Hola a todas (o todos xD). Siento mucho haberme retrasado, he estado unos días sin internet y encima con una bronquitis que casi no lo cuento (dramatizado) xD.
Weno, aquí está otra vez un cap más de este fanfic más largo que pa q. Una vez más agradezco a cualquiera que se tome la moléstia en leer mis fics. Ariggato!
Akane-chan-yuna: Jeje, hola wapa! Ya sé que te dije que actualizaría la semana pasada, pero es que he estado jodida (perdón por la expresión xD). Weno, espero que no me mates después de leer el cap. Ya nos hablaremos (si vas a pegarme, mejor no me mandes review n.nU). No te digo nada, sólo que se me está ocurriendo una finalazo para lo de Yui y Suboshi... no digo más xD. Muchos besos y hasta pronto.
-koharu-: Jeje, yo creía que os enfadaríais xq Tasuki siempre recibe (aunque es algo inevitable y que en el manga y el anime me partía de risa xDxD). Me alegra que te gustara el momento de Tasuki y su nóvia n.n. Ni siquiera yo entiendo muy bien lo que escribí. Weno, pues eso, muchos besos y, como siempre, grácias por el review. P.D. Ahora me pondré a acabar el de Furuba, que sólo quedan 2 caps! n.n.
kazu: Jeje, a mí también me gusta mucho Amiboshi, pero es que no puedo estar pendiente de tantos personajes que si no los otros se me desmadran n.nU. Ya tendrá su trozo el chico, ejem, supongo O.o. Weno, mil veces grácias por leer mi fic y me alegra que te haya gustado. b7s. P.D. ¿Es verdad que eres peli-naranja? xD (por eso te gusta Kyo? n.n).
CIELO Y TIERRA ENFRENTADOS
Capítulo 23.- Prisión de cristal. Ilusiones rotas
En la mañana, todos estaban preparados para partir. En ellos vivían unos ánimos increíbles, a pesar de que sabían que ese día se enfrentarían por fín a toda la fuerza de Kutô. El único que no parecía estar muy en el asunto era Tasuki. Su mente seguía perdida en unas horas antes, cuando bajo la luz de la luna había ocurrido algo que nunca tendría que haber pasado...
Por desgrácia, un inhumano golpe le devolvió brutalmente a la realidad, provocando que su cara se hundiera en el césped. Un sonriente Nuriko se inclinó con una tremenda expresión de vivacidad.
- ¡Tasuki, anímate, hombre! Hoy estás muy raro... -inquirió riendo.
- Yo lo mato...yo lo mato... -susurraba el pelirrojo de un modo casi macabro- Nuriko...¡HAZ EL FAVOR DE CONTROLAR TU FUERZA!!! ¡SIEMPRE ESTÁS IGUAL!! ¡PODRÍAS DARTE CUENTA DE UNA VEZ!!!!
El chico de cabellos violetas casi se asustó de la reacción de su compañero. Realmente Tasuki estaba muy irritable, y nadie conocía la razón excepto él mismo. Con un bufido furioso, se dió la vuelta y se marchó, golpeando una piedra con un pie. Nuriko se quedó patidifuso, mirándole fijamente, hasta que Tamahome se dió cuenta y se le acercó.
- Nuriko, ¿qué pasa? -preguntó.
- No lo sé...Tasuki está raro... -respondió el Suzaku pensativo- Le he dado un "golpecito" de compañerismo y se ha enfadado...
- Normal ¬¬ Tus golpes no son como los de cualquiera, Nuriko -dijo Tamahome con una ceja temblándole.
- ¿Qué quieres decir con eso? -inquirió el otro, enfurruñado- Dejémoslo estar: lo que quiero decir es que Tasuki está más nervioso que de costumbre.
- Bah... -dijo Tamahome, quitándole importáncia- Ya se le pasará...
Nuriko pensó en ello unos instantes, pero después lo dejó correr. Conocía bien a Tasuki y sabía que ese enojo no duraría mucho, de modo que no le dió más vueltas.
Avanzaron aún un rato por una zona de praderas casi desérticas, alejándose un poco de los bosques. Seguían las indicaciones de Chichiri, que hasta el momento era el único que podía sentir la preséncia de la sacerdotisa de Byakko.
Cuando ya llevaban unas tres horas caminando bajo un sol abrasador, Chichiri se detuvo bruscamente, levantando la vista al frente y escudriñando el entorno.
- ¿Has notado algo, Chichiri? -inquirió Tamahome en alerta.
- Mmmm... -dijo Chichiri arrugando la entreceja- No lo tengo demasiado claro... Siento como un rastro del aura de Suzuno...
Todos clavaron la vista en el paisaje que se abría entre ellos. El desierto empezaba a cambiar. A medida que caminaban iban surgiendo unas formaciones rocosas realmente enormes, que creaban grandes focos de sombras. Todos pensaron lo mismo: era el lugar idóneo para una trampa. Tokaki suspiró levemente y les dirigió una mirada de seguridad.
- Voy a echar un vistazo -dijo rápidamente- Volveré enseguida.
Dicho esto, se teletransportó unos metros más lejos, repitiendo ese movimiento cada pocas milésimas de segundo, avanzando a una velocidad que nadie más podría alcanzar. Tatara siguió sin apartar la mirada del frente, hasta que su compañero desapareció de la vista.
- Regresará en un minuto más o menos... -anunció, muy seguro de ello.
Efectivamente, unos cuantos segundos más tarde vieron aparecer al Byakko, acercándose velozmente y deteniéndose frente a ellos.
- He recorrido casi unos quinientos metros y no he visto nada... -explicó- No creo que quieran pararnos una trampa.
- Es extraño... -susurró Chichiri pensativo- Juraría que lo que he sentido era el aura de la sacerdotisa de Byakko...
Mientras el monje se sumía en sus cavilaciones, Tokaki sonrió levemente, de un modo malicioso, al tiempo que deslizaba sutilmente algo metálico y agudo hasta la palma de su mano. Sin que ninguno de ellos pudiera reaccionar, se lanzó fugazmente sobre Tatara, blandiendo un puñal en su dirección.
Por suerte, las reacciones del líder de los Byakko eran rápidas, ya que esquivó en milésimas de segundo el ataque, aunque unos mechones de cabello negro quedaron en el aire. Sus ojos violácios se clavaron en su compañero, el cual le miraba con una sonrisa maliciosa.
- ¿Tokaki? -inquirió Tatara- ¿¡Qué haces!?
Sin detenerse, el aludido saltó en el aire y atacó de nuevo a su compañero, el cual le esquivó de un modo magistral.
- ¡Tokaki! -gritó Subaru, tratando de interponerse entre Tatara y su compañero.
Pero algo aún más rápido detuvo a Tokaki. Un golpe fugaz y certero que impactó a la altura de su cuello, en su centro de gravedad, provocando que ahogara un sonido vacío y cayera de golpe al suelo, totalmente inconsciente. Tras unos segundos de insoportable silencio, miraron a la persona que había aturdido al Byakko, viendo a un chico de piel morena y cabellos violetas.
- Será posible... -dijo el aludido, levantando con una mano una anilla dorada- Si tiene que imitarme, al menos que lo haga decentemente...
- ¿¡Tokaki!? O.o -inquirieron todos, totalmente confundidos.
- Pero...entonces... -empezó Tamahome, haciendo descender la mirada- ¿Este quién es...?
Tuvo que callar de inmediato sus palabras al darse cuenta que en el lugar en el que el supuesto Tokaki había caído inconsciente no había nadie. Cayó súbitamente en la cuenta.
- Una ilusión... -susurró. Sus ojos se agudizaron fugazmente- Tomo está por aquí...
- No me equivocaba, entonces -dijo Chichiri, en alerta- Suzuno está cerca.
Al oír aquella afirmación, el grupo acceleró el paso, yendo con ojo avizor a cualquier movimiento anormal en la llanura desértica. Al cabo de unos diez minutos, Suboshi vió una enorme obertura en la roca, como una gruta que se adentraba en una de las naturales construcciones de roca arenisca, la cual formaba una impresionante ladera que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.
- ¿Será aquí? -inquirió el Seiryuu no muy seguro.
- Sí, es aquí -afirmó Chichiri- La energía proviene de aquí, estoy seguro.
- Entonces...vamos allá -añadió Tatara con decisión.
- Esperad -dijo de repente Chiriko, muy serio- No creo que sea conveniente que vayamos todos...
- ¿Por qué? -inquirió Tasuki extrañado.
- Si esto es una trampa o algo parecido, todos podríamos caer en ella -dijo el Suzaku, tratando de explicarse- Sería mejor que alguno de nosotros se quedara aquí por si hace falta acudir en ayuda del resto...
Todos los demás se miraron entre sí, recapitulando sobre las palabras del más joven del grupo. Al cabo de unos segundos, Subaru suspiró levemente y recostó una mano en el ombro del muchacho, sonriendo casi imperceptiblemente.
- En tal caso, yo me quedaré aquí con él -dijo firmemente.
Los ojos de Tokaki se posaron casi irremediablemente en ella.
- Me da rábia, pero creo que es lo mejor -afirmó la Byakko muy segura- En el caso de que alguien resultara herido, acudiría de inmediato a recuperarle, pero para ello necesito mantener cierto nivel de energía. No os preocupéis: estaré pendiente de vuestras auras. Así de paso cuidaré a este jóven... -añadió, removiendo cariñosamente los cabellos castaños de Chiriko.
- ¡Pero...! -protestó rápidamente el niño- ¡No lo decía con esa intención...! Yo...quiero ir también...
Tasuki se dió la vuelta levemente, mirándole con una mueca casi comprensiva.
- Será mucho mejor para tí quedarte -añadió, sacando su abanico- No te preocupes, Subaru cuidará de tí.
El joven Suzaku les dirigió una mirada furibunda a sus compañeros mientras se adentraban en la enorme gruta, sumiéndose rápidamente en la oscuridad. Entornó levemente sus ojos verdes, con una expresión de frustración absoluta.
"¿Por qué siempre...soy el único que se queda atrás...?"
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Un silencio sepulcral lo envolvía todo. Era como caer en el abrazo de la nada. En el exterior desértico podían oír el viento soplar, pero una vez cruzaron el umbral y perdieron de vista la ténue luz del exterior todo sonido dejó de ser audible. No únicamente la escasez de ruido alguno, si no también una oscuridad envolvente. Ninguno de ellos pudo dejar de notar que en aquellas sombras acosantes cualquiera podría pararles una emboscada con absoluta facilidad. Todos hacían piña alrededor de Tasuki, el cual mantenía bien alto una constante llama en el extremo de su abanico.
- ¿No os parece raro...? -bufó el pelirrojo, produciendo un ligero eco en las paredes de roca húmeda- Llevamos mucho rato caminando pero esto no parece acabarse...
- Tienes razón -corroboró Hikitsu, agudizando los gélidos ojos- Juraría que no era tan grande desde fuera...
- No sé porqué, sospecho que es una trampa... -dijo Tomite acariciando con los dedos una flecha que llevaba tensa en el arco.
Tras aquellas palabras, una poderosa brisa llegó hacia ellos desde el frente, extinguiendo sin esfuerzo alguno la llama de Tasuki.
- Qué os decía -dijo resignado Tomite.
- ¡Maldita sea...! -se quejó Tasuki, sacudiendo su abanico- ¡No consigo encenderlo de nuevo...!
- ¿Y ahora qué hacemos? -se hizo oír la voz de Yui en las sombras.
- No sé... -dijo Nuriko en la oscuridad, golpeando levemente con los nudillos en una roca del muro- Podría ir rompiendo rocas y abriendo un camino que...
- ¡Ni se te ocurra! -exclamaron a la vez Tamahome y Tasuki, saltando sobre él y golpeándole la cabeza- ¡¿Quieres que se derrumbe todo...?!
- Vale, vale... -se quejó Nuriko con lágrimas en los ojos.
- ¡Un momento...! -exclamó una voz conocida.
Rápidamente, todos callaron, dejando que el silencio les absorbiera una vez más, acompañado de un frío muy denso, que parecía capaz de más que asfixiarles. Al cabo de unos interminables segundos, escucharon de nuevo la voz del menos de los gemelos.
- Se oye a alguien llorar... -susurró Amiboshi, agudizando el oído.
- ¿Estás seguro? -inquirió Suboshi sorprendido.
- Sí, y no demasiado lejos de aquí... -afirmó su hermano con seguridad.
Aunque Amiboshi ya no pudiera utilizar su música, su sentido del oído seguía siendo infalible. No dudaban en que no se equivocaba. Con movimientos maquinales, siguieron al joven Seiryuu, el cual se guiaba únicamente con sus oídos, captando el sonido que seguía como si de un rastro de luz se tratara. Después de andar unos cinco minutos, levantó levemente la cabeza.
- Es una niña... -susurró- Es una chica la que llora...
Aquellas palabras provocaron un efecto ya sospechado en Tatara. El Byakko empezó a ponerse nervioso. Sintió como la adedralina de su cuerpo se disparaba y que su corazón empezaba a latir con fuerza en su pecho. Estaba seguro de que muy pronto encontraría a Suzuno. Apretó los puños con ira. Destruiría a cómo diera lugar a cualquiera que le hubiera puesto una mano encima.
Tan concentrado en sus pensamientos, apenas notó que Uruki, frente a sí, se detenía bruscamente, hasta que casi chocó con él. Se hirguió para tratar de ver algo, aunque en aquella oscuridad era imposible.
- ¿Qué ocurre? -inquirió.
Uruki agudizó sus ojos en las tinieblas, sintiendo que su elemento quería decirle algo.
- El aire viene más caliente... -dijo en un susurro- Eso significa que hay una salida...
- ¿Seguro? -preguntó Hikitsu, aunque confiando plenamente en el juicio de su compañero.
- Sí -afirmó el líder de los Genbu, sin siquiera meditar su respuesta- O al menos una grieta en la roca...
Dicho esto, dejó que sus instintos con el aire le guiaran, llevándole en la oscuridad para girar a su derecha...encontrando una ténue iluminación que le permitió estudiar su entorno.
Se encontraban en una gigantesca gruta, quizás cavada por el agua que ya escaseaba en aquella zona desértica. La luz provenía de una obertura situada a unos cuatro metros del suelo, por la cual penetraban unos potentes rayos de sol del exterior. En lo que parecía ser el centro, podía verse algo que reflejaba con fuerza la luz blanca. Algo hecho de cristal, en cuyo interior permanecía inmóbil una pequeña figura de cabellos rúbios...
- ¡Suzuno! -gritó con fuerza Tatara, rompieno bruscamente el pesado silencio.
Sin que nadie pudiera detenerle, el líder de los Byakko hizo uso de su velocidad y echó a correr hacia aquella dirección, ciego a cualquier otra cosa que no fuera rescatar al gran amor de sus dos vidas.
- ¡Tatara! -gritó Miaka alarmada, sintiendo que eso sólo podía ser una trampa.
No se equivocaba. En apenas un instante, una mancha oscura salió de las sombras, directa hacia Tatara. Por suerte, el Byakko no estaba tan desprevenido como parecía, ya que un rapidísimo salto de espaldas le permitió huír de la brutal embestida de un enorme demonio. Sin siquiera variar la expresión de decisión de su rostro, la estrella de Byakko esquivó con ágiles movimientos a dos demonios más que trataban de morderle, aterrizando unos metros más allá. Giró violentamente el rostro, dejando que unos mechones negros pasaran por delante de sus ojos violácios. Levantó una mano en el aire e invocó su poder. En un instante, la tierra se resquebrajó bajo el cuerpo de los demonios y unas largas enredaderas cargadas de espinas inmovilizaron a las béstias, haciéndoles sangrar en abundáncia.
- Vaya... -susurró Miaka sorprendida.
- Tatara es bueno -dijo Tokaki quitándose les pendientes con una sonrisa de seguridad- Muy bueno... Para algo es el líder de los Byakko.
El Byakko salió corriendo hacia dónde se encontraba su amigo y compañero, el cual se puso en pie sin esfuerzo alguno y corrió hacia la construcción de cristal en la cual estaba prisionera su querida Suzuno. Sus ojos no estaban preparados para ver la barrera de Seiryuu que envolvía a Suzuno y contra la cual impactó, recibiendo una tremenda descarga eléctrica que le repelió con facilidad. Tokaki detuvo el cuerpo de su amigo antes de que cayera al suelo.
- ¿Estás bien, Tatara? -preguntó Tokaki preocupado.
- Sí... -afirmó el aludido, aunque un poco aturdido- Maldita sea...¿qué es eso?
- Una barrera de Seiryuu -anunció una voz conocida- cualquiera ajeno al diós dragón será expulsado de ella.
Tokaki reaccionó en unas milésimas de segundo.
- ¡Cuidado! -alertó, levantando su anillas.
Con un solo y hábil gesto, partió en dos un monstruo con aspecto reptiliano que venía hacia ellos. Tatara se incorporó con facilidad, agudizando la mirada.
- Es él... -dijo muy seguro, mordiéndose el labio inferior.
Dicho esto, ante ellos se mostró la figura de Miboshi, con el ya conocido aspecto de niña de unos cinco años. Una sonrisa cruel cruzó sus labios.
- ¿Creíais que iba a ser tan fácil rescatar a la sacerdotisa de Byakko? -preguntó con cierto aire de superioridad- Ni siquiera habéis reunido a todos los guerreros de Byakko...
- Una barrera de Seiryuu... -dijo Tatara sorprendido, mirando hacia la construcción de cristal que se erguía en el centro de la sala.
Al oír aquellas palabras, Suboshi decidió cual sería su siguiente movimiento. Sin pensárselo un instante, dió unos pasos al frente al frente e invocó su poder de estrella, juntando las manos en un complicado sello y provocando que el signo azul de su ombro izquierdo se encendiera.
- Si es una barrera de Seiryuu... -dijo mientras una fuerte aura azul le dominaba- Solamente un Seiryuu podrá atravesarla...
Dicho esto, agudizó la mirada, provocando que el aura azul eléctrico se proyectara a través de sus manos. Sin que ni siquiera el más rápido pudiera seguir aquel hilo de poder con la mirada, la mágia se transmitió con velocidad a través del suelo, el aire y también el sonido. Ni tan sólo Miboshi pudo evitar que el aura de Suboshi rodeara el cristal en el que estaba atrapada Suzuno, resquebrajándolo poco a poco. Miboshi montó en cólera ante tal peligro para su misión, por lo que clavó sus ojos malditos en Suboshi.
- No romperás el sello de cristal -advirtió- Por mucho que tu poder haya aumentado, no te permitiré que hagas fracasar nuestro plan.
A una rapidez vertiginosa, decenas de demonios cayeron sobre el jóven Seiryuu. Aún así, Suboshi estaba decidido a romper la trampa de cristal que retenía a Suzuno Ôsugi, por lo que siguió manteniendo constante su energía de aura, sintiendo aún a aquella distáncia que el cristal se resquebrajaba lentamente por la acción de su telequinesis.
Un poco más y la sacerdotisa de Byakko sería libre.
- ¡Suboshi! -gritó la voz desesperada de Amiboshi.
El aludido rompió el contacto visual con su objetivo y giró velozmente la cabeza, para ver la enorme cantidad de demonios que se lanzaban sobre él. Por suerte, alguien reaccionó a tiempo de evitar una desgrácia. Hikitsu entornó los ojos y convocó mediante un sello su poder del elemento acuático. Decenas de serpientes glaciales surgieron de la nada y atacaron a los demonios, eliminándolos sin esfuerzo alguno. Miboshi maldijo que aquellos entrometidos hubieran encontrado a los Genbu y a los Byakko mientras miraba aquellos ojos grises fríos como el hielo.
- Tomo -susurró, mirando hacia atrás.
Ante aquella llamada, el chico de largos cabellos negros surgió de la nada tras del Seiryuu, sonriendo maliciosamente.
- ¿Necesitas de mi ayuda, Miboshi? -preguntó.
- No seas estúpido -aludió el Seiryuu molesto- Solamente creo que será más divertido que los trates tú. Yo los mataría demasiado rápido...
- Entendido -sonrió Tomo complacido.
Desapareció en milésimas de segundo, para reaparecer súbitamente frente al grupo de los Suzaku y compañía. Al ver aquellos ojos negros teñidos de maldad, Uruki recordó claramente la ilusión en la que había sido atrapado hacía semanas. De un modo impulsivo, se interpuso entre Takiko y el ángulo de visión de Tomo. Su poder se desencadenó casi en un acto reflejo, produciendo el ya habitual cambio en su anatomía. Estaba claro que no permitiría que alguien volviera a poner un solo dedo sobre Takiko. Una sonrisa divertida cruzó el rostro de Tomo.
- El domador del viento... -dijo como si lo tubiera todo calculado- Para tí, una prisión pequeña sin aire alguno...donde te asfixies lentamente...
Dicho esto, algo extremadamente fuerte golpeó a Uruki, dejándole en un shock que sacudió todo su cuerpo. Takiko notó la tensión en su compañero, además de que quedó totalmente horrorizada al ver que caía de rodillas al suelo, con los vacíos ojos grises perdidos en la inmensidad de la nada.
- ¡Uruki...! -exclamó Takiko, sacudiendo los ombros de la estrella.
- No te oirá -dijo Tomo complacido, con los brazos cruzados- Está sumido en su própia ilusión. Se encuentra encerrador en un lugar pequeño y oscuro...donde alguien como él no tardará en asfixiarse...
Los ojos totalmente negros del Seiryuu se posaron en las personas tras de sí.
- Para el maestro del fuego... -dijo, señalando a Tasuki- Un infierno de hielo que no termina nunca... Para el que posee la fuerza, unas cadenas que nunca se rompen...
Dichas estas palabras, Tasuki y Nuriko quedaron súbitamente en el mismo estado catatónico en el que estaba Uruki, atrapados en ilusiones que no eran si no terribles pesadillas.
- ¡Tasuki, Nuriko! -gritó Miaka aterrorizada, corriendo hacia ellos.
- Es inútil... -dijo Tomo sonriendo con crueldad- Tengo una ilusión ideal para cada uno de vosotros...una pequeña obra de arte personal. No importa lo que hagáis: todos caeréis en ella.
Sin una sola palabra de más, levantó una mano en la cual llevaba una concha argentada.
Un grito desgarrador manó de la garganta de las estrellas enemigas a Seiryuu, cuando una terrible ilusión posesionó cada uno de sus corazones, arrastrándoles a los brazos de una oscura subconsciéncia.
Solamente un joven Seiryuu reaccionó para salvarse de aquella ilusión. Un chico de cabellos pardos con reflejos verdes y ojos grises, que se llevó el dedo pulgar a los labios y cerró con fuerza los dientes alrededor de su piel, dejando que la sangre manara de su herida.
El dolor.
El único modo de no caer en las garras de Tomo.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Un calor abrasador empezaba a hacerse patente en aquel desierto, con más fuerza de lo que habían notado hasta entonces. Los rayos del sol caían en vertical y ni siquiera existía una sombra que pudiera servir de cobijo de aquella machacante temperatura. Subaru se dió la vuelta de nuevo, clavando sus ojos castaños en la entrada de la cueva por la que habían desaparecido sus compañeros.
"¿Por qué tengo un mal presentimiento?" se lamentó mentalmente.
Deslizó la mirada rapidamente hacia la roca en la que estaba sentado Chiriko, de espaldas a ella. Había permanecido totalmente quieto desde hacía más de una hora, sin hablar ni decir nada. Únicamente seguía con la barbilla apoyada en una mano y sus ojos verdes entrecerrados, posados en un gesto mezcla de aburrimiento e inquietud en el punto por el que marcharan sus compañeros Suzaku. Solamente salió de su ensimismamiento cuando notó la suave y reconfortante mano de Subaru en su ombro, seguida de su leve sonrisa.
- ¿Sigues enfadado porqué se han ido sin tí? -preguntó la chica cariñosamente.
Chiriko no dijo nada, solamente agudizó sus ojos verdes y hundió más la cabeza entre sus brazos.
- No es eso... -susurró- Pero...siempre siento...que todos estan pendientes de mí...que no soy útil al grupo... Ser inteligente no sirve para ser una estrella de Suzaku...
La chica le miró sorprendida. Jamás hubiera imaginado que aquel muchacho sintiera una emoción tan compleja. De repente, una fuerte sensación la golpeó. Algo que le hizo erguir la cabeza y clavar sus ojos en las sombras de aquella cueva. Estaba segura de lo que había sentido.
Tokaki, Tatara y seguramente todos los demás estaban en peligro.
Clavó sus ojos castaños en Chiriko, mordiéndose el labio inferior y a la vez fingiendo una sonrisa.
- Si de verdad quieres ayudarles, luchar como ellos... -susurró- Hay...una manera...
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Abrió los ojos lentamente, encontrándose en un mar de sensaciones que creía enterradas desde hacía mucho tiempo. Sacudió la cabeza, enfurecido porqué su método para librarse de la ilusión no estaba funcionando tan bien como esperaba.
A su alrededor se replicaban y repetían insaciablemente imágenes de su vida pasada, borrosas, cada cual más cruel que la anterior... Su hermano Amiboshi tendido en el suelo, malherido, sangrando, tratando desesperadamente de ponerse en pie... Los cuerpos mutilados de su padre y su madre, muertos en el acto por una mano llena de poder a la cual jamás hubieran podido vencer... Él mismo, arrodillado enmedio de aquella masacre, encadenado a la espalda, llorando desconsoladamente y con todo su cuerpo infantil cubierto de sangre... Una mueca de absoluto terror en su rostro. El reflejo de un dolor que le había torturado toda su infáncia.
Maldita sea, se estaba dejando atrapar por la ilusión.
Con decisión, se llevó de nuevo el pulgar derecho a la boca, mordiendo con fuerza la herida ya abierta. Sintió el sabor metálico de la sangre en su paladar. Era un dolor insoportable, pero...
Poco a poco aquellas imágenes se fueron borrando, dejando una suave y pálida bruma blanca en el ambiente. Miró alrededor, confuso. Veía algunas sombras esparcidas aquí y allá, sumergidas en aquellos abismos de niebla plateada. Todos debían haber caído presas de la ilusión.
Suspiró con pesadez y se llevó la mano a la cintura, aferrando las "estrellas fugaces". Había gastado gran parte de su energía psíquica al tratar de romper la prisión de la sacerdotisa de Byakko. Debería utilizar de nuevo aquellas armas a partir de entonces. Empezó a avanzar en la inmensidad blanca, topando de vez en cuando con alguno de sus compañeros, todos con una vacía expresión en el rostro. Los hubiera despertado, pero era imposible.
Tenía la sensación que una vez en los brazos del espejismo, no podrían salir a menos que derrotaran a Tomo...o que cada cual venciera su particular tortura psicológica de manos del Seiryuu.
Su objetivo estaba claro: ya otra vez tuvo que elegir y decidió lo mismo.
Era primordial rescatar a Yui. Alejar a Tomo de ella a como diera lugar.
- Je, muy buena estratégia, Suboshi -dijo una voz espeluznante tras él- Pero no pienso dejar que me derrotes por segunda vez...
Suboshi giró sobre sí mismo, manteniendo altas las estrellas fugaces. Sus ojos se posaron en una sombra que se acercaba hacia él a través de la confusión neblinosa.
- Has utilizado el dolor para no caer en mi ilusión... -susurró- Realmente tú y tu hermano os parecéis sorprendentemente... Él también utilizó eso contra mí una vez.
- ¿Qué les has hecho? -inquirió el chico, desafiante, ignorando sus palabras- Estas ilusiones no son las normales que sueles utilizar...
- Lo sé -admitió Tomo sonriendo de un modo cruel- Es una nueva técnica que he adquirido. La ilusión en cuestión busca aquello que pueda resultar más doloroso para la víctima... Quién sabe... Torturas, sensaciones, recuerdos... -le miró con una sonrisa torcida- Como el precioso momento que has visto antes en tu mente... Sinceramente adorable... -dijo sádicamente.
- ¡Maldito! -gritó Suboshi alzando rápidamente las estrellas fugaces.
Con una agilidad nata, se lanzó sobre su enemigo, atacándole con sus armas naturales, las cuales no habían probado la sangre enemiga en mucho tiempo. Sin embargo, su enemigo Seiryuu esquivó sin problemas su ataque, saltando de espaldas para alejarse de la trayectória.
- Antes has utilizado demasiado intensamente tu aura... -dijo- Para romper el sello de cristal que ha puesto Hokai se necesita mucho poder...
Sólo entonces el joven guerrero de Seiryuu se preocupó por aquel detalle.
- Hokai... ¿está aquí? -preguntó en alerta.
- En efecto -sonrió Tomo con mucha seguridad- Preparado para robar el último shinjazo cuando, de un modo u otro, Suzuno Ôsugi despierte de su sueño o alguna de sus estrellas confiese el escondite de tal objeto...
La verdad cayó como un plomo sobre la joven estrella de Seiryuu.
- Es todo una trampa... -susurró- Nos matará a todos una vez obtenga el shinjazo de Byakko...
- Muy agudo, Suboshi -dijo Tomo sonriendo maliciosamente- Escogísteis el bando equivocado: nunca me cansaré de repetirlo.
Dicho esto, clavó sus ojos negros en el muchacho, el cual sintió de inmediato un fuerte dolor golpear su cuerpo por completo. Ahogó un quejido mientras sentía que un poco de sangre salía de su boca. Tocó con una rodilla al suelo, totalmente confuso a causa de la desconocida procedéncia del ataque.
- No puede ser... -susurró quejumbrosamente- No puedes atraparme en una ilusión...la herida duele demasiado... -añadió, entornando el ojo izquierdo.
- Tu problema es subestimar a tus adversarios, Suboshi -dijo Tomo sonriendo- Mi poder no se limita a dominar las ilusiones... Mis poderes van mucho más allá. Mi nueva vida ha dado para mucho. He desarrollado poderes que no poseía en la anterior... -pronunció la expresión de soberbia- Será divertido provarlos contigo...
Una nueva sacudida eléctrica zarandeo el cuerpo del desprevenido joven, el cual se vió catapultado hacia atrás, impactando en el suelo y sintiendo como cedía una de sus costillas. Maldijo su suerte, maldijo todo lo relacionado con Seiryuu...
"¿Cómo es posible...que solamente yo me haya librado de la ilusión...? Esto debería ser un juego de niños para alguien como Nakago o aún Tamahome y Uruki..."
Esa vez sintió el poder planear en el aire, acercándose a él de un modo inexorable. Haciendo uso de sus últimas fuerzas, ejecutó un salto de espaldas que le ayudó a esquivar el impacto, el cual se estrelló contra el suelo. Respirando entrecortadamente a causa del dolor que padecía su cuerpo, consiguió ponerse en pie, mirando fijamente a Tomo.
- Debo admitir que tienes agallas, Suboshi... -dijo este, mirándole con seriedad- Pero en la guerra sólo sobreviven los fuertes...los que lo logran derrotando a los débiles... Yo aprendí eso hace mucho tiempo... Ya va siendo hora de que tú...¡lo tengas en cuenta!
Una nueva oleada se transmitió a través de la tierra y atrapó sin remedio a Suboshi, el cual soltó un grito desgarrador de dolor. Cayó de rodillas al suelo, temblando incontrolablemente. El dolor que recorría su cuerpo era lo más insoportable que había sentido nunca. Respirando entre jadeos, levantó la vista, mirando al que iba a convertirse en su verdugo.
- Se acabó, Suboshi -dijo únicamente Tomo, dispuesto a rematarlo.
El joven Seiryuu no pudo hacer nada, únicamente agachar la mirada para no ver su desastroso final.
"Yui... Parece ser que al final...moriré antes de que puedas corresponderme..." Las lágrimas se aglomeraron en sus ojos "Lo siento..."
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Pero el esperado golpe nunca llegó. En su lugar, Suboshi captó un movimiento fugaz frente a sí. Después, el sonido seco que salió de los labios de Tomo y, acto seguido, el impacto de este contra el suelo, al quedar aturdido por algo o alguien.
Sorprendido por el nuevo giro de la situación, Suboshi levantó la mirada, encontrando una segunda silueta frente a sí, un poco borrosa a sus ojos, en parte por la niebla blanca en parte por el própio sudor que resbalaba por sus ojos. El desconocido dió un paso al frente, con una expresión de lo más decidida en su rostro.
Era un chico de unos diecisiete años. Sus cabellos eran de un castaño claro y los llevaba recogidos en una cinta, de modo que unos mechones marrones casi cubrían sus ojos. Su rostro era una mezcla curiosa e irregular de inocéncia y decisión, la cual se reflejaba a través de unos nítidos ojos verdes. El chico avanzó y le tendió una mano.
- ¿Estás bien, Suboshi? -preguntó.
El chico no dijo nada, pero aceptó la mano del desconocido y se incorporó con su apoyo. Seguía totalmente confuso por la repentina aparición de aquel recién llegado.
- Tranquilo -dijo el otro con seriedad- Las ilusiones se romperán pronto. Tomo ha perdido gran parte de su aura y sus poderes se estan deteriorando por ello.
- ¿Quién eres? -preguntó Suboshi con una enorme interrogante.
El aludido iba a responder, pero entonces notó un movimiento sospechoso tras de sí. Ni más ni menos que Tomo se había recuperado ya, lanzándose sobre aquel que le había "vencido". El chico apenas necesitó mirar atrás para recostar las manos en el suelo e impactar uno de sus pies en el rostro del enemigo Seiryuu, el cual fue despedido hacia la confusión blanca, sangrando copiosamente por la boca. Suboshi se quedó absolutamente de piedra.
"Ese movimiento... me recuerda mucho a Tamahome..."
Tomo escupió un poco de líquido vital, aunque se recuperó tarde como para evitar el impacto frontal del puño del chico castaño en pleno estómago, con una inércia increíble.
"Pega igual que Nuriko..." se sorprendió Suboshi mentalmente.
- ¿Suboshi...? -inquirió una cercana voz aguda.
El aludido se dió al vuelta para encontrarse con los ojos verdes de Yui, la cual le miraba con preocupación. La sonrisa de alivio del joven Seiryuu no se hizo esperar.
- Yui... estás bien... -susurró complacido.
- Sí, todos nos hemos despertado de la ilusión -dijo la chica, haciendo un gesto hacia atrás, donde estaban los demás, recuperándose del aturdimiento. Se acercó al chico y le cogió por un brazo, buscando quizás una protección instintiva- ¿Quién es ese?
Por supuesto, la rúbia se refería al desconocido que le estaba propinando a Tomo la paliza de su vida. El chico en cuestión culminó su série de golpes con un golpe en la nuca muy parecido al que hubiera utilizado Uruki. Después inspiró profundamente, habiendo dejado al Seiryuu totalmente hecho polvo. Giró la mirada y se dirigió hacia los Suzaku y compañía con total confianza.
- Creo que no volverá a levantarse en bastante rato -dijo con gran madurez.
- ¿Y tú quién eres? -inquirió Miaka confundida, sobándose la cabeza.
El chico la miró levemente y después sonrió con calidez, una sonrisa que les recordó mucho a cierta persona. Con un gesto revelador, levantó la tela del pantalón para mostrarles el signo rojo que brillaba en su pie derecho.
La boca de todos se abrió por la sorpresa, mientras el chico seguía sonriendo pícaramente.
- ¡¿Chiriko?! -exclamaron Tasuki y Nuriko a la vez.
- Je, creía que ya no íbais a reconocerme... -dijo el aludido sacando levemente la lengua en un gesto infantil.
- Pero...¿c-ó-m-o...? -empezaron todos, dejando que reinara la confusión.
- Fuí yo -se excusó Subaru, apareciendo detrás de ellos y sonriendo levemente- Avancé su tiempo unos cinco años. Era su deseo: no quería que le dejárais atrás en el campo de batalla.
- Chiriko, eres fantástico... -susurró Miaka "Y muy guapo n.n".
- Solamente un asunto -dijo de repente Tasuki- ¿Cómo has aprendido a luchar así?
- Fácil -dijo Chiriko sonriendo- He estado observando vuestros estilos de combate. Conozco todas vuestras técnicas de lucha cuerpo a cuerpo. Solamente tenía que copiarlas, por así decirlo.
- Por una vez, agradezco que seas un sabelotodo, Chiriko -dijo el pelirrojo sonriendo maliciosamente- Nos has salvado la vida.
- ¡Tatara! -gritó de repente una voz conocida.
Todos se dieron la vuelta con brusquedad, para descubrir que quién gritaba de aquel modo era Tokaki. El Byakko estaba arrodillado en el suelo, sosteniendo entre sus brazos a Tatara, el cual parecía seguir totalmente insconsciente. En su rostro se reflejaba una expresión vacía, a pesar de tener los ojos cerrados.
- ¡Tatara, maldita sea, despierta! -exclamó el chico de claros cabellos violetas- ¡¿Por qué no sales de la ilusión?!
Subaru ahogó un sonido vacío y corrió hacia su pareja, arrodillándose al lado de su compañero. Juntó dos dedos y cerró los ojos, susurrando unas palabras quizás sólo comprensibles para ella. Al cabo de unos instantes, abrió los ojos, con una expresión de absoluto desconcierto y preocupación.
- ¡¿Qué?! -gritó Tokaki desesperado- ¡¿Qué le pasa a Tatara?!
- Su aura está intacta, físicamente está perfectamente... -susurró Subaru- Pero mis poderes no pueden despertarle...
- ¡¿Pero por qué...?! -empezó Tokaki cada vez más alarmado.
La chica de cabellos blanquecinos entornó levemente los ojos, con un gesto de dolor absoluto.
- La única razón que se me ocurre... es que no quiera despertarse de su ilusión...
Los ojos pardos de la Byakko se posaron en la construcción de cristal en la cual permanecía dormida Suzuno, en un profundo sueño desconocido para ellos.
- Quizás siente...que debe traer de vuelta a Suzuno...
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
"Sus párpados temblaron y terminaron por dejar ver los ojos violácios que dormían debajo. Despertó en un lugar muy distinto en el cual había quedado sumido en el sueño. Para su sorpresa, comprobó que ya estaba de pie. Miró alrededor, confuso, con los ojos desacostumbrados a la luz. Era un bosque precioso, exuberante, verde y lleno de vida y abundáncia. No era algo muy habitual en Sairo, aunque en el fondo de su subconsciente empezaba a recordar aquella visión...
Andó un poco por aquel lugar, dejando que sus pies calzados en botas pisaran la hierba verde y húmeda a su paso. En su mente empezaba a formarse un idea de dónde estaba realmente.
"Este es el bosque...en el que nos conocimos..."
Se detuvo al llegar a un claro, sintiendo un gran peso en el corazón. Cerró los ojos por unos instantes.
"Suzuno...¿por qué has escogido este lugar...?"
Frente a sí se abría un gran prado lleno de flores blancas, amarillas, violetas, rojas...todos los colores imaginables. Un riachuelo fluía muy cerca, llenándolo todo de un maravilloso susurro de agua fluida.
En el centro del círculo había una chica. Sus cabellos eran de un color rúbio cenizo muy claro. Los llevaba peinados en dos trenzas muy largas, las cuales se mecían suavemente con la brisa. Vestía un traje estraño, con una falda azul apagado y un lazo rojo en la camisa del mismo tono azulado. La chica recogía algo que había caído a su lado. Sus manos blancas y suaves cogieron unas gafas con uno de los cristales rotos.
Para Tatara fue como regresar al pasado, a aquel curioso día de hacía casi cien años, en el cual encontró a la diosa de su vida...
- Suzuno... -la llamó suavemente.
Aquella voz hizo estremecer a la chica. Lentamente, ella giró la cabeza, mostrando unos suaves, grandes y brillantes ojos grises.
El silencio reinó por unos insoportables instantes, pero después una suave sonrisa se dibujó en el inocente rostro de la chica.
- He venido a buscarte, Suzuno...
Sin embargo, la chica no se movió, únicamente sonrió levemente y agachó la cabeza, para mostrarle a Tatara algo que permanecía sobre su regazo.
Durmiendo dulcemente en su falda, había un bebé de casi un año aproximadamente. Una dulce sonrisa bañaba su rostro, cubierto por unos mechones de cabellos verdeazulado. Tatara se quedó de piedra al recordar a quién se parecía aquella criatura. Suzuno sonrió dulcemente.
- Vámonos, Tatara... -susurró con una voz de lo más aguda- Esta es la última luz de Suzaku... Devolvámosla a donde pertenece...
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Weno, ahora voy a esconderme en el hoyo más profundo que encuentre para que Akane no dé conmigo y me mate por lo que le ha pasao a Suboshi...n.n.
Te lo juro que el chico tendrá su momentazo, ya lo verás.
Pues eso, no se me ocurre más. Sólo que tengo unas ganas locas de hacer que Tamahome tenga su protagonismo (algún día será xD).
Weno, grácias a todas y todos y hasta muy pronto.
Besos.
Haruka-chan
