Capítulo XX: Algunas Explicaciones.

Al abrir los ojos, creyó que el sol le encandilaría, pero sólo se encontró con un alto cielo raso, y una refrescante brisa.

Pensó en cerrarlos, pero eso no le iba a convencer de que estaba soñando. En realidad, debía estar soñando.

Centró su atención en el techo, que parecía ser de madera lisa.

Luego, sintió el viento, para después caer en la cuenta del lugar en el que su cuerpo se encontraba.

Era blando y mullido, demasiado cómodo para abandonarlo.

No, si eso era un sueño de reemplazo de la cruda realidad, necesitaba verlo mejor.

Se incorporó con precaución, y sorprendido con todo aquello, volvió a acostarse.

¿Cuándo había llegado allí?

Estaba, efectivamente, acostado en una cama, de una habitación muy grande y luminosa, en donde era imposible ver todos sus componentes en un segundo. Y el viento, seguramente entraba por alguna ventana abierta.

Pero quería ver otra vez. Volvió a incorporarse, y observó con más detención. No tenía palabras para describir el cuarto. Necesitaría días para descubrir cada detalle, pero ahora estaba demasiado cansado para comenzar. En general, era un cuarto cómodo, abierto y hermoso, pero extraño para un hobbit como él.

Miró hacia su derecha, por donde entraba el viento.

Había un gran ventanal, abierto de par en par, dando paso a un pequeño balcón en donde se podía apreciar un extraño y hermoso paisaje. Lo más sorprendente de todo, es que en aquel balcón, había alguien. Alguien que creyó que no vería nunca más.

La alegría lo inundó por completo, hasta explotar.

-¡Gandalf!-.

El viejo mago se volteó, se sacó la pipa de la boca, y le dedicó una gran sonrisa.

-oh! Veo que ya haz despertado completamente, mi querido Frodo- le dijo, sentándose al pie de la cama.

-no lo sé…¿en realidad esto no es un sueño?- le preguntó Frodo, muy feliz pero todavía dudoso.

-depende de cómo lo veas-le respondió Gandalf, aún sonriéndole-, pero si quieres una respuesta concreta, no, no estás soñando.

-entonces…¿Dónde estoy?-.

-pues en Rivendel…¿Dónde más?- dijo Gandalf, soltando una dulce carcajada.

Frodo lo miró con desconcierto.

-¿en Rivendel, pero…¿Cómo llegue aquí¿Qué ha sucedido?-.

-con calma, querido amigo-dijo el mago, ahora sin sonreír-, han ocurrido muchas cosas, y como me temía, no recuerdas casi nada…; pero dime primero¿Cómo te sientes?

-no lo sé, creo que bien…, aunque algo cansado…y, tuve un sueño tan extraño que…-Frodo se tocó su hombro, y lo sintió frío; abrió su camisa y pudo ver una delgada y larga cicatriz; eso le bastó para interrumpirse.

-Frodo, eso no fue un sueño, como te darás cuenta- dijo dulcemente el mago-, ojalá lo hubiera sido, pero ya no hay vuelta atrás. Sólo nos queda agradecer profundamente que te hayas recuperado, y no al revés. Corriste mucho riesgo, y me siento culpable por aquello. Pero como ves, ya estás curado, aunque me temo que no por completo…-.

-no entiendo…- espetó Frodo-.

-sufrirás por aquella herida, la llevarás el resto de tu vida, y te la complicará en algunos momentos…pero debes ser fuerte. Como siempre lo haz sido.-le explicó Gandalf- Por cierto, estoy muy orgulloso de ti, está de más explicar el por qué.

Frodo se palpó las ropas¿Dónde estaría el Anillo?

-en tu cuello- respondió Gandalf, adivinando sus pensamientos-, fueron muy corteses al entregarte una cadena para llevarlo, está más seguro de pérdidas.

-oh, vaya…-suspiró el hobbit, tocando el Anillo que colgaba de una fina y resistente cadena de plata, a salvo; pero luego miró al mago, con expresión interrogante-…Gandalf…¿Por qué no llegaste a Bree?

-oh…es una larga historia, y te agotaría demasiado si la contara ahora- se excusó Gandalf-, pero celebraremos un Concilio próximamente, y ahí podrás saber todo lo que respecta a mi retraso.

-¿concilio?-.

-no esperarás que nos quedemos de brazos cruzados mientras Sauron busca su preciado Anillo, y de paso destruye toda la Tierra Media; hay que debatir acerca de muchas cosas-.

-ah…-Frodo tenía muchas ganas de saber que le había ocurrido a su viejo amigo, pero frenó su curiosidad, y optó por otro asunto-, entonces…¿Qué pasó conmigo? Apenas recuerdo algo…, sombras, Trancos, y luego los Jinetes…

-oh, esos Jinetes…-Gandalf suspiró, con el semblante sombrío-, pensar que podría haber previsto su persecución…, te habría ahorrado muchos problemas…; pero bueno, ya es tarde para enmendar mi error, aunque no tanto como para contarte que ocurrió en la Cima de los Vientos, porque…¿de lo anterior te acuerdas?

-sí- afirmó Frodo.

-muy bien-dijo Gandalf-, tú ya estabas aquí cuando yo llegué, y por suerte, también estaba tu amigo Trancos, y los otros hobbits, por lo que pude ponerme al tanto de todo lo sucedido desde Bree. Supongo que tú me contarás luego como partiste desde La Comarca, y como es que tus queridos amigos partieron contigo. Lo que más me extraña, es que hubiera una joven hobbit metida en todo esto.

-Lila!-exclamó Frodo, recordándola de repente, y luego agregó con ansias- ¿ella está aquí también?

-oh, Lila, si, lindo nombre-sonrió Gandalf- sí, está aquí, también convaleciente, pero un poco mejor que tú. Despertó ayer, y tuvo que permanecer obligada en su cama; miren que chiquilla más inquieta, lo único que quería era salir de su habitación para venir a verte.

Los recuerdos le volvían rápidamente al hobbit, y rememoró con horror la puñalada que los Espectros le habían asestado a Lila.

-pero si, ella también estaba bajo peligro de muerte¿Cómo pensaba salir de su cuarto para venir a verme?-exclamó una vez más Frodo.

-quizás tiene más resistencia que tú, querido Frodo; la puñalada que le dieron en el abdomen fue muy peligrosa, pero la tuya lo fue más, porque estaba más cerca del corazón, donde seguramente, querían herirte aquellos Espectros-.

-cuéntamelo desde el principio, para ir así reafirmando mis recuerdos- le pidió Frodo, y así lo hizo el viejo mago.

-bueno, Merry y Pippin fueron muy amables al contarme el 'pequeño' incidente con la fogata, estaban demasiado arrepentidos, pero no hay que culparlos demasiado por el suceso. Los Nazgûl odian el fuego, pero tratándose de una buena señal de ubicación, no perdieron el tiempo. Cuando ya estaban en la Cima, se fueron directamente a atacarte, con una previa protección de tus amigos, pero al parecer, Lila fue la más firme.Al Nazgûl que te atacó le costó moverla de tu lado, pero nadie dura mucho frente al ataque de un ser tan terrible, así que recibió una cuchillada. Luego, desapareciste.

A medida que Gandalf le contaba lo sucedido, él iba recordando, y el dolor de aquellos momentos fue grabándose en su rostro.

-sí…me puse el Anillo…, creí que así me desharía de los Espectros-confesó Frodo, avergonzado-, creo que en el momento de desesperación no use mi sentido común…, me sentí un tonto cuando vi a los Espectros tal cuales eran…

-entiendo-dijo Gandalf-. Cada vez que te pones el Anillo, entras a la dimensión en la que ellos se mueven, y te pueden ver perfectamente, y por ende, localizan al Anillo con precisión.

-pero…no todos son ellos-replicó Frodo-, el Espectro que me atacó era mujer.

-¿mujer?-el rostro de Gandalf se contrajo-, era de esperarse. Ella fue hace mucho tiempo la Reina-Bruja de Angmar, destructora de muchas zonas de la Tierra Media, y cruel como nadie. Ahora, es la Capitana de los Nazgûl, y Señora de Minas Morgul. Bueno, era natural que fuera ella la que te atacase, y no otro. Pero ella no es la única 'mujer' del grupo. Otras fueron reinas y guerreras y cayeron bajo el poder de los 9 Anillos, pero nadie sabe de sus nombres y vidas.

La habitación se había oscurecido un poco.

Frodo permaneció en silencio, y Gandalf prosiguió con los sucesos en Amon Sûl.

-bueno, siguiendo con lo anterior, tras un momento de tensión por tu desaparición, llegó Trancos a auxiliarte…-.

-sí, pero había alguien más!-le interrumpió Frodo.

-si, era un Alto Elfo, Lachfaer, perteneciente a la antigua raza de los Noldor- declaró el mago-; él fue en búsqueda de ustedes enviado por Elrond, y luego de unos días se topó con Trancos. Seguramente sintieron la presencia de los Espectros, por lo que volvieron rápidamente a la Cima. Los Nazgûl fueron dispersados, pero tú no apareciste hasta un buen rato después. Estabas herido, al igual que Lila. Así que acordaron en que Lachfaer los traería hasta acá, puesto que es el jinete más rápido entre los Elfos. Cerca del Vado del Bruinen, tuvo un encuentro con los jinetes, pero ésta vez estaban los Nueve. Pero como ves, logró vencerlos momentáneamente, y llegó a Rivendel. Luego mandó caballos para tus amigos, y éstos llegaron al cabo de dos días.

-mmm…-Frodo pensaba en lo ocurrido, hasta que una de sus tantas dudas saltó a su lengua-, cuando tenía el Anillo puesto, podía ver la sombra de Trancos, pero también vi una desconocida, que ardía como si fuera una gran hoguera…¿era Lachfaer?

-sí-asintió Gandalf-, él vivió antes de que el Sol y la Luna despertaran, al igual que muchos de los de su raza, en las Tierras Bendecidas. Lo que tú viste, es su real apariencia, en términos más simples, su espíritu. En realidad, pocos seres emiten un aura así en aquel vacío.

-Lila!- se agitó Frodo, había recordado otra cosa…-, ella también!...cuando desaparecí, también pude verla! O sea, su aura…era dorada, pero se desvanecía; supongo que era por su herida.

Gandalf frunció el ceño, y su rostro se volvió pensativo.

Aquello ya lo sabía, había visitado a la chica para ver como seguía su herida, y percibió la enorme fuerza que ésta poseía.

-una hobbit con aura poderosa…-murmuró Gandalf.

-¿a que te refieres?-.

-todos tenemos un aura, Frodo; pero sólo aquellas lo suficientemente grandes y poderosas pueden verse, así como la de Lachfaer-.

-eso hace…que Lila sea especial?-preguntó Frodo, sorprendido.

-bueno, sí, pero no sé que clase de especialidad tendrá-dijo Gandalf-, tendré que interactuar más con ella…

-yo también, pero, siento que con ella tengo una gran afinidad…-.

-¿afinidad? Yo no lo llamaría así…-Gandalf sonrió pícaramente, acercándose aún más a Frodo-, mira, te contaré un secreto…; existe otro hobbit que también emite un aura igual…

-¿Quién?-.

-oh! Tu perspicacia ya no es como antes, pequeño!- rió Gandalf-.

Frodo lo miró de forma inquisitiva.

-tú, Frodo, posees el mismo aura de Lila; eso lo supe apenas te conocí-le dijo seriamente el viejo.

-¿yo?...pero, Gandalf eso es…-.

-no es imposible, querido hobbit, y menos para mí, tú lo sabes-aclaró Gandalf-. Frodo, eso es más que afinidad. Lachfaer me habló de esto cuando llegaron. Él percibió muchas cosas en ti, y en Lila, especialmente esa aura dorada que ambos llevan, aunque el tuyo es más difícil de sentir…; tómalo como si fueran 'hobbits excepcionales', aunque en realidad lo son…

Frodo se quedó sin habla. Todas esas revelaciones eran demasiado para él. Aunque Gandalf se lo había explicado de la forma más simple…, había conseguido impresionar al hobbit.

-tranquilízate, Frodo-le calmó Gandalf-, las respuestas a todo esto vendrán con el tiempo; no te bloquees con las revelaciones, porque hay otras que son más grandes y peores…

El silencio dominó en la habitación durante unos momentos, mientras Frodo trataba de pasar en limpio todo lo sucedido, en búsqueda de detalles dudosos.

-Frodo-le dijo el mago-, Lachfaer y 'Trancos' te escucharon pronunciar un nombre mientras estabas entre la vida y la muerte. Y me gustaría que tú me aclarases ese punto…

Frodo captó de inmediato lo que Gandalf estaba insinuando.

Él había estado llamando a Tinúviel, eso lo sabía, a pesar de haber estado inconsciente. Y también sabía a lo que se exponía si la llamaba.

No tenía más remedio que aclararle eso al mago.

-Tinúviel…-dijo Frodo.

-es la 'elfa' que viste cerca de Hobbiton?-preguntó el mago.

-sí…-.

-muy bien, quiero escuchar tu historia-pidió Gandalf, sonriéndole otra vez- y completa.

Frodo comprendió; y se prestó a hablar.

Empezó con las visitas a la 'elfa', la partida de Bolsón Cerrado con Pippin, hasta llegar al encuentro con Sindënís.

Cuando le habló de su conversación con la Elfa, Gandalf se mostró muy interesado.

-Mm, Sindënís…-murmuró, pero no dijo nada más. Parecía conocerla, aunque así era en realidad, la Elfa había hablado de Gandalf con soltura y conocimiento.

Otra de las cosas que le interesó a Gandalf fue el encuentro con Fimbrethil, la aventura en el Tornasauce, y la llegada de Lila, y su posterior conversación con ella.

-¿un viejo vestido de verde!-exclamó Gandalf, con sorpresa.

-sí, gracias a él, Lila llegó a nosotros…, pero nunca supo quien era-.

-ah, seguramente era Radagast…, otro Mago de mi Orden.., aunque no estoy seguro, tendré que conversar con Lila también-dijo Gandalf.

Frodo lo miró con sorpresa, y prosiguió con la llegada a Bree, el asunto del Poney, el encuentro con Trancos, y la llegada a la Cima de los Vientos.

-bastante suerte para un grupo de cuatro hobbits-sonrió Gandalf-, un viaje memorable, sin duda. Pero me hubiera gustado que fuera menos peligroso.

No comentó más, y Frodo le habló de la canción de Trancos, y la confusión que se produjo en su mente con ella.

-Beren y Lúthien…-susurró Gandalf-, fue una triste historia…

-mm…sí-dijo pensativo el hobbit-, pero con respecto a Tinúviel…¿crees que todo sea una coincidencia?

-con el tiempo aprendí que nada es coincidencia simplemente porque sí-meditó Gandalf-, el tiempo es uno de los mejores maestros, déjalo pasar, y te dará las respuestas más satisfactorias.

-no sé si tenga la paciencia…-.

-la tendrás.-le afirmó el viejo, y agregó- lo que no entiendo es aquella inspiración que tuviste para llamar así a aquella 'niña'. Un nombre de elfa, para alguien que quizás no lo sea. Además, una elfa legendaria. Piensa bien en lo que te rodea, Frodo. Y, recuerda mis palabras: la visión a menudo nos engaña.

Tras decir eso, Gandalf se levantó.

-bien, creo que debo dejarte un momento-murmuró-, debes descansar un poco más. Creo que mañana estarás listo para levantarte. Aprovecha ahora para reflexionar. No creo que haya muchas oportunidades para hacerlo.

-espera!- exclamó Frodo-hay algo más que deseo saber.

-pero que hobbit más curioso, venga, dime-.

-¿Cuál es el nombre de Trancos?-preguntó de sopetón.

Gandalf levantó una ceja, y luego volvió a reír.

-Aragorn, hijo de Arathorn-respondió-. Creo que con eso basta.

-sí, basta-dijo Frodo alegremente-. Es que no me gustaría llamarlo 'Trancos' toda la vida!

-me parece bien. Descansa Frodo. Luego nos veremos!- se despidió Gandalf, cerrando la puerta del cuarto, y dejándolo en una constante reflexión acerca de todo lo conversado.