Capítulo Cinco: Distorsiones
Hubiera reído si la situación que se le presentaba delante no fuera tan excesivamente agobiante.
Sin saber realmente qué decir, la miró en silencio durante lo que pareció un minuto entero, y repentinamente comenzó a caminar hacia el auto; pasando por delante de ella sin siquiera mirarla.
No podía creer lo que estaba sucediendo… después de todo lo sucedido, ese sujeto se atrevía a ignorarla por completo y a mirarla con esa mezcla de divertida exasperación en los ojos.
Comenzó a caminar rápidamente para alcanzarlo, y cuando finalmente lo hizo, pasos más adelante diez, lo tomó por el brazo y trató de girarlo para que volviera la mirada hacia ella.
Fue un vano intento, ya que él la sobrepasaba tanto en fuerza con en peso.
-¿Qué sucede?-inquirió él, sin tener siquiera la decencia de darse vuelta.
Detestaba hablar con la espalda de nadie, mucho menos la de él; de modo que lo rodeó y se plantó frente a él con las manos convertidas en dos firmes puños, ambas fuertemente apoyadas a cada lado de su cadera.
-Que qué sucede?-le preguntó ella a su vez, acentuando el último qué; pasmada, ante la actitud del hombre- Acabas de realizar un … un… un ritual tan antiguo y oscuro que nadie excepto los selkies conocen, y te atreves a decirme que no eres uno?
Él la miró, impasible, al tiempo que levantaba una ceja en señal irónica y contestaba, luego de hacer una leve pausa:
-Primero y principal, yo no te dije que no era un selkie-aunque puede decirse que en cierta forma no lo soy, o al menos… no lo era- y segundo, cómo es que; siendo este ritual tan antiguo y sombrío como dices que es, lo conoces… es que acaso tu también formas parte de esa raza?
Entre tanto terminaba de decir esto, se cruzaba de brazos cargando todo el peso de su cuerpo sobre le pie derecho y la mirándola con expresión complacida en el rostro, como si hubiera descubierto algo que sólo él supiera.
-Eso no es de tu incumbencia-dijo hoscamente, al tiempo que daba media vuelta y se disponía a dirigirse al automóvil.
Él la alcanzó con dos pasos de sus largas piernas y cuando lo hizo, la tomó firmemente de brazo, pero a diferencia de ella, lo mantuvo allí y comenzó a caminar de esa manera hacia el auto.
-Aún queda algo por discutir-dijo él, cuando se hubo sentado frente al volante y encendido el motor.
-Y qué es?-preguntó ella sin demasiado interés; fijando su vista, pero no su atención en el GPS del auto, delante de sus ojos; en realidad temblaba por dentro. Si era lo que ella tenía en mente…
-Las consecuencias de lo sucedido allí abajo.
La hija menor de Fujitaka Kinomoto tardó en responder, pero cuando finalmente lo hizo, fue con un tono suave; que desmentía su interior inquietud.
-Mejor discutámoslo cuando lleguemos a tu casa-no tenía sentido seguir tratándolo con la formalidad con la que venía haciéndolo; no con lo que se les venía encima-No tengo ninguna intención de matarte, al menos no mientras conduces el auto en el que yo viajo.
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-Vamos! Muévanse, es que es tan difícil trasladar una silla de ruedas!
-Tal vez, si yo viajara en ella, todo sería más sencillo.
Él miró con el enfado reflejado en el rostro, al delicado y pálido cuerpo femenino que llevaba en brazos, para ingresarla en su casa.
-El doctor dijo que no debías hacer ningún tipo de esfuerzo, en lo posible, ni siquiera deberías levantarte par a ir al baño.
-El médico no sabe nada; él no está en mi cuerpo y no sabe cómo me siento.-adujo ella.
-Pero sabe mejor que tú cómo funciona tu organismo; y tiene mayores conocimientos de lo que pasará si fuerzas tu débiles músculos.
Ella hizo una mueca de disgusto y lo siguió dentro de la estancia-En realidad, muchas opciones no tenía, puesto que la tenía sujeta a él como si fuese una camisa de fuerza-.
Su casa era completamente distinta a cómo ella se lo imaginaba.
Creía que él sería el tipo de persona al que le gustaría mostrar al mundo todo su éxito profesional, plasmándolo en una mansión inmensa y rebosante de lujo. No obstante, la casa a dónde él la llevó, era lujosa, si eso había que reconocerlo, pero no reflejaba ostentación alguna.
Por fuera parecía una casa común y corriente; ubicada en un barrio más de los miles que había en la ciudad.
Si uno miraba tan sólo el exterior, ésta figuraba como una casa común y corriente. El frente estaba recubierto por ladrillos rojos, y carecía totalmente de espacios verdes, tan sólo una puerta de color bronce y una ventana bastante grande a su lado; sin embargo, al traspasar el umbral, un inmenso recibidor-antepuesto, por el tradicional cuartito para depositar los zapatos, tan común en Japón como extraño en esta parte del mundo- les daba la bienvenida; dicha habitación tenía la capacidad de albergar a por lo menos quince personas y que éstas se sintieran cómodas a su vez.
-Espere, no quiere que deje mis zapatos aquí, antes de ingresar?-dijo cuando él siguió andando sin detenerse.
-Te los quitarás en el dormitorio.
Esa frase la alarmó, tanto que ni siquiera prestó la menor atención a la impecable y lujosa habitación que conformaba el living, el cual estaba enteramente decorado en tonos dorados y ámbares, con conocidas pinturas adornando sus paredes, rodeadas de un fino marco dorado color oro.
Sólo tuvo ojos para la inmensa cama que ocupaba la pared central del cuarto al que él la condujo.
La depositó suavemente en el costado izquierdo de esta y le dijo:
-Debo ir a asegurarme que los enfermeros de los que dispuse estén realizando todo adecuadamente, entretanto, por qué no te pones cómoda? Quítate los zapatos, y si quieres ir al baño, sólo debes llamarme-su tono era suave, pero sin inflexiones; al parecer todo el enfado que guardaba contra ella se había disipado. No obstante, algo de todo lo que él había dicho -aunque perfectamente razonable-le resultaba inconcebible.
-Eso es humillante! Cómo pretende que lo llame para ir al cuarto de baño? Cuántos años cree que tengo?
Él no hizo caso de su observación-probablemente porque sabía que era verdaderamente humillante-, y le contestó
-Es la única forma de que no hagas movimientos bruscos-dijo al tiempo que una lenta sonrisa se dibujaba en su rostro-Además, prometo no mirar… todavía.
-Y qué se supone que puedo hacer sin su supervisión?- se quejó ella, sin darle importancia al comentario sexista.
Él pareció meditarlo un tanto, antes de responder:
-Todo lo que puedas hacer sin levantarte, ni moverte del lugar en donde estás ahora.
Con dichas palabras, se dio media vuelta y antes de que ella tuviera tiempo de contrarrestar su comentario, salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
Ella permaneció en silencio y quieta, absolutamente pasmada.
Ese hombre no tenía límites.
Recuperando la movilidad, junto con la racionalidad, movió levemente su cuerpo hacia la cabecera de la cama, dispuesta a tomar una almohada para ahogar con ella el grito de frustración que pugnaba por salir de sus labios
No obstante, el único sonido que salió de su boca fue más bien un quejido ahogado que denotaba una abundante sorpresa. Al levantar el cojín encontró debajo de ella un precioso y delicado kimono de satén color blanco.
-Así que eso es lo que quiso decir con "ponte cómoda"-pensó al tiempo que tomaba entre sus manos la suave tela-Probablemente espera que lo llame para que me ayude a cambiarme… sólo en sus sueños.
Lentamente te inclinó para deshacerse de sus zapatos, una parte de la vestimenta que él se había encargado de ir a buscar a su casa, entre otras.
Al pensar en su morada la recorrió un horrible escalofrío; en ese momento, un escuadrón entero estaría registrándola, tratando de encontrar pruebas que no existían, ni existirían.
Ellos nunca las dejaban.
Al tiempo que meditaba en esos sombríos asuntos, finalizó la ardua tarea de cambiarse sin que se le reabriera ninguna herida, y tomó la decisión de recostarse.
Por más que le resultase enormemente placentero molestar a su jefe, en ese instante el sueño y el cansancio eran más acuciantes en su interior.
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El cuerpo en estado de total inconsciencia fue bruscamente depositado en el suelo, cual si fuera una bolsa añeja de patatas sin valor.
Eso trajo aparejado la discordante reacción del ser humano que, ahora, se hallaba "recostado" en el frío suelo de linóleo.
Sosteniéndose la cabeza con una mano, trató de establecer control sobre su cuerpo, y entreabrió los ojos.
Gracias al cielo, se hallaban en un lugar oscuro, simplemente iluminado con un incandescente foco de luz amarillenta. De lo contrato, no estaba seguro de que su aturdida vista pudiera soportarlo.
Levantó la mirada del suelo y la fijó en los dos hombres que lo observaban desde arriba.
-Oh, claro! ellos se hallaban de pie.
-Podrían haber sido un poco más delicados, no?-Se quejó al tiempo que se ponía de pie y los sobrepasaba en altura.
-Lo siento señor, es que no sabíamos exactamente cómo…
-Esta bien, olvídenlo-dijo al tiempo que se sacudía con vigorosas manos el pantalón de vestir y recorría el lugar con la vista hasta encontrar la silla que sabía que debía de haber por ahí-Tú, ve a buscarme un vaso de agua-dijo al joven de más baja estura de los dos-Y tú, cuéntame que sucedió con la chica.
-Fung se está encargando de eso, en unos minutos más tendrá a Li Mei-Ling a su disposición, señor Hiragizawa.
Él lo observó con sus ojos azules impasible, mientras contestaba:
-Perfecto.
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Cerró la puerta, y un suspiro de cansancio se filtró por entre medio de sus labios entreabiertos.
La oscuridad reinante en el living que servía para recibir a determinados invitados, y que era ocasionada gracias a las gruesas y estéticas cortinas de color ámbar que cubrían los amplios ventanales que dominaban la pared frente a la puerta, le brindaba una hermosa y mínima paz a su mente.
Desde el preciso instante en que cruzó el umbral del hospital para dirigirse a su casa, una inmensa sensación de ira se adueñó de sí mismo.
Era increíble, hacía apenas unos pobres días que conocía a esa mujer y ya había logrado convertirlo en un demagogo; una y otra vez se prometía a sí mismo no complicarse la vida dándole cabida a su joven secretaria en su vida; y en todas las ocasiones era incapaz de cumplir su autoproclamado pacto.
Irritado consigo mismo, se dispuso a trasladar las maletas de su huésped a la habitación que le había designado-la cual estaba ligada a la suya, y se comunicaba con ella por medio de una puerta- dispuesto a sentarla sobre sus rodillas y darle palmadas hasta que no pudiera sentarse por una semana-, si se había dignado siquiera a moverse para ir al baño.
Con una exhalación recorrió los dieciséis pasos que lo separaban de su destino final y abrió la puerta, sin saber qué esperar a ciencia cierta.
Estaba realmente perturbado por lo que tendría que hacer si ella no se encontraba exactamente donde él la había dejado, pero por Dios que lo haría.
Repentinamente resignado suspiró y cerró los ojos al tiempo que entraba en la habitación y caminaba a ciegas hasta el borde del lecho, donde abrió los ojos; dispuesto a enfrentarse a cualquier cosa.
Lo que encontró allí lo colmó de ternura a la vez de una clase de disgusto que se vio fuertemente refrenado por la creciente dulzura que lo embargaba.
En el centro de la inmensa cama, pulcramente adornada con una colcha color hueso, se hallaba; arrebujada y recostada de costado hacia su lado derecho, ambas piernas recogidas sobre su abdomen; la hermosa y refinada joven que momento atrás, él pensaba en castigar duramente por desobedecerlo.
Obviamente, era una batalla que había perdido consigo mismo en el preciso momento en que abrió los ojos y la vio.
Ella estaba pacíficamente dormida, ajena a todo aquello que pasaba a su alrededor. De todas las facetas que él le había conocido en ese corto tiempo, definitivamente se quedaba con ésa.
Depositó la valija sobre un sillón, y se dirigió hacia el lado izquierdo del lecho, para observar su rostro desde más cerca. Decidió que lo más adecuado-y lo que más le gustaría- sería que lo primero que ella viera al despertarse, fuera su rostro.
Qué expresarían sus ojos? Angustia? Exasperación? Enojo? Duda?… o tal vez… en una ínfima posibilidad, expresaran… felicidad?
Con estas preguntas en su mente, se descalzó y cruzó la habitación hasta el otro lado del tálamo, para recostarse vestido como estaba y sin tener la necesidad de taparse, con la espalda de ella frente a su cara; ambos de perfil. Apoyó su morena cabeza junto a la de ella, en la almohada restante.
Casi al instante cayó en un profundo sueño, pero antes, su brazo se movió involuntariamente y se depositó sobre la estrecha cintura femenina, al tiempo que la acercaba hacia sí.
Lo último que cruzó por su mente, antes de que Morfeo lo llevara lejos en sus brazos; fue, lo adecuado y hermoso que se veía el reposar desordenado de sus cabello negro-azulado sobre su almohada.
Mientras se sumía en la inconsciencia del sueño, nunca creyó suponer siquiera, que sería despertado por una frase desgarradora que le diría más de lo que quisiera saber…
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Al tomar conciencia de que algo, una fuerza ajena a ella, la estaba coaccionando a que se levantara-o lo que era aún peor, estaba elevándola en el aire-quiso revelarse contra ella, pelear con todas sus fuerzas para detenerla, no obstante, sus piernas y brazos parecieron no responderle.
Aterida, por la sensación de familiaridad que le provocaba aquélla circunstancia, se obligó a abrir los ojos para así ver qué tan común le era esa situación.
Se encontró a sí misma; recorriendo un pasillo en el cual prácticamente reinaba la oscuridad, siendo trasladada en brazos de una persona completamente desconocida para ella.
Al percatarse del hecho, recordó todo lo sucedido, y sintió un inconmensurable alivio, puesto que él no se encontraba por ningún sitio a la redonda.
El sujeto seguía caminando, aparentemente inadvertido de que ella había despertado.
No recordaba el momento exacto en que había perdido el conocimiento, pero había algo de lo que estaba completamente segura; desde el mismo instante en que había caído en sus garras Li Mei-Ling había dejado de existir.
Su medio de transporte a tracción humana, se detuvo frente a una puerta, y luego de dar dos patadas en la parte inferior a ésta, la abrió ingresando así en una habitación totalmente revestida en blanco y con una fuerte iluminación del mismo color.
Ella entrecerró los ojos, por el súbito impacto de la luz, hasta que sólo se vieron dos rendijas de ellos.
Por este motivo, no pudo prever el momento exacto en que su "transporte" la dejaba en el suelo, como si fuera un costal de harina.(N/A: al parecer estos tipos no tienen otra forma de tratar a la gente!)
-Al menos podría haber sido un poco más cuidadoso!-pensó al tiempo que se sentaba lentamente, aunque con los ojos cerrados nuevamente.
-de modo que estas despierta.
La ya tan familiar voz masculina, le hizo abrir los ojos de golpe, provocando que algunas lágrimas brotaran de ellos por la fuerte iluminación.
Frente a ella, parado a no más de dos metros, se hallaba Eriol Hiragizawa; tan recompuesto y elegante como si aún se hallara en la corte.
Maldito.
Miró hacia uno y otro lado, y pudo distinguir que en la habitación no había absolutamente nada, a excepción de ellos dos.
-No te preocupes, estamos solos-le dijo él, con el comienzo de una sonrisa.
Ella se puso de pie, tomando la mano que él le ofrecía, con una abierta sonrisa plasmada en el rostro.
-Por qué demoraste tanto?
Él se encogió de hombros.
-Detalles-hizo una pausa- Lista para morir?
-Nunca antes mejor-contestó ella con su incesante sonrisa.
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La lluvia impactaba tenazmente contra los cristales, al tiempo que el cielo era constantemente surcado por relámpagos, los cuales naturalmente, finalizaban en estrepitosos truenos. El frío, era lo suficientemente intenso como para congelar a una persona sin el abrigo necesario en menos de media hora.
No obstante, una familia, ajena a todos estos factores climáticos, llevaba a cabo una reunión-como las que habitualmente se formaban todas las noches- agrupados alrededor del fuego cálido y acariciante de una hoguera encendida.
Ambos padres-los dos jóvenes y elegantes-observaban, más que participar, cómo sus tres hijos jugaban felizmente al "Life" y discutían constantemente por nimiedades, como quién debía hacer el siguiente movimiento; al tiempo que disfrutaban de un café caliente y la potencial voz que manaba de uno de los parlantes del inmenso equipo de audio, de Maria Carey.
Los cinco eran felices en su ignorancia.
Ése era el modo más común de pasar las noches frías-aunque en este caso era especial, porque era el equinoccio de otoño, y era la primera noche realmente helada del año-
La mujer se levantó un instante, de la mullida alfombra en donde se hallaban todos sentados, para ir a buscar algo de la cocina.
Un instante después se oyó el sonido de una taza al impactar contra el suelo, y un grito ahogado.
Inmediatamente después, ella giró en redondo la cabeza, olvidándose por completo del juego, y mirando intensamente en dirección al umbral que comunicaba con la puerta de la cocina.
Por el rabillo del ojo, pudo observar que su padre fruncía el entrecejo, y se levantaba para ir en busca de su madre; al notar la dirección de su mirada, le sonrió para tranquilizarla, y suspiró aliviado, al notar que sus hermanos seguían inmersos en juego de mesa como si nada hubiera pasado, de todas formas ella siempre había sido la más observadora de los tres.
Su padre desapareció por el mismo lugar que lo había hecho su madre.
Ella suspiró, angustiada. Todo le día había convivido con ese malestar que le sobrevenía cada vez que algo malo estaba por pasar; normalmente hubiera alertado a sus padres; pero estaba realmente exhausta de que sus hermanos la trataran como a un fenómeno en cada oportunidad que lo que ella predecía se cumplía.
-Tomoyo!-el grito de su hermana menor la hizo volver la atención al tablero- Es tu turno!
Frunció el entrecejo al notar que milagrosamente el dinero de Mikka había aumentado mientras que el de ella había disminuido un tanto; observó a su hermana con atención, y una vez más no pude dejar de maravillarse de la similitud existente entre ambas.
Eran prácticamente idénticas; de hecho, la gente tendía a confundirlas… hasta que los días nublados irrumpían en la rutina; en esos momentos, sus ojos dejaban de ser azules para adoptar un tono violáceo con puntos plateados, mientras que los de su hermana seguían siendo azules. Por supuesto, esto sólo lo notaban las personas que tenían la suerte de verlas juntas esos días.
Hizo su jugada, y volvió su atención al lugar donde habían desaparecido sus padres.
Algo andaba mal, podía sentirlo.
A pesar de tener sólo seis años, tenía una percepción algo extraordinaria, a diferencia de su hermano Zack, que aunque tenía tres años más que ella, tendía a desestimar todo lo que decía, y no era capaz de ver que estaba por llover, ni siquiera si las nubes se arremolinaban sobre su cabeza.
-Zack!-el grito provenía desde la garganta de su madre, en algún punto de la cocina.
El muchacho escuchó la llamada, y estuvo a punto de ignorarlo, pero se cruzó con la mirada de Tomoyo, y algo en ella lo hizo levantarse y acudir a la convocatoria de su madre.
Ella respiró aliviada cuando cinco minutos después, vio aparecer a su padre y madre, junto con su hermano. De seguro éste habría roto algo, y sus padres se habían quedado decidiendo el castigo antes de llamarlo.
Sin embargo, eso no aliviaba su inquietud.
-Bueno chicos-dijo su padre con una sonrisa en el rostro- Es hora de irse a la cama.
-Pero si apenas son las once!-exclamó Mikka, aunque ya había comenzado a guardar las cosas.
-Por eso mismo-dijo su madre, mientras se arrodillaba junto a ella y la ayudaba a finalizar la tarea.
Ella pudo apreciar que las manos de su madre temblaban ligeramente y que sus ojos estaban ligeramente llorosos.
Una vez que todo estuvo ordenado y ocupó su lugar en la casa; sus padres los acompañaron hasta sus habitaciones, donde los recostaron y abrazaron como de costumbre. No obstante, ella notó que sus padres se detenían más tiempo que el habitual al abrazarla.
-Te amamos hija, nunca lo olvides-susurró su madre en su pequeño oído.
Y ahí estaban nuevamente esos ojos llorosos.
-Yo también los amo-contestó ella, sin ser consciente de que ésa sería la última vez que le dedicaría esas palabras a alguien, se relajó en su cama. Aunque tenía una habitación para ella sola -al igual que el resto de sus hermanos-las piezas se comunicaban entre sí, por medio de unas puertas internas.
Sus padres se dirigieron hacia la salida, y la cerraron suavemente tras ellos.
Ella permaneció cerca de cinco minutos en silencio, al tiempo que meditaba en lo ocurrido ese día; ….se había peleado con su mejor amiga, al día siguiente debería pedirle disculpas…
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por un fuerte estruendo en el piso de abajo; ella nunca había oído un disparo más que en las películas, pero eso se le asemejaba bastante.
Seguido de ese impacto, siguieron al menos cinco más, y para ese entonces ella estaba completamente segura de que se trataba de disparos.
Estaba aterrorizada… había oído de ladrones, pero en un barrio tan seguro como el suyo jamás habían asaltado a nadie.
The shadows of the night, Las sombras de la noche.
are unleashed again Se han liberado nuevamente
Where their greed begins, Donde su codicia empieza
the end is near El fin esta cerca
El siguiente impacto fue contra su puerta.
Pero gracias al cielo, sólo era su hermano, que traía en brazos a Mikka y venía a buscarla a ella.
-Ven Tom; papá me dijo dónde escondernos.
-Qué papá te dijo qué?-inquirió ella estupefacta- Es que acaso él sabía que todo esto ocurriría?
-Por su puesto que su padre sabía que todo esto ocurriría-exclamó una voz, proveniente de algún lugar de las sombras.
A morbid hunger for blood, Un hambre morbosa de sangre
lies in their cold black eyes, Yace en sus fríos ojos
They've come to take our lifes away , Han venido a llevarse nuestras vidas
Instantes después, del hueco de la puerta principal, surgió la figura de un hombre enteramente vestido de negro, pero lo más alarmante era que traía un arma entre sus manos.
Enseguida su hermano, soltó a Mikka, la cual fue corriendo hasta quedar abrazada a su hermana mayor. Zack se plantó delante de ellas, protegiéndolas con su diminuto cuerpo.
Una áspera carcajada, brotó de los labios del desconocido.
-Y crees que un mocoso como tu puede hacer algo para impedir que yo haga lo que tengo que hacer?-preguntó sarcásticamente, al tiempo que avanzaba tres pasos dentro de la habitación- Sabes? Estaba a punto de perdonarte la vida, porque eres amigo de mi hijo, y me caías bien… pero ha dejado de ser así.
One by one they died Uno a uno murieron
A massacre that took all night Una masacre que duró toda la noche
They had no chance, it was no fight No tuvieron posibilidad, no hubo pelea alguna
You can't kill what has been killed befote No puedes matar lo que ya ha sido asesinado
They died... Ellos murieron
No había terminado de decir la última frase, cuando descargó al menos cinco balas en el cuerpo de su frágil e inocente hermano. El cual, cayó de rodillas para finalmente yacer inerte en el suelo a sus pies.
El cuerpo comenzó a temblarle inconteniblemente, sentía cómo pequeñas partículas de la sangre que había salido del cuerpo de su hermano recorrían su cara, y parte de su cuerpo… pero el hecho de ver a un ser tan querido e inocente, tirado en el suelo en un charco de su propia sangre desató algo en ella… más valdría decir, que lo dejó libre, y que salió de su cuerpo y alma para no volver nunca más…
Una parte de ella había muerto con él.
Sometimes
I regret I had to do,… A veces, me arrepiento,
tuve que hacerlo
'Cause our love was somehow true ….Porque
nuestro amor, de alguna manera fue verdadero
But I had to leave
you,… Pero tuve que dejarte
For the sake of the moods. …
por
En el pequeño instante en que su hermano abandonó este mundo, ella pudo claramente rememorara cada uno de los momentos compartidos con él; las peleas y discusiones, los juegos; pero particularmente pudo recordar la sensación de seguridad que la embargaba cada vez que él la abrazaba, sensación que sólo le había provocado su padre y que ahora estaba segura, se había ido para siempre. No había ni la menor oportunidad de que ellos estuvieran con vida.
Frozen
tears turn into my skin. Lágrimas
congeladas se envuelven dentro de mi piel
Frozen memories of you.
Congelados recuerdos de ti
Sometimes I see your face, A veces veo
tu rostro
As pure as you are mine
-A ver-dijo el hombre, avanzando nuevamente hasta quedar frente a ellas, sin siquiera inmutarse del cuerpo infantil que yacía a sus pies y del cual él era el causante- Cuál de las dos es la que busco? Serás tú?-preguntó a al vez que jalaba fuertemente del cabello negro de su hermana para acercarla hacia él- O tú?- exclamó haciendo lo mismo con el de ella. Estaba tan corroída por el dolor que la embargaba por dentro que ni siquiera se percató del físico, ni un grito escapó de su garganta al sentir la laceración en su cuero cabelludo, no obstante; su hermana sí lo hacía.
A través de los gritos de su hermana, observó que el otro individuo permanecía alejado de toda la escena, con una extraña expresión en la mirada… como si todo eso le doliera más a él que a ellas.
Entonces… entonces por qué no las ayudaba? Por qué permitía que todo ello sucediera así.. Sin más?
El sonido de los alaridos desesperados de su hermana, fue el más aterrados que jamás había escuchado. Parecía que le estuvieran sacando el alma; algo que se asemejaba bastante a lo que ella sentía en ese momento.
Pero eso no era lo peor, el hecho de que Mikka no llorara nunca, aumentaba su sufrimiento; generalmente era ella la que corría llorando a los brazos de su madre, mientras que Mikka permanecía silenciosa sin derramar una sola lágrima.
Y ahora, era precisamente al revés.
I
feel the darkness on my shoulder,… Siento la oscuridad sobre mi
hombro
The frost is in my heart…. La escarcha está en mi
corazón
So cold my hair is frozen,… Tan fría que mi cabello esta congelado
Touching my skin, my flesh. Tocando mi piel, mi carne
-Pero si son iguales!-exclamó prácticamente fascinado el asesino- Y ahora? Qué se supone que haga, Supongo que deberé matarlas a las dos por las dudas.
-Vamos, no seas estúpido!-rugió el otro hombre, interviniendo por primera vez- Sabes perfectamente bien que a ellos no les gusta que matemos sin motivo, ya tendremos más que suficiente con que hayas matado al niño; nunca debí haber aceptado respaldarte mientras te iniciabas.
El asesino hizo una mueca de desagrado.
-Buen punto, pero cómo las diferenciamos?- pronunció sin aflojar ni un ápice el tirón en su cabello y el de su hermana-Son prácticamente idénticas, no nos dirían nada si en este caso matamos a las dos en vez de a la más grande…
-mira los ojos, no pueden tener los ojos del mismo color, la que tenga los ojos azules es la que buscamos; y si son del mismo color.. Tendremos que consultar- como el otro no parecía muy convencido añadió- Además piensa, cuando tu hijo se una a nosotros, siempre tendrá la posibilidad de disfrutar con la hermanita sobreviviente, y no me cabe la menor duda de que será una belleza.
Tomoyo miró aterida cómo una sonrisa se formaba en rostro del homicida; por algún motivo la buscaban a ella, estaba segura… pero también matarían a su hermana, porque las dos tenían los ojos azules oscuros, y no habría forma de que le creyeran.
Una pequeña linterna le iluminó fuertemente los ojos, haciéndola entrecerrarlos.
-Esta los tiene violeta, así que no es-exclamó con una mueca de hastío empujándola ferozmente contra el suelo, sin siquiera prestar atención a dónde caía- Así que nuestra elegida debes ser tú-expresó finalmente con una sonrisa.
Antes de que ella siquiera pudiera recomponerse lo necesario como para gritar y decir la verdad, apuntó a la frente de su hermana con el arma y jaló el gatillo.
Never
look back because it hurts. Nunca m,ires atrás porque duele
My
heart is so cold Mi corazón esta tan frío
I feel the
frost, Siento la Escarcha
Never look back. Nunca mires atrás
Los ojos de la pequeña que segundos antes expresaban terror, ahora figuraban vacíos y sin vida, al mismo tiempo que de su cráneo comenzaba a manar sangre oscura en grandes cantidades.
-NOOOOOOOOOOOO!- el grito le atravesó el alma y la aturdió a sí misma, al tiempo que las lágrimas brotaban inconscientemente de sus ojos. Pero nada era suficiente para paliar el dolor que recorría su alma por haber perdido a su mejor amiga y compañera, a la única persona que la entendía como nadie en el mundo, y lo peor del caso era que todo era por su culpa…
La carcajada de ese hombre al irse, y dejarla sola en una casa repleta de cadáveres de lo que había sido su vida hasta ese momento seguía resonando en su cabeza, mucho tiempo después de que él hubiera abandonado no sólo la habitación, sino también la casa, entremezclándose con el de sus sollozos.
-Esto tiene que ser una pesadilla-se dijo a sí misma.
Y en efecto, ella sabía que lo era… pero a su vez no era más que uno de los profundos y horrorosos secretos que guardaba su alma y que renacían en su inconsciente cuando dormía.
Abrió los ojos, sabiendo-más que sintiendo- que su faz estaba repleta de lágrimas; temblaba compulsivamente, pero y nada importaba…
Un sentimiento nuevo se apoderó de ella, y sin siquiera poder creerlo, giró la cabeza hacia atrás y lo que vio la dejó paralizada…
Allí se hallaba su tan preciado jefe, mirándola atentamente con esos ojos marrones penetrantes, que le hacían pensar que podían llegar hasta el alma.
Perfecto, así que el brazo que sentía en la cintura no era imaginario después de todo…
Sólo rogaba no haber hablado mientras dormía… como acostumbraba a hacer.
Los
viejos de Escocia sonríen con tolerancia cuando los jóvenes
los interrogan con respecto a su herencia de encantamientos y
responden:
-No tienen tiempo para eso. El simple esfuerzo de arrancar el sustento de este suelo áspero o de las aguas hostiles del mar les consume todo su tiempo.
Algunos de los jóvenes escuchan y doblan la espalda sobre el trabajo, como es debido.
Otros sólo ven lo romántico de la magia, con la esperanza de que, con su contribución, les alivie la vida. Quieren pociones. Quieren embrujos. Buscan ayuda en charlatanes y viejas que se consideran hechiceras.
Son tontos, porque cualquiera sabe que las brujas no existen.
Notas de la Autora: Hola! Ante todo, mil disculpas por la demora! Es que he tenido serios problemas con la persona que me presta su computadora para pasar mis historias a la compu, y no podía pedírsela, de modo que eso me retrasó por lo menos medio mes, aún cuando yo ya tenía terminado el capítulo hace un mes al menos…
Qué les pareció? Espero que les hay gustado… no tienen idea de lo que me costó escribir la escena de Tomoyo… lógicamente es un Flash Back, pero tenía muchas ganas de ponerlo de esta forma…
Con respecto a la canción, más que referirse a la situación, se refiere a cómo Tomoyo actúa con respecto a eso de ahora en más… Es una mezcla de dos canciones de Within Temptation.
Bueno, nuevamente, gracias por sus reviews!
Hasta la próxima!
Nadeshiko-Luna!
