Capítulo XVII: Desaparición Compensada.

Ese venturoso anochecer, después de haber pasado por hambre, frío, calor, cansancio y muchos riesgos y peligros dignos de una epopeya hobbit…, por fin nuestros viajeros habían llegado a la aldea de Bree.

Corría un viento muy helado, y seguramente estaba nublado, ya que ninguna estrella coronaba el firmamento, y la Luna no aparecía.

Los jóvenes hobbits corrieron apresuradamente a las puertas de la aldea, se podía predecir una fuerte tormenta en el ambiente, y ellos no querían estar a la intemperie cuando eso sucediese.

Luego de entrar a Bree (tras una serie de preguntas del guardia a cargo), trataron de encontrar lo más rápido posible la posada que Gandalf le había recomendado a Frodo, pero al principio, fue un poco difícil hacerlo.

Aún con el pronóstico de un mal tiempo, estaba el camino principal saturado de 'gente grande', que iba y venía, con carretas y caballos, e interceptando a los pequeños hobbits, los cuales se sentían bastante impresionados por la altura de toda esa masa (recuerden que ellos sólo conocían a un ser así de alto, o quizás más: Gandalf).

Después de salir del interminable gentío gigante (que no era nada agradable y los miraba mal), pudieron avistar la famosa posada, llena de luces y un cartel enormísimo donde se podía leer su nombre: El Poney Pisador.

Cuando estaban a punto de entrar, Frodo los detuvo.

-amigos- les dijo éste- aún si nos encontramos con Gandalf, este sitio no está exento de peligro, por ésta razón, no usaré mi nombre real¿escucharon? Aquí seré 'Sotomonte', así que cuidado con lo que dicen o hacen.

Los otros hobbits asintieron, y calados de frío, entraron.

En primera instancia, todo fue un shock.

Una oleada de humo y un fuertísimo olor a bebida les golpeó las caras, y para más remate, un centenar de voces, gritos y risas los dejó casi sordos.

Tardaron un buen rato parados en la puerta, tratando de acostumbrarse a semejante lugar, hasta que un hombre regordete, de baja estatura, con unos cacharros en ambas manos y que parecía ser de alguna forma el tabernero, se dio cuenta de la presencia de los pequeños.

-señoritos, pequeña dama- les saludó amablemente el tabernero- ¿en que puedo servirles?

Los hobbits lo saludaron también con gentileza.

-disculpe…,-dijo Frodo- ¿usted es el dueño de la posada?

-así es, señor…

-Sotomonte…-respondió el hobbit en el acto.

-ahh, señor Sotomonte-el hombre lo miró agudamente, pero sin perder la amabilidad-, soy Cebadilla Mantecona, un placer; ¿quieren una mesa?

-si, pero antes que eso…-Frodo decidió ir al grano- estamos buscando a alguien que no espera justo aquí, Gandalf…¿lo ha visto?

Mantecona lo quedó mirando con cierta sorpresa, pero sin perder aquel brillo agudo en sus ojos.

-mm..¿Gandalf?...-preguntó éste, como tratando de recordar- ¿el viejo mago?

Frodo asintió, confiando en que luego los llevaría hasta él.

- vengan, amables hobbits, tengo que hablarles de algo importante- dijo ahora el tabernero, con una notoria seriedad, y mostrándoles un ancho pasillo.

-pero…¿y Gandalf?- preguntó Frodo, algo impaciente.

-de eso se trata, señor Sotomonte-afirmó Cebadilla, llevándolos hacia ese pasillo- de eso se trata, pero no podemos hablar de algo tan urgente en un lugar público.

Cuando estuvieron dentro de una de las habitaciones del recinto, el señor Mantecona les ofreció asiento en alguna de las sillas que allí había, y avivó un poco el fuego de la chimenea.

-aquí estaremos mejor-dijo él con el semblante levemente preocupado.

-ehm..¿disculpe?- le dijo Lila- ¿Qué cosa tan importante tiene que decirnos?

El tabernero sonrió nerviosamente.

-bueno, es algo que me ocurrió hace algunos días…-comenzó; parecía como si tratara de contar algo muy trivial-.

-creo que eso no nos interesa demasiado-dijo Frodo secamente- necesito hablar con Gandalf. ¿Dónde está él?

-de eso se trata, no se apresure…-murmuró Cebadilla.

-es que creo que no se dio cuenta de la urgencia de mi petición…necesito verlo ya!-.

El señor Mantecona lo miró algo asombrado, y dejando sus nervios atrás, habló.

-Gandalf no está-.

Los hobbits se quedaron en silencio, tratando de entender aquella declaración. Sus rostros se habían vuelto rápidamente pálidos.

-¿Cómo?- Frodo quería escucharlo de nuevo.

-este…, Gandalf no está- repitió el tabernero-, de hecho…no lo he visto hace mucho tiempo.

En ese momento, Frodo sintió que todo el mundo se le había caído encima. ¿Gandalf no estaba?

-no lo entiendo, señor Mantecona- dijo el hobbit, intentando estar calmado-, Gandalf me aseguró que estaría aquí cuando mis amigos y yo llegásemos.

-bueno…-Cebadilla parecía estar nervioso otra vez-, él también me lo hizo saber. Hace algunas semanas que el mago estuvo aquí, iba muy apresurado, como siempre, pero aceptó quedarse una noche. En esos momentos, el me dijo que dentro de un corto tiempo, un hobbit llamado Sotomonte, muy amigo de él, vendría a Bree, y que lo recibiera muy amablemente. No está de más decir que él también lo recibiría, eso me dio a entender. Pero como verá, Gandalf no está. Eso me preocupa sobremanera, puesto que una persona como él jamás es impuntual, y quizás algo le ha pasado; bueno, también es uno de mis mejores clientes, es inevitable que me preocupe.

Frodo estaba más que asustado. Tenía miedo de lo que podría haberle pasado a Gandalf.

Pero más terror le provocaba pensar en lo que haría sin su presencia.

¿A dónde tendría que ir ahora?

El no podía quedarse con el Anillo, eso estaba claro.

Pero… tampoco podía volver a La Comarca así como así después del infructuoso camino que tuvo que recorrer.

Miró a sus amigos; todos estaban tan asustados como él, o quizás más.

Todo el alivio que había experimentado, se esfumó.

Mantecona lo observaba, aún con esa expresión entre nerviosa y preocupada. Había algo más por decir.

-siento hacerle sentir mal, señor Sotomonte, pero esto no es todo- los hobbits volvieron su mirada hacia el posadero, y él prosiguió-; como había empezado a contarle hace algunos minutos, algo extraño me pasó hace unos días, creo que dos o tres antes de hoy.

Cebadilla tragó saliva, y Frodo le alentó con la mirada para que siguiera.

-es raro que un hombre común y corriente como yo experimente este tipo de cosas, pero creo, que al conocer a un vejete como Gandalf, marco un poco la diferencia…, sólo un poco-.

-¿a que se refiere?- preguntó Pippin, curioso.

-Ah, iré al grano- Mantecona estaba acostumbrado a irse siempre por las ramas-; tuve un sueño. Un extraño sueño. O no sé si denominarlo una alucinación…si, quizás sea lo correcto. Bueno, en la alucinación aparecía Gandalf, pero algo más viejo y cansado que de costumbre. Me hablaba tan rápido que apenas alcanzaba a entender todo lo que me decía. Lo que conseguí entender fue suficiente. El estaba en apuros, y no vendría el día indicado. Pero lo que mejor recuerdo de sus palabras fue: 'Frodo está en peligro, Cebadilla; vienen por él!...protégelo en tu posada el tiempo que sea suficiente'. Después de eso, el viejo se esfumó. Lo peor de todo es que se escuchan rumores de que las sombras han despertado, no sé si será cierto. Lo que sí es cierto es que usted y sus amigos están aquí, y están en apuros… porque…¿usted es Frodo, no?

El aludido no sabía si asentir o negar a la pregunta, todavía no confiaba plenamente en el posadero y en su historia; ¿acaso Gandalf se encontraba en tan serio aprieto que había olvidado lo de su pseudónimo?

Pero viendo la miedosa sinceridad en los ojos del posadero, no tuvo más remedio que reconocer su verdadero nombre.

Mantecona lo miró algo más tranquilo.

-muy bien, señor Frodo, ahora como sé que es usted, trataré de hacer lo posible por ayudarlo- dijo el tabernero afablemente- le pido que confíe en mis palabras, hasta yo mismo estoy asustado de lo que pueda pasar, no quiero que mi negocio pierda éxito ni nada por el estilo, si usted me entiende.

El hobbit asintió, mucho mas aliviado; aquel hombre no tenía ninguna mala intención, lo único que deseaba era proteger su bienamado lugar de trabajo y a los hobbits que el Mago le había encargado.

-bueno, señor Mantecona-interrumpió Pippin, algo cansado de estar en ese lugar-¿no podría llevarnos a alguna mesa? Tenemos mucha hambre…

-oh, por supuesto, pequeño señor, de inmediato los llevaré- dijo el posadero con una gran sonrisa- ¿desean una mesa privada o junto con el resto de la masa?

Frodo y Lila estuvieron a punto de pedir una mesa privada, pero sus dos traviesos amigos hablaron antes que ellos articularan palabra.

-muy bien, síganme al salón principal- dijo Mantecona satisfecho-, rápido, que se me olvidan mis otros clientes!

ººº

-oh¿Por qué tenemos que comer con toda esta…gente?- a Lila no le agradaba para nada la pinta de la posada; toda la gente que había allí era muy desagradable, sucia y casi todos bebían y bebían hasta perder la conciencia, mientras los que no, gritaban y reían de forma descontrolada.

A Frodo tampoco le gustaba, pero prefería no quejarse.

Mantecona les había servido bastante comida y muy buena, además de algunas cervezas, que Merry y Pippin habían hecho desaparecer en el acto.

-vamos, Lila, come algo- le decía Merry a su hermana, quien estaba algo asqueada del lugar-; ¿no tenías tanta hambre?

-se me acaba de quitar- dijo ella, dando vueltas por el salón con la mirada, indiferente a 'los placeres de la mesa'.

Merry suspiró, y se levantó a pedir mas cerveza, seguido por el muy alegre Pippin.

Lila seguía mirando a su alrededor, algo no le caía muy bien; sentía que alguien los observaba, y eso no era agradable en absoluto.

Frodo permanecía en silencio, pensaba en lo que haría mas adelante, en el futuro tan incierto que lo esperaba.

Pero la hobbit irrumpió sorpresivamente en sus pensamientos.

-Frodo-lo llamó Lila, muy alerta-, alguien nos vigila.

-¿qué?-.

-shtt…-.

Merry y Pippin llegaron con grandes tarros de cerveza, los bebieron y se fueron raudamente a buscar otros; Lila agradeció que no intervinieran demasiado en su plano físico.

Hasta que lo vio.

Era un hombre, sentado en un rincón, con ambas piernas estiradas casi descaradamente.

Encapuchado, con una pipa en su boca, las líneas de su rostro apenas se percibían en la oscuridad; pero la joven Brandigamo estaba segura que los ojos ocultos de ese hombre habían emitido un fuerte destello.

Mediante eso, se dio cuenta de que él alguna extraña intención tenía.

En realidad, sólo miraba a Frodo. Algo tramaba.

No quiso decirle nada más al hobbit, y siguió mirando hacia ese rincón.

En un segundo, la mirada de ambos se encontró, y Lila volteó el rostro de inmediato. No deseaba ponerse en evidencia.

Trató de obviar la presencia de ese hombre, pero le parecía que no podría por mucho tiempo más.

-Frodo-lo llamó de nuevo-¿tienes algo pensado?

-no-dijo él, mirándola seriamente- no sé que tenía pensado Gandalf al respecto.

-si tan sólo lo supiéramos…-Lila recordaba fervientemente al viejo 'mago' verde, deseaba que él le hubiera dicho mucho más acerca de los caminos, pero ya era demasiado tarde.

Unos gritos irrumpieron en los pensamientos de ambos hobbits.

-hey! Primo! Primo!- gritaba Merry desde la barra, se dirigía a Frodo-, nuestros amigos quieren que les cantes algunas de tus canciones! Están algo aburridos.

El hobbit le señalaba a unos viejos borrachos que reían fuertemente a su lado; Pippin corrió hacia Frodo con una cerveza en la mano.

-vamos, Frodo- le susurró, mientras trataba de levantarlo de la silla- hagamos alguno de nuestros shows!

Lila los miró divertida.

- ¿te dignas a hacer 'shows' con Pippin?... no me lo habría esperado de ti -.

-bueno, sí, pero…-.

-ven, primo, vamos a cantar algo, seguro les gusta!- lo animaba Pip.

Frodo no tuvo más remedio que aceptar, sabía que haría el ridículo, pero era mejor eso que seguir discutiendo con su amable y prudente primo Pippin.

-bueno, que quieres que cantemos?-.

-yo empezaré, tu sígueme la corriente- le dijo Pip.

El joven Tuk se subió arriba de la mesa, y Frodo tras él, casi sin ánimos. Lila se alejó un poco con su silla, temía que alguno de ellos cayera de repente y la aplastara.

Pippin tomó un trago de cerveza, una bocanada de aire intoxicado por el humo, y comenzó, moviendo ligeramente sus pies y sus manos.

'oh, posada,

Posada tan gentil,

Cerveza regalas,

Cerveza nos das!

Oh, que desgraciados,

Nosotros, pobres viajeros,

Si no encontráramos

En nuestro fatigado camino,

Tu redondeada figura,

Tu abrumador aroma,

Oooh, tu cerveza..!'

Frodo, a pesar de lo desanimado que estaba, no pudo aguantar más la risa. Pip se había salido otra vez con la suya. Tomando aliento, prosiguió.

'Pero mejor que eso

Son otras cosas,

Más sugerentes,

Más deliciosas.

Como las rameras

Que tienes en tus cuartos,

Bellas y oscuras,

Perversas e inocentes..

Ho ho ho! '

El ritmo estaba aumentando; los dos hobbits bailaban alegre y contagiosamente arriba de la mesa, y el público se desternillaba de la risa.

'Todavía recuerdo

Nuestra aventura del camino,

Tú con las rameras,

Yo con el Dragón…

Oh, como deseo

Vivir ese momento,

Tirarme al camino,

Estar todo bebido…!'

'Risas y risas

Provoca ese momento,

El líquido oscuro,

Minutos tan absurdos,

Pippin paseando desnudo

Y yo riendo mucho!'

'Ese no era yo,

Estás equivocado,

Era Grasapiel,

Gordo y fofo,

Tomando cerveza,

Junto con una vieja

A la salida del bar,

Mientras el sol salía,

Y los vecinos aún dormían..'

'El sol salía?

Que desvergonzado

Era ese hobbit,

Si estuviera justo aquí,

Se habría tomado

Toda la cerveza

Y el pobre Mantecona

Quedaría llorando de cabeza,

Pero no nos lamentemos más

Disfrutemos sin su compañía,

Bailemos y bailemos,

Pateando nuestra mesa!'

Frodo al cantar ese último verso, pateó realmente la mesa, pero usó tanta fuerza, que la rompió de una sola vez.

Los dos hobbits cantantes cayeron bajo las maderas de su improvisado escenario, y la concurrencia creía que todo era parte del espectáculo, por lo que seguían riéndose a carcajadas.

Lila y Merry corrieron hacia el lugar de la caída, pero sólo vieron a Pippin, quien se levantaba riendo sin parar acerca de lo sucedido.

-Pip¿Dónde está Frodo!-.

El Tuk reaccionó de inmediato, y se dio cuenta de lo que realmente pasaba. Frodo no estaba, había desaparecido bajo la mesa rota sin que nadie lo notara.

El resto de la gente comenzó a darse cuenta de que algo raro pasaba, hasta que se percataron de la ausencia del otro hobbit cantante.

Eso ya no era parte del show, los otros tres amigos estaban casi desesperados buscándolo, y los borrachos empezaban a mirarlos con desagrado.

Sin embargo, Frodo estaba allí.

Sólo que no a la vista, ya que llevaba el Anillo puesto, por primera vez.

Él no entendía como el Anillo había llegado a su dedo, había sido algo asombroso.

Había pateado la mesa, se rompió, y cayó junto con su primo, pero el Anillo logró alcanzar su dedo por su propia voluntad, y ahí reposaba ahora, mostrándole una dimensión totalmente distinta del mundo.

¿Qué era aquel lugar?

Era como un sitio vacío, sin formas ni colores, pero a la vez, lleno, de algo que no podía definir.

Veía sombras lejanas, moviéndose sin percibir su presencia; no escuchaba nada, sólo su propia respiración, sólo sentía una energía terrible que deseaba tenerlo en su poder, pero que aún estaba demasiado lejos.

Se sentía relajado, pero a la vez, enormemente presionado por aquella fuerza poderosa y remota, que vivía en el Anillo, pero en menor grado.

Frodo recordó una de las propiedades del Anillo, la que Bilbo había aprovechado tan bien: volverse invisible.

Así que ahora…¡era invisible!

¿Esa sensación producía?

Qué extraño era todo…

Pero sentía miedo, y mucho más que antes. Aquello no podía ser tan bueno, a pesar de lo bien que se sentía así, apartado de todas las miradas.

Trató de sobreponerse a la tentación de seguir en ese estado, debía sacarse el Anillo, y volver con sus amigos.

Tardó unos minutos en quitárselo, hasta que lo logró.

Lo guardó en su bolsillo, y suspiró.

Ahora veía todo tal cual era, los colores, las formas y los tamaños.

Se encontraba debajo de otra mesa, y escuchaba un montón de gritos, risas y alboroto.

Al parecer, todo había vuelto a la normalidad.

Se preparó para salir de su escondite, pero una mano, grande y firme lo agarró de su capuchón y lo tiró hacia fuera, llevándolo hacia el gran y sombrío pasillo.

Antes de que reaccionara totalmente, Frodo fue lanzado bruscamente hacia una sala oscura y fría, donde para su sorpresa, también estaban Pip, Merry y Lila.

Sus tres amigos se encontraban algo intimidados, especialmente Pippin; Merry además, estaba muy a la defensiva, y Lila, permanecía algo más tranquila.

Frodo se levantó, y volteó para observar que clase de peligro tendrían que enfrentar ahora.

Un hombre alto, encapuchado y algo andrajoso cerraba la puerta de un portazo, para luego mirarlos de frente.

-señor Sotomonte- el desconocido se dirigía a Frodo, con una voz madura y un acento especial, muy diferente a cualquiera oído antes; denotaba ironía-, debería tener más cuidado con sus pertenencias, es muy fácil perderlas en este lugar.

Frodo se alarmó.

-¿Quién eres?-.

-eso no importa ahora- respondió el extraño-. Lo que sí importa, es que no debería jugar con cosas de tan elevada importancia, no lleva algo tan simple.

-yo no he estado jugando con nada- respondió Frodo, asustándose con este nuevo peligro.

-claro que no- ironizó el hombre, quitándose la capucha.

Ahora podían ver su rostro; a simple vista parecía un hombre común y corriente, pero no era así.

Su cabello era largo y oscuro, hasta los hombros, y caía enmarañadamente sobre su rostro, curtido por el sol y largas estadías a la intemperie. Su mirada era gris y penetrante, con un brillo más que especial, era algo que simplemente no se podía definir. Eso lo hacía verse noble y aguerrido, a pesar de su deplorable y raída apariencia.

-cantas bien-siguió el extraño hombre-, pero ten más cuidado cuando quieras patear las mesas, eso puede provocar…otra desaparición.

Frodo miró al suelo sin saber que decir.

-se ve el miedo en tus ojos, pero no tienes lo suficiente- el desconocido lo miraba audazmente-, sé quien eres y lo que traes encima.

-¿Quién eres?- Frodo repitió la pregunta-.

-por estos lados me llaman Trancos- respondió el hombre, pero se percató de que no era suficiente respuesta para los hobbits-, eso debería ser más que suficiente por el momento. Lo que ahora me urge es que salgamos de aquí. No debes esperar a Gandalf, Frodo.

El aludido lo miró interrogante.

Tenía dos dudas.

¿Cómo sabía su nombre?

¿Conocía a Gandalf?

De alguna manera, Trancos se dio cuenta de aquellas dudas.

-sí, conozco al viejo mago- le dijo el hombre, tranquilamente-, desde hace mucho tiempo. Pero no hay tiempo ahora para ese tipo de explicaciones. Gandalf está en apuros. Mantecona se los ha dicho, eso lo sé. Pero creo ser una fuente más fiel para ustedes en ese ámbito. No sé que le ocurre al mago, pero el me hizo saber que vendrían ustedes aquí. No lo deben esperar. El peligro se acerca; te persiguen Frodo, y debemos irnos ya.

-¿Cómo sabemos que debemos confiar en alguien como tú?- murmuró Merry, todavía desafiante.

-conoce a Gandalf, eso es prueba suficiente por ahora-le dijo Lila seriamente.

-veo que eres una chica lista-le sonrió Trancos-, pero eso no te salvará del peligro, me temo; y tampoco puedo demostrarles la veracidad de mis palabras. Sólo hay que actuar.

Frodo aún estaba intranquilo, y desconfiaba.

Pero un agudo chillido lo sacó de sus divagaciones.

-¡Jinetes Negros!-gritó Pippin, con miedo.

Trancos miró por la ventana, y se volteó rápidamente.

-tranquilos, permanezcan aquí-les dijo-, les tenderé una trampa. Quédense quietos. Ya vuelvo.

El hombre salió, y los hobbits se acurrucaron en un rincón.

-me temo que este es un pillo que quiere robarnos o algo así-susurró Pip- ¿no ven como anda vestido?

-eso no importa-replicó Lila-, esperemos a que vuelva, y veremos si realmente es de fiar. Aunque a mi, no me da tanta mala espina. Él nos vigilaba en el salón principal, Frodo. Pero creo que puede sernos de ayuda.

Sus palabras tranquilizaron el ambiente, y permanecieron en silencio hasta que Trancos volvió.

Lila les sonrió triunfalmente.

-ahora sólo hay que esperar a que lo peor pase- murmuró el montaraz.

Chillidos y más chillidos llenaban de terror la noche.

Comenzaba a llover, y grandes goterones se impregnaban en la ventana.

Los hobbits veían con horror las sombras oscuras de los Jinetes entrar a la posada. Gritaban, y sacaban sus afiladas espadas.

-nos buscan- susurró Frodo, agobiado.

-sí, pero ahí no los encontrarán…; espero que nos hayamos librado de ellos esta noche- dijo Trancos.

Y así sucedió.

Los Jinetes salieron del lugar repartiendo más chillidos y espanto.

No habían encontrado lo que buscaban, y se notaban confusos y rabiosos, por lo que habían destrozado todo el inmobiliario del Poney Pisador.

Velozmente, montaron sus caballos, y se largaron bajo el filo de la noche.

Los jóvenes suspiraron aliviados.

-¿qué son?- preguntó Frodo; se refería a los jinetes Negros.

-ellos son los sirvientes más temibles del Señor Oscuro-murmuró Trancos, con gesto sombrío-, espectros, entre la vida y la muerte; poderosos y mortales. Nunca se cansarán de perseguirte, sólo hasta que te quiten su más preciada posesión, y obviamente, te maten. Pero, una vez fueron humanos, reyes y grandes guerreros, que sucumbieron al poder de Sauron, y ahora son lo que son. Los Nazgûl, los Espectros del Anillo.

-Gandalf nunca me habló de ellos- dijo Frodo, sintiendo un repentino escalofrío en su espalda-.

-A Gandalf no se le cruzó por su mente que ellos participarían en esto- dijo Trancos- quizás fue un error no haberlo anticipado.

Seguía lloviendo muy fuerte, pero aparte de eso, Bree estaba silenciosa. Los Espectros ya habían abandonado la aldea, pero sus malas vibras todavía flotaban en el aire.

-deben dormir por ahora, pequeños; mañana nos espera un largo viaje- anunció el montaraz.

-¿viaje?- preguntó Merry.

-sí, hacia donde Gandalf pensaba ir: Rivendel, uno de los hogares de los Elfos-.

Los hobbits lo miraron impresionados, y Trancos los alentó a dormir nuevamente.

Improvisaron algunos lechos en el frío suelo, y allí se tendieron, esperando a que el sueño se los llevara por algunas horas.

Mientras, el todavía desconocido hombre, oteaba por la ventana y hacía guardia.