Capítulo XIII: Acechos y Huidas.

Frodo fue el primero que despertó.

En realidad, no durmió absolutamente nada, a pesar de lo cansado que se encontraba.

-hay cosas peores que el cansancio-se dijo a sí mismo, mientras se vestía, resignado.

Estaba todavía muy oscuro. Perfecto, tendrían tiempo de sobra para alistar el viaje.

Salió de su habitación, y fue hacia la de Pippin .

-¡Pip!. ¡Despierta ya!- le susurró Frodo a su durmiente primo, el cual se empezó a mover y abrió los ojos con molestia.

Frodo salió rápidamente al pasillo, y fue al cuarto de Merry, al cual dejó completamente en pie, y con mucha disposición.

Fue a la habitación de Pippin otra vez, y lo pilló dormido de nuevo.

Lo despertó ahora a gritos, y del susto, el pobre Tuk no volvió a dormirse.

Debían ser cerca de las 5 de la mañana, y los hobbits desayunaban antes de preparar cualquier cosa.

Pippin estaba perdido entre un humeante té y una deliciosa tarta, mientras que Merry y Frodo comían tostadas, y un café, para mantenerse más atentos y despiertos.

Luego, mientras Merry lavaba los platos, Pippin y Frodo preparaban su equipaje.

Después Merry, preparó el suyo, y Frodo re-preparaba el de Pippin, que estaba muy mal organizado.

Luego los tres hobbits empacaron alimentos suficientes, un poco de agua por si les faltaba, y algunos enseres para preparar fuego y comida, aparte de guardar sus preciadas pipas y la hierba para fumar.

Quedando todo esto organizado y muy bien dispuesto, los hobbits se pusieron sus capas para el frío, tomaron sus bastones, y salieron encontrándose con una fría madrugada.

-qué lástima que tengamos que abandonar este lugar tan rápido…-se lamentó el joven Pippin.

-pues, si quieres, todavía puedes arrepentirte y quedarte-le sonrió sarcásticamente Frodo.

-me encanta tu humor, Frodo-refunfuñó Pip-obviamente, no me quedaré; pero seguro que volvemos ¿no?

-¡seguro!-dijo Merry animadamente- ¡pero venga, amigos! Apuremos un poco el paso, hay que llegar a Balsadera de Gamoburgo, y eso aún queda a unas pocas millas.

Los hobbits asintieron y se alejaron del gran agujero.


Ya había salido el sol en todo su esplendor, y los hobbits habían avanzado un gran trecho.

Lo más probable era que entrada la noche, pudieran llegar a Gamoburgo, y de ahí cruzar el Brandivino para salir de La Comarca.

'Una vez había un hobbit

Que comía con los pies,

Era gordo y muy tozudo,

¡Le llamaban Grasapiel!

El nunca se bañaba,

Y tampoco se limpiaba,

Grasoso y gordinflón vivía…

¡Entre cervezas y carne asada!'

Mientras Pippin cantaba, Frodo y Merry coreaban cada estrofa; alegres y traviesos por el momento, pero siempre con cierto recelo.

Estaba atardeciendo, y hace un rato que se habían levantado de comer y fumar de sus pipas.

Ya estaban terminando el trecho en donde finalizaba las tierras de Los Gamos, y Pippin comenzaba una nueva, graciosa y estúpida canción de Alforzaburgo.

Pero Frodo sintió algo extraño en el aire.

Algo que impedía, de alguna forma, que respirara normalmente.

Un breve deseo se le cruzó por la mente…

¿Qué tal estaría el Anillo?

Se tocó el bolsillo por fuera; ahí estaba.

Tranquilo, moviéndose cautelosamente tanto en su escondite como en la mente de Frodo, susurrando cosas incomprensibles…y horribles.

Un mal presentimiento se apoderó de él.

Ya no se sentía alegre; algo venía hacia ellos, esparciendo maldad y terror.

-amigos!-los llamó Frodo confuso y con miedo- ¡algo terrible se acerca…!

Pippin lo miró aterrado.

-¿Qué?-dijo éste- ¿acaso es…un Jinete Negro?

-me temo que sí; siento el mismo mal presentimiento de la vez anterior-aclaró Frodo-además, el aire esta casi irrespirable…

-bien, entiendo…no nos podemos quedar en este lugar entonces-apuntó Merry con firmeza- salgamos rápido de aquí!... miren, vayamos por aquella arboleda, es espesa y no creo que nos vea.

-de vernos, no lo hará-dijo Frodo- al parecer no puede, pero si 'huele' muy eficazmente…es algo extraño…, y también tiene un oído fino, creo.

-entonces, no nos verá…, y tampoco nos sentirá, podemos escabullirnos rápido!...vamos!-finalizó Merry.

Los hobbits se deslizaron veloz y silenciosamente a través de los árboles, no sabían cuanto tiempo habían estado huyendo del supuesto Jinete, pero ya a Frodo le parecía que la calidad del aire había mejorado, y no sentía mayor miedo.

-Uf, creo que lo perdimos-susurró él, con alivio.

-aún así no nos detengamos, Balsadera queda al otro lado de este bosquecillo-dijo Merry-además, ya oscurece y puede que nos topemos con ese Jinete.

Le encontraron la razón, y siguieron.

No por nada Merry era un Brandigamo, conocía todas aquellas tierras y las que circundaban La Comarca.

A Frodo se le ocurrió la idea de que si Lila era perteneciente a la misma familia, también debería conocer muy bien esos lugares; en realidad, les hubieran sido muy útiles sus conocimientos, al igual que los de Merry. Sinceramente, lamentó no poder contar con ella en ese viaje.

Aún seguían cruzando esa arboleda, en silencio, cada uno adentrado en sus pensamientos.

De repente, un chillido se escuchó muy cerca de ellos.

No, más que un chillido, era un grito de muerte; frío, desesperante, y estrepitosamente fuerte y terrible.

Antes de que se dieran la suficiente cuenta, un Jinete se les cruzaba en el camino.

Los hobbits, asustados, echaron a correr, tratando de seguir la misma dirección.

Un intenso frío se había apoderado del ambiente, así como el miedo de los corazones cálidos.

-¡vamos! ..¡Síganme!-gritaba Merry ya casi histérico- síganme! Rápido!

Pippin había logrado llegar cerca de Merry, mientras Frodo se veía acorralado por el Jinete Negro, quien ya había notado la presencia del Único en él.

-¡vamos, Frodo!. ¡Quítatelo de encima!-gritaba Pippin aterrorizado.

Frodo no decía nada, y estaba sudando por montones; sentía que tenía difícil escapatoria, el Jinete le impedía moverse y el caballo le pegaba con sus patas si se acercaba.

Pippin y Merry ya estaban algo más lejos, pero seguían gritándole para que se apurara. Él no podía fallar. Tenía que liberarse del Jinete Negro a como de lugar.

Frodo se acomodó el equipaje, y con decisión, intentó zafarse del maléfico ser con toda su fuerza.

Pegó un par de saltos a un lado, y luego, utilizó su gran habilidad de escabullirse velozmente por el otro lado.

Así dejó atrás al Jinete, pero no por mucho; el caballo negro corría tras el con furia, y el miedo se retorcía en el corazón del hobbit.

Sus amigos le esperaban al borde del pequeño muelle, pero vio con horror que el Transbordador se encontraba un poco más lejos de esa orilla. Ellos aún le gritaban, y Frodo corrió aún más fuerte.

Una idea se le ocurrió en el momento.

Casi cuando alcanzaba la orilla, y el Jinete estaba a punto de agarrarlo, Frodo pegó un inmenso salto desde ese punto, hasta caer estrepitosamente en el agua.

El Jinete Negro dio otro chillido, peor que el anterior, y los otros hobbits se asustaron más, y haciendo caso a Frodo, también saltaron al río, aunque no sabían para que fuera a servir.

De repente, se dieron cuenta de algo.

El Jinete se había quedado en la orilla, sin entrar a las aguas del Brandivino. Chillaba y chillaba, pero no tocaba el río.

¿Qué pasaría?

Después de un rato, y para alivio general de los hobbits, el Jinete se do vuelta y se marchó de allí.

Pero quedaron pasmados de terror nuevamente, cuando vieron cuatro sombras galopando tras el Jinete, que ya bordeaba el Brandivino, seguramente para ir a buscarlos al otro lado.

-¿qué?- Pippin no se la podía creer- ¿más Jinetes?

-esto ya está poniéndose macabro -agregó Merry, desalentado.

-Uf, me imaginaba que no era uno sólo-dijo Frodo, pálido- si nos quieren atacar, no puede ser con una fuerza mínima…

-si te quieren atacar, querrás decir-corrigió Merry, pero luego agregó- Frodo..¿Cómo supiste que el Jinete se quedaría estancado en la orilla?

-no lo sabía-dijo sorprendido el hobbit- sólo me lancé al agua, así no me agarraría cuando se lo proponía; además, no creo que haya podido entrar con su caballo.

-pues estuvo genial-lo animó Pippin.

-bueno, ahora hay que salir del agua, e ir al Transbordador, que se suponía que debía estar aquí, y no unos metros más allá -dijo Merry muy molesto.

Los compañeros salieron a duras penas del agua, se trataron de quitar un poco de agua, y corrieron hasta la balsa.

Ya ésta estaba flotando en el tranquilo río, y los hobbits revisaron los bolsos para ver si algo se había salvado.

Por suerte, la mayoría de los alimentos estaban bien.

Todavía se oían chillidos cerca de ellos, pero ya no los podían alcanzar.

Estaban a salvo, por sólo un momento.

Ahora Frodo tomaba bien en cuenta las palabras de Sindënís, en cuanto a la noche y sus peligros. Estaban de veras en un asunto demasiado serio y comprometedor.