Capítulo XVIII: Reminiscencias & Agonía Espectral.

Era un atardecer de primavera.

Las flores de los cerezos caían, y pálidas rosas exhalaban un suave aroma…

Él caminaba, lenta y apaciblemente, en la calidez del agonizante sol.

Un grupo de ruiseñores cantaba desde lo más profundo de los árboles.

Él sabía lo que le esperaba.

Sonreía; no era la primera vez que la veía.

Habían sido muchas veces, demasiadas…, pero ésta vez, él tendría el valor. Aquel valor que siempre le había faltado.

Ella se veía radiante y hermosa.

No llevaba su capa, no era necesaria. Ahora vestía de azul pálido, y bailaba sin parar, con exquisita delicadeza.

'Tinúviel', susurró; al pronunciar el bello nombre, adquirió fuerza y ánimo. Este sería el día.

'Tinúviel!', ahora gritaba dulcemente; el sonido de su llamado le sonaba a gloria. Siguió así, hasta que ella, logró escucharlo.

Detuvo sus movimientos, y permaneció quieta, escuchando una y otra vez aquella voz que la llamaba.

Por alguna extraña razón, siempre le daba la espalda…

Cuando ella se volteó, él creyó que se desmayaría.

Pero no vio lo que el fervientemente deseaba ver.

No vio nada…, fue imposible observar su rostro.

Todo se oscureció, muy deprisa.

Se sintió desesperado, y angustiado. Otra vez se había marchado.

Hasta que vio una luz plateada en algún punto de su oscuridad, que se fue llenando de ella, hasta quedar encandilado.

Un águila volaba arriba, muy arriba…y la luz lo acompañaba.

Pero pronto el águila también desapareció, y comenzó a llover, suavemente…

Una cortina de tibia llovizna cubría el panorama, la paz lo invadió, y momentáneamente, olvidó su creciente pena.


Trancos y los hobbits ya habían abandonado Bree hace algunos días.

Ahora se dirigían a Rivendel, con extraños parajes y una nueva esperanza por delante.

Dejar la aldea de Bree les había costado un poco.

El Poney Pisador estaba completamente en ruinas, y Mantecona destrozado. Tendría que renunciar al éxito y la abundancia soñados, para volver a re-acomodar su taberna.

Frodo se sintió de alguna manera responsable por lo ocurrido, y trató de darle algo de su dinero, pero el posadero se negó con algo de pena, sus principios le impedían exigirle ese tipo de cosas a un cliente, que si bien había atraído a esos Jinetes, no era con ninguna intención.

Partieron a la mañana siguiente, después de que Lila y Pippin se encargaran de comprar algo de comida, y que Trancos les entregara a cada uno una espada corta, de brillante hoja y preciosa empuñadura. Él les dijo que eran armas de la lejana Oesternesse, tierra bendecida y bella como pocos lugares, de ahí provenían los Dúnedain, hombres del Oeste, sabios, nobles, pero lamentablemente pocos en número.

Necesitarían esas espadas para defenderse en el peligroso camino.

-es sabio- les había susurrado Lila en esa ocasión a los hobbits-, por eso hay que confiar en él.

Ella parecía tener una leve inclinación hacia el montaraz, pero ninguno de sus compañeros entendía por qué.

Frodo hacía caso a los comentarios de Lila, y trataba de mostrarse más seguro y abierto.

Fuera como fuera, el hombre los guiaba ágilmente por los bosques y colinas, las mesetas y los arroyos, sin grandes descansos, apenas comían y dormían, necesitaban llegar lo más pronto posible a Rivendel.

Pero Trancos tenía el corazón cálido, y trataba de demorarse un poco más por consideración a los pequeños, en verdad le simpatizaban mucho, pero cada uno de distinta manera.

Era muy observador, y podía darse cuenta de las claras diferencias que algunos hobbits presentaban en cuanto a los otros.

Por ejemplo, Frodo era algo distinto a Pippin y Merry, tanto en carácter como en apariencia, además, notaba en la mirada del hobbit un brillo especial y un aire lejano. Sin embargo, pensaba que Lila, tenía más parecido con Frodo que con su propio hermano, Merry. Era bastante alegre y optimista, pero algo distraída, y con modales algo inquietantes. Ese aire de lejanía también lo percibía en ella, y presentía un extraño enigma en torno a su persona.

Pippin y Merry eran los seres más traviesos, inquietos y alegres que había visto. Pero no le cayó mal conocerlos. Al contrario, se contentaba con verlos, a pesar de la preocupación que sentía.

-miren- Trancos les señalaba una colina bastante cercana al lugar donde se encontraban, una construcción muy antigua se erguía en ella-, Amon Sûl, la Cima de los Vientos; antiguamente, hubo una Torre en ella, pero fue asaltada y derribada. Sólo quedan ruinas.

Era una hermosa vista, sin duda alguna.

Frodo notó que los ojos de Trancos brillaban orgullosamente al mirar esa cima. Un cierto aire de nobleza lo volvía a cubrir, y el hobbit pensó que el montaraz no demostraba todo lo que realmente era. Se notaba que conocía demasiado esos lugares, y seguramente sabía acerca de mucho más, puesto que era un viajero empedernido.

Ya atardecía cuando por fin llegaron a la vieja construcción de la Cima de los Vientos. Estaba completamente destruida, pero todavía conservaba un estilo imponente y algo sombrío. Había algunas figuras de piedra, altas y frías, mirando siempre hacia los cimientos de la antigua torre.

-muy bien, dormiremos aquí esta noche-les anunció Trancos-, pueden acomodarse, y comer algo.

Los hobbits así lo hicieron, mientras el montaraz se sentaba un poco más alejado, mirando seriamente hacia el oeste, apoyado en una de las derruidas paredes.

Frodo fumaba plácidamente de su pipa, Pippin y Merry se peleaban por una manzana, y Lila recorría el lugar con interés.

Los rayos del sol casi se extinguían, cuando Frodo oyó a Trancos entonar suavemente una canción. Le sonaba conocida, la melodía, la letra, todo parecía como de un momento hermoso y remoto…

'Tinúviel elvanui

Eleth alfirin edhelhael

On hon ring finnil fuinui

A renc gelebrin thiliol…'

Eran sólo unos versos, pero parecían el canto más largo que alguien hubiese escuchado.

Frodo se exaltó de repente.

Había reconocido una palabra entre todas aquellas que difícilmente manejaba y conocía.

'Tinúviel…', sonaba en su mente abochornada…

Sin pensarlo, se acercó a Trancos, y tímidamente se sentó junto a él.

-hermosa canción…-le dijo, esperando saber que tenía que ver Tinúviel con todo eso; Trancos le sonrió.

-sí-afirmó éste-, sólo es un fragmento de una gran balada.

-¿de que trata?-.

Merry y Pippin ahora comían en silencio, y escuchaban la conversación, atentos. Lila también escuchó, y se sentó al lado de Frodo.

-cuenta la historia de Beren y Lúthien, y su hermoso idilio- le explicaba Trancos, con voz melancólica-, sin embargo, su amor estaba lleno de pesares, porque él era tan sólo un hombre, mientras que ella pertenecía a la hermosa estirpe de los Elfos, y se dice que era la doncella elfa más bella que jamás habitó este mundo. Además, vivieron en una época de intenso dolor y oscuridad, y muchos peligros tuvieron que enfrentar juntos.

-Pero…¿al final fueron felices?-preguntó Lila, claramente emocionada.

-sí, finalmente lo fueron, pero Lúthien tuvo que tomar una triste elección; debía decidir entre el amor y su inmortalidad. Ella eligió a Beren, y por tanto, compartió su mortalidad. Vivieron felices cuanto pudieron, e incluso tuvieron un hijo, pero tarde o temprano debían morir, y así fue. La Tierra Media pareció haber perdido su belleza. Pero toda esta historia ocurrió hace muchísimo tiempo, y me temo que es muy larga y triste para contarla entera. Creo que en Rivendel podrán oír el lay completo, en la hermosa voz de algún elfo o elfa-.

Frodo estaba confundido, y también emocionado.

La historia, aunque contada con brevedad, le había llegado al corazón.

A Lila, al parecer, le ocurría lo mismo. Estaba muy rara, y los ojos le brillaban con una mezcla de nostalgia y emoción.

Merry y Pippin no decían nada, estaban algo pensativos.

-Tinúviel-susurró Frodo para sí mismo, pero Trancos logró escucharlo.

-Ese era el nombre por el que Beren llamó a Lúthien la primera vez que la vio-le respondió-, en un atardecer en el bosque de Neldoreth, mientras ella danzaba y cantaba con gracia y hermosura jamás vistas.

Frodo lo miró totalmente sorprendido.

¿Qué significaba todo eso?

¿Tinúviel?... ¿su Tinúviel?

Bajó la mirada, con la mente en completo caos.

No entendía aquella coincidencia…

Recordaba las visitas clandestinas que hacía a aquel bosque de La Comarca para ver a la niña elfa, y los sueños en que la veía cada noche. Veía en su mente aquellos momentos…, rememoraba el día en que nació de sus labios un nombre para ella, como si lo hubiera sabido desde hace mucho tiempo…, pero en realidad ni su significado conocía.

Sólo la había llamado así, instantáneamente, sin pensarlo…

¿En realidad esto era una coincidencia?

Si lo pensaba bien, todo había sucedido de la misma forma en que la historia de Beren y Lúthien se había desarrollado, aunque estaba consciente de que su propia historia aún no había empezado del todo, y que jamás superaría la magnificencia de aquella ocurrida edades atrás.

Sin embargo, estaba shockeado; no comprendía que estaba sucediendo, y sus pensamientos iban a menudo a la niña elfa, la Tinúviel que el conocía, y no podía concebir una explicación a todo eso.

-¿Qué significa Tinúviel?-le preguntó confuso a Trancos-.

-el sentido que Beren le daba era 'Ruiseñor'- le dijo éste, sorprendido por su pregunta-, pero en la lengua de los elfos grises, significa 'Hija del Crepúsculo'.

Frodo recordó a los ruiseñores que cantaban junto a Tinúviel, los atardeceres que caían junto a sus visiones, y no pudo evitar sonreír, aunque con pena y nostalgia.

Se sentía demasiado pequeño, las dudas lo embargaban, iba a la deriva en quien sabe que río, o qué mar de ilusiones; le parecía que todo lo que había vivido era sólo una visión de un pasado remoto, o quizás alguna de las historias de Bilbo lo había confundido.

Pero en el fondo, sabía que no era así. En realidad, no sabía nada.

Miró fugazmente a su lado, allí estaba Lila, aún muy extraña, mirando perdidamente hacia el horizonte, y con los ojos brillando más que nunca, tal cual como le habían brillado la noche en que ella le contó su travesía hacia el Tornasauce.

Se agitó. Ella sabía acerca de su visión de Tinúviel, comprendería de alguna forma el sentido de su secreto, y eso le inspiraba pavor.

Pero trató de no pensar en aquello, buscó alguna otra razón por la que ella se sintiera así…, pero no encontró nada, salvo la emoción del momento.

Se alejó de Lila y de Trancos, y tomó su pipa, para seguir reflexionando.

Trancos lo observó de reojo, lo notaba raro, y confundido.

El hombre se levantó, de repente, cogiendo su espada.

-iré a verificar si no hay peligro por los alrededores- les comunicó a los hobbits- manténgase alerta, y no se muevan de aquí. No tardaré en volver.

Ya unos minutos después de que Trancos se marchara, Lila se sentó junto a Frodo, y miraba como éste hacía figuras con el humo saliente de la pipa. Él temió que ella fuera directamente a preguntarle quien era Tinúviel. Pero no lo hizo, de hecho, parecía algo aburrida.

-¿Cómo te sientes?-le preguntó ella sorpresivamente.

-creo que bien…-le respondió Frodo, extrañado y aliviado-¿Por qué la pregunta?

-bueno, llevar un Anillo de semejante envergadura debe ser muy pesado…-.

-em, sí…-Frodo en realidad no se había percatado en absoluto de la 'pesadez' del Anillo, al contrario, habían otros asuntos que lo tenían más preocupado. Aunque la tentación de su carga iba y venía en los momentos más inesperados, y casualmente inoportunos.

-siento que tengas que hacer todo este esfuerzo…-le dijo Lila, con cierto aire de culpa-, realmente tú no eres responsable de esta carga.

Frodo estaba cada vez más sorprendido; ¿de donde venía semejante preocupación?

-estás muy abstraído- continuó la hobbit-¿algo más te sucede?

-ehhh…bue…-antes de que pudiera responder algo, fue interrumpido por un sonido que lo sobresaltó y que siempre había temido escuchar…, le puso los pelos de punta al instante. Lila también se alarmó.

-¡Chillidos!- exclamó Frodo; miró a Merry y Pippin, y lo que vio no le agradó.

Habían encendido una fogata para calentar algo de comida, y ahora se daban cuenta del error que habían cometido.

-estúpidos!-les gritó Lila, apagando el fuego- nos han encontrado!

Todos estaban asustados. No tenían tiempo de réplicas, debían huir lo más pronto posible, pero no sabían donde.

Los Jinetes estaban demasiado cerca, gritaban desesperados y con rabia, estaban a un paso de lograr su objetivo.

Los hobbits desenvainaron torpemente sus espadas, y esperaron en un rincón del Círculo de Amon Sûl.

Hasta que los vieron.

Cinco siluetas altas se erguían en la oscuridad de la noche, ya habían ascendido a la cima, y caminaban solemnemente hacia ellos, con sus largas espadas en posición de ataque.

Todo sucedió muy rápido.

Merry y Pippin fueron lanzados sin demora hacia ambos lados del Círculo, cayendo fuertemente en el húmedo suelo.

Los Espectros querían a Frodo, no les importaba el resto.

Pero Lila no se movía de su posición. Ella y Frodo temblaban, pero se protegían mutuamente.

El Anillo comenzaba a susurrar cosas…, y Frodo sintió un hormigueo en su mano; pero no podía tomarlo.

Uno de los Espectros desenvainó una oscura y delgada daga, y se adelantó hacia ellos. Los hobbits retrocedieron, hasta chocar con una pared. Estaban acorralados.

Lila instintivamente se puso delante de Frodo, a modo de protección, mientras él desviaba su atención hacia el Anillo, quien lo llamaba más que nunca.

El Nazgûl tomó a Lila de la capucha, e intentó moverla, pero le fue difícil.

Ella clavó su espada en la oscura capa que cubría a su agresor, pero no le sucedió nada al espectro, y la preciosa arma cayó hecha pedazos.

-Frodo, apártate!- le gritaba Lila, desesperada.

Pero el hobbit no reaccionaba, estaba entre el profundo miedo, y una tentación gigante.

Hasta que no pudo más, y sacó el Anillo de su bolsillo.

-Frodo! Guárdalo! Guárdalo!-.

El Espectro, impaciente, trató de sacar a la hobbit del medio.

Pero le era prácticamente imposible.

Ella sin saberlo siquiera, estaba proyectando un fuerte escudo alrededor de ellos dos, algo que el Nazgûl no podía traspasar.

Pero en un momento de descuido, pánico y cansancio, él actuó.

La levantó, agarrándola más fuerte de la capucha, y antes de que Lila lo evitara, éste le enterró la hoja de su daga en el abdomen.

El grito de Lila fue desgarrador, y tanto Frodo como los otros hobbits reaccionaron con un susto mortal.

-¡Lila!-gritó Merry, totalmente fuera de sí.

Frodo miró a la hobbit tirada en el suelo, gritando del dolor, y luego desvió su mirada hacia el espectro, temiendo que le hiciera lo mismo.

Y sin pensarlo más, se puso el Anillo, tratando de escapar.

Pero cometió un error.

Estaba en el Vacío, pero éste ya no era vacío.

Varias formas completamente claras lo miraban expectantes y rabiosas, blanquecinas, como hechas de niebla; tenían rostros crueles y fríos, ojos de fuego y coronas en sus cabezas cubiertas de cabellos largos y plateados. Se había equivocado, eran ellos. Eran Visibles.

Se fijó en el rostro del Espectro que tenía delante, se sorprendió al ver que se trataba de una mujer, pálida y de aspecto más gélido que el resto…; luego miró al suelo, le llamó la atención la dorada y cálida luz que emitía la silueta de Lila, a la cual reconoció por haber caído en ese lugar.

Pero ella ya no se movía, y su luz comenzaba a desvanecerse.

Miró el Anillo, estaba llevando su mano hacia la Mujer-Espectro, y ella intentaba tocarlo…

No, él no podía ofrecerle en bandeja el destino de la Tierra Media así tan fácilmente.

Guió su mano de vuelta hacia su propio cuerpo, resistiendo sobremanera su tentativa; pero no consiguió mucho.

La Nazgûl, observándolo con ira y desesperación, levantó su daga y trató de clavársela en el corazón, pero Frodo la esquivó y la hoja cayó en su hombro izquierdo, produciéndole un dolor demasiado irresistible y poderoso.

Gritó todo lo que podía haber gritado, pero no estaba visible para que le ayudaran.

Mientras trataba de quitarse el Anillo Único, dos nuevas figuras aparecieron frente a él.

Una, muy oscura, con una antorcha en una mano, y la espada en la otra, atacando a los Espectros; ese debía ser Trancos.

La otra, era muy luminosa e incandescente, como si fuera propiamente una gran hoguera; caminaba hacia él, y los Nazgûl no le tocaban, y se alejaban despavoridos ante su presencia.

Frodo no sabía quien era, pero agradeció que hiciera las cosas más fáciles. Podía sentir su calidez, su fogoso espíritu…Pero el dolor lo consumía.

A duras penas, logró sacarse el Anillo del dedo, y cuando lo hizo, gritó otra vez con sufrimiento.

Vio a Pippin correr hacia él, mientras que Merry permanecía junto a su hermana, inmóvil y fría.

El dolor se hacía tan agudo que ya le costaba respirar, veía borroso y su mente estaba totalmente en las tinieblas.

Sin aguantar más, cayó inconsciente, junto al cuerpo de Lila, también en sus mismas condiciones.