Capítulo VII: El Silencioso Adiós.
Casi ya habían pasado dos semanas desde la última visita de Gandalf, y Frodo aún no se sentía listo para emprender esa 'aventura', aunque lo que tenía que hacer fuera muy distinto a una.
Ya había hecho todos los preparativos. Había hablado con sus primos Merry y Pippin acerca del asunto, y ellos, como siempre, consintieron en ayudarle en cuanto pudiesen.
Merry, al cabo de una semana, había conseguido comprarle una sencilla casa en la zona de Cricava, donde el podría 'vivir' tranquilamente; y Pippin se había ofrecido para llevar a Frodo y sus pertenencias hasta allá en una carreta. Pero Frodo se negó ante la proposición de Pippin; sus cosas podían ser llevadas en la carreta hasta Cricava, pero él deseaba ir a pie todo el trayecto, dado que estimaba que no volvería a La Comarca en un buen tiempo más, y quería aprovechar de ese momento para disfrutar de las últimas instancias en su tierra natal. En ese caso, Pippin mandaría a su amigo el 'Gordo' Bolger a buscar las pertenencias de Frodo, y al otro día, el mismo Pip acompañaría a su primo Bolsón en el trayecto a Cricava. Frodo aceptó, y Merry quedó de esperarlos en la nueva casa de Frodo, calculando obviamente el tiempo que se demorarían en llegar.
Sam Gamyi, sabiendo también el verdadero plan de Frodo, quiso acompañarlos, pero Frodo se negó, ya que su fiel amigo Sam tenía muchas cosas que hacer en La Comarca, aparte de cuidar a su viejo padre Hamfast, quien estaba muy enfermo.
-bueno -dijo Frodo pícaramente-. También tienes a Rosita…
Sam enrojeció de vergüenza, pero aceptó quedarse en Hobbiton, muy a su pesar, cuidando de Bolsón Cerrado, que ya tenía nuevos dueños, quienes vendrían a instalarse luego de que Frodo se marchara.
Bueno, todo estaba bien. Menos Frodo. Ahora que tenía la oportunidad de marcharse, no quería.
Amaba a La Comarca, y recién ahora se empezaba a dar cuenta de lo difícil que sería abandonarla. También el Anillo lo complicaba; ahora lo llevaba en el bolsillo, y éste lo tentaba el doble que antes, pero lograba resistirse a su uso. Sentía que el Anillo lo llamaba, en susurros, le rogaba maliciosamente que se lo pusiera, pero esto lograba asustar más aún al hobbit, y más se le resistía.
Pero entre tantas preocupaciones, había algo que lo ponía más triste. Tinúviel. Sabía que dejaría de verla, quizás nunca mas lo haría, aunque siempre lo había creído así.
Una tarde, casi terminando el plazo de las dos semanas, Frodo se dirigió al pequeño bosque. Como siempre, se escondió tras el haya amiga, y esperó a que la niña elfa llegara. Cuando sentía que atardecía, y la suave brisa pasaba cálidamente por su rostro, era la señal indudable de que Tinúviel se había apoderado del bosque. Entonces sentía los primeros tonos de su canto, y se volvía a mirarla, mientras bailaba y bailaba, y bandadas de ruiseñores volaban hasta ella, también encantados con su presencia. Pero esta vez, para Frodo, era todo distinto.
Antes sentía que le quedaba mucho tiempo para seguir disfrutando de esa manera los atardeceres, pero ahora, era la última vez. Seguramente, la niña seguiría acudiendo a ese lugar, quizás cuanto tiempo más.., nada cambiaría para ella, siempre bailando sola, según lo que podía pensar. Pero el hobbit estaba muy triste, ahora tenía una obligación mucho mayor que las otras, y debía prácticamente olvidar todo aquello que en La Comarca le hacía feliz. Trató de no pensar demasiado en la angustia que todo eso le provocaba, y grabó en su memoria aquella escena, que guardaría como un tesoro en su corazón.
Empezaba a anochecer, y Frodo sintió que ya era el momento de despedirse. Pesaroso, se levantó de su escondite, y sin querer, pisó una rama. La niña, se volteó asustada, y desde la oscuridad de su capucha, se sintió el miedo que tenía de ser descubierta. Rápidamente, y para aumentar la pena del hobbit, la niña, como espantada, se fue corriendo. Frodo vio como ella se iba, y corrió hasta el centro del claro, donde ella solía bailar.
Entre la hierba, vio que algo crecía. Era una pequeña flor blanca, que recién se abría, y parecía absorber la luz de la naciente Luna. El joven no pudo evitar sonreír, aunque seguía acongojado; y así se marchó…
Para su sorpresa, Gandalf ya lo esperaba en Bolsón Cerrado.
El mago no le hizo ninguna pregunta acerca de donde estaba, y lo saludó amablemente, aunque siempre con prisas.
-bueno, Frodo-empezó Gandalf, sentándose en su butaca-. ¿Cómo van las cosas?
Frodo procedió a explicarle todos los preparativos; y el viejo le sonrió un poco más aliviado.
-y..bueno, ahora tú me dices lo que debo hacer -terminó Frodo.
-sí -asintió Gandalf, y luego prosiguió-. Ya que tienes todo listo, puedes partir lo antes posible a Cricava. No esperes mucho tiempo allí, de hecho, al otro día de que hayas llegado, parte hacia Bree, cruzando en Brandivino hacia el sureste. Bueno, si tienes dudas, pregúntale a tu amigo Merry, ya que él debe conocer mejor que tú esas tierras. Pero lo que menos tenemos ahora, es tiempo.
-pero, Gandalf -dijo Frodo, procesando todo lo que el mago le había dicho-. ¿en Bree que debo hacer?
-yo estaré esperándote-le explicó el viejo-. En la Posada del Poney Pisador, casi a la entrada de la aldea de Bree. Allí le hablas al dueño, que por cierto se llama Cebadilla Mantecona, y él te llevará hasta mí.
-está bien..-dijo Frodo.
-ah-agregó Gandalf- te sugeriría que usaras un pseudónimo mientras estás fuera de La Comarca, sería muy peligroso que andes con tu nombre real, quizás descubran cual es nuestro plan..nunca se sabe como actuará Sauron, ni sus sirvientes. Ponte 'Sotomonte', así sabré que eres tú cuando llegues a Bree.
Terminando esto, y quedando todo claro, Gandalf anunció que se quedaría esa noche, y que mañana muy temprano partiría.
Frodo agradeció la compañía de Gandalf por esa noche, y siguieron hablando de otros temas que quizás a los lectores no les interesen mucho. Pero algo aquejaba a Frodo, y de eso, el mago se dio cuenta de inmediato.
-Frodo-dijo Gandalf-. No te apenes por dejar La Comarca, ambos sabemos que podrás volver, hasta ahora hay esperanzas de ello.
Frodo lo miró, tratando de pareces despreocupado.
-y si hay cosas que no podrás ver nunca más, es porque han sido destinadas a aquello..-terminó el mago.
Frodo no dijo nada, pero sintió que aquello era una especie de indirecta, y que Gandalf sabía más de lo que aparentaba saber.
