Capítulo XXI: El Refugio de los Elfos.

Ya había amanecido esplendorosamente en Rivendel, cuando Frodo pudo levantarse al fin, libre de peligros, pero aún convaleciente.

Un elfo de cabellos marrones, alto y muy amable entró a su habitación, declarándose como su 'elfo de compañía'.Llevó al hobbit al gran baño de su habitación, para que se lavara, y luego le mostró un armario donde había mucha ropa a su medida, y entre las cuales podía elegir.

Frodo se vistió con una túnica azul oscuro con el cuello abierto, hasta algo más arriba de las rodillas, terminada en punta, y ceñida a la cintura, donde llevaba un fino cinturón de plata con una gema blanca engarzada; y pantalones del mismo tono de la túnica.

Era un atuendo muy sencillo, pero en Frodo se veía muy bien, y a su 'elfo de compañía' le pareció que el pequeño hobbit tenía cierta faceta élfica que sólo en esas circunstancias podía mostrar a la perfección.

Luego de que Frodo estuviera listo, el Elfo lo guió hacia el comedor, donde podría desayunar.

El hobbit estaba impresionado; había una multiplicidad increíble de enormes pasillos, todos con hermosas columnas de mármol blanco y gris.

Podía observar también los jardines, hermosos y llenos de variados tipos de árboles, surtidores de agua, flores que daban la impresión de estar atravesando continuamente un arcoiris, y un sinfín de cosas bellas, que luego podría ver más detenidamente. Notaba en el aire una esencia distinta al resto de los lugares, era una mezcla de melancolía y paz que dejaba a Frodo entre aliviado e intranquilo.

Tras caminar cerca de diez minutos por un laberinto de corredores y salas, por fin llegaron al comedor, un amplio salón con una gran y larga mesa en su centro, donde podían comer perfectamente todos los allegados a la Gran Casa de Elrond, que por supuesto, eran una multitud.

En ese justo momento, había muy poca gente desayunando, pero la suficiente como para que Frodo se sintiera muy feliz.

Sentados a la mesa, estaban sus queridos amigos, Merry, Pippin y Lila.

Corrió hacia ellos con una gran sonrisa en el rostro.

-¡Amigos!-exclamó el hobbit.

Los otros hobbits voltearon sus rostros, y lo miraron sorprendidos.

Luego de unos segundos, Pippin curvó una sonrisa y se levantó, abalanzándose encima de Frodo.

-¡FRODO!-gritó éste con emoción.

Merry y Lila también se levantaron, y se acercaron para recibirlo.

Pero estaban algo cambiados, casi irreconocibles, a excepción del cabello revuelto típico de hobbits y sus rostros traviesos.

Frodo se percató de que estaban vestidos como él, a la usanza élfica; eso había operado el cambio en ellos.

Pippin y Merry vestían muy parecidos entre sí, con camisas de lino color crema, pequeñas túnicas damasquinadas, y pantalones marrones.

Pero Lila sí que estaba distinta.

Le había parecido al principio que ella era una pequeña joven elfa, pero había sido una suposición errónea.

Llevaba puesto un hermoso vestido morado oscuro, con un pequeño escote ornamentado con motivos de florecillas; las mangas eran largas y de tela transparente de un violeta claro, abierto desde el codo hasta las manos; y llevaba un cinturón delgado de lino del mismo tono de las mangas. En cuanto a joyas, un colgante de plata fina cruzaba su cuello, con una pequeña gema lila como centro; y una delicada tiara adornaba su cabeza, mezclándose con su rebelde cabello.

Frodo pensó que estaba impresionantemente bella, aunque prefería a la Lila común y corriente, le hacía sentir más seguro y menos tímido, que era como estaba ahora.Además, recordó lo del aura dorada, y resultó peor para él entablar alguna conversación con ella. Sin contar de que se sentía culpable por la herida que había sufrido por defenderlo.

Luego de que Merry lo soltara, Lila le dio un abrazo muy afectivo y sincero, lo que él no pudo evitar corresponder.

-que bueno que estés bien-le susurró ella.

Se separaron, y los cuatro hobbits se sentaron alegremente a la mesa.

El desayuno, para su fortuna, era muy extenso y contenía una variedad de alimentos exquisitos, y algunos desconocidos.

Merry y Pippin devoraban su segundo desayuno con ansias, y Lila los miraba algo atragantada.

-creo que ya no tengo tanta hambre…-murmuró, abandonando el pastel que comía.

-si lo vas a dejar, dámelo enseguida!-le dijo Pippin con los ojos brillantes, y Lila aceptó.

-wow, Frodo, estás irreconocible-comentó Merry-, si no hubiera sido por Pip, hubiéramos pensado que eras un niño elfo jajaja.

-digo lo mismo de Lila-dijo éste, con una tímida sonrisa, y ella algo azorada, cambió el tema.

-¿Cómo te sientes, Frodo?-le preguntó.

-pues, muy bien!-exclamó, contento-, aunque todavía algo agotado…, pero bien!

-jajajaja, es que eres un hobbit muy resistente, amigo-dijo Merry, guiñándole un ojo-, eso lo heredaste de los Brandigamo.

-jaja, si tú lo dices…-.

-por supuesto, un ejemplo claro es mi hermana¿no?-.

Lila lo miró con reproche, no quería oír más de aquel tema, menos en el desayuno.

-oh! Mnmnmss estas nnmnmbb salchimbbr están de lo sbbnmbm mejor-dijo Pippin con la boca llena.

-no sabía que los Elfos las comieran- dijo Frodo, extrañado.

-no las comen!-exclamó Merry-, hay mucho de aquí que no comen, pero nos trajeron estos alimentos como cortesía. Ellos sólo se alimentan de verduras, frutas y cosas 'livianas'.

-¿y cómo sabes tanto de comida élfica, Merry?-preguntó Lila con interés.

-pues porque, mientras ustedes permanecían en 'claustro', nosotros cenábamos maravillosamente junto al resto de los Elfos-respondió Merry, con tono burlón.

-oh, Merry, eres un bribón!- le gritó Lila, simulando rencor -, haz disfrutado mucho más que nosotros la estadía!

-hey! No me envidies! Jajaja, ya no tienes que hacerlo! Estás en pie!-.

-bueno, sí, pero aún sigo convaleciente…¬¬-.

-yo también! Así que tendremos que recuperar todos estos días perdidos…y ustedes nos ayudarán!- replicó Frodo, con una sonrisa.

-ah ¿sí?-Pippin ya había tragado toda la comida-¿Cómo?

-mostrándonos Rivendel!-aclaró Frodo.

-muy bien-Merry parecía contento-así lo haremos¿verdad, Pip?

-clarmmsnqmmmmsii-dijo éste, con la boca llena otra vez.

Al terminar el desayuno (después de 2 horas xD.), Merry y Pippin guiaron a los hobbits convalecientes en un breve recorrido por el lugar, mostrándoles las diferentes salas, sus dormitorios, los jardines, las caballerizas, el camino que salía del Refugio, e incluso la biblioteca y las cocinas (ya se habían hecho amigos de los Elfos encargados de ellas).

-qué hermoso lugar…-suspiró Lila, admirando las cúpulas de los largos corredores-jardín, y la gran cascada que no quedaba muy lejos de ellos.

Frodo también había quedado sin aliento.

-espera a ver esto, Frodo, y quedarás peor-le dijo Pippin, sonriendo con su característica malicia.

-¿qué?...espero que no hayan tramado alguna de sus travesuras o si no…-.

-no! no es nada de eso! Vamos!-le dijo misteriosamente, Merry.

Caminaron velozmente a través de más pasillos, hasta llegar a otro jardín, algo alejado de la parafernalia élfica.

Era muy tranquilo, y al parecer, nadie lo visitaba.

Recorrieron un poco el lugar, hasta que se toparon con una fuentecilla, y unos banquitos alrededor de ella.

Frodo ahogó un grito.

En uno de aquellos banquitos, tomando el sol plácidamente, y con un libro en la mano estaba…

-BILBO!- exclamó el hobbit, muy emocionado, y corriendo hasta él.

El viejo hobbit lo miró, y soltó una carcajada.

Ahora los años se le notaban mucho más, parecía haber envejecido muy rápido, todo lo que en esos años el poder del Anillo había impedido.

-Mi querido Frodo!- Bilbo y su sobrino se abrazaron cariñosamente, hacía mucho tiempo que no se veían, y tenían tantas cosas que contarse.

Los otros hobbits también saludaron a Bilbo, y se sentaron junto a él.

-¿Cómo has estado!-le preguntó Frodo a su tío.

-pues bien! Mejor que nunca!-respondió el viejo, con gracia-, definitivamente, este es el sitio ideal para terminar mi libro! Aquí está todo lo que necesito. Pero tú, querido..¿como estás? Tanto te he extrañado! Si hubiera sabido que vendrías a parar aquí, te hubiera llevado de La Comarca conmigo! Jajaja…

-bueno, yo tampoco creí que llegaría a este lugar-Frodo le sonrió con ternura-, pero estoy muy feliz de haberte encontrado!

Y así siguieron conversando con alegría, acerca de La Comarca y las andanzas de Bilbo, hasta que una campanilla les interrumpió.

-es el aviso de que el almuerzo está listo!-gritó Pippin, levantándose de un tirón; Merry hizo lo mismo.

-bueno, mis hobbits, vayan a comer!- dijo Bilbo.

-¿no irás con nosotros?-preguntó Lila.

-no, cada vez tengo menos hambre! Me estoy poniendo muy viejo jeje!-rió con gracia Bilbo,- en fin, mañana pueden venir a visitarme nuevamente, creo que el resto del día lo destinaré a mi libro, y no deseo ser interrumpido.

Los otros hobbits asintieron, y se despidieron del viejo Bilbo, prometiéndole una próxima visita.

Frodo estaba demasiado feliz, no podía creer que su tío estuviera ahí. Tenían tantas cosas que compartir…


El almuerzo fue bastante más rápido que el desayuno, la mayoría de los comensales (elfos.) se había marchado apresuradamente y los hobbits habían quedado solos.

Salieron del comedor, y Merry y Pippin tenían ciertos planes traviesos por detallar y practicar, así que se despidieron de sus amigos, y se alejaron.

-vaya, nos han abandonado- murmuró Lila-, y no tengo nada que hacer!

-yo tampoco-agregó Frodo-, pero si quieres, podemos ir a los jardines.

-mm, buena idea!-aceptó Lila-con mi hermano como guía apenas pude echarles un vistazo!

Caminaron lenta y tranquilamente por uno de los corredores-jardín, llamados así por estar al aire libre, y porque enredaderas y flores se entrelazaban en las columnas.

Permanecían silenciosos, admirando la belleza que les rodeaba, hasta que llegaron a un gran balcón, desde el cual se podía admirar la cascada y la totalidad del Valle de Imladris.

-nunca había visto algo tan…-dijo Lila, la vista la dejaba maravillada-…, no sé, no encuentro un término aplicable a la hermosura de este lugar.

-creo que no lo hay-comentó Frodo.

-me encanta este paisaje-a Lila le centelleaban los ojos-, pienso que hubiera sido lindo ser una elfa…, vivir aquí…

Frodo la miró. Ella no necesitaba ser una Elfa, bastaba con lo que ya era. Decidió cambiar el tema.

-Lila-la llamó, y luego agregó- yo necesito…darte las gracias…

-ah?...¿las gracias?-ella no entendía.

-sí, por lo de la Cima de los Vientos…-.

-aahh…-Lila bajó la mirada.

-resultaste herida por defenderme, y no pude hacer nada para evitarlo-se interrumpió para tomar aire-, yo estaba embobado con el Anillo, e hice caso omiso a tus advertencias. En ese caso, también debo pedirte disculpas…-.

-Frodo, no es necesario todo esto-cortó la hobbit, mirándolo con algo de tristeza-. Era mi deber como amiga, porque eso es lo que soy, no? Tú ya tenías suficientes responsabilidades, y yo tenía que tomar una. No te culpes por lo pasado, no me arrepiento de lo sucedido.

Frodo intentó decir algo más, pero ella no lo dejó.

-y ya no sigamos con ese tema tan desagradable, estamos en Rivendel, por ahora hay que disfrutar de nuestra suerte-.

-sí, tienes razón…-.

-bueno, ayer me visitó Gandalf!-exclamó Lila muy emocionada-.

-a mi también-sonrió Frodo-, creo que te visitó después de que me viera mi.

-quizás, pero fue tan simpático y amable conmigo-contó ella-, me pidió que le contara mi versión del viaje, y por supuesto, lo hice! Y ¿sabes lo mejor de todo?...me reveló la identidad del hombre de verde! Era Radagast, uno de los magos de su Orden, se caracteriza por estar vestido con los colores de los árboles, y es un experto en bosques, plantas y animales! Estoy tan feliz de haberlo conocido. Y por supuesto, me alegra mucho más que Gandalf haya querido hablar conmigo!

Frodo la miraba divertido, jamás la había visto tan emocionada.

-y también me habló de un Concilio-continuó Lila-, no sé exactamente que será, pero dijo que sería importante mi presencia…; definitivamente, no sé que haré yo ahí..

-sí, también me hablo de eso, y yo también iré, por lo que me dio a entender-dijo Frodo.

-ah! Por lo menos tendré compañía!-exclamó Lila, sonriente-, a todo esto, te ves muy bien con esas ropas! Pareces un elfo!

-jaja, si? Tú lo pareces más-dijo el hobbit, sonriente.

-ah! Eso fue milagro de Galadwen!-se excusó ella-, es mi 'elfa de compañía', como se hizo llamar. Me hizo gracia jaja, pero es muy linda y amable conmigo. Dijo que podríamos ser muy buenas amigas.

-si, también apareció en mi habitación un elfo de compañía, pero no me dijo su nombre, será que son más reservados…-.

-no sé, Galadwen no parece tan 'élfica'…, o sea, sí jaja, pero es más cercana que muchos de ellos.-aclaró Lila-, porque he visto ya algunos elfos en los corredores y en el comedor, pero son muy introvertidos, y tienen ese aire melancólico…-.

-Mm, creo que los de la cocina no son así, sino, no creo que soporten mucho a Merry y Pippin-rió Frodo.

Estuvieron conversando y riendo mucho rato, y ya estaba atardeciendo, pero no se habían percatado de ese hecho.

-hay algo que no me cuadra-dijo Lila-, no he visto más a Trancos…¿se habrá marchado?

-no lo sé, tampoco lo he visto…-murmuró Frodo, acordándose del intrépido montaraz-. Creo que no es bueno seguir llamándolo Trancos.

-yo no sé su nombre-.

-Aragorn; Gandalf me lo dijo-.

-oh, vaya, que lindo nombre, y es justo para alguien como él!-comentó Lila-, aunque no sé exactamente quien es.

En ese momento, llegó el Elfo de compañía de Frodo, y les avisó que la cena estaría pronto lista, y que debían presentarse en el comedor.Él los acompañaría.

Los hobbits lamentaron que el tiempo pasara tan rápido, pero otro día podrían seguir con la conversación; así que resignados, marcharon al Comedor, guiados por el Elfo.


El Comedor estaba repleto, parecía que todo el mundo guardara hambre hasta la cena, porque era justo en ese momento en donde todos aparecían.

Elfos y elfos llenaban la mesa, y Frodo pensó en cual sería su lugar.

-Frodo!- alguien lo llamaba; era Pippin, quien había llegado detrás de él junto con Merry- ¿listos para comer?

El elfo de compañía estaba a punto de llevarlos a su lugar, cuando Gandalf apareció detrás de todos.

-buenas noches, queridos hobbits-les saludó cuando ellos lo vieron, y se dirigió a Frodo y Lila- veo que esta es su primera cena oficial…

Ellos asintieron.

-muy bien; tendrán el honor de compartir la mesa con Lord Elrond-anunció con una sonrisa-, vamos!

Los cuatro hobbits le siguieron hasta el comienzo de la gran mesa, donde acostumbraban a sentarse los Señores de Rivendel y los invitados nobles.

Allí los recibió un Elfo hermoso, de cabellos morenos, ojos melancólicos y modales altivos y elegantes, que se presentó como Elrond.

Junto a él estaban sus hijos, muy parecidos a él, y para más remate, gemelos, Elladan y Elrohir; y su hija, Arwen, la más hermosa de todas las Elfas conocidas. No había palabras para describirla.

Ella les sonrió, y Frodo pensó que con esa sonrisa bastaba para iluminar todo el comedor.

También había otros elfos relacionados con la familia, pero la mirada de Frodo se detuvo en uno de ellos. Le parecía bastante conocido.

El elfo se percató de que el hobbit lo miraba, y se les acercó.

-mae govannen ('feliz encuentro')pequeños- saludó, específicamente a Lila y Frodo-. Soy Lachfaer, espero que disfruten de su estadía en Rivendel.

A ambos se le abrieron los ojos como platos.

Él era el que los había salvado de las garras de los Nazgûl, y ni siquiera le habían agradecido eso. Se sintieron algo avergonzados, y Lachfaer lo captó.

-no necesitan darme las gracias, fue un honor haberlos ayudado-les sonrió, y luego volvió a sentarse, cosa que los hobbits no tardaron en hacer.

La cena, en general, fue larga y bien servida.

Frodo se sentía algo raro e incómodo, y Lila estaba en las mismas; la gran mayoría hablaba en élfico, y los que no, como Gandalf y Elrond, debatían acerca de cosas poco interesantes.

En cambio, Pippin y Merry lo estaban pasando en grande, se servían de todo e intentaban entablar conversación con cualquier elfo que pareciese simpático.

Al fin, Elrond se levantó de su asiento, dando por terminada la comida; y se dirigió al salón contiguo a este.

Todos los elfos se levantaron y fueron hacia el mismo lugar, por lo que los hobbits hicieron lo mismo.

Gandalf los alcanzó sin demora.

-ahora nos dirigimos al Salón del Fuego, es costumbre pasar allí las veladas, escuchando baladas élficas, bailando, o simplemente, charlando-les explicó el mago-.

Dicho salón era algo bastante amplio, con hermosos murales, y lámparas finamente labradas, que difundían una luz muy suave.

Sillas de oscura madera se esparcían por el lugar, dispuestas para cualquier elfo que quisiera sentarse, y en el caso de Elrond, y sus hijos, sillas más espléndidas.

Los hobbits tuvieron algunas dificultades para sentarse en una, puesto que eran muy altas, pero con ayuda, lo consiguieron.

Sin demora, una bella elfa comenzó a cantar con voz dulce una balada, y la sala se sumió en un profundo y respetuoso silencio.

La canción parecía duras horas y horas, eran tan larga que algunos hobbits ya bostezaban.

Cuando terminó, un elfo entró a toda prisa y le susurró algo a Elrond y Gandalf, por lo cual pronto se levantaron de sus sillas, y abandonaron el salón.

Eso no interrumpió la actividad de ésta; Arwen se levantó delicadamente, con un arpa en las manos, y se dirigió a la concurrencia.

-he aquí la Balada de Leithian; la historia de Beren y Lúthien cantada en honor a nuestros pequeños invitados-anunció con voz suave, mirando a los hobbits despiertos, y muy sorprendidos, (Pippin y Merry dormían profundamente)-. No hay mejor lay para su recibimiento.

De inmediato, comenzó a cantar, mientras sus finos dedos rasgaban hermosos acordes.

Su voz era líricamente preciosa, y de un poder inimaginable, con el que dominó las emociones de todos los presentes.

Frodo no entendía gran cosa, pero ya sabía de que trataba todo.

Estaba impresionado por la peculiar bienvenida de la dama Arwen¿acaso ella sabía algo de lo que le estaba pasando?

Lo dudaba. Sentía su alma vibrar con cada melodía, mientras su mente corría en algún bosque, en búsqueda de Tinúviel.

Arwen lo llevaba de la alegría a la repentina tristeza, de la felicidad a un intenso dolor, sólo dejaba a sus emociones fluir, y creía que las lágrimas le saltarían en ese mismo instante.

Luego de un largo momento, la canción terminó, y todos los elfos aplaudieron a su Dama con respeto y regocijo.

Ella con una sonrisa dulce, se acercó a Lila, quien tenía el rostro cubierto de lágrimas.

-no llores por el pasado, querida-dijo, secándole el rostro-. Piensa en el afortunado presente.

Se inclinó ante ambos atónitos jóvenes, y se marchó del salón.

¿Qué significarían aquellas palabras?

Lila estaba impactada, la Dama Arwen en persona se le había acercado, y además, le dedicó misteriosas palabras.

¿Por qué habría hecho ella todo eso?

Ella lloraba por la emoción de la balada, nada que le incumbiera personalmente. ¿Arwen se habría equivocado?

Mientras Lila reflexionaba, Frodo recordaba las sensaciones que había experimentado; otras voces comenzaron a cantar, y algunos elfos bailaban.

Pero luego, Merry y Pippin se despertaron, y les pidieron que fueran ya a sus habitaciones, a lo que tuvieron que aceptar.

Estaban muy cansados, y además, aún convalecientes, era conveniente irse a dormir, y olvidar las confusiones.