Capítulo XXX: La Hermosa Revelación.
Al caer la noche, clara y pacífica, llegaron felizmente al lugar donde, según Haldir, la Dama Blanca los esperaba.
Donde se encontraban, había una suave niebla que rodeaba y protegía el lugar del resto del país, como la delicada gasa de una cortina. Pero luego la Compañía se adelantó unos pasos más y la neblina se disipó, y pudieron observar más detalladamente donde se encontraban.
Merilnen, Legolas y Aragorn sonreían con placer al ver el paisaje que se extendía ante ellos, mientras los hobbits y Gimli soltaban una exclamación de sorpresa y asombro.
Aquello era impresionante.
Bellas y mágicas construcciones se levantaban entre las suaves hojas de enormísimos mallorns; los troncos de éstos eran rodeados por finas y exquisitas escalinatas, techadas con titilantes lucecillas de plata. Cada flet era grande y espacioso, y la cantidad de mallorns era impresionante; su follaje ocultaba casi por completo el firmamento, pero parecía no perjudicar el paisaje.
Aún sin la luz visible de las estrellas, todo parecía brillar con una tenue luz plateada y pálida, mientras dulces voces melodiosas entonaban cánticos, desde todos los rincones, y a la vez, de uno solo; eso le daba un toque onírico y espectacular a ese increíble montaje dispuesto por los hermosos elfos Silvanos.
-Bienvenidos a Caras Galadhon, amigos míos-anunció Merilnen, solemnemente-. Esta es la Ciudad de los Galadhrim, y donde viven la Dama Galadriel y el Señor Celeborn.-
-Ahora adentrémonos-dijo luego Haldir-, la ciudad es grande, y no debemos tardar-.
El grupo caminó maravillado por un hermoso sendero, bordeado por blancas y pequeñas florecillas, las cuales tenían el encantador nombre de niphredil, como les había dicho Merilnen. El caminillo era largo y sinuoso,y recorría casi toda la ciudad, para maravilla de los viajeros.Pippin y Merry suspiraban con frecuencia, mientras admiraban las lucecitas de plata cambiar a un ligero tono dorado de vez en cuando.
Pero luego, la mirada de todos se sintió atraída hacia una enorme construcción, la más brillante y bella de todas, sobre un mallorn con las ramas totalmente extendidas hacia los lados.Una gran luz parecía concentrarse entre las plateadas paredes, y grandiosas cúpulas se elevaban por sobre ellas, donde se entrelazaban las hojas más escurridizas del mallorn.
Numerosos ventanales se repartían por el edificio, cada uno brillando con una luz de distinto color, mientras en los lugares donde no había cúpulas, puntiagudos y firmes tejados se aposentaban, desde los cuales unos largos filamentos de plata caían con esplendor, tocando el tronco del gran árbol dorado.
La Compañía no tardó en llegar a los pies del mallorn, y al final del caminito; a partir de él, un gran pasillo escalonado se abría paso y rodeaba el tronco del árbol hasta llegar a la entrada de la construcción.Sin demora, ascendieron por la escalera, sintiéndose cada vez más atraídos hacia la fuerte luz que habitaba allí, haciendo caso omiso del resto de la magnífica ciudad.
Demoraron un buen rato en el ascenso, hasta que por fin llegaron, para luego soltar otro grito de asombro.Se encontraban ahora en una gran estancia, rodeada de lámparas de oro y plata resplandecientes, mientras una amplia cortina gris y adoselada dividía el espacio en dos, dejando en sumo misterio la otra mitad de aquel. En las paredes blanquecinas se hallaban grabados enigmáticos signos élficos, y enredaderas de flores trepaban encantadoramente por algunas columnas delgadas.Un sonido delicado, como el choque de unos cristales, provenía de algún lugar lejano, mientras las voces de la ciudad aún no se apaciguaban.
-este es el palacio del Señor y la Dama-les aclaró Haldir-. Yo me debo marchar, pero ustedes permanecerán aquí, hasta que ellos los reciban. Adiós, amigos- e inclinando la cabeza, rápidamente se fue, hacia los límites de Caras Galadhon.
Los compañeros esperaron allí, de pie y en silencio, aturdidos aún por la belleza creciente de aquel palacio y la gran ciudadela.
Hasta que después de unos momentos, oyeron el suave susurro proveniente del viento rozando la cortina gris, y levantaron la vista.
Les pareció ver que de pronto, toda la luz de la estancia se contraía en un solo punto, al centro de todo, y encandilándolos.Al apaciguarse la cegadora claridad, vieron ante ellos dos figuras altas, caminando lentamente hacia ellos.
Una de aquellas figuras era un Elfo, de cabellos de plata y ojos grises y penetrantes; iba con vestiduras sencillas del mismo tono de sus ojos, y un cinturón fino con hojas blancas grabadas y entrelazadas.
Pero lo que les llamaba la atención era quien le acompañaba.
Una altiva Elfa, de una hermosura poderosa y orgullosa; sus cabellos eran como grandiosos rayos del Sol, y su vestido era pálido como la luz de la Luna. Una gran fuerza emergía de ella, la expresión de su rostro era grave, sabia y también un poco triste. Y sus ojos…sus ojos eran similares a dos estrellas, relucientes y antiguas, parecían estar siempre sumergidos en un gran pozo lleno de recuerdos, más dolorosos que felices.
Mientras caminaban, todos inclinaron la cabeza; la pareja de Elfos inspiraba un respeto instantáneo.
Al detenerse frente a la Compañía, el Elfo los miró con gravedad serena, y la Elfa también con cierta gravedad, pero curiosa, y penetrante. Ellos eran Celeborn y Galadriel, el Señor y la Dama de los Galadhrim.
Merilnen hizo una reverencia con gracia y alegría, y la Dama sonrió levemente, pero fue Celeborn quien habló.
-mae govannen, Merilnen-le dijo a la joven Elfa-. Nos trae felicidad tu llegada, pero también preocupación, por tus amigos. Bienvenidos sean a nuestro hogar.-se detuvo, y luego continuó-. Eran Once miembros en la Compañía. Dos se separaron de ustedes antes de llegar aquí. Pero entonces deberían ser Nueve, y no Ocho. ¿Dónde está Mithrandir?-.
La Compañía permaneció en silencio, durante unos momentos.
El dolor de pronto se volvió muy intenso, y no hallaban palabras para explicar lo ocurrido.Además, la Dama los miraba penetrantemente, como si quisiera examinar sus almas, y eso los incomodaba sobremanera; aún Merilnen y Legolas se sentían invadidos por sus azulinos ojos.
De pronto, su mirada se volvió intensamente triste, y la expresión de su rostro, muy grave.
-Ha caído en la Sombra-pronunció ella, con voz melodiosa y profunda.
Aragorn asintió, y luego bajo la mirada.
Lila y Frodo miraban a la Dama con creciente asombro y respeto; a ella pertenecía aquella voz que escucharon en sus mentes, en medio del Bosque de Oro.
Galadriel miró de pronto a Merilnen, largamente, con firmeza.
-Ya lo sé todo-dijo ella, nuevamente-. La tristeza inunda mi alma al conocer estas noticias, pero aún así, siento que no todo está perdido. Ahora trato de llegar a Mithrandir, pero una oscura niebla me impide saber más de él. Su camino es desconocido-.
Lágrimas brotaron de los ojos de los hobbits, la pena era extensa y duradera, y sus sensibles almas no la aguantaban.
Galadriel, luego de guardar silencio, comenzó a observar una vez más, a cada uno de los presentes, analizando hasta el más mínimo detalle, con interés y curiosidad.
Aragorn no soportó demasiado tiempo la mirada de la Dama, pero se mostraba firme, y ella le sonrió.
Con Merilnen ocurrió lo mismo, pero se mostraba más contenta y aliviada.
Gimli bajó la cabeza al instante, como si estuviera cansado o muy temeroso; Pippin jugueteaba con sus manos, muy nervioso, y Merry sonreía, con los ojos brillantes.
Lila miraba hacia el suelo, pero la atracción de Galadriel era irremediable, y enfrento sus ojos, los que emanaban dulzura y nostalgia.
'Lila…, aquí estás. Bienvenida…'
Ahí estaba; ella tenía el don de entrar en las mentes ajenas. Pero...¿con que fin lo hacía?
Lila la miró con temor.
'No temas…, tú puedes frenarme, si lo deseas. Pero estás cansada…, y lo único que pides, es comprender. ¿Quieres eso?. Yo te lo ofrezco.'
Entender…¿Acaso intentaba tentarla con algo?
'No. Es tu derecho. Comprender… , pero ahora estás cansada. Tan sólo relájate, querida…'.
Galadriel desvió su mirada a Frodo, mientras Lila cerraba los ojos, dejándolos descansar.
El hobbit sostuvo la mirada de la Elfa, sin dudar.
Los ojos de Galadriel centelleaban, y traspasaban su mente y corazón por completo, adueñándose de cada pensamiento, cada recuerdo del joven hobbit.Eso le incomodaba, pero debía ser fuerte.
'Frodo…, tu alma no es débil, pero está cansada y con pena. Aunque sabes soportar bien las cargas… Pero, no todo es negativo. Aquí descansarás…, y conocerás las verdades ocultas que fluyen en ti, y en el exterior. ¿Sabes acaso quien está a tu lado?...Cuando lo sepas, estarás entre la dicha y el desasosiego.'
Galadriel le dedicó una pequeña sonrisa, y miró hacia el cielo; Frodo se sintió enormemente aliviado al poder mirar otra cosa que no fueran los profundos ojos de la Dama.
Ella había desnudado su alma, lo observó, pero no le dijo nada comprometedor. Sólo aquellas palabras... extrañas y enigmáticas; aún más que las de Gandalf, porque ella sabía muchas cosas, pero casi nunca las aclaraba.
A su lado estaba Lila, con la mirada perdida en una lámpara.Su rostro estaba algo sucio y pálido; él también se encontraba así…y todos.
-muy bien-habló Celeborn, y eso pareció romper la tensión del ambiente, para el alivio de todos-, llamaré a las doncellas para que les indiquen sus habitaciones. Allí podrán lavarse y descansar un instante, para que luego cenemos todos juntos aquí, en este mismo pabellón.-miró a Merilnen y sonrió-, querida, tú ya sabes donde están tus aposentos. Bienvenida a casa-.
Merilnen hizo una suave reverencia, y luego, como por arte de magia, dos doncellas sonrientes llegaron a la estancia.
Conocían a Merilnen, y la abrazaron efusivamente antes de guiarlos a sus habitaciones.
Frodo se miraba atónito frente al largo espejo cristalino de su habitación.
Acababa de darse un baño, y ahora podía observarse con claridad.
No podía creer cuanto había cambiado en aquellos meses, duros y fríos; su figura estaba muy delgada, y el rostro pálido y macilento.Sus azules ojos lucían algo opacos, y lo miraban angustiadamente desde el reflejo del nacarado espejo; mientras sus manos palpaban las suaves ropas blancas que encontró en el armario.Su apariencia, antes sonrosada y alegre, ahora se encontraba débil y atormentada, aunque más alta y fría.
-estás irreconocible-se dijo a sí mismo, con cierta tristeza-.
Se giró para revisar más detalladamente su habitación, tenuemente iluminada con una lámpara transparente, y demasiado espaciosa para un hobbit como él; las albas paredes tenían hermosos dibujos, y muchísimas flores se desparramaban por diferentes rincones del cuarto, otorgándole naturalidad y frescura.
Al lado del espejo, se hallaba la puerta de su baño privado, y al centro de la habitación, una cómoda cama de sábanas lisas y mantas inmaculadamente blancas. Al otro lado, había una gran ventana, de cortinas de gasa gris, y desde la cual podía observarse gran parte de la extraña ciudadela.
Sin nada más que hacer, el joven hobbit se sentó al borde de su cama, para admirar el espectáculo de luces que llegaba hasta su ventana.
Un torbellino de pensamientos dudosos se creó en su confundida mente, pero no tuvo tiempo para analizarlos, ya que sintió unos golpes suaves en la puerta, y luego se abrió, dejando pasar a una de las doncellas elfas.
-disculpe, la cena está a punto de comenzar, y se requiere su presencia cuanto antes-le dijo la doncella, y Frodo se levantó de la cama.
Fue guiado hasta el mismo hall que había conocido anteriormente, y la doncella le indicó que traspasara el límite de la cortina.
Frodo sintió como un delicado aroma invadía sus sentidos a medida que corría la cortina con suavidad; y se encontró con una larga mesa, muy bien servida y con bonitos decorados.Allí estaban todos sus compañeros, y también Celeborn y Galadriel.
Ellos se levantaron de sus sillas, y también lo hicieron los demás; todos estaban vestidos de blanco, a excepción de Gimli, que mostró cierta reticencia a usar aquellas vestiduras poco acordes para un enano.
-adelante, Frodo de la Comarca-le dijo Celeborn, indicándole con una mano el asiento que había a su lado-. La cena ya comienza-.
El hobbit no demoró en sentarse, y la Dama tomó una fina copa de cristal, llena de un líquido color ámbar-. ¡Salud y descanso para todos ustedes, amigos! Ahora coman con tranquilidad, y cuéntenos de sus aventuras-.
Dicho esto, los hambrientos Pippin y Merry atacaron la mesa sin miramientos, bajo la divertida mirada de Galadriel. El resto comió moderadamente, tratando de parecer respetuoso.
En general, la cena fue espléndida y amena, hablaron de muchas cosas acerca del viaje, y de lo que sucedía en el exterior, pero la Dama casi no pronunciaba palabras, y Frodo se mostraba totalmente distraído.
Al acabar la comida, la Compañía fue despedida dulcemente por los Anfitriones, y se marcharon a sus habitaciones, sintiéndose enormemente cansados y soñolientos.
Los días eran cada vez más hermosos en Lothlórien, bajo la luz y las bendiciones de la Dama Galadriel.
Lila se sentía como siempre, flotando en un sueño, entre los mallorns y las lucecillas que bailaban entre sus frondosas copas.
Los elfos de aquel país eran muy amables y bellos, aunque no acostumbraban a reír demasiado, y sus rostros eran contagiados por la gravedad y tristeza de la Dama Blanca.
En eso diferían de los Elfos de Rivendel, algo más alegres y dispuestos a la risa.Pero aún así, estaba bien; la hobbit pensaba que no podrían ser de otra forma, estaban totalmente acorde con su paisaje natal.
Galadriel y Celeborn habían sido también muy gentiles con la Compañía, y cenaban junto a ellos innumerables veces, aunque existía siempre una sensación incómoda, provocada por los constantes análisis internos a los que la Dama los sometía.
En cuanto a Lila, esta situación no volvió a repetirse desde la primera vez que entablaron conversación con los Señores. Pero algo le inquietaba.
A Merilnen no la veían en demasiadas ocasiones, debía emprender nuevamente sus deberes como Doncella de la Dama, mientras su estadía en Lothlórien perdurase. Cuando la veían, se reunían todos y pasaban un buen día juntos, charlando de cualquier cosa.Pero casi siempre, formaban pequeños grupitos, y recorrían los vastos territorios de Caras Galadhon y el Bosque de Oro, deleitándose con las maravillas que éstos le ofrecían.
Lila permanecía casi todo el tiempo con Frodo, y los otros hobbits, aunque para variar, Pippin y Merry se alejaban y planeaban sus travesuras y diversidad de cosas, que a pesar de todo, no se veían muy dispuestos a emprender.
Pero en ese momento, la joven hobbit se hallaba sola, paseando con calma por un pequeño sendero que había descubierto un día, en sus andanzas por la ciudad.
Unos armoniosos rayos dorados traspasaban las copas de los mallorns, e iluminaban grácilmente Caras Galadhon; aún era media tarde, pero no tardaría en atardecer.
El atardecer era el momento del día preferido de Lila, y siempre procuraba esperarlo sola, entre las niphredil, pero si deseaba compañía, la de Frodo era sin duda, la mejor.A medida que lo conocía, se daba cuenta de lo importante que se volvía para ella; era tan buen amigo, a pesar de lo callado que en los últimos meses se había vuelto, pero eso no importaba.
Frodo era el único con el que podía identificarse, aunque se sentía descarada al hacerlo. Él era el único que la comprendía, o eso creía...A decir verdad,ya no estaba segura de nada respecto al hobbit, tantas cosas habían cambiado en ese funesto viaje...
Mientras caminaba por su sendero secreto, esperando la muerte del Sol, recordaba a Frodo, deseando de pronto su compañía, tan indispensable para ella en ese instante.
-y en todos los instantes... – pensó Lila en voz alta, y luego de unos segundos, se tapó el rostro en actitud sorprendida.
¿Por qué de repente pensaba en él como alguien demasiado importante para ella?... Eran amigos, pero ella no solía pensar de esa forma respecto a un amigo.
Fugazmente, el rostro de Frodo nubló sus pensamientos.
Sus hermosos rizos oscuros, rozando suavemente su rostro pálido y agraciado..., y sus ojos... ¡Sus ojos!... Eran tan azules, tan profundos, tan bellos...; aunque muy pocas oportunidades éstos la habían mirado. De alguna manera, la mirada de Frodo siempre rehuía la de ella.
-¡Oh!... vamos, Lila, esto es sospechoso...¿Qué haces pensando así en tu amigo?-pensaba para sí, mientras se sentaba entre la hierba-. Debe ser la preocupación que cargas en tu corazón...sí! tú siempre tan preocupada por Frodo, por su carga, por sus pesares...y eso que ni él te ha pedido ayuda...-de pronto, se puso algo triste, y comenzó a juguetear con el collar de Arwen, tratando de encontrar alguna respuesta en aquella piedra blanca. Extrañamente, ésta parecía no querer servirle de mucho, y sólo emanaba tranquilidad y reserva.
Entonces, trató de desear otro acompañante.
¿Merry?... no, su hermano siempre estaba con Pippin, por lo tanto Pip tampoco le serviría.
¿Legolas?... no, ahora pasaba todo su tiempo libre con Gimli; se habían hecho muy buenos amigos.
¿Aragorn?... menos, era tan reservado y melancólico algunas veces, que se sentiría incómoda, a pesar de que ella misma se sentía así ahora. Raramente melancólica.
Merilnen tampoco podría acompañarle, estaba muy ocupada.
La única alternativa que le quedaba, era Frodo.En realidad, había eliminado con intención toda posibilidad de que hubiera sido otra persona... se sentía demasiado bien junto a él.
¿Y si iba a buscarlo?...
No, desechó rápidamente esa idea; debía respetar los momentos de intimidad del hobbit, tampoco quería cargosearle todos los días.Pero de repente se sentía tan desdichada, y lo único que le inspiraba ánimos era su preciado colgante.
Miró sus manos, posadas suavemente en aquel vestido blanco y vaporoso que le gustaba tanto.Luego levantó la mirada, alguien comenzaba a cantar.
Quizás fuera alguna de esas canciones dedicadas a Gandalf, lamentos que escuchaba días y días, sin cesar.
Pero esta vez, no era nada de ese estilo.
La voz era demasiado hermosa, y la canción, mucho más aún, a pesar de que no entendía casi nada.Se sorprendió al levantar su rostro, y ver que se trataba de la Dama Galadriel, quien caminaba inaudiblemente por el sendero que suponía secreto, aunque era obvio que para la Elfa, nada era un secreto.
Galadriel, vestida siempre con ropajes luminosos y puros, se acercaba a ella, con la mirada algo perdida, los brazos en continuo y sosegado movimiento, y la voz en alto.
'Ir Ithil ammen Eruchîn
Menel-vîr síla díriel
Si loth a galadh lasto dîn!
A Hîr Annûn gilthoniel,
Le linnon im Tinúviel...'
Lila se sintió terriblemente atraída por la canción, y la Dama que la entonaba.
Galadriel parecía dirigirse a otro rumbo, y la hobbit, sin pensarlo, se incorporó, y la siguió.
-¿Qué estoy haciendo?-pensaba de repente-¿Por qué la sigo?...¿o acaso es lo que desea que haga?-
Sin cuestionarse más, siguió a Galadriel a lo largo del caminito, mientras la Dama cantaba y cantaba, y la luz del atardecer se colaba por las ramas de los mallorns.
Lila sentía que una fuerza invisible llevaba de ella; era la energía de aquella canción, tan solemne y llena de nostalgia.
Al fin, para su gran sorpresa, llegaron a un pequeño claro, totalmente descubierto de árboles; el cielo se veía pleno, y el Sol, rojizo y ardiente, tiñendo aún con más fuerza aquel rinconcito lleno de hierba y florecillas amarillas.
Habían algunas estatuas pálidas en los lados del claro, y Lila sentía como borboteaba el agua en una pequeña cascada, dulce y animadamente.
Pero lo que más le llamó la atención, fue una preciosa fuente de mármol blanco, de mediano tamaño, ornamentada con grabados en oro y plata, sin ninguna llave ni efecto acuático.Era sencilla, y Lila supuso que el agua estaba calma y pasiva, ya que de todas formas, la fuente era algo alta para ella.
Sin que la hobbit se diera cuenta, Galadriel detuvo su canto, y se mantuvo de pie, junto a la cascada.Lila dejó de admirar el paisaje, y temerosa, miró a la Dama, esperando alguna reprimenda por haberla seguido.
-te interesa el Espejo-dijo Galadriel, suavemente-.
-si se refiere a aquella fuente…-titubeó Lila-. Sí, me gusta mucho…-.
-No es una simple fuente-negó Galadriel con seriedad-. Tiene un poder magnífico, pero muy peligroso. Ahora mismo, el Espejo te podría mostrar muchas cosas, pues es esa su capacidad.-
-¿Qué clase de cosas?-preguntó Lila, interesada.
-En su mayor parte, son sucesos que conciernen a ti-explicó la Dama-. Sucesos del pasado, del futuro, y también algunos que jamás ocurrirán. ¿Deseas mirar en el Espejo?... De todas maneras sería bueno, porque luego, podría explicarte aquello por lo que estás aquí.-
-o sea, usted quería que le siguiera-dijo Lila, y Galadriel sonrió-. Ah! Bueno, miraré en el Espejo... si es así como debe ser-.
La hobbit se adelantó tímidamente al Espejo, y subió los dos peldaños necesarios para quedar un poco más a la altura de la fuente.
Miró hacia su interior; sólo veía el agua cristalina, y el reflejo de las estrellas.
Por unos momentos, sólo vio eso.
Pero luego, las estrellas se disolvieron en una oscura niebla; y entonces pudo ver un bosquecillo, en el cual una joven encapuchada danzaba, en el atardecer.
Lila ahogó un grito; ¡Se estaba viendo a sí misma! ...¡Como adoraba bailar en aquel lugar! ...Sentía una particular atracción por los bosques, especialmente por los de La Comarca, tan puros y bellos.De pronto, sin darle tiempo para pensar, la imagen se disolvió, y vio a Frodo, tal cual como era antes, y vestido a la usanza hobbit.
Miraba algo, escondido tras un árbol, y Lila quiso saber de que se trataba, pero otra vez la imagen cambió, y entonces le pareció ver los Dos Árboles de su sueño anterior, el de Plata y el de Oro, reluciendo en una pradera verde.Luego todo se oscureció, y aparecieron Frodo y ella frente a un paisaje cenagoso y horrible; Frodo se veía distante y abstraído.
Tras eso, vio un bosque de árboles de plata, la luz de la Luna Llena, y unas montañas enormísimas y negras como el mismo carbón, echando humo a todo su alrededor. Tras esas Montañas, vio un palacio, horrible y oscuro, y una doncella y un gran perro atravesando las puertas de aquellos dominios. Luego, todo se apagó, y el brillo de las estrellas volvió a regularizar las aguas del Espejo.
Lila se hallaba sin aliento, totalmente sorprendida por lo que había visto. Galadriel la observaba en silencio, con la mirada de alguien que sabe más de lo que se ve a simple vista. Y era así, todo lo que mostraba el Espejo, aparecía en su mente.
-no entiendo...-balbuceó la hobbit, dando un suspiro, y bajando los peldaños para asentarse en la hierba.
-lo sé-afirmó Galadriel-, y es hora de que tú también sepas quien eres-.
Lila recordó a Bellcaunion, quien siempre había hecho alusiones al mismo tema, dejándola con las ansias de saber. Pues bien, ahora era el verdadero momento en el que acabaría con sus dudas.
-Bellcaunion no entendía a la perfección lo sucedido-contestó Galadriel al pensamiento de Lila-. A pesar de que te conocía lo suficiente...-.
-No fue el único que ha hablado acerca de eso; la Dama Arwen también me dijo muchas cosas, que sin embargo, no quiso aclararme. Y Gandalf..., Gandalf aludía a ciertas cosas, pero creo que de eso, Frodo sabe más-replicó Lila-.
-Arwen y Gandalf son tan sabios en este asunto como yo-respondió la Dama Blanca, con gravedad-, pero me temo que las revelaciones deberé hacerlas por mi cuenta. En cuanto a Frodo, a él también le serán explicadas demasiadas cosas.-
-En realidad no sé que tiene que ver Frodo en todo esto, Señora-le dijo Lila, con timidez-, y me gustaría mucho entender lo que el Espejo me mostró-.
-el Espejo no está hecho para ser entendido-dijo Galadriel-, pero creo que conseguirás hilar sus designios luego de entender tu parte en esta historia-.
-¿Y cuál es mi parte en esta historia?-preguntó Lila, con voz temblorosa.
-ven, siéntate junto a mí-indicó Galadriel, mostrándole un asiento natural entre las rocas de la cascada. Lila se sentó, al igual que ella; la Dama prosiguió-. Siempre te ha gustado mucho bailar y cantar en los bosques...¿no es así?.-
Lila asintió, sonriente. Desde pequeña que lo hacía, siempre en aquel bosquecito, cercano a Hobbiton; no le agradaban los bosques de Los Gamos, y pasaba largas temporadas oculta, sin que su familia supiera de ella. Usaba capucha para que no la reconocieran..., si lo hacían, la considerarían aún más extraña de lo que ya era por ser una Brandigamo. De sus andanzas ni Merry sabía, pero es que él tenía las suyas propias, con su primo Pippin.
-¿Sabes de alguien que tenga el mismo pasatiempo?-preguntó la Dama, interrumpiendo la ola de pensamientos que acudieron a la mente de Lila.
-por supuesto que de mi raza, nadie-negó Lila-, no es buen visto que una niña como yo baile sola entre los árboles.-
-entiendo-dijo la Dama, con una sonrisa-, pero sin embargo, no eres la única con esas costumbres.-
-ah, claro! Los Elfos también las tienen-replicó Lila, con la mirada brillante.
-claro, pero no todos lo suelen hacer. Yo conocí a una Elfa, hace muchos años atrás, que tenía esa costumbre-la voz de Galadriel se puso algo nostálgica-. Eran en el tiempo en que vivía en Beleriand, para ser más precisa, en las hermosas tierras de Doriath, donde recibí la hospitalidad del Rey Thingol de los Sindar. Se decía que su hija era la Elfa más bella que jamás había pisado la Tierra Media, y en verdad, lo era. Solía cantar y bailar en el bosque de Neldoreth, perteneciente a su reino...Pero, no la veía demasiadas veces. ¿Sabes de quien hablo?-.
-Lúthien...-respondió Lila, sin dudar. Ya conocía parte de la historia, pero además, su corazón le había instado en ese momento a pronunciar su nombre.
-así es.-asintió Galadriel- Ahora piensas en que tiene que ver todo esto contigo..., lo veo en tus ojos.-
-sí-musitó la hobbit, mirando el agua que caía de la cascada.
-Seguramente, también sabes lo que Lúthien vivió junto a su amado Beren-replicó Galadriel-, y que después de todo, ambos murieron.-
Lila volvió a asentir, y un escalofrío recorrió su cuerpo.
-Tras su muerte, ambos fueron citados ante el mismo Eru, el Creador-explicó la Dama-. Ellos tuvieron un importante papel en la historia de los Silmarilli, las piedras que conservaban la luz de esos Árboles que viste en tu sueño, y ahora, en el Espejo. Pero Eru había predeterminado que el final de la historia de los Amantes aún no había terminado, y que próximamente, jugarían un papel fundamental en los acontecimientos futuros, aunque Eru ocultó su verdadero propósito.Muchos años después del hundimiento de Beleriand, y de la caída de Morgoth, una nueva Sombra se alzó: su servidor más letal, Sauron. Ya haz oído bastante acerca de él, querida mía, a él pertenece el Anillo que Frodo carga. Tras la Batalla de Dagorlad, Sauron fue derrocado, pero no destruido. Ahora mismo se alza con todo su poder en Mordor, tratando de encontrar su preciado Anillo.Pero ahora, en el momento más decisivo, Eru hizo su Voluntad, y Lúthien y Beren volvieron a la Tierra Media, encarnados en desconocidos personajes, con el fin de ayudar en esta hora final. Este secreto muy pocos lo saben, puesto que Eru puso en nosotros su pensamiento y sus ideas a seguir. La ayuda que ellos nos brindarán es nuestra única esperanza, aunque ellos ni sepan quienes son, puesto que la memoria de sus días pasados fue borrada, para no dejar sospechas.Pero como ya dije, es hora. No puedo ocultar la verdad por más tiempo.-
Lila la miró con creciente curiosidad.
¿Lúthien y Beren reencarnados? ...
-¿Por qué me dice todo esto a mí?-preguntó, con calma.
Galadriel sonrió enigmáticamente.
-Deja que tu corazón responda esa pregunta-dijo ella, con simplicidad-. ¿Acaso todo lo que te he contado no te dice nada?...¿Acaso el Espejo no reveló muchas cosas para ti?-.
-no entiendo a donde quiere llegar-interrumpió Lila, asustada-. No entiendo por que tengo que pensar respecto a Beren y Lúthien. Por lo visto, ni se han aparecido. ¡Frodo es el que tiene que destruir el Anillo!...Por eso estamos aquí!...¡Él es nuestra única esperanza!...-de pronto, se detuvo en seco, tapándose la boca con las manos, y con la mirada horrorizada. Lo que acaba de cruzar su mente era totalmente imposible.
-No te bloquees, Hija de los Bosques-le dijo Galadriel, recalcando con un tono especial el título que le acababa de dar a Lila, y el que había usado al entrar en su mente en los límites de Lórien-. Nada es imposible...-
-pe...pero...-balbuceó Lila, tratando de eliminar la sospecha que tenía.
-Hay algo más-anunció Galadriel, sonriendo aún-. Ya te dije que Eru prefería no levantar sospechas acerca de la reencarnación; por eso, hizo que los amantes encarnaran en una raza desconocida y totalmente protegida del exterior. Pero aún así, ellos serían diferentes a los de su mismo tipo, y tachados de 'extraños'. Otra regla predeterminada era que ellos no debían conocerse hasta el momento indicado, y allí se revelarían inevitablemente sus verdaderas esencias. ¿Estás algo más clara?-.
El rostro de Lila se volvió blanco como la nieve, y el corazón parecía salírsele del pecho. Era demasiado para ella.
-¿y...yo?-preguntó por fin la hobbit, sin aliento, y con la cabeza revuelta.
-¿Ahora lo entiendes?-Galadriel se veía complacida-, ahora podrás comprender tu forma de ser, tu afinidad con Frodo, tu amor por la danza y los bosques, y las revelaciones del Espejo...-.
Lila creía que todo aquello la trastornaría.
No podía ser cierto...¡No!; aunque, quizás sí...desde cierto punto de vista, todo era muy coherente.
Sí, todo concordaba. ¿Pero como?
Pensó en Frodo, y una súbita angustia le llenó el corazón alterado.
-pero...¿como saben que yo...?-no pudo terminar la pregunta, se hallaba muy conmocionada-.
-no lo dudes-dijo la Dama-, todo concuerda, eso bien lo sabes. Además¿no es que Arwen te mencionó lo especial que eres?. Ella confía mucho en ti. Y como dato útil, eres su predecesora-.
Arwen..., sí, ahora entendía su conversación pasada.
Lila miró con dificultad su colgante, la piedra blanca brillaba más que nunca, como señal inequívoca de que todo era verdad.
-siempre haz sido muy sensible, entiendes a la perfección a Frodo, porque sus almas están unidas. Tarde o temprano, el destino hará cumplir lo suyo. Arwen sabía eso, por eso te concedió el colgante. Esta es la gran misión, la que emprende Frodo, y en la que deberás seguirlo-aclaró Galadriel-. Gandalf confiaba en esto.-
El corazón de Lila parecía explotar.
Una mitad estaba totalmente iluminada, y en extraña libertad; la otra, estaba entre las tinieblas, tratando aún de comprender.
-esto es difícil, pero debes dejar que Lúthien renazca en ti, ya que ha llegado el gran momento. Beren lo hará por cuenta propia, cuando yo lo despierte, como he hecho contigo. Sin embargo, ustedes seguirán siendo hobbits, con un alma elevada dentro de cada uno, y un destino planificado. Es lo que les ha tocado vivir, y cuando todo acabe, ni yo misma sé lo que ocurrirá.-
-¿y Frodo?-preguntó Lila.
Pensaba en que diría el joven hobbit, como reaccionaría...
Todo esto le llegó como balde de agua fría, pero desde lo más profundo, una luz comenzaba a emanar, acariciándole el cuerpo.Aunque aún no lo sentía firmemente, le ponía extrañamente feliz compartir ese destino con él. No importaba como viniera.
-sí, deja que ella se apodere totalmente de ti-dijo Galadriel, con voz grave-, luego podrás tener tus plenos poderes, aunque te sorprenderás a menudo de lo magníficos que son.-
Lila cerró los ojos, y trató de mirar en su interior.
Una vorágine de emociones se debatía en su alma, pero pronto todo amainaría. Tarde o temprano, debía asumir su verdad.
-Lúthien...-susurró Lila, y recordó aquel pedazo de balada que cantó Aragorn en la Cima de los Vientos, y luego la canción entera en labios de Arwen. Ahora entendía sus palabras: 'No mires hacia atrás...', y también la profunda emoción que se había apoderado de ella al escuchar aquella melodía tan triste. Aún no asimilaba bien lo que había sucedido, ni su propia historia pasada. De pronto, se le vino a la memoria el recuerdo de Frodo, en el Tornasauce, desvariando con el nombre de Tinúviel en los labios.
La hobbit se giró para preguntarle a Galadriel acerca de eso, pero la Elfa había desaparecido sin que Lila lo notara, absorta en la comprensión de todo lo sucedido.
Lila miró con tristeza el claro, ahora bañado con la luz de las estrellas.El tiempo había pasado muy rápido, y no sabía como salir de aquel lugar sin sentirse totalmente extraña y diferente. ¿Cómo actuaría con naturalidad frente a todos?
¿Por qué Galadriel la había dejado sola?
Recordó de pronto que se acercaba la hora de cenar, y allí vería a Frodo.
Sentía que jamás podría mirarlo de la misma forma, y cuando él se enterase de todo, tampoco lo haría.Pensó en cuando Galadriel hablaría con Frodo, y que sucedería entre ellos cuando la verdad completa saliese a la luz.
-Elbereth...-susurró Lila, sin pensarlo.
Estaba embargada por una inamovible sensación de nostalgia y sentía que la impresión no se le pasaría jamás.
Se levantó de su asiento, y comenzó a caminar con pesar hacia el palacio de la Dama Blanca; no conseguiría nada quedándose allí, temiendo lo peor.Después de todo, seguiría siendo una hobbit, aunque todo el poder de Lúthien se encontrara en ella.
