Capítulo IV: Obligaciones y soledad.
Frodo despertó intranquilo, y sin muchos ánimos.
No entraba mucha luz a través de las delgadas y pálidas cortinas de su habitación, quizás era muy temprano.
Trató de acomodarse una vez más para seguir durmiendo, pero fue en vano. Ya no tenía sueño, pero sí sentía un extraño cansancio.
Después de un rato de enredo de sábanas y un indiscutible desgano, se levantó a mirar por la ventana. Según por lo que se fijó el día estaba nublado y gris.
-Uf, con lo que detesto los días así-murmuró el chico, algo enfurruñado.
Salió de su desordenado cuarto, y se dirigió a la sala de estar.
Miró el gran reloj que se encontraba en uno de los estantes.
-Oh, no..¡son las 3 de la tarde!- exclamó Frodo-. Pe..pero, no puede ser tan tarde..
Revisó el aparato, quizás estaba descompuesto. No, no lo estaba.
Resignado, Frodo se dio la vuelta para dirigirse a la cocina, hasta que se dio cuenta de algo. Miró la sala de estar con más detención.
-Oh..-suspiró.
Era el caos.
Papeles por aquí, platos por acá. Barro en el suelo, la ventana abierta de par en par. Algunos pergaminos vacíos tirados sobre la mesa y un sinfín de migajas de comida esparcidas por todas partes. Frodo creía que desastres así sólo se veían en su propia habitación, pero se equivocó. Suspiró nuevamente, ya sin ningún ánimo.
-Siempre pensé que Bilbo era el hobbit más ordenado y pulcro de La Comarca..-pensó Frodo-.
Cerró los ojos levemente, y un flash cruzó su mente.
Abrió los ojos de par en par.
-Bilbo!-exclamó.
Fue rápidamente hacia la cocina, bastante más ordenada que la sala, pero su tío no estaba allí.
Tocó la puerta del baño, por si estaba ahí, pero estaba muy mal cerrada, y se abrió de inmediato, sin que nadie estuviera ahí.
Recorrió prácticamente todo Bolsón Cerrado en busca de Bilbo, pero no había rastro alguno de él.
O sea, lo sucedido anoche, no había sido un sueño.
Bilbo, en efecto, se había ido. Y para siempre.
Frodo recordó cada detalle de la noche anterior, y una carga invisible se echó sobre sus hombros.
La fiesta.., la alegre hobbit que danzaba.., el discurso de su tío..y la desaparición.
Desde ese momento, todo había sido confuso.
Los asistentes a la celebración no quisieron prolongarla por mucho más. Todos ellos estaban sorprendidos, y asustados.
Era de esperarse, siempre habían opinado que los Bolsones eran extremadamente raros y atípicos. Los viajes de Bilbo, su extraña fortuna y sus misteriosos amigos, habían terminado por catalogar a tío y sobrino de 'hobbits extravagantes'. Algo que al parecer, era muy malo.
Bueno, Frodo no tuvo que hacer mucho.
La concurrencia se fue rápidamente, sin hacer mayores desordenes de los que ya habían producido, y aún con los semblantes extrañados. Al otro día mandaría a limpiar y ordenar todos los rastrojos de la casi exitosa fiesta, puesto a que era muy de madrugada. Cansadísimo, caminó hasta Bolsón Cerrado, y cual fue su sorpresa al encontrar la rejilla del jardín y la puerta principal abiertas. Corrió llamando a Bilbo, temiendo que sus sospechas se volvieran realidad.
Entró, pero sólo vio a Gandalf, quien estaba sentado frente a la chimenea, con la pipa en su boca y rodeado de humo.
Luego de un momento de silencio, el viejo mago le confirmó a Frodo su gran presentimiento. Su tío se había marchado definitivamente de La Comarca, todo con el afán de volver a recorrer los sitios que había visitado 60 años atrás, y de tener un poco de paz y tranquilidad para terminar su libro. Frodo estaba conmocionado, pero Gandalf no le dio tiempo para impresiones.
Le indicó todos los papeleos que Bilbo había dejado, donde se verificaba que Frodo era el único y legal dueño de Bolsón Cerrado y otras pertenencias. Por último, le entregó un sobre.
Gandalf le explicó rápidamente lo que había dentro, y se marchó pretextando que debía investigar muchas cosas de último momento, pero que regresaría tan luego como pudiera.
Tras el portazo que pegó el Mago al irse, Frodo se quedó pensando, en silencio.
¿El Anillo de Bilbo?
Tocó el sobre y sintió la redondez y la fineza del anillo.
Había oído hablar de él, su tío lo había encontrado en la caverna de la horrible criatura Gollum, con quien se topó en su anterior y famosa aventura.
Ahora entendía el truco de Bilbo, él también le había mencionado que tenía el extraño don de hacer desaparecer al portador.
Pero..¿no tendría otras facultades?
Rápidamente, guardó el sobre en un baúl, con cierto recelo, y se fue a dormir.
Y ahí estaba ahora. Solo en Bolsón Cerrado.
Ahora sabía el motivo de su cansancio, pero ya no valía la pena volver a la cama. Ya era muy tarde.
Su mirada se posó en aquel baúl donde se encontraba el anillo.
Sintió curiosidad.., quería saber que tal sería desaparecer por un momento.., pero se tuvo que controlar, aunque con dificultad. Siempre había sido muy curioso e inquisitivo, Y resistirse a algo que precisamente, le producía curiosidad, era horrible.Pero pensó en el gran desastre que tenía en la casa, y se le olvidaron toda clase de tentaciones.
Se bañó y se vistió sin demora, desayunó, y salió de casa para organizar la limpieza post-fiesta.
Luego de una hora, volvió con todo listo; un grupo de hobbits previamente pagados ayudarían con eso.Ya no había que preocuparse de aquello.Pero sí de su propio hogar!
Frodo se dispuso a limpiar rápida y eficazmente la sala de estar, y ¿Por qué no?, su cuarto, que estaba mas o menos igual de caótico.
Ya eran casi las 7, y Frodo había terminado todo lo que había que hacer.
Recordó algo que se le había pasado.
Gandalf le había mencionado que Bilbo había dejado en el sótano, algunos regalos para sus amigos y parientes.Frodo supuso, que como su tío apenas tenía amigos y algunos parientes perdidos, no habrían muchos presentes.Pero se equivocó, y casi le dio un infarto al abrir el sótano.No eran 5 o 10 regalos, si no cerca de 100!!
-este Bilbo..¿de donde habrá sacado tantos amigos y familiares?-dijo Frodo palideciendo-. ¡Jamás me habló de tanta gente!
Cerró el sótano de un portazo, y se sentó a pensar bien en que haría.
Tenía demasiadas preocupaciones por ahora, más de las que desearía.
Llevaba 1 día de cumplir 21 años, y ya todo el mundo se le había venido encima.
Por suerte, sus primos Merry y Pippin llegaron media hora después, y le ayudaron a sobreponerse de su problemática.Se ofrecieron alegremente a ayudar a Frodo en la entrega de presentes, pero con la condición de que los hospedara esa noche.Frodo les agradeció infinitamente su ayuda, y trató de no preguntarse que hacían todavía éstos hobbits en Hobbiton.Travesuras, quizás.
El hobbit estaba muy cansado, pero Merry y Pippin le convencieron para ir a tomarse una cerveza a "El Dragón Verde".
Volvieron muy tarde de la posada, cantando y riendo descontroladamente. Definitivamente, Frodo era muy influenciable.
Al otro día, los hobbits se levantaron muy temprano, a pesar de una leve resaca; tomaron un contundente desayuno, y pusieron manos a la obra.
Mientras Pippin y Merry sacaban todos los presentes del sótano y los trasladaban a la sala de estar, Frodo salió a Bolsón de Tirada a buscar a su amigo Sam Gamyi.
No tardó mucho en volver con Sam, el cual estaba muy dispuesto a ayudar; ya le habían avisado previamente a su familia que habría una entrega de obsequios en Bolsón Cerrado, y que debían estar presentes.El padre de Sam amablemente se ofreció para contactar a varias familias, lo que Frodo agradeció muchísimo.
En una hora, todos los regalos estaban apilados ordenadamente, y Frodo había escrito un gran cartel anunciando el evento.
No tuvieron que esperar mucho; cerca de la 1 de la tarde, Bolsón Cerrado ya estaba rebasando de gente.
Habían presentes para todos, para los Bolger, los Cavada, los Tuk, Brandigamo, Gamyi, etc,etc,etc.
No habían llegado muchos Brandigamo, por lo que Merry tuvo que guardar algunos regalos para llevárselos él mismo; en cambio, todos los Tuk estaban allí, y Pippin estaba muy feliz.
Eran las 5 de la tarde, y todavía había gente, la que, no quedando contenta con un solo presente, intentaba colarse por la casa y sacar algo de valor.
Frodo estaba cansado de tener que estar sacando gente intrusa de la cocina, o de la habitación de Bilbo.
Eran las 8 de la noche, y sólo rondaban algunos hobbits majaderos, pero todo estaba tranquilo.
Frodo no podía creer que todo el esfuerzo que había hecho limpiando la casa, fuera en vano.
Pippin y Merry se marcharían al día siguiente, y junto con Sam, ayudaron a Frodo a poner Bolsón Cerrado en orden otra vez.
Se fijaron en que habían desaparecido muchas cosas, como un candelabro, o las cucharas de plata.
Pero era de esperarse, a los hobbits siempre les había interesado sobremanera la fortuna de los Bolsón, y una cuchara no hacía la diferencia.
Se durmieron entrada la madrugada, pero igualmente se despertaron temprano.
Pippin y Merry se fueron después de almorzar en una carreta cargada de regalos y comida, y Sam se quedó un momento regando el jardín de la casa.
Cuando Frodo estuvo completamente solo, la carga se le alivianó un poco, y una paz inundó la casa, aunque seguía igual de sobrecogedora.
No le agradaba la soledad, pero tendría que acostumbrarse a vivir así; su tío no volvería.
Al anochecer, se sentó junto a la chimenea.
Ahora si que no tenía mucho que hacer, sólo encargarse de las cosas básicas, y vivir de lo que Bilbo le había dejado.Ya no podría correr por La Comarca como antes, ni sentirse libre.Era un adulto, y debía comportarse como tal; aunque, no le agradaba en lo absoluto.No quería ser un viejo gruñón y amargado, si no que todo lo contrario.
- ah, que importa-se dijo Frodo-. No tengo por qué cambiar..¡sólo tengo 21 años!
Ese pensamiento le alegró un poco, pero aún no sabía que haría desde ese momento en adelante.
Muchas cosas estaban ocultas para él, y todavía no era tiempo de que fueran reveladas.
