las aguas profundas del mar, que iban dejando atrás poco a poco. Parecía tener la cabeza tan lejos que ni siquiera advirtió que ella estaba allí, mirándole.
- Nuriko... -susurró Miaka.
Pero él ni siquiera se inmutó. Continuó mirando a la inmensidad azul que se alejaba, con unos mechones violetas azotando su cara. La chica se le hubiera acercado, pero se detubo al ver la expresión perdida y melancólica de los ojos de la estrella. Se dió la vuelta y volvió a dónde estaban los demás, sentándose al lado de Yui con la cabeza gacha. La chica dejó de reír con Tamahome y miró a su amiga.
- Miaka, ¿qué pasa? -inquirió.
- ¿Has encontrado a Nuriko? -preguntó Tamahome.
- Sí... -susurró Miaka- Pero está muy raro...le noto apagado...
- ¿De verdad? -dijo Hotohori acercándose a ella.
Dos minutos más tarde, todos hacían piña tras la esquina de popa, observando al muchacho que seguía en la misma posición, lanzando de vez en cuando un suspiro cansado, como de resignación.
- Tienes razón, Miaka -dijo Tasuki, al parecer habiéndole pasado de golpe el mareo- Se le ve triste...
- ¿Cómo queréis que no esté así? -preguntó Chichiri, apareciendo de repente tras ellos- Recordad a dónde nos dirigimos...Es Hokkan. Fue dónde Nuriko murió por conseguir el shinjazo...es normal que este sitio le traiga malos recuerdos...
Todos cayeron en la cuenta por primera vez de aquel detalle. Diós, era cierto...Nuriko había tenido una muerte espantosa en aquella ladera helada de un monte cerca de la capital de Hokkan. Tras una lucha dura y dolorosa, murió desangrado en los brazos de Tamahome y Miaka. Ellos dos recordarían siempre aquellos momentos...y era evidente que Nuriko aún más. Amiboshi se adelantó, con su flauta en las manos, y sonrió levemente.
- Quizás pueda hacer que se relaje un poco... -dijo llevándose directamente el instrumento a los labios.
De inmediato, una suave melodía inundó el ambiente, para que los corazones de todos quedaran prendados de ella. Era un sonido bellísimo, relajante, lleno de sentimientos de calma y felicidad. Por primera vez se dieron cuenta de cuan bonito sería poder viajar de aquel modo mucho tiempo, en un mar calmado, con el suave oleaje golpeando el barco...sin problemas ni preocupaciones, escuchando el sonido que aquel maestro de la música hacía manar de una simple flauta.
Era evidente que Amiboshi estaba utilizando sus poderes psíquicos en aquella música, porqué de inmediato se sintieron revitalizados y calmados, con una poderosa felicidad cubriendo sus corazones. Aquella placentera sensación pareció llegar también a Nuriko, que se incorporó poco a poco y esbozó una suave sonrisa en su rostro. Viendo que había surtido efecto, el Seiryuu dejó de tocar y sonrió levemente.
- Por ahora bastará...Quizás esta música haya calmado un poco su espíritu... -dijo, preocupado por sus amigos como siempre.
- ¡Chichiri! -gritó una voz desde la otra punta del barco.
Tras oír la voz infantil, todos corrieron hacia el frente de la nave, donde un suave viento golpeaba las velas, ahora provinente del frente. Chiriko observaba la lejanía con su habitual y vivaz mirada esmeralda.
- ¿Qué ocurre? -inquirió el monje.
- Mirad -dijo Chiriko señalando al frente.
Todos miraron al mar azul e, inequívocamente, divisaron algo allá a lo lejos. Una franja oscura que se extendía a lo ancho de la línia del horizonte, al tiempo que alguna que otra gaviota empejaba a aparecer, revoloteando alrededor del mástil. Además, sintieron que la temperatura iba disminuyendo a medida que avanzaban, traída por aquel viento de repente frío.
- Eso es... -empezó Tamahome triunfante.
- ¡Hokkan...! -exclamó Miaka feliz.
- Chicos, ya hemos llegado -dijo Chichiri sonriendo.
- ¡Sí, por fín, bravo! -gritó Tasuki eufórico- ¡Por fín dejaremos este maldito y estúpido barco...!
- ¿Eing? -inquirieron todos.
- Chicos -dijo Nuriko apareciendo con una gran sonrisa- ¿Es cierto que ya estamos cerca?
- Sí, mira Nuriko -exclamó Miaka sonriendo ámpliamente y dando saltitos, mientras le cogía del brazo con cariño- Ya estamos.
- Bueno, al menos ya estamos aquí... -dijo el chico sonriendo sinceramente.
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Cuando por fin pusieron los pies en el suelo, admiraron el paisaje que había a su alrededor. Se les hizo tan familiar que no pudieron evitar ahogar un sonido de sorpresa. El frío era algo abolutamente normal, si se tenía en cuenta que, unos metros más allá de la playa, se extendía una basta e inacabable llanura cubierta de nieve. Ya estaban prevenidos del clima en el imperio del norte, por lo que iban bien provistos de capas y abrigos para el viaje. Por desgrácia no habían pensado en el mayor inconveniente, que era el hecho de que tendrían que ir a pie. Si iban andando, alcanzarían Toran en dos semanas, aunque tenían la esperanza de tardar menos. Estaban seguros de que su enemigo les pisaba los talones y que seguramente ya habría llegado a Hokkan. Debían encontrar la pista del shinjazo antes que ellos.
Mientras iniciaban la marcha, Miaka se puso a pensar en las palabras de Taitsu-kun. Les advirtió que seguramente se encontrarían con las estrellas de Genbu, las cuales ya habían reencarnado. Recordaba con claridad aquellos dos guerreros del diós béstia, Tomite y Hikitsu. En aquella ocasión hubiera deseado quedarse un poco más para hablar con ellos. Como en un flash, recordó el instante en que aquellos dos espíritus se fundieron en lágrimas, diciendo que por fín se reunirían con su sacerdotisa. Se preguntó qué tipo de persona habría sido Takiko Okuda, la sacerdotisa de Genbu. ¿Habrían tenido ella y sus guerreros tantas dificultades como ella y los de Suzaku para convocar a su diós? Y además...sabía que ella había muerto al ser devorada por el diós Genbu una vez le invocó. Realmente...había tenido mucha suerte de salir ilesa al invocar a Suzaku. Sacó aquellos pensamientos de su cabeza y miró de nuevo al frente, accelerando el paso. Cuanto antes llegaran a la capital, mejor. Estaban seguros de que encontrarían una pista para seguir el shinjazo.
Hacia la tarde alcanzaron un lugar que les era conocido. Después de haber subido un monte en apariéncia inacabable, encontraron ante sí aquel campo de hierba que habían visto años atrás, aunque en aquella época estaba completamente cubierto de nieve blanca y esponjosa, al parecer recién caída. Algunos caballos salvajes galopaban arriba y abajo de la pendiente, al parecer inmunes a la nieve que había bajo ellos.
- ¿Os acordáis de este sitio? -preguntó Miaka sonriendo- Aquí pasamos la noche con la gente del poblado...
- Pero...ya no hay nadie...ni siquiera se ven las casas... -dijo Tamahome mirando alrededor.
La chica comprobó con lástima que era cierto: no había ni siquiera rastro de que allí hubiera vivido alguien. Suspirando con lástima, emprendieron el camino de descenso. Ahora que el sol empezaba a esconderse, la temperatura descendía muy rápidamente. Debían buscar un sitio para pasar la noche o no estaban seguros de sobrevivir a las glaciales temperaturas de Hokkan.
Al cabo de medio hora, empezó a nevar copiosamente, así como a soplar un frío viento hivernal. Todos se cubrieron aún más con las ropas, pero ello no evitaba el frío que estaban sufriendo. Empezaban a desesperarse de verdad cuando la nieve les llegó a las rodillas, pero entonces vieron a lo lejos una luz rojiza...quizás una hoguera. Sin ni siquiera hablar, se decidieron mentalmente acercarse a la fuente de luz.
Se sorprendieron cuando descubrireron que lo que les había guiado a través de la tormenta era un haz de luz que surgía de una cueva, en la ladera de la montaña del otro lado de la llanura. Se acercaron, esperanzados de encontrar a alguien...y entonces vieron la silueta de una persona recortándose contra la luz del fondo. Acto seguido, ante ellos apareció un chico de cabellos oscuros (N/A: nos os ilusionéis, que Tomite aún no sale...Un poco de paciéncia T--T), que les observó con detenimiento.
- ¿Quiénes sóis? -inquirió- ¿De dónde venís con esa tormenta?
- Por favor, buscamos un lugar dónde pasar la noche... -dijo Yui, abrigada por Suboshi.
El chico no dijo nada, solamente observó a tan peculiar grupo. Sus ojos se posaron en el chico de cabellos verdes.
- ¿Tamahome...? -inquirió.
- ¿Nos conocemos...? -preguntó Tamahome sorprendido.
- ¿No te acuerdas? -dijo el chico sonriendo ámpliamente- Hace once años nos conocimos aquí...yo casi me caí del caballo y tú me enseñaste a montar...
La expresión de Tamahome se iluminó de repente.
- ¿Tú eres aquel niño? -preguntó asombrado.
- Sí -dijo el chico con orgullo- Tuvimos que dejar la llanura porqué los inviernos cada vez son más fríos...Si queréis, podéis pasar la noche aquí...
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Tras dormir en el abrigo de la montaña, en compañía de las gentes del lugar, partieron al amanecer. Como la otra vez, con igual hospitalidad, los lugareños les prestaron monturas para el viaje, cosa que agradecieron profundamente. De ese modo, al día siguiente estarían en Toran, la segunda ciudad más importante del imperio. En el momento de la despedida, aquel chico, que entonces tenía unos dieciséis años, agradeció una y otra vez a Tamahome que le hubiera enseñado a montar en el pasado...aunque también siguió recordando que la cara de Tasuki le daba miedo, aún a peligro de recibir un puñetazo de este.
Más animados que nunca, partieron rápidamente en dirección norte, para alcanzar la ciudad. La nieve entorpecía en gran medida el camino, pero los caballos estaban habituados a aquel clima frío.
Cuando ya caía la noche, dejó de nevar, por lo que la luz de la luna plateada cayó sobre ellos. Habían decidido no detenerse a dormir. Sería mejor seguir, aprovechando la visibilidad que proporcionaba el cielo raso. Mientras cabalgaban, Suboshi apretó más a Yui contra su pecho, cubriéndola también con su prenda de abrigo.
- No temas, Yui. Puedes dormir, si quieres -dijo suavemente.
La rúbia le miró de reojo unos instantes, con aquellos profundos ojos verdes, pero después asintió suavemente y se dejó abrazar por Suboshi. Mientras lo hacía, sintió un calor característico, una ternura fiera y suave a la vez...Tuvo la sensación de estar en los brazos de alguien que la protegería siempre, fuera ante quién fuera...Como si siempre tubiera que haber sido así...Sin darse cuenta, sus ojos de fueron cerrando poco a poco, cayendo en los dominios del sueño, hasta que se quedó completamente dormida, con la seguridad de qué, al despertar, se encontraría entre los brazos de aquel muchacho de ojos grises.
Suboshi no pudo dejar de notar que la chica caía en el estupor del sueño. Intencionadamente, aminoró la marcha de su caballo, por miedo a despertarla. La contempló unos instantes. Se veía tan bella bajo la luz de la luna...con sus cabellos rúbios meciéndose suavemente en el aire. No supo por qué lo hizo, y por qué no pudo retenerse...únicamente advirtió que su labios rozaron la frente ella, dándole un suave beso de cariño.
Al hacerlo, pero, sintió una punzada en el corazón. Retiró de inmediato el rostro, cerrándo los ojos con fuerza, que amenazaban por llenarse de lágrimas. ¿A quién pretendía engañar...? En aquellos momentos estaba más lejos de Yui que nunca...Desde que ella le confesara que tenía un hombre en su mundo, no había sentido más que desánimo. Había pasado mucho tiempo...demasiado...desde que le confesara por primera vez su amor. Seguramente Yui nunca había llegado a sentir nada por él...y fingía corresponderle por pura lástima...Agachó la cabeza, sintiendo más dolor del que recordaba haber sentido nunca.
Pero, quizás por azar, un simple movimiento calmó su espíritu. La chica que tenía entre sus brazos suspiró con calma y se acurrucó más contra su cuerpo, aferrándose a su ropa, mientras una dulce sonrisa aparecía en su rostro y susurraba una sola palabra entre sueños.
- Suboshi...
El chico se quedó mirándola unos instantes, con sorpresa. Después de que su mente asimilara lo que acababa de oír, una suave sonrisa apareció en su rostro. Con cuidado, recostó sobre su rostro sobre la cabeza de Yui, mientras acariciaba sus cabellos.
"Yui...ojalá llegues a saber...cuanto te quiero..."
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
- No me puedo creer que ya estemos aquí... -dijo Miaka con una enorme sonrisa, bajando al suelo cubierto de nieve y desentumeciendo sus extremidades.
La chica había dicho eso al encontrarse frente al enorme arco de roca que indicaba la entrada al barrio periférico de Toran, la segunda capital de Hokkan. Habían llegado justo cuando empezaba a amanecer, habían divisado la ciudad allá lejos. Habían hecho turnos para dormir, sin parar por el camino, simplemente a cada rato uno cavalgaba y el otro reposaba.
Desmonstaron en la afueras y recorrieron un rato las calles nevadas de la ciudad, buscando algo que les pareciera familiar. Algunos hacía más de once años que habían estado allí, así que era de esperar que no recordaran gran cosa. Tamahome suspiró, agotado después de un par de horas dando vueltas sin rumbo.
- Estoy harto... -se quejó- A este paso no encontraremos nada...
- Si no recuerdo mal, en la escultura del centro de aquella plaza de la otra vez estaba escrita la leyenda de la sacerdotisa de Genbu... -dijo Nuriko con una dedo en la barbilla- podríamos ir hacia allí para tratar de dar con una pista sobre el shinjazo...
- Es una buena idea... -corroboró Mitsukake pensativo.
Empezaron a buscar y preguntar a las personas de los alrededores si sabían dónde estaba aquel monumento. Por supuesto, ninguno de ellos sabía que eran observados...por unos ojos de un gris pálido y agudo, una mirada que siempre les seguía de cerca...
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- ¡Tíos, ¿no será esto, verdad! -inquirió Tasuki entre gritos, al cabo de un rato.
A su llamada, todos se reunieron en una pequeña plaza cubierta de nieve. Los rostros de Miaka, Tamahome y Nuriko se iluminaron de inmediato, cuando sus ojos vieron el enorme panel de roca cubierto de extrañas escrituras gravadas en oro.
- Sí, es aquí -dijo Miaka, recordando los sucesos ocurridos hacía ya tanto tiempo.
- No sé vosotros, pero yo no entiendo ni jota -dijo Tasuki escéptico.
- Habla sobre la sacerdotisa de Genbu... -dijo Chiriko observando con una ligera sonrisa la roca- De sus siete guerreros y de sus misiones...
- ¿Tú sabes leer esto...? -inquirió Tasuki sin creérselo.
- Y además... -dijo el niño observando atentamente los carácteres que parecían cuerdas entrelazadas- habla sobre el shinjazo...dice: "El shinjazo es Genbu, Genbu es su sacerdotisa, la sacerdotisa es Hokkan, el país del hielo...Una vez el sagrado tesoro cumpla su cometido, se verá llamado por la tierra que le vió nacer...regresará al lugar sagrado del cual provino..."
- Ah, de acuerdo... -dijo Miaka incrédula- ¿Y eso qué significa...? -preguntó perdida.
- Según parece, el shinjazo habrá retornado al lugar sagrado en el que fue creado, o mejor dicho, dónde utilizó su poder -dijo Chichiri pensativo.
- ¿Tienes alguna idea? -preguntó Yui.
- Bueno...el lugar más sagrado para el shinjazo de Genbu sería...el templo -dijo el monje como si hubiera sido iluminado de repente- Debemos encontrar la ubicación del templo de Genbu...
- Seguramente estará en la capital -dijo Chiriko- Está a unas ochocientas millas al norte...
- Bueno, pues... -dijo Tasuki, medio animado- Vamos.
- Ninguno de vosotros pondrá una mano encima al shinjazo -dijo de repente una voz profunda.
Todos miraron alrededor, al parecer sorprendidos por aquella súbita voz. Tamahome agarró instintivamente a Miaka.
- ¿Quién es...? -preguntó la chica.
- Quédate aquí -susurró Tamahome, haciendo brillar su signo.
Buscaron con la mirada cualquier indicio, pero, justamente en aquellos momentos, la calle estaba completamente desierta. Tasuki empuñó el abanico con fuerza, dispuesto a carbonizar a cualquier enemigo. De repente, sus ojos se desviaron hacia el suelo nevado que pisaba, para ver una sombra recortada sobre la superfície blanca...Se dió la vuelta bruscamente, para clavar los ojos en la parte superior de la escultura.
- ¡Muéstrate! -gritó, apuntando en aquella dirección- ¿Quién eres?
Ante sí vio a un muchacho de unos catorce años, de cabellos marrón pálido atados con una cinta. Cubría su cuerpo con una capa negra, pero pudieron distinguir claramente un rostro serio pero de rasgos suaves, con unos agudos ojos grises. El chico levantó una mano amenazadoramente.
- No consentiré que unos intrusos de los países del sur toquen la relíquia de Genbu -dijo muy serio.
De repente, con una rapidez absoluta, el chico descendió de la escultura, rápido, pero al tiempo suavemente, como si flotara en el aire. Su pie fue a impactar en el hombro de Tasuki, que logró evitar que el impacto fuera en su rostro. Furioso, el Suzaku giró a toda prisa sobre sí mismo, emprendiéndole un golpe que no llegó a tocar su blanco. Aquel extraño chico daba unos saltos altos...demasiado para ser simples saltos. Más bien parecía volar...Aterrizó con gracilidad, sin variar su seria expresión. Levantó una mano en el aire.
- No pasaréis de aquí, os lo aseguro -dijo con seguridad.
- ¡Tú también quieres el shinjazo, ¿no! -gritó Hotohori blandiendo la espada- ¿Acaso eres un secuaz de Kutô?
La expresión del chico se ensombreció de inmediato, aunque sin mostrar emoción alguna.
- Jamás estaría de lado de tan despreciable país -dijo lentamente- Y vosotros...
Con un simple gesto de su mano derecha, una increíble y poderosa ráfaga de aire frío se levantó frente a ellos, haciendo que casi salieran despedidos hacia atrás.
- ...vais a morir -terminó el sujeto, con una voz de repente más aguda.
No entendieron qué era aquel poder, simplemente que era muy grande. Al aire de su alrededor parecía estar vivo, les hería...muy pronto sintieron que unos superficiales cortes aparecían en sus cuerpos, provocados por aquella brisa agresiva, lanzada por un enemigo que no conocían.
- ¡¿Qué es ese poder! -gritó Tasuki.
- No lo sé... -dijo Chichiri- Pero es diferente...no me deja conjurar una barrera...
Ninguno de ellos podía hacer nada, estaban a merced de su enemigo...Pero, de inmediato, un poderoso destello azul, una explosión de poder estalló alrededor. Cuando pudieron mirar al frente, vieron a Nakago, el líder de los Seiryuus, liberando su poder contra aquel desconocido.
- Nakago... -dijo Tamahome sorprendido.
Este ni siquiera había necesitado un gesto. Conocedor de su própio poder, lo dominaba sin necesidad de variar sus movimientos. Sus agudos ojos azules se clavaron en el desconocido.
- No eres gran cosa, después de todo... -susurró con desprecio- Si este aura tan débil ha bloqueado tu poder, es que pareces más de lo que eres...
- ¡No creas que me vencerás tan fácilmente! -gritó el chico con ira, levantando las dos manos hacia ellos.
De inmediato, el viento triplicó su fuerza, provocando que únicamente Nakago permaneciera inmune a tal brutal poder. Pero los Suzakus no estaban decididos a dejarse vencer, y tampoco los Seiryuus. Tamahome, Hotohori, Tasuki y Suboshi se adelantaron al acto, ignorando la fuerza desbocada del viento, dispuestos a vencer cualquier obstáculo.
- ¡Estrellas fugaces! -gritó Suboshi, lanzando sus armas contra el chico.
Este esquivó con maestría las esferas asesinas, con la misma expresión de seguridad. Acto seguido, se inclinó levemente para evadir el filo de la espada sagrada de Hotohori, que pasó rozándole. Tamahome se lanzó directamente contra él, con un grito de guerra que impresionó al desconocido. Ni tan siquiera tuvo tiempo de ver el destello rojo del signo de su frente, cuando una poderosa y fugaz patada del Suzaku impactó en su estómago. El chico sintió que se le cortaba la respiración, mientras era despedido hacia atrás, hasta caer derrapando sobre la nieve. Tamahome permaneció quieto, sereno.
- No serás un obstáculo... -susurró lentamente.
Tan deprisa como pudo, el desconocido se puso en pie, con un gesto de dolor. Aprovechando la ocasión, Tasuki levantó su abanico y corrió hacia él, dispuesto a vencerle de una vez por todas. Con rapidez, el chico se puso en pie y esquivó el golpe de Tasuki, que impactó justo donde había estado.
- ¡Serás desgraciado...! -gritó Tasuki con fastidio, lanzando un golpe a lo loco.
Olvidando su abanico, el puño de Tasuki recorrió unos centímetros e impactó de lleno en el pecho de su adversario, que se quedó completamente helado. Tasuki sintió un impulso de gritar en triunfo, pero entonces notó algo que no le gustó los más mínimo...
Bajo el puño había tocado...algo blando.
Clavó sus ojos castaños en los grises de su adversario, que había levantado un puño, de dedos que se le crispaban entre espasmos. Enrojeciendo de ira hasta las orejas, el desconocido golpeó el rostro de Tasuki, haciendo que el chico saliera despedido muchos metros más allá.
- ¡Ni te atrevas a tocarme...! -gritó enfurecido.
Tasuki se incorporó rápidamente, balbuceando cosas sin sentido, más nervioso que nunca en su vida.
- ¡Cómo es posible...! ¡Si tiene...si tiene...! -empezó completamente rojo.
- ¿Tiene qué? -inquirió Nuriko.
- ¡Tiene pecho...! -gritó Tasuki señalándole con histerismo- ¡Es imposible, habría jurado que era un tío...!
- ¡¿Qué...! -inquirieron todos con la mandíbula hasta el suelo.
El, en ese caso, la desconocida, sonrió irónicamente y levantó una mano en el aire, mientras les miraba con una sonrisa de superioridad.
- Bueno, era un pequeño secreto... -dijo- Ahora no tengo más remedio que acabar los juegos y mataros de una sola vez...con todo mi poder...
Justo cuando efectuaba el movimiento que desencadenaría todo su poder, un par de voces estridentes y alertantes resonaron en la calle desierta.
- ¡Detente! -gritaron a coro- ¡No lo hagas, Uruki! ¡Ellos son estrellas de Suzaku!
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Todos se quedaron de piedra ante tales palabras. Giraron rápidamente la vista, para mirar calle abajo.
Hacia ellos venían corriendo dos muchachos, de unos once años: el primero, que tenía los cabellos oscuros y cortos, llevaba un arco largo en la mano izquierda; el segundo, ligeramente más alto, tenía los cabellos rúbio platino y llevaba el ojo derecho cubierto. Les eran demasiado familiares como para pasarlo por alto...
- Imposible... -susurró Miaka con los ojos agrandados.
- Miaka...¿quiénes son? -inquirió Yui sin entender nada.
Una vez los dos muchachos llegaron hasta ellos, el rúbio miró al chico (o chica) de la coleta castaña, con una expresión de lo más seria. Después, desvió su parcial mirada violácia hacia Miaka, mientras una ligera expresión de alivio se dibujaba en su rostro.
- Os pido disculpas, sacerdotisa de Suzaku -dijo lentamente- Él desconocía quiénes sois.
- ¡Si sóis...Hikitsu y Tomite! -gritó Miaka señalándoles.
Una ligera sonrisa se dibujó en el rostro del otro muchacho, mientras sonreía maliciosamente.
- En efecto -dijo Tomite irónicamente- Me alegra veros, ciertamente.
- ¿Qué queréis decir con que son estrellas de Suzaku? -exclamó el chico de cabellos castaños.
Los dos Genbu se miraron y, después, dirigieron su mirada hacia Miaka.
- Este, sacerdotisa, es Uruki, una estrella de Genbu como nosotros -dijo Hikitsu lentamente- Debéis perdonarle, él no os había visto nunca, por lo tanto no ha podido reconoceros...
- ¿Él? -inquirió Tasuki, aún sin recuperarse del impacto de haberle metido mano sin querer a una "chica"- Pero si es una chica... -de repente, la idea llegó a su cabeza, mientras golpeaba su palma con un puño- ¡Claro, ya lo entiendo! ¡Es un travesti...!
¡BOOMMM...! Una patada de Uruki impactó de lleno en el rostro de Tasuki, casi desviándole el tabique nasal. El Genbu se retiró, mirándole con el rostro a punto de estallar de rábia.
- ¡¿Serás estúpido! -gritó- ¡Es parte de mi poder de estrella...!
- ¿Poder de estrella...? -dijo Miaka sorprendida.
- Sí... -dijo Uruki, un poco más serio- Puedo domar el viento...el problema es que entonces me transformo en mujer... -añadió, mostrando el carácter negro que aparecía en su pecho.
- Y cómo te fastidia, ¿eh...? -dijo Tomite por lo bajo, con una sonrisa maliciosa.
- ¡Un día te voy a mat...! -empezó Uruki con los dedos crispados.
- Anda, dejádlo... -dijo Hikitsu, con una madurez de la que escaseaban los otros dos.
De pronto, el Genbu desplazó sus ojos hacia el grupo de Miaka, mirando con agudez a las personas que estaba allí y que no lograba identificar.
- Soís más de siete guerreros...¿quiénes son ellos? -inquirió con un poco de desconfianza.
- Es verdad, supongo que no os conocéis... -dijo Miaka. Puso una mano en el brazo de Nuriko- Este es Nuriko, la última estrella de Suzaku. Por desgrácia, la última vez no llegásteis a conoceros...
El rostro de Hikitsu adoptó una curiosa expresión de tristeza, con una leve sonrisa apagada.
- Tú eres el guerrero que murió a las puertas del santuario del shinjazo por protegerlo de un enemigo... -susurró- Recuerdo tu energía...Te agradezco profundamente que no dejaras pasar a aquel intruso.
Nuriko permaneció serio, aunque después una ligera sonrisa se dibujó en su rostro, mientras Miaka les presentaba a Hotohori a los Genbu. Después, los ojos de Hikitsu se posaron en Yui y compañía, que permanecieron en silencio, mirándole inquietos.
- ¿Y ellos...? -inquirió el Genbu.
- Hikitsu -dijo Uruki, habiéndo recuperado su aspecto masculino- ese... -añadió señalando a Nakago- ha desprendido antes un aura azul...es un Seiryuu.
- ¿Un Seiryuu? -exclamó Tomite- ¡¿De Kutô!
Con fugacidad, puso una flecha en el arco y apuntó directamente a Nakago. Este apartó la mirada con una sonrisa irónica. Suboshi se puso de inmediato frente a Yui, haciendo levitar las estrellas fugaces. Las cosas podrían haber ido mal, pero Miaka se interpuso.
- No, esperad -dijo alarmada- No vienen para luchar. Ella es la sacerdotisa de Seiryuu y ellos cuatro de sus guerreros...están huyendo de Kutô, por así decirlo.
- ¿Huyendo? ¿De su própio imperio? -preguntó Tomite receloso, sin soltar la flecha.
- Kutô quiere declarar la guerra a Konan -dijo Tamahome muy serio- Ellos no desean que eso ocurra...Están dispuesto a oponerse a su própio país por evitar un enfrentamiento.
El chico de cabellos azabache siguió fitando con sus ojos oscuros a Nakago y a los demás, pero después relajó los hombros y dejó de hacer fuerza sobre el arco.
- De acuerdo, confiaremos en ellos... -dijo lentamente- No es fácil...Hace más de 200 años, Kutô atacó duramente Hokkan, provocando muchas guerras y muertes...
- Esta vez no venimos para luchar, si no para evitar la guerra -dijo Suboshi seriamente.
- Te he dicho que vale -dijo Tomite impaciente.
- Entonces...¿por qué sigues apuntándome? -dijo Suboshi sin demasiada confianza, arqueando una ceja al ver la punta de la flecha a tres centímetros de su nariz.
- Anda, Tomite, deja eso... -dijo Uruki con una gesto de verguenza ajena, que provocó una mueca de rábia en el rostro del moreno.
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Andaron un rato por las calles aún un poco desiertas, ya que la actividad de la ciudad se retomaba más tarde. Mientras lo hacían, Miaka y los demás iban poniendo al corriente a los Genbu de todo lo ocurrido, así de como de la guerra que amenazaba estallar entre Konan y Kutô. Tomite suspiró con pesadez, mientras se detenía, provocando que sus pies se undieran suavemente en la nieve.
- Es decir que Kutô busca guerra de nuevo... -susurró lentamente.
- Exacto -dijo Chichiri alzando la vista- Seguramente pretenderán encontrar los dos shinjazos que faltan para convocar a Seiryuu...
- Deberíamos hacer algo -dijo Uruki muy serio cruzándose de brazos.
El silencio reinó por unos instantes, hasta que Hikitsu pareció tener una idea.
- Lo tengo -dijo seriamente- Lo más probable es que el shinjazo haya regresado a su lugar de orígen, tal como dice la profecía...Viajaremos a la capital, al templo de Genbu. No podemos hacer como si nada de lo que nos habéis contado hubiera ocurrido...Han pasado demasiadas cosas sin que tubieramos conocimiento de ello...
- ¿Y vosotros...? -inquirió Miaka- ¿Qué ha pasado en este tiempo?
Tomite se dió la vuelta para mirarla, mientras sus dedos jugaban con la cuerda del arco. Echaron a andar de nuevo, prestando atención a las palabras del chico.
- Nos reencarnamos justo después de dejar la custodia del shinjazo -dijo relatando- Quizás fue nuestro instinto, pero sentimos que un nuevo peligro llegaría pronto...Tubimos suerte, o quizás no fue simple azar...Pero nuestros recuerdos se mantuvieron intactos. Ligados por nuestro instinto de estrellas, nacimos en la misma ciudad. Nosotros tres nos encontramos de inmediato, aunque Uruki ya se había reencarnado hacía años. En este tiempo hemos estado buscando a nuestros otros compañeros, aunque no hemos tenido éxito...Quizás hayan renacido en otro lugar de Hokkan...puede que algunos incluso aún no se hayan reencarnado...
De repente, una leve sonrisa iluminó su rostro. Habían llegado a un prado cubierto de nieve, donde habían algunas casa más aisladas.
- Aunque, por otro lado, hemos encontrado a alguien quizás más importante para nosotros que el resto de nuestros compañeros... -susurró avanzando un poco más- alguien a quién debemos lealtad y protección...la persona que nos reunió y ofreció su poder...
- ¿Quién...? -empezó Miaka perdida.
Pero otro sonido más agudo y ruidoso inundó el ambiente, reberverando extrañamente en la llanura helada.
- ¡Fuutaka, Mikoru, Nakuru...! -gritaba una voz suave y aguda.
Todos levantaron la cabeza, para ver ante sí una pequeña silueta que corría hacia ellos, levantando una mano en el aire, con una enorme sonrisa. Era una niña aún muy pequeña, de precioso rostro, con unos cabellos rúbio oscuro meciéndose tras ella. Miaka miró de reojo a Hikitsu, que sonreía suavemente.
- Ahí está... -susurró el chico- La persona a la que debemos todo lo que somos...
- ¿Quién es...? -inquirió Miaka con curiosidad.
Pero entonces notó unos pasos a su lado. Entornó los ojos para ver a Uruki, el Genbu, mirando al frente con sus ojos grises. Una suave brisa meció suavemente sus cabellos castaños atados en una cinta, mientras una leve y cálida sonrisa, la única que le habían visto en todo el rato, se dibujaba en su rostro.
- Ella es Takiko...la Sacerdotisa de Genbu...la única mujer a la que he amado...y amaré siempre...
-O-O-O-O-O-O-O-O-
K tal? Sí, ya lo sé, no ha sido lo mejor de lo mejor, además de que me ha quedado más corto de lo que esperaba (cada vez los hago más largos XD).
Weno, nada más que decir, no se me ocurre nada...Solamente espero que os guste, ahora que por fín se han fusionado el Fushigi Yugi original y el Genbu Kaiden.
Arigato y grácias por leer! Espero reviews!
