Ieeep, vosotras 3, wapas que me mandais reviewssss!!! (y a cualquiera que lo lea aunque no mande reviews n.n). Siento el retraso ToT

koharu: Al leer el review, me acordé de lo del "obake" de la versión japonesa y me tronchaba XDXDXD, es que era lo más, Tasuki nunca aprendía, siempre acababa lleno de golpes. Ahora que lo pienso, es el que más recibe de todos OuO, entre Tamahome y Nuriko le dejan bien al pobre xD. No se me ocurre nada más, sólo muchas grácias por el review, wapixima, y hasta pronto!

Akane-chan-yuna: Jeje, me alegra que me sigas dejando reviews aunque no tengas mucho que decir n.n. Ya me dejaste bien claro que te alegrabas mucho de la muerte de Ashitare (pero muy, pero que muy, muy claro XDXDXD). Tienes razón, por mucho que le odies, yo le odio más (mató a Nuriko, es que no es razón suficiente? XD). Na, a ver si me conecto un día de estos al mesenger. Adiós, wapa n.n.

kazu: Es verdad, ahora que caigo, hasta en mi fic Nuriko es de los que más recibe (para ser sinceros, el que más O.o), si es que casi parece que me guste hacerle sufrir TToTT. Jeje, gràcies pel review y fins prompte!! B7s. (Me hizo grácia lo de que sigas soñando, la verdad es que sí sueño cosas raras...y siempre relacionadas con el manga o el anime, estoy obsesionada XD).

CIELO Y TIERRA ENFRENTADOS

Capítulo 22.- La luz del tigre blanco. Bajo un rayo de luna

Cuando por fín empezó a despertar, solamente sintió un gran cansáncio alojado en su cuerpo. No era algo que pudiera parecerse al dolor, solamente una sensación de debilidad física y mental que no le gustaba demasiado. Aún así, tenía que reconocer que debía estar en un lugar agradable, a juzgar por la calidez que notaba a su alrededor. Permaneció unos instantes completamente quieto, tratando de hacer encajar los trozos de su memória, pero era un árdua tarea que al final le resultó absolutamente inútil.

Al empezar a notar que sus sentidos funcionaban más deprisa, sintió un fuerte y dulce aroma flotando en el ambiente. Lo aspiró, sintiendo que le llenaba de felicidad y bienestar. Poco a poco, abrió los ojos con cuidado, cegándose ligeramente por la poderosa luz del sol que penetraba por los cristales de las ventanas cercanas. Miró alrededor con confusión, notando que estaba echado en una cama mullida y cómoda, en una habitación que no conocía o, al menos, que no recordaba.

- ¿Te sientes mejor...? -inquirió una voz dulce y femenina cerca de sí.

Nuriko movió levemente la cabeza, para encontrarse unos cariñosos y apacibles ojos violeta grisáceo frente a sí. La chica, que parecía tener su misma edad, sonrió, entornando aquella cálida mirada al verle reaccionar.

- Mucho mejor, por lo que veo -sonrió.

- ¿Quién...eres tú? -inquirió el chico perdido.

- No te preocupes, es normal que no me conozcas -dijo ella sonriendo- Soy una amiga, así que no temas.

Cuando la chica se sentó en la cama junto a él, con una mano sobre su brazo, Nuriko pudo ver algo que le permitió reconocerla: un signo blanco que resplandecía levemente en su pecho. Fue como caer en la cuenta de inmediato.

- ¿Su...Subaru? -preguntó- ¿La estrella de Byakko...?

- Así es -respondió la aludida pronunciando su expresión- Os encontré justo cuando perdiste el conocimiento. Al parecer tubiste una batalla bastante difícil... Quizás habrías muerto si no llego a aparecer por allí por casualidad... Te hice rejuvenecer un día: con ello se cerraron todas tus heridas, aunque como estabas tan débil supongo que te dejó un poco agotado físicamente,

- ¿Rejuvenecer...? -inquirió Nuriko confundido.

- Mi poder consiste en alterar el tiempo -dijo Subaru con un humilde orgullo en la voz- No me cuesta nada volver a alguien más jóven o, por el contrário, hacerle crecer. Pero eso no viene al caso -añadió- ¿Te sientes mejor?

- Sólo...un poco cansado -admitió el Suzaku- ¿Dónde estamos? ¿Y Miaka y los demás?

- Estamos en la capital de Sairo. Tus compañeros están abajo. Por suerte, logramos reuniros a todos -recuperó efímeramente la seriedad- Ahora será mejor que te bebas esto y duermas un rato -dijo, poniendo en sus manos un recipiente con un líquido fuertemente aromático- Repondrá tus fuerzas mientras duermes.

El chico obedeció y bebió de un sorbo el contenido del vaso, que poseía un sabor amargo pero extrañamente relajante. Después, se recostó suavemente, sintiendo que el efecto empezaba a hacerse notar. Subaru sonrió por última vez y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

Nuriko podría haberse dejado llevar por el sueño, pero sentía que aún había demasiadas preguntas en su cabeza, ya que había perdido la noción del tiempo, entre otras cosas.

Su mente vagó particularmente lejos, hacia la escena en la cual había estado a punto de morir...y de repente le vino a la cabeza una mirada azul celeste. Tardó un rato, pero al final recordó lo ocurrido...la flecha que casi le había salvado, lanzada por el arco de aquella guerrera de Kutô, a la cual una vez había perdonado la vida. Suspiró pesadamente y levantó poco a poco una mano, jugando con un travieso rayo de sol que se fundía con el aire polvoriento del exterior, creando un juego de luces y sombras que le hechizaba.

"No lo entiendo...Era mi enemiga...pero entonces...¿Por qué...me ayudó...?"

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

La rúbia muchacha andaba con la cabeza gacha por una tierra desierta y llena de arena. Su corazón no cabía en sí de angústia, era algo que no podía evitar. Habían pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo, y no lo soportaba. Hacía ya dos días que había regresado de la batalla en la cual había traicionado a su bando y se sentía más muerta que nunca. En cierto modo, había temido a lo que le pudiera ocurrir una vez regresara junto a su hermana y su maestro, pero...su llegada no había sido tan aparatosa como había creido.

"Phobos, ¿tan pronto de vuelta?"

"Sí, maestro" había respondido con un ligero miedo en la voz.

"Me pregunto porqué fuíste tras Ashitare... Creía que él podría cuidarse solo..." dijo Hokai sonriendo con crueldad.

"Yo sólo...pretendía serle de utilidad llegado el momento" mintió rápidamente Phobos.

"Y aún así...he sentido como todo su poder desaparecía... ¿Tienes idea de cómo ha muerto?" preguntó Hokai con una mueca de superioridad.

"Le asesinó Nuriko, una estrella de Suzaku, maestro. Después, el guerrero de Konan murió también..." expresó, tratando de ocultar su dolor.

"¿Eso es todo...Phobos?" inquirió el hombre sagazmente.

La chica negó rápidamente con la cabeza, alejando aquellos recuerdos de su mente. No llegaba a creerse que hubiera podido engañar a Hokai, estaba segura de que él sabía la verdad. Pero...¿por qué no la había castigado por ello?

Aún así, la causa del sufrimiento que había sentido en los últimos días no era el miedo al castigo...si no el doloroso panorama que había visto antes de dejar aquel lago de aguas corrompidas por la sangre derramada...dejando atrás la muerte de un muchacho que apenas había empezado a vivir de nuevo.

Hacía años que no sentía compasión, ni miedo, ni tristeza...solamente un frío odio hacia el mundo. ¿Quién era aquel chico que había logrado resquebrajar la capa mortecina de su alma?

No importaba... Al fín y al cabo, nunca más volvería a verle...

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Nuriko descendió por las escaleras lentamente, sintiéndose de nuevo completamente repuesto. Una calma maravillosa parecía reinar por todas partes a donde mirara... Por eso se quedó tremendamente sorprendido cuando, al bajar al piso de abajo y tratar de entrar en un salón, chocó de frente con alguien a quien no pudo reconocer. El cabezazo fue tan brutal que casi salió despedido hacia atrás. Quejándose por el dolor y frotandose la frente, levantó la vista para encontrarse a alguien haciendo lo mismo.

Era un chico de piel bastante morena, un poco mayor que él. Tenía los cabellos de un color violeta muy claro, desordenado, con dos largos mechones cayendo sobre sus ojos. Entreabrió un ojo, mostrando que su mirada era de un dorado intenso.

- Lo siento...perdona... -se apresuró a decir, frotándose la cabeza- Pero ahora debo salvar mi vida...

Sin decir nada más, echó a correr en dirección contrária, alejándose de él. Nuriko le miró ceñudo, sin entender nada, pero empezó a comprender algo más cuando escuchó una voz estridente y furiosa retumbando en las paredes. Se giró para encontrarse con Uruki, desatando todo su poder del viento, completamente encolerizado.

- ¡¡¡MALDITO ESPÉCIE DE...!!! -gritaba el Genbu fuera de sí- ¡¡¡COMO LE VUELVAS A PONER UNA MANO ENCIMA A TAKIKO, TE JURO QUE...!!!

- Vamos, vamos, Uruki... -dijo Takiko sonriendo nerviosamente con una gota en su frente- No hace falta matar a nadie...

- ¿Qué ha pasado aquí? -inquirió el chico de la trenza violeta entrando en el salón y encontrándose con todos sus compañeros.

Todos enmudecieron al darse cuenta de su preséncia allí. En un segundo, Miaka, Tasuki y Tamahome estaban de pie frente a él, casi llorando de la felicidad de verle allí.

- Nuriko...menos mal... -susurró la chica aliviada- ¿Te encuentras bien?

- Mejor que nunca -aseguró el chico guiñándole un ojo- Sólo es que tengo un poco de hambre...

- Ah, tranquilo, muchacho -dijo Subaru apareciendo por la puerta, arrastrando a Tokaki por una oreja- Enseguida te traigo cualquier cosilla...

Diez minutos más tarde, Nuriko y Miaka (esta se había añadido ¬¬) tomaban un aperitivo mientras todos trataban de hablar de lo obvio de la situación.

- Estos dos días hemos estado casi todo el día durmiendo, así que no hemos hablado apenas... -dijo Tamahome- ¿Qué ha sido de vosotros dos todo este tiempo?

Subaru, que estaba sentada al lado de Tokaki, suspiró levemente y empezó a relatar con una suave seriedad.

- Hace doce años, cuando vosotros os marchasteis hacia Konan, enterramos a Tatara y regresamos a nuestra edad real. Pero calculamos mal...Habíamos pasado demasiado tiempo con una edad que no nos correpondía y nos deterioramos rápidamente... Aún así, una visión en el templo de Byakko nos mostró que una nueva amenaza empezaba a desatarse, aunque aún estaba relativamente lejana... Con la condición que poseíamos por aquel entonces no podríamos hacer gran cosa... Así que...

- ...pusimos fin a nuestras vidas, con la esperanza de reencarnarnos lo más pronto posible -acabó Tokaki por ella, más serio que nunca en su vida- Por suerte, yo renací un año más tarde, Subaru tardó dos...y en cuanto a Tatara...

En ese preciso instante, alguien llamó a la puerta de entrada. Subaru avisó que estaba abierto y escucharon el portón de madera abrirse lentamente y cerrarse dos segundos más tarde.

- Tokaki, Subaru... -dijo una voz masculina- Siento tener que admitir que no he encontrado nad...

El recién llegado se quedó de piedra al entrar en la sala, al igual que la mayoría de los presentes al verle a él. Ante ellos se había mostrado un chico de unos veinte años, de piel morena inmaculada, unos ojos violácios rasgados y exóticos, y unos cabellos negros muy largos enlazados con una cinta, dejando una cascada de mechones azabache sobre sus ojos. El silencio se hizo casi incómodo por unos instantes, pero acto seguido una leve sonrisa se dibujó en su atractivo rostro.

- Sacerdotisa de Suzaku... -dijo con suavidad- Me alegra volver a veros...

- Tatara... -susurró Miaka sorprendida.

- Bienvenido, Tatara -dijo Subaru sonriendo ligeramente.

- ¿O sea que se reencarnaste después de todo? -preguntó Tamahome.

Pero la expresión del chico se había vuelto completamente helada mientras sus ojos violácios se clavaban casi sin querer en aquella chica de cabellos rúbio cenizo sentada tranquilamente al lado de Miaka. Su rostro adquirió una mueca de desconfianza y casi odio, al tiempo que su mirada resbalaba hasta Nakago y sus ojos se convertían en dos ranuras.

- ¿¡Qué hacen ellos aquí!? -gritó, sin duda reconociéndoles- ¡Trataron de robar el shinjazo de Byakko! Y además...Suzuno...

- Espera, Tatara -se apresuró a decir Miaka- Ya hemos solucionado las diferéncias... Todo fue un enorme malentendido. Por favor...sólo intentan evitar la guerra, como nosotros...

El guerrero de Byakko pareció pensárselo unos instantes. Sin duda alguna recordaba la que fue la causa de su muerte, obra de un Seiryuu. Nadie dudaba de que su desconfianza tubiera fundamentos. Aún así, el natural carácter afable de Tatara evitó un rencor pervivente.

- De acuerdo, no tengo nada en contra... -susurró, echando mano de todo su autocontrol.

De inmediato, sus ojos se clavaron en sus dos compañeros de Byakko, mostrando una gran preocupación en la profundidad violácia.

- No he podido encontrar nada... -susurró- He tratado de seguir la energía, pero se ha borrado por completo...

Subaru suspiró con desilusión, mientras que Tokaki hizo descender su mirada lentamente. Miaka no pudo dejar de notar aquellas muestras de decaimiento.

- ¿Ha ocurrido algo?

- Bueno... -susurró Tokaki- La verdad es que hay algo que no os hemos contado... -añadió, levantando la mirada dorada.

Tatara entrecerró los ojos y avanzó dos pasos, captando la atención de los presentes.

- Hace cinco años, nos reunimos por casualidad -explicó el muchacho- Fue una grata sorpresa para nosotros... Estábamos decididos a descubrir de dónde provenía la amenaza que sentíamos, de modo que Subaru utilizó el hechizo del avance temporal sobre nuestros cuerpos... Rejuvenecer es un problema con su mágia, no ocurre lo mismo con crecer... Pasamos de ser unos niños a tener el cuerpo que tubimos en nuestra anterior vida, en nuestra época de guardianes... Mientras tratábamos de dar con nuestros compañeros... -los ojos color púrpura de Tatara se iluminaron- Encontramos a Suzuno...

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- ¿Suzuno...? -inquirió Miaka sin poder creérselo- ¿Suzuno Ôsugi?

- ¿La sacerdotisa de Byakko? -inquirió Yui atónita.

Tatara asintió lentamente, sin apartar sus ojos violetas de ellas. Takiko se llevó lentamente las manos a los labios, tratando de recordar dónde había oído antes aquel nombre.

- Ôsugi... -susurró pensativa- Me suena ese nombre... Mi padre tenía un amigo llamado así... Creo que su hija se llamaba Suzuno...pero... -levantó levemente la vista- cuando yo entré en el libro...en este mundo... -rectificó rápidamente- ella tan sólo era una niña... Tenía los ojos grises y el cabello rúbio, ¿no?

- Sí... -asintió Tatara- Ella era Suzuno...

- Pero, si la encontrásteis... ¿dónde está? -inquirió Hotohori.

Al oír aquellas palabras, las miradas de las tres estrellas se desviaron hacia el suelo, al tiempo que sus ojos se oscurecían visiblemente. Tatara se mordió el labio inferior, visiblemente angustiado.

- Hace unos cuantos días... -empezó el líder de los Byakko con sumo pesar- Habíamos llevado a Suzuno al bosque que hay tras el templo de Byakko... La verdad es que ella había empezado a recuperar sus recuerdos... Era consciente de que había sido la sacerdotisa de Byakko en otra vida, aunque sus recuerdos eran algo difusos... La hemos estado llevando a lugares en los cuales ocurrieron cosas importantes para nosotros. En ese bosque fue...dónde la encontré por primera vez... Por desgrácia, nos atacaron... -terminó con voz muerta.

- ¿Quién? -inquirió Amiboshi intrigado.

- No lo sabemos -se apresuró a esclarecer Tokaki, con una mano en la barbilla- Pero...sentimos una aura que conocíamos...

Sus ojos se posaron momentáneamente en Chiriko, el pequeño que había estado sentado en silencio, escuchando atentamente sus palabras.

- Era el Seiryuu que mató a este muchacho -dijo el Byakko con precaución.

- Miboshi -dijo Chiriko agudizando los ojos.

- Exacto -afirmó Subaru- Pero no iba solo... Alguien con un poder muy superior al de cualquier estrella le acompañaba...

- Seguro que era ese maldito... -empezó Tamahome furioso.

- Seguramente convocaron a varios demonios con el poder de aquel Seiryuu... -prosiguió Tatara- Estábamos en desventaja numérica... La cuestión es que...se llevaron a Suzuno.

Aquella notícia pareció impactar como una ducha de agua fría sobre todos los presentes. Takiko hizo descender la mirada, con sus ojos grises llenos de preguntas y las manos tensas sobre su falda.

"Acaso...¿pretenden eliminar a todas las sacerdotisas que puedan ser un obstáculo...? Quisieron matarme a mí...¿ahora también a la sacerdotisa de Byakko...?"

El silencio se había apoderado de toda la sala. En la mente de todos estaban las dificultades pasadas por todos por recuperar con vida a Takiko...¿Se repetiría también con Suzuno?

- Pero...¿dónde está...? -susurró Yui intrigada.
Tatara negó lentamente con la cabeza, dando a entender que nada sabían al respecto.

- A pesar de que lo hemos intentando, no hemos podido localizar su aura -dijo.

- ¿No se supone que las estrellas y su sacerdotisa estan unidas por el poder divino...? -preguntó Tamahome confundido.

- En nuestro caso es difícil... -explicó Subaru- Los lazos que nos unían se rompieron hace tiempo. Los únicos que quedamos con vida hace cien años fuimos nosotros tres. Todos nuestros compañeros murieron en batalla y, por lo que sabemos, aún no se han reencarnado... Además, Suzuno aún no tiene los recuerdos completos... Nuestra unión es por ahora débil... Y si además contamos con el poder del enemigo, nos es imposible encontrarla en un imperio tan grande...

Decididamente, aquella era una de las peores notícias que podían recibir. Habían venido dispuestos a obtener el shinjazo de Byakko, pero no podían dejar que Hokai le pusiera una sola mano encima a Suzuno. Además, aunque Sairo fuera el imperio más alejado de Kutô, debían asegurarse que estubiera protegido por sus estrellas y sacerdotisa llegado el momento de la guerra. Miaka desvió sus ojos, para ponerlos en Chichiri, que para variar parecía otra vez perdido en sus pensamientos.

- Chichiri, tú podrías tratar de encontrar su aura... -dijo la chica con decisión.

- ¿Yo...? -inquirió Chichiri.

- Claro que sí ¬¬ -dijo Miaka- Tienes el poder mental más fuerte. Podrían encontrarla en un periquete.

- Necesitaría conocer su aura para ello -dijo Chichiri- Y por desgrácia nunca he visto a la sacerdotisa de Byakko...

- No hay problema -se apresuró a decir Tatara- Yo te mostraré el aura de Suzuno. Pero, por favor, trata de encontrarla...

Con cuidado, Tatara dejó caer la venda que cubría su mano derecha, dejando ver el signo blanco resplandeciente sobre su piel más bien oscura. De inmediato, una leve luz blanca empezó a irradiar por su piel, como una aureola del sol en la mañana clara... Era una aura suave, dulce...y a la par llena de energía. El Byakko abrió lentamente los ojos, con una leve expresión de calma.

- Esta es la eséncia del alma de Suzuno... ¿Crees que podrías dar con ella? -inquirió angustiado.

- Claro -se apresuró a decir Chichiri, juntando dos dedos y formando un sello.

Con una naturalidad que sólo él poseía, la estrella de Suzaku extendió su aura cuanto pudo, captando decenas, cientos, miles de almas, descartándolas una a una para encontrar una sola...el aura blanca de la sacerdotisa de Byakko.

De repente, lo sintió. Notó aquel hilo de energía que estaba buscando desesperadamente. Lo vió, como a través de un cristal entelado...Una tétrica imagen que le hizo estremecer.

Su mirada o, mejor dicho, su mente, vislumbraron la silueta de una niña, una bella criatura de apenas unos siete años. Permanecía quieta, pálida, con las manos entrelazadas sobre el pecho y unos mechones dorado cenizo cayendo sobre su rostro inmaculado. No la reconoció, pero el aura que sentía era sin posibilidad de error la que estaba buscando.

- ¿Qué...? -inquirió Miaka- ¿La has encontrado...?

- Mmmm... -musitó Chichiri, rompiendo el contacto- No está lejos... Creo que en un día de viaje llegaremos.

- ¿Tan cerca...? -inquirió Tokaki sorprendido- ¿Cómo no lo hemos notado...?

- Había una fuerte barrera a su alrededor -dijo Chichiri- Quizás eso esquivaba vuestros intentos.

- Bueno, pues... -dijo Tomite animado, poniéndose en pie- Vamos a ello.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Cuando empezaba a atardecer, todos estaban preparados para partir, aguardando en el jardín de la casa de Tokaki y Subaru. Las estrellas empezaban a ser visibles, aún en aquella inmensidad de tonos dorado y rojizo líquido. Miaka suspiró y dirigió sus ojos hacia la montaña que dominaba a lo lejos el pueblecito. Distinguió una torre con la cúpula dorada, el mismo lugar en el cual murió Chiriko...también dónde Tamahome le juró una vez más que nunca se separarían. Suspiró pesadamente, al recordar que el resultado de la unión de ambos se había escapado de sus manos. Entre tantas batallas y problemas, apenas había podido pensar en su hijo.

"El tiempo se agota... Sólo queda un shinjazo y no hemos podido rescatar a Hikari..."

Se sentía terriblemente mal por ello, aunque eso sólo le daba ánimos para seguir adelante.

- Podemos irnos -anunció una voz conocida.

Todos se dieron la vuelta al escuchar aquella voz, y muchos tubieron que quedarse con la boca abierta. Ante todos estaban las tres estrellas de Byakko, aunque tubieron que admitir que con una imagen mucho más portentosa. Subaru llevaba un vestido oriental negro con el emblema de su diós, una cinta roja atada a la cintura y los cabellos recogidos en dos cintas del mismo color. Sus piernas descubiertas terminaban en unos simples zapatos negros de costumbre, con detalles dorados. Por su lado, tanto Tokaki como Tatara llevaban un kimono negro con la insígnia de un tigre blanco tatuado en el pecho, calzando botas también negras (N/a: ¿Os los imagináis así...?? (cara de viciosa OuO XD).

- Vaya... -fue lo único que pudo soltar Miaka.

- En este imperio, las estrellas éramos la última estratégia militar -explicó Subaru- En tiempos de guerra, estos trajes eran nuestro estandarte, el que nos llevaba al campo de batalla.

- Kawaiiii...!!! -exclamaron Miaka y Nuriko haciendo ojitos- ¿Por qué no tenemos nosotros trajes como estos?

- Ni caso ¬¬U -dijo Tasuki apartando la vista, molesto- ¿Qué? ¿Nos vamos? Si marchamos ahora, podremos recorrer un trozo antes de que anochezca...

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Se movía, rápida como una sombra, fugaz como una nube curzando el cielo. No quería ser vista, pero en realidad su objetivo era regresar antes de que Hokai o su hermana Phobos pudieran notar su auséncia. No sabía qué la llevaba a alejarse, únicamente sentía que debía hacerlo. En el fondo de su ser, lo sospechaba: solamente era que se negaba a aceptarlo.

Tasuki...el Suzaku que le había perdonado... Debía verle y quizás así aclarar sus confusos pensamientos...

Saltó un precipicio de unos quince metros de ancho y se adentró en una zona boscosa, casi al límite del enorme desierto. Sus pies apenas rozaban la hierba, a pesar de correr sobre ella a una velocidad casi límite. Era su fuerte, la agilidad y velocidad. Había entrenado mucho siendo aún pequeña, y ello daba sus frutos. Su hermana, por el contrário, poseía una fuerza extraórdinaria, también una flexibilidad digna de ver.

Ambas eran guerreras, nacidas para luchar y morir luchando.

Pero entonces...¿por qué aquellos rasgados ojos ardientes conseguían sacarla de aquel mundo de guerras?

No importaba...Aquella misma noche acabaría con la vida de aquel chico que había tergiversado la suya.

Se detuvo fugazmente, escondiéndose tras un enorme árbol para observar lo que sus ojos le mostraban bajo la luz de la luna.

Había un grupo bastante numeroso de gente durmiendo tranquilamente en un círculo bastante cerrado. Los reconoció, eran los Suzaku y compañía, aunque ahora podía ver a tres personas que no supo identificar. Sin duda se trataba de otras estrellas, a juzgar por su aura. Al instante, percibió que alguien estaba despierto, seguramente montando guárdia. Vió a un chico de cabellos negros sentado al lado del fuego, mirando justamente en dirección opuesta a la suya. Lo reconoció, era el arquero de Genbu, que parecía estar alerta, con su arma en las manos. Aunque, tras unos angustiosos instantes, llegó totalmente patidifusa a la conclusión de que se había quedado dormido.

Buscó con la mirada a su objetivo, dando con él de inmediato.

El chico de cabellos rojizos estaba echado en un lugar bastante alejado de sus compañeros, a varios metros. Estaba profundamente dormido, a juzgar por la lentitud con la que su pecho subía y bajaba lenta y acompasadamente.

Al verlo de aquella manera, tan inocente e inofensivo, una fuerte opresión se apoderó del pecho de Deimos, dejándola paralizada por unos instantes. Su cordura le gritaba al oído que aquella era su oportunidad, pero otra parte de sí ignoraba completamente su racionalidad...

Después de unos interminables segundos de luchar contra sí misma, sus piernas casi se movieron solas. Avanzó silenciosa y rápida, escondiéndose con total facilidad en tras el tronco del árbol en el cual dormía el chico. Le miró de reojo, viendo con claridad aquel rostro moreno y realmente agradable. Aún así, su voluntad no desfalleció.

Su mano se movió hasta su pierna derecha, de donde sacó una pequeña arma cortante, aunque tan afilada que podía cortar miembros enteros sin apenas esfuerzo. Sigilosamente, se escurrió hacia delante y se inclinó junto a la estrella de Suzaku, mirándole fijamente. El odio y a la vez la confusión afloraban en su ser, enfrentándose caóticamente en su cabeza. No escuchó a la parte que contradecía su misión. Tenía la oportunidad de matarle para siempre. Sin perder tiempo, levantó el puñal y, con sumo cuidado, colocó la hoja a escasos milímetros del cuello del pelirrojo. Inspiró profundamente, decidida a realizar el corte mortal en cualquier instante.

Pero quizás el azar se lo impidió, haciendo que su víctima abriera los ojos en aquel preciso instante.

El impacto de aquellos ojos anaranjados fue algo que no pudo resistir de inmediato. Tasuki la miraba con intensidad, a la vez que una seguridad total y absoluta, sin variar siquiera sus movimientos o la expresión de su rostro.

- Estaba despierto -anunció, ante la enorme sorpresa de la chica- Sabía que estabas aquí desde un principio...

Deimos permaneció inmóbil, mirándole con intensa agresividad en sus ojos dorado rojizo, pero después apretó los dientes y acercó más el puñal a su cuello, buscando la artéria adecuada.

- Mucho mejor... -dijo complacida, con una falsa firmeza- Así podrás ver cómo te envió al infierno...

A pesar de aquellas desalentadoras palabras, Tasuki permanecía absolutamente firme, sin moverse o tratar siquiera de salvar su vida. Únicamente seguía mirándola con aquellos intensos ojos entre pardo y naranja, que ejercían un extraño efecto en la guerrera.

- Hazlo, si de verdad es eso lo que quieres -dijo, después de meditar mucho- Es fácil...

Con suavidad, cogió la mano de la chica y la levantó más, hasta que la hoja rozó su mandíbula.

- Aquí el corte es mortal... -susurró- No voy a defenderme.

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Ni siquiera el mismo Tasuki entendía su própia reacción. Estaba acorralado, con una guerrera asesina frente a sí, amenazando con abrirle el cuello en cualquier instante. Pero...no era capaz de atacarla, aún impedirle que le matara. Aquellos ojos dorados eran realmente bellos, aún más bajo la luz de la luna plateada. No había rastro alguno de maldad u odio en ellos. Solamente una fuerza temperamental que le dejaba hechizado.

Dejando de lado su deber de estrella, sintió que cualquier cosa que ella hiciera en aquel instante, aunque significara su muerte...estaría bien, y él la aceptaría.

El silencio fue eterno. Ella no se movía. Él no rompía el contacto visual. La chica se mordió el labio inferior, visiblemente molesta.

- ¿Por qué haces esto...? -inquirió- ¿Me estás ayudando a que te mate...? -preguntó, con una risa irónica- Estás loco...

- Seguramente... -aceptó el chico con una igualmente desafiante sonrisa- Pero no me arrepentiré...de nada...

Sin previo aviso, el chico levantó una mano, cogiendo el mentón de la chica, y unió fugazmente sus labios con los de ella, arrancándole un beso que ninguno de los dos esperaba.

La sensación que les golpeó por aquellos instantes fue sobrecogedora...daba miedo y alivio, frío y calor, luz y oscuridad al tiempo... Ninguno de los dos podía olvidar que estaban haciendo algo prohibido, cosa que no hizo más que incitarles más a seguir. Era algo incomprensible en la mente de ambos, algo en lo que simplemente habían caído en la cuenta... Nada tenía sentido, sólo seguir de aquel modo.

Era algo que en el fondo ambos se esperaban... Tasuki desde que la dejó marchar sin saber la causa... Deimos desde que vió herido su orgullo de guerrera por la compasión de un enemigo... Sin embargo, ni él ni ella eran conscientes de nada. Solamente de que no podían luchar contra lo que estaba ocurriendo.

Poco a poco, la mano de Deimos que sostenía el puñal se relajó, apartando el arma del cuello del chico, para dejarla caer sobre la hierba a su lado. Las manos de Tasuki ascendieron por el cuello de la chica, hasta coger sus mejillas y profundizar más en el beso. Ella recostó suavemente los dedos en el torso de él, como si quisiera aumentar el contacto físico entre ambos. La frialdad de la noche se consumió como una vela al sentir el suave calor del otro cerca.

Fue algo eterno, aunque hubieran deseado que durara aún otra eternidad más... Sin respiración, siguieron besándose, cada vez más profundamente, sin odios, sin rencores, únicamente un cariño y una ternura que ninguno de los dos había conocido hasta entonces. Minutos más tarde, Tasuki se vió obligado a dejar aquellos dulces labios, dejándose caer de nuevo sobre la hierba. Suspiró para coger aire y abrir suavemente los ojos. La chica que estaba ante sí estaba totalmente ruborizada, con un adorable color rosáceo inundando su inmaculada piel. El chico sonrió ante el desconcierto de ella y levantó una mano, para apartar unos mechones violetas de su rostro. Sus dedos descendieron para acariciar con ternura sus labios, provocando que los ojos de Deimos se cerraran y unas lágrimas de impoténcia resbalaran por sus mejillas.

- Ya te lo he dicho...no me arrepiento de nada... -susurró Tasuki.

- Yo sí... -confesó la chica con sumo dolor- De haber elegido...un camino que no es el mío...

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Estaban sumidos en su mundo, ajenos a cualquier cosa que pudiera sacarlos de su própia realidad...hasta que una flecha certera les arrebató el privilegio que entonces poseían. Deimos se incorporó bruscamente, impresionada por tal sonido, justo antes de que el proyectil se clavara en el tronco, a unos milímetros de la cabeza de Tasuki. Una voz gritó en alerta.

- ¿¡Qué haces tú aquí!? -restalló la voz enfurecida de Tomite, mientras el Genbu tensaba de nuevo una flecha en su arco.

La chica permaneció quieta por unos instantes, calculando sus posibilidades. Sus ojos aún húmedos se desviaron levemente hacia Tasuki, que permanecía como en shock, mirándo al frente con los ojos perdidos. Una leve sonrisa de seguridad se reflejó en su elegante y fuerte rostro. Con una pequeña concentración de energía, desapareció de aquel lugar...dejando solamente confusión y lagunas en la mente de un guerrero de Suzaku.

Tasuki permaneció petrificado unos largos segundos, sin poder aún aceptar lo que él mismo había hecho, pero después desvió su mirada para clavarla en Tomite. El Genbu seguía apuntando a la oscuridad con una saeta, aunque de inmediato hizo descender su guárdia. Inspiró levemente y le miró.

- ¿Estás bien, Tasuki? -preguntó.

El Suzaku tardó aún unos efímeros instantes en regresar de sus túrbios pensamientos, pero después asintió lentamente.

- No me ha herido...afortunadamente... -añadió, levantando entre los dedos el puñal con el que ella le había amenazado.

Suspiró pesadamente, contemplando la luna que brillaba totalmente pálida y blanca sobre su cabeza. Había estado extrañamante calmo hasta entonces, pero justo ahora su corazón empezaba a latir desbocadamente, a sentir la sangre quemar en sus venas...

"¿Qué demonios...ha sido eso...? Jamás había sentido...nada parecido..."

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

- Todo esto es divertido... -susurró una voz llena de soberbia.

Las sombras de movían rápidamente, atravesando los finos cristales de unas elevadas ventanas. La figura que permanecía en la penumbra levantó la cabeza, dejando ver un rostro joven con unos cabellos negros extremadamente largos.

- ¿A qué os referís, señor...? -preguntó Tomo obedientemente.

Hokai se dió al vuelta, para mirarle con una enorme sonrisa.

- Esas niñas...Phobos y Deimos...creen que pueden engañarme... -susurró irónicamente- Sé muy bien que Phobos siguió a Ashitare para ayudar a aquella estrella de Suzaku, Nuriko...y, dentro de diez minutos aproximadamente, Deimos regresará...Ha tenido un bonito encuentro con el maestro del fuego de los Suzaku...

Hokai se dió la vuelta, aún riendo de satisfacción. Tomo no entendía aquella reacción. En sus tiempos bajo el mando de Nakago, cuando el líder de los Seiryuu sonreía de aquel modo indicaba que estaba a punto de estallar de ira. Sospechaba que no ocurría lo mismo con Hokai. Levantó levemente la cabeza.

- ¿Váis a castigarlas...? -inquirió.

- Je, en absoluto... -negó Hokai.

Se giró hacia otro lugar, una extraña construcción de cristal que se erguía justo en el centro de la sala. Atrapada en el material semitransparente, podía verse una pequeña figura...unos cabellos rúbio cenizo...una tez pálida como la luz de luna...

- El amor hace sufrir...¿no es cierto? El lazo entre esas dos nécias y los Suzaku quizás...llegue a serme de mucho utilidad...

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

En un lugar oscuro, una mente adormecida le gritaba a las tinieblas. Lloraba, se lamentaba, sus llantos retumbaban contra las paredes indestructibles de su prisión...un prisión hecha de cristal, un cristal que no dejaba pasar ni los colores, ni los olores, ni los sonidos del exterior... Todo era gris y mortecino en aquel espacio creado para ella. Su cuerpo no respondía, solamente su mente clamaba libertad entre aterradores lamentos...

"Estoy viendo...lo que ocurrirá..."

Un temblor sacudió su subconsciente, un estremecimiento provocado por un miedo creciente.

"Tengo miedo...de esta soledad..."

Sus llantos no eran escuchados por nadie, sus ruegos ignorados por cualquiera que pudiera oírlos...

"Por favor...que alguien me ayude..."

Sus esperanzas, todos sus sueños, cualquier vestigio de felicidad...unidos bajo un mismo nombre...

"Tatara..."

Un sonido roto hizo reaccionar su sentidos, resbalar las últimas lágrimas aglomeradas en sus párpados. Sus ojos grisáceos se entreabrieron ligeramente, tratando de ver algo más allá de los confines de su celda, de su maldición... Un ruido, algo sonoro, que a pesar de representar vida, parecía traer el más terrible de los augurios...

"El llanto...de un niño..."

-O-O-O-O-O-O-O-O-O-

Hola por 22º vez!! Jeje, no estaba demasiado inspirada para hacer este cap, así que no me matéis. Además, entre los exámenes de los (censurado) y que estoy escribiendo muchos fics a la vez estoy hasta los (doble censura) XD.

Bueno, la cuestión es que ya ha salido. Muchas grácias como siempre a Akane, Koharu y Kazu por sus reviews (sos quiero, wapasssss n.n.).

Muchos kisses y hasta la próxima. Cualquier cosa (virus, amenazas, tomatazos, insultos...felicitaciones n.nU) mandadme un review.

Sayonara! n.n