Cuarto Capítulo:Un secuestro un tanto... inusual.

Precedió al doctor hasta la sala de espera, la cual como era de esperar a esa hora de la madrugada, se hallaba desierta; al tiempo que se preguntaba qué querría en realidad el médico de él; tal vez alguna nueva y suntuosa colaboración monetaria como la que había hecho un tiempo atrás para ingresar a Tomoyo al hospital a esas horas inhóspitas.

-Es preciso que discuta con usted algo de suma importancia-expresócontrito el facultativo.

Touya se plantó delante de él, mirándolo con expresión adusta y los brazos cruzados sobre el pecho.

-Lo escucho.

-Es acerca de la paciente…-el doctor titubeó, como dudando si decir realmente lo que se le cruzaba por la cabeza.

-Sí?

-Bueno… es simplemente, que me gustaría contar con su autorización para compartir su caso con la universidad de medicina.

Eso, sí que lo sorprendió; qué era lo que había en su joven secretaria para que un par de locos maniáticos de la salud y la ciencia quisieran investigar.

La respuesta era definitivamente no, aunque ella quisiera, él no se lo permitiría; puesto que eso la convertiría en un objeto de estudio,en una rata de laboratorio dicho de otra manera; sin mencionar, el acoso de la prensa…

No, él ya había vivido eso, y no tenía ningún tipo de deseo de repetir la experiencia; aún cuando ella sólo era su empleada.

-Y se puede saber qué es lo anormal que pudo observar en ella que lo intriga tanto como para emprender una investigación?-preguntó, tratando de parecer interesado en la idea.

El doctor lo miró como si le hubiera hablado en un idioma totalmente distinto.

-Quiere decir…-hizo una pausa, como sopesando sus próximas palabras y finalmente decir- tiene que reconocer que el ingreso de su mujer no fue para nada normal.

Touya pasó por alto el hecho de que el médico considerara que la joven era su esposa, y dijo:

-Por qué motivo en especial?

-El sencillo hecho de que no tuviera pulso ya es asombroso-al parecer ese suceso era tan ajeno a la realidad del facultativo, que pasaba por alto su profesionalismo, demostrando una clase de emoción; Touya estaba atónito.

-Creía que estaban acostumbrados a ese tipo de cosas.

-Lo estamos-asintió el hombre- Lo que no estamos acostumbrados a ver, es que una mujer que lleva al menos media hora fallecida, recupere la conciencia al primer electroshock que recibe.

Touya permaneció en silencio ante esa declaración… sabía que ella carecía de vida cuando la llevó al hospital… pero pensó que sólo habían pasado cinco minutos desde que lo estaba… sospechas que se vieron confirmadas, cuando el médico le dijo que se hallaba inerte.

-Lo que aún más me sorprende, es el hecho de su rápida mejoría… hoy ya estaba consciente, cuando una persona normal, habría tardado días, sino meses en despertar… y eso en caso de que lo hiciera.

Sin embargo, el joven siguió sin hacer acotación alguna…millares de pensamientos se agolpaban en su mente, confundiéndolo, y manteniéndolo realmente ocupado… esa situación se parecía tanto a…

-Señor… que me dice acerca de mi proposición?-al notar la fría mirada que Touya le dirigió, el facultativo, agregó-Por supuesto, se le recompensaría adecuadamente…

-Usted me ofende señor… en mi caso, la respuesta es no, sin embargo, lo consultaré con MI mujer-qué bien sonaba eso- Ahora si me disculpa, me interesa saber cuál es su estado de salud, y si usted hiciera el favor de examinarla que es para lo que le pago, en vez de intentar convencerme para que le dé permiso de convertirla en un conejillo de indias, se lo agradecería.

El doctor lo miró seriamente, y asintió para luego decirle, antes de ingresar a la habitación:

-Al menos, me satisface el hecho de que considere la idea de planteárselo a su mujer, y no rechazarlo de entrada.

-Yo jamás harías eso- exclamó Touya, como si fuera el hombre más virtuoso sobre el planeta.

-Simplemente, omitiré decírselo-pensó, mientras penetraba en el cuarto, seguido del doctor.

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El joven miró atentamente a la mujer que viajaba junto a él en su mercedes plateado.

Era la primera vez en dos días que salía, y no se había tratado precisamente de una salida didáctica…

Luego de haber sido constatada su identidad, y su estado de salud -mental y físico-, los policías la habían acosado a preguntas; y aunque prácticamente no la habían dejado respirar, ella había tomado todo con tranquilidad y hasta podría decirse, con naturalidad, casi parecía que estuviera habituada a rendir declaración delante de una manada de policías ansiosos…

No obstante, desde que habían salido de la jefatura, y ella había ocupado su lugar en el auto, junto a él; no había emitido sonido.

No era algo que fuera extraño en ella, a pesar de que sólo la conocía desde hacía poco tiempo y parcialmente, sabía que en variadas ocasiones; ella necesitaba sumirse en un meditativo silencio, para estar en paz con su alma o algo así.

Sin embargo, ése silencio en particular, lo inquietaba, y no sabía a ciencia cierta por qué…

-Estás bien?-dijo tras un largo momento de meditación, sin despegar la vista de la carretera, estaban por tomar la ruta que conducía al mar, y tenía que tener excesivo cuidado para no desviarse y terminar nadando en el océano.

Su pregunta fue totalmente ignorada tal cómo él esperaba; no obstante, en cuanto el aire se mezcló con la sal proveniente del mar, algo en su semblante cambió. Él no podía decir en qué radicaba la diferencia, pero sabía que algo en ella era diferente.

Al detenerse frente a un semáforo, fijó su atención en la silenciosafigura femenina, y estuvo a punto de lanzar un grito de horror y sorpresa.

Ella ya no se encontraba allí… o al menos, no su espíritu.

-Sakura?-Trató en vano de hacerla reaccionar, más ella seguía perdida en su espacio personal…

Recostada inerme sobre el asiento del auto, su cabeza estaba directamente orientada hacia el mar; su cabello volaba totalmente libre de cualquier atadura, y su semblante parecía pacífico. De no ser por sus ojos, habría pensado que nada sucedía allí.

Empero…

Sus ojos… sus verdes y magníficos ojos, de un color extraordinario y casi mágico, estaban abiertos de par en par, y su iris ya no tenía su color habitual… ahora, ese verde musgo que teñía su pupila, se había convertido en un gris que se asemejaba al de la plata líquida…

No tenía la más mínima idea de a que se debía esa transformación, pero sí sabía que sólo conocía a una persona a quien le cambiara el color de ojos de una forma tan extraordinaria, pero si eso era así… eso significaba…

Sus sospechas se vieron tenebrosamente confirmadas, cuando ella, inconsciente de todo lo que pasaba a su alrededor; bajó del auto y comenzó a caminar directamente hacia el mar.

Nada le importaba… sólo llegar a ese inmenso abismo repleto de aguas y olas que se alzaba frente a ella.

Él permaneció estático durante unos segundos viendo cómo ella se adentraba cada vez en la playa, caminando como si nada sobre la arena, que debería estar ardiendo por haber recibido todo el día los rayos solares.

Parecía casi una pintura; ella dirigiéndose como hipnotizada hacia el mar, con el sol resplandeciendo tras el horizonte y tiñendo todo con un tinte rojizo

Mientras se perdía en sus pensamientos, notó que ella estaba superándolo en fuerza y que prácticamente avanzaba llevándolo consigo como si no pesara nada… y lo peor del caso era que ya había comenzado a hablar…

Eso le confirmó sus peores sospechas.

Bien… era ahora o nunca; a pesar de que recién la conocía, sabía que no podía dejarla ir… su instinto de médico lo impulsaba a hacer cualquier cosa que fuera necesario para salvarla… y él sabía a la perfección lo que tenía que hacer… además, si la estaban persiguiendo, seguramente era porque…

Mientras pronunciaba las palabras que lo condenarían a estar unido a ella de por vida (que fea forma de expresarse! Deberías estar exultante de alegria… al menos yo lo estaría si me encontrara en el lugar de Sakura…), no terminaba de creer que eso estuviera sucediendo.

-Dios…-susurró instantes antes de tomar aire y comenzar- Yo, Xiao-Lang Li, perteneciente a la familia Li, me uno a tía, y prometo cuidarte y protegerte, a cambio de que permanezcas entre nosotros-notó que el juramento estaba funcionando, cuando los ojos de ella comenzaron a cambiar ligeramente a su color habitual, y el plateado se mezcló con el musgo-Para eso necesario que renuncies a tu naturaleza, y que te adaptes a la vida humana, con todas sus consecuencias.

Al parecer, ella también formaba parte del pacto, puesto que de sus ojos se derramó una lágrima plateada, que era la confirmación de las palabras que él acababa de pronunciar.

Ahora, sólo restaba que él sellara la unión… y la forma era… besando esa diminuta partícula de agua salda del color del plomo… la cual, reposaba inquebrantablemente sobre sus labios hinchados y entreabiertos…

Sabía que de estar consciente, ella no estaría muy feliz con eso… más sin embargo era la única forma… y de seguro la única satisfacción que él sacaría con todo aquello… no quería ni pensar en lo que ella diría- y especialmente, cómo reaccionaría- cuando se enterara de lo que había hecho.

Tratando de olvidar por un instante la tormenta que se avecinaba sobre su cabeza; cerró los ojos y acercó suavemente su rostro al de ella.

El primer contacto con sus labios fue suave, y hasta podría describirse como casto; sin embargo, cuando la pequeña lágrima entró en contacto con los labios masculinos, una ráfaga de aire marítimo los envolvió….

Era la aceptación de los superiores de aquella nueva unión.

Esto, como era habitual, produjo que exhalaran al mismo tiempo un suspiro de inconsciente tranquilidad, mezclando así sus alientos…

Ella abrió sus ojos casi al mismo tiempo que él, y ambos se miraron con el asombre reflejado en sus facciones, a la vez que se observaban uno en los ojos del otro.

No obstante, en vez de separarse, se acercaron y comenzaron a cerrar los ojos; todo como si estuviera sincronizado bajo un reloj natural.

Sus parpados se hacían cada vez ,más y más pesados, provocándole una sensación parecida al adormecimiento, empero, dicho sentimiento se contradecía notablemente con el hormigueo que sentía en los labios, los cuales se hallaban suavemente unidos a los de…

Un momento, una brillante luz de alarma se encendió en su cerebro… ella, estaba besando a un hombre… a un hombre y si no había vislumbrado mal al abrir sus ojos…

Corroída por la desesperación, lo empujó para apartarlo de sí y cuando él abrió los ojos, notó que no se hallaba en un error.

-Oh, Dios mío-profirió, al tiempo que llevaba una mano a su boca que formaba una perfecta O, a causa de la sorpresa-Eres un Selkie…

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-Muy bien, eso es algo en lo que puedo ayudarte-exclamó el joven neoyorquino, a la vez que acompañaba a su visitante al estacionamiento del complejo de departamentos en el cual vivía- Ah, y recuerda, que siempre puedes recurrir a mi, aunque no en todos los casos pueda ser de verdadera utilidad.

La joven sonrió al observar la expresión de su amigo.

-No re preocupes, Nick-dijo posándole una mano en el brazo a modo de despedida, mientras subía al auto-Me has ayudado más que cualquiera.

Y luego de cerrar la puerta y encender el motor, se despidió de él con un guiño, para luego desaparecer en la carretera.

Una vez que ella se encontró a solas en el automóvil, encendió el stéreo, y disfrutó de la tranquila y agradable sensación que brindaba a sus oídos la música celta.

Sonrió al pensar en Nick, era un joven apuesto, simpático, de un metro ochenta de estatura y el cabello casi tan negro como el de ella, pero su rasgo más significativo radicaba en los ojos… eran de un color plateado similar al de la plata fundida; casi parecía ser el de…

-Un momento- pensó al tiempo que se detenía frente a la luz del semáforo en rojo…

Esos ojos… tal vez debiera indagar más a fondo en los orígenes del joven… tal vez, sin proponérselo… había encontrado a…

Bueno, de todas formas… aún tenía tiempo.

Salió de la autopista por una salida lateral y tomó un camino desierto; a pesar de que ya eran pasadas las diez de la noche, y la senda que había decidido seguir rayaba prácticamente en la penumbra, de no ser por los faros de su land rover azul metalizado.

Todos los días, cuando regresaba a su casa, lo hacía tomando una ruta diferente cada vez; acción bastante inútil hasta el momento, pero que la hacía sentirse un poco más segura.

No podía acabar con esa costumbre, la cual acarreaba desde mucho tiempo atrás, cuando había arribado en ese país, huyendo aterrorizada y recelosa de su propia sombra.

Repentinamente, una figura se cruzó por delante de su automóvil, y ella dio un volantazo para evitar matar a alguien nuevamente.

Inmediatamente después piso con fuerza el freno, lo que ocasionó que el auto se detuviera; apagando el motor, por las dudas, giró su cabeza hacia la izquierda y observó a un animalejo que bien podría haber sido un gato callejero.

Lanzando un suspiro de alivio, la tiempo que maldecía a la criatura, dibujó una sonrisa en su rostro, con la cual no hacía más que burlarse a sí misma por el miedo que le había provocado un animalejo indefenso.

Tomó la palanca de cambios, y puso primera para luego girar su cabeza hacia la derecha para así vislumbrar la forma de salir de allí nuevamente.

Grave error.

La sonrisa se le congeló en los labios y trató frenéticamente de encender el motor, sin embargo, ella sabía que eso era inútil; habrían cortado todos los cables necesarios en el preciso instante en que ella, guiada por su estupidez, se distrajo.

No recordaba cuándo había estado tan atemorizada.

Miró desesperadamente hacia delante pero sin demostrar ni un ápice lo que sentía por dentro; desde el momento en que ingresaran al auto, Li Mei-Ling pasaría a la historia; sin embargo, no les daría el placer de demostrarles el terror que eso le producía.

AL fijar su vista en el parabrisas, no se sorprendió, al divisar a una alta figura vestida enteramente de negro, acercándose con lo que parecía ser un fierro de unos cuarenta y cinco centímetros de largo en las manos.

Cuando la lluvia de cristales cayó encima de ella, no se inmutó siquiera; cuando su rostro comenzó a ser fieramente cortajeado por los pequeños y diminutos trozos de vidrio, contuvo el impulso-guiado por el instinto a la supervivencia- de protegerse con los brazos.

Cuando la nube de pequeñas partículas transparentes hubo pasado, permitiéndole así abrir los ojos y vislumbrar el rostro del hombre que se acercaba a ella, detrás del que había producido el estruendo en su vidrio frontal, tuvo la desagradable sensación de estar viviendo dos veces la misma situación.

Él había vuelto nuevamente a por ella.

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-Señora Kinomoto, podría hacer el favor de flexionar la rodilla?

Ella obedeció, sin permitir que el fastidio se trasluciera en su rostro. Después de todo ese tipo se dedicaba a ejecutar con ahínco su labor de médico… tal vez con demasiada buena voluntad.

No obstante sus pensamientos cargados de hastío y disgusto, trataba de mantener una expresión solemne para con el médico y su enfermera; expresión que se despejaba inmediatamente, en cuanto su vista se posaba en él.

En ese instante, su actitud dejaba de ser impasible, para adoptar una fuerte porción de cólera.

Cómo era posible que ese sujeto se hubiera atrevido a…

-Muy bien-el tono satisfecho del facultativo interrumpió sus internos comentarios y dirigió su atención a las palabras pronunciadas por el hombre vestido de blanco Al parecer, sus músculos están uniéndose una vez más, como si no hubieran experimentado laceración alguna.

-Lo que implica?-preguntó el joven de cabello cobrizo, que había estado observando toda la escena desde la pared que enfrentaba a la puerta, junto a la ventana; y que en ese momento se acercaba hasta sentarse en la nívea cama de hospital, para así tomarle la mano a su "esposa"

-Con eso quise decir -continuó el doctor, sin otra cómo, la "señora Kinomoto" desprendía la mano de la de su "marido"-Que si sigue progresando de esta forma, en una semana podré darle de alta.

Al juzgar por el tono en que fueron expresadas esas palabras, eso era todo un milagro médico, sin embargo, para ella era una tortura.

-Una emana!-exclamó con desesperación-Eso es demasiado tiempo.

El doctor la miró desconcertado, al tiempo que decía:

-Pero señora, tenga en cuenta que sus heridas han sido demasiado pro…

-Lo que mi mujer quiere decir-Dijo Touya, al tiempo que se ganaba una mirada cargada de desprecio por parte de la joven en cama- Es que si no se podría acortar ese tiempo, tal vez trasladándola a nuestro hogar, con una enfermera personal que se ocupara de su cuidado particular.

-Me temo que eso no será posible.

.Yo creo que es posible-volvió a interrumpirlo el moreno-Además estoy convencido de que mi esposa- esta vez la reprimenda fue más allá de una mirada cargada de odio, y alcanzó los extremos de una desganada patada por parte de su joven secretaria-Sanará más rápidamente y mejor en un ambiente más cálido y propicio, donde se encuentre ajena a discusiones y pleitos, como es nuestro hogar.

-Si, le entiendo perfectamente, no obstante la presencia de niños en el hogar hace que sea más difícil su recuperación.

-No se preocupe por eso doctor-comenzó a decir Touya- No tenemos hijos… todavía.

Si las miradas mataran…. Bueno, de seguro el mayor de los hermanos Kinomoto no se encontraría entre los vivos.

-En verdad?-el médico parecía desconcertado- Pero de seguro, la joven si ha tenido un hijo, de un matrimonio anterior tal vez…

El hijo de Fujitaka Kinomoto, notó cómo la tensión aumentaba en el cuerpo que tenía recostado junto a él. Sin embargo, no estaba seguro del por qué; en el expediente de ella no había mención alguna de un hijo, así como tampoco registros de anteriores subsidios por maternidad, ni escolaridad… ero lo que más le asombró, fue la tenacidad con que el facultativo aseguraba que ella debía de ser madre. Frunció el entrecejo y preguntó:

-Por qué la insistencia doctor?

Al parecer, el médico mal interpretó el ceño del joven, puesto que expresó con el mejor aire profesional que fue capaz de adoptar:

-No intento entrometerme en su vida, pero supuse que debido a la marca que observé en el vientre de su esposa al tratarla ayer por la noche, supuse que al menos sería madre de un hijo.

Sintió que Tomoyo se retraía aún más si eso era posible, sin embargo él tenía que saber:

-Qué marca?

Ahora sí que el doctor parecía totalmente pasmado, y Touya comprendió al instante el por qué…

Si ellos eran marido y mujer, lo más normal sería que él conociera cada centímetro de su cuerpo… se estremeció internamente al evocar la imagen de su bella secretaria totalmente desnuda recostada junto a él, su suave y extenso cabello ondulado yaciendo desparramado por su almohada, sus piernas entrelazadas así como sus…

Basta!- se dijo a sí mismo. No era el momento adecuado para pensar en esas cosas.

De modo, que tratando de concentrar toda su atención en el facultativo- o al menos la mayor parte que le fue posible- escuchó la respuesta a su anterior pregunta.

-Era la cicatriz de una cesárea.

Eso si que lo sacó totalmente de su letargo.

El silencio invadió la habitación, al tiempo que tanto el doctor como él, miraban a Tomoyo en un mudo pedido de explicación.

Ella lo miró a ambos, y como si estuviera cansada de hablar del asunto o del tema la dejara totalmente displicente y fría; pronunció:

-Mi hijo esta muerto.

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El calor era agobiante en el espacio que lo rodeaba, el sudor perlaba su frente a causa de la concentración; no obstante él estaba completamente frío por dentro.

Exasperado, cerró de un golpe su computadora portátil, al tiempo que trataba de digerir ese horripilante café que había decidido encargar al detenerse súbitamente frente a ese lugar, donde uno podía conseguir desde un jugo de naranjas exprimido hasta una pizza con anchoas, y que daba la sensación de haberse quedado en los años cincuenta.

Furioso consigo mismo por no haber avanzado ni un ápice en su investigación, desistió de su frustrado intento de tragar ese viscoso líquido color noche, que se volcaba en una mugrienta taza de porcelana (si, lo sé soy realmente asquerosa para describir determinadas cosas, sorry al que le haya causado alguna especie de reacción el leer esta frase)

Exhaló con fuerza, al tiempo que guardaba sus anteojos en el estuche y se reclinaba en la almidonada silla de amplio respaldo, para recoger la maleta en que trasladaba su notebook.

Con la vista fija en el suelo, pudo apreciar el preciso instante en que dos pares de mocasines se plantaban frente a su mesa, aguardando que levantara su cabeza de debajo de la mesa.

Una leve sensación de inquietud aleteó en su pecho, más no demostró absolutamente nada al erguirse en su asiento, y mirar con atención a esos hombres.

-Eriol Hiragizawa?

-El mismo-asintió, al tiempo que colocaba cada una de sus pertenencias en su lugar- Quién requiere mi persona?

Los hombres parecieron divertidos al observar su indiferencia, no obstante, recuperaron su apostura al instante.

-Nuestro jefe prefiere permanecer en el anonimato, más sin embargo, si tiene la amabilidad de acompañarnos hasta el auto, tendremos a bien, brindarle datos que tal vez usted considere de importancia en el desarrollo de su… investigación

El joven inglés alzó las cejas en una muda demostración de asombro, a continuación desvió su índiga mirada a la entrada del establecimiento en donde se hallaban; se encontraban en el medio de la nada, literalmente.

Se preguntó cómo habrían hecho para encontrarlo allí, puesto que no había ningún indicio de que él frecuentara ese lugar tan alejado de la civilización; de hecho era la primera vez que pasaba por ese lugar.

Sabía que había un noventa y cinco por ciento de probabilidad de que fuera un señuelo para hacerlo caer en su trampa… pero que más daba, tenía que arriesgarse.

-Les sigo, caballeros-dijo finalmente.

Con las gigantescas espaldas de ellos frente a sus ojos, no podía observar nada de lo que se desarrollaba más adelante. Pues a pesar de que él medía su buen metro ochenta y un centímetros, estos hombres eran aún más altos y anchos.

En cuanto traspasó el umbral de la cafetería, observó su pick up verde oscuro a un costado del camino… no sabía por qué, pero tenía la sensación de que estaba un poco más alejada de dónde él la había estacionado.

Se encogió internamente de hombros, y fijó la vista en la traffic negra que se halaba frente a él.

El conductor se encontraba sumido en la oscuridad; frunció el entrecejo por lo inusitado de la situación…

Los desconocidos le hicieron una seña para que se acercara al fondo de la camioneta. Una negra corazonada lo invadió, pero aún así siguió caminando tras ellos, debía que arriesgarse. Y él era plenamente consciente de que en ese caso se trataba del todo por el todo.

Cuando las dos puertas metálicas se abrieron de para en par, impulsadas por los resortes internos; su rostro entró en contacto con un pequeño y cuadrado tubo, que contendría alguna especie de adormeciente en aerosol.

Como bien el corroboro, en cuanto el dedo que lo empuñaba, hizo presión sobre un diminuto botón rojo que lo esparciría sobre sus fosas nasales.

Todo sucedió en unos segundos, pero él tuvo la sensación de que había sido más tiempo.

A medida que se iba adentrando en la inconsciencia, y que sentía que era levantado del suelo para ser colocado en el duro suelo trasero de la camioneta; el pensamiento de que realmente no podría cumplir con su misión, cruzó por su mente.

Vasto y sobrecogedor, en eterno movimiento, el mar bate la costa occidental de Escocia. Hay lenguas de tierra que penetran en el mar tratando de aferrar la eternidad y perdiendo ante el constante ataque de las olas. El viento levanta el agua cargada de sal y la lleva hasta las Highlands, donde la niebla flota sobre las altas piedras erectas como los pliegues de seda en las damas más elegantes. Hombres y mujeres que no conocían esos escarpados peñascos se han extraviado en esa niebla para no regresar jamás y, en tomo de las humeantes hogueras de turba, se cuentan una y otra vez relatos de seres místicos que gozan confundiendo a los viajeros con quienes se topan. En las Highlands escocesas moran hadas y elfos.

Y, según se dice, también las brujas.

La pregunta es… esas criaturas… habrán logrado llegar hasta aquí?

Continuará…

Notas de la autora:

Bueno, siento la tardanza, realmente que lo siento, pero se juntó el fin de mis vacaciones con el inicio de las clases y el acostumbrarse nuevamente a la rutina, junto con mis diez mil responsabilidades… pero bueno, lo que tiene de bueno esto, es que debido a que tardé tanto en subirlo a la computadora pude avanzar en el siguiente capítulo… así que ya casi esta terminado, sólo resta subirlo a la computadora… si fuera tan fácil como sacarle una foto… creo que actualizaría una vez cada dos semanas…

En fin, espero que esta situación cambie pronto, en cuanto tenga mi computadora en mi casita, cambiará, lo prometo, porque siempre puedo hacerme unos minutos para usar la compu en casa… mientras que tener que ir hasta el cyber o a la casa de mi primo… eso lleva más tiempo…

Pero bueno, pasemos al capítulo… qué tal? Les gustó? Hay varias cosas que no se entienden aún, no es así? Esperen hasta el capítulo siguiente, tal vez alguna clase de solución aparezca…

Debo mencionar, que el fragmento del final fue sacado y reformado del libro "hechizo del mar" de Christina Dodd, Tiene una explicación muy sencilla, me desviví buscando información acerca de los selkies, y en ningún lugar encontré más que una simple descripción (estoy así desde que empecé el fic, asi que imagínense) y finalmente una amiga me hizo mención de ese libro, en donde la trama central gira alrededor de esos animalitos… de modo que la información provendrá desde ese libro, más mi imaginación y divagues.

Bueno, mucha suerte, muchas gracias por sus reviews!

Y nos vemos pronto, espero

Nadeshiko luna