Capítulo X: Jinetes, perros y una carreta.

Tararán tararín

Cantaba la hormiga,

Cuaracuac cuaracuic

Decía un pato,

Raaaaaaaaaaaaaaaatatatatata rí

Gritaba un conejo

Y yo entre todos

Reía y reía…

Pippin cada día cantaba cosas más raras y estúpidas, pero lo hacía con el afán de divertir y divertirse, lo que era muy válido.

Frodo estaba algo ido esa mañana, con suerte sonreía al oír la voz de su primo, y Pip no podía evitar preocuparse, lo que hacía que cantara cosas más ridículas aún.

La la la la la..LAAA!

Le le le le le LEEE!

Li li li li li LIII!

Pippin tomó aire e interrumpió su concierto.

-¡vamos, Frodo..¿Por qué tan desanimado? Ven..¡canta conmigo!-le sugirió Pip.

-oh, Pippin, me duele la cabeza-mintió Frodo.

Pippin frunció el ceño.

-no, aquí no estamos para dolores de cabeza-le dijo, y siguió insistiendo- verás que con un par de canciones todo se te pasa.

-mm, no creo que sea buena idea Pip, tú sabes que los caminos son peligrosos y…

-Ayer no dijiste nada cuando cantábamos, y era de noche -dijo Pip- vamos, no seas así; ¡relájate y canta!

Frodo se siguió negando, y Pip siguió insistiendo; hasta que tuvo que aceptar, o si no, el dolor de cabeza de verdad le vendría.

-muy bien, señor cantante-ironizó Frodo-parte tú.

Pippin le hizo una mueca y cantó.

Camino y camino,

Y tengo mucha hambre,

No hay nada ni nadie

En este lugar;

Comida, comida,

Y un lecho caliente

Es lo que me falta,

Y a tantos les sobra…

-vamos, sigue-dijo Pippin.

-es imposible que dejes de pensar en comida¿eh?-rió Frodo, y siguió.

Yo lo que deseo

Es llegar muy luego,

Un baño caliente,

Y ropa decente;

Una mesa puesta,

Hongos y cerveza,

Con eso me basta,

Y lo que sobra

Te lo doy a ti…

-gracias-dijo Pip y siguió.

Quiero hongos,

Quiero un buen pan,

Pollo y arvejas,

Un plato de lentejas,

Cerveza y cerveza,

Pero sé que voy a vomitar,

Si como todo eso…

Pero lo que no quiero

Es engordar,

Me veré muy feo,

Y nadie me querrá..

y…

Frodo lo interrumpió.

-Pippin, para-exclamó temeroso.

-¿qué ocurre?-le dijo éste.

-siento que alguien se acerca por el camino!-gritó Frodo, y luego agregó-ven, ven; ¡escondámonos!

Sin que Pippin pudiera decir nada, Frodo lo agarró de un brazo, y se escondieron debajo de una gran raíz de un roble que estaba al borde del caminito.

-Frodo-le susurró Pip- ¿y si es la Elfa?

-no lo creo-murmuró el otro hobbit-ella iba para otro lado, y además, puedo sentir una energía muy negativa en el aire, es algo peligroso. Quedémonos en silencio..¡shhht!

Pippin le hizo caso, y se dedicaron a escuchar. Como anoche, sentían el trote de un caballo, pero éste era más pesado y bruto.

El caballo se detuvo al lado del roble, y alguien desmontó. Frodo miró a través de una rendija, y lo que vio no le gustó. Veía los pies de un caballo negro, llenos de sudor y suciedad; y también vio los bordes de una capa negra. Miró a Pip, quien estaba asustado, y aguantaron la respiración.

El Jinete se había acercado a la raíz, y hacía un extraño ruido. Como si oliera.

En eso, Frodo sintió el extraño palpitar del Anillo. Éste comenzó a soltar su energía, y el hobbit se sintió tentado de ponérselo. Sin pensarlo, lo sacó de su bolsillo, y el Jinete comenzó a 'oler' con mucha más fuerza, y se agachó más hasta que tenía frente a sí a los hobbits. Ellos no se atrevieron a mover ni un solo dedo, pero al parecer, el jinete no los veía, sólo 'olía' estrepitosamente. El Jinete iba encapuchado, todo de negro, y no se veía su rostro; parecía como si no tuviera.

Mientras, Frodo no podía resistirse más al Anillo, éste lo llamaba con fuerza, y el Jinete parecía darse cuenta de ello, aunque seguía 'oliendo' con insistencia.

Bueno-pensó Frodo-si me lo pongo, el jinete no me verá y podré escapar.

Con esa idea, se dispuso a ponerse el Anillo.

Pero Pippin se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer, y le frenó la mano, mirándolo con una cara de '¡no es tiempo de jueguitos!'.

Frodo cayó en la cuenta de que usar el Anillo no habría estado ni la mitad de bien, y que luego debería explicarle muchas cosas a su primo.

El Jinete seguía olisqueando, y los hobbits aguardaron sin hacer ruido. El tiempo parecía eterno, hasta que por fin, el 'hombre' se paró, montó y se fue. Frodo no cabía en sí de miedo e inseguridad.

Se le pasó por la cabeza la idea de que ese Jinete Negro, algo tenía que ver con el Anillo, y eso le horrorizó más aún.

-¡Frodo!-le gritó Pippin-¿qué era ese anillo?...¿acaso estabas casado y no me lo dijiste?

Frodo lo miró con cara de circunstancia.

-era broma-se excusó Pip-pero de todas formas..¿Por qué te estabas poniendo un anillo justo en un momento así de tenso?

-Pip, esto es algo serio-le dijo Frodo, con el semblante preocupado-estamos en grave peligro; cuando lleguemos a Cricava, te contaré a ti y a Merry lo que en verdad está pasando.

Pippin pareció entender algo.

-está bien-asintió-pongámonos en marcha, aún nos queda un buen trecho, y lo ideal es que lleguemos a más tardar esta noche.

Diciendo esto, los dos hobbits caminaron rápida y silenciosamente, desviándose hacia el descampado, ya que veían extrañas sombras cerca del camino, y pensaban que quizás eran jinetes iguales al que los olió.


Eran horas de la tarde, y estaban cruzando una huerta.

Se sentaron un momento, a pedido de Pippin, entremedio de pepinos, zanahorias, lechugas y unas buenas matas de hongos, que lucían por cierto, deliciosos. Frodo se quedó dormido un momento, y su travieso primo aprovechó ese momento para recolectar todos los hongos que pudiese. No iba a dejar pasar una oportunidad así. Eran hermosos, y de intensos colores, eso le aumentaba el apetito. Pero no probó ninguno, ya que Frodo lo podía pillar, el aliento que dejaban los hongos era bastante notable.

Estaba en eso, cuando sintió unos ladridos, más cerca de lo que hubiera querido. Pippin se alarmó, guardó su bolsa con hongos, y despertó rápidamente a Frodo, quien al oír los ladridos, se puso pálido y se incorporó.

-no me agrada lo que acabo de oír…-dijo Frodo espantado, el siempre le había tenido terror a los perros, en especial a los de granja.

-¡a mi tampoco!-dijo Pippin-¡salgamos lo antes posible de aquí!

Prácticamente corrieron para salir de la huerta, pero antes de que lo notaran, un gran perro negro, y lleno de saliva, les cortó el paso.

-lindo perrito…-murmuró Pippin intentando parecerle gracioso al perro.

-Pip…-le dijo Frodo- ¡¡corramos!!

Los dos hobbits salieron disparados hacia el otro lado de la huerta, pero otro lindo perrito también los esperaba ahí.

-¡me temo lo peor!-soltó Frodo- ¡odio esto…!

-ya, no pienses Frodito.. ¡sólo corre!

Otra vez corrieron aceleradamente, pero hacia el lado izquierdo, perseguidos por los dos horrorosos y gigantes sabuesos quienes ladraban con toda la fuerza que tenían.

Pasaron más de media hora corriendo, y tropezaban a menudo con tomates, y verduras varias; y el peso de los bolsos no les ayudaba mucho que digamos. Los perros estaban casi comiéndoles los pies, hasta que llegaron cerca de una granja, seguramente donde vivía el dueño de los bienhechores caninos.

Ya se sentían hobbits muertos, cuando una sonora voz de hombre se escuchó proveniente del interior de la casona granjera. Los perrotes, al oír la voz, dejaron de perseguir a sus presas, y corrieron gimiendo de felicidad, hasta su amo, como los jóvenes supusieron.

-¡bendito sea ese granjero!-gritó Pippin.

-Pip,¡shhht! –murmuró Frodo, totalmente aliviado-.ven, escondámonos detrás de aquel arbusto…no sería ideal que ese granjero nos descubriese en sus terrenos.

Ya detrás del matorral, observaron como un robusto hobbit, y de edad avanzada, salía con una gran carreta desde su finca, guardada tras unos grandes portones, por donde los perros habían entrado. El granjero dejó la carreta estacionada, y se bajó para acomodar la paja que había en la parte trasera. Una señora, quizás la esposa, salió con unos grandes canastos.

-querido-le empezó a hablar la esposa-no te olvides de pasar a dejar estas mermeladas a mi hermana, la de Cricava…, de verdad están muy sabrosas, guardé un poco en la despensa…

-muy bien, amor mío-le respondió el granjero tomando las cestas, y acomodándolas en su carreta- déjame entrar un momento para ir a buscar algo que se me está quedando…

El granjero entró, y su mujer tras él, quedando la carreta sola.

-muy bien-dijo Pippin-este es nuestro momento para actuar.

- ¿a qué te refieres?-preguntó Frodo.

-¡no seas lento, primo!-le reprendió Pip- ¡esa carreta va a Cricava!

-o sea..¿quieres que nos vayamos en ella?-Frodo no podía creer aquello- pero si no podemos, no conocemos a ese hobbit…

-bah, Frodo…eso no importa, la cosa es llegar-replicó Pippin-además, mira cuanta paja hay ahí…nos podemos meter entremedio...¡vamos ya, que se nos acaba el tiempo!

Pippin salió apresuradamente del matorral, y se subió a la carreta.

Le hizo una señal a Frodo, y éste, con un suspiro, también subió; y los dos se escondieron en la parte trasera, debajo de todos los fajos de heno y paja desbocada.

-si nos pillan Pip, será tu muerte-lo amenazó sarcásticamente Frodo, a lo que Pip respondió con una mueca de risa.

El granjero no tardó en volver a su carreta, y sin demora, la hizo partir. Ni siquiera había notado que llevaba dos polizones en ella.


Ya estaba todo oscuro, y los hobbits ya estaban totalmente incómodos y adoloridos, con paja hasta en la garganta.

Frodo no aguantaba más, y Pippin se hacía el dormido; no sabían que hacer al momento de bajar. Sólo habían actuado.

En cierto momento, la carreta paró. Frodo asomó su cabeza para ver que ocurría. Una angustia lo llenó de repente.

Veía sombras… y una silueta a caballo, la cual se acercaba al granjero. Éste, sobresaltado, había parado, y preguntaba quien era.

Pensó que era un Jinete Negro, y que los ubicaría rápidamente. Pero toda esa mala ilusión se esfumó, cuando se dio cuenta, que no era un caballo, sino un poney.

Un hobbit en poney.

El hobbit se quedó frente a la carreta, y comenzó a hablar con el señor granjero, el que también hablaba con amabilidad. Frodo no sabía que hobbit era, y apenas sentía su voz. Hasta que el granjero, con su lámpara, iluminó levemente el rostro del desconocido.

¡¿Merry?!

Loco de alivio, 'despertó' a Pippin, y le indicó la dirección en donde Merry se encontraba. Éste, al verlo, dejó atrás todo camuflaje y saltó de la carreta.

-¡¡MERRY!!..¡¡ MERRY!! –gritó Pippin con alegría.

Merry, se quedó mirando a su aparecido primo con total sorpresa. El granjero con más sorpresa aún, notando recién que el hobbit había venido escondido en su carretita. Bueno, Frodo tampoco aguantó mucho, y también salió. Merry y el granjero quedaron aún más pasmados.

-pe…¿¡¡pero que significa esto!!?-reaccionó el señor de la granja.

-¡Pippin¡Frodo!-reaccionó también Merry-que bueno que ya están aquí!...los iba a ir a buscar, se retrasaron mucho y me preocupé demasiado! Justo ahora le estaba preguntando al sr. Redondo si los había visto en algún momento… pero aquí están!! Que bien!

Los otros dos hobbits sonrieron, pero el sr. Redondo frunció el ceño.

-me hubieran dicho que deseaban que los llevara¡yo hubiera aceptado!-dijo el sr. Hobbit-no me gusta llevar polizones…

-disculpe, sr. Redondo-se disculpó Frodo-pero la necesidad nos tenía desesperados, y necesitábamos llegar esta noche…

-entiendo, entiendo…-dijo el granjero, y luego agregó-bueno, ya debo seguir mi camino, si me disculpan …

-¡no se preocupe!-le dijo Merry-ellos irán conmigo.

-si, si-asintió Pippin-¡muchas gracias por todo!

-y perdón por las molestias-agregó Frodo.

-no importa, jovencitos-se rió el sr. Redondo-pero para otra vez¡avísenme!

Y diciendo esto, se marchó en su carreta por el camino, mientras los tres hobbits se reían de lo ocurrido.

-que feliz me siento de que por fin hayan llegado-dijo muy alegre Merry.

-si, y hay muchas cosas que contarte -suspiró Pip.

-bueno, apresurémonos ya en llegar a la casa, que se hace cada vez más tarde-sugirió Frodo.

-bien-aprobó Merry-no queda lejos, andando.