Capítulo III: ¿Mera Coincidencia?

En realidad, casi toda La Comarca estaba allí.

Era increíble como ese gran sitio se veía tan empequeñecido de repente, sólo una enorme masa de hobbits podían convertir lo vasto en algo minúsculo, especialmente, una masa de hobbits felices y hambrientos.

Frodo estaba sorprendido; la fiesta de veras empezaría bien.

Había mucha luz, mucha música, muchos fuegos artificiales, y muchísima comida. Estaban dispuestas muchas mesas en el lugar para cada familia; cada una con deliciosos manjares que por supuesto, rápidamente desaparecían, y muy velozmente, eran remplazados por un banquete mejor que el anterior.

Las mesas más atiborradas eran las de los Tuk y los Brandigamo, las cuales eran familias espeluznantemente grandes. Frodo echó una mirada a esos sectores, no veía ni a Pippin ni a Merry.

- vaya hobbits -pensó el muchacho-. Ya deben andar por ahí haciendo travesuras.., mejor ni me lo imagino.

Pasaron unas horas, y la fiesta estaba ya en su clímax.

La pirotecnia de Gandalf abundaba en majestuosidad y creatividad; volaban por ahí mariposas de fuegos de colores, estrellitas luminosas, rayos y centellas surcaban el cielo nocturno..en fin, todo era genial.

Ya la mayoría de los hobbits devoraban su cuarta comida, y el resto, bailaba alegremente al son de las melodías comarqueñas, alegres y pegajosas.

Bilbo comía, saludaba y era saludado afectuosamente por todos los invitados, comía, paseaba, comía, hablaba con Gandalf, comía, no bailaba porque personalmente no le gustaba, hasta que se sentó a relatar sus historias y aventuras a los pequeñines hobbits que ya no soportaban el aburrimiento, y que de todas maneras, escuchar al abuelo Bilbo era una opción decente.

Frodo, entretanto, fue a refrescarse con una cerveza luego de bailar durante una hora, y se encontró con Sam, el cual, aparte de haberse bebido casi toda la cerveza de esa mesa, miraba fijamente a una de las tantas damitas que se regocijaban bailando.

Frodo no necesitó mirar hacia la misma dirección para darse cuenta de todo.

-¡hey, Sam!-exclamó Frodo-. ¿no quieres ir a bailar?

- n..no, sr. Frodo-dijo Sam avergonzado-. Descuide..

-¿Cómo que no?-dijo Frodo-. ¡¿acaso no quieres bailar con Rosita?!

Sam palideció.

-yo..yo..¿con Rosita?-titubeó el hobbit algo acalorado-. No, no lo creo sr. Frodo..

Pero antes de que Sam dijera algo más, Frodo lo agarró y lo lanzó hacia la pista de baile, donde casualmente cayó en brazos de Rosita, la cual lo hizo girar como un trompo en el acto.

Frodo rió un buen rato ante el espectáculo que daba Sam, el pobre bailaba torpemente, aunque él sabía que lo haría mucho mejor si no fuera por su excesiva timidez y todos los litros de cerveza que llevaba encima.

Luego de eso, tomó un poco más de cerveza, descansó un momento más, y justo cuando se preparaba para un nuevo baile, su mirada tropezó con algo. O mejor dicho, con alguien.

El joven hobbit se quedó como estatua, mirando…

¿Y que miraba?

Pues, como una hobbit bailaba, entre tantas otras..

¿Eso es todo?

Bueno, todos creerán que el joven Frodo se parece mucho a Sam por la escenita anterior, pero no es así.

La jovencita que nuestro protagonista miraba, bailaba con gran alegría, aunque cada movimiento era hecho con dulzura y suavidad; parecía ajena a todo lo que había alrededor, danzaba inmersa en un mundo, seguramente extraño y lejano.

Desde el lugar donde estaba Frodo, no se veían muy claramente sus rasgos faciales, pero sí su silueta algo delgada para el común de los hobbits, su largo cabello castaño reluciendo bajo los fuegos artificiales, y una gran sonrisa dibujada en su rostro.

Frodo se sintió encantado ante lo que veía, pero eso no evitó que palideciera enormemente.

Se acordó de la niña elfa que tanto recordaba, y las encontró inexplicablemente parecidas; aunque también, muy diferentes.

Porque.. la elfa había demostrado otro tipo de encantos, que esta hobbit seguramente, no poseía, dada su costumbre de bailar con alegría y sencillez. Algo que, jamás vería en una elfa.

Los elfos era melancólicos, suaves y de modos mágicos y corteses, y así era el baile de la encapuchada, además, ella misma cantaba su melodía en élfico, algo que tampoco podría hacer la jovenzuela de la fiesta.

Pero bueno -pensó otra vez-. Vaya que pienso estupideces..obviamente, no son las mismas..

Pero el recuerdo de las palabras de Gandalf, lo llenó de dudas nuevamente.

"..la vista nos engaña a menudo (…) y le hace creer a nuestra conciencia verdades que distan mucho de serlo…"

¿Y si era aquella hobbit?

-vamos, estupidez tras estupidez-se volvió a decir a si mismo-. Uf, no tienes remedio, Frodo..

Bueno, pensara lo que pensara, seguía mirando a la joven. Jamás la había visto, estaba seguro de ello, a pesar de no poder observarla bien. ¿A qué familia pertenecería?

Bueno, luego preguntaría por ahí, a lo mejor era uno de los Bolger, o alguna Tuk..

Mientras la mente de Frodo vagaba en pensamientos y dudas sin sentido, y su mirada se perdía en la pequeña joven, Pippin y Merry ya habían hecho de las suyas otra vez, haciendo explotar los fuegos artificiales de Gandalf sin su permiso; lo que provocó revuelo total en la celebración y una inmediata y suave indignación del mago, quien los atrapó acto seguido de su jugarreta, y los "condenó" a una larga lavada de cacharros sucios.

Todos los invitados habían pasado por un pequeño susto, las travesuras de éste par de hobbits ya tenían fama de grandiosas y algunas veces, escalofriantes.

Los únicos que no se habían molestado en huir del gran dragón de pirotecnia, eran Frodo y la hobbit desconocida.

Frodo estaba sumergido en sus cavilaciones y pequeñas dudas, y la hobbit, seguramente se hallaba en un apasionante mundo donde todo es alegría y danza.

El joven, de pronto,se sintió horriblemente distinto. Algo no iba bien..y creyó darse cuenta de ello.

¿Él, interesado en una chica?

No se lo podía creer, y por esta razón, trató de no mirarla, puesto que quizás el único don que ella poseía era bailar bien, y se imaginó que su carácter era rezongón y simplecito, como el de la mayoría de las hobbits, eso le ayudó quizás un poco, aunque lo mejor de todo, fue la ayuda que su tío Bilbo le brindó sin darse cuenta.

Éste se había parado en un pequeño barril delante de todos los presentes, en una buena postura para comenzar a pronunciar algunas hermosas palabras.

Frodo se alegró de que por fin Bilbo diese su discurso, más bien, de que su tío haya aguardado hasta el momento justo. Volteó el rostro una vez más hacia donde la hobbit había estado bailando, pero no la vio. La música cesó momentáneamente, y ella había desaparecido como un Pippin cualquiera.

-Quizás sí sea una Tuk-pensó el jovencito, buscándola con la mirada; aunque al no encontrarla, perdió la esperanza, y se tranquilizó lentamente, a medida que Bilbo empezaba su discurso.

Toda la concurrencia celebraba las palabras del viejo hobbit, él se había preocupado de expresar todo el cariño que sentía hacia ellos; pero luego dijo algo excesivamente complejo y difícil, que Frodo creyó entender, pero que dejó completamente desconcertados al público restante.

Todo había quedado en silencio, y los hobbits miraban el rostro de Bilbo, el cual extrañamente, estaba pálido, y mirando atentamente a los otros.

El silencio, después de unos segundos, se había vuelto algo tenso, y Frodo no entendía porque.

Bilbo, después de un pequeño suspiro, murmuró algo que parecía una despedida fugaz y sin más que decir, desapareció.

Gandalf y Frodo se levantaron de inmediato al ver que el hobbit prácticamente ya no estaba; y los invitados, demasiado sorprendidos, comenzaron a exaltarse por lo ocurrido. Escabullirse velozmente sin ruido alguno era una cualidad muy especial en los hobbits, pero desaparecer así tal cual era algo..asombroso, y particularmente extraño.

Gandalf se dirigió a Frodo, y le dijo rápidamente que debía apaciguar los ánimos de la concurrencia, y anunciar que la fiesta podía seguir normalmente y sin escándalos. Frodo asintió, y el mago se fue del lugar; seguramente, a buscar a Bilbo.