SVAM. CAPÍTULO 8:
¿Misterios… Milagrosos?
By: Nadeshiko-Luna
Tratando deque sus pies se deslizaran silenciosamente por el suelo para emitir la menor cantidad de sonido posible, ingresó en la habitación.
Dentro de ella apenas se escuchaba la suave respiración de la persona tendida en el lecho. La luz del atardecer se filtraba por entre medio de las cortinas cerradas, otorgándole una tonalidad ocre a todo el lugar.
La paz en ese sitio era tan tangible que prácticamente se podía acariciar, algo que difícilmente sería así si ella estuviese despierta. Algunas veces, él se preguntaba si volvería a estar tranquilo nuevamente. Por algún extraño motivo, sabía que ahora que la había conocido, nunca podría dejarla ir. No era algo que pudiera explicar, simplemente una necesidad en su interior se lo decía así, tal vez una voz que le susurraba; no era que se tratara de amor, ni de un cariño en particular; era algo mucho más peligroso que eso.
Era la sensación de que ella necesitaba protección.
Tal vez era por eso, que en vez de salir en busca de un poco de intimidad o sólo para aliviar la creciente necesidad que se había instalado en sus entrañas desde hacía unos días, estaba allí; parado unos pasos más delante del marco de la puerta de la habitación contigua a la suya, con esa expresión de idiota en el rostro, observando cómo su "huésped", dormía tan pacíficamente, con su perro entre los brazos.
Al deslizar la mirada por la figura de la joven, no pudo evitar el iniciar que una apreciación profundamente masculina; el kimono blanco -que anteriormente él había dejado bajo su almohada para que pudiera ponerse más cómoda- se adhería a su cuerpo como una segunda piel, abriéndose ligera y delicadamente a la altura de sus piernas, formando un pequeño pliegue de seda que en nada podía competir con la nívea piel de sus finas pantorrillas que impúdicamente dejaba a la vista.
Era esa sensualidad innata en ella, lo que producía que esa necesidad instalada profundamente en su interior desde hacía un tiempo, se volviera insostenible.
Pero sabía que probablemente ese anhelo nunca se viera satisfecho, no con su explosiva personalidad en lo que a él se refería.
Aún así, tenía que hablar seriamente de algunas cosas con ella, y había aguardado todo el día, esperando que se hiciera la hora de la cena, para despertarla y conversar lo más tranquilamente que le fuera posible.
Había muchos interrogantes sin respuesta dando vueltas por su mente, y no tenía intención de que siguiera siendo de esa forma por mucho tiempo más.
El fantasma de la duda esta bien instalado en su interior.
Ahora el quid de la cuestión, era cómo se suponía que iba a despertarla, por lo que sabía de ella, tranquilamente podría saltar sobre él en un ataque de mal humor por interrumpir su pacífico sueño.
Inspirando profundamente para infringirse valor, caminó lentamente hacia el lecho, sin poder evitar que una mueca sardónica se fijara en su rostro al pensar que nunca había estado tan nervioso en su vida, ni siquiera la primera vez que había tenido que plantarse frente a un jurado.
Cuando hubo llegado al pie de la cama, se dirigió lentamente hacia el lado derecho- en donde reposaba ella-, con la mano extendida para sacudirle suavemente el hombro, tratando de sobresaltarla lo menos posible.
No obstante, el que casi se lleva un susto de muerte fue él; al ir tranquilamente, esperando ver sus párpados cerrados, y su respiración tranquila y apacible; y encontrar en cambio, que ella tenía los ojos abiertos de par en par, mirándolo con expresión austera y burlona a la vez.
-Pensabas permanecer mucho tiempo más mirándome desde lejos, o tenías pensado hablarme en algún momento?-inquirió ella, sentándose en la cama, al tiempo que acomodaba a Kero, en la cama, para que permaneciera durmiendo tranquilamente.
Él no pudo evitar notar que trataba mejor al perro de lo que jamás lo había tratado a él.
-Eso estaba precisamente por hacer- debía dejar de darle tanta importancia al asunto, o terminaría convirtiéndose en su esclavo.
Se sentó a su lado en la cama, y se dispuso a tener la conversación que tanto había dilatado. Sin embargo, ella se le adelantó.
-Bien, entonces; me gustaría hablar de algo contigo- hizo una ligera pausa, en la que tomó aire y se inspiró fuerzas-ya que es imposible que regrese a mi casa, dado que a tu parecer es insegura; me gustaría contar con la posibilidad de alojarme en la casa de unos familiares, la cual queda en el norte- había pasado bastante tiempo hasta que había logrado conciliar el sueño, y en ese lapso, llegó a la conclusión de que no podría continuar viviendo bajo el mismo techo que ese hombre. Era demasiado peligroso. Tanto para ella como para él. De hecho más para él que para ella.
-Eso es mentira, y me desagrada en extremo el hecho de que me subestimes hasta tal punto. Mientras esperaba que te recuperaras en el hospital, hice una detallada investigación acerca de tu vida, y tus contactos en el país; y sé que estás sola aquí. Esperabas que me quedara de brazos cruzados cuando acababa de ver que alguien había tratado de asesinarte?.
Una luz de alarma brilló en su cabeza... cuánto de su vida sabría él en verdad; sólo podía rogar que no hubiera llegado tan lejos como para conocer los tortuosos detalles de su estadía en Escocia.
-Esta bien, lo reconozco, tengo unos amigos allí, que sé que me recibirán si se los pido; y en este momento me gustaría estar en un lugar conocido, con gente que me resulte familiar.
Él entendió lo que ella quería decir, hasta lo comprendió. No obstante, había algo que no le permitía dejarla ir, además de los numerosos interrogantes que le surgían en torno a su vida, había algo que lo había afectado directamente a él, y que tendría que hablar con ella.
-Entiendo-dijo, mientras trataba de encontrar la forma más adecuada de decirle lo que rondaba por su mente- Pero lamentablemente, pasarán semanas antes de que puedas abandonar esta casa por tus propios medios. No soy estúpido, a pesar de que pienses lo contrario- continuó él apresuradamente, antes de que ella pudiera interrumpirlo- Sé que mejoras con una velocidad que es inconcebible para nadie, y no es algo que me resulte totalmente extraño; ya ha habido otra como tú en mi vida. Sin embargo, prefiero cerciorarme de que estás completamente bien, antes de dejarte ir, y el médico me ha ordenado que no te permitiera bajarte de la cama ni siquiera para ir al baño, cuestión en la que ya lo he desobedecido; y las reglas han sido aún más extremas para cuando vuelvas a salir, lo que no sucederá antes de tres semanas al menos. No importa que tu cuerpo sane con mayor rapidez, o que te sientas una prisionera dentro de este lugar, vas a obedecerme en esto y se terminó.
Ella lo miró, con una calma tan profunda en sus profundos ojos violáceos, que era totalmente increíble de creer. Esperaba gritos, hasta incluso golpes; no esa inesperada tranquilidad.
Aunque en realidad, intrínsicamente se estaba muriendo a causa la curiosidad y de un acuciante miedo que crecía en ella. Qué querría implicar cuando dijo "ya ha habido otra como tú en mi vida". ¿Cuánto sabría él en realidad?, volvió a preguntarse.
-De modo que pretendes que durante el próximo mes, te obedezca en toda idea que se te cruce por la mente, por más descabellada que sea. No?
-No fue eso lo que quise decir, y tú lo sabes- expresó él, tratando de no perder los estribos. A pesar de su fuerte carácter hacía tiempo que había aprendido a controlarlo, y sólo lo exhibía cuando las circunstancias se salían de su absoluto control, no obstante, desde que ella había ingresado en su vida, había tenido que volver a batallar con ese monstruo que habitaba en su interior, - al cual creía absolutamente domesticado- para no sucumbir a sus instintos y terminar ahorcándola.- Lo que dije, fue que vas a tener que guardar extremo cuidado con tus acciones, y la única forma en que puedo asegurarme de que cumplas los requerimientos mínimos para conservar tu salud en perfecto estado es tenerte cerca de mí, en ningún momento dije que pretendía que me obedecieras en todo lo que dijera.
Ella permaneció en silencio durante al menos un minuto entero; él le estaba pidiendo demasiado. Después de la fatídica noche en que había perdido a toda su familia, nunca había vuelto a compartir una casa con otra persona por un tiempo mayor a un par de meses, y siempre habían sido personas conocidas, que sabían su historia, sus debilidades y sus diarias necesidades. Sería muy difícil de explicarle que debía estar al menos una vez por día en contacto con el agua marina para poder estar en perfecta forma, mental y física; así como otros de sus extraños hábitos.
Sin embargo, sabía que a pesar de su rápida mejoría, aún se encontraba débil, ya que hacía al menos dos días que no iba a la playa, y que jamás lograría enfrentar pro sí sola el largo viaje que tenía hasta llegar a la costa, donde estaría a salvo... al menos por un tiempo. Sabía que si permanecía allí, estaría poniéndolos en un riesgo mortal a ambos, más en el estado en que se encontraba; sus necesidades la hacían un blanco inmóvil. No obstante, no le quedaba otra opción; al menos hasta que fuera capaz de escaparse para ir hacia el mar y recuperar fuerzas. Algo que esperaba que sucediera pronto, puesto que no sabía qué sería de ella si no lo hacía lo antes posible.
-De acuerdo, pero no soy una persona normal en muchos aspectos, necesito ciertas cosas que la mayoría de la gente no, y cuando digo que "necesito" estoy hablando de que no sobreviviré sin ellas.
Él asintió, un segundo antes de decir:
-Me lo imaginaba, puedo llevarte al mar esta noche, supongo que dispondremos de al menos media hora para que recuperes la energía perdida, no obstante no puedo otorgarte más que eso, no creo que sea seguro.
Ella lo miró, estupefacta.
-Cómo sabes que...
-No eres la única con secretos- contestó simplemente, al tiempo que fijaba sus orbes color café en los suyos, fijos en su regazo - Una cosa más.
Tomoyo había desviado su mirada hasta la nívea manta que cubría su cuerpo; tratando de encontrar una justificación razonable a que él supiera un detalle tan importante de su vida; cuando escuchó ese tono especial en su voz. Era distinto al que había percibido en él desde que lo conocía, lo cual parecía haber sido mucho tiempo atrás, en vez de los escasos días que en realidad habían transcurrido.
Levantó la mirada, interrogante; sólo para descubrir una misteriosa desesperación en la mirada masculina.
-Puedes explicarme, por qué desde que te conozco, he perdido la capacidad de mentir?
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Miró los blancos pasillos con anhelo. Nunca, en los dos años que había pasado allí dentro, pensó que en algún momento de su vida podría llegar a sentir nostalgia alguna por ese edificio. Para ella era simplemente un lugar donde ejercía su trabajo.
Lo que realmente le importaba era lo que se encontraba dentro de la estancia, más allá del edificio, las paredes y las instalaciones. Lo que más le interesaba eran las personas que habitaban asiduamente ese sitio.
Un ámbito en el que todos los días se veía una gama de emociones distintas y variadas. Desde la alegría reflejada en los luminosos ojos de un joven que acababa de aprobar un examen por el cual había trabajado semanas, incluso meses; hasta la tristeza reflejada en la mirada de una muchacha que había peleado con su novio el día anterior.
Pero lo que más la maravillaba de su trabajo, era saber que de una forma directa- en algunas ocasiones- o indirecta- en otras-, formaba parte de ese mundo, y contribuía a que los sentimientos de esos jóvenes fueran de una manera u otra -buenos o malos, reprimidos o libres- Ella influía en que se preocuparan de una noticia que había sacudido al mundo, o que por el contrario les dejara indiferente. Era increíble el poder que tenía entre sus manos.
Más no obstante, no era eso tampoco lo que la hacía levantarse cada mañana para acudir a aquél lugar, rebosante de ánimo y expectativa. Era la sensación de sentirse parte de algo, el que realmente importara si ella estaba o no; por fin, a alguien le preocupaba el que estuviera enferma, o que llegara tarde. Aún así, fuera por el mero hecho de que si sucedían algunas de las anteriores cosas, no podría tomar un examen.
En su cara no se reflejaba ninguno de los sentimientos que corrían libremente en su interior, como era su costumbre; sin embargo, estuvo a punto de perder su inexpresividad, en el momento en que ingresó en el despacho del rector.
Ése lugar estaba repleto de recuerdos para ella; allí tuvo su primera entrevista cuando llegó a los Estados Unidos, y también allí consiguió su primer trabajo serio.
Miró al hombre mayor y respetable que se hallaba sentado detrás del amplio escritorio de nogal. Inclinado hacia delante, con los dedos entrecruzados, y fijando su mirada en la de ella, no se asemejaba en nada, al gentil y gracioso colega que había demostrado ser a lo largo de esos años.
Más bien le recordaba las ocasiones en que regañaba a algún estudiante por su ineptitud o su falta de responsabilidad.
-De modo que nos dejas, Sakura- el tono de su voz reflejaba la decepción que sentía. Eso realmente la hirió por dentro, ese hombre había sido su imagen a seguir desde que tenía memoria, y saber que estaba defraudándolo de manera semejante, y por cosas que escapaban a su control, la plagaba de angustia.
Quiso explicarse, justificarse, hasta excusarse; cosa que ella nunca hacía. Sin embargo, sabía que eso era imposible, no podía revelar a nadie cosas de su verdadera naturaleza, y tampoco soportaría ver la repulsión que cubriría el rostro del anciano cuando se enterara.
-Siento llegar tarde, mi amor; es que el tráfico estaba terrible.
Ella se dio media vuelta, y descubrió que la fuente sobre la cual descargar sus frustraciones había llegado al fin.
Estaba por hacerle un comentario mordaz, cuando el hombre a sus espaldas habló nuevamente.
-Así que usted es el prometido de la señorita Kinomoto.
Xiao-Lang fijó su atención en el hombre que estaba detrás del escritorio, y trató de que su nerviosismo no se trasluciera en su rostro. Se sentía nuevamente en la escuela, siendo regañado por una profesora, o lo que era peor por el director del lugar.
-En efecto, Xiao-Lang Li, mucho gusto- dijo él, acercándose y ofreciéndole su diestra.
El hombre miró la mano extendida hacia él, y pareció reflexionar acerca de si estrecharla o no; finalmente lo hizo, pero fue al menos dos minutos después.
-Anthony Schleich.-dijo en respuesta a su presentación.
Sakura miró esa conjunción de personalidades, maravillada. En el tiempo en que lo conocía, nunca se había fijado en la apostura de Shaoran, en cómo posesionaba un lugar con tan sólo estar en él, cómo dominaba todo a su alrededor.
No se trataba del simple hecho de que su espalda fuera lo suficientemente ancha como para acogerla dentro en una noche de frío; o que fuera aún más alto que la media de los hombres, ni que su presencia irradiara tanto magnetismo que hacía que en variadas ocasiones no pudiera apartar la vista de él, ni que...
"¿Pero en qué estoy pensando?"
-Tomen asiento, por favor- indicó Anthony, sin perder los buenos modales, a pesar de que la furia bujía en interior.
Ambos lo hicieron, casi sincronizadamente; algo que ella no pudo dejar de percibir.
-Ante todo, Anthony; quiero disculparme por avisarte con tan poco tiempo de la decisión de abandonar mi trabajo- dijo Sakura dulcemente.
Xiao-Lang la miró con los ojos abiertos como platos; tratando de que el asombro se reflejara lo menos posible en su rostro, ésa no era la mujer con la que él llevaba conviviendo cuatro días.
Ni por un instante había demostrado semejante calidez.
El hombre mayor la miró un instante, al tiempo que sus labios se curvaban hasta formar una sonrisa.
-No te preocupes, Sakura. Sé que motivos de fuerza mayor te obligan a tomar esta decisión, te conozco lo suficiente como para saber que nunca abandonarías tu puesto de una manera tan irresponsable si algo no te estuviera coaccionando.
Al decir la última parte, su mirada, misteriosamente se dirigió hacia el hombre sentado a su lado, sin omitir un deje de censura en ella.
Él sonrió irónicamente, era obvio que ella no iba a estar rodeada de personas dulces como el azúcar; seguramente esa no sería la única crítica que ése hombre tendría para hacerle.
Explícita o no.
Al menos ella tuvo la decencia de no contestar.
-Como sea- dijo el rector después de un tiempo- Necesito que firmes estos documentos. Exclamó al tiempo que le extendía unos papeles, en los cuales figuraba el sello del colegio por todas partes.
-Sí, claro; ya lo suponía.- contestó ella, al tiempo que sacaba una lapicera de su bolso, y se disponía a depositar su firma en ellos.
Él la observó mientras lo hacía, su letra era redondeada y ligeramente inclinada hacia la derecha, delicada, pero fuerte, suave y a la vez segura. Reflejaba perfectamente su forma de ser, al menos a sus ojos.
Lo cierto era que a pesar de que la joven lo había tratado como si fuera una bolsa de basura desde que le conociera, en parte la admiraba. Había sobrevivido a un ataque contra su vida, se había recuperado mucho más rápido de lo normal, y encima de todo había tenido que convivir con él- cosa que sabía perfectamente, era bastante difícil en muchas oportunidades-. Y ahora, tenía que renunciar a su vida, todo porque él no había podido permitir que ella fuera devuelta a lo que probablemente era su hogar.
Ciertamente si no estuviera más allá de toda redención, tranquilamente podría pasar toda su vida junto a ella; tenía la suficiente personalidad como para soportarlo y además hacerle frente, sabía que dentro de esa cabeza había un cerebro, y también era muy hermosa.
Sin embargo, era demasiado tarde...
A pesar de que con el juramento que habían hecho la otra tarde, ella le pertenecía; él no podía obligarla a permanecer en la tierra, no cuando el peligro la acechaba tras cada vuelta de esquina; no, lo más seguro para ella era permanecer en el agua, y él debería arreglárselas de alguna forma para sobrevivir; De todas formas, si se diera el caso contrario, había vivido su vida- a pesar de su corta edad- y realmente no dejaría a nadie devastado tras su ausencia. Tal vez su prima lo llorara un poco, pero no le costaría demasiado tiempo seguir adelante. Había sobrevivido a pérdidas mayores y mucho peores que lo que significaría la suya.
Sacudió suavemente su cabeza, para despejar los pensamientos que acudían a su mente y lo alejaban del presente.
Sakura había terminado de firmar los innumerables documentos que le habían puesto delante, y estaba conversando con el hombre sentado delante de ellos.
Antes de que pudiera captar el sentido del diálogo, la joven y el anciano se pusieron de pie y se despidieron con un afectuoso abrazo. Seguidamente, él los imitó, poniéndose de pie, y le ofreció su diestra al hombre erguido delante de ellos una vez más, en señal de despedida.
Éste se la estrechó-sin hacerlo esperar esta vez-, al tiempo que decía:
-Espero que sea consciente de que está alejando no sólo a una de nuestras mejores docentes de nosotros, sino a una persona de su verdadera vocación.
-No se preocupe- dijo pacíficamente, a la vez que posaba un brazo sobre los hombros de Sakura- Ella podrá seguir haciendo lo que le gusta una vez lleguemos a nuestro nuevo hogar.
-Así lo espero sinceramente. Si no de todas formas, siempre podrá recurrir a aquí.
A mí, las palabras no fueron pronunciadas en su frase de despedida, pero quedaron pendientes en el aire.
A él le molestó que prácticamente dijera que ella no podría ser feliz con él, y que seguramente necesitaría acudir nuevamente a ese sitio, no obstante no lo demostró. Ese hombre saldría de sus vidas en cuanto cruzaran la puerta del lugar.
Lo que nunca llegó siquiera a imaginar era que semejante acción les demorara tanto.
Ni bien salieron al pasillo central, que los conduciría al patio frontal de la escuela donde estaba ubicada la puerta de salida, al menos un tropel de cincuenta adolescentes se les vinieron encima.
-Es cierto que se va, profe?- le preguntó el primer joven que estaba parado a su derecha, y que tenía toda la apariencia de ser el deportista más popular de la secundaria.
-Lamentablemente así es, Brandon- contestó ella, empleando el tono más suave que él le había oído desde que la conocía. Si no fuera un hombre maduro...
Si fueras un hombre lo suficientemente maduro, no sentirías los celos que crecen en tu interior.
Él maldijo la voz que internamente reconocía sus falencias.
Ni siquiera se podía mentir a sí mismo.
Casi no prestó atención a las palabras que pronunciaban sus estudiantes, todas sonaban iguales, lo que realmente le importaba y sorprendía, era la emoción que se reflejaba en sus rostros; nunca, desde que se había planteado ser profesora para poder vivir, se había llegado a imaginar que el día que se retirara sus alumnos la despedirían con un cariño semejante.
Abrazó y dirigió sonrisas a más personas de las que había abrazado y sonreído en su vida entera. Por primera vez en mucho tiempo permitió que una parte de sus sentimientos aflorara a la superficie.
Salir de allí fue lo más difícil que tuvo que hacer en lo que guardaba de memoria, aunque unos escasos diez metros la separaban de la puerta de salida; pudo sentir cómo prácticamente iba dejando un pedazo muy importante de su alma en ese lugar.
Había entregado más de lo que jamás pensó que podía dar, y había recibido el doble a cambio. Sabía que a pesar de todo lo que pasara en su vida a partir de ese momento, al menos tendría los recuerdos de esas personitas en formación que habían depositado una parte de su corazón en ella.
Cuando finalmente salieron a la luz del día, tuvo que pestañear para aclarar la visión por las inminentes lágrimas que afloraban a sus ojos. Hacía años que no lloraba, y la última vez que se había dado ese lujo, se había prometido no volver a cometer semejante acto de debilidad. Menos donde pudieran verla.
A través de los años había tenido que ir perfeccionando su máscara inexpresiva, hasta que no quedara un rastro de lo que en realidad sentía en su interior. Había descubierto que de esa manera la gente aprendía a respetarla con mayor rapidez; sólo se había permitido mostrarse tal cual era, durante las horas de clase, respondiendo a las bromas y enfadándose cada vez que era necesario. Al parecer, en vistas de su despedida, sus alumnos no consideraban que fuera una persona tan ruin.
-¿Estas bien?
La suave entonación de esa voz le recordó que no se encontraba sola. Miró al hombre con el que compartiría un año de su vida de ahí en más, y al que había puesto en peligro mortal.
Realmente se merecía que ella se comportara un poco mejor con él, sin embargo había olvidado lo que era mostrar otra cosa que no fuera animosidad hacia el género humano.
Su rostro se hallaba nuevamente desprovisto de cualquier tipo de emoción, cuando lo giró lentamente para mirarlo.
-No sé por qué no habría de estarlo- dicho esto, bajó las escalinatas hasta llegar al auto, allí lo esperó, para que le abriera la puerta.
Una vez dentro del vehículo, el silencio los invadió como un visitante no deseado. No habían terminado la conversación en buenos términos y ella sabía que en gran parte era su culpa, no obstante, años de relacionarse directamente con personas de entre trece y quince años, había borrado toda la capacidad de socializar que pudiera tener.
-Ya he avisado a la policía que decidimos mudarnos, y que por cuestiones de seguridad no le diremos a donde nos dirigimos. Sin embargo, le he dejado el teléfono de la casa de mi prima, por si necesitan contactarnos urgentemente.
Ella asintió, al tiempo que preguntaba: -¿Ya has hablado para disponer de nuestra llegada al lugar?
-Sí, todo estará a punto cuando arribemos allí, dentro de dos días.
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Era cierto, ni si quiera podía inventar una excusa para faltar al trabajo.
Se había percatado de ello, cuando había llamado para avisar que Tomoyo y él estaban demorados. Iba a decirles que como su secretaria lo estaba acompañando en una investigación, deberían ausentarse de la oficina por un par de días, y que debería encargarle los casos que estaban destinados a él a otra persona; más no obstante, al momento de decir las palabras, sólo fue capaz de pronunciar la verdad.
Gracias al cielo, al menos podía controlarse; sólo había llegado a decir que habían entrado en la casa de Tomoyo y la habían herido, y por tal motivo, en ese momento se encontraba con él, ya que su lugar de residencia no era seguro.
Ni siquiera había sido consciente de no poder decir la historia que había entretejido en su mente; estaba pensando en la mejor entonación que podía darle, cuando ya había dicho más de la mitad de lo que se había propuesto no decir.
-¿Qué quieres decir con eso?- inquirió ella, frunciendo ligeramente las cejas, y fijando su violácea mirada en él.
-Lo que acabo de decir. Al principio no llegué a notarlo, puesto que fue progresivo; pero ahora no puedo ni decir que está a punto de llover si el día esta soleado; una mentira que nadie tardaría en descubrir.
Ella estuvo demasiado tiempo pensativa, era una faceta con la cual no estaba familiarizado. No entendía absolutamente nada, el solo hecho de pensar que ella podía tener algo que ver con esa reciente incapacidad suya, lo hacía reconsiderar la opción de internarse en una institución mental.
Más, no le encontraba otra explicación... nunca había tenido problemas para fabricar historias y que los demás las creyeran, después de todo de eso se trataba su trabajo, si perdía esa capacidad, nunca más podría pararse en un estrado a defender a nadie.
La idea no era tan horrible como le hubiera resultado cinco años atrás, cuando había comenzado a ejercer. Entró en esa profesión con la idea de que defendería sólo a aquél que se lo merecía, sólo a la persona que fuera realmente inocente.
Y así fue durante bastante tiempo, sin embargo, surgieron dos problemas; el primero era que prácticamente no tenía ni para comer. El segundo, fue un caso que se le presentó casi cuando estaba a punto de volarse la cabeza de un tiro ante tanta injusticia.
Un abogado que sacaba a un asesino en serie de la cárcel, era un héroe y cobraba millones por caso. Y él, que defendía a las personas que realmente se merecían estar en libertad, ganaba una miseria.
Una tarde, después de que llegara al estudio donde trabajaba de un caso que había ganado exitosamente y por el cual le habían pagado unos escasos quinientos dólares, se presentó en su oficina un hombre de traje, con maletín y una expresión seria en el rostro.
-Touya Kinomoto?- Le había preguntado.
Él había asentido, sin saber que con esa sola acción había cambiado su destino. El hombre que tenía parado delante, era el empleado de un gran empresario que había caído preso por estafar a una compañía. Sin embargo, era inocente, había papeles que lo comprobaban, pero tales no podían ser presentados en una corte puesto que no eran aptos como pruebas.
Él se dejó conducir hasta el lugar donde moraba este señor- un espacio de detención provisional, al cual tenía derecho a causa de su influencia- y escuchó lo que tenía para decir.
Él hombre sonaba desesperado e incapaz de creer que alguien pudiera pensar tan mal de él como para siquiera considerar la idea de que había sido responsable de tal estafa. Le aseguró que todo había sido un complot en su contra, le mostró pruebas – obviamente no válidas- de que era así.
Ni por un momento se detuvo a pensar, por qué un hombre de tamaña importancia acudía a él, cuando tenía los medios suficientes para contratar al abogado más importante del país; simplemente pensó que al fin alguien había visto reconocido su valor.
Ni siquiera se extrañó cuando descubrió que su defendido era el socio más importante de un buffet de abogados, tal vez una duda se instaló en algún lugar recóndito de su mente, pero él la aplacó como si nunca hubiera existido.
El día del juicio tenía preparado su alegato, sus pruebas –las que anteriormente daba como inválidas- y absolutamente todo lo necesario para ganar con los ojos cerrados; y así fue, durante las semanas que duró el proceso legal llevó una ventaja de kilómetros a sus contrincantes.
La sentencia fue obviamente a su favor, como lo veía venir él desde el principio. No podía creer la buena suerte que había tenido, había chocado con un caso único, todas las pruebas a su favor, y si ganaba ese juicio se le abrirían todas las puertas que hasta ese momento se encontraban selladas.
Si hubiera tenido una pizca de inteligencia, hubiera sospechado.
Al día siguiente a que se dictara la sentencia, fue citado en la oficina de su empleador, ahora libre. Era la primera vez que lo veía fuera de una celda- si es que de esa manera se podía llamar al lugar donde él lo visitaba antes y durante el juicio- y el contraste lo impresionó; ya en la cárcel ese hombre había demostrado emanar un aura de poder considerable; pero allí, sentado en su escritorio, ya en su territorio,
Sin embargo, lo que le diría a continuación, cambiaría que su respeto por él, mutara hasta convertirse en el aprecio no superior al que le tenía a un insecto que se arrastra por el suelo.
Cómodamente situado detrás del escritorio de nogal, le planteó un nuevo "problema" al que quería que le buscara una solución.
Entusiasmado le contestó que le encantaría hacerse cargo de ello, pensando que estaba por emplearlo nuevamente para defenderlo a él o a otro de sus empleados en la corte.
No obstante, su ex cliente, tenía otras noticias para darle. Al parecer las pruebas que tan fervientemente él había defendido no eran más que fraudes.
Así descubrió no sólo que había terminado por hacer lo que más detestaba en el mundo- defender a una persona que era culpable del delito por el cual se lo acusaba- sino que además había formado parte activamente de ello. Y lo peor del caso era que, si se llegaba a descubrir un hecho de semejante envergadura, no sólo su cliente estaría nuevamente tras las rejas, sino que de seguro él le haría compañía.
Cuando vio en su rostro el desfilar de emociones, el hombre sentado de adelante, frunció sus labios en un gesto de aversión, y dijo "tendremos que solucionar eso"
A él le llamó la atención la frase de su "cliente" y lo miró, exigiendo una explicación; el hombre lanzó una carcajada y dijo:
-Así me gusta muchacho, que exijas lo que quieres saber. No lo entiendes, no es así?- dijo luego de una pausa- Es sencillo, te encargamos un juicio que hasta un niño de dos años podría haber ganado; sólo que lo que defendiste en la corte, no era enteramente verdad.- Al ver que la expresión de incredulidad continuaba en su rostro, exhaló un suspiro, impaciente- A ver, tal vez si te lo explico de esta forma finalmente comprendas; mi buffet de abogados se ha visto un tanto escaso de participantes en el último tiempo; por así decirlo. Todos los que una vez rogaron prácticamente por una plaza en mi empresa, ahora se han ido corriendo como ratas en un barco que se hunde, para conseguir un empleo en un buffet chino muy reconocido. Esta situación ha provocado que hasta mis mejores abogados abandonaran los casos que estaban tratando, lo que está causando enormes pérdidas a la compañía. Necesito sangre nueva, que me ayude a competir contra este "magnate" de los abogados al que me estoy enfrentando.
La comprensión invadió el rostro de Touya, mientras la repugnancia que se anidaba en su interior creció hasta prácticamente apoderarse de todo su ser.
-Así es muchacho, te estuvimos observando durante meses, y sabemos que tienes el potencial para convertirte en uno de los mejores; pero eso sólo sucederá si renuncias a tus estúpidos principios que no te llevaran a ningún sitio. Sin embargo, no tenía ningún interés en que corrieras a tomar un empleo con mi competencia, de modo que he... acelerado un poco el proceso, por así decirlo. Tú sabes que tarde o temprano terminarías por defender a una persona que no fuese inocente. De hecho es casi asombroso cómo ha podido encontrar tantas, ese tipo de casos no abunda, sabes?. Pero bueno, no es eso lo que me concierne a mí- dijo después de hacer una pausa, en la que abrió un cajón, y sacó de ella una tarjeta, para luego dársela a él- Con esto podrás ingresar a tu oficina, el lunes próximo; creo que con una semana será más que suficiente para que te acomodes, no es cierto?
-Espere un minuto- dijo él, sintiendo que la furia se mezclaba con la indignación- qué sucede si me niego a trabajar para ustedes?
Él rostro de su futuro jefe, adquirió una expresión que expresaba peligro en todas sus facciones.
-En serio eres tan estúpido como para preguntar eso?
-Pero si usted presenta esas pruebas, terminará en la cárcel, al igual que yo.
-Ay, Touya- dijo dramáticamente- Hay tanto que debo enseñarte, no se si lo notaste pero en el proceso de defenderme a mí, inculpaste seriamente a otras personas también, con pruebas que no necesariamente me incumbían.
Ese fue el golpe de gracia, saber que no sólo había defendido a alguien que se merecía permanecer en la cárcel hasta el fin de sus días, sino que también había inculpado a gente que tal vez era inocente, lo llenó de un asco hacia sí mismo que fue imposible de ocultar.
-Ya sabes muchacho, el lunes a las ocho.
Sin decir una palabra, salió del cuarto. Desde ese mismo momento su vida profesional- que anteriormente disfrutaba enormemente- se había convertido en un calvario.
Durante varias horas había considerado la opción de entregarse a la policía, pero sabía que no podía hacerlo; su padre ya había sufrido demasiado por lo ocurrido con Sakura como para que él fuera tan egoísta como para hacerlo pasar por eso nuevamente.
Además, después de todo estaría ejerciendo su profesión. Tal vez podría llegar a disfrutar su nuevo trabajo.
No obstante, no había sido así.
A medida que había pasado el tiempo, el asco que sentía por las personas que le tocaba defender aumentaba, en lugar de disminuir. Se había acostumbrado, como todo el mundo; sin embargo, la pequeña porción de su ser que aún creía en la justicia, odiaba al ser en que se había convertido.
Tal vez era por eso que el hecho de no poder trabajar como abogado nunca más no le producía molestia en absoluto. Es más, lo dejaba totalmente indiferente. Quizá era su recompensa por haber sufrido durante tres interminables años.
-Hoola? Me estás escuchando?
La irritación en esa voz casi le hizo esbozar una sonrisa. Esa chica le causaba ternura hasta cuando estaba enojada con él. Dejando atrás esos sombríos pensamientos, fijó su atención en la joven sentada a su lado en la cama.
-Disculpa, me distraje por un momento, qué dijiste?.
Un suspiro de irritación brotó de la garganta femenina, antes de volver a decir:
-He dicho que es imposible que yo tenga algo que ver en el asunto, debe ser tu imaginación; tal vez un ataque de tu conciencia por mentir durante tanto tiempo.
-Y quién te dijo que he mentido "durante tanto tiempo"- dijo imitando su voz.
-No me hace ninguna gracia- expresó, dibujando una mueca en su rostro- Eres abogado, no?- continuó, como si eso lo explicara todo.
Una mueca sardónica se dibujó en su rostro, casi estaba de acuerdo con ella. Iba a decir algo más acerca de la situación, cuando su bipper sonó.
Exasperado, lo quitó de su cinturón, y miró el mensaje. Ella lo vio fruncir el entrecejo, y luego levantarse para buscar el control de la televisión.
-Qué haces? Estábamos discutiendo algo, te olvidaste? Quiero saber cuándo puedo irme.
-Eso puede esperar- dijo mientras volvía a su lado, y se sentaba en el lecho, buscando un canal en especial.
-Oh, claro! Es más importante ver un estúpido programa de televisión que otorgarme la libertad.
-No estás presa aquí- casi gruñó él- y mira lo que es tan poco importante.
Ella le hizo una mueca y miró la gigante pantalla frente a ellos. Su expresión de desagrado permaneció tan sólo dos segundos más en su rostro, fue prontamente reemplazada por una de horror absoluto.
-Oh, por Dios! Esa es Mei-Ling?
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Dos días... dos días para que su vida cambiara radicalmente... pero no era eso lo que más le preocupaba, a pesar de todo lo que habían luchado por apagar su espíritu, en el fondo seguía siendo la misma. La misma estúpida.
Lo que más la irritaba de esa situación eran las implicancias que tendría en la vida de él, de la cual sabía muy poco. Seguramente debía de ser médico, a juzgar por el hecho de que la había atendido por sus propios medios, sin recurrir a ningún hospital-a pesar de que ya le había confirmado anteriormente su profesión, hacía rato que confirmaba las declaraciones de las personas con su comportamiento-; pero no sabía a ciencia cierta si trabajaba para algún lugar. ¿Qué impacto tendría esa situación en su familia? Que ella no la tuviera no implicaba que su caso fuera el mismo.
Además... ¿sus amigos? Y que tal si tenía una... ¿novia? Por algún motivo extraño esa posibilidad no le agradó sobremanera, no quería ponerse a analizar los detalles, pero sabía que la sensación no era adecuada.
Ella no podía involucrarse de ninguna forma con nadie, y sabía que nadie podría hacerlo con ella.
La prueba viviente era su familia...
Borrando los dolorosos y desagradables recuerdos que acudieron a su mente, fijó su atención en el hombre que manejaba serenamente a su lado.
A pesar de que su apariencia denotaba que era un hombre duro, por lo poco que lo había conocido en esos días, sabía que había bondad en su interior, pocas personas estarían dispuestas a renunciar no sólo a un año de sus vidas, sino a acuñar la posibilidad de morir en ese tiempo, sino terminado ese plazo.
Además, estaba dispuesto a soportarla, con su cambiante humor, y complicaciones físicas.
Pensaba justamente en cómo haría para permanecer alejada del mar durante el tiempo que le llevaría todo el ajetreo de casarse y mudarse, cuando llegaron al edificio.
¡Casarse! Por el amor de Dios! Eso sí que era algo que jamás pensó que haría. Y menos que menos con una persona a la cual conocía hacía menos de una semana.
Aunque en realidad no era la ceremonia legal lo que la asustaba, eso era lo de menos, en su mundo no se regían según las leyes de los humanos. Un papel rara vez ofrecía una diferencia; sin embargo, si llegaban a tener un hijo ése papel haría la diferencia.
Perdida en sus pensamientos, apenas notó cuando llegaron al departamento; ni siquiera recordaba haber bajado del auto, ni subido en el ascensor.
Él no había pronunciado palabra desde que habían salido del colegio, se preguntó si tal vez lo habría ofendido de alguna manera.
Al observar su rostro a escondidas, no pudo apreciar ningún gesto que denotara enfado o emoción similar alguna. Tal vez simplemente era una faceta de él que no conocía.
Una que por cierto la incomodaba bastante, a pesar de que había pasado los últimos días deseando que se callara un poco.
Aún en silencio, lo observó ingresar la contraseña y apoyar sus huellas digitales en el visor, para así poder abrir la puerta y entrar en el lugar.
Le sorprendió ver un sin número de valijas amontonadas en el recibidor; cuando se dio media vuelta para mirarlo con la duda reflejada en el rostro, él se encogió de hombros y dijo:
-Me pareció que esas dos valijas que habías traído eran en realidad una pequeña parte de tu guardarropas, de modo que pedí permiso a la policía, y ellos decidieron que podía llevármelas ya que no eran tomadas como prueba; así que encargué que recogieran todo lo que había en tu casa a excepción de los muebles y artefactos y aquí están.
Realmente, ese hombre la dejaba sin palabras. Hacía tanto tiempo que nadie hacía nada por ella desinteresadamente; y menos, algo como eso; que le resultaba demasiado poco responderle con un sencillo "gracias", sin embargo, era lo único que se le ocurría hacer o decir.
Él volvió a encogerse de hombros y pronunció un "no hay de que", antes de desaparecer en la cocina.
Sin saber a ciencia cierta qué hacer, pero con más confianza que días antes, tomó asiento en uno de los sofás en forma de U, y encendió el televisor. Cuando hubo hecho zapping por tercera vez, él apareció nuevamente, trayendo una bandeja con dos recipientes humeantes sobre ella.
-Pensé que tal vez podías tener hambre.
Ella lo miró y le agradeció el gesto una vez más, al tiempo que tomaba la casuela y la cuchara correspondiente. El primer sorbo la dejó helada.
-Tiene...
-Así es- confirmó él.
-Pero es extremadamente difícil de conseguir, cómo es posible que...
-No eres la única con secretos.- contestó evasivamente él.
Se trataban como viejos conocidos, hablando de cosas en común pero no muy en detalle. Sin saber cómo salir de esa situación- por demás incómoda- y sabiendo que él sí podía hacerlo pero no quería por algún motivo, fijó su atención en la televisión. Acababa de terminar una conocida serie y estaba por comenzar el noticiario.
Ella nunca tenía tiempo para la televisión, siempre que llegaba a su casa tenía que concentrarse en corregir algún trabajo o prueba, o simplemente armar una evaluación para sus alumnos, cosas que llevaban demasiado tiempo; considerando que daba clases a todos los cursos. Y cuando disponía de un segundo libre, simplemente descansaba, o se daba largos baños en el mar, disfrutando de la sensación de su piel en contacto con el agua salada y percibiendo todas las criaturas que la llamaban.
Ahora, lo que antes había sido un acto placentero, se convertiría en una obligación. Oh! Claro que disfrutaría sumergiéndose en el mar, pero sabía que si no lo hacía una vez por día, no sobrevivía; y él tampoco.
Concentrada en el asunto de cómo haría para que su precario equilibrio interno no se viera perturbado a causa de la presencia masculina siempre a su alrededor, no notó la noticia que estaba tomando lugar en la pantalla.
Lo que sí percibió, fue la casuela que Shaoran sostenía firmemente entre sus manos ir a parar al suelo enlozado, derramando el hirviente líquido sobre él.
Su ceño se frunció al notarlo, él rara vez era descuidado, y menos aún perdía el control – la prueba era que ella seguía viva a pesar de todo lo que le había hecho pasar-, por eso le extrañó sobremanera el hecho de que ni siquiera se apresurara a recoger el tazón, riéndose de su torpeza; lo cual sería una reacción que cabría esperar en él.
Aún con el seño fruncido, fijó su mirada en el rostro masculino, y lo descubrió totalmente concentrado y ajeno a lo que sucediera a su alrededor, mirando el televisor.
Intrigada, dirigió su mirada hacia el plasma de veintinueve pulgadas, y lo que vio allí la asombró hasta el punto de asquearla.
Una joven yacía maniatada en el suelo de lo que parecía una camioneta. En un primer instante le pareció extraño que él reaccionara con tanta aversión hacia un simple caso de secuestro -el cual a pesar de su ruin naturaleza, no dejaba de ser uno más de los que habitualmente ocurrían en el país-; no obstante esa mirada del asunto cambió radicalmente, al reconocer a su prima en la última víctima de esa clase despreciable de delito.
Llena de horror, escuchó la nota que estaba siendo transmitida por casi todas las cadenas de televisión del país. La pena la arrasó como una ola gigante no prevista, apenas conocía a esa joven, pero lo que había visto a través de sus ojos, la hizo sentirse identificada de una forma increíble. Esa mujer había sufrido en su vida, igual o más que lo que ella tuvo que vivir, y ahora esto.
Nunca había sabido bien cómo reaccionar ante esa clase de situación, en las que se supone que uno tiene que abrazar a la persona que tiene a su lado y brindarle su apoyo. Y eso hubiera hecho en otro momento de su vida, más no en ese instante. Muchas veces había sentido como si sus emociones se hubieran congelado en alguna parte de sí misma, donde no podía alcanzarlas.
-Qué haces?- preguntó cuando él se levantó, encaminándose a Dios sabía dónde. No se suponía que la gente normal lloraba en esos casos? Ella no era lo que uno llamaría precisamente normal, pero él daba la imagen de serlo, aún con todos sus rasgos de locura.
-Me comunico con la única persona que puede ayudar en este caso.
Ella lo vio marcar un número en un beeper, y enviar un mensaje a través de él. Dos minutos más tarde el teléfono inalámbrico a su lado comenzó a sonar, sobresaltándola de tal manera que si hubiera podido, hubiera saltado.
Antes de siquiera notarlo, él ya se encontraba hablando por teléfono, impartiendo órdenes e intercambiando opiniones.
-Bien, yo no puedo moverme en los círculos de la familia Li, pero tú si, estoy seguro de que ellos aportarán la cantidad requerida por sí mismos, Mei-Ling ha sido una de sus preferidas en los últimos tiempos; pero por si las dudas asegúrate.
Segundos más tarde cortó la comunicación, y se dejó caer en el sillón, junto a ella.
-Entonces... es real?
Él la miró durante un instante prolongado, tratando de comprender; hasta que entendió que se refería al secuestro.
-Por supuesto que es real, por qué creerías lo contrario?- inquirió intrigado.
Ella se encogió de hombros.
-En algunas ocasiones son estrategias publicitarias; en el colegio sucedió una vez, una familia de influencia simuló el secuestro de su hija, para provocar la lástima del público, y ganar las elecciones. Muy pocas personas se enteraron, pero todo fue manejado como si el secuestro fuera real.
Él pensó irónicamente, que su familia tranquilamente sería capaz de hacer algo como eso, si es que ya no lo habían hecho en alguna que otra oportunidad.
-En este caso es real- dijo él, mientras se tiraba el cabello hacia atrás con su mano derecha- Pero no creo que haya problemas, la familia Li se encargará de que ella sea entregada sana y salva.
-La familia Li?- preguntó ella- Es decir tú familia?
-Yo no tengo familia- contestó simplemente él.
Hubiera seguido interrogándolo de no ser porque pudo detectar una nota de reserva en él, casi como una barrera invisible que hubiera edificado alrededor de ese tema en particular.
Estaba por preguntarle si tenía alguna sospecha acerca de quién podría haber tramado el secuestro, cuando el teléfono volvió a sonar.
Sin siquiera molestarse en mirar el número de la persona que estaba tratando de comunicarse con él, Shaoran atendió la llamada.
-Sí?
- Xiao-Lang? Soy Mei-Ling, no me nombres, aún si estas solo.
Él miró de reojo a la mujer que tenía a su lado, y quien lo miraba interrogante.
-Cómo estas?.- preguntó simplemente, de todas las preguntas que tenía en su mente esa era la que más urgentemente le interesaba responder.
-Bien, aunque en realidad estoy muerta.
Ni siquiera se planteó el tratar de analizar la célebre frase de su prima.
-Ok, dónde estas?
-Camino a Escocia.
-A Escocia??- mientras decía esto, pudo percibir un visible estremecimiento en la mujer a su lado.- Qué demonios planeas hacer allí?
-Buscar un par de cosas. Te llamo por otra cosa, para avisarte que estoy bien. Dime, has hablado con él?
No hacía falta aclarar con quién.
-Sí, me volví loco cuando me enteré.
-Esta bien, entonces habría que avisarle que todo es una farsa. Escúchame Xiao-Lang, estamos metidos en algo mucho más complejo de lo que supones. No puedo explicártelo por teléfono, pero quiero que tengas cuidado con cada cosa que haces, los lugares a los que vas, y la gente con la que estás. Sakura está allí contigo?
-Así es.
-Bien, no te separes de ella y te espero en dos semanas en Escocia, más adelante te diré exactamente dónde. Pero antes necesito que me hagas un favor.
-Cual?
-Es necesario que hables con Tomoyo Daidouji, ella trabaja para mí, en el buffet. Por lo que supe, ha sufrido un atentado contra su vida también, y se está alojando en la casa de Touya Kinomoto, un socio que recientemente ha llegado de Tokio.
Kinomoto?. Miró pensativamente a su futura esposa, ella le había dicho que su familia estaba lejos, pero cuantas personas con ese apellido podía haber en un mismo país fuera de Japón?
-Lo puedes hacer?
-Sí, por supuesto. Qué debo decirle?
-Dile que la necesito en Escocia contigo y con Sakura.
-Espera, ella también debe ir?
-Sí, no te dije que no te dije que no te separaras de ella?. Los espero allí, Xiao-Lang.
-De acuerdo, allí estaremos.
-Una cosa más.
Casi emitió un gemido ante esa última frase, viniendo de su prima, se podía esperar cualquier cosa.
-Qué sucede?
-Viajen con identidades falsas. Y trata de morir antes de venir hacia aquí.
Demonios... algo así tenía que ser.
-Ok, no será la primera vez.
Cortó suavemente la comunicación, más tranquilo de que su prima se encontrara bien. No obstante, su preocupación crecía a cada momento, en que estaría metida ahora?
Y lo peor del caso, es que esta vez al parecer los incluía a todos...
Fijó su mirada en la joven que estaba sentada a su lado. ¿Cómo haría para explicarle que no sólo debía casarse mañana por la mañana con él- un pequeño detalle que había omitido- y que además dos semanas después debían encaminarse hacia Escocia, y encima de todo, morir en el camino?
Suspiró, exhalando todo el aire que tenía en el cuerpo.
Decididamente no iba a ser fácil.
Hasta las rocas de la costa de las Highlands cantan su magia. El viajero solitario la puede oír como la melodía de un tiempo desaparecido hace mucho, puede olería en la fragancia picante de los brezos, puede ver sus destellos en la niebla. La magia llega, irresistible, a los sitios más recónditos del alma con cada cambio de la luna, con cada cambio de la marea.
Así lo han decretado los selkies.
Si son dejados en paz, la vida de los selkies es serena. Pescan en el mar, cuidan de sus crías y nadan con la gracia y la facilidad de las focas. Porque es a ellas que se parecen. Los humanos que las observan desde la costa lanzan exclamaciones viendo sus abriolas tan humanas y se sienten superiores a estas criaturas que suponen inferiores. Sin embargo, los selkies tienen dones que los humanos no pueden imaginar. Pueden ver los sentimientos. Pueden controlar las tormentas.
Y pueden adoptar diversas formas.
Continuará...
Notas de la autora:
Hola!!! Cómo andan? Espero que bien!... bueno que puedo decir… pasaron… veamos… (Nadeshiko mira el almanaque y saca cuentas…) dos meses y dieciséis días exactamente desde que no vengo por aquí… demasiado tiempo no?... vaya que sí…
Realmente no tengo excusas, ya me justifiqué ante los lectores de SEDAE y debería hacer lo mismo con ustedes… pero como dije antes, no hay excusas… simplemente una montaña de compromisos que se fueron acumulando hasta un tope insostenible después de que llegué de mi viaje de egresados (que fue la primera semana de septiembre); si bien pasaron dos meses desde que regresé y tuve más que tiempo de subir no sólo uno sino al menos dos o tres capítulos más, sólo puedo decir que cuando uno vuelve de un viaje de semejante magnitud hay cantidad de compromisos que uno tiene que cerrar luego (como ponerse al día con exámenes (entre los cuales estaba el nacional de japonés que rendí hace dos semanas), monografías, relaciones, planear fiestas de egresados y demás) y si bien aún me restan dos semanas para terminar el curso, me decidí a actualizar ahora.
Ahora que ya les he presentado mis pobres excusas… ¿qué les resultó el capítulo? Este en particular ha pasado por innumerables ediciones, al igual que el de SEDAE, no se que me pasó esta vez pero nada lograba convencerme, de modo que finalmente lo edité una última vez y me decidí a subirlo de una buena vez por todas….
Espero que les haya gustado… se que aún no se ha revelado ninguna incógnita, pero les voy dando pistas al menos… aunque a decir verdad… no se si llevan a algún lado jejej, trato de que sea así pero no se si tienen coherencia o siquiera se reconocen en medio de semejante mar de dudas…
Como han visto, Mei-Ling por fin se ha puesto en contacto con alguien del mundo de los vivos… y parece que se viene un viaje a Escocia.. y están todos invitados al parecer… veremos que sucede con eso pronto…
Bueno, por lo pronto el próximo capítulo tendremos el casamiento entre Sakura y Shaoran… aunque al parecer no es eso lo que le preocupa a Sakura… Ah! Y antes de que me olvide, he cometido un GRAN error de cálculo en el capítulo anterior (en realidad es un error de distracción, pero bueno…) Vieron que la nota de rescate de Mei-Ling decía que se esperaría hasta una fecha determinada en Julio??? Bueno no se si habrán notado que la historia transcurre en invierno, y en Estados Unidos además, de modo que es imposible que ambas cosas coordinen… realmente me olvidé de pensar como si estuviera en el otro polo, y puse una fecha en invierno que era muy significativa para mi, y me olvidé de ese detalle (que no es para nada un detalle) de modo que la próxima vez que me refiera a la fecha en que caduque el pedido de rescate, lo haré en una que sea adecuada para la estación (puesto que es importante la estación en donde establecí la historia)… realmente les pido disculpas pero se me pasó… y como siempre me di cuenta después de haber subido el capítulo a internet…
Bueno gente! Me voy despidiendo… nos vemos prontito!!!
Mucha Suerte!!
Nadeshiko-Luna!
