SVAM CAPÍTULO 7: Nuevas Alianzas

By: Nadeshiko-Luna

La oscuridad abundaba a su alrededor, hasta tal punto, que lo único que se vislumbraba y hacía denotar que era realmente ella, era la forma de vestimenta, y ese cabello largo y de un negro pulcro, brillante, hasta en con esa escasa iluminación.

Una firme y algo enturbiada venda se cernía en torno a sus ojos, al igual que sucedía con su boca, la cual era silenciada con un trozo de tela de la misma composición que la que tapaba sus párpados cerrados.

El suelo a su alrededor se movía, y estaba hecho de un rugoso material gris. En su mejilla se podía apreciar una marca colorada que comenzaba a tomar una tonalidad violácea, la que de seguro se tornaría absolutamente negra pasadas unas horas.

Su cuerpo estaba patéticamente encogido en una posición fetal que lo único que hacía era aumentar la sensación de desasosiego y terrible impotencia que figuraba la imagen de sí misma.

Afortunadamente, el brillante resplandor no fue lo suficientemente tenaz como para despertarla.

Sin embargo; sí lo fue para despertar la compasión en el corazón de millones de personas que en ese momento encendían la televisión.

-Y con esta imagen, les damos la bienvenida a nuestro programa- La periodista hablaba del asunto con la misma calidez e inflexión que lo haría con la ilustración de un cachorro nacido en el zoológico- Algunos dicen que una imagen dice más que mil palabras, pero aquí, con mi compañero, coincidimos en que es preciso explicar un par de cosas más; no es así Marcus?- expresó dirigiéndose hacia su co-equiper, el cual se hallaba; al igual que ella, sentado detrás de un escritorio azul marino en forma ovalada que les llegaba por encima de la cintura.

-Así es Nancy… yo creo que varios de nuestros espectadores han comenzado a preguntarse quién es esa joven; y qué significa este video, me equivoco?

-Claro que no- ambos seguían hablando del asunto como si no fuera más grave que el hecho de que alguien le hubiera quitado un dulce a niño; de hecho hasta con cierta hilaridad- Por eso mismo creo que es oportuno (n/a: Irnos a un corte! Y quédense con la intriga, antes de que me maten… seguimos con la historia) decirles ante todo de quién se trata, qué crees Marcus?

- Pienso que si no lo supiera y tu estuvieras dando tantas vueltas te hubiera golpeado.

La periodista emitió una pequeña risa, algo tonta, antes de tomar la expresión más seria de la que fue capaz para continuar hablando:

-Tienes toda la razón, mejor me dejo de dar vueltas; hemos iniciado esta edición de noticias con un video en que se muestra a una joven desmayada, vendada y amordazada en el fondo de una camioneta; consideramos que es de vital importancia y por lo tanto lo hemos anunciado antes que todo. La joven a la que momentos antes observábamos no es ni más ni menos que... Li Mei-Ling, la famosa licenciada en leyes graduada de Harvard con altos honores hace cuatro años, y la cual ha llevado a cabo casos extremadamente difíciles con éxito, siempre remarcándose en su carrera el honor y la moral ante todo; esta joven y bella abogada que se caracteriza por la justicia ante todo; ha sido victima de una de las mayores injusticias que sufren las personas hoy en día; el secuestro- Hizo una pausa para crear expectativa, sabiendo que ya tenía a todos los televidentes presos de una atroz intriga- Asimismo, hemos recibido este video de manos anónimas con el correo, y junto con él venía una nota que rezaba lo siguiente:

A todas aquéllas personas que les interese volver a ver a Li Mei-Ling sana y salva, deben presentar su aporte a la cuenta bancaria nº 459718 del City Bank; la cuenta no puede ser alterada por nadie, ni se retirarán fondos hasta el 5 de mayo.

Ese día, los fondos de la cuenta deben tener un valor de diez millones de dólares; de lo contrario Li Mei-Ling, nunca volverá a ser vista.

-Dios, esta gente exige mucho, qué opinas Nancy?

-Ya lo creo! Y no debo ser la única en pensar de esta manera. De todas formas, en todo lo negro del asunto, hay una buena noticia. El rejunte del dinero es a nivel mundial… ahora sólo nos resta esperar que la doctora Li, sea lo suficiente querida por la gente como para recaudar ese dinero en menos de quince días.

-He escuchado que el contrincante en su última causa, Eriol Hiragizawa también ha desaparecido.- Comentó Marcus, con cierta dosis de interés- Será un secuestro en conjunto, tal vez pronto recibamos noticias similares del paradero del doctor.

La joven apagó la televisión con un gesto de exasperación en el rostro.

-Esa mujer siempre me ha odiado, te lo dije.

En el rostro del joven apareció una mueca irónica.

-Es cierto que relató la noticia de tu secuestro con algo de… humor, pero no la puedes culpar por eso; el programa está dedicado a la gente que le gusta regodearse con las cosas malas que suceden en el mundo, y no al revés como a la mayoría.

-Sí, y si mencionamos el hecho de que la hice perder un juicio de divorcio en el que tuvo que pagar un millón de dólares más una pensión mensual de mil durante tres años; supongo que la "mala" noticia de mi secuestro se convirtió en una muy buena para ella.

-Un millón, Qué hizo esa mujer para encima de tener que pagar el juicio de divorcio, tuviera que desembolsar un millón de dólares más la pensión?.

-Intentó matar a su ex esposo, y lo dejó lisiado de por vida.

-Iuff- silbó él- Una tipa peligrosa.

-Así lo creo… y ahora, dime; ¿Qué es lo que pasará contigo de ahora en más?

Luego de la inquietante conversación que habían mantenido en el parque el día anterior, se habían puesto en marcha de inmediato, puesto que en ese entonces se encontraban en la costa Pacífica, y era preciso que volvieran a la costa Atlántica con urgencia.

Por este motivo, se hallaban sentados en ese avión privado en dirección a Nueva York, observando la última edición del noticiario del día anterior, grabado por un "secretario" de Eriol.

-Pues… Eriol Hiragizawa, es sólo una de mis múltiples identidades-.dijo como si estuviera hablando del clima o alguna otra cosa tan trivial -Irónicamente, ése fue mi nombre real hasta los dieciocho años en que descubrí… bueno, algunas cosas y me lo cambié para no involucrar a mi familia. Naturalmente, ellos desconocen este hecho. Y tampoco se hacen ilusiones de que ese sea mi verdadero nombre, puesto que nadie en la Institución es tan confiado como para comprometer su verdadera identidad.

-Entonces?

-No lo sé; hasta que no se resuelva el asunto por el cual me metí en todo esto, no lo sabré; además quién sabe-dijo con un toque de ironía- Tal vez para ese entonces, esté tocando el arpa con los angelitos en el cielo.

Ella sonrió, pensando que eso era menos que probable..

-Y tú, has decidido ya qué hacer?

-En realidad, tengo un punto de vista similar al tuyo, tengo el presentimiento de que esto no se va a resolver fácilmente, y después de una vida sin saber a ciencia cierta el tiempo que me queda para seguir disfrutándola, he aprendido a no planificar nada para el futuro.

-Sabia decisión… a propósito, me gusta tu nombre.

-Supongo que te refieres al nuevo- él asintió- En realidad, de pequeña siempre quise llamarme Nicole, me resultaba un nombre sofisticado y elegante; iba a ser mi nombre artístico en cuanto llegara a Broadway, y luego de eso… me convertiría en rubia.

El joven de cabellos negro azulado casi se atraganta con el café que estaba tomando.

-¿Tú? Rubia?

-Sí- Un pequeño mohín se dibujó en su rostro- Aunque a medida que fui creciendo, he observado un determinado comportamiento de las mujeres con esa tonalidad en el cabello en particular, tendencioso a repetirse, y decidí que quería algo más para mí.

-Es decir, que te dedicaste a estudiar tanto, y a pelear con tanto ímpetu con todo, cuando podías tranquilamente haberte casado y ser mantenida por el resto de tu vida?- preguntó como si hubiera hecho la cosa más inconcebible del mundo.

Ella le golpeó suavemente el hombro, a la vez que se relajaba en el inmenso sillón blanco en el que iba sentada.

-A decir verdad, no me cambié el color de pelo precisamente a causa de eso… aunque nunca hubiera podido llevar a cabo una vida semejante sin morirme en el ínterin; pero… con mis ojos, y el color de mi piel… el rubio, hubiera quedado un tanto…

-Sí?- Preguntó Eriol, disfrutando con la incomodidad de la joven aparentemente.

-Bueno… como fuese, no hubiera quedado bien.

-Y hablando de casamientos, me imagino que tu familia habrá intentado casarte más de una vez, me puedes explicar cómo has llegado a los veinticinco años soltera?.

Una notable tensión sobrevino en el cuerpo de la muchacha cuando dijo:

-De hecho, han estado a punto de casarme.

-En serio?-inquirió intrigado- Qué edad tenías cuando sucedió?

-Dieciocho.

-Wow! Eras muy joven… que sucedió¿ Por qué no estas felizmente casada, lejos de mis garras?

Ella sonrió, aunque se trataba de un mohín extraño… hasta podría describirse como espeluznante. Y respondió, al tiempo que se tocaba con los dedos pulgar e índice de la mano derecha, el anular de la izquierda; como acariciando una alianza muchos años atrás extraviada.

-La desgracia se interpuso.

OoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoO

Y ahora... qué demonios se suponía que debía hacer?

Miró abajo, hacia sus brazos; y sonrió ante la ironía de su propio comentario mental... era médico por Dios bendito!; no era la primera vez que tenía una mujer desmayada entre sus brazos!.

Al parecer, el recordatorio de esa voz interior, lo puso en marcha; depositó suavemente a Sakura sobre la mesa ratona que los separaba, para dirigirse rápidamente hacia ella, y tomándola de la cintura, la alzó en vilo para acomodarla correctamente entre sus brazos y llevarla a su habitación para recostarla.

Una vez que ella se encontró cómodamente cubierta por las sábanas y frazadas de su cama, se dispuso a ir en busca de las sales necesarias para hacerla volver en sí.

No había dado dos pasos, cuando sintió el familiar tirón en la manga de su camisa; mirando de reojo pudo apreciar la delicada y rosada mano que se posaba con un mínimo de fuerzas en su ropa. No obstante, al mirar el resto de su persona, notó que ella continuaba inconsciente.

-De modo que esto no es un desmayo normal-pensó. Inmediatamente después, la imagen de su prima se materializó en su mente.- Espero que se encuentre bien.

Cuidadosamente, se dio media vuelta, y tomó la mano de su joven "huésped" entre las suyas. Con su dedo índice derecho, dibujó un círculo y dentro de éste el símbolo del infinito en su palma.

Luego, acomodó la mano femenina sobre el níveo cubrecama, y aguardó.

Segundos más tarde al percibir los primeros- aunque leves- movimientos por parte de la joven recostada frente a él, sonrió no sin una cierta dosis de ironía.

Entre tanto esperaba a que ella terminara de despertarse, tomó asiento en su cama, junto a las piernas estiradas de ella.

Sólo tuvo que aguardar unos cinco minutos más; entonces, ella tuvo sus ojos del color de profundas lagunas verdes completamente abiertos, y también el resto de sus sentidos funcionando.

-He de suponer que me he desmayado, no es cierto?-inquirió la joven con su ya habitual tono cargado de superioridad, aunque un tanto quejumbroso; al tiempo que se sentaba en el lecho, reposando su espalda sobre el conjunto de almohadas que tenía detrás.

-Si, algo por el estilo.

Ella asintió y fijó su mirada en la suya. Shaoran no tenía ni la más mínima idea de cómo abordar el tema nuevamente, en el lapso de tiempo que le había demorado el cargarla, depositarla en el tálamo y aguardar a que despertara, había recapacitado en que jamás podría hacer lo que tenía qué.

Deberían encontrarle otra solución, y él la conocía... sólo esperaba que ella lo aprobara.

Al notar que el silencio entre ambos se hacía cada vez más extenso y sobre todo más tieso, se aclaró la garganta, enfrentó su impenetraba mirada gatuna y se dispuso a hablar.

-Ahora... con respecto a lo que estábamos hablando antes de que tuvieras este pequeño percance.

-Lo recuerdo- asintió ella.

¡Dios! Qué le sucedía a esa mujer? Apenas podía reconocerla detrás de esa gélida coraza que flotaba a su alrededor envolviéndola por completo; escasamente lograba comprender que ella fuese la agradable joven que él mismo había salvado apenas un par de días atrás.

Conocía la leyenda, y comprendía que ella debía haber sufrido desde el comienzo... sin embargo... Mei-Ling nunca había demostrado frialdad; y ella sí que había padecido tormentos en su vida.

¿A quién demonios se le había ocurrido decir que esas criaturas eran dulces y tiernas en extremo?

-Bueno, he estado pensando- continuó él con dificultad.. Era en momentos como éste, cuando se preguntaba dónde había quedado el joven que con tan sólo dieciocho años había desafiado y enfrentado a un clan de más de cien integrantes, que provenía desde hacía más de quinientos años, y que además era su familia.-No creo que pueda llevar a cabo lo que tenemos que hacer.

-Yo tampoco-acotó ella, sorprendiéndolo-Realmente lamento el que tus buenas intenciones te hayan conducido a esta situación-dijo con toda la apariencia de no lamentarlo en absoluto- Y entiendo el que no quieras hacer nada para ayudarme... después de todo si me hubiera estado sola, a estas alturas ya me encontraría en el fondo del mar.

Él guardó silencio un momento, como digiriendo sus palabras.

-Te olvidas de un pequeño e insignificante detalle-al escuchar el tono contenido de su voz, ella lo miró asombrada- Si no respetamos el pacto, tú terminarás nadando en las profundidades y sin ningún tanque de oxígeno como compañero-aunque él en realidad no creía que ella lo fuera a necesitar realmente- Y yo tocando el arpa con los angelitos.

Las manos de la joven se convirtieron en dos rígidos puños, y la poca relajación que había logrado adquirir su cara, se evaporó.

-Entonces, qué es lo que propones?-expresó ella conteniéndose a duras penas para no gritar- Ni tú ni yo nos queremos ver obligados a compartir una innecesaria intimidad, pero si no lo hacemos, terminaremos desapareciendo del mundo.

Él omitió el hecho de que a él le encantaría compartir una "innecesaria intimidad" con ella ;como lo había llamado, pero que lo que le molestaba era el hecho de que ella no lo haría por propia voluntad, sino por obligación.

Como médico "estrella" de un hospital y reconocido mundialmente, había tenido tanto éxito a nivel profesional como personal, y muchas veces se había visto en la situación de salir con más de una mujer al mismo tiempo. Por este mismo motivo, el solo pensar en ella rígida y fría en sus brazos, le revolvía el estómago.

-Existe otra forma-dijo él- Hay otra posibilidad por considerar aún.

Ella lo miró en un estado de estupefacción tal, que por un instante, toda su aparente frialdad desapareció.

-Y cuál sería?-inquirió finalmente, una vez que hubo recuperado la compostura.

-El único medio es casarnos.

OoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoO

-Seremos felices.

-En verdad lo dices?

Él miró a la joven que yacía en sus brazos, su cabeza recostada sobre el hueco de su hombro y elevada lo suficiente como para poder mirarlo a los ojos.

En sus sienes se adivinaba un traslúcido sudor; el mismo que podía sentir en el resto de su cuerpo desnudo al estrecharse contra el suyo, en el mismo estado.

Deliberadamente, evitó mirar hacia donde se habían dirigido sus pensamientos momentos antes; pues supo que de hacerlo, la llama en su interior- por ese entonces levemente apaciguada- volvería a encenderse, y no la dejaría ir en toda la noche; y para su desgracia, sabía que en unos minutos tendrían que cambiarse y dirigirse una vez más al piso de abajo.

Alguien podría notar su ausencia. Y eso era peligroso. Extremadamente peligroso.

Por este motivo, mantuvo su vista fija en sus ojos, los cuales brillaban con una intensidad y ternura como nunca lo hubiera creído posible; si con solo pensar que hacía apenas dos meses se odiaban a muerte. Al menos ella lo detestaba.

Al recordar el fuego que esos mismos ojos habían reflejado momentos antes, no pudo evitar- al intentar desviar su mirada- fijar la vista en su boca.

-Voy de mal en peor- pensó

Sus labios lo suficientemente carnosos como para volver loco a un hombre cuerdo, se hallaban húmedos e inflamados por los besos.

Sus besos.

Reprimió el gemido que pugnaba por salir de su garganta; y en ese momento se dio cuenta de que nunca podría olvidar esos belfos, y menos aún ese cuerpo tan femenino, que había completado su desarrollo con él, esa noche; así también recapacitó en que jamás tendría la necesidad de buscar compañía ajena, si siempre al llegar a su casa se encontraba con esa mujer en ella.

-Yue?

-Si, mi amor?

La joven sonrió en la semi oscuridad, y plantó un beso húmedo en su hombro.

-No me contestaste, en serio crees que seremos felices?

-No sólo lo creo; lo sé. Te doy mi palabra de que así será-dijo con convicción, al tiempo que le corría un oscuro mechón del rostro perlado en sudor- Tu borrarás mis demonios internos- susurró

Sin embargo, la joven no pudo hacerle ningún interrogante acerca de ese último comentario, puesto que los labios masculinos se pusieron en contacto con los suyos nuevamente; y todo había vuelto a comenzar.

Que los de la fiesta se preocupen por ellos mismo- pensaba él, al tiempo que deslizaba una mano por el plano vientre de su amante- Hoy no me importaría ser colgado por esto.

XoXoXoXoXoXoXoXoXoXoXoXoX

Abrió los ojos repentinamente, y se sentó en el lecho en un mar de sábanas azules, convertidas en un absoluto caos. Su respiración estaba sumamente agitada y su cuerpo bañado en sudor.

Inconscientemente, levantó la rodilla izquierda, a la vez que descansaba su codo en ella y hundía su cabeza en su mano, adquiriendo la posición que tomaba cuando era un niño y estaba confundido.

El largo cabello plateado que habitualmente se hallaba recogido en una coleta baja a la altura de su nuca, se encontraba por ese entonces suelto y enredado, cayendo suavemente sobre sus hombros desnudos.

A pesar del largo de éste, no restaba ni un ápice de masculinidad al hombre que se hallaba en el tálamo; tal vez contribuía a aumentarla. Como fuere, infinitas cantidades de mujeres pagarían enormes cantidades por estar junto a él en esa cama.

Su rostro aún denotaba confusión cuando se levantó y tomó la bata ubicada a los pies de la cama para cubrir su cuerpo desnudo.

Dirigió la mirada hacia el reloj digital sobre la mesita de la luz, y las letras blancas le mostraron que eran las siete de la tarde.

Al menos había dormido dos horas.

Recién se dispuso a pensar en lo ocurrido, cuando se hubo dirigido a la cocina y calentado el agua para prepararse un té.

Un miedo atroz lo recorría por entero, era la única situación y ámbito de su vida en que se permitía padecer cierta dosis de temor.

Porque sabía que ella volvería a entrar en su vida.

El sueño así se lo advertía claramente, recordándole un juramento que esperaba cumplirse.

Mientras recapacitaba en esto, el familiar sonido del teléfono interrumpió sus pensamientos.

Y él lo supo.

OoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoO

Estaba preguntándose por undécima vez que era lo que iba a hacer ahora, cuando lo escuchó.

Sus cejas se fruncieron hasta prácticamente unirse, desfigurando su apuesto rostro moreno.

"Seguramente se le cayó algo"-pensó al tiempo que se sentaba en la cama para poder oír más atentamente. Sin embargo, el ensordecedor silencio que siguió a ese seco impacto momentos antes lo alertó. Nada. Ni la más mínima muestra de movimiento alguno.

Sintiendo cómo la preocupación ahondaba en él, puso los pies en el suelo al costado de la cama, y luego se levantó. Cautelosamente, se dirigió hacia la puerta del baño, y trató escuchar algo; un sonido, un crujido, un ruido; algo.

No obstante, al no escuchar absolutamente nada, la certeza de que algo había sucedido allí dentro lo inquietó aún más.

Tomó con su mano derecha el picaporte para ingresar en la estancia –aún a riesgo de que ella le arrojara su navaja suiza, la cual oportunamente, se encontraba sobre el lavamanos, muy cerca de la bañera-. Empero, la puerta no cedió ni un ápice.

Si fuese posible, su ceño se acentuó al comprender que ella había cerrado la puerta con llave.

"Vaya con la confianza que me tiene"-pensó él, mientras apoyaba el hombro en la superficie de roble y ejercía la fuerza suficiente para hacer palanca y vencer la cerradura- "Le salvo la vida y me lo agradece corriendo a encerrarse en el cuarto de baño, huyendo de mi como si fuera un asesino."

Un ligero temblor recorrió íntegramente su cuerpo al recordar la situación en que se había despertado.

Él se hallaba plácidamente sumido en un sueño reparador- del cual no había podidos disfrutar desde hacía mucho tiempo- cuando un brusco movimiento a su lado lo despertó.

Al principio no lograba situarse, pero al abrir totalmente los ojos, y ver a la joven que descansaba a su lado, lo hizo a la perfección.

Misteriosamente, esa situación tan ajena a la realidad diaria se le antojó tan natural que una sonrisa afloró a sus labios. Claro que eso fue hasta que pudo discernir con claridad el motivo por el cual se había despertado tan bruscamente.

El mohín en sus labios desapareció por completo al observar más atentamente a la mujer que yacía a su lado; lo que él en un principio creó que era un agradable murmullo que ella pronunciaba entre sueños, era en realidad una súplica desesperada y angustiante de ayuda.

Casi pudo sentir cómo su corazón se estrujaba en su pecho al discernir el húmedo rastro que dejaban las lágrimas que corrían libremente por sus mejillas, brotando de sus ojos.

No llegaba a comprender que era lo que ocurría, pero por lo poco que entendía, ella estaba sufriendo porque presenciaba la tortura- o algo similar- de un ser muy querido por ella.

-No, Zack, no; por favor- susurró ella desesperadamente mientras más lágrimas brotaban de sus ojos fuertemente cerrados; tenía las dos manos apoyadas muy cerca de su rostro- convertidas en dos puños- No mueras... por Dios, sin ti no puedo ser fuerte.

Un grueso nudo se formó en su garganta al escucharla, se preguntó quién sería ese Zack; tal vez fuera el padre de su hijo... el mero pensamiento de que ella dependiera- y por lo consiguiente amara- tanto a un hombre, lo llenó de un sentimiento que no pudo determinar con exactitud, pero que no era para nada agradable.

-Zack- sollozó ella, estremeciéndose aún más, lo que provocó que él inconscientemente la abrazara con más fuerza, tratando de inflingirle fuerzas.

Repentinamente, sus sollozos se apagaron y todo movimiento cesó; ella estaba tranquila. Demasiado tranquila. Como la calma que precede a la tormenta; él esperó; sabiendo que aún no había terminado.

Como si con ese pensamiento hubiera conjurado el siguiente movimiento, el cuerpo de ella comenzó a temblar, sacudiéndola hasta la punta de los dedos de los pies.

Y de su boca ya no brotaban sollozos, sino gritos angustiosos y desesperados, pidiendo ayuda, reclamándola.

Y entre medio de todo eso... un nombre... "Mikka".. y una frase.. "Dios permíteme morir a mi también".

Luego de esa última frase, ella se tranquilizó, y las lágrimas que durante ese periodo de tiempo, desde que había comenzado a temblar violentamente hasta el momento, brotaban entrecortadamente de sus ojos- como si les costara salir porque ella las estaba reprimiendo- ahora fluían libremente, empapando la almohada en donde ella tenía apoyada su cabeza.

Deberían haber pasado sólo unos pocos minutos hasta que ella despertó; sin embargo a él se le antojó como si hubieran pasado horas.

Sabía que sólo era un sueño- o mejor expresado, una pesadilla- lo que la atormentaba, pero había algo dentro suyo, que le gritaba a los cuatro vientos que en realidad era mucho más que eso, que una persona no podía tener la mente tan enferma como para soñar esas cosas- generalmente las pesadillas eran de por sí tenebrosas, pero también era cierto, que la mayor parte del tiempo sólo lo involucraban a uno, y cuando afectaban a alguien más, uno era capaz de reconocer que era sólo un sueño, despertándose por fin-.

Tal vez ella simplemente estaba recordando la muerte de su hijo, y el padre de éste... aunque esa misma voz que le hablaba antes, le decía que no era probable; y él sabía por qué. Cuando ella se había referido a la muerte de su hijo, lo había hecho con indiferencia, sin una gota de dolor en su ser; también era cierto que esto podía ser no más que una careta que mostraba al mundo para no exteriorizar su sufrimiento; sin embargo, en el momento en que ella se refería a su hijo, él miró sus ojos, y lo que vio dentro de ellos hizo que un frío bajara por su espalda.

Nada.

Eso había visto, absolutamente nada, un vacío que hablaba de lo poco que la conmovía la muerte de su pequeño. En el momento en que lo vio, lo ignoró, apartándolo a un rincón de su mente, para no pensar en ello. Pero ahora no podía dejar de preguntarse qué clase de madre no sufría por la muerte de su hijo. Su padre aún derramaba gruesas lágrimas al pensar en Sakura, y de eso habían pasado al menos cinco años...

Algo dentro de él se rebelaba al pensar en que su hermosa secretaria, fuera en realidad un lobo en la piel de un cordero- aunque si era completamente sincero consigo mismo, ella nunca había demostrado ni la más mínima calidez hacia él, tal vez al principio y en contadas oportunidades, pero había algo en sus ojos que lo hacía pensar en el hecho de que ella podía ser una persona muy dulce en realidad-.

Lanzando un suspiro de irritación contenida, recapacitó de que en realidad no la conocía y por tal motivo no podía decir con exactitud cómo era ella.

Volvió al presente, y fijó su atención en la puerta que tenía delante de sus ojos, aún cerrada. Esperando a que él dejara de divagar y se dispusiera a abrirla. Al tiempo que llenaba sus pulmones con una gran bocanada de aire, tomó impulso, y luego de ejercer la fuerza en el punto exacto en que él sabía que debía hacerlo, la puerta cedió, como si nunca hubiera estado fuertemente asegurada con llave.

En el primer instante le costó un tanto situarse en la habitación, puesto que esta aún se encontraba ligeramente enturbiada con los vapores resultantes del agua caliente, por lo consiguiente no podía divisar con certeza qué era lo que sucedía en el lugar; pero de algo estaba seguro, ojos azules no se encontraba en la bañera, y mucho menos de pie en algún sitio cercano a él.

Como el cuarto no era lo suficientemente grande como para que ella pudiera estar allí parada cerca de él sin notarlo; comenzó a mirar detenidamente el suelo, no era algo que le agradara sobremanera, puesto que eso indicaría que ella no se encontraba lo suficientemente fuerte como para estar en pie, y que el ruido que anteriormente lo había despertado no había sido otro que el de su cuerpo al chocar contra la fría superficie.

Desgraciadamente, no había otra posibilidad, ya que la única puerta que accedía al cuarto de baño era la que él acababa de corromper. El tiempo le dio la razón, puesto que pasados apenas treinta segundos desde que posara su atención en las baldosas; encontró, cerca del armario de las toallas, a su joven secretaria inmóvil y tiesa sobre el piso.

Exhalando fuertemente para poder liberarse de la tensión que acosaba su cansado cuerpo, se agachó y con mucha suavidad, la tomó en sus brazos para dirigirse nuevamente a la habitación y depositarla en la cama para que así reposara con tranquilidad hasta que recuperara la conciencia.

En ese momento notó que no sólo era su cuerpo lo que lo atraía de ella, aún así, estando inconsciente y por lo tanto aún más pálida de lo habitual, de ella se desprendía un halo etéreo, casi divino. No podía explicarlo, pero era eso entre otras cosas lo que lo había fascinado de ella tres días atrás, cuando se conocieron, además del desafío que presentaba el hecho de que parecía no tener ningún interés en él, fuera del de demostrarle lo poco que le importaba.

Eso era toda una novedad para él.

No tuvo mucho tiempo de recapacitar en estas cosas, porque casi al instante, ella volvió en sí... realmente era un alivio para él, puesto que fuera del curso de primeros auxilios que había realizado en la preparatoria, no tenía ni idea de qué hacer con ella en ese estado, y en ese momento lo único que podía recordar del susodicho curso, era la parte de la respiración boca a boca y no creía que fuera adecuado llevarla a cabo en ese momento, por más que le hubiera gustado sobremanera.

Por estos motivos, cuando ella comenzó a moverse, él suspiró aliviado... pero no por mucho tiempo. Pasada la preocupación habitual acerca de qué haría si ella no despertaba, le surgió una nueva inquietud.

Cuando ella comenzó con sus lentos y pausados movimientos, él fijó la vista en lo que ella traía puesto... cosa que no había hecho antes debido a la acuciante preocupación que lo embargaba; pero una vez que lo hubo hecho, no pudo despegar su mirada de cómo la gruesa toalla se adhería a cada una de sus curvas.

Nunca en su vida el algodón le había resultado tan seductor en su vida.

Conteniéndose a duras penas, recordó que aún no había hecho el mínimo movimiento por ayudarla a recuperarse; por eso mismo, literalmente, corrió en dirección a la cocina para ir en busca de un vaso de agua.

Entre tanto se dirigía hacia allí, recapacitó en algo que no había pensado hasta ese momento... en toda esa situación se veía algo familiar para él, demasiado familiar.

No era posible que una persona recuperara el conocimiento después de un desmayo sin ser inducida a ello, sólo en muy escasos casos...

Tratando de alejar ese pensamiento que había surgido en su mente, llenó con agua fresca un vaso largo y transparente. En el preciso instante en que salía en dirección al cuarto nuevamente, un golpe en la puerta que comunicaba la cocina con el inmenso patio trasero lo tomó desprevenido y lo hizo pegar un pequeño salto debido a la sorpresa.

Disgustado, se volvió y con determinación abrió la puerta marrón cerrada con un postigo. Enfadado, fijó su mirada hacia el suelo, desde donde un cachorro color arena lo miraba con la lengua afuera y la cabeza torcida.

-Y a ti, qué te sucede ahora?- preguntó dejando de lado un poco su anterior animosidad.

El cachorro le ladró y saltó sobre sus patas traseras, como si le hubiera contestado.

-Oh, de modo que es eso- incómodo pasó la mano libre por su nuca, al tiempo que decía- Rika no ha venido a darte de comer, lo siento es que no pensé jamás que no vendría a dormir. Te prometo que no se repetirá

-A quién le das explicaciones? A tu novia imaginaria?

Él no necesitó darse vuelta para saber quién era la persona que había emitido ése comentario irónico. Además de que estaba solo con ella y el perro en la casa, era la única que se atrevía a hablarle en ese tono.

Y eso que soy su jefe- pensó con una mueca.

Por toda respuesta, él giró un tanto su cuerpo para verla, ya dispuesto a comenzar otra batalla por el hecho de que ella se había levantado sin su consentimiento.

Pero si acababa de desmayarse, por Dios bendito! Con razón ganaba todos los meses el premio a la puntualidad y presentismo, si se recuperaba con semejante rapidez de un intento de asesinato, y de un desmayo sin recibir ayuda, no quería ni imaginar la paliza que le daría a los virus que tuvieran el tupé de tratar de ingresar en su organismo.

Sin embargo, todo intento de hilar una frase coherente murió en su garganta en cuanto la vio... si antes creía que el algodón se veía sexy en ella, era porque definitivamente no la había visto portar el kimono blanco de seda que había dispuesto para ella.

Anteriormente, cuando había ingresado en la habitación, la absoluta paz en su rostro lo había hipnotizado de semejante forma que no se había fijado en nada más; y más tarde, cuando ella había despertado, las condiciones en que lo había hecho le habían quitado todo atisbo de perversión de encima.

Pero ahora, que ella parecía estar en perfectas condiciones- a excepción de una ligera palidez en sus mejillas de por sí rosadas- No podía evitar mirar cómo la tela rozaba suavemente cada una de sus femeninas curvas. Iba a decirle algún comentario subido de tono para que ella comprendiera que no podía andar delante de él de esa forma, y de paso enviarla a la cama inmediatamente, cuando ella exclamó un sonido ahogado.

Volviendo al mundo de los cuerdos- o al menos dentro de los parámetros de lo que hoy en día se consideraba sensato- Fijó su atención en ella, examinando que ninguna herida se hubiera reabierto y le ocasionara dolor; sin embargo ella tenía la mirada fija en sus pies.

-Quién es él?- preguntó la joven suavemente.

Él se sorprendió al notar la calidez y ternura de la joven, tanto en su voz; como en su mirada, al tiempo que se agachaba para llamar al perro, quién obedientemente fue trotando a sus manos, para dejar que ella lo acariciara. Quiso decirle que no debía agacharse porque estaba corriendo un riesgo innecesario, pero la dulzura y el apego que se reflejaban en sus ojos índigos lo asaltaron por sorpresa, tratando de asimilar esa imagen de su secretaria, con la que habitualmente guardaba de ella.

-Su nombre es Kerberos- dijo con la voz un poco trémula a causa de la sorpresa.

-Mmm, es un nombre demasiado largo y serio para ti, no pequeño?- le preguntó tiernamente al cachorro, entre tanto se levantaba y lo alzaba con él, sosteniéndolo en sus brazos- Yo creo que Kero te va mejor, qué opinas?

En ese instante el can emitió un ladrido, y luego le lamió el rostro, como si estuviera de acuerdo con lo que ella había propuesto.

-No, Kero definitivamente no- exclamó él, interrumpiendo la dulce escena, con un tono que le salió más brusco de lo que hubiera querido.

Ella desvió la mirada de la cría, y cuando la fijó en él, toda la calidez había desaparecido, reemplazada por una fría indiferencia.

-Yo le diré como más me plazca- dijo sin levantar la voz.

A pesar de que recién la conocía, sabía reconocer la terquedad en otra persona cuando era testigo de esta, y por eso estaba en pleno conocimiento de que si la contradecía ahora, nunca dejaría de llamar al cachorro con ese horrible nombre. Por eso mismo, se encogió de hombros, y tomó por asalto el tema que más le importaba.

-He descubierto que a pesar de que te diga que tienes que guardar reposo, tú insistes en hacer lo que más te convenza.

-Naturalmente.

El tuvo que contar hasta diez, para poder seguir hablando sin sentir la creciente necesidad de darle una buena tunda para que aprendiera a ser un poco respetuosa.

-Por eso mismo, no te exigiré nada más, pero me gustaría que tuvieras en cuenta que lo digo por tu bien- cosa que era cierta- Pero haz como más te parezca, lo que me gustaría hablar; dando por sentado que te encuentras en muy buenas condiciones, puesto que te considero terca, no estúpida, y sé que no te quedarías de pie ante mí, sólo para demostrarme que nunca vas a hacer lo que yo te diga, si te estuvieras desangrando por dentro.

Hizo una pausa, pero comenzó a hablar, cuando notó que ella parecía dispuesta a protestar.

-Me gustaría preguntarte, qué fue lo que sucedió mientras dormíamos.

Dios, ese hombre podía ser más estúpido?- pensó ella-, no sabía que uno nunca, bajo ninguna condición debía preguntarle a una mujer de frente lo que lo inquietaba de ella, aún más cuando la joven en cuestión salió corriendo para no tener que hacer ningún comentario acerca de lo ocurrido?.

-Lo que sucedió, es que usted; descaradamente y sin mí autorización, se atrevió a ingresar en la habitación que dispuso para mi uso personal y encima de todo ello tuvo el tupé de acostarse en la misma cama, junto a mí.

-No es eso a lo que me refiero y lo sabes- exclamó él molesto; mientras la miraba a los ojos, aunque ella sólo le prestaba atención a Kerberos- se negaba terminantemente a volver a llamarlo con ese nombre-, sólo lo miraba cuando tenía que contestarle altivamente, pero cuando él le hablaba, ella no le prestaba la más mínima atención, sino que desviaba la vista hacia el pequeño bulto que tenía entre sus brazos- Me refiero al sueño que tuviste.

Esta vez, sí que he logrado enfurecerla- notó él, al ver que la mandíbula de ella hacía una demostración de una increíble tensión, provocada seguramente porque ella tenía los dientes fuertemente apretados.

-Mis sueños son asunto mío, señor- dijo con la cólera brillando en sus ojos y exudando en su voz, al darle un toque despectivo al título- No creo deber darle informe alguno de lo que hago mientras duermo... ni cuando estoy despierta tampoco- Hizo una pausa y bajando la voz dijo- Ahora, si me permite; iré a guardar el reposo que tanto me ha insistido en que haga; confío en que entienda que espero hacerlo sola.

Con dichas palabras se dio media vuelta, y aún con Kero en los brazos, se encaminó hacia el cuarto.

Él hizo un diminuto ademán en pos de seguirla, sin embargo, recapacitó en que si ella no se lo había dicho entonces, no había razón para que lo hiciera más tarde.

Suspirando resignado, miró el vaso que aún conservaba en su mano izquierda, y pensó que el que necesitaba algo para tomar era él. Pero algo más fuerte.

Mucho más fuerte.

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Por lo que pareció un minuto entero, ella sólo lo miró; luego, estalló en carcajadas.

Él se sintió un poco molesto, la primera vez que le pedía matrimonio a alguien, y ésta le contestaba riéndose. El hecho de que se lo hubiera propuesto no por las razones ideales no lo salvaba de la ignominia.

-Te parece muy divertido?

De repente, ella cesó de reírse y volvió a su habitual y estoica seriedad.

Casi deseó que volviera a reírse de él.

-No es eso-se disculpó ella- Es sólo que al parecer no conoces toda la historia, no si propones que...

-En eso te equivocas- expresó él, tal vez con más dureza de la que hubiera querido, aún continuaba sentado frente a ella, y pudo apreciar que en realidad no le agradaba para nada que le hablaran en ese tono. "Vaya problemas que vamos a tener, si mezclamos nuestros explosivos caracteres"- pensó él, antes de decir- Sé a la perfección de qué se trata todo el asunto, y si lo que te preocupa son mis obligaciones como marido, no te preocupes que las sé a la perfección.

En ese momento que si tan sólo se trataran de las clásicas; es decir, amarla, respetarla, serle fiel, y estar con ella en la salud como en la enfermedad, en la riqueza como en la pobreza; sería demasiado fácil. Pero no, las cosas entre ellos nunca serían sencillas.

-Entonces, si lo sabes... cómo puedes siquiera insinuar esa solución, cuando sabes que no sólo nosotros estaremos involucrados en ello, y que sobre todo no seremos los principales afectados.

Él simuló pensarlo un segundo, aunque ya tenía una respuesta para eso. Pero ponerla un tanto incómoda no estaría mal, no?

-Oh, tú te refieres al hijo que debe nacer antes de que se concrete el año de matrimonio, no es así?

Nunca creyó que ver a una persona ruborizarse pudiera llegar a ser tan exquisitamente satisfactorio, sin embargo, lo fue; y no sólo eso, encendió dentro de sí una llama de dulzura que hacía mucho tiempo llevaba extinta.

Con las mejillas arreboladas, la vio asentir.

-Bueno, en realidad; es sólo un requisito, si no logramos concebir- a medida que hablaba, no perdía detalle de su reacción y se vio inmensamente satisfecho al notar que su turbación aumentaba- al primer año, tenemos un plazo más; y de este modo, logramos una prorroga para conocernos mejor y hacernos a la idea de lo que tenemos que hacer.

Ella lo miró con una seriedad acusante, aún conservaba parte del rubor, lo cual la hacía ver como una niña sufriendo uno de sus ataques de mal humor.

-No sé de dónde has sacado esa historia, pero evidentemente quien te la contó no conoce a los Antiguos- hizo una pausa, como confundida- En realidad, yo tampoco los conozco, pero sé que lo intolerables que son, y si al año no les hemos enviado a nuestro hijo, uno de los dos tendrá que ir con ellos. Y eso, te lo aseguro, es peor que pasar una noche juntos.

Él la miró perplejo, se daría cuenta ella que se había contradicho una y otra vez, Cómo era posible que le asegurara con tanta firmeza que eran intolerables, si nunca estuvo frente a ellos para saberlo? Y cómo sabía que tener que ir con ellos era peor que pasar una noche juntos; la curiosidad lo había hecho saltearse la estima en la cual ella tenía el pasar una noche con él.

-Por eso no debes preocuparte- dijo, enviando sus interrogantes sin respuesta a otro sitio de su mente, y posponiéndolo para una mejor ocasión.- Siempre he tenido curiosidad por saber cómo son en realidad, y en especial de ver qué es lo que a la gente le causa tanto temor de ellos.

Ella iba a replicar, pero al igual que su hermano en una situación distinta, supo apreciar la terquedad delante de sus ojos, y vio la convicción con lo que decía.

Allá él- pensó- Sabe dónde se está metiendo y no le importa, en otro momento me preocuparía, pero el sabe lo que está haciendo, de modo que quién soy yo para entrometerme?.

Él vio el preciso instante en que sus ojos capitularon, y dejaron de lado todo tipo de duda.

-De acuerdo, entonces; mañana es lunes, si quieres puedes ir a tu trabajo a presentar la renuncia y yo iré a pedir fecha en el juzgado.

-Espera un momento- lo interrumpió, justo cuando él se ponía de pie para salir de la habitación- a qué te refieres con eso de "renunciar a mi trabajo".

-Exactamente a eso, no pretenderás seguir dictando clases en el mismo lugar de siempre, cuando te están persiguiendo para matarte, no?

Ella no lo había pensado, pero la idea no le agradaba, se había acostumbrado a la gente de la escuela, a sus alumnos, hasta a los más difíciles. Ejercer la maestría había sido el primer acto independiente que había hecho después de dejar su hogar, y no era fácil renunciar a algo que había conseguido con fuerza, sudor y lágrimas. Sin embargo, sabía que si lo que quería era seguir con vida, debería hacerlo.

Por este motivo, asintió a duras penas.

Él pudo apreciar lo que le había costado tomar esa decisión, sin embargo; ambos debían hacer sacrificios.

-De acuerdo, ahora iré a preparar la cena, te llamaré cuando esté lista.

Ella asintió, pero su mente se hallaba lejos, en otra época. Tiempos que apenas podía recordar, y que de hecho no sabía a ciencia cierta si en algún momento habían existido; estaba tan compenetrada en sus pensamientos, que no lo escuchó irse, así como tampoco regresar y depositar su maleta en el piso para luego salir nuevamente.

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El edificio era increíblemente alto, incluso para los que estamos acostumbrados a ver hoy en día en una metrópoli como las ciudades más pobladas de Estados Unidos. Sus ciento sesenta pisos se elevaban hacia el cielo, contando además con nueve subsuelos.

No obstante, no era sólo la altura del lugar lo que lo hacía extremadamente notable, sino el lujo que este desperdigaba; sus paredes exteriores estaban construidas con un cristal transparente que mostraba todo lo que sus integrantes con oficina aledaña a la ventana hacían; al mismo tiempo, otorgándoles una vista increíble de la ciudad en pleno funcionamiento. Separando cada piso y cada oficina del lado externo, se remarcaban unas columnas color plata con un borde negro que brillaba como el primer día en que fue pintado. Todo el edificio desbordaba de riqueza, al igual que la familia que lo manejaba, pero el más llamativo de todos lo pisos que lo conformaban, era definitivamente el último de éstos, es decir el número ciento sesenta.

Claro está, que era algo que muy pocas personas podían observar, puesto que la mayoría de los edificios de la ciudad tenían entre ochenta y cien pisos, de modo que sólo algunos podían realmente ver cómo estaba construido y decorado este lugar.

Los pocos testigos oculares, describen que sus vitrales son de un tono turquesa, bordeados por un suave dorado, y con dibujos exóticos impregnados en ellos. Lamentablemente, nadie ha pisado jamás ese lugar- ni siquiera las personas que trabajan dentro del edificio- y por tal motivo, no hay una descripción de cómo es realmente la estancia por dentro-.

Aunque de haberla habido, no sería para nada favorecedora con los rumores que corrían de ella; sí, exudaba lujo y las paredes estaban forradas por un papel tapiz de un tono dorado que se asemejaba demasiado al oro. En el centro de la misma se ubicaba una inmensa mesa ovalada de nogal, de la cual se podía apreciar el brillo del barniz, como si nunca se hubiera utilizado. Alrededor de ella, giraban siete sillas finamente tapizadas en cuero negro.

En sus paredes había colgadas pinturas muy extravagantes, que podían resultar carentes de sentido para la gente común, más no para la que se reunía dentro de ese lugar.

Muchas de ellas eran tomas del mar, que mostraban un animal exótico y desconocido- un animal mitológico, diría la gente- se trataba de una especie de foca, pero que conservaba una cierta semejanza con el cuerpo de una mujer humana. Así como también los había semejantes al cuerpo masculino.

Todo parecía indicar que la persona que allí se hallaba adoraba realmente a todos esos animales...

Todo excepto el último cuadro de una sucesión que comenzaba en la pared que lindaba con la puerta, y que terminaba al chocarse con la que enseñaba al mundo ese maravilloso piso ciento sesenta.

Esta última acuarela mostraba el mismo mar de las anteriores, y al igual que las otras estaba repleta de estos animales; pero la diferencia radicaba en que estos ya no estaban sonriendo, ni tenían aspecto de encontrarse en su hogar. Por el contrario, sus ojos de un impresionante color plateado tenían la mirada perdida, como si no reflejaran absolutamente nada, y la marca que anteriormente se adivinaba sobre su pecho liso y oscuro – un círculo, que contenía dentro el símbolo del infinito- se hallaba lastimosamente remarcada en un tono sangre, como si hubiera sido arrancado y delineado con una navaja para así poder extraerla, quedando nada más que su forma anterior en el cuerpo de los animales . Pero lo más impresionante del cuadro no era esto, sino el echo de que algunos de estos seres – los que no guardaban esa mirada- Estaban siendo apuntados por un deslumbrante fulgor blanco, que provenía de tres mujeres hermosas que los obligaban a hundirse cada vez más en el mar; obviamente provocando su muerte, ya que requerían del aire para vivir.

A las claras sólo representaba una cosa.. El exterminio de la raza.

Esa sala guardaba dentro de sí la elegancia, la opulencia, y el sabor destructivo de una inminente venganza; todo contenido en sus cuatro paredes.

Como era de esperar, semejante lugar sólo se utilizaba en muy pocas y raras ocasiones; de hecho, nunca nadie había visto dirigirse a persona alguna hacia allí, lo que había creado rumores insensatos entre los empleados, entre los cuales no dejaba de figurar que las personas que se reunían allí eran en realidad brujos.

Por cierto que no dejaba de ser un disparate, decían muchos; pero cuando terminaban de expresar esa idea, la duda no abandonaba sus racionales cerebros.

Era de conocimiento común que el lugar se empleaba sólo para reuniones de muy alta e importante índole, pero jamás una empleada había subido a limpiar ni a servir nada para comer. Era sin lugar a dudas algo muy extraño, y un misterio que nadie llegaría a conocer.

Hoy era una de esas extrañas ocasiones en que esos enigmáticos personajes se reunían, muy poca gente lo sabía; pero las personas que lo hacían, era porque de tantos años trabajando en el lugar, reconocían la tensión en el ambiente que existía cuando una de esas veladas se llevaba a cabo.

No era algo fácil de explicar, era como si sencillamente el aire se tornara más denso, siendo posible embotellarlo.

Cuando se escuchó el rodar de siete sillas por el suelo al mismo tiempo, sabían que la reunión había comenzado.

El cuándo terminaría era imposible de predecir.

En el ceno de esa lujosa e iluminada habitación anteriormente descripta, se hallaban sentados seis hombres – o al menos es lo que uno usualmente pensaría que eran al verlos- alrededor de una mesa que se ubicaba enfrentada a lo largo de la ventana que los comunicaba con el exterior.

Su atuendo podía bien calificarse de peculiar. Más sus rostros no había forma de describirlos.

Y esto era literalmente dicho, ya que sus caras se encontraban ocultas bajo una capucha dorada remarcada con una franja negra; y sus cuerpos se hallaban cubiertas por una túnica larga hasta los pies del mismo diseño.

Todos en la habitación guardaban silencio. El único sonido que se escuchó durante minutos fue el crujir de una puerta al abrirse. Más naturalmente, no fue la principal. Del mismísimo vitral que los empresarios de los demás edificios admiraban, surgió la séptima figura.

Al igual que las túnicas que cubrían al resto de los participantes, la de este personaje era colorida- a diferencia de la de los grados inferiores, que eran de color negro- pero debido a su importancia, era distinta a todas las demás. Única.

A simple vista parecía ser enteramente plateada, sin embargo, a medida que avanzaba con sus pasos lentos pero seguros- como si fuera deslizándose- la tela con que estaba elaborada, comenzó a emitir destellos escarlatas, esmeraldas e índigos.

Ninguno de las personas sentadas hizo el menor movimiento, no obstante, cuando el recién llegado alcanzó la punta de la mesa- el último lugar a ocupar- los seis se levantaron al mismo tiempo, como si estuvieran coordinados internamente. Así mismo, aguardaron hasta que el misterioso individuo se hubo sentado, para luego volver a tomar asiento.

Una notable tensión se instaló en el lugar, todos aguardaban a conocer el motivo por el cual se encontraban allí reunidos. Esas veladas eran llevadas a cabo con muy poca regularidad, y generalmente para impartir órdenes de alta importancia, o para expresar una queja que tuviera el jefe con respecto al desarrollo de alguna misión. No obstante, acababan de eliminar a las elegidas, qué problema podría haber? Todos estaban esperando tener al menos un mes de vacaciones después de haber pasado dos años planificando la muerte de las jóvenes.

Por este motivo, ninguno esperó lo que vino a continuación.

-Quiero saber el nombre del responsable de que las elegidas no estén donde les corresponde.- Dichas palabras provenían del hombre sentado a la cabecera de la mesa, quien sin lugar a dudas era el jefe de todos ellos. La voz de éste era ronca y algo agrietada, como si la persona a quien pertenecía la usara muy pocas veces; y si su vida privada era tan locuaz como lo eran estas reuniones, bien podría ser cierto.

Seis rostros cubiertos se volvieron hacia él, obviamente no podía discernir ninguna de sus expresiones, pero casi hubiera jurado que se leía el desconcierto y asombro en sus rostros dorados.

-No entiendo el cuestionamiento- se atrevió a pronunciar el tercero a su derecha.

El hombre en la cabecera pareció no inmutarse, como debía ser su intrínseca naturaleza. Por el contrario, volvió a decir con el mismo tono; como si tuviera toda la paciencia del mundo... cosa que todos sabían que no era así en lo absoluto; tenían sentado ante ellos a un hombre que había asesinado a cualquiera que se hubo interpuesto en su camino hacia la meta, estaba decidido a no fracasar y si para eso debía exterminar a media población mundial, de muy buen grado lo haría.

-He dicho, que quiero conocer el nombre de la persona a la quien le fue encargado el asesinato de las elegidas, y hablar con él acerca del motivo por el cual falló.

Ellos sabían muy bien que si Fung realmente había fallado, no era precisamente una conversación lo que compartirían.

No obstante, había algo que no cuadraba... las jóvenes habían sido eliminadas, de eso no cabía duda alguna; entonces... a qué se refería el jefe con eso?

Por fin, el primer hombre sentado a su izquierda, se decidió a hablar acerca de las dudas que albergaban todos allí.

-El encargado fue un joven llamado Fung Reed, pero tenemos fuentes muy veraces que nos han aseverado que las elegidas están muertas como corresponde.

El hombre sentado en la cabecera se tomó su tiempo para contestar, no estaba en su naturaleza dar explicaciones de sus actos, de hecho no tenía ninguna obligación a hacerlo, ellos estaban allí para obedecerlo, sin cuestionamientos. Sin embargo sabía que si no explicaba lo que había dicho y una semana más tarde el joven Fung no se presentaba a las reuniones que su orden disponía, se establecería una diatriba entre todos sus súbditos que podía incluso llegar a cuestionar su poder y sus decisiones, y por más que fuera el jefe supremo, sabía que ningún líder podía gobernar sin el apoyo incondicional de sus seguidores.

No, era mejor aparentar ser un jefe "democrático" a que perder el poder por no poseer la suficiente cordura como para informar de lo justo y necesario a sus asesores allegados.

-He observado el progreso de este joven en la organización- empezó a decir- Sé que es muy eficiente y muy leal, realmente convencido de su objetivo; sin embargo, esta vez ha fallado.

Nadie se atrevió a pedir explicaciones, sabían que llegarían a su debido tiempo.

-En un ser humano normal, las heridas que él ha infligido en los cuerpos de las jóvenes hubiera bastado para matarlas no una, sino dos veces- continuó- Sin embargo, sabemos que estas mujeres no son personas normales y que se encuentran altamente protegidas, sólo hay una forma de eliminarlas y la he descubierto recientemente.

El estupor se expandió en crecientes ondas entre los presentes; de modo que ése era realmente el motivo por el cual las elegidas no podían estar muertas.

Al ver que nadie tenía ningún comentario para hacer- como sabía anticipadamente que sucedería- continuó:

-El único medio que hay para sacarlas de circulación es ciertamente el más temido por nosotros; debemos apuntar directamente a su corazón.

Esperó unos minutos antes de continuar, dejando que sus hombres expresaran en voz alta sus propias dudas.

-Pero...- manifestó el hombre sentado a su derecha- Necesitamos ese órgano para evitar que de alguna manera puedan continuar reproduciéndose, si lo dañamos de alguna forma...

-Sé que nuestros escritos dicen que debemos esperar dos días posteriores a su muerte para extirparlo de su cuerpo y llevar a cabo el ritual y que de esa forma también eliminaremos a los Antiguos, extinguiendo la amenaza para siempre... no obstante, he descubierto un nuevo testimonio firmado por Artemis que expresa claramente que el único método para aniquilarlas es atacar directamente a su corazón, aunque eso también signifique el estar brindando la posibilidad de que los Antiguos envíen un nuevo brote de ellas.

El silencio se hizo más extenso esta vez, todos estaban tratando de encontrar una solución que les permitiera acabar de una buena vez con una amenaza que llevaba ya siglos acosándolos.

-Supongo entonces que la única forma es arriesgarnos- dictaminó el tercero sentado del lado derecho.

El jefe sonrió debajo de su capucha.

-Eso es exactamente a la conclusión a la que he llegado, pero tal vez... si podemos secuestrarlas logremos que ellas nos conduzcan a los antiguos y así podremos terminar de una buena vez con ellos.

Los seis restantes se encontraron de acuerdo con esa propuesta, pensando que la reunión ya estaba llegando a su fin, y que en lo sucesivo recibirían la ubicación y los planes a seguir para secuestrar a las elegidas.

-Antes de dar por terminada esta reunión, hay un tema más a tratar, tal vez más importante que el hecho de que las elegidas se encuentren en este mundo aún.

Él sabía que el consejo estaba recibiendo más noticias apabullantes esa tarde, que las que había recibido en los últimos dos años. Así lo demostró el silencio que prosiguió a sus palabras.

-Tengo abundantes pruebas que alguien ha logrado infiltrarse en la Institución.

Sí, realmente estaba logrando asustarlos.

-Eso es imposible... en los cuatrocientos años que lleva en funcionamiento, la Institución se ha caracterizado principalmente por su secretismo e impenetrabilidad.

-Es cierto, así ha sido- coincidió él- Hasta hace aproximadamente un año atrás.

-Qué quiere decir?

La desesperación los llevaba a olvidar su lugar frente a él, esta vez lo dejaría pasar, dadas las circunstancias.

-He estado vigilando de cerca los pasos de un personaje, a quien casualmente le han asignado la misión de eliminar a una de las elegidas, he llegado a la conclusión de que es un infiltrado.

-Eso es inconcebible- lo contradijo sin siquiera pensar en ello uno de los miembros del consejo- No le confiaríamos una misión de tamaña importancia a alguien que denostara la menor sospecha.

-Sin embargo lo han hecho- contestó él sin inmutarse- Pero no se preocupen, lo han hecho por expresas órdenes mías.

-Cómo?

-Es sencillo, hace un tiempo me crucé con este joven en la calle, por supuesto él no me reconoció puesto que nadie ha visto mi rostro, no obstante; yo sí recuerdo cada uno de las caras de las personas que tengo bajo mi mando. En esa ocasión, me pareció atrayente seguirlo, y así lo hice; me resultó bastante sospechoso el hecho de verlo conversar amablemente con su supuesta presa. No obstante, al ver la familiaridad con la que se trataban, pude vislumbrar que no se conocían sólo desde los meses que debían, de hecho parecían hacerlo desde hacía años; eso me llevó a seguir sus procedimientos con más atención, así pude comprobar que realmente tenía razón.

Nadie tuvo necesidad de preguntar cuál era el castigo que se le inflingiría, la Institución era poco benevolente, pero jamás podría perdonar una traición.

-De modo que le asigné esta tarea para ver si su objetivo era realmente salvar a las elegidas de su destino, y no fue precisamente agradable descubrir que estaba en lo cierto.

-Podemos preguntar el nombre del traidor?- inquirió uno de los presentes.

Él asintió, al tiempo que decía.

-Se trata nada menos que de nuestro tan carismático Eriol Hiragizawa.

Continuará...

Notas de la autora

Hola: Bueno, qué les pareció? Debo comentarles que terminé este capítulo enferma de angina, así que si hay algún delirio... bueno cúlpenlo a la enfermedad, (en realidad a mi mente puesto que tuve tiempo de editarlo y si lo dejé como estaba es porque realmente me gustó.. jeje).

Bueno, vamos a empezar por el final... fue predecible quién era el traidor, no? Esa era la idea... ahora sólo nos queda ver cómo van a hacer para llegar hasta Eriol... pobre chico.

Qué les pareció la escena entre Sakura y Shaoran? Este chico en vez de buscarle soluciones sólo busca problemas, no da esa impresión? Bueno, ya veremos en qué resulta este matrimonio entre ambos...

Y ahora... cómo les resultó la entrada en escena de mi apreciado Yue? Realmente me gustó, de hecho fue mi escena preferida (ya sé que esta mal que lo diga), este personaje sí que tiene sus misterios... aunque en realidad nadie puede decir que este ingrediente le falte a alguno de los otros.

He estado pensando, y a medida que avance este fic, se van a ir introduciendo cada vez un número mayor de personajes, lo que inevitablemente hará que los capítulos sean cada vez más extensos, no era esa mi intención.. pero no es algo que pueda manejar, sólo espero que no lleguen a alcanzar medidas extremas.

Bueno, aquí me despido! Como siempre, gracias por su apoyo, y espero seguir viéndolos (o mejor leyéndolos) por aquí!.

Mucha suerte!

Nadeshiko-Luna