Capítulo XXVII: Fuego en las Profundidades.
Caminaban y caminaban, y parecía que aquel oscuro 'pozo' no tenía fin.
La luz del báculo de Gandalf sólo alcanzaba a iluminar lo suficiente como para reconocerse a ellos mismos, y en las 'guardias', apenas escrutaban la punta de su propia nariz.
Llevaban dos días en Moria, sin que sucediera gran cosa, pero el miedo los dominaba de igual manera, en especial a los Elfos, por su natural rechazo a la oscuridad, y a los Hobbits, por su entendible situación.
Gandalf les había asegurado que el trayecto duraría cuatro días mínimo, eso dependía de cuan rápidos y silenciosos fueran.
No se habían topado con ningún orco, ni troll, ni nada.
Tampoco habían encontrado a ningún enano, pero esperaban hacerlo luego; aunque, sin muchas esperanzas.
Hace horas que andaban por un pasillo estrecho y húmedo, sin encontrar una salida más espaciosa.
Los hobbits iban muy juntos entre sí, cuidados por los Elfos. Aragorn iba en la retaguardia, y Gandalf y Gimli adelante, este último muy emocionado, a pesar de que no encontraban vestigios de su pueblo.
Hasta que por fin, el pasillo se ensanchó, y desembocó en una gran sala derruida y poblada de rocas y pedazos de muro, producto de algún ataque o quien sabe qué.
En el otro extremo de la sala, habían tres salidas, igual de oscuras y tenebrosas que el resto de las Minas.
Gandalf se detuvo, observando con detenimiento los pasillos frente a él.
-¿Qué sucede, Gandalf?-preguntó Merry.
El Mago no le contestó, estaba ensimismado mirando el lugar; había algo que no le calzaba. Jamás había visto aquel lugar, ni siquiera en antiguas expediciones por Moria.
-¿hay algún problema?-preguntó Aragorn, acercándose al mago.
-no recuerdo este lugar-murmuró Gandalf, preocupado.
Aragorn miró la sala.
Él tampoco reconocía donde se encontraban. Pero le extrañaba que Gandalf no lo hiciera.
-no lo recuerdo-repitió Gandalf-, y tampoco recuerdo esos tres pasillos…; no sé por cual deberíamos ir.-
-¿qué?-exclamó Bellcaunion-. ¿No que habías venido antes?-
-claro que sí-Gandalf lo miró, serio-. No pongas en duda lo que ya he dicho. He venido, pero jamás por este lugar.-
-¿y tú, Gimli?-preguntó Nibenwen al enano.
-¿yo qué?-Gimli estaba algo molesto-. Esta es la primera vez que piso Moria, desgraciadamente.-
-oh, pero no podemos quedarnos aquí varados!-dijo Bellcaunion- debe existir una salida-.
-existen tres, Bellcaunion-le dijo Gandalf, también molesto-. Allá al frente están. Si te crees capaz de escoger la correcta ahora mismo, pues ve. Pero yo debo sentarme a pensar unos momentos, debo elegir con cuidado-.
Pippin suspiró con fuerza, y bajó la cabeza.
-Gandalf tiene razón-agregó Aragorn-, dejemos que él piense y recuerde, nosotros aprovecharemos de descansar-.
Bellcaunion hizo una mueca de desagrado, pero no dijo nada.
La Compañía se acomodó en donde pudo, no habían muchos lugares cómodos; Gandalf se sentó en lo alto de una columna destrozada, entremedio de algunas rocas, mirando atentamente los pasillos.
Por unos instantes, nadie dijo nada.
Todos estaban inmersos en sus pensamientos, o en sus pipas.
Del Mago dependía la salida de Moria, y si no se decidía pronto por una de los corredores, podían dar el fracaso de la misión por hecho.
Había pasado alrededor de una hora, y todo seguía igual.
Merry y Pippin estaban algo aburridos, como siempre en ocasiones de ese tipo, y Pippin se quejaba continuamente del hambre que sentía.
Frodo miraba al vacío mientras pensaba, sin percibir la presencia de los demás.
Lila estaba sentada en un rincón sola, con el capuchón puesto y en actitud de reflexión.
Bellcaunion se acercó lentamente hacia ella, y se sentó a su lado.
-¿sucede algo?-preguntó el Elfo, mientras sus ojos normalmente opacos, centelleaban.
-creo que no-murmuró Lila, mirándolo de reojo.
-estás muy callada-replicó Bellcaunion.
-algunas veces lo estoy-dijo Lila, cortante.
-¿y a qué se debe tu silencio?-.
-sinceramente, no creo que te interese mucho saberlo-.
-¿y por qué no habría de interesarme?-preguntó el Elfo, dedicándole una sonrisa-, vamos, no quisiera que entre nosotros hubiera una barrera; a mi me gustaría ser tu amigo-.
Lila lo miró con sorpresa, y luego con ironía.
-siempre haz estado ayudándome, constantemente; pero, ser amigo de una hobbit?..lo espero de Merilnen, pero de ti?.Aunque me ayudas, lo haces porque Gandalf te lo pide-.
-te diré una cosa-dijo Bellcaunion, bajando el tono de su voz-, no eres una simple mediana-.
-¿no?..-ella parecía confundida-, bueno…ahora no me sorprende escucharlo, todos repiten una y otra vez lo mismo. Me gustaría saber por qué-.
-Yo sé la razón, y de veras podría revelártela. Pero no soy un Elfo de confianza para ti…-.
-tú sabes algo!-exclamó Lila, y luego susurró-…he escuchado muchísimas cosas, y todas determinan que Frodo y yo somos hobbits especiales. ¿Por qué?-.
-no deseo hablar de Frodo-cortó Bellcaunion-, si quisiera, iría directamente a hablar con él. Pero verás, no le caigo muy bien…-.
-mm, prefiero que me aclares punto por punto-sugirió Lila-, no entiendo nada de lo que dices…-.
-muy bien-dijo Bellcaunion-, pero antes, desearía que estuvieses dispuesta a ser mi amiga. Si no fueses tan pequeña y no tuvieras los pies peludos, pensaría que eres una Elfa; imaginarme eso me es muy agradable, y prefiero mirarte así. ¿Aceptarías ser amiga de un elfo tan orgulloso como yo?-.
Lila lo miró con los ojos muy abiertos y seriamente, pero luego sonrió alegremente como no lo había hecho en muchos días.
-está bien-aceptó ella-, pero no sé como tratarte, los Elfos son tan distintos a hobbits como yo…-.
-pues yo si sé como tratarte-dijo el Noldo con simplicidad-, los Elfos seremos distintos a los medianos, pero siempre hay excepciones en cada raza-.
-muy bien, pero deseo que vayas al grano-le interrumpió la hobbit-. Tú sabes algo que yo no sé…-.
-sí-Bellcaunion se tornó muy serio y miró hacia todos lados con cautela-, pero no me está permitido revelar nada. Aún así, te diré lo que sé, que justamente es lo que noté en ti al verte…-el elfo tomó aire-. Tú no eres quien aparentas ser-.
-¿Qué?..no entiendo-dijo Lila-. No me estás revelando nada…-.
-tú no eres Lila…tú eres…-.
-¡Lila!..¡Lila!-Pippin la llamaba a gritos, y toda la Compañía lo silenció de una sola vez, con molestia-. Lila…, no tienes nada para comer que me puedas regalar?..me muero!-.
Lila miró a Pippin muy contrariada, y Bellcaunion parecía divertido.
-ah, Pippin…creo que tengo algo por ahí…-dijo la hobbit- te lo buscaré-
-oh! Gracias, me quedaré esperando-dijo Pippin, para disgusto de Lila, quien deseaba seguir con la conversación con el elfo.
Bellcaunion se incorporó, y con una sonrisa burlona, se fue dejando a la hobbit totalmente ansiosa de saber que ocultaba, y con cierta rabia por la interrupción de su primo. Pero él no tenía la culpa, así que apaciguó su furia con rapidez.
Mientras Bellcaunion se acercaba a hablar con Lila, Frodo estaba muy pensativo, y dudoso.
Pero luego volvió a la 'realidad', y se percató de que Lila hablaba con aquel arrogante Elfo que no lo dejaba en paz.
Los miró de reojo, con un notable enojo.
¿Qué tramaba Bellcaunion?..¿Acaso quería hacerle enojar seriamente?
Lila parecía muy sorprendida, y a la vez encantada con la cercanía del Elfo…¿a ella le simpatizaba?
Seguramente sí, todos los Elfos poseían esa atrayente belleza y encanto; y a pesar de ser orgulloso y burlón, Bellcaunion no estaba falto de las dotes de su raza. Es más, en él parecían aún más remarcadas.
Quizás a Lila le gustase…, era una idea que siempre lo atormentaba, aún no entendía la razón.
Pero siendo realista, era muy poco probable que la hobbit albergase sentimientos hacia Bellcaunion, apenas se les veía juntos. No había porque predeterminar ese tipo de cosas.
Frodo recordó la noche en que mantuvo una pequeña charla con el Elfo.
Éste parecía tener secretas intenciones hacia Lila, pero había negado la posibilidad de un interés en un ámbito más comprometedor.
Aún así, eso no lo creía del todo, y seguía mirando hacia la misma dirección, con desconfianza.
-hola, Frodo-le saludó una voz.
El hobbit miró hacia su derecha, y vio que se trataba de Nibenwen.
-hola-murmuró Frodo.
-¿sucede algo?-dijo ella sentándose a su lado-. Estás muy tenso.-
Frodo la observó detenidamente.
Era una bella Elfa, sin duda alguna, además de aguerrida e intrépida, como lo eran en su mayoría los Elfos del Bosque Negro.
Su hermoso y cálido rostro se mostraba contraído por la preocupación, enmarcado por su lacio cabello dorado, y su azul mirada brillaba con nostalgia.
-sí, pero no es nada importante-respondió Frodo, luego de mirarla-.
-me da igual la importancia del problema, estoy dispuesta a escucharte-dijo Nibenwen, con una sonrisa decidida-.
-no dispones de tanto tiempo-se excusó Frodo-.
-claro que sí-le contradijo la elfa-, tanto como para que tengamos una buena charla. Gandalf aún está tratando de recordar el camino, y yo estoy tratando de saber que te ocurre; pero, eres muy cerrado, y para los ojos élficos es difícil entrar en ti-.
-¿Acaso todos los Elfos de la comunidad han intentado analizarme?-el tono de Frodo era sarcástico-.
-no lo sé, pero de todas maneras, es natural en nosotros-dijo Nibenwen-, pero vamos, dime que ocurre. No estoy interesada en la estabilidad del Portador del Anillo, porque entiendo que jamás la tendrá. Pero si me gustaría conversar alguna vez con él antes de dejar la Compañía-.
-¿Cuándo te irás?-preguntó Frodo, desviando el tema.
-en cuanto salgamos de aquí, creo-le respondió Nibenwen, con un tono triste-, falta muy poco…-.
-¿Por qué estás tan triste?-Frodo alcanzó a notar la mirada de la elfa, súbitamente apenada-.
-ahora eres tú quien me analiza-dijo ella, intentando tomar una actitud divertida-.
-no lo hice con intención-se disculpó Frodo-.
-no importa-dijo Nibenwen, mirando hacia el grupo de Aragorn, Merilnen, Gimli y Legolas, quienes conversaban en susurros. Su mirada se detuvo en la figura esbelta de Legolas, y no la despegó de ahí.
Frodo miró hacia la misma dirección, y creyó por un momento saber la razón que provocaba la angustia en la Elfa-.
-¿extrañarás a Legolas?-preguntó, inseguro.
Nibenwen lo miró, y creyó que los hermosos ojos azules lo traspasarían.
-los Elfos no solemos sentir este tipo de cosas…; pero…¿Qué puedo hacer yo?. Está fuera de mis designios.-dijo ella, enigmáticamente-. Además, tampoco deseo dejar de sentir algo así. Es doloroso, pero bonito.-
-e…estás enamorada de Legolas?-.
-quizás tú me entiendas-dijo por toda respuesta Nibenwen-. Cuando comienzas a sentir esto, ni lo percibes. Crees que sólo es admiración, amistad, cariño natural hacia el otro. Y experimentas celos, preocupación, quieres proteger al otro de todos los peligros, incluso querrías perder la vida para que el otro esté feliz. Pero no sabes de donde viene todo eso. 'Debe ser porque es mi amigo', pensé, cuando sentía rabia o impotencia por cualquier cosa que a él le concernía. Necesitaba ayuda para darme cuenta de que realmente lo amaba, y esa ayuda llegó, muy a mi pesar. Siempre he sido su Capitana, tenemos gran confianza el uno con el otro, pero jamás he sabido si él experimentaría algo parecido a lo mío. Dudo que lo haga…-.
Frodo permaneció en silencio.
-No todos los asuntos del amor ocurren de esa manera, pero así lo viví-siguió Nibenwen-. Es extraño todo lo que un ser puede albergar en su alma, además de sorprendente. Y es más extraña esta situación. Contándole mis penas a un hobbit…muy perspicaz, por lo demás-.
-Lila también una vez me dijo lo mismo-dijo Frodo, mirando hacia donde ella se encontraba, y se sorprendió al verla con Pippin-.
-¿Lila?-Nibenwen cambió la expresión de su rostro, ahora algo más soñador-Siempre he pensado en que tiene la sencillez de una hobbit, el coraje de una mujer, y la belleza de una Elfa.-
-no soy tan observador como un Elfo-dijo Frodo-, pero sí es una excelente amiga y compañera. Siento que me entiende mejor que nadie.-
-eso es muy bueno, pero no es lo único-rió Nibenwen-. ¿no has encontrado algún otro sentimiento hacia ella?-
-no te entiendo-.
-No todos somos lo que parecemos, tú y ella menos que nadie. Deberías escrutar más tu alma, y resolver con tu habitual astucia los asuntos que te confunden y te hacen dudar. Quizás no necesites mayores ayudas- Nibenwen se detuvo al ver el rostro confuso del hobbit, y luego continuó-. Te diré algo simple: siempre he pensado que ustedes hacen muy bonita pareja-.
Frodo bajó el rostro, completamente sonrojado.
-sé que son buenos amigos, sólo doy mi opinión-volvió a reír la elfa-.
-yo también pienso en que tú y Legolas se ven muy bien juntos-dijo Frodo, pero no obtuvo respuesta de Nibenwen-oh, lo siento…-.
-no te preocupes. Llevo siglos sola, y pasarán siglos en los que seguiré igual; pero soy paciente…-.
-si pudiera hacer algo…-
-puedes-sonrió Nibenwen-, pero no por mí. Piensa en ti.-.
Como todos los Elfos, ella lo dejó con un enigma más para resolver; ella se levantó para ayudar a Merry a sacar algunas mantas, haciendo un gesto con la mano.
Frodo quiso ir a sentarse con Lila, pero después de todo lo que Nibenwen le dijo, no se atrevió.
Por lo tanto, se dirigió hacia una roca algo más lejana, desde la cual se podían observar las profundidades de un pequeño precipicio.
Ya comenzaba a perderse dentro de sus pensamientos otra vez, cuando vio algo que lo dejó helado.
En el precipicio, muy cerca de la roca en la que él estaba, una sombra siseaba y se escondía, trepando habilidosamente por los escombros.
Frodo ahogó un grito, y corrió a avisarle a Gandalf.
-Gandalf! Hay algo allá abajo..!-le susurró apresuradamente al mago.
Éste lo miró con calma, mientras volutas de humo de su pipa se dispersaban.
-es Gollum- le dijo con tranquilidad.
-¿Qué?..¿Gollum?-Frodo no podía creerlo.
-sí, nos ha seguido desde hace días-dijo Gandalf.
-pero…¿Cómo?..¿por qué no lo alejamos?..¡Perjudicará nuestra misión!-.
-no es recomendable. Dejémoslo como está. No podemos hacer nada más por Gollum. Si quiere seguirnos, pues que nos siga. Pero no podrá acercarse a nosotros; él desea el Anillo, pero tú estás muy bien protegido.-
Frodo le encontró la razón, y se dejó caer al lado del Mago.
-ah! Como desearía que nada de esto estuviera sucediendo-murmuró el hobbit-, ojalá el Anillo nunca hubiera llegado a mis manos…-
-pero ya está en tus manos, y no puedes hacer nada para volver atrás. Y aunque volvieras, no podrías cambiar nada, porque de alguna forma, estabas destinado a tener el Anillo.-
-¿y por que yo y no otros?-.
-Haz sido elegido, pero no por algún mérito que otros no tengan. Aunque…-el mago hizo una pausa-, puede ser que tengas alguna cualidad escondida…, sólo depende de ti mostrarla-.
A Frodo le parecía que Gandalf le hablaba otra vez en enigmas, y ya se sentía un poco harto de esas situaciones.
-esto es demasiado para mí…-.
-luego te darás cuenta de que tu límite aún no es traspasado, y que puedes aguantar mucho más.-le dijo Gandalf-. Hay cosas, Frodo, que en el presente, siempre serán un misterio; en un futuro descubrirás que eran el verdadero sentido de tu existencia, sean para bien o para mal-.
-¿estás tratando de decirme que el Anillo es el sentido de mi existencia?-.
-No. El Anillo marcará tu vida, obviamente, y la cambiará, me temo. Pero no varía en lo más mínimo la verdadera esencia de tu alma, aún cuando lo sientas así. El sentido de tu vida es amplio y diverso; ni siquiera tú puedes evitarlo-.
-oh…-suspiró Frodo. Creía entender algo de lo que el Mago le había dicho, pero supuso que lo comprendería mejor más adelante.
-Vaya!-exclamó Gandalf, con una sonrisa-, debemos ir por el pasillo de la derecha!-.
-Bravo! Gandalf recordó!-gritó Merry.
-no, no recordé-dijo Gandalf-, es que por ese lado no huele tan mal! Muy bien, en marcha, rápido!-.
Luego de unos momentos, la Compañía tomaba el corredor de la derecha.
Caminaron horas a través de la acostumbrada oscuridad, hasta que les pareció llegar a una gran estancia.
-creo que iluminaré un poco más este lugar-dijo Gandalf, y su báculo emitió una luz mucho más fuerte.
Grandes columnas se alzaban ante ellos, hermosas y frías, con la característica solemnidad de los Enanos, en un gran salón de mármol, duro hasta los cimientos.
La extraordinaria belleza del lugar los dejó sin aliento a todos, y Gimli parecía el más emocionado. Sin embargo, no dijo nada.
Siguieron caminando por la estancia, hasta que les pareció ver una tenue luz proveniente de uno de los lados del salón.
Fueron hasta allá apresuradamente, y se encontraron con una habitación no muy grande, pero sí bien iluminada.
También allí habían columnas de mármol, y para su sorpresa, muchos esqueletos, viejos y polvorientos.
Gimli estaba fuera de sí, sin poder creer lo que veía.
Eran esqueletos enanos, sin duda alguna, con trozos de flechas orcas entre sus restos.
Y en medio de la sala, había algo parecido a un mesón de mármol blanco, donde la luz parecía llegar mucho más fuerte.
Se acercaron a mirar de que se trataba; habían runas enanas grabadas en el mármol. Gimli, repentinamente, comenzó a lamentarse.
-'Aquí yace Balin, hijo de Fundin; Señor de Moria'-leyó Gandalf-. Así que está muerto…, esta es su tumba-.
Todos permanecieron en silencio, con respeto hacia la descubierta tumba.
Frodo recordó con dolor que Balin había sido uno de los trece enanos con los que Bilbo había vivido tantas aventuras.
-muerto…-murmuró Gimli, con el rostro acongojado.
-o sea, no hay enanos en Moria… todos han muerto-dijo Gandalf, sombríamente.-
-y ahora?-preguntó Aragorn.
-debemos irnos. Si estoy en lo cierto, el Puente de Moria no está lejos de esta re-cámara…-dijo el mago, observando el lugar-, me trae recuerdos. Esta debe ser la Cámara de Mazarbul, o también llamada Sala de los Registros. Pero esperen, déjenme revisar…-.
Gandalf registró el lugar rápidamente, mientras todos se ponían en guardia. Algo raro se sentía en la estancia.
-miren lo que he encontrado-exclamó Gandalf, con un libro muy viejo en la mano-, espero que nos sirva de algo-.
Lo leyó en voz lo suficientemente alta como para que todos lo escucharan. Estaba escrito con runas enanas, y en algunas partes, con símbolos élficos; las hojas estaban sucias, y algunas en muy mal estado.
Como se contaba en el libro, Balin y sus enanos habían conseguido entrar en Moria sin ningún disturbio, y estaban en proceso de reconstrucción de las Minas. Todo iba bien hasta unos años después, cuando un orco mató por la espalda a Balin mientras contemplaba el lago Kheled-zarâm; cientos de orcos entraron entonces a Moria y la sitiaron. Los enanos no pudieron resistir lo suficiente los ataques que recibían, hasta que los orcos consiguieron apoderarse de todo, matando hasta al último de los habitantes de Moria.
Eso dedujo Gandalf, puesto que las escrituras terminaban con un horroroso 'ya vienen por nosotros'…, que delataba que los orcos no tardarían en llegar a la Cámara.
Para su suerte, el libro se mantuvo lo suficientemente bien como para poder ser leído, y además producirle gran terror a los miembros de la Compañía.
-¿Qué estamos esperando para irnos?-dijo Legolas, temeroso.
-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHH!- gritó Pippin, completamente asustado. Se había topado con un esqueleto muy feo mientras retrocedía hasta una pared. Uno de los huesos se le había metido por el capuchón, y trataba de sacárselo, desesperado.
Gandalf se acercó a Pippin con la mirada encendida, y le sacó el hueso de la capa.
-estúpido Tuk! En un montón de huesos te convertiré si sigues gritando de esa manera!-le espetó, y Pippin cerró los ojos, arrepentido.
No tardaron en darse cuenta de la gran estupidez que el hobbit había hecho; una infinidad de tambores comenzó a sonar a lo lejos, como aviso del gran peligro que se acercaba.
-alguien viene!-gritó Merilnen, sacando su arco en el acto.
-¡Frodo!-exclamó Lila, quien le señalaba horrorizada su espada mal envainada.
Frodo la sacó rápidamente, la hoja estaba completamente azul.
-¡Orcos!-gritó Frodo, y todos se pusieron en alerta.
-vengan, aquí hay una salida hacia el puente-los llamó Gandalf, corriendo hacia una pequeña puerta.
Salieron velozmente por allí, y se precipitaron hacia otra estancia llena de grandes columnas, las cuales, para su horror, estaban rodeadas de goblins de las profundidades.
Desde una puerta contigua a la de la Cámara de Mazarbul, un grupo de muchísimos orcos hacía acto de presencia, con sus lanzas y cimitarras en mano, gritando furiosamente en su terrible dialecto.
Los goblins de las columnas lanzaban débiles flechas, las cuales, por suerte, no llegaban nunca a destino.
La compañía corría haciendo caso omiso a los enemigos, aunque después los elfos tuvieron que atacar a los goblins, disparando ágiles flechas que jamás erraban el blanco.
Los orcos que los seguían también eran veloces, y estaban demasiado ansiosos por atacar.
Uno de ellos, sin esperar ninguna orden del comandante de la tropa, lanzó una de sus lanzas hacia las presas.
Luego de un momento, un desgarrado grito retumbó entre las paredes de mármol.
-¡Frodo!-gritó Lila.
El resto de la compañía se detuvo ante el grito de la hobbit.
Frodo había sido alcanzado por la pesada lanza de uno de los orcos, y ésta se clavaba profundamente en su espalda.
Lila corrió hacia él, desesperada, al igual que los otros.
-Frodo!..Frodo!- le gritaba Lila, tratando de sacarle la lanza. El hobbit estaba pálido, después del grito no había reaccionado más, y se temían lo peor.
Bellcaunion tomó a Lila entre sus brazos, mientras Aragorn se ocupaba de Frodo. Los otros elfos atacaban a sus agresores, dándole tiempo a sus compañeros de preocuparse por el Portador.
Aragorn le sacó diestramente la lanza al hobbit, y éste soltó otro grito, abriendo los ojos de par en par.
-¡Está vivo!..¡Está vivo!-exclamó Pippin.
-sí, estoy bien-murmuró Frodo, con voz ahogada todavía por el dolor-. No me ha sucedido nada-.
-pero…como?-Aragorn estaba demasiado sorprendido, y Lila lloraba del asombro.
-no hay tiempo! Huyamos!-gritó Gandalf, luego de eso.- algo terrible se acerca!-.
-Frodo, te llevaré!-le dijo el montaraz, tomándolo rápidamente.
El Mago tenía razón.
Los orcos y goblins comenzaron a chillar con mucho miedo, y no tardaron en desaparecer.
Gimli soltó una carcajada, para luego atragantarse.
-¿Qué demonios es eso?-exclamó, corriendo.
En el otro extremo del gran corredor, una flamante luz roja comenzó a desparramarse, iluminando las columnas.
Una hilera de pequeñas llamas ardientes se extendió por la entrada.
-Huyan!-gritó Gandalf, otra vez-, es un Balrog!-
-¿Qué?-Exclamó Legolas, con el miedo reflejado en sus ojos- Un Balrog! El terror del Mundo Antiguo!-.
-¡Vamos¡Háganme caso!..¡Huyan!-Gandalf estaba desesperado-. Este es un enemigo que no pueden enfrentar!-.
Todos tardaron en reaccionar, impresionados por lo que se presentaba ante sus ojos.
Ahora el fuego se acercaba hacia ellos, con rapidez, y trepaba por las columnas.
Aragorn fue el primero en darse cuenta del peligro que corrían.
-¡Gandalf tiene razón!..Huyamos!-.
-¡Corran hacia el Puente!..yo los alcanzaré!-dijo Gandalf, con su báculo en alto.
Entre tanta desesperación, lograron abrirse paso hacia una serie de escaleras que bajaban hasta el borde de un fino pero resistente puente, en medio de un gran vacío oscuro.
Bajaron con prisa, pero con mucha cautela, algunos peldaños estaban rotos, y había que saltar.
Las llamas ya casi llegaban hasta ellos, ahora más grandes y peligrosas.
Expelían un humo totalmente negro, que impedía una buena visibilidad, y además, les provocaba alergia a los hobbits, que ya no paraban de toser.
Llegaron por fin al borde del Puente de Moria, y bajaron al piso a los hobbits para que cruzaran en primer lugar; sólo se podía atravesar de uno por uno, puesto a que era demasiado estrecho.
Cuando los hobbits estuvieron a salvo al otro lado, cruzaron Gimli, Aragorn, y los Elfos, con gran ligereza y cuidado de no caer.
Gandalf iba muy atrás, y se encontraba cerca de la mitad del puente, cuando los demás ya habían llegado al final.
Ahora todo comenzaba a derrumbarse, como si nada, y el fuego llameaba descontrolado y ostentoso, casi rozando los pies del Mago.
Éste ya había sacado su espada, Glamdring, y la mantenía en alto junto con su báculo.
Desde el interior de las grandiosas llamas rojas, se irguió un horrible monstruo de color carbón, con brazos y piernas, y grandes ojos hirviendo como hogueras. Llevaba también una negra y larga espada, y en la otra garra, un látigo de fuego.
Abrió su 'boca', y emitió un estruendoso chillido, lanzando fuego hacia los alrededores.
Gandalf lo miró con desafío y furia.
-¡No puedes pasar!-le gritó al Balrog, como ya se habían percatado los demás.
El Balrog levantó su espada, y dirigió una estocada hacia el Mago, quien la esquivó con maestría; entonces dirigió el látigo hacia una de las columnas circundantes, y ésta se derrumbó, cayendo al vacío.
-¡No puedes pasar!-gritó nuevamente Gandalf-. Yo soy el Servidor del Fuego Secreto, que es dueño de la Llama de Anor! El fuego oscuro no te servirá de nada, llama de Udûn¡Vuelve a la Sombra!..¡No puedes pasar!-.
El Balrog emitió otra vez un horrendo sonido, y volvió a atacar al mago con su espada.
Gandalf detuvo la estocada firmemente, mientras una luz blanca emanaba de su báculo, dirigiéndose hacia el fuego del Balrog, quien gritó con fiereza.
Gandalf, viéndose libre del ataque del Balrog por unos segundos, alzó su báculo envuelto en su aura resplandeciente.
-¡No puedes pasar!-volvió a repetir, mientras golpeaba su vara contra los cimientos del puente.
Éste, sorpresivamente, se resquebrajó, y no tardó en partirse en dos, cayendo el Balrog junto con una de las mitades del puente.
Todos suspiraron de alivio, creyeron que el Mago estaba en peligro. Menos Lila.
Una visión se cruzaba frente a sus ojos.
Creía ver a Gandalf, envuelto en una oscura niebla, y por sobre él, una gran silueta, envuelta en flama y oscuridad. El Vacío ardía en llamas, y la sombra esgrimió un látigo de fuego, que iba directo hacia Gandalf. Nadie lo percibía.
-¡Gandalf!-gritó de repente-¡Cuidado!-.
No logró escucharla, y ya se había hecho muy tarde.
Un látigo emergió desde las profundidades, enredándose en uno de los pies de Gandalf.
La vara y la espada cayeron, y Gandalf resbaló del puente, logrando aferrarse a una de sus cornisas.
Lila oyó el grito ahogado de Frodo, a su lado. Y no pudo reprimir tampoco su propio grito.
Gandalf parecía creer que mantenerse agarrado era en vano; los miró quedamente.
-¡Huyan, insensatos!-exclamó, y sin demoras, se soltó de la cornisa, hundiéndose en la negrura de las profundidades.
-¡GANDAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAALF!- gritó Frodo, descontrolado.
Un silencio de muerte se había creado en ese minuto, interrumpido constantemente por los gritos y sollozos de Frodo.
Lila también comenzó a llorar, con furia y tristeza.
Las flechas de una tropa de goblins comenzaban a silbar por encima de sus cabezas.
-Vamos! A la salida!-gritó Aragorn.
Los elfos tomaron a los hobbits en brazos, y corrieron por la escalera que llevaba a la otra puerta de Moria, mientras Aragorn y Gimli, esquivaban aún las flechas, un poco más atrás.
Frodo pataleaba en brazos de Legolas, completamente fuera de sí.
Gandalf los había abandonado, y ya no había nada que se pudiera hacer.
Ni siquiera el mago había previsto un final así, tan repentino y fugaz, aunque no en vano. Era lo único que podía suceder, aunque no era de esperarse.
El fuego ya se había extinto en las profundidades de Moria, y los goblins ya habían desaparecido, al igual el miembro más valioso de la Compañía.
