La Compañía había abandonado Rivendel hace dos días, y para su gran fortuna, habían logrado avanzar más rápido de lo supuesto.
Pronto atravesarían las inhóspitas tierras de Eregion, lo cual ponía de bastante buen humor a Gandalf, quien junto con Aragorn los guiaban a través de difíciles y escarpados senderos.
Por ahora, todo marchaba bien.
La noche ya llegaba, e irremediablemente tuvieron que detenerse, cosa que los hobbits agradecieron con cansadas sonrisas.
Armaron sus tiendas en silencio, mientras Aragorn y Legolas se preocupaban de encender alguna fogata.
Cuando el fuego ya crepitaba en medio del frío, y la comida ya estaba caliente, Gimli rompió el silencio.
-no me gustan estos lugares-dijo con su profundo vozarrón-. Son tan desiertos y vacíos, me producen desconfianza.-
-es inevitable que tengamos que cruzarlos-replicó Gandalf, tardando un poco en su respuesta-; sólo por este camino llegaremos a salvo a las Montañas Nubladas.-
-¿y luego?- preguntó el curioso Merry, luego de tragar un pedazo de pan.
-luego tendremos que cruzar dichas montañas, yendo siempre hacia el sureste-dijo el mago quedamente-. Pero basta de preguntas, todavía nos queda un buen trecho para llegar allá.-
Luego de eso, los hobbits optaron por dormir, mientras los otros se repartían los turnos de guardia.
La primera guardia la haría Legolas, la segunda Nibenwen, la tercera Merilnen, y la cuarta, Bellcaunion.
Así, Legolas se levantó a otear hacia la oscuridad, mientras el resto se acurrucaba cubriéndose con sus escasas mantas, junto al fuego.
La mañana siguiente amaneció nublada, lo que les sacó el peso de andar bajo los agobiantes rayos del sol en aquel lugar donde apenas había arboledas y resguardo.
Los hobbits desayunaban lo más rápido posible, aunque no era tanto lo que se disponía para saciar su hambre.
Gandalf hablaba con Aragorn en un lugar algo más apartado, quizás discutiendo acerca del camino; Gimli revisaba con detención su gran hacha, Merilnen intercambiaba algunas palabras con Legolas y Nibenwen, y Bellcaunion guardaba sus recién afiladas dagas en sus vainas, yendo luego hacia Gandalf, para enterarse de lo que pensaba.
Luego de terminadas las actividades, recogieron el campamento y emprendieron la marcha.
-esto es peor de que imaginé-se quejó Pippin, todavía bostezando.
-y eso que recién comenzamos-agregó Merry.
-bueno, señores Intrépidos, ustedes decidieron venir-les dijo Lila con ironía; también se notaba algo cansada, pero con mucho mejor ánimo.
-no es necesario que nos eches en cara nuestras propias decisiones-dijo Merry algo ofendido, y deteniéndose-, hicimos bien.-
-Concéntrese más en el camino, Maese Meriadoc-le sonrió amablemente Merilnen-, no hay por qué detenerse, si perfectamente puede hablar y andar a la vez.-
Merry suspiró, y volvió a retomar la caminata, bajo la mirada divertida del resto de los hobbits.
Frodo se sentía algo agotado, pero no era un agotamiento físico, sino más bien de otra índole. Fuera lo que fuera, el Anillo tenía algo que ver en su estado, como siempre.
Apenas se detuvieron ese día, Gandalf estaba empecinado en llegar a Eregion en la jornada próxima, certeza de la cual no se equivocó.
En la media tarde del otro día pusieron por fin pie en las Tierras de Acebeda, así llamaban a aquellos territorios donde antiguamente los Noldor habían habitado, construyendo la ciudadela de Ost-in-edhil.
Frodo notó que el temperamento de Bellcaunion se volvía algo taciturno, y triste, pero como siempre, se mantenía audaz y penetrante.
-Bellcaunion conoce más de estas tierras que yo-dijo Aragorn, mirando hacia el noldo-, más que mal, fue su antiguo hogar.-
-si así lo desean, los puedo guiar-dijo éste, con la satisfacción de alguien que siente que es indispensable para los otros.
Gandalf aceptó, y el Elfo caminó junto a él, quedando los Elfos del Bosque Negro a la retaguardia.
El paisaje que se admiraba era extraño, parecía marchito, como un desierto, pero sin embargo, no lucía tanto como uno, sino más bien apagado y con aire denso, algo roñoso, como haciendo notar la antigüedad de aquellos parajes, totalmente resecos y sin casi ninguna brizna de hierba o benignos árboles.
No había un camino señalizado, seguramente se había borrado con el pasar de los años, pero Bellcaunion se manejaba muy bien en aquel territorio homogéneo, y los guiaba con excelencia.
Anocheció, y acamparon en un rincón resguardado y protegido del frío y posibles espías.
-¿Quién hará la primera guardia?-preguntó Gimli, algo soñoliento-.
-yo puedo hacerla-se ofreció Bellcaunion con una extraña amabilidad-, no tengo sueño por ahora.-
Los demás asintieron, tranquilos, y se dispusieron a dormir.
Menos Frodo, quien no podía conciliar el sueño, se sentía demasiado agobiado sin saber por qué.
El hobbit sin opciones, se incorporó del lecho, y miró los rescoldos del fuego que ya comenzaba a apagarse.
Bellcaunion se percató de la falta de sueño de Frodo, y lo miró minuciosamente. Siempre tenía ese afán de estudiarlo y analizarlo, cosa que al hobbit siempre le desagradó.
El rostro del Elfo, de una claridad asombrosa, se veía aún más pálido a la luz de la luna creciente, y sus ojos no brillaban, contrarios a toda luminosidad; se incorporó ágilmente de donde se encontraba, y se sentó al lado de Frodo, quien hizo como si no le importara.
-deberías dormir un poco-dijo Bellcaunion, después de un buen rato-. Después el cansancio te afectará en el momento menos oportuno.-
-no tengo sueño-dijo Frodo, cortante.
-insisto, deberías descansar-el Elfo estaba empeñado en hacerle dormir.
-pues tú también deberías hacerlo-replicó Frodo.
-no lo creo, los Elfos apenas dormimos, por eso nos turnamos las guardias-dijo Bellcaunion, orgullosamente-. Pero nunca he sabido de un mediano que no necesite dormir, mira a tus amigos.
Pippin y Merry dormían acurrucados uno al lado del otro, mientras que Lila se encontraba más cerca de Frodo, tendida apaciblemente.
La mirada de Bellcaunion centelleó brevemente.
-¿desde cuando la conoces?-al parecer, el Elfo prefirió no insistir, y cambió drásticamente el tema.
-¿perdón?-.
-a Lila¿desde cuando la conoces?-.
-¿a que se debe la pregunta?- Frodo no entendía el interés de Bellcaunion en su amiga.
-sólo deseo informarme-dijo suavemente el elfo-, no me gustaría estar siempre de viaje con desconocidos.-
-bueno, no me conocerás más si me preguntas acerca de Lila-respondió fríamente Frodo.
-creo que no nos estamos entendiendo-susurró Bellcaunion-¿acaso sabes quien es ella?-.
Frodo lo miró escandalizado.
-¡claro que sé quien es ella!; el que no lo sabe, creo que eres tú-.
-yo no diría lo mismo-Bellcaunion se tornaba muy misterioso-.
-no sé a donde diablos quieres ir a parar-Frodo comenzaba a molestarse-, tampoco sé en que se basa tu repentino interés en Lila, sino es que se trata de algo más fuerte.-
-¿fuerte?-ahora era Bellcaunion quien lo miraba con asombro-, espera, no quiero que me malentiendas; no es esa clase de interés.-
-ah¿no?-Frodo dio un respingo.
-de ningún modo!-ahora el Elfo parecía reírse-. Pero te confesaré que siento algo peculiar en ella…-
-creo que no malentendí…-.
-Mm, creo que te preocupas demasiado por ella, y por quien pone sus ojos en ella-replicó Bellcaunion, sabiendo bien la reacción que estaba provocando en el hobbit-. No es mi intención meterme en medio…, sólo que la muchacha me llama la atención.-
-¿Qué es lo que te llama la atención?-preguntó Frodo, pasando por alto las insinuaciones que el elfo le hacía-.
-no saco nada con decírtelo. Espero que te esmeres por tu cuenta en descubrirlo- respondió Bellcaunion con simplicidad, e incorporándose y yendo hacia el otro extremo del sitio-.
-eres demasiado descarado para ser un Alto Elfo-murmuró Frodo, sabiendo que éste le escucharía a la perfección, estando allí o más lejos.
-eres demasiado terco para ser un simple hobbit-le dijo Bellcaunion con su sonrisa característica, y Frodo, algo enojado, se acostó otra vez tratando de olvidar aquella conversación.
-por fin esta noche saldremos de los límites de Eregion-exclamó Gandalf-, reconozco que no me gusta para nada ese lugar-.
-a mí tampoco-dijo Legolas, sentado junto a él-, el aire que corre por aquí me abruma demasiado el corazón.-
-aún se siente la presencia de mis ancestros allí, el sonido de las fraguas, los cánticos alegres, las memorias de un pasado lleno de luz-dijo Bellcaunion, evocando con nostalgia todos aquellos recuerdos.
La Compañía se había detenido para comer y descansar por unos instantes, cerca de unos filos rocosos.
Desde allí se podía apreciar la terrible y espectacular vista del Caradhras, una de las más grandes montañas, y por la cual el Mago estaba decidido a pasar, para acortar camino hacia el sur.
Gandalf fumaba tranquilamente de su pipa, mientras hablaba con Legolas y Bellcaunion.
Nibenwen estudiaba el ambiente y el clima, también poniendo atención en todo lo que se hablaba.
Merry y Pippin se dedicaban a devorar la poca comida que había, Frodo y Aragorn escuchaban una de las graciosas historias de Gimli, mientras Merilnen trataba de enseñarle a Lila como manejar el arco, algo que después de un rato, la hobbit pudo dominar.
-vaya, mis brazos-se quejó Lila, sentándose en una roca-.
-después se te pasará el dolor, es natural-le dijo Merilnen-.
-¿desde hace cuanto practicas?-le preguntó la hobbit.
-uf, desde muy pequeña…-
-espera, eso no me sirve; haré una mejor pregunta. ¿Qué edad tienes?-.
Merilnen se reía con gracia ante la inocente pregunta de Lila.
-oh, soy muy vieja comparada contigo!...tengo 2.500 años-.
-¿qué?- Lila había olvidado que los Elfos eran inmortales-, vaya, sí que eres anciana!...aunque, no, no puedo decírtelo a ti, eres una Elfa, y jamás envejecerás.-
Merilnen seguía riéndose, le encantaba la dulzura de la pequeña hobbit, y la cara que ponía cuando tenía alguna duda.
-en realidad el alma jamás envejece, los años sólo sirven para medir el tiempo, más allá de eso, no tienen real importancia-le dijo ésta, con ternura- aunque te digo algo…, soy considerada casi una niña entre los de mi raza.-
-niña? Tú?-Lila la miró estupefacta-entonces que seré yo!-.
En ese momento, Frodo se levantó de su lugar.
Presentía algo raro, algo se acercaba hacia ellos con rapidez, una fuerza extraña que lo aterrorizaba.
Los Elfos también parecieron sentir lo mismo, y pusieron en guardia al resto.
-algo viene!-gritó Nibenwen, alertándolos-, debemos escondernos ya! Son sirvientes del Enemigo!-.
A lo lejos, ya se sentía un ruidoso batir de muchas alas, y el cielo se tornaba oscuro.
-a las rocas!-clamó Gandalf, y todos corrieron hacia ellas, y a los arbustos cercanos, guardando previamente todas sus pertenencias y ocultándolas con ellos.
Las alas se sentían más y más fuerte, y la compañía apenas hacía ruido, tratando de casi ni respirar.
Eran un centenar de pájaros negruzcos, feos, y diabólicos; chillaban y se picoteaban entre ellos con maldad y fiereza.
Sobrevolaron todo el territorio rocoso, en búsqueda de presas, pero al no encontrar nada de su interés, la bandada dio vuelta atrás, rumbo a su oscuro lugar de origen.
Sin embargo, una de las aves rezagadas se percató de la presencia de seres vivientes en el lugar, y se refugió cerca de un tronco, para espiar.
Legolas fue el primero en salir, sin mucha confianza de que el peligro hubiera pasado, y aún atento a cualquier signo alarmante.
El resto le siguió, con cautela.
-eran crebains de Dunlan-exclamó Gandalf, con el rostro contraído por la preocupación y la ira-, y no eran espías de Sauron, pero sí de Saruman. Recuerden que él también nos acecha! Menos mal que esos pajarracos no nos descubrieron!-
-pero podrían! Van hacia el mismo lado que nosotros, correríamos riesgo si los siguiéramos-argumentó Aragorn.
-estás en lo cierto, debemos seguir otro camino-dijo Gandalf.
-¿Qué tal si pasamos por las Minas de Moria?-preguntó Gimli, y todos lo miraron reproche, a excepción de los hobbits, que no sabían que era ese lugar.
-yo no me arriesgaría a cruzar Moria, a menos de que no hubiera elección-dijo Gandalf, resueltamente-. Debemos ir por el Caradhras! -.
Frodo miró con poco entusiasmo hacia la montaña, completamente nevada y neblinosa.
-creo que podría ser igual de peligroso enfrentarnos al Cuerno Rojo- comentó Merilnen-. su voluntad es difícil de sobrellevar, y nos costaría mucho que él nos dejase pasar-.
-pero hay que intentarlo-le alentó Nibenwen-. Sinceramente, prefiero esa ruta que la oscuridad de Moria.-
-yo también-dijo Legolas-.
Al final, todos quedaron de acuerdo en la ruta del Caradhras, y Gimli terminó aceptándolo de muy mala gana.
-bueno, sugeriría que nos pusiésemos en camino, siento algo raro aquí-comentó Legolas, y rápidamente se pusieron en marcha hacia la 'alentadora' Montaña.
Luego de unos minutos, el crebain espía se alejó de su escondite, muy satisfecho por la información que había obtenido.
La Comunidad tendría serios problemas, y no sólo sería el Caradhras quien se los pondría.
