Capítulo II: La Llegada del Mago.

La mañana estaba espléndida, y el día en general se veía prometedor; ya no por el clima, si no por la fecha, y lo que sucedería esa noche.

Era 22 de septiembre, el día en que Bilbo cumplía 111 años, y en el que Frodo cumplía su mayoría de edad; pero eso era justamente lo que a los pobladores de La Comarca menos les importaba; la fiesta que se realizaría por el cumpleaños de ambos era lo realmente esperado e importante.

Bueno, no hay que exagerar; había una minoría que realmente apreciaba a este par de Bolsones, como por ejemplo, Merry, Pippin, y la sarta de familiares Tuk y Brandigamo, el leal Sam Gamyi y su familia, y alguna otra gente que no viene en cuenta para la historia.

Pero a fin de cuentas, Bilbo y Frodo eran felices con o sin gente interesada.

Muy temprano en la mañana, a eso de las 10, Bilbo y Frodo estaban desayunando muy alegres; previamente se habían saludado y abrazado muy afectivamente, y no había porque no hacerlo, si ambos pasaban a una etapa difícil y a la vez placentera de la vida.

Luego de desayunar con su queridísimo tío, Frodo salió a pasear con el pretexto de verificar que tal iban los asuntos de la fiesta; se sentó en el mismo lugar en el cual estaba el día antepasado (donde Pippin y Merry gritaron y asustaron a toda La Comarca menos a él), y se puso a leer el mismo librotote que leía anteriormente, obviamente con el afán de terminar el último capítulo de esa genial historia.

Luego de media hora, Frodo reflexionaba el fin de su libro; eso siempre lo hacía, ya que no había motivos para leer un libro si no movía tu vida.

Bueno, en la práctica, Frodo siempre leyó, leyó, y leyó un montón de libros, amaba leer y pensar en esos mundos imaginarios que aparecían en cada hoja, su estadía en la Comarca se limitaba expresamente a muy pocas cosas, entre ellas cantar, escribir, y la influencia de todo eso, leer.

Entre todos esos tempranos pensamientos acerca de su libro, uno no tan nuevo resurgió en su mente.

¿Quién era aquella mujercita del Bosque?

Había pensado hablar de eso con Bilbo, pero luego se arrepintió, no valía la pena molestar a su tío con bobadas, él ya tenía mucho en lo cual pensar.

La duda le seguía carcomiendo, y sobretodo, la curiosidad; entretanto, miraba de reojo al lejano bosquecito que se erguía tras uno de los últimos maizales, quizás no sería tan malo ir a echar una mirada, quería cerciorarse de que en realidad había una niña elfa.

Pero..¿en que estaba pensando?

-Vamos, Frodo-pensó molesto el chico-. ¿Cómo aquella niña va a ir todos los días a ese bosque? Quizás venía con sus padres sólo de pasada, o sea, ya abandonó tu querida Comarca..¿entonces, que vas a ir a hacer? Nada, por supuesto-bufó en voz alta-. Nada..

En eso, escuchó una voz.

Frodo automáticamente, se levantó.

¿Podría ser que..?

No, descartó de inmediato la idea de que fuera la niña.., la voz que escuchaba era algo cascada y profunda, y al parecer, se le hacía bastante conocida…

El camino sigue y sigue

Desde la puerta.

El camino ha ido muy lejos,

Y si es posible he de seguirlooooo..

Frodo no pudo evitar esbozar una sonrisa.

Y sin pensarlo más, corrió desde su árbol, hasta una pequeña elevación que bordeaba el caminillo central.

(…) En el hogar el fuego es rojooo..

Y bajo el techo hay una cama…

La la la la la..

Frodo pudo observar con felicidad que el dueño de aquella voz no era nada más ni nada menos que su gran amigo Gandalf, quien iba en un su carreta de siempre, llena de fuegos artificiales (una de sus especialidades), con el sombrero largo y puntiagudo tapándole los ojos, y por supuesto, con un sentido de la puntualidad que dejaba bastante que desear.

-Llegas tarde- le espetó Frodo con una graaaaaaaaaaan sonrisa dibujada, todavía.

El Mago paró la carreta, y lo miró penetrantemente.

-Un mago jamás llega tarde, Frodo Bolsón-le dijo éste-. Y tampoco llega temprano; llega justo a la hora que más se le antoje.

Frodo dejó de sonreír.

Ambos se miraron durante un buen rato, hasta que no aguantaron mas la risa, y tiernamente, el joven hobbit saltó a los brazos de Gandalf.

-¡oh, Gandalf!-exclamó Frodo-. Que bien que estés ya aquí! Te extrañaba¿sabías?

Gandalf le sonrió y luego dijo:

-Bueno, no pensaba perderme tu cumpleaños y el de Bilbo, ohh¡no señor!

-jajajaja-rió Frodo, y luego agregó-. Bueno, verás, la fiesta va a ser prácticamente espectacular¡Bilbo ha invitado a media Comarca!

-ya me imagino como debe estar el viejo Bilbo-dijo el mago.

-pues, ahí está, escribiendo, como siempre desde que lo recuerdo-explicó el hobbit-. Mm..y me parece que algo se trae entre manos..¿qué sabes tú, Gandalf?

-¿yo? Jaja¡nada!-exclamó el viejo-. Bilbo tiene aún muchas cosas que contarme..

-¡pareciera que ya lo supieras todo!-dijo suspicazmente Frodo.

Gandalf rió misteriosamente, y luego siguieron conversando de otros temas que a Frodo le interesaban, puesto a que era muy curioso.

Cuando casi llegaban a Bolsón Cerrado, Frodo recordó aquello que más curiosidad le producía.

-¿Gandalf?-preguntó Frodo, ya más serio-. Sabes que tengo una duda asaltando mi cabeza..

-pues dime, querido Frodo-dijo gentilmente el mago.

-es que..anteayer, vi algo en el bosque..bueno, en realidad..alguien..-explicó el chico algo confuso.

-ahh, bueno..-empezó Gandalf-. Los Bosques siempre han sido..mm..mágicos, por decirlo así…es natural que veas algo que te deje confundido..

-es que..creo que era una elfa..-sentenció Frodo.

-¿una Elfa?- le miró extrañado el viejo-. Oh, vaya..elfos no hay por estos lares..quizás no fue eso, mi querido hobbit; la vista nos engaña a menudo, puesto que siempre nos tiende pequeños trucos, y le hace creer a nuestra conciencia verdades que distan mucho de serlo.

-entonces…¿Quién era?-preguntó Frodo aún mas confundido.

-luego lo sabrás! No debes ser impaciente..-esa fue la última respuesta que Gandalf le dio, ya que habían llegado a la puerta de la casa de Bilbo.

Ambos bajaron de la carreta, y Frodo tras una alegre, pero extrañada despedida, bajó por Bolsón de Tirada a buscar a su amigo Sam.

Trató de olvidar lo recién dicho por Gandalf durante un momento, no quería pasarse todo el día de su cumpleaños vagando mentalmente por ese bosque, buscando respuestas.