WAAAAA, lo sientoooooo!!! Ya sé que prometí ponerlo más pronto, pero tenía dos exámenes very importants (aunque creo que los suspenderé u.uU). P.D. ¿Y yo para qué os cuento esto??? XD
Muchas grácias a las tres wapas que me mandan reviews n.n.
koharu: Cómo ya te dije, tranki, que Tamahome saldrá más (mucho más de hecho, es el prota XD). Tienes razón con lo del carácter de Tasuki, si no fuera así, no sería él. Forma parte de su encanto n///n. Muchas grácias por seguir esta história que cada vez tiene un final más indeciso...Ah, otra cosa, Takiko y Uruki ya no tardarán mucho en estar juntos, así que traki. Dew y molts b7s.
Akane-chan-yuna: 2 cosas: 1, grácias por tu review. 2...¿¿CÓMO QUIERES QUE MATE A URUKI???!!! (perdón, me he pasado n.nU). Mujer, no lo voy a matar, que me gusta mucho...Jeje, por cierto, grácias por la información de Urumiya. Ahora puedo hacer el siguiente capítulo (yupieee!!). Jeje, stoy loca XD. Te dije que lo pondría la semana pasada, pero entre el Salón del Manga y los exámenes no he tenido tiempo...lo siento. Sea como sea, aquí está el siguiente. Un besazo muy grande!!! n.n
kazu: Grácias por lo de que te gusta, y de ideas no tengo tantas, no hago más que acoplar escenas muy típicas u.uU. jeje, traki, que Uruki y Takiko no sufrirán mucho más (joer, parece que diga que se van a morir... u.uU). El de Furuba creo que tardaré un pokito más a ponerlo, pero ya estáb bajando las ideas, así que tranquila. Un besazo.
CIELO Y TIERRA ENFRENTADOS
Capítulo 19.- Atrapada por los dragones. La fúria del viento
Aquella mágia sagrada manó con naturalidad, como desde el principio de sus orígenes, desde el signo rojo que aparecía en su palma...El poder sanador de la estrella de Mitsukake actuó por primera vez sobre un guerrero que no pertenecía a Suzaku, si no sobre Uruki, estrella de Genbu. Poco a poco, la herida del chico se cerró, desapareciendo incluso la sangre, que retornó a sus venas. Uruki sintió que sus fuerza volvían a estar completas y que se sentía de nuevo vivo...aunque siguiera muriendo por dentro, por la desastrosa suerte de haber perdido a Takiko.
Cuando por fín sintió que su cuerpo había sanado por completo, se incorporó, sin gesto de dolor alguno.
- ¿Te encuentras bien? -le preguntó Mitsukake.
- Sí, muchas grácias -respondió el Genbu con una tristeza aplastante en la voz.
Todos se quedaron callados ante aquella muestra de dolor. Realmente Uruki parecía completamente deshecho. Ante aquel tenso silencio, Tomite levantó un pie y golpeó con fuerza una roca, enviándola a lo lejos.
- ¡Mierda! -gritó con desesperación, mientras apretaba los puños- ¡Ahora ni siquiera sabemos dónde pueden haberse llevado a Takiko!
- No sufras por eso -dijo de repente una voz aguda- Yo os diré dónde está...
Al oír aquella voz, todos se dieron la vuelta bruscamente, mirando en todas direcciones. De repente, Miaka vió a alguien más en medio del desierto...alguien que le llamó mucho la atención. Sobre un montículo de nieve, mirándoles con una leve sonrisa, había un niño de curioso aspecto. Sus ojos eran completamente rasgados, muy orientales. A pesar de ser pequeño y de aspecto grotesco, poseía una gran serenidad.
- ¿Quién eres tú? -inquirió Miaka alzando una ceja.
- Me alegra que por fín os hayáis encontrado, Miaka -dijo el niño con una voz aguda- Ahora que Suzakus, Seiryuus y Genbus estáis juntos, todo irá mucho mejor...
Por su parte, los Genbu se habían quedado sin habla, reconociendo de inmediato al intruso.
- ¿Nos conocemos? -preguntó Tamahome escéptico.
- ¿No sabéis quién soy? -preguntó el recién llegado.
De repente, la figura estalló en una nube de polvo...que se dispersó para dejar ver el conocido y alarmante rostro de Taitsu-kun. Los Suzaku cayeron de sopetón al suelo.
- ¿Será posible?!! -gritó Tasuki con el corazón a cien- ¡Un día me dará un infarto...Siempre sales de debajo de las piedras...!
- Vaya... -dijo Tomite con desconcierto- Taitsu-kun se ha convertido en una bruja petrificada...
- No, si es que es una bruja de por sí... -dijo Tasuki despreocupadamente.
¡CLONC! Puñetazo para Tasuki. Ignorando tal comentário, Taitsu-kun miró a los Genbu.
- Hacía siglos que no os veía, chicos -dijo al parecer complacida- Me alegra ver que os habéis reencarnado con éxito. El problema es que han secuestrado a Takiko...y debéis traerla de vuelta con vida, queráis o no. Me temo que muy pronto deberéis volver a invocar a Genbu...
- ¿Qué? -exclamó Uruki- ¿Otra vez?
- Sí -asintió Taitsu-kun- Me temo que la guerra entre Kutô y Konan estallará muy pronto, hagáis lo que hagáis. Lo único que está en vuestras manos es proteger vuestro imperio con el poder del diós béstia. Y para ello necesitáis a vuestra sacerdotisa...
- Pero ni siquiera sabemos dónde está... -dijo Hikitsu con agonía.
- No os preocupéis por eso -dijo Taitsu-kun- La encontraréis en vuestro camino a la capital. Pero debo advertiros que la utilizarán como cebo para eliminaros...han perdido el sentido y solamente quieren mataros cuanto antes...La única razón por la que no lo han hecho aún es porqué necesitan en shinjazo de Genbu.
- No creo que podamos hacer gran cosa... -susurró Uruki- Estos cuerpos que tenemos ahora...son aún muy débiles...No es lo mismo que hace más de doscientos años...
Pero mientras hablaba, notó un gran calor en su cuerpo, una sensación agradable que le llenó por completo. Suspiró profundamente, abandonándose a aquellla agradable calidez. Segundos más tarde, abrió los ojos con cuidado, sintiéndose de repente distinto. Con cuidado, pasó sus manos por su rostro, notando de inmediato el cambio...
- Imposible... -susurró- Hemos vuelto...a ser cómo hace doscientos años...
Desvió los ojos hacia sus compañeros, sintiendo un fuerte impacto al verles con el aspecto que habían tenido hacía dos siglos. Tanto Tomite como Hikitsu volvían a aparentar quince y veinte años respectivamente. Uruki se miró las manos, consciente de que había vuelto al pasado.
- Con este cuerpo...podré proteger a Takiko... -susurró.
- Es una recompensa por haber cuidado de vuestra sacerdotisa hasta ahora -dijo Taitsu-kun- A partir de ahora se os presentaran retos muy duros, chicos...
- ¿Será posible...? -se quejó Tasuki por lo bajo- Los tiene enchufados...
- Ah, se me olvidaba, Suboshi... -dijo de repente Taitsu-kun, dándose la vuelta para clavar sus ojos en el chico.
Este prestó atención, mientras Yui trataba de curar la herida de su brazo vendandosélo con cuidado.
- Antes has demostrado una energía mayor del que habías tenido nunca -dijo el Señor de los Cielos- En realidad esa es tu verdadera fuerza...dominar las "estrellas fugaces" era sólo el principio...Tu poder, Suboshi, es el de manipular los poderes telequinéticos...
- ¿Telequinésia? -inquirió Yui sorprendida- ¿Mover cosas con la mente?
- Exactamente -dijo Taitsu-kun- Eso sólo hace que reafirmar mi decisión de concederte la protección de Yui.
Suboshi sintió de repente un gran aligeramiento en su pecho, una sensación de bienestar y satisfacción. Después de todo, no era tan débil como creía...tenía el poder para proteger a Yui, y lo haría, aunque de ello dependiera su própia vida...Sonrió levemente, asintiendo con decisión.
- A partir de ahora los retos serán más grandes -dijo Taitsu-kun con pesadez- Encontraréis a Hokai y sus seguidores de camino a la capital, a un día de camino de aquí. Os estarán esperando, de modo que id con mucho cuidado. Una vez consigáis el shinjazo de Genbu, si es que lo lográis, viajad a Sairo atravesando el desierto. Una vez allí, apoderaos como sea del shinjazo de Byakko. Aunque creo que las estrellas de allí os ayudarán en lo que haga falta. Entonces deberéis convocar a Suzaku y pedirle que detenga la guerra entre Kutô y Konan. De este modo aseguraréis la paz para los cuatro imperios. Es la única manera de tener éxito.
- De acuerdo -aceptó Uruki con decisión- Nos vamos ahora mismo.
Ante aquellas palabras, todos asintieron con decisión, dispuestos a salvar a aquella niña que en aquellos momentos constituía una de sus esperanzas.
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Como sombras, se movieron en la noche, avanzando tan deprisa como pudieron por las llanuras que pronto se transformaron en incabables cimas, que debían salvar una tras otra. Lo que sentían en aquellos momentos era algo que no habían podido experimentar nunca antes. Una sensación de unión, de compañerismo que no hubieran creído posible. Suzakus, Seiryuus y Genbu, ayudándose mútuamente en lo que hiciera falta. Se sentían mejor y más seguros de la victória que nunca antes en su vida...Pero, ¿realmente sabían lo que les deparaba?
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
El frío viento de la noche, con su crueldad de hielo que nadie era capaz de soportar. A cada respiración, una nube de denso y blanco vapor se elevaba en la oscuridad, nublando la vista. La chica suspiró, mientras la brisa removía sus cabellos, al tiempo que los tétricos sonidos de la llanura le helaban el alma. Lo presentía, iba a producirse una batalla terrible...Quizás habían cometido un error secuestrando a la sacerdotisa de Genbu. La cólera de sus guerreros caería sobre ellos, al igual que la vez anterior hicieron los Suzaku. Phobos desvió la mirada lentamente, para posar sus ojos en algo que estaba a unos metros a su lado.
Arrodillada sobre la nieve, con los ojos desorbitados de horror y las manos encadenadas a la espalda, estaba Takiko. La niña se había debatido con todas sus fuerzas, tratando de impedir que la secuestraran. Pero ella nada tenía que hacer con aquellos seres con poderes mágicos, no al menos siendo la que era ahora. La rúbia guerrera sintió una efímera sensación de lástima. La niña en aquellos momentos estaba llorando, con unas grandes lágrimas resbalando por sus mejillas, enrojecidas a causa del frío de la noche. Sus ojos casi azules estaban llenos de pánico, mientras temblaba incontrolablemente.
Phobos la miró, recordando de repente algo muy lejano en su mente, quizás escenas que con el tiempo se había forzado a olvidar...La misma imágen de una niá encadenada, llorando silenciosamente, aterrada ante el destino que iba a sufrir...Sólo que la niña de sus recuerdos tenía los cabellos de un color violeta intenso...
Con cuidado, descendió de la roca en la que había estando vigilando la llanura helada, al tiempo que recogía una capa que había dejado hacía rato en el suelo, al sentirse incómoda con ella. Con cuidado y precaución, se inclinó al lado de la niña, depositándo la tela suavemente sobre sus hombros, quizás con la intención de resguardarla del frío. Después, se dió la vuelta rápidamente, al sentir la preséncia de su señor tras ella.
- Phobos -dijo Hokai, andando sobre la nieve- ¿Qué estabas haciendo?
- Nada, señor -mintió la chica rápidamente- Solamente...no nos combiene que esta niña muera...al menos de momento...
Hokai sonrió extrañamente, como si no se lo creyera. Aunque después dió por buena su respuesta. Los ojos de la chica se desviaron para posarse en algo que su maestro llevaba en brazos. No pudo evitar la sorpresa de ver al pequeño bebé, hijo de la sacerdotisa de Suzaku.
- ¿Os marcháis, maestro? -susurró.
- Sí, tengo algo que hacer en el imperio de Sairo... -dijo Hokai con altivez- No sufras, tu hermana y tú no estaréis solas en esta lucha...os dejo a Tomo, Miboshi y Ashitare. No os preocupéis...sólo tenéis que aseguraros de matar a esos tres Genbu...y de paso a esos traidores de Seiryuu...y, por supuesto, a esta mocosa...
Takiko se estremeció, respirando rápido al oír aquellas crueles palabras. Cerró los ojos con fuerza, con el terror clavado en su pequeño cuerpo, mientras sus ojos estallaban en lágrimas. De repente, el pequeño Hikari empezó a llorar en brazos de su enemigo, que le miró casi con desprecio.
- Me marcho -anunció Hokai con una sonrisa- Esa chusma está a punto de llegar...Tened cuidado.
Se desvaneció en la nada, como polvo de arena en el desierto. Phobos permaneció unos instantes quieta y en silencio, pero después un escalofrío recorrió su cuerpo. Había sentido una oleada de energía que se había propagado a través del aire, algo que supo identificar con facilidad...
De inmediato, sintió unos pasos cerca de sí, hasta que vió la silueta de su hermana acercarse a ella, con el arco en la mano.
- Ya están aquí... -susurró- Esa energía es la del Genbu que domina el viento, Uruki.
- Muy bien... -dijo Phobos con decisión, levantando su arco mientras apuntaba al frente, esperando ver en cualquier momento a aparecer a sus enemigos.
Sus ojos se desviaron para posarse en Takiko, que miraba al frente de un modo casi esperanzador.
- Tienes suerte, muchachita... -susurró la rúbia con cierta malícia- Tus amiguitos han venido a por tí...
- Y vamos a darles una bienvenida que nunca olvidarán... -dijo Deimos.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Después de llegar a una distáncia prudencial, el grupo se escondió tras una colina helada, observando alrededor con preocupación. Mientras esperaban en absoluta alerta, Chichiri trataba de definir cuantos enemigos les estaban esperando. Desde lejos, ya Amiboshi había oído la preséncia de dos personas en la llanura, aunque no podía definir si había más.
- ¿Notas algo, Chichiri? -susurró Tamahome cerca de él.
- Es extraño...no noto más auras... -dijo el monje con preocupación- Pero estaba seguro de que tanto los Seiryuus como esas dos chicas nos estarían esperando...
Uruki seguía ojo avizor, fitando con los ojos cada metro de lo que se extendía ante sus ojos. De repente, como presa de una repentina decisión, se separó del grupo y echó a correr por la llanura nevada, sin detenerse un sólo instante. Hikitsu la advirtió y se puso en pie, corriendo tras él.
- ¡¿Qué haces, Uruki?! -gritó alarmado.
- Voy a rescatar a Takiko, Hikitsu... -exclamó Uruki- ¡No importa lo que me cueste...!
- ¡Has perdido el juicio! -gritó su compañero corriendo para alcanzarle.
De repente, el Genbu vió algo ante sí, que hizo que su corazón diera un doloroso salto en el interior de su pecho. Aumentó a más no poder su velocidad...consiguiendo alcanzar a su compañero y lanzarlo al suelo. Uruki se incorporó de inmediato, furioso por este hecho.
- ¡¿Qué haces?! -le reprobó con ira.
Pero antes de poder decir nada más, sintió algo que cortaba el aire sobre su cabeza, pasando fugazmente sobre ellos. Cuando por fín de acabó aquél sonido, vio un puñado de flechas luminosas clavadas en la nieve tras ellos. Cayó de inmediato en la cuenta de la reacción de su amigo. Los demás llegaron a toda prisa, alertados por la acción de Uruki. Con una rapidez adquirida con el tiempo, Tomite sacó una flecha de su carcaj, tensándola de inmediato y apuntando al frente, buscando un blanco visible.
- Maldición... -murmuró entre dientes- Es de nuevo aquella mujer...
- Estas flechas vienen de diferentes direcciones... -dijo Chiriko agachándose para observar las saetas clavadas en el suelo- Estan las dos...
- ¿Dos? -inquirió Uruki sorprendido.
- ¡Mirad! -exclamó de repente Tomite.
Todos se giraron rápidamente, dirigiendo la mirada hacía donde indicaba Tomite. Lo que apareció ante sus ojos les dejó helados a todos, aunque especialmente a Uruki, los ojos del cual se desorbitaron por el horror...
A unos cincuenta metros de donde estaban ellos, en medio de la llanura de nieve, estaba Takiko. La niña estaba amordazada, arrodillada en el suelo con las manos atadas a la espalda. Al verles, empezó a forjecear con sus ataduras, tratando de liberarse y acudir hacia ellos. La desesperación que mostró en aquellos inocentes ojos grises les conmovió a todos.
- Takiko... -susurró Uruki, sin ser capaz de ver nada más- ¡Takiko! -gritó con todas sus fuerzas, haciendo manar de sí su poder.
Con una velocidad asombrosa, volvió a adoptar el aspecto de una mujer, para lanzarse después a la carrera hacia el lugar en el que había visto a su querida sacerdotisa. No advirtió hasta que ya había recorrido unos veinte metros de que el suelo bajo sí temblaba violentamente. Ignorándolo, trató de seguir corriendo, hasta que la tierra se fragmentó bajo sus pies...haciéndole caer en la oscuridad.
- ¡Uruki!!! -gritaron Tomite y Hikitsu a la vez.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Uruki abrió los ojos lentamente, sumido en una oscuridad oprimente. Ahogó un quejido al notar que le dolía todo el cuerpo. Era una sensación nefasta, como si un doloroso entumecimiento se hubiera apoderado de todas sus articulaciones. Con sumo cuidado, se incorporó lentamente, provocando que el malestar aumentara. Miró alrededor, pero solamente encontró tinieblas. Trató de ponerse en pie...pero fue entonces cuando notó que había algo que le aferraba los tobillos. Buscó a tientas en la negrura y aferró su bota...tocando algo que punzaba. Sintió como le sangraban los dedos, pero debía saber a qué se enfrentaba. Era algo...semejante a espinos...estaba seguro. Trató de cortarlas, incluso utilizando la fuerza del viento...pero no se rompían ni a la de tres. Empezaba a desesperarse cuando escuchó una voz cercana...que de hecho no hizo más que aumentar aquella desesperación.
- Tú eres Uruki, ¿no? -inquirió la voz desconocida- Curiosa transformación la tuya...¿Así que te conviertes en mujer cuando aparece tu kanji?
- ¿¡Quién eres¡? -gritó Uruki con desconfianza.
Ante aquel grito de desconcierto, Uruki sintió que las zarzas que le inmobilizaban se apretaban bruscamente alrededor de sus tobillos...atravesando el cuero de sus botas y clavandoséle en la piel. Ahogó un quejido apagado al sentir la sangre resbalar por su pierna desde las pequeñísimas heridas. Miró a la oscuridad, tratando en vano de liberarse de aquellas zarzas que cada vez parecían apretarse más.
- Es inútil... -dijo la voz con burla- Nunca podrás salir de esta eterna oscuridad...Ni tú ni aquella a la que proteges...
- ¿Qué has dicho? -exclamó Uruki a la oscuridad.
Pero, súbitamente, algo apareció ante los ojos del Genbu, a unos metros de sí...algo que hizo que su corazón diera un doloroso salto.
Ante sus ojos, hincada de rodillas en el suelo y completamente amordazada, estaba Takiko, con los ojos llenos de lágrimas de impoténcia y de miedo hacia la oscuridad y la nada.
- ¡Takiko! -gritó fuera de sí.
- No te muevas... -advirtió la voz.
El muchacho miró hacia el lado en el cual oía la voz...y se sorprendió al ver a un hombre de cabellos negros recogidos, mirándole con una sonrisa maléfica.
- ¿Quién...eres tú? -inquirió Uruki con desconfianza e ira- ¡Suelta a Takiko!
El hombre sonrió de un modo irónico, mirándole de un modo agudo.
- No creas que será tan fácil... -dijo Tomo con una cruel sonrisa- No hay modo de salir de este lugar si yo no lo ordeno...Estoy en mi elemento. Y el miedo que sentías por lo que podía pasarle a tu sacerdotisa sólo ha aumentado mi própia energía...
- ¡No me importa nada de lo que digas! -gritó Uruki hecho una fúria, haciendo que su rostro de mujer adquiriera una expresión de lo más agresiva- ¡No tocarás a Takiko!
Su fuerza manó con una fúria intensa, removiendo con violéncia sus cabellos castaños y sus ropas. Las ráfagas cortantes con las que tantos enemigos había llegado a aniquilar en el pasado se manifestaron como siempre, tratando de volver al Seiryuu que tenía ante sí. Pero, para el absoluto horror de Uruki, su poderoso e inseparable amigo no consiguió siquiera rozar a Tomo, si no que le atrevesó...
- ¿Cómo es posible? -gritó Uruki sorprendido.
- Para tu información, mi dominio son las ilusiones... -dijo Tomo con una sonrisa cruel- No podrás vencerme...a no ser que me encuentres...
El Seiryuu desapareció de inmediato, para reaparecer instantes más tarde al lado de Takiko, que parecía completamente aterrada, a juzgar por los temblores que recorrían su cuerpo ante la cercanía del Seiryuu. Sonrió, mientras ponía una mano sobre la cabeza de la niña, que cerró los ojos con fuerza, mientras estos estallaban en lágrimas.
- Vamos a hacer un trato... -susurró Tomo con crueldad- Dejaremos que sea ella quién elija con quién quiere quedarse...
Con rapidez, le quitó la mordaza a Takiko, que respiró más aliviada al verse libre de tal atadura. Uruki no entendía para nada la repentina oportunidad que le había conferido aquél Seiryuu, pero no pudo evitar que una ligera sonrisa cruzara su rostro.
- Takiko... -susurró aliviado.
La niña, pero, varió de repente su expresión, para mostrar un desconcierto deprimente, que bañó de oscuridad y dudas su mirada gris azulado.
- ¿Quién eres tú? -preguntó con una voz aguda que sonó casi terrorífica.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
- ¡Maldita sea! -gritó Tomite ensartando una flecha en su arco- ¿¡Dónde está Uruki!?
- Es cómo si hubiera desaparecido... -dijo Tamahome asentándole un golpe a un demonio en todo el rostro.
- ¡Debemos encontrarle...! -gritó Hikitsu, congelando a tres diablos que venían directos hacia él.
Apenas un efímero instante después de la desapareción de Uruki, sus enemigos habían caído sobre ellos, atacándoles con toda su ferocidad. La batalla ya hacía minutos que había empezado y los Seiryuu ganaban terreno. Aquello sólo hacía que demostrar la enorme fuerza que poseían los servidores del diós dragón. Con Miboshi, Ashitare, Phobos y Deimos, veían un poco difícil ganar aquella lucha. Pero, por supuesto, nadie estaba dispuesto a rendirse.
Tasuki saltó en el aire con su ya practicada rapidez y levantó el abanico por encima de su cabeza.
- ¡Rekka Shinen! -gritó con poténcia.
Una cortina de llamas surgieron fugazmente de su arma natural, atacando a la chica que flotaba en el aire frente a él. Por supuesto, la poderosa velocidad de ella le proporcionó la huída perfecta.
- Mierda... -maldijo Tasuki entre dientes.
- ¿Crees que vas a vencerme con eso? -inquirió Deimos con una sonrisa maléfica, apuntando directamente a su corazón.
La saeta despegó del arco a una velocidad asombrosa, directa hacia Tasuki, que, para sorpresa de su enemiga, cerró los ojos unos instantes, mientras levantaba el abanico al frente. Cuando abrió los ojos, la mirada de Tasuki se había vuelto aguda y amenazadora.
- ¡Llamas de cólera! -gritó con todos sus pulmones.
Al instante, un chorro de fuego manó de sus manos a través del abanico...dividiéndose en el aire para carbonizar en apenas un instante todas y cada una de las flechas que habían venido en su dirección. Tasuki sonrió de un modo triunfante, recuperando con facilidad la confianza en sí mismo.
Deimos miró con agudez a su enemigo. Era obvio que le había subestimado. Aquel Suzaku conocía muchas más técnicas de las que ella creía. Incluso ella admitía que era una locura acercarse a él...al menos mientras tubiera el abanico...
Con un repentino pensamiento, la chica descendió suavemente, para posarse sobre el suelo helado, mirando a Tasuki con sus ojos anaranjados.
- No creas que únicamente sé usar esto... -dijo Deimos, levantando el arco frente a sus ojos.
En un gesto brusco, arrojó tanto su arma como el carcaj de flechas al suelo, provocando que se hundieran en la nieve. Clavó sus ojos en el sorprendido rostro de Tasuki, mientras levantaba las manos en posición de ataque, creando un grácil movimiento de estilo oriental. De inmediató, la chica dió un salto de espaldas para aterrizar al lado de Tasuki...embistiéndole fugazmente una patada que iba directa a su cara. El chico se agachó justo antes de que impactara en su rostro, haciendo que le rozara por encima. Tasuki saltó unos metros hacia atrás, esquivando a la guerrera, aunque ella le persiguió para atacarle de nuevo.
- ¿¡Por qué no me atacas!? -gritó furitosa, levantando un puño para golpearle.
- No es nada personal -dijo Tasuki nervioso- ¡Pero no puedo luchar cuerpo a cuerpo con una mujer...!
- ¡Estúpido! -gritó Deimos saltando sobre él y atacándole con una patada, que esquivó de milagro- En la guerra no importa con quién luches... ¡Únicamente debes abatir a tu enemigo...!
Dándose cuenta de que su enemigo estaba distraído escuchando sus palabras, Deimos hizo un sutil movimiento con su mano...y aferró el abanico sagrado de Tasuki, quitándoselo de las manos. El chico tardó unos efímeros instantes en darse cuenta, pero para entonces ella ya se había elevado en el aire, con una sonrisa de superioridad.
- No deberías distraerte de la lucha... -dijo triunfante- Me has dejado ver que todo tu poder proviene de este abanico...Y sin él... -dijo, lanzándolo lejos y recuperando su arco- No eres nada...
- Shimatta! -maldijo Tasuki con rábia.
Por desgrácia, antes de que pudiera decir o hacer nada más, sintió el conocido sonido que cortaba el aire...y que ni siquiera su velocidad pudo esquivar. Notó el destelló fuaz atravesar su brazo izquierdo, provocándole una herida que estalló en un hilillo de sangre. Dominado por el dolor, se llevó la mano izquierda a la herida, tratando de detener la hemorrágia. Le quemaba, le ardía de un modo insorportable...
- Je... -susurró Deimos- No eras tan bueno después de todo...
Pero, de inmediato, sintió algo que hizo que todos sus sentidos se alertaran. Era una fuerza muy intensa, que parecía concentrarse en un único punto...Sin ser capaz de creérselo, la guerrera hizo descender su mirada, para posarla en el chico al que acababa de herir...que permanecía con la cabeza gacha. Podía ver su aura...incluso con sus própios ojos. Un energía que amenaba de su piel, de un color rojo intenso...
En un instante dado, Tasuki se incorporó...por lo que Deimos pudo ver que sus ojos tenían un reflejo ardiente, como de unas llamas que le quemaran por dentro.
- Yo tampoco...sé luchar únicamente con armas... -dijo el Suzaku con una sonrisa maliciosa.
Al instante, la temperatura alrededor del muchacho se disparó, hasta hacerse prácticamente insoportable. Con total firmeza, Tasuki levantó una mano...haciendo que una gigantesca oleada de fuego cubriera a su enemiga por completo, sin darle tiempo a escapar o huír. Deimos ahogó un grito de dolor al sentir el fuego quemar su piel. Aquella sensación se desvaneció pronto...Y ella no era capaz de entenderlo...Estaba segura de que si Tasuki hubiera usado toda su fuerza, habría muerto en el acto.
Sintió que había caído de bruces sobre la nieve, débil y malherida a causa de las quemaduras. Ahogó un quejido al sentir todo su cuerpo duramente castigado. Notó que alguien se le acercaba. Temblando ligeramente, levantó la vista, para ver a Tasuki mirándola en la penumbra. Los ojos del chico aún estaban de un rojo encendido, aunque rápidamente volvieron a tener un color castaño profundo. No lo entendió al instante, pero habría jurado que en la mirada de él había una ligera expresión de lástima.
- Si hubieras sido un hombre, ya estarías muerta... -dijo únicamente- No desaproveches la próxima oportunidad y no intentes volver a atacarnos...
Sin decir nada más, Tasuki se dió la vuelta, para recoger su abanico, que había quedado a unos cuantos metros, y después echó a correr hacia dónde estaban combatiendo sus amigos. Deimos se incorporó instantes más tarde, llena de quemaduras y golpes. Miró por unos instantes a la silueta del chico que empezaba a luchar contra Ashitare.
"¿Por qué...no me ha matado...?"
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Todo escaseaba de sentido para él en aquellos instantes, mientras veía ante sí aquellos inocentes ojos grises vacíos de emociones, sin sentimientos ni recuerdos que le ataran a él. Trató de decir algo, pero no le salía la voz, de modo que volvió a intentarlo.
- Ta...Takiko... -susurró.
- ¿Quién eres...? -preguntó la niña confusa- No te conozco...
- ¿¡Qué estás diciendo, Takiko!? -exclamó Uruki desesperadamente, con sumo dolor.
De inmediato, sus ojos se posaron en Tomo, el guerrero de Seiryuu, que contemplaba la escena con una tétrica sonrisa de seguridad en su rostro. La rábia inundó tanto el cuerpo como el alma de Uruki, en un violento huracán de desesperación y miedo.
- ¿¡Qué le has hecho!? -gritó.
- Simplemente he bloqueado sus recuerdos... Con las ilusiones pueden hacerse muchas cosas... -dijo Tomo con satisfacción ante la reacción de Uruki- Ahora no recuerda nada, ni de su anterior vida ni de esta...ni siquiera a tí, su eterno amor... -acabó con un visible tono de burla.
Uruki sintió que su corazón se partía de un modo muy cruel, con una agonía asfixiante que pretendía aplastarle en su própia desesperación... Diós, Takiko ya no le recordaba. Sintió deseos de llorar de impoténcia, y aquel era un sentimiento que odiaba con toda su alma, porqué no había llorado desde hacía más de doscientos años...Odiaba sentirse de aquél modo, pero nada más podía hacer.
La mujer a la que había amado en dos vidas le había olvidado por completo.
En vano se había pasado los últimos dos años tratando de hacerle recordar a Takiko su pasado, en vano habían sido las tardes recordando y tratando de atarse más a ella...con la esperanza de que algún día pudiera recordar lo mismo que permanecía en su memória.
- Takiko... -susurró Uruki, con los ojos brillantes- ¿Por qué siempre...te acabas alejando de mi lado...?
Tensó los puños por la rábia. Las lágrimas amenzaban por estallar en sus ojos, pero las retuvo cuanto pudo. Sin importarle el dolor que iba a sentir, hizo fuerza para arrastrarse y poder liberarse de las espinas que le aprisionaban. Sintió las agudas agujas clavársele con crueldad, pero lo ignoró y siguió avanzando, temblando ligeramente a causa del dolor.
- Takiko...por favor... -susurró- No me mientas...sé que lo recuerdas todo...
Pero solamente los ojos perdidos y llenos de confusión de la pequeña sacerdotisa de Genbu le devolvieron la mirada. El guerrero del viento no se dió por vencido. Se negaba a aceptar que su dulce Takiko hubiera perdido los recuerdos de unos días de felicidad que él tanto se había esforzado en construir. Al fin, después de muchos esfuerzos, llegó justo enfrente de Takiko. Con las manos remblorosas y la respiración alterada, rozó los ombros de Takiko, cogiéndola de los brazos.
- Takiko...te lo ruego... -dijo lleno de rábia- ¡No dejes que roben tus recuerdos...!
Con un esfuerzo descomunal, se lanzó sobre ella para abrazarla, aunque no recibió más que frío a cambio. La apretó entre sus brazos, recostando la cabeza en su hombro. La chica permaneció firme, sin decir nada...ni siquiera comprendía por qué aquella desconocida la estaba abrazando...aunque la cuestión era que se sentía muy bien entre sus brazos.
- Yo he seguido...recordándolo todo...aunque tú no lo sepas... -dijo Uruki con la voz rota, acariciando sus cabellos- Jamás llegué a pensar que sufriría tanto...lo que más quise en toda mi vida...en todas mis vidas...lo tengo aquí, tan cerca de mí que hasta me duele... Pero tú no quieres abrir los ojos... Quizás tienes miedo de lo que pasó ya hace tanto tiempo... Pero sé que lo recuerdas todo... Como me ayudaste cuando me encontraste atado en aquella roca... Y cuando conociste a Tomite, que quería matarnos... Y cuando encontramos a Hatsui, y Naname y Hikitsu...y a Inami y a Urumiya, como conseguimos ponerlos de nuestra parte... No sigas mintiendo, no puedes haberlo olvidado todo... Todo eso fue real... Al igual que el dolor que sentí cuando te marchaste desgarradoramente de mi vida... justo cuando creía que nuestro sueño de estar juntos iba a hacerse realidad... -no pudo evitar que una lágrimas solitária resbalara por su mejilla derecha- Quiero...deseo...que volvamos a estar cómo entonces... No dejes...que tus recuerdos queden olvidados...
Takiko permaneció en shock, escuchando aquellas palabras que de repente parecían cobrar un sentido insospechado para ella. ¿Por qué no tenía la sensación de estar abrazando a una mujer...? Se sentía como en los brazos de un hombre, alguien a quién había conocido hacía tiempo, pero que no conseguía recordar con claridad...¿o sí...?
Poco a poco, Takiko cerró los ojos, en una expresión de calma contundente. Con ternura, recostó su cabeza en el hombre de la chica que la abrazaba, mientras pasaba las manos por su espalda para mantenerle cerca de sí. Suspiró con felicidad.
- Uruki...o Rimudo, qué más da... -susurró- No lo he olvidado...sigo aquí, oculta en las sombras...pero estoy aquí...y jamás podré olvidarte...
Uruki sintió un fuerte espasmo en el pecho, un estremecimiento que le dominó en cuerpo y alma. Lentamente, se separó de Takiko, mirándola a los ojos, para descubrir que aquella mirada gris estaba cubierta de lágrimas...de pura e intensa emoción. Aún sin creérselo, levantó una mano y acarició su mejilla suavemente con los dedos.
- ¿Takiko...? -susurró.
La chica sonrió tiernamente, mientras asentía, con los ojos llenos de lágrimas de felicidad. Sin poder contenerse, se lanzaron uno contra el otro, abrazándose con más fuerza, incapaces de separarse de nuevo, juntos de verdad por primera vez en más de doscientos años.
Por supuesto, aquella imágen llenó de ira y rábia al Seiryuu que les observaba, que no podía acabar de asimilar que aquellos dos Genbu hubieran roto su hechizo ilusório de bloqueo de memória.
- ¿Cómo habéis podido...? -preguntó incrédulo.
- ¡Silencio! -gritó Uruki de repente, poniéndose en pie.
Una ráfaga de viento estalló hacia fuera, lanzada por el Genbu, al tiempo que el signo de su pecho aparecía en cursiva, denotando la fuerza que le embargaba. Tomo se vió arrastrado por una fuera desbocada, un huracán cortante que le provocó diversas heridas en todo el cuerpo. Hecho una fúria, se incorporó para mirar al frente.
Delante de sí, estaba Uruki, transformado en mujer, utilizando todo su poder. El viento zarandeaba sus cabellos atados con una cinta, al igual que los de la pequeña Takiko, que miraba a su enemigo con los ojos llenos de odio. Aquella poderosa fuerza aérea no parecía dañarles a ellos, ya que permanecían impasibles a ella. Los ojos grises de Uruki se habían agudizado, convirtiéndose casi en dos rendijas de color plateado.
- Ahora...conocerás el castigo que reciben aquellos que se atreven a herir a la sacerdotisa de Genbu -dijo con total firmeza, una expresión que le confirió aún más majestuosidad.
-O-O-O-O-O-O-O-O-O-
Buuuufff, lo que me ha costado escribir este n.n, estoy muy liada con el insti, no sé de dónde saco el tiempo...u.uU.
Pues eso, aquí está otro más.
Ya no me matéis, que Takiko al menos se acuerda de Uruki n.n
Muchos besitos y hasta el siguiente!!!
