Disclaimer: La historia a continuación fue ideada por mí, pero los nombres de los personajes pertenecen a Clamp

Primer Capítulo: Volviendo a Vivir

By: Nadeshiko Luna

Poco a poco, fue abriendo sus suaves parpados los cuales titubearon al hacerlo, debido a la abundante luz solar en el lugar… sus ojos de una tonalidad verde esmeralda, denotaban cansancio y poco después, una vez que se hallaron completamente abiertos, una inminente sorpresa…

La habitación en la que se encontraba, estaba pintada de un suave color celeste agua, las paredes inundadas por la luz que entraba a raudales por el enorme ventanal que se hallaba a su izquierda; la cama en la cual se hallaba recostada, estaba ubicada de frente a la puerta, de modo que en cuanto esta comenzó a abrirse debido a la mano de alguien que empujaba el picaporte, pudo notarlo inmediatamente; sin embargo, no hizo lo que la mayoría de la gente "normal" haría al encontrarse en una habitación ajena y con un notable dolor en el cuerpo entero; es decir hacerse la dormida. Simplemente enfocó más firmemente la mirada en esa puerta a punto de abrirse.

Por ella ingresó un joven; al principio fue difícil definir bien sus rasgos, puesto que la luz proveniente de la otra habitación, formó una especie de halo a su alrededor, impidiendo que sus facciones fueran visibles. No obstante, una vez pasada dicha ilusión pudo reconocer en el "visitante" o lo que sea que fuere, unos rasgos masculinos bien definidos… sus ojos marrones de una tonalidad extraña; puesto que no eran ambarinos, pero tampoco eran color café; denotaron sorpresa al verla despierta, su cabello del mismo color que sus ojos, parecía haber sido sometido a un huracán y nunca en su vida haber visto un peine.

Esto fue lo único en que ella pudo deparar antes de que él comenzara a acercársele, y por lo consiguiente la invadiera cierta cantidad de pánico, cantidad que aumentó al ver que él se sentaba en la amplia cama de dos plazas en la cual ella estaba recostada; muy cerca de ella.

-me alegra que al fin haya despertado-dijo con un tono gentil, que logró disminuir sus temores un tanto, sin embargo las experiencias pasadas a lo largo de toda su vida, le decían que no se podía confiar en las personas así como así.

Ella intentó incorporarse al mismo tiempo que trataba de pronunciar algunas de las miles de preguntas que se le cruzaban por la mente.

En dónde estoy?… quién es usted?… y la más importante, tal vez… Por qué no estoy muerta?-

Sin embargo, lo único que salió de su boca fue un gemido de dolor, al sentir como si su cuerpo se partiera en dos, debido a una fuerte puntada que se incrementaba a medida que pasaba el tiempo, aunque ella ya estaba de nuevo sobre las almohadas, respirando agitadamente, intentado que ese inesperado padecimiento cediera pronto.

-no se mueva, no es recomendable que se esfuerce en este momento, ni por un par de semanas tampoco.

-Donde estoy?- Finalmente logró pronunciar, aunque con un inmenso esfuerzo por parte de sus cuerdas vocales, de modo que su voz sonó mucho más ronca de lo que era normalmente, tanto que prácticamente no la reconoció.

-Estamos en mi casa… usted no debe conocerme-dijo algo incómodo el sujeto- Aunque supongo que somos vecinos.

-cómo supongo?-Esta vez le costó menos pronunciar dichas palabras, comenzaba a sentirse un tanto mejor.

-Bueno… es difícil de decir, pero usted cayó ayer en mi balcón, estaba verdaderamente lastimada… y como yo soy… quiero decir, era médico pude hacer todo lo posible para salvarle-no creyó oportuno decirle que cuando la había tomado entre sus brazos, estaba muerta desde hacía un par de segundos.

El silencio que siguió a esa breve explicación fue un tanto tenso, por parte de ella porque se preguntaba qué era lo que había hecho para seguir en ese mundo, y por parte de él porque no sabía si ella seguía consiente, puesto que la joven había cerrado los ojos cuando hubo terminado su frase.

-Tengo una pregunta más para hacerle-dijo ella finalmente, pasados unos segundos- Tal vez le resulte extraño… pero, por qué me salvó la vida?

Él la miró como si estuviera loca, como ya sabía ella que la miraría, pero tenía que saberlo, y el motivo era simple, si esa persona había tenido una razón lo suficientemente importante, lograría entender que Dios la seguía manteniendo en ese mundo por un motivo especial, y no por un simple capricho, como solía parecerle… sin embargo, qué motivo que fuera lo suficientemente importante, podía tener para salvarla una persona que jamás había visto en su vida?

-Lo siento… sin embargo, no puedo darle una razón que no sea más que la necesidad de ayudar a alguien, usted estaba allí, en el suelo desangrándose delante de mí, y yo tenía la habilidad suficiente como para intentar salvarla, tal vez fue mi instinto de médico, no lo sé…-Para una pregunta extraña, una respuesta extraña-pensó él

No obstante, si él creyó que con esto bastaría, estaba equivocado.

-Y no pensó que tal vez lo hice a propósito?…que intenté suicidarme? Qué hubiera sucedido entonces?-el tono de ella no era ni altivo, ni descortés, sin embargo le puso la piel de gallina, se sintió de nuevo en la escuela cuando la maestra lo reprimía de una forma tácita.

-Lo cierto, es que ni por un segundo se me cruzó por la mente la idea de que hubiera intentado suicidarse, sea por sus abundantes heridas, o por el hecho de que a menos que fuera masoquista, no hubiera habido necesidad de que se disparara sucesivamente antes de tirarse por un balcón, además escuché sus gritos desde mi casa-esto último era un invento, él recién salía de la ducha en el preciso instante en que ella caía en su balcón, sin embargo suponía que debería haber gritado, al menos es lo que haría cualquier persona normal que fuera sometida a numerosas heridas…

Sin embargo, Ella no era una persona normal.

Permaneció en silencio, y le dejó pasar ese pequeño invento, pues sabía perfectamente que en ningún momento, había pronunciado algo más que un suave quejido, mucho menos un grito. Sin embargo; ahora, su mente estaba pensando en lo generoso que era ese hombre que tenía delante de sus ojos, él tranquilamente podría haberla dejado morir y sin embargo, no lo había hecho, seguramente habría pasado gran parte de la noche en vela tratando de salvar la vida de alguien que ni siquiera conocía. Por tal motivo, decidió mostrarse un tanto más agradecida y presentarse.

-Siento haber sido tan descortés, le debo la vida y ni siquiera se lo he agradecido- aunque ella pronunció estas palabras con la mejor entonación posible, él notó que en realidad ella deseaba que no hubiera hecho nada, no podía evitar preguntarse el por qué, pero juzgó que sería algo desubicado preguntar eso en un momento como ése- Mi nombre es Sakura Kinomoto.

-Un placer Sakura, si es que me permite llamarla así.

-Si no veo el por qué de lo contrario, aún no me ha dicho su nombre- le recordó ella.

-Si lo siento, mi nombre es Xiao- Lang Li, pero puede decirme Xiao-Lang

-Xia…-ella intentó que el sonido se vocalizara en sus labios… más sin embargo era uno desconocido para la fonética japonesa, de modo que lo único que pudo vocalizar fue- Shaoran

Él sonrió.

-No se haga problema por eso, al verla noté que era japonesa, de modo que supuse que le sería difícil pronunciar correctamente mi nombre, Shaoran esta bien.

-muchas gracias-volvió a repetir ella, aunque sin sonreír.

-Ahora, quiero hacerle una pregunta, que tal vez le resulte un tanto inoportuna, pero que me ronda por la cabeza, y tal vez una vez contestada, pueda ayudarla en algo.

-Si? Dígame…

-Leo en sus ojos, el creciente deseo de haber permanecido en donde estaba cuando yo la encontré- Nunca le había resultado pronunciar la palabra "muerte" delante de ninguno de sus pacientes, menos aún después de…

Ella bajó la vista, no obstante contestó la pregunta no formulada.

-Es acertada su suposición

-Y puedo preguntarle, por qué una joven como usted, tan bella, con una importante posición social y económica, desearía eso?

-Tal vez porque a pesar de tener todas esas cosas que usted dice que tengo, no poseo absolutamente nada más en este mundo- Se sentía extraña al no poder mirar a ese hombre a los ojos, hacía años que recordaba el no poder sostenerle la mirada a alguien, no al menos desde...

Suavemente, él le levantó el rostro, hasta que sus ojos se fijaron en los marrones de él.

-Por qué dice eso? Seguramente su familia estaría muy triste de escucharla decir eso, y ni que decir de sus amigos y su novio.

-Lamento contradecirlo-en sus ojos brilló un leve destello de furia, cosa que le dio vida por primera vez, delante de los de Xiao-Lang- No obstante, mi familia difícilmente notaría mi ausencia, y no tengo ni amigos ni un novio que valgan la pena.

Él la escuchaba atentamente, sin poder creer del todo lo que oía, no era posible que una joven como la que tenía delante, pensara que morir era preferible a su vida actual, nunca había conocido a nadie que tuviera una visión tan triste y desdichada de la vida. Él mismo, que no era la alegría personalizada, tenía suficientemente claro que para desear morir, uno debía estar sumido en la más completa desesperanza.

-bueno, sólo puedo decirle, que a veces las situaciones suelen parecer más catastróficas de lo que en realidad son, desde ya le puedo asegurar que cuenta conmigo en lo que necesite-Hizo una pausa, como para respirar y continuó- Ahora lo que más me preocupa es lo que realidad sucedió, aunque yo apenas tuve oportunidad de escuchar una especie de explosión alrededor de las once de la noche.

-Lo cierto, es que yo apenas recuerdo qué fue lo que ocurrió, lo último que soy capaz de rememorar es que estaba hablando por teléfono, cuando segundos más tarde, se produjo una fuerte explosión en mi balcón , un hombre apareció en el umbral de dicho lugar, este estaba completamente vestido de negro, incluyendo su rostro, de modo que no pude reconocerlo …antes de que pudiera darme cuenta de lo que había sucedido, me había disparado unas cuantas veces, y estaba cayendo por el "cráter" que había hecho la susodicha explosión. Luego desperté aquí- aunque debía confesar que esa era la versión resumida de los hechos.

Él tan sólo asintió, pero permaneció en silencio.

-Ahora, a pesar de que ha dicho que no debo moverme es vital que regrese a mi casa.

-Siento tener que contradecirla, pero no puedo permitir que se mueva hasta que sus heridas hayan cicatrizado, ni como médico, ni como ser humano. Además que sería muy inseguro volver a su casa en este momento- aunque en realidad en su caso la situación se revertía, puesto que quien quiera que hubiera querido matarla, no sospecharía de su casa hasta que hubiera advertido que ella seguía con vida.

-No comprendo…

-Es muy simple, lo único que tiene que hacer es permanecer aquí hasta que se recupere, además de que indudablemente esto no se ha tratado de un asalto, sino de un intento de asesinato, por ahora cuenta con ventaja puesto que su asesino, no sabe que esta viva, sin embargo no me cabe ninguna duda de que en cuanto lo sepa, volverá por una segunda oportunidad.

-Pero…

-Siento tener que contradecirla en esto, pero la respuesta es no, le prometo que se sentirá lo suficientemente cómoda como si estuviera en su casa, pues a pesar de que haya mucha gente que piense lo contrario, sé convivir con seres humanos sin que mueran de aburrimiento, y si eso no es suficiente y necesita hablar con una mujer, hoy por la tarde vendrá de visita mi prima, y con ella seguramente te sentirá mucho más cómoda, ya que tiene la capacidad de hacer sentir bien a cualquiera-dijo sonriendo confiadamente- Además según lo que dice el refrán que dicta: " si salvas una vida, ella te pertenece" usted es mi responsabilidad- Había dicho todo esto, mientras se ponía de pie para dirigirse a la salida del cuarto- Descanse

Dicho esto, salió de la habitación.

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En esta oportunidad nos ubicamos en una habitación que se encuentra sumida en la más completa y profunda oscuridad; a excepción de un solitario farol que iluminaba apenas la punta de la capucha de los hombres o mujeres que se encontraban allí. El aire era espeso, y llevaba consigo un olor a encierro que impregnaba las fosas nasales de todos los presentes. No obstante, todos ellos estaban acostumbrados a cosas como ésa; de hecho, en el pasado, cuando la "organización" vivía en un estatus económico y social mucho más inferior al presente, habían tenido que sobreponerse a cosas peores que el reunirse en un lugar, que al menos tenía un techo sobre sus testuces. (Nota: Testuz es un sinónimo de "cabeza", jeje)

Todos sabían por qué estaban allí, y deseaban fervientemente que el protagonista de aquélla reunión apareciera pronto.

Esperaron ansiosamente y en silencio, durante más de media hora, cuando repentinamente, y frente a todos ellos, surgió una nueva sombra, sólo que esta, era una persona bien definida a los ojos de los espectadores, la única en ese cuarto que no llevaba su rostro cubierto.

Tan sólo uno de los que se hallaban allí, le dirigió la palabra, al parecer un hombre, pronunció:

-Tsung, aguardamos tu respuesta, la misión ha sido llevada a cabo con éxito?

-Así es, Kinomoto Sakura ya no es un obstáculo para este mundo-dijo como si estuviera hablando del tiempo en vez de la muerte de una persona. Una muerte de la cual él era el responsable. Y lo más asombroso, era que en vez de parecer culpable, era más bien todo lo contrario, tenía la apariencia de estar orgulloso de la acción que había llevado a cabo.

-De acuerdo- dijo luego de una pronunciada pausa- Ahora centrémonos en tu próxima misión- Hizo una seña, y otro encapuchado se acercó trayendo entre sus manos una bandeja de plata fina, sobre la cual se encontraba un sobre algo amarillento.

El hombre, lo tomó y mientras el otro se retiraba lo abrió.

-Los superiores dicen que la próxima es Daidouji Tomoyo, de la misma edad que la anterior, vive en la misma ciudad; en este sobre encontrarás todos los datos de importancia- dijo entregándole el susodicho sobre que tenía entre sus manos.

El farol mágicamente, iluminó una de las muchas fotografías que el llamado Tsung estaba observando atentamente, en la cual aparecía un inocente joven de cabellos negro ébano, y ojos azules.

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Los pasos apresurados de una joven se perdían entre la multitud de personas que se dirigían a sus respectivos trabajos. Como es de esperar, en una ciudad tan importante como Washington, no era la única persona que trataba acaloradamente de llegar a tiempo a su trabajo.

Sin embargo, ese día era especial para la joven en cuestión, puesto que esa data tendría lugar por fin, el encuentro con su nuevo jefe, el cual era trasladado desde Japón, su tierra natal; y ahora, por culpa del maldito tráfico, tenía que caminar cinco cuadras que parecían dobles, en cinco minutos, con unos zapatos que tenían como cinco centímetros de alto.

-Demasiados cincos para mi gusto-murmuró mientras se detenía un segundo, siendo por poco arrasada por la gente que venía detrás de ella- Bueno, supongo que no me queda otra opción si no quiero romperme el cuello al correr con estos benditos zapatos.

La idea de pisar el suelo de esa ciudad tan contaminada con el pie descalzo, no era muy agradable, sin embargo era eso, o la perspectiva de pasar la mañana en un hospital y perderse la llegada de su nuevo jefe. O tenía una tercera opción, la cual era correr con esos zapatos y creer positivamente que no se tropezaría, ni se doblaría un tobillo, torcedura que le produciría un esguince y que le ocasionaría el hecho de tener que arrastrarse el resto de las calles que le quedaran por caminar. De modo que se agachó, y se sacó los zapatos, hecho esto, comenzó a correr mientras el bendito calzado se sacudía de un lado hacia otro por el compulsivo movimiento de su cuerpo.

Ya tenía a la vista el edificio, de hecho tan sólo le quedarían dos metros para llegar a la puerta; cuando repentinamente alguien abrió el acceso de un auto, y como era de suponer, ella tuvo tanta suerte que se lo llevó puesta.

Al tiempo que sentía su cuerpo cercano al suelo, sólo logra pensar:

Qué lindo recibimiento que le voy a dar a mi nuevo jefe, toda despeinada y con la cara llena de magulladuras

Sin embargo, no contó con la reacción imprevista de la persona que abrió el auto, puesto que apenas terminó de pensar esto, sintió una fuerte mano que se deslizaba por su cintura, y la tiraba hacia arriba.

Sin haberlo notado, dejó caer sus sandalias y su maletín; una vez que se hubo sentido fuera de peligro, logró abrir los ojos, y descubrir a la persona que la había salvado de aterrizar en el duro pavimento.

Delante de sus ojos, tenía una figura masculina de gran altura, al menos mediría un metro ochenta, sus ojos parecían negros a simple vista, pero con la abundante luz que había a esa hora de la mañana, pudo distinguir que eran marrones muy oscuros. Su cabello también era de una tonalidad café, y su contextura física denotaba que en épocas de su juventud seguramente habría practicado rugby.

Era uno de esos hombres comunes, pero que sin embargo llamaban la atención con cada paso que daban, aún así no se lo propusieran, puesto que su magnetismo era tal que sobresalía a la superficie, formando un aura verdaderamente llamativa.

En su vida se había cruzado con un par de hombres como él, sin embargo… ninguno era exactamente como él… no podía expresar en qué radicaba la diferencia, sin embargo era así.

Lentamente, el ruido de las bocinas de los autos, se hizo presente en su cabeza y le recordó que llegaba tarde al trabajo, distraída mientras observaba a ese hombre, habría perdido al menos dos minutos que para ella, eran vitales.

Poco a poco, fue incorporándose; enderezó la espalda, levantó la barbilla y trató de recuperar el poco orgullo que le quedaba, mientras esos ojos café la miraban realmente divertidos.

-Muchas… gracias-pronunció con un verdadero esfuerzo

-No es nada-dijo simplemente el extraño.

Repentinamente ella tomó conciencia de que debido al abundante frío de julio, debería estar sintiendo escalofríos a causa de sus pies descalzos, y sin embargo no era así. Miró distraídamente sus pies, y horrorizada descubrió que estaba parada encima de los zapatos del desconocido.

En ese preciso instante, sintió unos inmensos deseos de que la tierra se la tragara, mirando hacia todos lados menos a esos ojos marrones, pronunció:

-Oh, discúlpeme-exclamó soltándose del círculo que formaban sus brazos alrededor suyo.

-a dónde iba tan apurada?-Pronunció él, cuando observó que ella comenzaba a alejarse.

-A trabajar-dijo con una sonrisa, sin si quiera saber ella por qué sonreía-Este bendito tráfico que tenemos en la ciudad, ocasionó que me retrasara y hoy es un día muy importante laboralmente hablando, y ahora que lo noto. Estoy llegando aún mas tarde que antes-dijo volviendo por fin a su tono formal, pero gentil, de siempre.-Que tenga un buen día

Hizo una leve reverencia, obsequiándole una sonrisa algo forzada, mientras comenzaba a alejarse, sin embargo, cuando estaba por pasar delante de él, este la sujetó por el brazo, mientras le hablaba:

-Antes, me gustaría aunque sea conocer su nombre-dijo, mientras la soltaba cerraba la puerta del auto con gran seguridad.

Mientras aguardaba una respuesta, sacó unos anteojos de sol de su bolsillo y se los puso, en cualquier otra persona, ese gesto hubiera resultado ridículo; extremadamente ridículo a juzgar por las abundantes nubes negras que presagiaban una importante tormenta. No obstante a él le transmitía cierto toque de misterio… como si le hiciera falta.

-Por supuesto-dijo para ocultar su turbación, el por qué debería darle su nombre a una persona que acababa de conocer era algo que quedaba fuera de su comprensión, sin embargo después de meditarlo un instante con su mente, notó que su nombre no la comprometía en nada, ella era otro eslabón en esa inmensa cadena que era la vida, además de ser una inmigrante proveniente de Japón como tantas otras había en Estados Unidos: Mi nombre es Tomoyo Daidouji- pronunció con abierta seguridad, por primera vez desde que se había cruzado con ese hombre.

-Un placer conocerla, señorita Daidouji, pero personalmente, creo que "ojos azules" le va mejor como nombre.

Dicho esto, le hizo una pequeña inclinación con la cabeza, como despidiéndose de ella. Tomoyo se alejó, extrañada ante la súbita familiaridad que ese hombre había tenido para con ella. Sin embargo, segundos después olvidó todo eso, al entrar en el edificio y notar que el extraño, a quien ni siquiera se había molestado en pedirle el nombre, entraba segundos mas tarde que ella.

Pero lo más desconcertante, fue que su secretaria pasó corriendo delante de ella, sin siquiera decirle buenos días, y sin embargo se detuvo frente al extraño, para pedirle educadamente su abrigo y estrecharle la mano.

Tomoyo frunció el ceño, eso no estaba bien, no… definitivamente, no estaba bien.

Aún asombrada, pero sin dejar de fruncir el ceño, observó como el resto del equipo de trabajo se acercaba para saludarlo.

No obstante, lo peor vino cuando, después de escuchar sus pasos dirigiéndose hacia donde estaba ella, escuchó la voz de una de las socias principales pronunciar:

-Touya, acércate, quiero presentarte a una de las joyas más preciadas de esta empresa… Tomoyo Daidouji-luego se giró hacia ella-Tomoyo te presento, a nuestro tan esperado administrador de empresas… Touya Kinomoto.

Decir que sintió pánico, terror y vergüenza al mismo tiempo, fue poco para lo que en realidad experimentó en ese momento. Agradeció a Dios como mil veces, el don que le había dado de poder esconder sus sentimientos detrás de una mascara de frialdad.

Para su inmensa sorpresa, Él se acercó despreocupadamente, y la saludó cortésmente como si fuera la primera vez que la veía.

-Un gusto conocerla, señorita Daidouji-mientras caminaba detrás de la mujer que los había "presentado", le susurró al oído- Nos veremos luego… ojos azules.

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El sutil ruido proveniente de la televisión, le deba un toque de vida a esa habitación tan moderna, a la cual algunos arquitectos de hoy en día se animaban a llamar living o recibidor.

Sin embargo, un joven de unos veinticinco años que permanecía sentado en el amplio sofá blanco que formaba parte del juego de muebles que dominaba el lugar, no prestaba la más mínima atención a lo que sucedía en el mundo que reflejaba su pantalla de plasma de veintinueve pulgadas.

Sus ojos color café denotaban concentración en lo que fuera que estaba pensando, mientras suavemente consumía una taza de chocolate caliente. Mientras el dulce líquido recorría su garganta, sonrió al mismo tiempo que desviaba de sus pensamientos iniciales, al pensar que a pesar de se ya un adulto con notables responsabilidades a su cargo, seguía tan adicto al chocolate caliente como cuando tenía cinco años.

Sin embargo, su ceño fue levemente fruncido, cuando la imagen de la joven que dormía plácidamente en su habitación apareció en su mente.

La noche anterior había tenido que dormir en una de las habitaciones de huéspedes, a causa de que su cuarto era el único que tenía una cama de doble plaza. No obstante no era eso lo que llenaba de preocupación su mente, sino la situación que rodeaba a esa joven y su aparición en su vida. Él, como buen habitante de ese edificio, el cual era más bien un complejo de casas construidas una encima de otra, sabía perfectamente que si ella vivía allí era porque poseía una gran riqueza. Ahora el ki de la cuestión estaba en si ella tenía ese dinero por su familia, o por otro motivo… puesto que era demasiado joven como para haber ganado tanto dinero y tener la posibilidad de acceder a vivir en ese lugar… la otra posibilidad que quedaba, y la cual era muy desagradable, pero no escapaba a la realidad, era que fuera la amante de algún rico hombre poderoso, eso explicaría el por qué de muchas cosas… sin embargo, ella ni siquiera había mencionado tener una relación con alguien cuando él lo había insinuado sutilmente, no obstante eso podría significar que trataba de escapar de esa situación.

Además estaba el problema de que en ese edificio, rara vez uno se encontraba con gente que no estuviera metido en negocios turbios. Hasta el momento, consideraba que él era el único más o menos "honrado" que habitaba en ese lugar; por supuesto que no se consideraba un dechado de virtudes, pero por lo menos no estaba metido en nada ilegal, y si se podía permitir vivir en ese lugar era a causa de la riqueza que poseía él mismo y que se había ganado a costa de su esfuerzo, y no por la que poseía su familia.

Su familia… hacía mucho tiempo que no pensaba en ese tema…, no al menos en toda su familia como conjunto, puesto que veía a su prima a diario… sin embargo, el resto de su familia… casi no le pertenecía…. él había nacido en el seno de una familia de abogados, todos y cada uno de sus miembros eran abogados, la mayoría corruptos por el poder…. sin embargo, él había deseado ser médico desde que tenía memoria. AL menos desde que había visto la sangre por primera vez.

Además, Dios le había dado el don de poder manejar un bisturí como si fuera una extensión más de su cuerpo… pero por sobre todo, porque amaba la idea de tener en sus manos el poder de ayudar a otra gente, y en ocasiones salvarles la vida, con sus propias manos.

No obstante, su familia fue clara y terminante, él debería ser abogado de la misma forma que el resto, de lo contrario, sería borrado del registro de los Li para toda la eternidad.

Él, con todo el pseudo valor de los diecinueve años, y con su mágica habilidad en el bolsillo, abandonó su hogar, y se dedicó a su verdadera pasión.

Su familia, por toda respuesta, lo borró de su lista de herederos, y le prohibió la entrada a cualquiera de sus hogares. Pensaron que el hecho de no otorgarle la maravillosa fuente de dinero que eran, lo harían recapacitar y volver con la cabeza gacha, no obstante, esto demostró que no lo conocían realmente.

Se dedicó a estudiar con verdadera ansia, como si no hubiera nada más en el mundo, y gracias a eso, y a sus habilidades, tuvo el privilegio de graduarse a los veinte años.

Tanto trabajo, sólo para descubrir que le era imposible soportar el dolor y la sensación de fracaso que experimentaba al perder un paciente, al no poder salvar una vida que había sido confiada en sus manos.

No obstante, eso no le sucedió hasta que su carrera profesional estuvo bastante avanzada.

De hecho, durante los primeros dos años, fue un verdadero héroe de la medicina, no había caso que él no pudiera remediar. Hasta lo terminales, por los cuales nadie apostaba ni un centavo.

Pero todo lo que sube, alguna vez tiene que bajar, dice el dicho.

Y él, que durante años se dedicó a salvar vidas, experimentó su primer fracaso, justo con el hijo de su mejor amiga. El pequeño Tsung, que contaba con solo cuatro años de edad, y que sin embargo, ya a esa altura de su vida, tenía los músculos que rodeaban al corazón tan debilitados y a punto de desgarrarse, que ni un transplante lo hubiera salvado.

A pesar de saber eso; él lo intentó. Él era aquél que había salvado a ancianos de cien años, sin un gramo de salud en sus cuerpos, tenía que salvar a ese pequeño, que significaba tanto para él.

Sin embargo, a veces Dios nos muestra que el sufrimiento es la única forma de poder avanzar y de darnos cuenta de dónde realmente estamos parados.

Logró conseguirle un transplante y revitalizó sus tejidos, no obstante esto fue demasiado para su cerebro, y le produjo una neurastenia (def: Enfermedad producida por debilidad nerviosa que produce una depresión en la fuerzas vitales y otros síntomas similares), lo que ocasionó que ese nuevo corazón que recientemente latía en su cuerpo, viviera lo necesario como para adecuarse, y que el niño permaneciera con vida.

De modo, que una semana después de la operación, Tsung partió, dejando una familia desgarrada y mortalmente herida por su causa, y a Xiao-Lang destrozado, profesional y humanamente.

Luego de la muerte de su ahijado, decidió renunciar para siempre a la medicina, tenía suficiente dinero como para vivir varias vidas sin trabajar, y suficiente voluntad como para empezar de nuevo en otro sitio.

Así fue como se trasladó de China a Estados Unidos, donde se encontraba estudiando en Harvard su prima. Él pensó, que de todas formar eso no tenía ninguna importancia, puesto que ella lo ignoraría al igual que el resto de sus familiares. Enorme fue su sorpresa al verla una mañana de pie en su casa, gritándole que era un cretino por no atreverse si quiera a ir a saludarla.

De modo, que con Mei-Ling a su lado, pudo rehacer su vida. Y en el preciso instante en que piso el suelo norteamericano, juró nunca más ejercer la medicina, juramento que había respetado al pie de la letra…

Hasta la noche anterior

Cuando vio el cuerpo inerte de Sakura posarse prácticamente con suavidad en su balcón, una profunda desesperación de salvarle la vida, le hizo romper el juramento que con tanto ahínco se había hecho a sí mismo.

No sabía qué clase de locura se había apoderado de él, pero lo cierto era que al ver caer su frágil figura, sintió que si no la salvaba, una parte de él moriría con ella.

No obstante, lo más difícil que tuvo que afrontar esa noche, fue que cuando ella hubo llegado al suelo, y su corazón había dejado de latir, una sonrisa se dibujó en su joven y pérfido rostro, y esta fue tan auténtica, que le hizo pensar que ella hubiera estado esperando por su muerte toda su vida.

Eso fue demasiado para él, que amaba la vida en todas sus formas… sin embargo, apenas el pronunció en voz alta su deseo de que ella siguiera con vida, sus latidos volvieron a su cuerpo y la expresión de paz de su joven rostro, se volvió súbitamente, de tristeza.

Permaneció despierto toda la noche, mientras la operaba una y otra vez, extrayéndole balas, las cuales milagrosamente, eran su única herida, ya que por algún extraño motivo, la caída no le había ocasionado ni la más mínima contusión.

Suspiró mientras se levantaba para llevar su taza a la cocina. De reojo, pudo observar que en la televisión, mostraban escenas de la explosión sucedida dos pisos más arriba.

Por ahora todo iba fantástico…

Porque nadie sabía que ella estaba viva

No obstante, algo le decía que las cosas no iban a quedarse como estaban mucho tiempo más.

Y cuando el mundo se enterara que ella estaba viva, seguramente el que intentó matarla, volvería a intentarlo .

Lentamente, una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro.

Al menos, de ahora en más no se encontraría sola.

F D

Touya estaba muy entretenido haciendo girar entre sus finos y largos dedos su lapicera de oro. Lo cierto era que su primer día de trabajo lo había decepcionado, había sido extremadamente aburrido, lo único que había hecho era andar de aquí para allá, firmando cosas y conociendo a tantas personas que ya había perdido la cuenta.

Sólo el principio fue merecedor de recordar.

Sonrió al pensar en la mirada desesperada y asustada que tenían esos ojos azules cuando se llevó por delante la puerta de su auto. Y luego, cómo cambiaron de expresión pasando desde el asombro hasta la indiferencia. Hacía mucho que no se cruzaba con alguien que pudiera expresar en sus ojos los sentimientos que se desarrollaban en su interior, generalmente eso era una debilidad, pero era increíble observar que aún quedaba gente así en el mundo.

No obstante, no sólo sus ojos le habíha llamado su atención, el conjunto en su totalidad era soberbio.

Ese pelo negro largo y ondulado, la distinguía entre el montón como si cargara con su propia luz; en aquélla época la mayor parte de las mujeres llevaban el pelo corto como los hombres, sin embargo, nunca le había gustado esa modalidad, surgida de la necesidad de sentirse superiores, como si renunciando a su femineidad fueran aún más inteligentes o demás.

Su rostro era exótico, sus finos rasgos orientales, eran envueltos en una piel tersa y blanca poco común entre la "raza amarilla".

Pero lo que más lo había deslumbrado eran sus ojos, de un azul tan profundo como el cielo nocturno.

Una imprevista curiosidad, lo llevó a abrir el programa en que figuraban las hojas de vida de todos los empleados, allí la encontró bajo la letra "D" Junto a todos sus datos personales:

NOMBRE: Tomoyo Daidouji

EDAD: 23 años

PROFESIÓN/TÍTULOS: Secundaria Shiken, Japón, Títulos en: Organizadora de eventos sociales, decoradora de interiores, y curso especial de capacitación para secretarias y asistentes personales, los dos primeras fueron asistidos en la universidad de Los Ángeles, Estados Unidos y el último, en un instituto privado, en el mismo lugar

POSICIÓN QUE OCUPA EN LA EMPRESA: Asistente personal, del socio minoritario nº 1

ESTADO CIVIL: Soltera

DOMICILIO ACTUAL: Número 64 de la calle North Park.

TELÉFONO: 4-2835787/ TELÉFONO CELULAR: 15-5-683-8978

Cerró la ventana al escuchar pasos fuera de su oficina. Segundos más tarde, una esbelta figura femenina se detuvo frente a su puerta y dio dos golpes en la puerta de vidrio.

-Adelante-dijo Touya mientras se acomodaba mejor en su asiento.

Tomoyo ingresó en la oficina con los nervios a flor de piel. Cuando el efecto sorpresa había pasado; fue consciente de todo lo que había sucedido, y las consecuencias que ello podría traer. Ese sujeto ya la había alterado lo suficiente suponiendo que no lo volvería a ver, imagínense cuando se enteró que lo vería todos los días, y no sólo eso, sino que además sería su jefe y conviviría con él a cada rato; con lo dedicada que era a su trabajo, eso, era peor que si viviera con ella!

-Permiso, vengo a entregarle el informe del próximo caso.

-De acuerdo, siéntese-dijo totalmente sereno y serio, mientras señalaba la silla frente a él.

Tomoyo se sentó mientras abría el informe.

-Bueno, su próximo caso es acerca de un marido adúltero, y su mujer que lo demanda, nada fuera de lo habitual-dijo cerrando el informe y pasándoselo, mientras levantaba los ojos hacia él.

Touya asintió simplemente

-A propósito, necesito hablar contigo, tienes algo que hacer esta noche, ojos Azules

Y ahí estaba de nuevo, encima ese apodo ridículo que se había inventado.

-Creo que lo más adecuado sería que no me llame así, usted es mi jefe-Dijo levantándose y dándose vuelta en dirección a la puerta- y con respecto a esta noche, lo siento y atengo un compromiso.

Con el paso más firme que fue capaz de dar, se dirigió hacia la salida del lugar, no obstante, en el preciso instante en que abría la puerta para salir de allí, sintió que un peso la acorralaba frente al armario que había junto a esta.

-Si tienes un compromiso, cancélalo-dijo a tan solo unos centímetros de su cara, mientras que con una de sus manos la tomaba por la cintura, y la otra la apoyaba en el placard al lado de su cara, a su vez que la mantenía presionada con el mismo peso de su cuerpo.

Abrumada por su cercanía, sólo pudo decir:

-No puedo, no estas acostumbrado a que le digan que no; no es cierto?-Dijo tuteándolo sin querer.

-NO, por eso mismo vas a tener que poder, o acaso le vas a negar una cena a tu ...jefe-dijo acercándose más, estando a escasos milímetros de su boca.

-Eso, jefe, se llama abuso de poder-dijo ya más recuperada, y tirándose un poco hacia atrás.

-Entonces...vas a negarte?-preguntó con tono seductor

-Tengo un compromiso, ya se lo dije-dijo tratando de parecer lo más impaciente y controlada posible.

-Ahora, tienes uno más importante, una cita...de negocios-dijo ahora tan cerca, que su aliento rozaba su piel.

Ya casi había rozado su boca, cuando unos golpes en la puerta hicieron que Tomoyo reaccionara, y en su afán de salir de la situación embarazosa en la que se había metido ella misma, agachó la cabeza, y al ir hacia adelante le propinó un cabezazo en la mandíbula a Touya.

Éste maldijo por lo bajo y se alejó, dejando en libertad a Tomoyo, que lo primero que hizo fue arreglarse el traje de confección hecho a medida, y luego pasarse una mano por el cabello para "peinarse". Un gesto típico en ella cuando estaba nerviosa.

En ese momento Touya dijo:

-Adelante

Y la puerta se abrió, dando paso a otra de las socias más importantes del buffet de abogados donde ambos trabajaban.

La joven, de aproximadamente la misma edad de Tomoyo, llevaba puesto, al igual que ella, un traje de confección de tres piezas, camisa, chaqueta y falda; no obstante, el de ella era de color rojo fuego.

-Touya, tienes reunión con el resto de los socios en quince minutos, te sugeriría que te des prisa-dijo mirando de reojo a Tomoyo, con algo de sospecha en la mirada.

-De acuerdo, nos vemos en diez, Mei-Ling

-Esta bien, pero no te demores-dijo dirigiéndose a la puerta con Tomoyo pisándole los talones; si no aprovechaba esa oportunidad, dudaba mucho que pudiera salir luego.

No obstante, como era de saber, el joven socio no permitió que ella se saliera con la suya, y antes de que terminara de salir de la oficina, Touya la tomó del brazo

-Te pasaré a buscar a las 19:30 hs, no me hagas esperar-dijo sacándola de su oficina y cerrando la puerta.

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El timbre hizo su aparición en el preciso momento en que él salía de la ducha. Echando un vistazo a su reloj, estuvo completamente seguro de que su prima había llegado; y como era habitual en ella, lo había hecho media hora antes.

-Siempre tan oportuna-dijo mirando su vestimenta, la cual sólo constaba de una toalla atada a la cintura.

Acercándose a la puerta, fijó su mirada en el visor que le permitía ver quién se hallaba en la entrada del edificio, y allí observó la impaciente mirada fueguina de su prima esperando porque le diera autorización para ingresar.

Pulsó el botón que le facilitaría la entrada, y decidió ver cómo estaba su pequeña "visitante", seguramente estaría dormida; situación que de seguro cambiaría en cuanto su prima pisara el lugar. Sus fuertes gritos, de seguro tendrían la facilidad de hacerla despertar.

Lentamente abrió la puerta de su habitación, tratando de no hacer ruido; aunque las puertas de aquélla época eran totalmente herméticas y ni hacían ni el más mínimo ruido, la costumbre de su infancia en la antigua mansión era difícil de borrar.

Tal cual pensaba, ella se encontraba allí todavía, durmiendo en posición fetal.

Se la veía tan tierna, delicada e inofensiva, que no pudo evitar penetrar por completo en la habitación, olvidándose por completo de su pobre vestimenta.

Observó sus finas y delicadas facciones, su pelo color ámbar que se desparramaba en abanico sobre su almohada. A mediada que, gradualmente se iba acercando a ella; parecía una niña, acostada en el centro de la cama, demasiado grande para que su menudo cuerpo la abarcara totalmente.

Se sentó en su cama, y sin quererlo, sin siquiera darse cuenta de lo que hacía, llevó su mano hasta su cara, y con sus largos y finos dedos delineó sus rasgos, sus cejas, su nariz, sus mejillas, su barbilla, y sin siquiera notarlo, sus yemas se dirigieron hacia sus suaves labios.

Ella eligió ese momento, para murmurar algo entre sueños, dicha acción provocó que entreabriera apenas los labios, haciendo que Shaoran rozara apenas sus dientes y la calidez de su boca.

Retiró su mano como si lo hubieran quemado; y salió lo más rápido que pudo de la habitación tomando su bata y cambiándose en el pasillo que daba al living.

En ese preciso instante sonó el timbre indicándole que su prima había subido ya hasta el 14º piso, donde tenía lugar su residencia.

Fue y abrió la puerta donde se encontró con la mirada rojiza de su prima Mei-ling.

-Vaya! si recibes así a cualquiera que viene a visitarte, no me extrañaría nada que terminaran por violarte y hacerte perder tu honor y virginidad.-Dijo en un tono burlón la joven, entrando en el lugar dándole un cariñoso beso en la mejilla a su pariente.

-Pasa y déjate de bromas-dijo sonriendo

-Shaoran, qué sucede?-La voz suave y profunda de la joven visitante, irrumpió en la escena, causando una total estupefacción por parte de las dos personas allí presentes. La muchacha se había levantado, sin siquiera ser consiente de donde estaba, y por tal motivo no había prestado atención a su pobre vestimenta, la cual constaba de un sencillo camisón de satén que Xiao-Lang había encontrado en su inmenso vestidor, aunque hasta él mismo desconocía el origen de tal prenda.

-Vaya con razón, eso explica muchas cosas-Dijo la joven china, sin abandonar su tono mordaz y sin dejar de mirar a uno y a otro- pero qué va a pensar tu novio, Shaoran?-siguió preguntando-Sabe que eres bisexual y que además de eso, lo engañas con una mujer?

Shaoran la ignoró y se dirigió directamente hacia Sakura.

-Qué hace levantada? Ni sentada tendría que estar-dijo parándose frente a ella

Totalmente serio.

-Pero es que escuché unos ruidos y no sabía dónde estaba, luego recordé, y le llamé pero como no me contestó traté de ponerme en pie a ver qué era lo que sucedía, como ve, estoy en perfectas condiciones- aunque su voz sonaba y tanto fatigada.

Xiao-Lang maldijo mentalmente el aislante que había colocado en las paredes de su habitación.

-Bueno, ahora eso no importa, las personas siempre se sienten mejor de lo que en realidad se encuentran cuando comienzan a recuperarse; no obstante, si uno no sigue guardando reposo esta situación se revierte fácilmente-dijo alzándola y dirigiéndose hacia su habitación.

-Puedo caminar-se quejó molesta, odiaba que los demás tomaran decisiones sin consultarle, aún más cuando se trataban de su persona.

-Ya lo sé, lo he visto con mis propios ojos, sin embargo, no debe además, comparado con las cosas que he tenido que transportar en mi vida, usted es una pluma.-dijo depositándola en la cama y tapándola. Empero, se contuvo de decirle, que en su situación, una persona común y corriente, habría dado un paso y todos los puntos se le habrían abierto, causándole mucho dolor-Ahora descanse, en menos de dos horas vendré con la cena-

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-bueno, bueno, así que ahora te dedicas al abuso de menores, sé que somos familia y que entre parientes, este estilo de cosas se cubren pero, debido a mi profesión has de entender que no me va a quedar otra opción que denunciarte primito, cuántos años tiene esa chiquilla? 18 máximo, eres una vergüenza Xiao-Lang, realmente no tienes conciencia, ya era bastante con las conquistas que venían llorando a casa para que vuelvas con ellas y eso era que no eran ni la mitad de inocentes de lo que es esta chiquita-dijo Mei-ling mitad indignada, mitad en broma.

-Por qué no dejas de decir estupideces y me escuchas?-dijo suspirando, mientras se sentaba frente a ella en el living, y comenzando a relatarle lo sucedido

-Y bien, qué piensas acerca del asunto?-Pronunció, un tiempo después, cuando terminó de contarle toda la situación

-Realmente no sé qué decirte-Por primera vez en su vida se había quedado sin palabras-Pero... no dijiste que sólo gente influyente y de muy alto nivel social, económico y cultural vive aquí?

Shaoran asintió

-Entonces, qué puede hacer una chiquilla como esa en un lugar como este?

-No tengo ni idea-dijo encogiéndose de hombros

-Buenas tardes-La vos de Sakura sonó mucho más segura esta vez, había vuelto a levantarse y se había dirigido hacia el living, pese a lo que dijera Shaoran, ella se encontraba en perfectas condiciones y no pensaba guardar reposo ni un segundo más desde. En esta ocasión, pudo encontrar una bata y con una cinta que siempre tenía atada en su muñeca, se había recogido el cabello con un moño bajo del cual sobresalían varios mechones de cabello.

-qué hace levantada, tengo que decirle...-Xiao-Lang comenzó a hablar pero la joven de ojos verdes, lo cortó con el simple movimiento de su palma extendida y comenzó a acercarse a los sillones donde estaban.

-Yo estoy bien, no debe preocuparse por eso-dijo con firmeza mientras se sentaba en un sillón de una pieza, ubicado en medio de los dos de doble plaza, en donde se hallaban sentados ambos primos, uno enfrentándose.

-No hay forma de que te encuentres bien, de hecho es un milagro que ya estés de pie-exclamó exasperado-Recibiste cinco tiros y caíste tres pisos, equivalentes a veinte metros.

-No te preocupes, yo nunca me enfermo-dijo sonriéndole, aunque esta era una sonrisa en la cual no se transmitía ningún tipo de calidez ni alegría, era más bien fría e hipócrita-Mi nombre es Sakura Kinomoto-dijo extendiéndole una mano a Mei-ling.

-Mucho gusto, yo soy Li Mei-ling, prima de este sujeto-Dijo despectivamente mientras señalaba a Xiao-Lang.

-un placer conocerte-contestó Sakura amablemente pero sin sonreír.

-Por una vez me hará caso y se volverá a recostar? Podemos continuar hablando en la habitación-Dijo Xiao-Lang serio.

-No, ya estoy exhausta de estar en cama-Dijo mirándolo como si estuviera explicando una simple situación a un idota, corrección a un idota lo hubiera tratado mejor.

-Pero si tan solo guardó reposo por menos de veinticuatro horas-Dijo aún más exasperado, esa chiquilla le ponía los pelos de punta!-Y en su estado debería, por lo menos, permanecer una semana.

-Ya le he dicho que no estoy enferma, además mañana debo trabajar, ya es suficiente con que falté hoy-Dijo mirándolo con fastidio, quién ser creía que era ese hombre par darle órdenes.

-Ya se que no está enferma, lo que tiene es mucho peor-dijo escondiendo las manos en la espalda, antes de sucumbir al peligroso impulso de ahorcarla, alguien debería enseñarle a esa chiquilla a ser más responsable y cuidadosa consigo misma, y ni hablar del trato que dispensaba a los demás. Anteriormente había sido muy amable, la situación era extraña…

Sakura iba a abrir la boca para seguir discutiendo, pero Mei-ling la interrumpió.

-Disculpa, pero dijiste que tenías que trabajar, me puedes decir cuántas horas le dedicas?-preguntó amablemente

-Mmm, no muchas, depende del día, claro que mi trabajo es más exhaustivo cuando estoy fuera del colegio.

-Del colegio?-Preguntó Xiao-Lang sorprendido, era más chica de lo que pensaba.

-Qué clase de trabajo ejecutas en el colegio?-Preguntó Mei-ling con tono melodioso.

Un tono que Shaoran conocía demasiado bien, era el tono que utilizaba en un estrado, a la hora de interrogar a un testigo y exprimirlo al máximo.

-El de profesora, por supuesto!-contestó como si no existiera más profesión que la suya.

-Pero esa profesión no está asignada a personas mayores de 21 años?-Preguntó Xiao-Lang confundido.

-Así es-contestó Sakura tranquilamente.

-Y tú cuántos años tienes?-preguntó Mei-ling

-En mayo cumpliré 23.

Ante esta respuesta Mei-ling se atragantó con su té y Xiao-Lang se sumió en el silencio.

-Disculpa, te han dicho que pareces mucho menor de lo que eres en realidad?-dijo sonriendo, pero aún dudando, a Xiao-Lang no le extrañaría nada, que dentro de dos minutos le pidiera el documento.

-Alguna que otra vez-contestó con indiferencia-pero supongo que ahora mismo, con este atuendo luciré algo más... infantil.

Y no era sólo eso-pensaba Xiao-Lang -Era también el color y la expresión de esos ojos esmeraldas, que relucían y brillaban demasiado, como si estuvieran a punto de derramar lágrimas en cualquier momento, aunque ahora que podía observar afondo su expresión, podía notar que en ellos había una madurez aún mayor. De hecho, parecía haber tanto dolor dentro de ellos que si se juzgara la edad de las personas por sus ojos, esa mujer no tendría tan sólo veintitrés años de edad.

-De acuerdo, pero aunque tenga que trabajar deberá guardar reposo, al lo menos, por cinco días.

-Ni lo sueñe, no me levanté antes porque tenía demasiado sueño, pero ya estoy bien, además yo nunca falto, deben estar extrañados-Dijo sin alterarse ni siquiera un poco, si alguien se merecía un monumento al auto control, ésa era sin duda, Sakura.

-Yo creo que en este momento deben estar buscando una dirección para enviar flores-Dijo con tono jocoso Xiao-Lang.

-Flores? Por qué motivo?-preguntó extrañada, en ese momento, sus ojos reflejaban más ingenuidad que nunca.

-Puede que no lo recuerde, pero su casa quedó hecha trizas y que su sangre quedó esparcida por el balcón, seguramente en este preciso momento buscan su cuerpo, y lo más probable es que se le haya dado por muerta.

Sakura sonrió, por segunda vez en la tarde, sólo que esta vez lo hizo auténticamente, haciendo que todo su rostro resplandeciese.

Esa sonrisa tomó desprevenido a Xiao-Lang el cual se sintió invadido por un extraño sentimiento, como si en toda su vida no hubiera visto sonrisa más linda, como si hubiera vivido toda su vida, sólo por ese momento. De algo estaba completamente seguro, nunca había observado una sonrisa tan exudante de pureza y naturalidad.

Sintió cómo si su alma fuera iluminada por un rayo de sol, después de pasar mucho tiempo sumida en la oscuridad.

No obstante, en ese momento, ella dejó de sonreír, y él sintió como si todo el mundo se le viniera encima, como si ya no tuviera por qué vivir y resistir el sopor que era ese mundo día a día.

-Puedo utilizar su teléfono?-preguntó Sakura luego de meditar un momento, le habría gustado dejar las cosas como estaban, pero eso sería huir, y la huida era un acto digno de los cobardes y débiles, y ella no era ni lo uno, ni lo otro.

-Si, por supuesto-dijo tomando el inalámbrico que estaba en la mesita ratona a su izquierda-Pero está segura que quiere anunciar que esta viva tan pronto? No olvide que intentaron asesinarla.

-Es un riesgo que tendré que correr, no puedo huir del mundo, nadie puede hacerlo, por más que lo intente.

Xiao-Lang asintió pensativo, estaba tratando de reunir las pocas piezas que tenía del rompecabezas llamado Sakura Kinomoto, pero era tan difícil como querer armar uno de 500 piezas, contando con tan sólo cinco.

Asociando todos los datos que tenía de ella, sólo sabía que: Tenía 23 años, era profesora; seguramente de secundaria; era independiente, fría como el hielo en varias ocasiones, y desconfiada; o al menos con extraños, pero sin embargo sus ojos tenían una mirada algo triste por momentos, y además, expresaban ingenuidad. No obstante, también era muy obstinada y necia cuando quería; y sin embargo, todo esto se contradecía con su gentileza.

-Un puzzle bastante controvertido-pensó

-Hola se encuentra Jane?-Preguntó la voz glacial de Sakura al teléfono.

Xiao-Lang la miró incrédulo, ya había notado su aparente frialdad, pero pensó que se debía a su situación. Sin embargo, al notar cómo trataba a gente que, seguramente vería todos los días, se dio cuenta de que esa era, su verdadera forma de tratar a los demás.

Miró a su prima, que en ese momento miraba a Sakura con el ceño fruncido, como tratando de leer su mente o algo parecido.

En ese instante Mei-ling se dio cuenta de que primo la observaba, y dijo:

-Lo siento, Xiao-Lang, pero debo irme, pensaba quedarme más, pero tengo un juicio mañana por la mañana, y debo preparar varias cosas- se acercó a Sakura que estaba esperando que le comunicaran y dijo-Fue un placer conocerte, nos vemos luego.

La joven asintió, y ante su sorpresa, Mei-ling se inclinó, y se despidió de ella con un beso en la mejilla, a lo cual, Sakura la miró como si se hubiera vuelto loca.

Mei-ling salió de la habitación, con una sonrisa enigmática en los labios, y con su primo pisándole los talones

-Por qué hiciste eso?-Preguntó con una expresión absolutamente seria y controlada, totalmente opuesta a lo que sentía realmente-Va en contra de la tradición...

-Esa tradición es una tontería-le cortó Mei-ling-Además, tú abandonaste tu posición de heredero a los 19 años, por lo cual la tradición queda invalidada también.

-Ya lo sé, pero...

-Sé que aún continuas respetando las tradiciones, por eso lo hice

-Qué quieres decir?

-Oh, nada-dijo como al descuido saliendo del apartamento-sólo asegúrate de que esté bien, hasta la próxima vez que venga a visitarte.

-Y qué te hace pensar que ella seguirá viviendo aquí?

-Mmm, no sé si aquí, pero de seguro contigo, eso es indudable-Dijo dejando a Shaoran sin palabras-Ah, y no trates de seducirla, ella es muy inocente, pero algo me dice que si intentas propasarte, te va a dar una lección que nunca olvidarás-Dijo cerrando la puerta,

para dirigirse hacia el ascensor, lo hizo con tal rapidez que dejó a su primo mirando atentamente las grietas que el constructor se había molestado en dibujar en esa puerta de titanio que simulaba ser una de madera

Sonrió al descubrir el significado oculto detrás de esas palabras y se dirigió al living.

Se notaba que su prima lo conocía mejor que él mismo.

No obstante, en esa ocasión, se equivocaba…

Continurá….

Notas de la autora:

Holas!

Tienen derecho a pegarme si quieren, a matarme no, porque si lo hacen nadie continuará el fic, pero bueno… al fin he vuelto, espero que les agraden las modificaciones que hice, y tengo una buena noticia! Estoy de vacaciones con lo cual voy a poder escribir más seguido, yo pensaba actualizar cada tres semanas, mas o menos, en realidad trataré de hacerlo cada dos, pero no lo sé… tal vez si me incentivan con sus reviews, lo haga jejej, bueno no tengo mucho más para decir, porque tengo las neuronas quemadas de tanto escribir, las últimas semanas estuve totalmente concentrada para actualizar los tres, cosa que hago hoy!

Bueno, nos vemos dentro de poquito!

Suerte!

Y gracias a todos por sus reviews!

Chaus!

Especiales gracias a:. .., The Wings Of SakuraMia T., y a Kendappasoma