Pa las tres wapas que me manda reviews...
Akane-chan-yuna: Ai, mi fiel lectora...XD. Ojalá ya te hayas puesto bien (supongo que sí, hace casi un mes n.nU). Ya lo sabía que te gustaba mucho Uruki, se nota bastante XD. En cuanto a lo de la sexta Genbu, lo leí en otro sitio, sé bastantes cosas de ella, aunque ya aparecerá...(o no XD). Muchas grácias por leer. Un desazo.
Koharu: Ya seguí el de Furuba (como bien sabes, para eso me enviste comentário n.n) y aquí tienes del siguiente de FY. Jeje, lo de la pelea del encuentro era algo que se veía venir...El otro día pensando me vino a la cabeza que en carácter Tasuki y Tomite se parecen un pokito, ¿no? Jeje, dos personas tan parecidas no pueden caerse bien...Nada más XD. Una besito y hasta pronto.
kazu: Lo de Yui y Suboshi, haré lo que pueda, aunque ya tenía pensado el final desde hace tiempo...Pero no pienso decir ahora cómo acaba! n.n, k mala soy...Muchás grácias por seguir mandando reviews, me anima mucho. Un petonet n.n
CIELO Y TIERRA ENFRENTADOS
Capítulo 18.- Compañeros de viaje. Lobos en la oscuridad
El viento frío arrastró nieve, que cayó sobre ellos con suavidad. Miaka no pudo evitar sentir que la tristeza y a la vez alegría de la voz de aquel guerrero de Genbu penetrara en su ser. Las palabras de Uruki habían provocado un extraño efecto en todos ellos, mientras contemplaban a la pequeña que se acercaba a ellos, corriendo alegremente.
- ¿Qué has dicho...? -inquirió Tamahome.
Uruki suspiró pesadamente y recalcó sus palabras.
- Hace más de 200 años, una chica vino de otro mundo al nuestro...en ese momento Hokkan estaba en una situación bastante desfavorable contra Kutô...Takiko apareció justo cuando más la necesitábamos, rodeada de una luz plateada...Aunque al principio no tenía ninguna habilidad especial, hizo lo posible por reunirnos a todos...y fue ganándose nuestro corazón...poco a poco se hizo más fuerte, fue capaz de luchar sola ante sus enemigos...Pasaron muchas cosas...hasta que, después de invocar a Genbu, regresó a su mundo...No sé lo que ocurrió allí, pero después de morir, solamente Tomite y Hikitsu se quedaron como almas en pena para custodiar el shinjazo...Hace catorce años, después de renacer...lo recordaba todo con claridad. Desde que tube la habilidad de andar, les busqué, aunque hasta años después no dí con ellos...Pero entonces, ese día...
FLASHBACK
Llegó a la cima entre jadeos, por culpa de la velocidad y el cansancio. Diós, aquel cuerpo era aún demasiado débil...aunque estaba seguro de que mejoraría después de entrenar un poco. Además, aquellas alturas costaba más respirar, el aire era demasiado frío. Sus ojos grises se clavaron en la lejanía, contemplando las cumbres blancas de nieve. Volvió la mirada al frente con agudez.
Ante sí vió una enorme pared de roca cubierta de hielo. Justo a unos metros frente a sí, había una obertura en la roca, en la cual se veía una enorme puerta metálica. Sólo unos pocos privilegiados habían entrado en semejante lugar, él lo sabía bien. De todos modos, se sorprendió al ver que la cadena dorada que flanqueaba la puerta estaba suelta, como si alguien hubiera pasado a través...Además, la roca que otro compañero suyo de muchos años atrás había puesto en la entrada estaba echada a un lado, en un sitio que no era el suyo.
Algo había ocurrido en aquel lugar hacía mucho tiempo, podía sentirlo...El viento le traía la eséncia de la lucha, la sangre y la muerte sucedida en aquel lugar tiempo atrás. Solamente alguien con un poder equiparable al de su compañero, el cual manejaba las rocas, podía ser capaz de apartar semejante mole de piedra.
Sin más dilación, entró a toda prisa en aquel túnel bajo la montaña, un sitio que conocía bien. Mientras más se adentraba en la oscuridad, más grande fue la certeza de que Tomite y Hikitsu no estarían allí. Si las puertas estaban abiertas, significaba que alguien se había llevado el shinjazo...por lo que sus compañeros debían haber dejado su puesto de almas en pena. Corrió con más desesperación. ¿Por qué...había sido el único...que se había reencarnado ya...?
Atravesando la oscuridad, llegó a unas enormes puertas, muy parecidas a las del exterior. Sin ningún tipo de esfuerzo, las abrió de par en par, contemplando el lugar con los ojos preocupados.
Ante él se extendía una extensa galería, cubierta de una luz blanca y pura, denotando su carácter sagrado. El techo estaba sustentado por unas gigantescas columnas hechas de cristal, de las cuales colgaban cortinas brillantes y translúcidas. Y allá, al final de la sala, se erguía pulcro y sagrado el altar en el cual había descansado por siglos el shinjazo del diós Genbu.
De repente, el niño se dió cuenta de que no estaba solo en la sala, si no que había alguien más.
Había una persona de pie ante el altar del diós. Era un chica, una niña de apenas sí unos seis años de edad, con un vestido blanco como la nieve. Tras su espalda caía una cascada de cabellos rúbio oscuro, que resplandecían ténuemente con la luminosidad de la sala. El chico se sorprendió de ver alguien allí, de modo que se acercó unos pasos.
- ¿Qué haces aquí? -exclamó, consiguiendo que su voz reberberara con fuerza.
Al oír aquella súbita voz, la niña se dió la vuelta, asustada. Lo que el chico vió ante sus ojos le dejó helado como la nieve del exterior.
Al girarse, la muchacha había dejado ver unos ojos grisáceos, de un color ni azul ni verde, si no un precioso tono entremezclado. Él no pudo evitar pensar que ya conocía aquellos ojos...de hacía cientos de años. La niña le miró con timidez, casi miedo.
- Lo...lo siento -susurró con una angelical voz aguda- no había nadie y he entrado...no...no quería molestarte...
- No pasa nada... -murmuró el niño, aturdido, acercándose a ella sin quitarle los ojos de encima.
Girándose de nuevo, la chica contempló el altar en silencio por unos instantes. Poco a poco, pasó unas manos blancas como la leche por encima de la superfície de cristal, como si buscara algo que estuvo allí hacía mucho tiempo...
- Es extraño... -susurró.
- ¿El qué...? -inquirió el chico aún sorprendido.
- Creía...que aquí encontraría algo... -susurró la niña, con los ojos grisáceos fijos en el pedestal- Quizás...un colgante...
- ¿Qué? -exclamó el chico de repente.
La muchacha tenía una expresión muy rara en aquella cálida mirada gris. Era como el reflejo de algo ocurrido hacía mucho tiempo, como si, a pesar de su corta edad, hubiera visto muchas cosas que no correspondían en absoluto a su inocéncia...
- Pensaba que aquí encontraría el colgante púrpura que perdí aquella vez...
Los ojos del chico se agrandaron de repente, mientras un fuerte espasmo se apoderaba de su cuerpo, alojándose en su pecho y latiendo dolorosamente.
La sensación que había tenido al ver los ojos de la chica se había hecho extrañamente real. Diós, era imposible...¿Por qué se parecía tanto a ella...? ¿Como podía saber lo del colgante...? Solamente había una persona en el mundo que podía cumplir tales características.
Con las piernas temblándole incontrolablemente, se acercó a la niña, mirándola con detenimiento.
- ¿Cómo te llamas...? -inquirió.
La chica le miró, aunque después esbozó una preciosa sonrisa en su rostro infantil.
- Takiko -sonrió- Me llamo Takiko...
END FLASHBACK
Todos los presentes le miraban con cientos de dudas bombardeando su cabeza. Mientras lo hacían, Uruki levantó la vista al frente y esbozó una sonrisa, mientras se inclinaba para recibir en sus brazos a la pequeña, que le abrazó con fuerza, hundiendo entre risas la cabeza en su camisa.
- Fuutaka, ¿dónde estabas? -preguntó la niña con una sonrisa- Te he estado buscando...
- Je, lo siento, Takiko -respondió el muchacho con una enorme sonrisa desbordando sus labios- se me pasó la hora...no volverá a pasar.
Mientras la chica sonreía alegremente al lado de él, los demás seguían mirando con los ojos agrandados aquella escena, sin poder evitar la sorpresa en sus rostros.
- Esa niña...¿es la sacerdotisa de Genbu...? -preguntó Yui, creyendo que lo había entendido mal.
- Sí -afirmó Tomite con una ligera sonrisa- A nosotros también nos cuesta creerlo...Creíamos que una vez volvían a su mundo, las sacerdotisas no podían regresar a este...
Miaka miró a Tamahome lentamente, cruzando su mirada con aquellos ojos violácios. La chica agachó la cabeza, sin ser capaz de asimilar lo que estaba oyendo.
- Entonces...después de morir...¿las sacerdotisas pueden...reencarnarse en el mundo del libro? -dijo en un susurro.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Después de tomar una revitalizante bebida caliente que no supieron identificar en un bar de la ciudad, los chicos se sintieron mucho mejor, e incluso reanimados después de la batalla sucedida contra Uruki. El Genbu no cesaba de disculparse por lo ocurrido, ya que él no tenía modo alguno de saber que ellos eran guerreros de Suzaku. Tras recapitular sobre todo lo ocurrido, salieron de nuevo al exterior, donde empezaba a amontonarse de nuevo la nieve.
- Eso significa que ella... -empezó Miaka.
- Takiko ha regresado para completar su misión, de eso estamos seguros -terminó Hikitsu por ella- Quizás...se haya reencarnado aquí porqué intuye que Hokkan está en peligro... -añadió, mirando como la chica jugaba con Uruki y Tomite en la nieve- Pero el problema es que Takiko no recuerda nada de su pasado...Ni siquiera algo de su misión como sacerdotisa. No se acuerda de nosotros...ni siquiera de Uruki.
Al oír aquellas palabras, el corazón de Miaka se encogió momentániamente, porqué había notado la tristeza en aquellas últimas palabras. Miró al Genbu de reojo.
- Se nota que Uruki...quería mucho a Takiko...¿me equivoco...?
Aquella sombra pasó de nuevo por la mirada violácia de Hikitsu, mientras se giraba para mirar a Miaka.
- En absoluto -dijo poco a poco- Desde el principio, sintieron algo uno por el otro, aunque no se dieron cuenta de inmediato...Uruki fingía ir del lado de Kutô y por ello Takiko no confiaba en él desde el comienzo. Pero...desde que se conocieron, parecía evidente que había algo...un sentimiento que no supieron entender a tiempo...Uruki está muy triste ahora, aunque no quiera aparentarlo. La mujer a la que ha amado por más de doscientos años no le recuerda...y eso es un golpe muy duro.
Miaka calló ante tales palabras. Diós...no era capaz de imaginar cómo debía sentirse Uruki ahora que Takiko no recordaba absolutamente nada de su pasado. Seguramente él quería seguir protegiéndola, no importaba que recordara el amor de ambos o no.
- Pero os llevaremos al templo de Genbu -dijo Hikitsu- Quizás al ver ese objeto...Takiko pueda recuperar sus recuerdos...Sería lo más feliz que podría ocurrirnos a todos... -dijo con una ligera sonrisa, mientras Takiko se acercaba a ellos a toda prisa.
La niña se detuvo frente a ellos, con la cara manchada de agua de nieve, mientras jadeaba por la corrida.
- Nakuru, ¿quiénes son ellos? -preguntó curiosamente, mirando a Miaka y sus amigos.
- Son...unos amigos míos y de Mikoru, Takiko -sonrió Hikitsu.
- Hola, Takiko -dijo Miaka mirándola con una gran sonrisa- Me llamo Miaka. Creo que seremos buenas amigas...
La niña se lo pensó por unos instantes, pero después sonrió alegremente.
- Claro...si sois amigos de Nakuru y los demás, debéis ser buenas personas... -dijo infantilmente.
Al parecer a la niña le gustaba mucho hablar: se lo pasó en grande contándole cientos de cosas a Miaka, que hacía sonreír a la chica. Después de un rato, mientras miraban a los chicos hablar, Takiko suspiró.
- Quieres mucho a Fuutaka y los otros, ¿a que sí? -preguntó Miaka con una ligera sonrisa calmada.
- ¿Sabes...? -inquirió de repente Takiko- Siempre tengo al sensación de que Fuutaka y los demás me protegen...Siempre están conmigo y me ayudan en todo...Es como si me conocieran de siempre, ¿verdad?
- Bueno... -susurró Miaka sonriendo- Se puede decir que vuestro cariño...va más allá del tiempo...
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Ante sí solamente había campos cubiertos de nieve, de una blancura inmaculada, que provocaban que su vista se cegara. No estaba acostumbrada al frío, era algo que no le pegaba, sobretodo proviniendo de un país en el cual nunca había visto nieve. Suspiró con pesadez y desvió la mirada, aunque sus ojos no cesaron de ver lo mismo.
No había podido quitarse de la cabeza la mirada que aquel jóven guerrero de Suzaku cuando la había dejado ir ilesa, sin ni siquiera tratar de herirla. Hacía días que tenía aquella pesada sensación en la cabeza e, hiciera lo que hiciera, seguía viendo ante sí aquellos ojos rosáceos que incluso cuando estaban furiosos dejaban pasar una gran amabilidad.
Sacudió la cabeza, enojada consigo misma. Debía dejarse de estupideces. Era un guerrera de Kutô y no podía sentir dudas en la batalla.
Algo llamó su atención, alguien que caminaba por la nieve. Agudizó los ojos y vió la una conocida silueta conocida ante sí. Una leve sonrisa apareció en su rostro.
- ¿Ya estás aquí? -preguntó casi inocentemente.
- Sí -fue la escueta respuesta de su hermana Deimos- Pero me marcho de nuevo.
- ¿A dónde? -inquirió la rúbia con visible decepción.
- A "cazar" -dijo con naturalidad Deimos, entrando en la tienda y poniéndose la armadura- Al parecer los Suzaku y los Seiryuu se han encontrado con las estrellas de Genbu. Se dirigien a la capital para encontrar el shinjazo. Es un buen momento para atacar y quitarnos de enmedio a unos cuantos.
- ¿Vas a ir sola? -inquirió Phobos.
- No -dijo su hermana cogiendo el arco y las flechas- Hokai enviará a Ashitare conmigo. Al parecer conoce bien este sitio...
La chica de cabellos violácios le dirigió una mirada dura antes de marchar.
- Nos veremos pronto -susurró antes de darse la vuelta.
Phobos quiso dejarla marchar sin añadir nada, pero sintió una imperiosa necesidad de decir aquellas palabras que la carcomían por dentro.
- ¡Espera...! -exclamó.
Su hermana se detuvo bruscamente y se dió la vuelta, mirándola fijamente. La rúbia se dió cuenta de su error y agachó la cabeza, temblando ligeramente mientras cerraba los ojos con fuerza. Sentía la necesidad casi vital de decirle aquello, pero no podía...
¿Por qué le costaba tanto pedirle que no matara al muchacho de ojos rosáceos...?
Se retuvo justo a tiempo y esbozó una sonrisa leve e impasible.
- Nada -mintió rápidamente- Ten mucho cuidado...
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Los prados nevados no terminaban, ni siquiera parecía haber bosques en aquella zona. Tras una llanura venía otra, así sin pausa ni final. El grupo cabalgaba sin descanso, pues temían que Kutô les cogiera ventaja. Habían dejado la ciudad de Toran el día anterior y ahora se encontraban a un tercio de camino entre aquella villa y la capital. Si iban deprisa, alcanzarían su objetivo en dos días.
Cuando empezó a caer la noche, decidieron parar para dormir unas horas. No había luna aquella noche, por lo que sería una auténtica locura seguir adelante a ciegas. Tasuki encendió un fuego y todos se reunieron alrededor, tratando de resguardarse del frío invernal. Uruki se encargaba de que no hubiera ni siquiera una brizna de aire, pero no podían olvidar que estaban a campo abierto y encima rodeados de nieve y hielo. Tomite y Tasuki llevaban un buen rato peleándose sin sentido: no parecían llevarse nada bien, era algo innato, como perro y gato. De repente, el moreno detuvo la trifulca y agudizó la mirada, observando las montañas rocosas y oscuras a lo lejos.
- Uruki, ¿no fue ahí dónde encontramos a Naname?
El guerrero del viento entornó los ojos, para distinguir un peñasco hecho de rocas retorcidas y erosionadas por los años.
- Sí, eso creo -dijo con una ligera sonrisa- Cómo olvidarlo...
- Naname era un compañero vuestro, ¿verdad? -preguntó Tasuki con curiosidad, olvidando la pelea- ¿Cómo era?
- Bueno, pues...emmm... -dijo Tomite pensativo- Si os lo digo, os quedaréis de piedra...
- Nunca mejor dicho -aprobó Uruki riendo entre dientes- Je, Naname estaba hecho de piedra, sí...Era un curioso compañero, aunque rara vez decía nada. Y también estaba Hatsui. Era un niño muy raro, siempre estaba lloriqueando...A Tomite le encantaba hacerle rabiar.
El moreno suspiró pesadamente y miró hacia el cielo oscuro.
- Me gustaría que nos reuniéramos pronto...Que estemos todos juntos puede ser un punto a favor...
Uruki asintió pensativo y después agachó lentamente la cabeza, mientras acariciaba con suavidad los cabellos rúbio oscuro de Takiko, que dormía plácidamente sobre sus piernas.
- Takiko les quería mucho a todos -susurró- Ella también estaría contenta...
De pronto, una extraña sensación sacudió la mente de Chichiri. El monje levantó la cabeza, al parecer tratando de divisar su orígen. Intrigado, cogió su báculo, como ojo avizor a cualquier movimiento.
- ¿Qué ocurre, Chichiri? -preguntó Mitsukake.
- Tened cuidado -advirtió el Suzaku- No estamos solos.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
El viento, de repente notable, zarandeaba con fuerza sus cabellos de un violeta oscuro. En su mano llevaba su inseparable amigo, un arco hecho de madera oscura. Desvió lentamente la mirada para mirar a su acompañante. Ashitare miraba con avidez a la oscuridad de abajo. El ténue resplandor de la hoguera encendida por Tasuki muchos metros abajo del desnivel se reflejaba en sus ojos inhumanos. La chica sintió un involuntário escalofrío. Durante todo el rato de marcha por las llanuras, no había tenido la sensación de tener por compañero a alguien humano: aquel Seiryuu era algo que no entraba en los esquemas habituales. Una sonrisa malévola se reflejó en el rostro del "chico", dejando ver sus dos colmillos.
- Siento su olor...y parece que hay más con ellos... -dijo rápidamente.
- Ashitare -preguntó Deimos con curiosidad- ¿Crees que deberíamos atacarles nosotros dos solos? La última vez que me enfrenté a ellos, uno solo pudo derrotarme...No creo que sea prudente que creemos un enfrentamiento sin compañía. Yo podría matarles desde esta distáncia con mis flechas...
Un leve sonrisa irónica se dibujó en el rostro del Seiryuu. Unas nubes oscuras cubrieron la efímera luz de la luna. Ante los ojos de la guerrera se produjo una escena escalofriante que no se esperaba. Frente a sí, su compañero cambió de forma, para convertirse en algo que escapaba a lo considerado humano. Parecía más animal...o incluso monstruo, que otra cosa.
- ¿Quién ha dicho que estamos solos? -preguntó Ashitare con una voz grutural que la hizo temblar.
Un aullido salvaje y escalofriante se propagó rápidamente en la noche, encogiendo incluso a las mismísimas montañas. Pero lo más sobrecogedor fueron los gritos lejanos que parecieron responder a esa llamada...creando un coro fantasmal que retumbó en la oscuridad.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Todos se mantuvieron en alerta, observando alrededor con aprensión. Cerraron un claro círculo, espalda contra espalda, ojo avizor a cualquier movimiento anormal en las sombras. Tasuki soltó una maldición por lo bajo.
- Malditos... -susurró- ¿Cómo han sabido que habíamos partido de Toran...?
- No deberíamos subestimarles -dijo Amiboshi escrutando la oscuridad- Kutô tiene espías por todas partes.
De repente, un son agudo y tétrico planeó en la oscuridad hasta llegar a ellos. Todos se quedaron de piedra tras oír los escalofriantes aullidos que se multiplicaron casi al instante.
- ¿Qué demonios ha sido eso? -exclamó Tomite, mirando alrededor mientras apuntaba a la oscuridad con una flecha.
- Yo conozco ese aullido... -susurró Nuriko con los brazos levantados en posición de ataque.
Pero antes de que ninguno de ellos pudiera analizar nada, oyeron unos pasos rápidos...aunque no parecían humanos. Tratando de avistar algo, todos se dieron cuenta a la vez de que decenas de sombras fugaces se abalanzaban sobre ellos, gruñendo amenazadoramente.
- ¿Qué es eso...? -preguntó Yui atemorizada.
- Son...lobos -respondió Uruki levantando una mano mientras se preparaba para luchar.
Ante aquellas palabras, decenas de bestias feroces e increiblemente rápidas se lanzaron sobre ellos, atacándolos por sorpresa.
- Chicos, tenemos compañía -dijo Tasuki alzando el abanico.
De inmediato se formó una terrible batalla campal. Aquellos lobos no parecían tenerles miedo, aún a las llamas que arrojaba Tasuki. Atacaban justamente a los sitios más sensibles, en su mayor parte al cuello, tratando de matarles. En la primera embestida, una orda de flechas de Tomite acabó con diez de ellos, rematada después por el viento cortante de Uruki, que mató a varias béstias. Las llamas carbonizaron a más de quince, la espada cortó varias cabezas, mientras los golpes del líder Suzaku los auyentaban a decenas. La mágia azul de Chichiri conseguía electrocutar a muchos, en unión con los truenos de Soi, al tiempo que la música asesina de Amiboshi y la estrellas fugaces de su gemelo causaban estragos. En pocos minutos, el suelo estuvo cubierto de cadáveres de lobos, creando una imagen de lo más tétrica.
- ¿Los habrá enviado Kutô? -preguntó Tamahome desentumeciéndose los hombros.
- Quizás, aunque me parecen muy débiles para eso -dijo Soi mirando alrededor.
- No...él está aquí... -susurró Nuriko escudriñando las tinieblas- Ashitare...nunca olvidaría ese aullido...
- Cuanta razón llevas -respondió de inmediato una voz aguda.
Todos se dieron la vuelta bruscamente en dirección al sonido, para contemplar una silueta que se recortaba en las sombras.
- ¿Quién es? -gritó Tamahome amenazante.
- ¡Cuidado! -gritó de repente Chichiri, levantando su vara al centro.
En apenas un instante, una llúvia de flechas cayó sobre ellos...y les habría provocado la muerte de no ser por la rápida intervención del monje, que levantó una barrera de fuerza sobre ellos. Tasuki levantó la vista, ardiendo de rábia.
- ¿¡Tú otra vez!? -exclamó furioso.
- Esta vez no os será tan fácil... -dijo Deimos apuntando justo al pecho del bandido- No estoy sola, ¿sabéis?
Ante aquellas palabras, algo enorme pero increíblemente veloz pasó sobre sus cabezas, cubriéndoles por unos instantes. Ante sus ojos se mostró un ser de apariéncia desconocida, únicamente parecía más animal que humano. Solamente unos cuantos lo reconocieron, sintiendo que un poderoso frío invadía sus corazones.
- Maldito monstruo... -susurró Nuriko con la voz apagada- Has vuelto a ser la misma béstia de antes...
- Creo recordar que tenemos un asunto pendiente... -dijo Ashitare con una inhumana sonrisa, mientras clavaba sus ojos rojos en él.
- Cuando quieras... -dijo Nuriko amenazante, levantando los brazos en el aire.
Pero en ese momento sintió una mano en el hombro. Giró la cabeza para ver a Tasuki apoyado en su ombro, con el abanico en la otra mano.
- Debes estar chiflado... -susurró- ¿De verdad crees que te vamos a dejar solo por tercera vez?
- Bien dicho, Tasuki -dijo Hotohori levantando la espada al frente- Si quieres herir a Nuriko, deberás matarnos a nosotros también...
Nuriko les miró unos instantes en silencio, pero después mostró una gran sonrisa de agradecimiento.
- Muchas grácias... -susurró- Y ahora...¡vamos a derrotarle!
Sin pensarlo un sólo instante, los tres chicos se lanzaron sobre el Seiryuu, dispuestos a derrotarle fuera al precio que fuera. Mientras tanto, Deimos levitó en el aire como solía hacer y se plantó frente a los Genbu, que le miraron con recelo.
- A vosotros aún no os conocía... -dijo con una sonrisa maléfica- Pero apareciendo ahora únicamente os habéis convertido en un estorbo...Tendré que eliminaros de inmediato.
- ¡Que te lo has creído! -gritó Tomite tensando una flecha en su arco.
La saeta salió a toda velocidad en dirección a su blanco, pero como era de esperar, una guerrera de Kutô no se dejaría intimidar por semejante ataque. Esquivó con maestría la saeta y después contraatacó con sus própias flechas, provocando que una llúvia de proyectiles cayera sobre los Genbu.
- ¡Cuidado! -gritó Tomite, dándose cuenta de su error.
Uruki protegió de inmediato a Takiko entre sus brazos y utilizó el poder del viento para elevarse, esquivando la llúvia de saetas. Con una agilidad casi nata, Tomite y Hikitsu le imitaron, huyendo de la trayectória del ataque. De inmediato, el último concentró su aura y atacó con sus poderes. En el acto, decenas de serpientes hechas de hielo, dotadas de agudos colmillos y ojos rojos de sangre, surgieron de sus manos, lanzándose directamente contra su blanco.
- ¿¡Qué¡? -gritó Deimos cuando los espectros mordieron sus brazos, clavando los dientes en su piel.
Aquél dolor fue de lo más intenso que había sentido en su vida. Era una nefasta sensación fría, como si cientos de agujas se clavaran en su piel y la hirieran profundamente. Aterrizó torpemente, tratando en vano de liberarse de tan peligrosas criaturas.
Viendo en aquel gesto su oportunidad, Uruki levantó una mano e hizo manar con total naturalidad su poder del viento, creando unas corrientes cortantes que tantas veces había utilizado para luchar. La poderosa brisa, como si de un devastador huracán se tratara, zarandeo completamente a Deimos, provocándole diversas heridas en el cuerpo.
La pequeña Takiko observó con los ojos como platos como su querido Fuutaka atacaba a aquella mujer con una dureza que ella no conocía. Miró a los ojos de su protector y no supo reconocer la fría insensibilidad que vió en aquella mirada gris. Se aferró a su ropa con fuerza.
- Fuutaka... -susurró- ¿Qué estás haciendo...?
El chico hizo descender la mirada, aunque sabía que ella sentiría sorpresa al contemplar su rostro ahora más femenino. Sintió pena por el hecho de que Takiko, siendo tan pequeña, tubiera que contemplar una batalla como esa. Con ternura, pasó una mano por sus hombros, atrayéndola hacia sí para protegerla mejor.
- No te preocupes, Takiko -susurró- Después te lo explicaré todo...Ahora tenemos algo que hacer.
Desvió la trayectória de su visión para contemplar la escena de Hikitsu dominando a sus serpientes de hielo, con una frialdad que solamente él poseía, viendo como su enemiga seguía de rodillas en el suelo, encogida por el dolor de las mordeduras.
Con un esfuerzo casi sobrehumano, Deimos levantó la vista poco a poco, para clavar sus ojos en algun punto sobre su hombro.
- Ashitare...échame una mano... -dijo casi sin voz.
El Seiryuu, que seguía luchando con todas sus fuerza contra los Suzakus, de momento saliendo victorioso, sonrió maléficamente, al tiempo que dejaba salir de su gargante un inquietante y poderoso aullido.
Ante aquella llamada, decenas de lobos volvieron a surgir de las sombras, lanzándose sobre ellos.
- ¿¡Otra vez ellos!? -gritó Soi, enviando una nueva descarga eléctrica.
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- Yui, quédate detrás de mí -dijo Suboshi, alzando las estrellas fugaces en el aire y protegiéndo a la chica tras de sí.
Instintivamente, el chico atacó al lobo más cercano, atravesándole el cuerpo sin dificultad alguna. Luchando con el único objetivo de proteger a su sacerdotisa, no vió un movimiento fugaz que se dirigía a él por una lado...Yui lo vió, distinguió aquella macha blanquecina que se dirigía hacia el chico.
- ¡Suboshi! -gritó alarmada.
El chico desvió la mirada para ver a su atacante, pero fue demasiado tarde para impedir que un enorme lobo de pelaje blanco le atacara...resultando herido.
Un gotarrón de sangre impactó en el suelo, surgido desde la herida que las fauces del animal hicieron en el brazo del chico. Suboshi se quedó quieto por unos instantes, incapaz de moverse, como en shock o algo parecido. El dolor era insoportable, pero...eso no le detendría. Con una expresión de decisión en su rostro, concentró todo su poder, deseando con todas sus fuerzas que la siguiente víctima de aquel ser no fuera su querida Yui...
Algo sucedió en aquél instante, algo que ni él mismo pudo explicar...Su cuerpo fue presa de un enorme poder, una luz azul que manó de su ser, concediéndole una fuerza insospechada...Suboshi sintió que definitivamente podía hacerlo, que era capaz utilizar su poder más allá de lo que suponían sus "estrellas fugaces"...
Con el signo de "borla" brillando en su hombro, Suboshi dió un paso al frente, ignorando el dolor que sentía en su brazo herido, levantó con fuerza una mano frente a sus ojos. En ese instante, el suelo que había a su alrededor estalló en mil pedazos, levantando las rocas y provocando que todas las béstias que les acechaban huyeran despavoridas, aunque muchos de ellos se quedaron por el camino...atrapados por una fuerza que no entendían. Impresionada por aquella repentina manifestación de poder, Yui se aferró a Suboshi, recelosa.
- No temas, Yui -susurró el chico, con una voz firme que destacaba con su habitual timidez ante ella- No pasará nada...
Poco a poco, la energía que había invadido su cuerpo se fue apagando, dejándole con una pesada sensación de agotamiento. Yui lo notó, y le cogió entre sus brazos. Ayudó al chico a sentarse en el suelo, mientras él mantenía una mano ensangrentada sobre su brazo herido.
- Suboshi, ¿estás bien? -preguntó la rúbia preocupada.
- Tranquila... -sonrió levemente el muchacho, mirándose la herida- Creo que sólo es superfícial...
Yui suspiró con alivio, pero después le miró con aquellos profundos ojos verde esmeralda.
- Suboshi...¿qué ha sido eso...de antes...? -susurró- Ha sido...espectacular...
- No lo sé... -admitió el chico, mirándose las manos- De repente sentí que podía...despertar algo en mí...Cuando estaba bajo las órdenes de Nakago, siempre creía que no podría hacer nada útil...Él siempre me repetía que mi poder no era gran cosa y que no podría luchar con tanta eficácia como Amiboshi. Pero ahora...he sentido que, definitvamente, dominar las "estrellas fugaces" no es lo único que puedo hacer... -levantó la vista para fijarla en sus ojos- He...levantado las rocas...con sólo desearlo...
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Un enorme lobo gris se lanzó sobre Hikitsu, como tratando de proteger a Deimos de su poder. El chico saltó en el aire para esquivarlo, aunque recibiendo un arrañazo en el costado, perdiendo así la concentración y provocando que las serpientes de hielo que atacaban a la guerrera de Kutô se deshicieran como polvo de nieve. La chica se incorporó con una mano en el brazo, la parte de su cuerpo que había recibido la peor herida, y después sonrió maléficamente.
- Si queréis jugar duro, jugaremos...
- ¡Ni lo sueñes! -gritó Tomite, alzando una mano para desencadenar su poder de hielo.
De inmediato, el suelo bajo sus pies se congeló, formando una senda de agua helada que ascendió rápidamente, haciéndo temblar el suelo. Pero no alcanzó su objetivo, puesto que una flecha impregnada de energía de la arquera deshizo aquella fuerza. Mientras volvía a recuperar el equilibrio, la chica clavó sus ojos en Uruki...y en la niña que tenía aferrada a sus pies.
Cuando la miraba, sentía en ella un aura muy fuerte, a pesar del aspecto inocente de ella. Era como un poder latente, aunque increíblemente fuerte. Podía ver su aura, en ocasiones era de un verde refulgente y en otras de un plateado cegador. No podía ser una estrella, era imposible...de modo que...
- La sacerdotisa de Genbu... -susurró, cayendo en la cuenta.
Al oír aquellas palabras, Uruki retrocedió lentamente, protegiendo a Takiko tras él. Sus ojos grises se agudizaron, mientras una suave y casi imperceptible brisa removía poco a poco sus cabellos. Deimos aterrizó suavemente frente a él, mirándole con agudez.
- He reconocido su aura... -dijo la chica- No puedo creer que la antigua sacerdotisa se haya convertido en esa niña...Pero, de todas maneras, ahora mismo no es más que un obstáculo...Seguramente mi maestro sabrá qué hacer con ella...
- ¡No la tocarás! -gritó Uruki de repente, desencadenando su poder del viento con una fuerza suprema.
- Eso no te funcionará de nuevo -dijo Deimos, llevándose dos dedos a los labios y silbando agudamente.
Ante aquella llamada, un lobo negro saltó desde la oscuridad...dirigiéndose directamente hacia Takiko. La niña ahogó un grito de pánico cuando las fauces del lobo aprisionaron su vestido, tirando de ella como siquisiera llevársela. Uruki lo notó y se giró rápidamente, alarmado por aquel grito.
- ¡Takiko! -gritó, tratando de liberarla de las fauces del lobo.
Ni siquiera él mismo se dió cuenta de que aquél había sido su mayor error. Solamente cayó en la cuenta de lo que había hecho cuando sintió un terrible dolor en su abdómen.
Uruki permaneció en choque, inmóbil, con aquella nefasta sensación atravesando su cuerpo. Lentamente, hizo descender la mirada...para ver una flecha negra atravesando completamente su estómago. La sangre resbalaba profusamente de la herida, provocando que su vida se escapara lentamente entre los dedos. Un gemido de dolor se escapó de sus labios, al notar el sabor metálico de la sangre en su boca. Sus dos compañeros lo notaron de inmediato, sintiendo que el pánico les sucumbía.
- ¡Uruki...! -gritaron a la vez, dominado por el miedo.
El chico miró al frente, consciente de que se estaba muriendo. Con sus últimas fuerzas, levantó una mano hacia Takiko, que se estaba deshaciendo en lágrimas al ver a su eterno protector muriéndose ante sus ojos. Pero, de repente, la niña desapareció de su campo de visión. Para cuando pudo darse cuenta, Deimos la había atrapado entre sus brazos, aunque la niña se debatía denonadamente. Una sonrisa de triunfo apareció en el rostro de la guerrera, mientras se elevaba en el aire.
- Nunca te dejes guiar por los sentimientos... -dijo muy seria- Ashitare, vámonos.
El Seiryuu escuchó la órden de la muchacha y miró a los Suzakus con los que se había enfrentado, que permanecían medio agotados a su alrededor. Sonrió cínicamente.
- Terminaremos esto en otra ocasión -dijo con crueldad- Y entonces no dejaré ni vuestros huesos...
Con un movimiento tan rápido que ni siquiera ellos pudieron seguir, Ashitare saltó por encima de sus cabezas y se alejó por la pradera helada. Al mismo tiempo, Deimos utilizó su poder y se transportó lejos de allí...llevándose a Takiko, la sacerdotisa de Genbu. Todos se quedaron paralizados después de aquello, incapaces de superar la nefasta derrota que habían sufrido.
- ¡Uruki! -gritó una voz desesperada.
Todos se giraron bruscamente al oír la voz de Tomite, que gritaba casi con pánico. Sus ojos se desorbitaron al ver a Uruki tendido en el suelo, sobre un charco de sangre, indudablemente suya. Hikitsu, que estaba a su lado con aspecto de muy preocupado, tenía una flecha ensangrentada en una mano. Mientras tanto, Tomite trataba de taponar la herida como humanamente podía. Miaka se giró rapidamente, presa del horror, buscando con la mirada a uno de sus compañeros.
- ¡Mitsukake, cúrale, por favor! -gritó asustada.
El Suzaku se abrió paso entre sus compañeros, mostrando un pequeño corte en su rostro a causa de la lucha contra los lobos, mientras se inclinaba al lado de Uruki, dispuesto a cerrar su herida y salvarle la vida.
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Pero en el corazón del guerrero de Genbu existía un dolor que nadie podía curar, aún el poder de Mitsukake. Sentía que a cada instante iba muriendo, y no era a causa de la hemorrágia. Jamás se perdonaría haber perdido a la persona a la que más quería en el mundo...Se martirizaría por toda la eternidad por haber permitido que se la arrebataran de entre los dedos...Cerró los ojos con fuerza, al notar que estos se le llenaban de lágrimas.
- ¡Takiko...!!!
-O-O-O-O-O-O-O-
Puff, de lo peor, ya lo sé...Y encima las fans de Uruki van a matarme (no duraré ni dos días n.nU). No lo estoy llevando lo mejor que quería, pero a mí me va guistando...
Pues eso, ahora ya la han "fastidiado". A Takiko no la toca nadie...!!! En el próximo capítulo (que espero que esté pronto n.n):
Capítulo 19.- Atrapada por los dragones. La fúria del viento
Espero críticas pero, por favor, virus ni eso no XD.
Atte
Haruka-chan27
