Segundo capítulo: Le destin puissanse êutre
Una puerta que normalmente era abierta con toda parsimonia, ese día en especial casi sale de sus ejes por la fuerza ejercida sobre ella desde el exterior.
Como era de esperar, la joven que ingresó en la estancia, no estaba particularmente de buen humor; en sus ojos color índigo habitaba un fuerte destello de econo. No obstante, no le bastó con prácticamente destruir la entrada a su sencillo, pero ordenado y pulcro hogar, puesto que ni bien cumplió con el habitual acto de despojarse los zapatos y dejarlos adecuadamente acomodados en un amplio mueble que dominaba el pequeño recibidor, tomó un poderoso impulso, y el maletín que cargaba en su mano izquierda, se estrelló contra la pared frente a ella.
Para su completa desazón, el broche de dicho objeto contaba con una extrema y fina calidad, que ni siquiera pudo obtener el placer de ocasionar un estallido de papeles en el lugar. Eso al menos apaciguaría un tanto su mal humor.
El frío viento invernal golpeando sobre su nuca, le hizo advertir que la puerta de calle yacía abierta de par en par, de modo que giró sobre sí misma y dedicó parte de su atención a cerrar la entrada a su casa con llave, y luego asegurarla con un precario postigo. Sin embargo, en ningún momento, su mente alejó el fantasma de la persona que la había puesto de ese humor, y que hacía horas que rondaba por su cabeza.
Era increíble las sensaciones que ese sujeto le provocaba; hacía mucho tiempo que no tenía un altercado de esa naturaleza con nadie; y ahora, ese sujeto trataba de imponerle su voluntad, como si esta fuera alguna clase de apetencia divina.
Suspirando, o más valdría decir, resoplando; posó un pie descalzo en el frió piso baldosado que recubría el recibidor y todas las superficies de la casa, y luego de deslizarse dos pasos a su derecha, empujó una puerta que la llevó directamente hacia el living.
A medida que atravesaba la sala de estar, iba encendiendo pequeñas, pero brillantes luces. Odiaba las luces suaves y doradas, a su parecer, siempre proyectaban efectos tétricos sobre cualquier cosa, hacían las sombras más pronunciadas y alargadas…
Cuando hubo llegado a la espaciosa cocina, se dispuso a encender el sistema de loza radiante, para que de ese modo, pudiera caminar descalza por la casa y no congelarse en el ínterin.
Mientras esperaba a que el sistema de calefacción central se expandiera por todas las partes de la casa, puso un poco de agua a calentar en el microondas, y se preparó un suave té de jazmín. A pesar del tiempo que había transcurrido desde que se había mudado a norte América, aún no podía acostumbrarse al estridente sabor del café. Al parecer, el hecho de haber vivido la mayor parte de su vida de adulta con una excéntrica tía que insistía en que la parte más importante del día era las cinco de la tarde, cuando obligatoriamente, se disponían a hacer la "ceremonia del té" como ella la llamaba.
-Un tortuosa y aburrida ceremonia-acotó una voz en su cabeza
Esas sesiones habían creado en ella un gusto preferencial por el té, sobre cualquier infusión del momento.
Una vez que hubo recuperado su pausado y sensual andar, el cual había sido obstaculizado temporariamente por la furia que crecía en su interior, se dirigió nuevamente hacia el living.
Con su taza de té en una mano, y "grandes esperanzas" en la otra, se destinó a dedicarle, al menos una hora de su tiempo a la lectura; antes de empezar a acicalarse para el "gran evento" de esa noche".
Al recordar la vil manipulación a la que su recién adquirido jefe la había sujeto esa misma tarde, su sangre volvió a bullir dentro de su frío cuerpo.
No había nada que deseara más en el mundo que permanecer lo que quedaba de la tarde, y gran parte de la noche, recostada en su sofá preferido, leyendo a uno de sus autores predilectos.
Volvió a suspirar en un acto de excesivo mal humor, mientras trataba de concentrar su atención en el libro que sostenía entre sus manos y disfrutaba del sabor suave y ligeramente amargo del jazmín.
No obstante, el atractivo rostro de su superior se cruzaba incesantemente por su cabeza, y obstruía cualquier tipo de relación que ella quisiera entablar con el sr. Dickens.
De acuerdo, era atractivo… y con eso qué? También era odioso, mandón y extremadamente imponente.
En ese momento su cerebro le recordó, que el hecho de que un hombre fuera imponente estaba bien visto en aquélla época… (en realidad en todas las épocas)
-Y tú recuerdas que desde París, prometimos que la única clase de hombre a quien dejaríamos acercársele, serían gordos, bajos con una calvicie incipiente y además miopes?-Le espetó cínicamente a esa voz que resonaba en su cabeza desde siempre, y que era la única que lograba aflojarle los pocos tornillos que le quedaban, hasta sacarla totalmente de quicio.
Al menos hasta la llegada de Kinomoto a su vida…
Exhalando furiosamente una vez más, se puso de pie, y le dijo buenas noches a Dickens definitivamente. No podía concentrarse en esa hermosa literatura inglesa de mediados del siglo XIX, con su jefe dándole vueltas por la cabeza. De modo que se dirigió al baño y abrió los grifos para llenar la antigua bañera de mármol que habitaba allí, mientras miraba en su placar en busaca de algo adecuado para la salida de esa noche, tenía que ser algo elegante, pero nada ostentoso y a la vez tampoco vulgar ni exhibicionista; si Touya se había atrevido a acercársele, pese a la enorme y densa muralla que se había encargado de erigir a su alrededor durante siete años, no quería suponer de qué era capaz si creía que ella lo estaba alentando…
De todas formas, no estaba en su forma de ser, el vestir de manera provocativa; al menos en el presente…
Desechando esos funestos pensamientos, se dirigió nuevamente a la cocina, en busca de una fruta que le apaciguara el leve gusto a bilis que la había invadido al recordar ciertas cosas…
Mientras pasaba junto al inmenso ventanal que conformaba una de las paredes de la sala de estar, notó que la puerta trasera que comunicaba su jardín con la calle, estaba ligeramente abierta…
Algo bastante imposible, si hemos de considerar que la cerradura era de titanio puro, y como es de esperar, imposible de abrir… excepto por un profesional…
Sin lugar a dudas, en su violento ataque de furia la había dejado abierta…
No obstante, ella estaba casi segura de haber entrado por la puerta principal..
Estaba por correr la cortina y abrir el ventanal, cuando su mirada se posó sobre las profundas huellas que había incrustadas sobre la leve capa de nieve que se había formado si que ella lo notara…
Esas huellas sin lugar a dudas no le pertenecían, estas eran grandes y profundas, como si a la persona que las hubiera dejado impregnadas en ese lugar, no le importaba en lo más mínimo que ella las viera…
Y si era así, sólo había un motivo por el cual podría suceder eso…
Mientras comenzaba a ser presa de serios temblores, aún detrás de la espesa cortina que recubría las amplias puertas de vidrio, Tomoyo comprendió que estaba a punto de presenciar otro asesinato…
El suyo…
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Al reingresar en el living, notó que involuntariamente estaba sonriendo. Realmente echaba de menos las brulas de su prima, había olvidado esa capacidad tan característica de Mei-Ling de levantarle el animo aún en una situación tan paranormal como la que se desarrollaba en ese momento en su vida.
Fijó su mirada en la joven quen es ese momento hojeaba distraídamente un hebdomadario de autos que debía de haber encontrado en el antiguo revistero, y entonces comprendió el motivo por el cual se embarcaba en esa travesía.
En esos ojos que simulaban indiferencia y frialdad ante todo lo que la rodeana, se encontraba uno de los misterios más grandes con los que él había tenido que lidiar…
De todos lo casos que le habían sido conferidos a lo largo de su carrera, en ninguno habíha visto tanta desesperanza como observaba en esos ojos de un tono verduzco increíble.
En ese preciso momento, ella levantó la vista de su desinteresada lectura, y él pudo apreciar la total desaprobación que reflejaron sus ojos, al notar su abierta sonrisa…
Sin embargo, él creía que ella no tenía un problema con su sonrisa en particular, sino más bien con la reprobación que ella le confería a cualquier persona que fuera capaz de reflejar abiertamente sus emociones.
-Si no es demasiado impertinente de mi parte, puedo preguntarle a que de sebe tanta algarabía?
Habíha vuelto a tratarlo de usted… debería haber seguido derecho, no dedicarse a enseñar a jóvenes inocentes…
-¿Algarabía?-preguntó como si la palabra careciera de total significado para él; entretanto, retomaba su caminata hacia los sillones donde ella se encontraba pacíficamente sentada.
-Sunpongo que eso es lo que trataba de transmitir con su sonrisa, no es verdad?
-¿Qué, esto?-dijo él utilizando ambos dedos índices para ampliar su "sonrisa" que para aquél entonces ya se había transformado en un gesto bastante gracioso.
Ella no sonrió, sin embargo sus ojos brillaron con un tinte algo especial.
-Si, a eso mismo me refería- asintió, mientras depositaba la revista encima de la pila que tenía a su derecha, en un viejo revistero.
-Oh, bueno-expresó él, mientras finalmente tomaba asiento frente a ella, en otro sillón de dos plazas, y apoyaba los pies sobre la mesa que los separaba, adoptando a la perfección la posición de "amo y señor" del lugar- Sólo sonreí al recordar que dijo mi primar antes de marcharse.
-Oh!
Luego de esa breve exclamación, el silencio entre ellos se propagó de una forma muy rapida e incontrolada; llenándolos de incmodidad…
Ella contuvo el infantil impulso de removerse incómoda en su asiento, y lo miró fijamente a los ojos, dispuesta a decirlo lo que pensaba hacer de una buena vez…
-Mira, ante todo, he de agradecerle inconmensurablemente lo que ha hecho por mi, sin embargo… creo que ha llegado la hora de que regrese a mi casa…
-No obstante, eso es algo que yo no puedo permitir- objetó el con toda tranquilidad-Como su médico, tengo la obligación de asegurarme que usted permanezca en completo reposo, como mínimo durante cuarenta y ocho horas al ver que ella seguía dispuesta a contradecirlo, agregó rápidamente-Usted ha de tener en cuenta que las heridas a las que ha sido sujeta, son de extrema gravedad, de hecho es un milagro que usted pueda darse el lujo de moverse.
-Eso lo entiendo a la perfección, sin embargo, tengo una vida con la cual continuar y no veo el por qué no hacerlo, si me encuentro en perfectas condiciones.
-Mire, a decir verdad, como médico estoy completamente asombrado de esra repentina recuperación suya, hasta podría decirse que es anormal- dijo clavando la mirada en la de ella- No obstante, no estoy dispuesto a correr el riesgo de que le suceda nada, y por eso que no debe moverse hasta que no pase un tiempo prudencial.
-Y ese tiempo, sería excatamente…?
-No se lo puedo decir con seguridad, eso depende de cada persona en particular… además… esta el hecho de que usted fue víctima de un intento de asesinato. En este preciso instante, la policía, el FBI y hasta la CIA, deben estar buscándola desaforadamente, y déjeme decirle que sus expectativas no son tan altas, como para pretender encontrarla con vida…
-Entonces… qué es lo que me recomienda?- Tal vez el hecho de estar extremadamente cansada, le hacía aceptar todo lo que ese sujeto ñe decía sin objeción alguna, o tal vez, era que simplemente lograba, por primera vez en su vida, admitir el hecho de que alguien además de ella tenía razón…
-Yo le recomendaría que vaya a descansar, y dentro de unas horas, nos encargaremos de pensar en una estrategia adecuada para darle al mundo la noticia de que esta viva, qué le parece?
Ella asintió ausente, mientras se ponía de pie lentamente, con le intención de dirigirse a la recámara en la cual había pasado la noche.
Sin embargo estaba más débil de lo que ella se atrevía a admitir, de modo que en cuanto dio un paso, un mareo atroz la sobrevino, y hubiera caído al suelo, de no ser por el hombre que le había salvado la vida; quién recurrió en su ayuda una vez más y logró atajarla antes de que cayera inconsciente.
Lenta y cuidadosamente, Xiao-Lang la cargó en sus brazos y siendo extremadamente cuidadoso, se encargó de transportarla a su habitación, sin sacarla del apacible sueño en que había caído en cuanto la hubo acomodado entre sus brazos.
Una vez que ella estuvo acostada en su cama, se aseguró de que estuviera bien tapada; a pesar del calor reinante en el lugar, el cual era provocado por la calefacción central.
Antes de irse, sin siquiera notar lo que estaba por hacer, se inclinó y depositó un suave y casto ósculo en su frente.
No cabía duda alguna, esa joven despertaba en él sentimientos de protección desconocidos hasta el momento
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Estaba aterrorizada-
Hacía años que no se sentía de esa forma, sin embargo el sentimiento le era demasiado familiar como par ano reconocerlo cuando comenzaba a fluir dentro de ella…. Siempre lo había comparado con el efecto de un veneno, al principio no se advertía, pero poco apoco iba tomando posesión de todo su cuerpo.
No obstante, sabía que si quería sobrevivir, no podía darse el lujo de que el miedo la paralizara.
Y tenía que sobrevivir.
Ya había habido demasiadas muertes a favor de su vida, como para que ella se los agradeciera muriendo en el primer intento que alguien hacía de acabar con su vida.
Por primera vez en su vida, sin pensar en lo que hacía, se alejó de detrás de la cortina, donde aún permanecía y se encaminó en busca de su teléfono inalámbrico.
Inconscientemente, marcó el número de su oficina… pero no el de su despacho en particular, sino el de su jefe…
Estaba pensando en lo increíble que era, el hecho de que su cerebro hubiera registrado en tan sólo unas horas el interno que la comunicaría con una persona a quien supuestamente detestaba; cuando la potente voz de su jefe la sacó de sus cavilaciones.
-De la fontaine asociados.
-Por un horroroso instante, ella permaneció en silencio sin saber qué decir… y el hecho era que en realidad, la situación era desesperante y a la vez ridícula… Cómo se pedía auxilio a una persona a quien apenas había conocido unas horas antes y con la que además, no se llevaba para nada bien.
Sin açembargo, sabía que debía sacar fuerzas de la flaqueza, no podía darse el lujo de entregarse servida en bandeja, y era consciente de que sola no podría llegar muy lejos.
Repentinamente, el ruido de la puerta trasera de la casa, tratando de ser abierta desde fuera, la trajo nuevamente a la realidad reviviendo en ella esa corriente de pánico que hacía cada vez más grande y poderosa.
-Sr. Kinomoto?-
Qué irónico-pensó- estoy a punto de pedirle a este sujeto que venga hasta aquí a ayudarme y a arriesgar su vida, y ni siquiera tengo la libertad de llamarlo por su nombre…
-ojos azules?- dijo él reconociendo en ese sonido ronco y distante que provenía del otro lado del teléfono, la voz de su joven secretaria con extrema dificultad,-Qué sucede?
Desconcertada al ver que él pudo distingui su voz, a pesar de que el miedo la transformaba totalmente; trató deque se trasluciera lo menos posible, la desesperación y el espanto que habitaba en su interior.
-Siento tener que interrumpirlo, pero es que no sabía a quien llamar…
Un ruido en el sótano la hizo callar abruptamente.
Tomoyo?-Se adivinaba un leve tinte de preocupación y desesperación en la voz del hombre… esa situación no era para nada normal, y é presentía que algo anormal estaba sucediendo- qué es lo que ocurre'
El silencio que siguió asu última pregunta, le llenó el cuerpo de inquietudes; sin embargo, ella seguí allí, podía escuchar su ajetreada respiración.
-Sien… siento tener que pedirle esto… pero podría venir en este momento, lo más rápido que pueda, a mi casa?-agregó con desesperación- Es que… es que yo…, simplemente estoy nerviosa, pero escuché algo afuera en mi patio…y luego estaban esas huellas en la nieve…
-Escucha-la interrumpió él, podía sentir todo el pavor que la embargaba, no obstante, no podía permitir que el pánico la paralizara, almenos hasta que él no pudiera ayudarla- Cierra bien todas las puertas y ventanas que tengan acceso a tu casa, y pase lo que pase, no te encierres, de lo contrario te convertirás es un blanco inmovil… me escuchas?
-Si, pero…
La voz de la joven desapareció con un súbito click, y fue absorvida por el absoluto silencio.
No había tiempo para pensar, sólo para actuar…
Maldiciendo profusamente, se levantó de un salto. Ni siquiera se reocupó en cortar el teléfono, tomó las llaves de su auto, y salió corriendo bajo la espesa nieve, sin más abrigo que la fina camisa de algodón que se había pueto esa mañana; pero con la furia calentándole la sangre en las venas
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El teléfono estaba mudo…
Nada excepto el vacío y el silecnio se adivinidaban del otro lado…
Ella sabía lo que eso significaba… y eso quería decir que tenía poco tiempo… porque los clables telefónicos se encontraban en el sótano.
De modo que el asesino de turnia había ingresado en su casa, y la única opción que tenía era correr a la cocina y cerrar con llave la puerta que comunicaba al ótano con el resto de la estancia… antes de que la idea acabara de tomar forma en la cabeza, ella ya se encontraba frente a la susodicha puerta y precisamente en el instante en que ella sacaba la llave después de haberla hecho girar en la cerradura, una mano masculina se divisó del otro lado del vidrio ahumado que cubría la mitad superior de la puera.
Tenía que salir de allí inmeditamente, a pesar de que la cocina era proporcionalmente mucho más grande que las que se construían hoy en día, no dejaba de ser pequeño… sin embargo, antes…
Sin saber a ciencia cierta qué hacer, tomó el cuchillo más grande y afilado que encontró en el cajón de los cubiertos, y salió disparada para el living…
-"No te encierres"- le había dicho Touya
Bueno, pues la sala de estar no era precisamente una habitación pequeña con sus siete metros de ancho y sus once de largo… pero si ese homre se parecía en algo a los anteriores, bien podría estar en un centro comercial que de nada le serviría…
En ese preciso instante, escuchó el sonido de un vidrio al romperse, y al segundo siguiente, el crujido de una puerta al abrirse…
Un instante después, la más profunda oscuridad invadió la estancia… ni siquiera, la luz proveniente del exterior ayudaba, ya que al ser invierno, oscurecía más rápido, y en ese entonces era noche cerrada…
Se sentía como un conejo acorralado; lo único que podía hacer era presionar fuertemente el cuchillo entre sus brazos, adherirse a él como si fuera un salvavidas en el mar.
Aunque no podía distinguir absolutamente nada, el instinto le dijo que ya no se hallaba sola en el cuarto, y aunque estaba pegada a la pared que enfrentaba a la cocina, sabía que era cuestión de segundos para que la descubriera.
Mágicamente, la oscuridad que toda su vida le había provocado pavor, en ese momento la sosegaba… preparándola para lo inevitable….
-Aver… pequeña Tomoyo…- la voz profunda y ronce le caló la sangre en las venas…. Y ella entendía a la perfección por qué… en esa voz se podía adivinar un leve tono de disfrute… ese hombre se deleitaba con su temor… y aún más gozaría cuando llegara el momento de matarla…- Dónde te has escondido esta vez?… sabes? Yo no tengo mucha paciencia… no soy como los anteriores… aunque disfruto con mi trabajo, me agrada que las cosas se lleven a cabo rápidamente… de esa forma el estrés es mnor, lo sabías?
Un sonoro estallido hizo añicos el vidrio que comunicaba el living con el patio trasero.
Seguido de ese impacto, siguieron muchos otros, las balas se incrustaban en todas las superficies a su paso…. Hicieron trizas uno de sus veladores, el jarrón, el armario…
Y sin embargo, todo ese tiempo ella permaneció inmóvil y en silencio… temerosa de que el más mínimo movimiento o ruido, pudiera alertarlo de su ubicación, aunque él no se encontraba ni remotamente cerca de donde estaba ella….
Aún así, no pudo reprimir el grito ahogado que se escapó de su garganta, cuando el costoso cuadro que se hallaba colgado a su lado, estalló en miles de pedazos, las pequeñas partículas vidriosas, arañándole el rostro.
Eso fue más que suficiente…
Al segundo siguiente, ese hombre, que indudablemente poseía un oído comparado sólo con un lince, estuvo de pie frente a ella…. Respirando sobre su agitado rostro…
-De modo que aquí estas…
Desesperadamente, ella blandió el cuchillo que tenía en su mano derecha, tratando de inflingirle el mayor daño posible…
Sin embargo, él tan sólo se dispuso a soltar una carcajada y hecharse hacia atrás, como si pudiera ver lo que ella trataba de hacer, y tomándole la muñeca la hizo girarse de modo que quedara aprisionada entre su cuerpo, y el cuadro hecho pedazos, con los restantes vidrios desfigurandole el rostro…
-Qué hace una chiquilla como tú, jugando con una arma como esta?-preguntó suavemente, al tiempo que le acariciaba el cuello con el filo del cuchillo- Sabes? Es muy peligroso, no te lo explicaron en esos prestigiosos colegios a los que acudiste?… Tal vez alguien debería demostrarte, el por qué la gente normal, trata de mantenerse alejada de cosas como esta…
Estaba totalmente inmunizada… no entendía cuál podía ser la razón, pero ya no sentía absolutamente nada, miedo, dolor ni pánico… nada, absolutamente nada.. la voz de ese sujeto, que hacía apenas unos instantes le parecía aterradora, en ese momento le parecía como si estuviera a millones de kilómetros de distancia… tal vez el terror le hubiera adormecido los sentidos, no lo sabía con exactitud.
No obstante, la primera puñalada que acaeció sobre su frágil cuerpo, tuvo la virtud de despabilarla… en ese momento, sintió cómo fluía por su vientre la sangre y el dolor… y también algo más…
Algo que el dolor había despertado…
No sabía exactamente cómo, ni por qué… pero sus fuerzas para luchar se habían redoblado. Forcejeando incansablemente, trataba de golpear a su atacante, y de conducirlo hacia la puerta de calle al mismo tiempo… tal vez… si lograba salir de esa casa, sus oportunidades de sobrevivir fueran mayores…
-Deja de forcejear, maldita perra!- La "paciencia" se le había agotado y esta vez introducía cada vez y con mayor violencia el arma en todas las partes de su cuerpo, menos en el corazón…"ah, no el corazón debía permanecer intacto!"- No puedo comprender cómo fue que Paul alguna vez logró encontrarte lo suficientemente atractiva como para querer tenerte en su cama… sin ofender, claro.. Pero particularmente prefiero a las rubias….-Dicho esto depositó un desagradable beso en su mejilla, y hundió por última vez el cuchillo en su cuerpo… esta vez, en la garganta… luego de esto la dejó caer, como si fuera un muñeco- Adiós hermosa, espero que disfrutes tus últimos momentos de vida, por cortos y dolorosos que sean…
La voz del hombre le llegó extremadamente alejada…
Apenas logró divisar a puerta de calle que se abría a su derecha, ni siquiera sintió el frío de la nieve agolparse en su rostro.
Ya nada valía la pena… había fallado… les había fallado…
Todas esas muerte para salvar su vida… y ella era vencida en el primer instante.
Nunca debieron confiarle esa misión a ella; era demasiado débil, todo lo que siempre quiso fue ser feliz, enamorarse, vivir tranquila, sin más preocupaciones además de preguntarse qué haría de cenar esa noche y cómo iría vestida a la próxima fiesta… una vida demasiado superficial para una persona como ella. Ella, estaba hecha para otras cosas, cosas más importantes, según la gente que la rodeaba…
Y sin embargo, lo único que ella quería era llegar a su casa después del trabajo, de la escuela, o de donde fuera y que alguien saliera a recibirla con una sonrisa…
Sueños que se había hecho añicos, con la misma facilidad en que se había acabado su confianza hacia los demás… aquélla noche, en París…
Tal vez la muerte me pone melancólica- pensó al sentir las lágrimas bajar por su rostro.
Resignada a lo que serían sus últimos momentos en este mundo, cerró los ojos y se permitió, por primera vez en la vida, desfrutar de su tan temida oscuridad.
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-Objeción, su señoría! El abogado trata de confundir al testigo!
-Si me permite su señoría, qué clase de confusión puede ocasionar a una sobrina que le pregunte si su tío la quiere? Sólo trato de demostrar que el "amor enfermizo" que describe la señorita Li, puede bien tratarse de un amor fraternal que cualquier tío tendría por su sobrina.
-Conteste la pregunta-ordenó el austero juez, a una jovencita pálida y contrariada que en ese momento ni siquiera representaba los dieciséis años que tenía.
La joven asintió y comenzó a hablar con una inusitada firmeza, a pesar de toda la tensión a la que estaba siendo sometida.
-Por supuesto que me quiere, el hecho es que amor no es el amor fraternal que…
-Y no es cierto también, que lo que usted define como "acoso sexual" nunca fue presenciado por nadie?
-Objeción, su señoría! La carátula del caso no es acoso, sino violación.
-Ha lugar.
-De acuerdo, entonces- el apuesto joven que representaba al acusado, comenzó a caminar lentamente por la sala, sin desviar la mirada de la joven que se hallaba en el estrado- Es cierto que no hay testigos presénciales de la violación, señorita Whitmore?
-Por supuesto que no hay testigos, no uno viola a su sobrina delante de un tribunal- acotó sarcásticamente la joven denunciante.
-Solicito que lo último expresado por la testigo sea borrado del expediente, aún no se han obtenido pruebas suficientes de que el hecho en efecto sea una violación.
-Moción aceptado, el jurado obviará la última frase emitida por la señorita Whitmore.
-No tengo más preguntas, su señoría
- Señorita Li, desea interrogar a su cliente?
-Si, su señoría.
La joven abogada, de unos veinticinco años de edad se puso de pie con todo el aplomo y seguridad que su apellido le habían otorgado desde siempre; avanzó apenas unos pasos y luego inició su interrogatorio, son romper en ningún momento la conexión visual con su cliente.
-Nataly, sólo voy a hacer dos sencillas preguntas, de acuerdo?- expresó, entrelazando los dedos, a la altura de su falda, color azul marmolado.
-De acuerdo.
-Bien, la primera entonces; aunque como bien sabemos, no hay testigos presénciales del acto en sí, es cierto o no que tu novio, Brian, subió a tu habitación media hora después de lo sucedido, y te encontró desmayada y envuelta en un manto de sangre sobre la cama?
-Es… cierto- el titubeo de la joven no se debió a que estuviera mintiendo, sino a la vergüenza que le ocasionaba recordar el hecho de que había sido su novio quién la había encontrado en semejante situación.
-Muy bien; y por último, quiero que me relates qué sucedió después de que él te encontró en ese estado.
-Pues, enseguida trató de reanimarme, y en cuanto desperté, me pidió que le contara qué había sucedido, entretanto él me llevaba al hospital… luego, me ingresaron y unos médicos le preguntaron si quería muestras que incriminaran a quien fuera que me hubiera violado.
-Y él que contestó?-
-Él les dijo que si.
-De modo que sí hay pruebas concluyentes.
-Sí, por lo que sé, los médicos pudieron extraer una cantidad de semen, que es suficiente como para saber quién es el autor del delito.
El silencio ante esta afirmación, se expandió por la sala entera.
-Si me permite su señoría, hemos mandado a analizar al laboratorio del estado las pertinentes muestras, y los resultados han sido entregados ayer, los cuales, dicen que el semen es perteneciente al señor Whitmore- mientras decía esto último, se acercó a su escritorio, y tomó una carpeta color azul eléctrico que contenía los documentos- Si cabe alguna duda de que los resultados han sido alterados, la muestra sigue bajo custodia.
Le entregó el documento al juez, y esperó mientras éste lo leía, y se ponía de pie, al mismo tiempo que toda la sala.
-Estas pruebas son más que suficientes para tomar mi decisión, hasta entonces decreto un receso hasta mañana hasta las nueve de la mañana.
Dicho esto, bajó del estrado, y salió de la sala por una puerta a su derecha.
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Mei-Ling sonrió satisfecha, mientras le daba la mano a la madre de su cliente, Susan Whitmore, y a Nataly.
Luego de haber saludado a todas las personas correspondientes, incluyendo al abogado de la defensa, se dirigió tranquilamente hacia la puerta de roble que al fin la sacaría de esa sala, donde había permanecido las últimas tres horas de su vida.
-Mei-Ling, espera!
La joven se dio vuelta con sorpresa, al escuchar que alguien pronunciaba su nombre con tanta familiaridad. Luego, se volvió furiosa al ver de quién provenía ese impertinente llamado.
-Desaparece, Hiragizawa- dijo cuando su joven adversario logró alcanzarla- Y yo no te he dado suficiente confianza como para que me llames por mi nombre.
-Necesito hablar contigo-expresó el joven de unos veintisiete años, como si no la hubiera escuchado.
-Lo siento, tengo cosas que hacer- pronunció ella, sin detenerse en su avance hasta la puerta.
-Oh, vamos, sólo un café en la esquina y te dejo en paz.
-No puedo creer que tengas la cara suficiente como para pedirme eso- dijo, mientras empujaba la puerta para salir del lugar, y la dejaba caer tras ella, con suerte le daría un buen golpe en la cabeza al hombre que la venía siguiendo. No obstante, él tenía más reflejos de los que ella pensaba.
-Por qué dices eso?
-Y encima me lo preguntas, te parece poca cosa defender a ese cretino, cuando a todas las luces es culpable- dijo sin detenerse, caminando rápidamente para salir del edificio.
-Mm, yo no cuestionó los valores de mis clientes, simplemente los defiendo si me parece que es adecuado, además la experiencia dicta que uno aprende más con este tipo de casos que con los que en realidad son inocentes
-Eres un idiota- dijo comenzando a bajar las inmensas escalinatas que daban ingreso al edificio.
-Se puede saber qué es lo que quieres ahora?- dijo una vez que llegaron a la vereda, donde varios periodistas ya se acercaban a tomarles declaración.
-Terminar nuestra conversación.
-Nuestra conversación, terminó en cuanto salimos de ese edificio-dijo levantando el brazo y señalándolo
-No, ahí hablaste solamente tú, y yo debo decirte varias cosas de gran importancia.
-Muy bien, muy bien- suspiró cansinamente- De qué quieres hablar?- dijo, comenzando a caminar hacia el bar que había en la esquina, donde se juntaban la mayor parte de los abogados, para discutir ciertas cosas después de la corte.
-De todo un poco, por empezar, podríamos hablar de ese maravilloso cabello brillante que tienes, de tus ojos absolutamente maravillosos y únicos…-Al ver que la mirada de su acompañante se encendía a cada palabra que él pronunciaba, optó por abrirle la puerta de entrada a un bar y conducirla a una mesa para dos.
Se sentó frente a él, junto a la ventana del lugar, el cual estaba decorado en marrón madera con cuadros de famosos cantantes de tango.(recordemos que los japoneses son amantes del tango)
Luego de ordenar dos cafés, uno cortado para ella; la joven lo observó atentamente.
-Eres un ser detestable, lo sabías?
-Generalmente me dicen lo contrario, pero como todo, siempre hay segundas opiniones- contestó él, impasible, encogiéndose de hombros.
-De acuerdo terminemos con esto rápido, qué demonios quieres?
-Las maldiciones desentonan con tu tierna y dulce voz-dijo señalándola con el dedo índice, el cual se dirigía notablemente hacia su nariz.
-Puedes cerrar la boca?-dijo apartándole el dedo de un manotazo-Para qué me trajiste aquí?
-Sólo quería hablar contigo.
-Te piensas que no tengo nada mejor que hacer que perder el tiempo contigo?
-Supongo que así es, pero por tan sólo un momento me gustó imaginar que me responderías algo agradable, hablando en serio; te traje aquí para hablar de tu primo.
-Qué es lo que quieres con Xiao-Lang? No sabía que se había convertido en un tema de conversación tan interesante e importante...
-Lo que sucede es que hace mucho que no lo veo y...
-Espera un segundo, lo conoces?-preguntó estupefacta
-Fuimos compañeros en una compañía, aunque sólo nos comunicábamos por Internet, no nos conocemos personalmente.
-Ahhh, qué es lo que quieres?
-Saber su dirección, necesito hablarle de algo importante y perdí contacto con él desde hace mucho tiempo.
-Lo siento pero no puedo darte su dirección, en este momento no creo que esté para recibir visitas, pero puedo ofrecerte a cambio el número de su teléfono celular.
En cuanto el joven asintió, sacó de fino bolso de cuero negro, una lapicera de oro y un cuaderno forrado en el mismo cuero de serpiente que la cartera.
-Aquí tienes, ahora si ya terminamos, tengo cosas que hacer-dijo poniéndose de pie.
-Pero y el café?
-Ahí viene-exclamó señalando al joven mozo que se acercaba a su mesa con los dos cafés en una bandeja-Tómate el mío, te lo obsequio, o tal vez con suerte, ese joven buen mozo este dispuesto a tomarlo contigo... nunca se sabe, tal vez tengas suerte...-dijo guiñándole un ojo, antes de darse vuelta y salir del lugar azotando la puerta de cristal.
Ese sujeto la enervaba realmente.
Bueno, ante todo mil disculpas por la demora! Pero bueno, mas vale tarde que nunca, no? Espero que disfruten del capitulo.. porq he tenido que apelar a mis musas suplentes para poder terminarlo, ya que una personita se adueño de la principal (así como también de mi cerebro, y demás cosas importantes en mi… no se si se entiende)… bueno… ahora en la segunda quincena de febrero, me voy de vacas… así que espero poder actualizar antes de irme… de lo contrario, me comprare un cuaderno y escribiré a orillas del mar!...
Y ahora… que les pareció el capitulo? El asesinato de Tomoyo? Que pasara con eso… realmente esta autora loca ha decidido sacar del medio a una de las protagonistas? Y que hará Sakura? Permanecerá junto a Shaoran? Bueno, en el próximo capitulo se sabrán varias cosas! Y ante todo, muchas gracias por sus reviews!
Nos vemos en la próxima!
Suerte!
Nadeshiko!
