Capítulo XV: Una Dulce Trampa.
Por suerte, no se toparon con ningún árbol odioso y amargado, como les adelantara la Pastora del Bosque Viejo.
Tampoco vieron a los Jinetes Negros, ni nada malo que se les pareciese. Aunque sólo llevaban un día de haber salido de aquel horripilante bosque, los hobbits creían que por fin, tendrían un viaje estable y tranquilo a Bree, donde estarían a salvo.
Bueno, lo que quedaba de viaje; la mayoría del camino había sido un completo desastre…¿Cómo confiar en que lograrían terminarlo bien?
Estaba amaneciendo, y los jóvenes viajeros tomaban su desayuno alegremente, junto a los rescoldos de la pequeña fogata de la noche anterior. Frodo había puesto objeciones para prenderla, el fuego llamaría al peligro inevitablemente; pero el frío lo venció y cambió de parecer, aunque no estaba muy contento.
Para su alivio, despertaron enteros, sin rasguños ni problemas.
Eso si que era un avance. Quizás ya no los perseguían; aunque no lo daba por hecho.
-muy bien-dijo Frodo- hasta ahora todo está normal…
-si, esperemos que siga así-dijo a su vez Merry- en realidad no falta demasiado para avistar Bree; estamos casi llegando al río Tornasauce, luego de eso, hay que seguir hacia el sur.
Pippin los miraba con la boca llena de pan, tratando de entender las indicaciones de Merry.
-bueno, pero ¿cuanto crees que tardaremos en llegar a Bree desde aquí?-le preguntó Frodo.
-mmm…tres días aproximadamente…-dijo Merry, haciendo cálculos mentales- pero debemos andar muy rápido y sin detenernos tanto, sino nos demoraremos más.
Terminaron de comer, y emprendieron de nuevo la marcha.
A media tarde ya habían llegado al borde del Tornasauce, un río cristalino y calmo, lleno de juncos y rodeado de un sinfín de enormes sauces que dejaban poco claros los límites del río.
No era muy grande en su extensión, pero tampoco era demasiado fácil bordearlo para pasar hacia el otro lado.
-hey, vamos…-dijo Merry- ¡esta noche podremos estar al otro lado!
-si, pero…¿Cómo se supone que andaremos por aquí?-preguntó Pippin- no hay ningún camino disponible…¡ni siquiera se ve claramente el río!
Frodo miró a su alrededor, fijamente.
-es como si…el río estuviese sumergido en un mar de sauces…-dijo éste.
-mmm…-Merry también miró bien- sí, con razón tiene ese nombre…, los sauces tapan todo el lugar, son demasiado espesos, y su número es grande; será muy difícil abrirnos camino hasta el otro lado…
-bueno, pero supongo que es como un bosque normal-replicó Pippin- o sea, nos daremos cuenta si lo que hay es agua o árboles ¿o no?
-claro…en realidad, no importa; tenemos que entrar al saucedal, es obvio que desde ahí veremos mucho mejor las líneas del Tornasauce, porque no creo que los sauces crezcan en el agua misma-dijo Frodo, con media sonrisa.
-bueno, vamos-dijo Merry, y los hobbits entraron al saucedal, aunque en verdad, ya estaban dentro de él; el Tornasauce era el centro de toda aquella masa de árboles que lo protegían del exterior.
Pero resulta un tanto extraño que los mismos hobbits no se hayan percatado de los sauces hasta ese momento…bueno, seguramente, es una explicación que luego será dada.
'Al entrar', sólo vieron ramas.
Verdes y largas ramas cayendo desde el cielo, y formando figuras en la hierba. No se veía el cielo, pero la luz alcanzaba a penetrar las insondables copas de los sauces, de hojas claras y suaves.
Cada rama se movía bajo una extraña brisa cálida, se percibía el sonido del agua, tranquilo y relajante, y nada más que eso, ya que un silencio sobrecogedor y muy distinto del que sintieran antes, se posesionaba del lugar, haciendo mucho más evidentes los sonidos naturales.
Frodo suspiró suavemente, los otros hobbits se voltearon.
El suspiro había sonado mucho más fuerte de lo que realmente era.
-esto es…hermoso-murmuró Merry- jamás había visto algo así…
Nadie dijo nada más.
En los ojos de cada hobbit había una paz inquietante, se sentían bien…, quizás demasiado.
Caminaban lentamente, como sumergidos en un sueño.
Todo era demasiado tranquilo, no había nada más que sauces, viento, agua y silencio.
Ya habían avanzado mucho, cuando Pippin se detuvo.
Un sauce muy cercano al río, le sonreía.
El hobbit también sonrió.
Una de sus ramas tocaba ligeramente el agua, produciendo una extraña y placentera canción.
Pippin se quedó extasiado mirando esa rama, era tan delicioso ver las ondas del agua, y el sonido que se producía.
Se olvidó de sus compañeros, y se dirigió a ese rincón donde estaba el sauce que le sonreía; quería meter su mano dentro del agua, y sentir la paz que ésta le proporcionaba.
Pero sus amigos no se habían ni inmutado con la lejanía de Pippin.
Ellos seguían andando, cada uno pensando en diferentes cosas, y ajenos al resto del mundo.
Merry veía sauces por todos lados.
Sauces hermosos y fraternos.
Sauces moviéndose al ritmo del viento.
Sauces encantadores, profundos, pacíficos…
Sauces que lo invitaban a quedarse con ellos, querían vivir con su presencia para siempre en ese lugar, lo atraían hacia ellos como un topo es atraído siempre hacia las profundidades…
Se sentía algo adormilado, la brisa silenciosa lo mecía, y lo llevaba hacia la espesura, para que durmiera entre los cálidos sauces, quienes lo cobijarían hasta que despertara renovado de nuevas energías.
Pero Merry no pensaba en eso; sólo deseaba perderse entre sus amigos sauces, y desaparecer…, no le interesaba nada más que su paz interior, su vida misma, que disfrutaría alegremente si permanecía allí…
Entretanto, Frodo estaba bajo el mismo encantamiento que mantenía a sus amigos perdidos; pero éste era muy distinto.
Todos los sauces se apartaban cuando él pasaba, le mostraban un nuevo camino, desconocido, salvo para él.
La luna ya había salido, demasiado rápido, pero eso no importaba.
Su luz traspasaba cada rama, cada hoja, cada brizna de hierba, y le encandilaba hasta el alma.
Sentía fluir su espíritu de una manera magnífica, por fin su vida tenía un real sentido, él había desperdiciado un montón de días viviendo en La Comarca, la cual le parecía ahora un sitio oscuro, triste y sucio.
Él estaba destinado a encontrar ese lugar, donde sería sin dudas muy feliz, sin gente extraña a su alrededor, sin familia, sin amigos, sin cargas…
Frodo paseaba lentamente por el pequeño camino que los sauces le ofrecían, no corría brisa, pero aún así éstos se movían; la Luna se reflejaba en sus ojos serenos y soñadores, los cuales se detuvieron en una hermosa flor que brotaba allá, un poco más lejos…
Corrió hacia ella, desesperado, antes de que alguien se la arrebatara.
Qué bella era…, blanca, pequeña y brillante, sin duda había sido creada para él, un regalo de la Luna para Frodo, quien la cuidaría y la amaría hasta que muriera.
Pero como una ilusión, la flor se desvaneció; y alguien, entre los árboles, entonó un canto, que Frodo pareció recordar muy bien.
-¡Tinúviel!-susurró.
Sí, no hacía falta nada más para ser feliz.
Ella estaba allí, para acompañarlo…
-¡Tinúviel!
Ella se dejó ver por un instante, y Frodo no cabía en sí de alegría.
Ya no llevaba la capa, sólo un sencillo vestido blanco que se arrastraba por el suelo, manchado de florecillas.
Sin embargo, le daba la espalda al hobbit.
Sólo podía ver su cabello liso y brillante, la luz de la Luna resplandecía impresionantemente en ella, y Frodo no conseguía verla sin encandilarse con fuerza.
Tapándose los ojos con una mano, caminó hacia ella, tanteando con la otra mano.
-¡¡Tinúviel!!
Ahora gritaba, pero ella parecía no escucharlo.
El volumen de su voz aumentaba, e invadía a Frodo de un extraño miedo. Él seguía gritando, con una mezcla de ternura y desesperación, pero Tinúviel no escuchaba.
Todo se había vuelto blanco de repente, y la niña elfa cantaba y cantaba, ahora con un tono diferente, más oscuro y triste, como atrayendo a su presa a un destino trágico y fatal.
Frodo ya casi la tocaba, cuando una nueva fuerza entró en él.
No era ni parecida a la de Tinúviel, sino peor.
Era maquiavélica y ambiciosa, mortal y fría, su poder lo tentaba…
Un brillo dorado apareció en la mirada de Frodo, una de sus manos tanteó su bolsillo, y sacó el resplandeciente Anillo…
Lo llamaba, lo buscaba, deseaba ser usado…
¿Por qué en ese momento?
Tinúviel parecía inalcanzable, se alejaba considerablemente, mientras que el Anillo permanecía con él, lo acompañaba, y seguramente jamás se separaría de él.
Frodo sonrió, y trató de ponérselo en un dedo.
Pero no lo consiguió.
Sus manos estaban atadas, con algo invisible y fuerte…
-¡suéltame¡Suéltame las manos!
El Anillo brillaba aún más, y los deseos de Frodo de ponérselo aumentaban sin cesar. Pero algo le sujetaba las manos; el oro del Anillo comenzaba a deformarse, su energía se expandía, y las delgadas escrituras de fuego de la argolla comenzaban a aparecer, nítidamente, mientras murmullos extraños circulaban por los oídos de Frodo.
El Anillo comenzaba a quemarle la mano, y ahora lo único que quería era quitárselo de encima.
Pero no podía, las movía y las movía, y permanecían atadas a algo que no podía ver.
El hobbit ya estaba colapsando, más que un sueño, todo eso era una pesadilla; al igual que el Anillo, los Sauces comenzaron a quemarse, y todo se convirtió en fuego y sombras.
Pero la voz de Tinúviel ahora se volvió cercana, aunque apenas cantaba.
Sintió como la luz de la luna era derrotada por la flamígera oscuridad, y el miedo entró en él.
Hasta que sus manos, fueron extrañamente liberadas.
Y Frodo se levantó y corrió.
Lo más lejos que podía.Todavía llevaba el Anillo en su mano, pero ya no le quemaba tanto. Lo guardó de inmediato en el bolsillo protector, y siguió en lo que estaba.
Corrió y corrió, pero los Sauces, convertidos en hogueras ambulantes, le impedían el paso, y uno de ellos, se puso en su camino.
Frodo chocó con él, y se golpeó en la cabeza, pero no logró quemarse. Era como un fuego…imaginario. Pero eso no le impidió el dolor del golpe. Miró hacia todos lados, pero ya no había nada. Todo le daba vueltas, y mareado, cayó al suelo, golpeándose aún más fuerte, con lo que quedó inconsciente.
¡Frodo¡Frodo!
Alguien lo llamaba.
Pero él no quería escuchar.
¡¡¡Frodo!!!
-¡no!¡ no quiero más pesadillas!-gritó él.
¡Frodo¡¡Escúchame¡Despierta!
La voz que lo llamaba era suave, pero preocupada.
Frodo…
Le sonaba a voz de niña.
Abrió los ojos, y sintió mucho dolor.
Trató de mover la cabeza, pero le dolía demasiado.
-uf.. ¡Por fin estás despierto!
Frodo miró hacia arriba.
Un rostro se erguía sobre él.
Un rostro muy familiar…
-vamos, yo te ayudo a levantarte…
Sintió como una frágil mano lo sujetaba, y lo tiraba hacia delante, con delicadeza.
Cuando estuvo prácticamente levantado, pudo saber bien de quien se trataba. Una chica de su estatura se encontraba frente a él, vestida con una sencilla camisa blanca, una falda larga de color azul, y una gran capa verde musgo cubriéndole la espalda; su cabello estaba algo enmarañado y suelto, y sus ojos oscuros lo miraban con preocupación.
-¡¿Li…Lila?! – exclamó Frodo muy asombrado.
-si, sé que no esperabas verme aquí…-dijo Lila con una leve sonrisa- en realidad yo tampoco lo esperé…, bueno, luego hablaremos. ¡Ahora debemos salvar a los otros!
-¿salvar?
-¡pues claro!... ¿te sientes mejor?
-s.. si.- el hobbit estaba pasmado, venía como despertando de un largo sueño, que de tan bonito, se transformó en lo inverso..; algo difícil de entender. Pero ahora había vuelto en sí, se sentía mucho mejor.
-bien,¡vamos! Cuando los veas, no harán falta demasiadas explicaciones- dijo Lila tirando de Frodo, quien no entendía absolutamente nada.
Ambos corrieron hacia el lado contrario, por donde habían venido; y Lila buscaba desesperadamente a los otros hobbits.
-¿Dónde están?- preguntó Frodo con miedo.
-es lo mismo que me gustaría saber…donde los dejaron…-murmuró Lila.
-¿qué?...¿donde los dejaron¿Quiénes?
-los Sauces…
Frodo no alcanzó a preguntar más, un desgarrado grito rompió el silencio. Los hobbits miraron hacia todos lados, pero entre tantos sauces, era imposible saber de donde provenía el grito.
De nuevo, alguien gritó, pero más fuerte.
Frodo reconoció al dueño de esa voz.
-¡¡Merry!!-gritó él- ¡¡¿Dónde estás?!!
Lila, también reconociendo la voz de Merry, lo ayudó a gritar.
-¡¡MERRY¡¡MERRY¡¿DONDE ESTÁS MERRY?!
Tardaron un poco en saber la respuesta.
-¡¡AQUÍÍ¡SAQUENME DE AQUÍ! – el grito se oía más cercano que antes.
-¡MERRY¿EN DONDE ESTÁS?-gritó Frodo.
- ¡EN EL ÁRBOL!- gritó Merry, con voz ahogada- ¡EN EL ÁRBOL DE LA ROCA!
Frodo y Lila se miraron interrogantes, y luego comenzaron a buscar algún 'árbol de la roca', hasta que lo encontraron.
Era un Sauce, mucho más grande de los que habían visto, y bajo su sombra había una enorme roca, oscura y terrosa.
-¡MERRY¿ESTÁS AQUÍ?- le gritó Lila al tronco del Sauce.
-SIII…SÁCAME DE AQUÍ! ESTOY DENTRO!
-¿dentro¿dentro del árbol?-Frodo no lo podía creer.
-¿y como te sacamos?-Lila estaba bloqueada, tampoco podía creer que su hermano estuviese…dentro de un árbol!!
Merry, más ahogado aún, les dio la respuesta.
-¡AGUA!..¡TRAIGAN AGUA! ÉL LO DETESTA!
-¡agua!, pero… ¿Cómo sabes que lo odia?-preguntó Frodo.
-vamos, Frodo, ve a buscar agua y tráela luego-le dijo Lila, apresuradamente, a lo que el hobbit obedeció.
Corrió hasta la orilla más próxima, tanto como los sauces se lo permitían, y sacó una gran cantidad de agua con una de las ollas que colgaban de su bolso.
Se preparaba para volver, cuando algo le llamó la atención.
Había algo…en el agua. Y flotaba.
Frodo se acercó precavidamente, dejando la olla en el suelo.
Tomó una vara que encontró entre las piedras de la orilla, y tocó aquella cosa inerte que flotaba.
Era blanda, y al contacto con la varilla, se comenzó a mover, hasta que dejó a la vista una cabeza de pelo rizado.
Frodo ahogó un grito.
-¡Pippin!- logró decir luego de la impresión.
Rápidamente, entró en el agua, y sacó al inconsciente y casi ahogado hobbit, quien estaba enredado entre las ramas de un sauce, que lo agarraban firmemente y lo sumergían, al parecer, intencionalmente.
-maldito sauce- murmuró Frodo, quitándole las ramas de encima a Pippin, que ya comenzaba a toser.
-Pip…¿estás bien?- le preguntó Frodo al otro hobbit.
Éste tardó en asentirle, y todavía tosía mucho.
-Pippin, espérame aquí un momento…tengo que ir a buscar a Merry-el joven Tuk miró a su alrededor con miedo, y Frodo agregó- mantente bien despierto, así nada te hará daño.
Diciendo esto, se marchó corriendo con la olla llena de agua, aunque era un poco dificultoso estando todo mojado.
Al llegar, Lila lo miró sorprendida, pero Frodo no le dio tiempo para replicar.
-Lila, ve a buscar a Pippin, está a la orilla del río; ¡no hay tiempo!-
Lila comprendiendo todo, se alejó rápidamente en busca de su primo Tuk.
Frodo, entretanto, agarraba firmemente la olla, y lanzaba el agua al tronco del sauce.
-¡Merry!.. ¿crees que funcione?
-si!! Él se está quejando!...¡le duele!-le gritó el otro hobbit desde el interior.
Frodo estaba desalentado, no pensaba en que ese método funcionara.
Bueno, eso pensó hasta que la oscura corteza del tronco comenzó a derretirse y a hacerse muy blanda; parecía hecha de barro.
-Frodo.. ¡Ayúdame a salir!
Frodo entendió la intención de Merry, y comenzó a escarbar torpemente en el tronco del sauce. Merry hacía lo mismo, estaban cavando todo lo que podían para hacer un hueco en el tronco, para que así el hobbit pudiera salir.
Durante un buen rato, escarbaron el 'barro' del tronco, hasta que un brazo de Merry logró salir.
Lila y Pippin volvieron al sitio con rapidez, estando éste último mucho más recuperado del casi-ahogo.
Al ver a Frodo tratando de sacar a Merry, también se prestaron a ayudar, lo que hizo la tarea mucho más fácil.
Hasta que por fin, Merry salió; embarrado y muy ahogado, pero por suerte, entero.
Se quedó tirado en el suelo, tratando de recuperar el aliento, mientras el sauce se desmoronaba sobre sus raíces, y los otros hobbits respiraban agitadamente tras el arduo trabajo.
-uf, que bueno que estás aquí, Lila- le dijo Frodo a la cansada joven- sin ti hubiéramos estado ya muertos…
Merry, bruscamente, levantó su cabeza y se dio cuenta, de repente, que su hermana estaba allí.
-¿¿Y TÚ??..¡¿QUE HACES AQUÍ?!- le gritó.
Lila lo miró con una pícara sonrisa.
-ay, hermanito…, déjame descansar y luego te explico ¿sí?- le dijo ella.
Merry miró a Frodo, sin saber que pasaba; acababan de salir de otro peligro, pero esto había sido algo más que suerte.
