SVAM, Capítulo 9:

Un viaje en ciernes

By: Nadeshiko-Luna

-Sr. Tsukishiro?

-¿Sí?

-Necesito consultarle acerca de un incidente ocurrido en la sucursal de Londres, en el día de ayer.

El hombre fijó sus ojos de témpano en el empleado que lo venía siguiendo desde el momento en que había cruzado la puerta del piso donde se encontraba su oficina.

-Pase, mientras me pongo al día, podrá informarme-dijo, entre tanto abría la puerta de su estudio y se adentraba en él.

-No es nada que no haya sucedido anteriormente- comenzó el joven, mientras su jefe se ubicaba detrás del escritorio y apilaba unos papeles, separando cartas y leyendo los mensajes que le había dejado su secretaria; un empleado nuevo podría sentirse intimidado y dejado de lado ante semejante actitud, sin embargo, él trabajaba para esa empresa desde hacía casi cinco años, tiempo en el cual había aprendido, que a pesar de no demostrarlo, ése hombre erguido delante suyo le estaba prestando toda la atención que necesitaba para comprender y tomar cartas en el asunto si era necesario.

-Si ya ha surgido en una ocasión anterior, no veo el porque no se ha previsto lo necesario para que no vuelva a ocurrir- acotó el hombre de ojos color hielo, sin siquiera levantar la vista de los papeles que tenía entre sus manos.

-Normalmente así sería, pero uno no puede manejar a las personas a su voluntad, y menos aún a alguien como ella.

Si no lo conociera lo suficiente, habría jurado que su jefe se había estremecido.

-¿Qué ha hecho esta vez?

-Nada que a ella le resulte muy importante, ya sabe cómo es. Simplemente indagó en el sistema informático de la empresa y desconfiguró toda el área de contabilidad.

-¿Pudieron solucionarlo a tiempo?-Su voz no expresaba ningún tipo de preocupación, era totalmente indiferente.

-Perdimos los datos referidos a las transacciones del último mes, por eso lo molesto. Sé que usted siempre archiva los movimientos de todas las sucursales en su computadora personal, y como no está en red con el resto de la empresa, no ha habido forma de que se viera afectada.

-En cuanto termine de analizar este contrato, le enviaré la copia a su despacho.

-De acuerdo- el empleado hizo ademán de salir, pero antes, comunicó el verdadero motivo por el cual había ido allí- Una cosa más.

Su jefe no emitió ni un sonido, pero sabía que lo esta escuchando.

-Ella llamó esta mañana a la oficina central, no debe preocuparse, puesto que no sabe que usted es el dueño de la Compañía- Ante este comunicado, el frío hombre que tenía delante; y al cual muchas de las empleadas de la corporación apodaban "Dios del hielo"; levantó su mirada, por la cual se había ganado ese apodo, y fijó en él toda la impetuosidad de sus ojos celestes, tan penetrante como el de los lobos que anidan en los bosques.

El impacto fue tal, que casi retrocedió un paso; sin embargo, logró contenerse.

-¿Qué dijo?-expresó al fin, demostrando algún tipo de interés por algo desde que había entrado en la oficina.

El joven pasó saliva, al pesar en la posible reacción de su jefe ante lo que diría a continuación.

-Nos informó de su decisión de venir hasta aquí, le semana próxima.

Al escuchar la frase, su jefe cerró los ojos por un instante, y en ese momento hubiera podido jura que sentía cómo una maligna presencia se adueñaba del lugar.

Por un instante, temió por que la oficina entera se viniera abajo, de hecho casi podría jurar haber sentido temblar ligeramente las paredes.

Pero lo peor fue el momento en que su jefe abrió los ojos; en sus gélidas orbes brillaba una furia fría, que sería imposible de esconder hasta para un hombre tan imperturbable como él.

-Gracias, lo tendré en cuenta- dijo despachando al joven parado delante suyo.

Su analista en sistemas asintió y se despidió con un gesto de su cabeza, dejándolo solo al momento.

En cuando se encontró con el consuelo de su tan ansiada soledad, dejó caer su cuerpo sin ningún tipo de delicadeza, contra el amplio y alto sillón de cuero que se hallaba detrás de él.

Su mundo se estaba cayendo a pedazos, y sabía que no había nada que pudiera hacer para detener la avalancha, no si ella había decidido volver a entrar en su vida nuevamente. Era la única persona con el poder suficiente sobre él como para manejarlo a su antojo.

Perdido en sus pensamientos, no escuchó el teléfono a su lado hasta pasados tres timbres. Aturdido ante esa inusual falta de concentración, apretó el intercomunicador con su secretaria y escuchó.

-El señor Li en la línea cinco, señor.

-Gracias- era una vergüenza que apenas pudiera recordar el nombre de su secretaria.

Esperó hasta que la luz en el teléfono le indicó que la llamada había sido trasladada, y levantó el tubo; las conversaciones que habitualmente mantenía con Xiao-Lang no debían ser escuchadas accidentalmente por nadie, por ese motivo no se podía dar el lujo de utilizar el alta voz.

-Hola hermano, ¿Qué sucede esta vez?- dijo utilizando un tono "cálido" que sólo se permitía emplear con determinadas personas. En realidad, con él sólo.

- Yue- esta vez el serio era Xiao-Lang, lo que indicaba que algo no marchaba bien.- ¿Recuerdas que hablamos hace apenas unas horas?

-Sí, lo recuerdo; apenas he llegado a la oficina, no tuve tiempo de ponerme en contacto con La Familia, pensaba hacerlo en este instante, después de solucionar un problema que surgió inesperadamente.

El silencio al otro lado de la línea, le confirmó que la opinión de Xiao-Lang respecto a su modo de actuar era deplorable. Él consideraba que era su obligación preocuparse por su prima, y todo porque en su momento habían sido casi como hermanos.

Pues ahora la situación había cambiado, y él tenía cosas más importantes en que ocupar su vida, además de los caprichos de una niña rica, que seguramente se habría dejado secuestrar para poder llamar la atención.

-Esta bien, igualmente te llamaba para abortar cualquier plan que hayas tramado, Mei-Ling esta bien después de todo…

Lo sabía.

-Pero aún necesito tu ayuda.

El tono acuciante del que aún consideraba su hermano, lo sorprendió.

-¿Qué sucede?

-Necesito que los certificados de defunción de Xiao-Lang Li, y Sakura Kinomoto aparezcan mañana por la mañana.

-Ajá, esta bien, no es nada que no pueda hacerse; y necesitarás también El acta de nacimiento, no es así? A nombre de quién esta vez?.

-Sí, eso también voy a ncecesitarlo, pero preferiría que lo hagas a nombre de las mismas personas que te dije antes.

-Estás fuera de tus casillas, me estas diciendo que te mate, y que quieres revivir con el mismo nombre, te das cuenta de lo peligroso que puede llegar a resultar?

-Sí, y también me doy cuenta de que las personas que nos persiguen nunca sospecharán que fuimos tan estúpidos como para adoptar el mismo nombre, de hecho ni mirarán dos veces cuando encuentren a unos nobles ciudadanos Escoceses que nunca han salido de su país; si quieres puedes adaptar la fonética o lo que se te ocurra, pero procura que sean los mismos nombres.

-De acuerdo- exhaló cansinamente- Una cosa, acabas de mencionar que cierta gente te está persiguiendo, por la forma de referirte a ellos, me hace figurar que estamos hablando de las mismas personas de hace cinco años. Es así?

-Sí.

-Eso es imposible, lo último que recuerdo de ellos y su enfermiza sociedad es haberlos visto tras las rejas, y a los que no, bien a resguardo en su ataúd.

-Bueno, pues al parecer no nos molestamos lo suficiente por averiguar si habíamos dejado atrás a alguien que podía llegar a continuar con su "noble tarea". Debe estar por suceder algo de suma importancia, porque lo inteligente hubiera sido permanecer en el anonimato port odo el tiempo posible.

-Tienes razón, seguí los patrones lo más que pude, pero siempre tuve la sensación de que alguien se nos había escapado. Espera un momento... eso quiere decir que Mei-Ling también se encuentra en peligro.

-Yo diría que es la que más en peligro está, he conocido a otra como ella- agregó.

-Otra? De que estás hablando, según nuestros datos sólo podía haber una- el desconcierto podía adivinarse claramente a través de la voz, del habitual "inexpresivo" Yue Tsukishiro.

-Sí, pero al parecer nuestro datos eran erróneos, y en más de un sentido.

Él prefirió omitir ese mudo reproche que su hermano le hacía, y continuó con lo más importante.

-Entonces, esto quiere decir que esta joven también esta en peligro.

-Si, eso es algo de lo que ya me había percatado.

El sarcasmo en su amigo más apreciado desde que tenía memoria, era tan inusual que se sorprendió de tal manera que sus rasgos lo demostraron.

-Qué quieres decir, acaso los ataques ya han comenzado?

-Sufrió uno recientemente, pero por lo que puedo observar en ella, creo que no es el primero.

-De acuerdo, entonces me pondré en contacto contigo en... déjame ver, unas cinco horas como mucho.

-Esta bien; además necesito un certificado de casamiento.

-¿Casamiento?... Espera un minuto, pretendes casarte con esa chica también?; Xiao-Lang sabes que ella sólo puede casarse con...

-Sí, soy plenamente consciente de ello, por eso lo hago.

-Quieres decir que eres...

-Así parece.

-Bien, te deseo toda la suerte del mundo, trata de que no te atormente demasiado.

-No te preocupes, no lo haré.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

-Bueno, aquí estamos... finalmente.

Ella escuchó el suave sonido de la valija al entrechocar con el suelo, y los pasos del joven detrás suyo, suavemente apaciguados por la gruesa alfombra; sin embargo, siguió con la vista fija en las montañas que se veían a lo lejos, tras los enormes ventanales que comunicaban al balcón de la habitación.

Las Higthlands eran un espectáculo digno de ver; había algo en ellas que llamaba notablemente su atención, al observarlas sentía renacer la magia en su interior, su parte salvaje despertando nuevamente.

-¿En qué piensas?.

Ella dirigió su atención hacia el hombre parado detrás suyo, y sonrió al observar su expresión.

-En que este lugar comparte los hechos más felices y más tristes de mi vida.

-No sabía que habías estado en Escocia en más de una oportunidad.

-Como bien sabes, mis viajes no fueron publicados en el boletín oficial de "La familia", a diferencia de la mayor parte de mis parientes, que creen que el hecho de conocer mayor cantidad de países, o adquirir algún objeto de gran valor monetario los hace superior al resto. Siempre perferí el perfil bajo con respecto a esas cuestiones. El único viaje del que tú debes tener noticias es del que realicé cuando cumplí dieciocho años, en el cual mis padres se encargaron de realizar una fiesta en todo su esplendor.

-Sí, exactamente a ese me refería. Según tengo entendido ahí finalmente te diste cuenta de quién eras.

-Así fue- dijo al tiempo que un suspiro escapaba de sus labios entreabiertos.-Hay algunas ocasiones en que me pregunto si este país tendrá algo que ver con todo esto; cuando piso esta tierra siento cosas que jamás experimenté en ningún otro lugar, no es algo que pueda explicar.

-No hace falta, creo que te comprendo- dijo el joven de ojos añiles, a la vez que se veía reflejado en la ahora mirada plateada de la mujer delante suyo- Sabes? En el fondo de tus ojos, puede adivinarse el tinte rojo, a pesar de que lo camuflas bastante bien con los lentes de contacto.

Un mohín de simpatía se dibujó en los labios de la muchacha.

-Eso lo notas tú solamente, porque me miras más que la gente normal.

-Es cierto- dijo él correspondiendo su sonrisa- Pero es que es muy dificíl no mirarte, emanas un aura de paz y alegría que es irresistible.

Ella no pudo evitarlo, se echó a reír.

-Lo siento- dijo tratando de contenerse- Es que jamás en mi vida me hubiera imaginado que alguien pudiera llegar a describirme como pacífica y alegre; más bien dicen que soy impulsiva, seria, fría y una guerrera en potencia, capaz de destruir a quien se interponga en su camino. Incluso me han llamado chiquilla caprichosa en más de una ocasión.

La mano del hombre se deslizó suavemente por su mejilla, al tiempo que decía:

-Los que te han dicho eso es porque realmente no te conocen; además, no soy el único que te lo ha dicho.

Ella lo miró sorprendida, ante esa declaración.

-Será posible que me hayas mentido todo este tiempo y que en realidad tengas poderes ocultos?

-Nada de eso, fue simplemente el brillo fugaz de reconocimiento, tristeza y anhelo que cruzó por tus ojos, cuando pronuncié esas palabras.

-Woow, no sabía que podía expresar tanto con una mirada; vamos sabelotodo, empecemos a desempacar, así podemos comenzar a buscar ese bendito papel-dijo ella, al tiempo que se apartaba de él, y se dirigía en dirección contraria, hacia la valija en la puerta de la habitación.

Él la miró, sabiendo perfectamente lo que hacía; era una defensa que él venía utilizando desde que era muy joven. Mei-Ling creía que escondiendo sus sentimientos detrás de una máscara de fría indiferencia, y burlandose de los demás, estos desaparecerían.

Sin embagargo, no se podía engañar a sí misma por mucho tiempo; y menos aún podría engañarlo a él.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

La sorpresa entremezclada con el miedo y el terror surgieron dentro suyo, creando una masa de sentimientos casi imposible de digerir.

Su cerebro se negaba a aceptar las señales que sus ojos le transmitían y transformarlas en imágenes coherentes.

La incredulidad más absoluta se había adueñado de su ser, de todas las personas a las que conocía, ella era la que más resguardada de todo mal estaba, la única a la que jamás sospecharía que podría pasarle algo; tal vez era el echo de que perteneciera a una de las familias más ricas e importantes de todo el mundo, o que siempre que acudía a algún lugar tuviera a sus dos guardaespaldas a apenas unos pasos- a pesar de que en muy raras ocasiones ella había lo notado, no era un secreto para nadie en la oficina-, la cuestión es que prácticamente era considerada una "intocable" nunca había sufrido una herida mayor a un pequeño corte con el borde de una hoja de papel demasiado afilada.

La mera idea de que la persona que se encontraba cruelmente maniatada y prácticamente inconsciente en el duro piso de una camioneta, siendo filmada por sus secuestradores, fuera Li Mei-Ling, la llenaba de indignación y sorpresa.

Sólo el ladrido del pequeño ser al cual le estaba aplastando una de sus patitas traseras, logró traerla de nuevo a la realidad y sacarla de sus cavilaciones. Lo que al parecer había sido de igual forma con el hombre que tenía sentado a su lado en la cama, y que al igual que ella, recién entonces fue capaz de despegar la mirada de la pantalla de la televisión.

Fijó sus orbes añiles en la figura tensa que en ese momento se levantaba lentamente, al tiempo que prorrumpía una maldición en voz baja,

-¿A dónde vas?-no pudo evitar inquirirle, desde que lo conociera era la primera vez que expresaba el mínimo gesto de interés por él y sus actos.

Eso pareció sorprenderlo tanto como a él, pero la situación estaba como para que soltara uno de sus comentarios habituales.

-Necesito llamar a la oficina, quiero saber qué novedades hay del asunto, apenas conozco a Mei-Ling hace un año, pero sé que su familia ya debe estar revolviéndo cielo y tierra en su busca.

-Sí, cuando ella tuvo ese problema legal con el caso Parrish hace unos meses, intervino un primo lejano creo, que es nada menos que el juez de la corte suprema, y la liberó.

Él asintió, ante la anormal situación que estaban viviendo, no le pareció extraño estar manteniendo una conversación civilizada de más de dos frases con su secretaria.

Sin mediar palabra más, se dirigió hacia el tléfono inalámbrico que había dejado sobre la cajonera que se hallaba contigua a la puerta de la habitación.

Se hallaba sumido en un sopor provocado por la profunda sorpresa; apenas fue capaz de reaccionar, cuando sintió que el teléfono estaba sonando en su mano.

Miró extrañado el aparato ululante, y la luz roja que titilaba le llamó bastante la atención como para traerlo lo suficiente a la superficie, y atender la llamada.

Aún algo desorientado, presionó el botón, y escuchó la voz de la asistente personal de Mei-Ling. Extrañado por esa conección con su lugar actual de trabajo, trató de digerir las palabras lo suficiente como para comprender su significado.

-Puedes repetir lo que has dicho, Jannete?

-Sí, señor- a pesar del caos que reinaba en la oficina; el cual incluso podía percibirse a través de la línea telefónica; la empleada guardaba la compostura de una forma totalmente envidiable- He dicho, que el primo de la señorita Mei-Ling ha intentado comunicarse con usted recientemente; como la política de nuestra empresa es no brindar datos personales de los empleados, le he dicho que me dé su número telefónico, y usted se comunicará con él a la brevedad.

¿El primo de Mei-Ling?... Ni siquiera sabía que tuviese un primo que lo conociese... En fin, de todas formas pensaba ponerse en contacto con la familia de su jefa, asi que mal no le vendría.

-De acuerdo, pasáme su número, que lo llamaré ahora mismo.

-Enseguida.

Mientras Jannete le dictaba el número del tal Xiao-Lang Li, él observaba a la joven con la cual se había comunicado de manera civilizada por primera vez en su vida, apenas unos minutos antes.

Ella acariciaba distraídamente la cabeza de su cachorro, que continuaba entre dormido, y pateaba al aire con una de sus patitas traseras, en reflejo.

Sin embargo fue la mirada de esos ojos azules- extrañamente, le pareció observar que sus ojos eran violetas con un brillo particular, que se asemejaba al gris en ciertos puntos, y no del tono azul noche, que desde hacía un par de días no se cansaba de observar- aunque la tenía fija en la cabeza del perro, en realidad su mente estaba a años de distancia; y por lo que se reflejaba en sus ojos, al parecer no habían sido años muy agradables.

Contuvo un suspiro, mientras escuchaba como la secretaria le impartía instrucciones precisas de cómo comunicarse con el primo de Mei-Ling -al parecer había dejado por poco una guía telefónica para que pudiera ubicarlo, o era un prófugo de la justicia, o un hombre muy solicitado-, sabía que su imaginaria tregua de algunos minutos se había terminado. Por lo poco que conocía de ella, tendría la necesidad de descargar esa tristeza y dolor que se leía en su mirada, y qué mejor forma de hacerlo que discutiendo con él. Además de esa manera, no debería mostrar lo que verdaderamente sentía. Ni a él, ni a ella misma.

Exhausto de tener que lidiar con una persona que le causaba tantos dolores de cabeza, y no poder deshacirse de ella por algún motivo extraño, presionó el botón para cortar la comunicación, luego de despedirse adecuadamente.

Sin demasiado entusiasmo por comenzar una discución, decidió hablar primero con el tal Xiao-Lang, tal vez él encontrara una solución veloz al problema. Amén del cariño que le guardaba a Mei-Ling, sabía que el buffet no sobreviviría más de dos semanas sin ella.

Marcó la impresionante cantidad de números que había anotado en su bipper, y esperó.

Cinco llamados después, una voz de mujer le atendió. Le resultó ligeramente familiar, pero no podía identificar de dónde, ni a quién pertenecía.

-Me podría comunicar con Xiao-Lang Li,por favor?- pidió cortesmente.

La mujer no tuvo la delicadeza de contestarle, de no haber sido por el ruido que se escuchaba de fondo- de seguro a causa de que se encontraban en un sitio repleto de personas que corrían de un sitio al otro-, habría pensado que le había cortado el teléfono.

Casi al instante, escuchó la voz de un hombre, que le hablababa al otro lado de la línea.

-Touya Kinomoto?- Por algún extraño motivo, al decir su apellido, su voz cayó una octava, volviéndose apenas audible.

-Sí, soy yo. Asumo que usted es Shaoran Li- siempre tendría problemas para pronunciar las "X".

-Así es, tengo un mensaje de Mei-Ling para usted.

Genial, se había sacado la lotería; no sólo tenía que lidiar con el explosivo humor de su secretaria, sino que ahora también tenía que ponerse de acuerdo con un lunático que no afrontaba la realidad.

No seas tan malvado- le dijo su conciencia- es posible que aún no haya visto los noticieros.

Una mueca desfiguró momentaneamente su rostro; en parte porque era prácticamente imposible que el sujeto no hubiera visto la noticia, dado que no sólo la daban en los programas de larga duración, sino en cada flash informativo; de hecho estaba prácticamente seguro de que para ese momento, cada calle de Nueva York debería estar empapelada con la noticia de secuestro, en un inento de recaudar fondos; y por otra parte, porque estaba tan mal psiquícamente, que hasta había llegado al punto de que su profundamente dormida conciencia, le hablara.

- Supongo que llega un poco tarde puesto que...

El hombre lo interrumpió al otro lado de la línea.

-Ya sé lo que me va a decir, de hecho sé que en este momento debe estar pensando que estoy totalmente loco, o que soy ciego o algo por el estilo; ya que serían las únicas posibilidades en que no me hubiera enterado del supuesto secuestro de mi prima.

Tratando de disimular que Xiao-Lang no sólo había dado en la tecla, sino que había expresado en voz alta, varias de sus sospechas, dijo:

-Sólo estaba esperando que me dijera qué era lo que usted tenía para comunicarmelo, y de ese modo podría averiguar si estaba enterado de la noticia, y en caso contrario, comunicársela yo mismo. Cabía la posibilidad de que usted hubiera llegado recientemente de un viaje, y que hubiera hablado con su prima antes de que todos los acontecimientos tuvieran lugar.

Ni por un instante se creyó la inmensa mentira que había dicho, y tampoco era tan estúpido para pensar que el pariente de su jefa se habría tragado semejante historia. A menos que sus sospechas acerca de que era un lunático o un retrasado mental fueran acertadas.

Sin embargo el sujeto no le prestó ni la más mínima atención a su intento de ser una persona cordial.

- De cualquier forma, aunque parezca extraño; Mei-Ling ha visto necesario desaparecer por un tiempo, no obstante una cierta entidad, de la cual estaría hablándole demasiado tiempo que no poseo; ha tergirversado los hechos, pensando que al estar muerta, podría lucrar con su defunción, de modo que esto la tomó por sorpresa incluso a ella.- Hizo una pausa, entretanto le decía algo que sonó a "ve a llevar las maletas a embarque" a la mujer que lo había atendido en primer lugar y continuó- De cualquier forma, la última vez que hablamos, me dijo que era necesario que usted viniera a un viaje que ha iniciado en Escocia, aunque precisamente dijo que requería que Tomoyo Daidouji viajara, pero se imaginó que usted no la dejaría ir sola, de modo que ha dispuesto lo necesario para que encuentren sus pasajes en el aeropuerto, a nombre del señor y la señora Tanaka.

Touya sufría de lo que él mismo denominaba el síntoma de "Demasiada información en muy poco tiempo" apenas había llegado a aceptar la idea de que su jefa no estaba tirada en un galpón, siendo asediada por criminales que la entregarían a cambio de una enorme cantidad de dinero; y ahora se enteraba que tenía que viajar a Escocia, con la psicótica mujer que tenía sentada en su cama unos pasos más allá.

Vaya que la vida de una persona puede cambiar en poco tiempo...

-Ahora debo despedirme, el tiempo de esta conversación ha dejado de ser seguro hace bastante. Asegúrese de que nadie los siga y una vez en Escocia tendrá todos los datos necesarios para encontrarse con Mei-Ling.

Sin más que decir, el hombre cortó la comunicación.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Xiao-Lang observó satisfecho, el pilón ordenado de valijas que se amontonaba en la parte trasera de su nuevo Peugeot Partner; cubrió el equipaje con una lona color gris, que bien podría haberse utilizado para construir una pileta de verano, y finalmente bajó la compuerta.

-No sé si has notado que tu equipaje es por demás muy superior al mío.

La insidosa voz que provenía de su espalda, le dijo que su compañera tenía ganas de provocarlo.

-Ya lo sé- contestó, entre tanto se daba media vuelta y le hacía una seña para que subiera al auto- Acaso creíste enserio eso de que empaqué todas tus cosas y le pedí permiso a la policía, sólo porque quería ser bueno y caritativo?... en realidad lo hice sólo para no sentirme un exagerado.

-Que es exactamente lo que eres- replicó ella.

-Es probable- admitió, mientras salía del estacionamiento del edificio- Despídete de tu casa, porque dudo mucho que tengas la oportunidad de volver a pisarla nuevamente. Al menos en esta vida.

Sin hacerle caso, ella dirigió su mirada directamente al reproductor de mp3 del que la camioneta disponía ubicado debajo del visor GPS.

Casi se ahoga de la sorpresa al ver los títulos que iban pasando en el visor LCD del esteréo.

-¿Te gusta Schubert?-preguntó totalmente conmocionada.

-No sé porque te sorprendes tanto.

-¿Por qué me sorprendo tanto?- repitió ella- No hay mucha gente que disfrute de este estilo de música.

-Sí, lo sé... y a decir verdad, no puedo precisar exactamente por qué... a gran cantidad de personas les encanta el Jazz, y Schubert, junto con Bethooven, fue uno de los precursores más directos de este estilo de música.

-Es cierto, aunque el Quinteto D. 956 que es el que tienes aquí es una mezcla de Jazz con toques de rock puro. Oh, por Dios!. Hasta tienes la versión en directo, con Paul Casals como violonchelista.

-Siempre trato de buscar y encontrar lo mejor, y en mi opinión esa es una de las mejores versiones- si es que no la mejor- del quinteto.

-No podría estar más de acuerdo.

Él la miró de soslayo, sin perder de vista del todo la ruta... una declaración así, proveniente de ella, era un digno detonante de un fuerte accidente de tráfico.

Al parecer, la música formaba parte de su vida, y una importante. Tal vez después de todo, ese año de matrimonio no fuera a ir tan mal... al menos si encontraban un punto en común; rogó a ese Dios tan esquivo, que hubiera uno más además del gusto por el asombroso Schubert.

Sakura fue leyendo en voz alta los títulos que circulaban por la pantalla, y que ella iba adelantando sistemáticamente con el control remoto.

-La Obertura de Schubert, Concierto de Cassadó, Novena de Bruckner, las cuatro estaciones y Sinfonía al santo Sepulcro de Vivaldi, Concierto para Piano y Orquesta de Edward Grieg, Sinfonía Número Cuatro de Roberto Schumann, Misa de Réquiem, de Mozart. Cómo es posible que tengas tan buen gusto para la música y seas tan… tan pelmazo!

Una breve sonrisa se dibujó en su rostro, al ver que a pesar de que ella admiraba sus preferencias musicales, no podía dejar pasar ninguna oportunidad de insultarlo.

-Piensas eso, puesto que no me conoces; pero no te preocupes, tenemos todo un año para conocernos… en profundidad.

La insinuación sexual estaba tan patentemente remarcada, que ella prefirió cambiar de tema.

-¿Puedes decirme a dónde nos dirigimos?, porque ayer no me aclaraste del todo mis dudas.

-Por supuesto, primero vamos a ir al registro civil, y allí nos casaremos. Puedo conseguir una licencia de matrimonio falsa, que de hecho es algo que ya encargué, pero por motivos obvios, nuestro matrimonio debe ser legítimo, aunque en Escocia tomemos otra identidad. Después de la ceremonia, nos encaminaremos al aeropuerto; desde donde trataré de comunicarme con el buffet de Mei-Ling para dejar el mensaje a la persona que ella me pidió que informara acerca del viaje- Por algún motivo, que hasta él desconocía, no quería que Sakura supiera que la persona con la que iban a coincidir en Escocia, tenía el mismo apellido que ella.- No me queda otro remedio que hacerlo así, y esperar que él me llame al número que he conseguido, esta línea no tiene alcance nacional, es un número extranjero adecuado a Estados Unidos, de modo que no buscaran en este tipo de líneas, cuando empiecen a registrar las líneas privadas…. En fin de cualquier manera, luego de haber establecido contacto tomaremos el avión que sale a las dos.

-Lo que no puedo entender, es el por qué, Mei-Ling necesita con tanta urgencia que nos encontremos con ella en ese país… además no es que necesita encontrarnos fuera de Estados Unidos, sino que tiene que ser allí, en Escocia.

-No lo sé- dijo él, mientras una expresión pensativa cruzaba su rostro- Hace tiempo que dejé de cuestionar los motivos que mi prima tiene para hacer muchas cosas.

Ella asintió, y por el resto del viaje se sumió en sus pensamientos, disfrutando de la agradable música que reinaba en la camioneta. Era una suerte que los estéreos de los automóviles pudieran trasladarse con facilidad, sino ese día no tendrían a su tan apreciada compañera de viaje.

Por motivos de seguridad Xiao-Lang había decidido dejar su auto en un descampado, y destruirlo totalmente, dejando ciertos restos de ellos dentro… en realidad había montado su propia muerte… ella sabía que eso no los despistaría por demasiado tiempo… de hecho, era muy probable que esperaran una cosa semejante… sin embargo, a causa de eso, tuvo que comprar un auto, y como no se podía dar el lujo de ir a una concesionaria, se lo compró a un viejo compañero de facultad, el cual no se vio muy agradecido puesto que hacía dos meses que había adquirido el vehículo, pero cuando escuchó lo que Xiao-Lang ofrecía por su camioneta, cambió rápidamente de parecer.

Agotada de vivir en un constante maremoto, decidió poner la mente en blanco; cosa que no había logrado hacer la noche anterior, y por lo cual no había podido conciliar el sueño. La angustia de no saber lo que vendría a continuación no era exactamente lo que más la preocupaba... era el hecho de que ahora tendría que compartirla con alguién más... estaba tan acostumbrada a arreglárselas sola, a sobrevivir gracias al esfuerzo que hacía día a día, a no tener que compartir nada de sí misma con nadie... que el hecho de tener que convivir un año con un hombre, la aterraba.

Y era plenamente consciente que el problema principal era que su acompañante se trataba de un integrante del sexo masculino, si se hubiese tratado de una mujer, no se sentiría amenazada en lo absoluto, y casi podría disfrutar de ese último año sobre la faz de la tierra.

Perdida en los pensamientos acerca de todo lo que tendría que renunciar sólo por el echo de que su verdadera naturaleza se manifestara en el momento más oportuno, no notó que habían llegado al bendito registro civil. Fue necesario que Xiao-Lang la sacudiera suavemente y le indicase que bajase del auto.

Sorprendida, y en gran medida asustada- algo que ella se negaba a reconocer, y prefería esconder el ligero temblor que le recorría el cuerpo, debajo de la excusa de haber dormido pocas horas-, ingresó en el edificio.

Mientras recorrían el pasillo que los llevaría a la sala donde contraerían matrimonio, se cruzaron con una pareja que salía sonriente de la sala contigua a la suya. Sakura miró a la mujer, y le sorprendió el hecho de que una persona pudiera albergar tanta alegría en su interior, que prácticamente desbordara por sus ojos. Siempre había sabido que no compartiría ese destino, pero cada vez que veía a alguien que vivía esa situación, no podía dejar de plantearse la común y habitual pregunta que todo ser humano se hace alguna vez en su vida -¿Por qué a mi?-.

-¿Estás completamente seguro que esto es necesario?- le preguntó por milésima vez al hombre que estaba a su lado, a punto de abrir la puerta de la sala.

-No sé, dímelo tú- expresó en respuesta, con una mueca burlona en su rostro-Sabes tan bien como yo que es la única solución... de hecho, es más una postergación que otra cosa, puesto que a menos que tengamos un hijo para esta altura del año entrante, nos encontraremos en la misma situación en la que estamos ahora... sólo lo hago para darte tiempo de acostumbrarte a la idea... y si finalmente tampoco cumplimos esa parte del trato... en fin, ya te he dicho que no hay nada importante que me ate a esta vida permanentemente.

Al escuchar la misma respuesta que él le había concedido anteriormente, un suspiro exasperado surgió de sus labios entreabiertos; antes de que pudiera arrepentirse, giró la manija e ingresó en el lugar.

Siniestramente, pensó que el sitio donde iba a sellar su destino por fin, se pareciese menos a una sala de espera de un hospital con muchos bancos. Ni siquiera el empleado y la computadora en conjunto con el libro de actas y el par de lapiceras que se encontraban sobre el escritorio, lo diferenciaban.

Cuando se acercaron, el empleado les pidió el número de registro, y buscó en la PC negra que tenía delante. Cuando hubo encontrado la página en blanco con el número de registro, dijo:

-Su apellido y número de documento, señora - reclamó el empleado, dispuesto a ingresar los datos, de una buena vez.

-Kinomoto; Sakura Kinomoto- dijo secamente ella, después de dictarle su número de documento, la idea no terminaba de complacerla.

Xiao-Lang la miró, reprendiéndola suavemente, implorándole que guardara silencio, mientras el funcionario terminaba con las formalidades.

No obstante, algo en el semblante del hombre que tenían delante cambió, una vez hubo ingresado los datos de ella en el sistema.

-No puede ser...-expresó más para sí que para la pareja que tenía delante. Entre tanto su mirada vagaba rápidamente de la computadora a la cara de la joven.

-Hay algún inconveniente?- preguntó Xiao-Lang, a la vez que trataba de vislumbrar, qué era lo que decía la pantalla que inquietaba tanto al funcionario.

-Es sólo que, según este archivo del registro nacional de las personas, no puede contraer matrimonio con la joven.

Un músculo palpitó en la mandíbula del joven, ¿sería posible que ella estuviese casada, y se hubiese olvidado de mencionar ese pequeño e insignificante detalle?.

-Puedo preguntarle por qué.-inquirió pausadamente, tratando de contener su furia.

-Es que… según los datos que se me presentan aquí, Sakura Kinomoto, de nacionalidad japonesa, veintitrés años, nacida en Hokkaido, ha muerto el veintisiete de julio de 2001 en las inmediaciones de Nueva York... Hace prácticamente cinco años.

Continuará…

Notas de la Autora: Bueno, al fin… aquí estoy nuevamente… ¿qué decir?.. Como siempre he sobrepasado mi tiempo de entrega (y con creces)… pero no puedo ofrecerles ninguna excusa lo suficientemente buena… simplemente mi "muso" ha osado tomarse vacaciones sin consultármelo, y ha desequilibrado todo mi tiempo… en fin… , tal vez también haya influido el echo de algunos problemas personales, pero aquí estoy…)

¿Qué les ha parecido el capítulo? Mi apreciado Yue ha vuelto a aparecer, y con él la mención de esa misteriosa joven que tanto lo perturba… ya veremos con el tiempo de quién se trata…

Bueno, realmente estoy muy cansada… los festejos de año nuevo pasaron su factura en mí. (y ni hablar de los 45° de sensación térmica que hicieron).

No diré absolutamente nada de cuando volveré a actualizar, porque cada vez que lo hago, algún motivo/ factor/ inconveniente, no me permite hacerlo.

Saludos a todos y muchísimas gracias por sus reviews!

Nadeshiko-Luna.