Todos los presentes se hallaban silenciosos, y la mayoría extrañados por lo que estaba sucediendo. El aire se había vuelto inquietante, mientras los dos hobbits, Frodo y Lila permanecían inmóviles, mirándose fijamente el uno al otro, sin prestar más atención que a la emoción que los embargaba. Sin embargo, a los ojos de todos, ya no parecían simplemente hobbits.
Desde el momento en que Frodo gritó aquel sagrado nombre y Lila reaccionó favorablemente ante él, ambos parecieron crecer, tanto en estatura como en belleza, dejando en sombras el gran claro del Bosque, porque de ellos mismos brotaba una grandiosa luminosidad que oscurecía todo lo que alguna vez se pensó que era hermoso y agradable, poniendo en las mentes de los Elfos algo más brillante y magnífico en lo cual inspirarse.
Galadriel y Celeborn permanecían impávidos ante la visión del reencuentro, mostrando aquel respeto y deleite que experimentaba todo su pueblo, siempre maravillado ante la magia y la belleza, el cual era secundado por Aragorn y Gimli, pertenecientes a razas únicamente especiales y bien dadas a lo místico y hermoso de todas las cosas.
Pero Merry y Pippin parecían completamente shockeados y sorprendidos.¿Qué era lo que estaba sucediendo? De pronto, Frodo había interrumpido las celebraciones, pronunciando un nombre extraño y para más remate, dirigiéndose hacia Lila, quien detuvo su extravagante danza y optó por seguirle el juego al hobbit.
Todos los Elfos callaban y los observaban, como intentando guardar aquel inesperado momento como un bonito recuerdo; y luego fueron Merry y Pip quienes miraron atónitos a sus amigos, diferentes y altos, creando un espacio interior bajo los ojos de todos. No entendían; ¿Por qué de pronto ellos se habían convertido en algo parecido a una ilusión?,¿O acaso no eran ellos, sino dos entes jugando con una magia desconocida y profunda? A pesar de todo, esas opciones no eran lejanas a la realidad, pero sería algo que tardarían en descubrir, y cuando lo hicieran, quizás fuera demasiado tarde para volver a saber de ello.
Pero entre toda la sorpresa, Merry creyó pensar algo acertado. No había sido simple casualidad cuestionarse el posible amor que ellos se tuvieran; en realidad, si los observaba bien, era cierto. No sabía lo que sucedía en aquel momento, algo más allá de lo desconcertante estaba ocurriendo, y él se consideraba el menos apto para entenderlo. Pero sí sentía que todo sería para bien...y que Frodo y Lila se unirían tarde o temprano, lo quisieran o no, bajo cualquier circunstancia. Quizás algo más poderoso estuviera entre ellos dos, pero prefería no aventurarse en aquellos pensamientos.
Pippin, en el rincón más desacertado de su mente pensaba en qué diablos estaba ocurriendo; ¿Por qué Frodo y Lila reaccionaban así¿Por qué se comportaban de una manera tan extraña? De algún modo, algo había sucedido entre ellos que él no había averiguado.
- mi viejo Merry, no estabas tan equivocado-pensó para sí mismo, mirando a su amigo-, aunque no hubo necesidad de preguntarle a nadie acerca de esto. Ellos nos han puesto al corriente...pero, no entiendo-.
El corazón de la mayoría de los presentes se emocionaba sin saber que era lo que estaba ocurriendo, y los que ya sabían, esperaban el desenlace de aquella remota historia, vívida ahora ante sus ojos. Sin embargo, el corazón de Lila se contraía por el nerviosismo y el miedo causante de éste. Los ojos de Frodo no se despegaban de los de ella, como si tratara aún de creer lo que veía. Lila comenzaba a sentirse algo incómoda, si algo había que decir, no podía ser allí.
-Fr...Frodo...-susurró ella, trabajosamente; el silencio se había quebrantado, pero todos parecían seguir sumidos en un aparente encantamiento. Frodo no reaccionaba a su llamado, y continuaba varado en los brillantes ojos de Lila; ella insistió- Frodo...-el ruiseñor movió lentamente sus alas, y el hobbit desvió sus ojos distraídamente, para suerte de Lila- Frodo...debemos hablar.-
Frodo oyendo esto, bajó la mirada suavemente ruborizado, y asintió con una creciente firmeza. El Ruiseñor batió sus alas ahora más rápido, y emprendió el vuelo hacia las afueras del claro; Lila fijó la mirada hacia esa dirección, y la siguió dudosamente. Frodo, alelado, caminó junto a ella, sin decir nada.
Tras desaparecer las pequeñas figuras en medio de la floresta, Pippin movió su cabeza intranquilamente y Merry se agitó. Los Elfos aún guardaban silencio, y permanecieron así luego de un largo y solemne instante; el silencio parecía tan irreal...
La Dama Galadriel levantó suavemente una pálida mano, y una de las voces élficas comenzó un cántico con los tonos de una profunda nostalgia, mientras se escuchaba el dulce rasgueo de una lira, sumida entre el oro de los mallorns. La celebración prosiguió como si nada la hubiera detenido; la tarde comenzaba y un extraño sentimiento se apoderaba de los miembros restantes de la Compañía. Cada uno de ellos, con respeto y estupor, se dirigió hacia el centro del claro, donde los esperaban Galadriel y Celeborn impasibles.
Merilnen y Legolas se mostraban maravillados, Aragorn y Gimli, calmados, y Pippin y Merry, agotados por los cuestionamientos interiores; todos buscaban un consuelo para sus recientes preguntas. La Dama percibió las ansias de los compañeros por estar al tanto de lo ocurrido, pero lamentablemente nada debía salir de su boca. Celeborn sonreía con el rostro iluminado aún.
-Paciencia-susurró Galadriel a sus invitados, pero aún así su voz se escuchó por encima de las melodías y el baile-. Tengan paciencia. No soy yo quien tenga que explicarles lo extraño de la situación, sino que el tiempo. Ya cumplí mi parte en esta historia, déjenlos a ellos cumplir la suya.-
Una pincelada de duda se dibujó en el rostro de la Comunidad, pero Galadriel no dijo nada más, y sólo sonrió, como su esposo.
El Ruiseñor los guió sin demoras a un pequeño rincón entre los susurrantes árboles, resplandeciente de oro y aislado de toda música festiva. El silencio obraba en ellos deprisa, y parecía haberles quitado todas las ganas de explicarse lo sucedido y las ansias de decir lo indecible. Frodo iba tras de Lila con una expresión atribulada en el rostro, y eso se mezclaba con un creciente hormigueo en su garganta y en su pecho. La hobbit de pronto se detuvo junto a un mallorn de porte más sobresaliente que los demás, donde el hermoso Ruiseñor batía sus alas con delicadeza. Lila se volteó con decisión, era el momento justo; pero al ver el rostro pálido de Frodo sus fuerzas flaquearon y cayó derrumbada dentro de su propio vacío. Ahora que se hallaban allí, no sabía como empezar a explicarse...y los ojos del hobbit le incomodaban, aletargados y de pronto muy extraños.
-Frodo...-susurró Lila, llamándolo una vez más, en conjunto con un nuevo trino del Ruiseñor.
El hobbit no reaccionó hasta unos minutos después, cuando una tierna brisa le golpeó el rostro de súbito y vio una vez más a Lila, ya no en sus sueños que todavía le atormentaban, si no que en la realidad. Sentía un vacío en su cabeza, al igual que Lila, y no tuvieron más remedio que permanecer callados durante un momento más.
-o môr henion i dhu, Ely siriar, el síla...Ai! (1)...-murmuró Lila de pronto, mientras la brisa corría fresca y el ave acompañante los observaba, vigilante.
Frodo levantó los ojos de la hierba, y la miró pasmado, esperando algún motivo o explicación de lo dicho. Lila sólo sonrió tímidamente.
Para el hobbit esa sonrisa fue el impulso que necesitaba para que su mente volviera a procesar las cosas; Frodo se sintió rápidamente lleno de pensamientos turbulentos y palabras incoherentes, necesitaba ordenarse, y para ello debía reconocerse dentro de esa nueva realidad.
-eres tú...-fue lo único que pudo decir, y suspiró, como si le faltara el aliento.
El Ruiseñor voló al hombro de Lila, como si comprobara una vez más la extraña verdad. Ella le acarició el plumaje con la mano temblorosa.
-lo siento...Frodo-dijo Lila sin mirarlo-; yo...-
-¿lo sientes?- preguntó el hobbit- no debes..-
-debo-le cortó ella-. Yo necesito...necesito hablarte, por eso te traje hasta aquí, pero...no soy capaz de pronunciar una sola palabra. Bueno, hasta ahora...-Lila tomó aire, miró a Frodo con decisión y siguió, renovada-Todo esto ha sido tan extraño, últimamente nos hemos visto rodeados de secretos, viejas historias, verdades ocultas...pero entre nosotros no hemos sido capaces de aclarar nada, ni de siquiera mirarnos. En parte es culpa mía..., por eso te pido disculpas, he sido una tonta; no debí actuar de la manera en que lo hice..., en realidad, lo único que deseaba era contarte lo que me tenía presa dentro de mi misma, hacerte partícipe de esta verdad que nos ha cambiado la forma de mirar las cosas. Porque eso es lo que ha hecho ¿no?, cambiarnos por completo...-
Mientras Lila hacía una pausa, Frodo ordenó sus pensamientos; al ver a la hobbit decidida a exteriorizar sus emociones, decidió hacer lo mismo, estaba harto de guardarse cada experiencia, cada sentimiento...,y además, era lo justo. Beren y Lúthien aún no estaban completamente aclarados, porque faltaba que ambos personalmente lo hicieran.
-¿Cómo llegó a pasar todo esto?-preguntó lentamente.
-Gracias a Eru Ilúvatar, me temo...-respondió con una leve sonrisa la pequeña hobbit; Frodo se quedó pensando que significaría aquel gesto.- No es que haya pasado, si no que pasó, pasa y pasará...es algo..eterno. Tengo la sensación de que vamos en círculos, condenados siempre a dar vueltas en lo mismo; pero a la vez, esto es demasiado nuevo, es la primera vuelta que doy en torno a algo de tal magnitud...¿no te ocurre lo mismo?-.
-creo...creo que sí, algo así.., me siento un poco mareado...tan sólo anoche supe...-Frodo titubeó¿estaría bien hablarle de lo que vivenció en el claro de Galadriel?
Lila lo quedó observando, sintiéndose culpable por guardar el secreto tantos días. De pronto entendió que no se solucionaría nada con una conversación, la aceptación se lograría a través del tiempo. Aunque...¿por qué les resultaba tan difícil? Sólo eran la reencarnación de Lúthien y Beren¿Tanto costaba comprenderlo y aceptarlo?
El Ruiseñor gorjeó, y la imagen de la Dama apareció en su mente. La miraba con dulzura, y le transmitía tranquilidad; no había por qué apresurarse y complicarse, el destino de ambos era una lucha constante, pero tenía su lado bueno...lo tenía, de eso podía estar segura.
-Frodo, no te preocupes. No hay por qué nublarse en el momento inadecuado. Ya hablaremos de ello-.
El joven la miró, y cruzó por su rostro una ráfaga de alivio; luego, volvió a sentirse atormentado.
-es difícil pensar en lo que viene, en lo que hay que tener claro-dijo con la boca reseca.
-A veces te complicas demasiado..., por lo que eres. Ya no es lo que fuiste alguna vez, si no que te preocupa la magnitud del hado que está encima de nosotros, te preocupa el futuro...el A...-Lila de pronto se calló, quería decir "el Anillo", pero no era el mejor momento para torturar al hobbit con eso.- Por ahora no pienses en lo que somos, nunca te lo cuestionaste antes...sigamos siendo Frodo y Lila, para tu comodidad. Luego veremos...-se sentía extraña hablándole así, era como si la Dama hablase por ella, o la ayudase a juntar las ideas de una forma coherente.
-tienes razón-suspiró Frodo, apoyando su cabeza entre las manos- aunque...-
-guárdate el aunque-le cortó Lila con una sonrisa-volvamos al palacio, ya atardece-.
-¿atardece?-Frodo miró hacia arriba, la luz que traspasaba los mallorns se volvía anaranjada-¿tan rápido pasa el tiempo?-.
-estamos en Lothlórien, ya sabes qué es el tiempo en este lugar...y no sacamos nada con ir al claro, la fiesta ya mengua-contestó Lila.
El Ruiseñor comenzó a retomar el vuelo de vuelta al Palacio-Flet de Caras Galadhon, y la hobbit se levantó del césped automáticamente.
-Apresurémonos!-le gritó la chica a Frodo ya corriendo tras el bello pájaro; él la siguió, un poco más claro que antes, aunque turbado, muy turbado...
-veamos, queridos amigos-comenzó el señor Celeborn, dirigiéndose a toda la Compañía reunida en el salón del palacio- hoy debemos fijar la fecha de su partida, y el itinerario que deben seguir. La Dama y yo consideramos que se ha prolongado demasiado la estadía, no por incomodidades, si no por el propio bien de la misión. La luz decrece con rapidez.-
La Dama Galadriel asintió gravemente, desde su silla, y Aragorn también inclinó su cabeza con presteza. Legolas, Merilnen y Gimli se hallaban totalmente centrados en lo que pronto se diría, y los hobbits intentaban concentrarse, pero esos temas no eran de ningún modo atractivos para ellos; Frodo se hallaba silencioso, Merry y Pippin miraban el techo y Lila era la que mas se esforzaba por captar la conversación desde el principio. Había pasado ya una semana de la Fiesta del Bosque, y la Comunidad se abstenía de hacerles preguntas a Lila y Frodo acerca de lo ocurrido, por el momento. Luego comprenderían...
-concuerdo con el Señor y la Dama, debemos partir antes de que el camino sea ya demasiado peligroso-dijo el dúnadan-¿Qué recorrido a seguir nos aconsejan?-.
Celeborn luego de meditar un momento, tomó la palabra.
-he aquí mi consejo. El camino más seguro que pueden tomar es la vía del Río Grande, el Anduin, el cual nace en las Montañas Nubladas y se cruza con el río Celebrant. Si siguen por el hacia el sur, llegarán a las Cascadas de Rauros, y a las Emyn Muil, acortando mucho trayecto que podrían hacer a pie, y alejándose de enemigos innecesarios. ¿Quién de aquí es buen navegante?-.
-yo, mi señor!-exclamó Merry saltando de su silla emocionado- y mi hermana Lila también! Nosotros vivimos a orillas del Brandivino!-.
-muy bien-aprobó Celeborn sonriendo- sé que Aragorn es excelente en cuanto a botes y barcos se refiere, y sé que Legolas y Merilnen no se quedan atrás-Los aludidos asintieron con firmeza-. Bien, entonces está decidido, viajarán en botes, los cuales nosotros les facilitaremos; en una semana más. No se puede esperar demasiado. Aragorn, como guía de la expedición debes estar al tanto de todo el recorrido y contar con nuestras sugerencias, por muy experto viajero que seas. Ven conmigo y analizaremos mejor la situación, el resto de la Compañía puede retirarse si así lo desea y comenzar a prepararse...-
Celeborn y Galadriel se levantaron, y se dirigieron a la salita contigua, secundados por Aragorn. Legolas y Merilnen se quedaron hablando en voz baja acerca de lo decidido, y los hobbits no pudieron hacer otra cosa que salir. Había que comenzar a despedirse...
Lila se sentía demasiado incómoda con su ropa de viaje, aunque fuese suave, elástica, de tonos agradables y confeccionada por los Elfos de Rivendel; tantos días había usado vestidos simples y sueltos que algo más le parecía un estorbo. De todos modos, eso era mejor que sus viejas y desgastadas vestiduras hobbits.
¿Qué pasaría ahora que dejaban el Reino Encantado de Lórien?
Podía imaginar muchas situaciones y obstáculos, pero prefería no hacerlo. Debía respirar, y seguir, con fuerza, y sobre todo, ser consecuente con la palabra dada a Frodo, lo acompañaría hasta que la misión se cumpliera o definitivamente fallara.
Suspiró y terminó de alistar su pequeño fardo de ropa, se colgó la daga que Lord Elrond le regalara al cinto y se acomodó la raída capa. Miró la blanca habitación con nostalgia, y salió con lentitud.
En uno de los pasillos se encontró con Merilnen, quien pegó una exclamación de sorpresa. La joven elfa llevaba para variar, vestiduras de un azul profundo, pero éstas eran más resistentes y ajustadas para un largo viaje, y sobre su espalda el arco y el carcaj ya instalados.
-¡Lila! Te buscaba!-dijo Merilnen acercándose a ella- tengo algo que darte antes que partamos!-.
La hobbit miró sorprendida lo que Merilnen llevaba en sus manos, otro arco élfico junto a su carcaj, pero de un tamaño mucho más pequeño.
-son para ti!-le dijo la Elfa con alegría- Yo misma los confeccioné, con todo mi cariño. Así tendrás un arma mas adecuada a tu manera de ser, y aprenderás fácilmente a usarla.-
-Merilnen..no sé que decirte!-exclamó Lila, maravillada, tomando el arco en sus manos; la madera era suave y lisa, y la cuerda fuerte- muchas gracias! Está hermosísimo...-
-no me agradezcas!-rió Merilnen, encantada- fíjate bien, los arqueros del Bosque de Oro son famosos por su destreza, pero no hay por qué quitarle el mérito a sus arcos; éstos son construidos a base de una madera mágica cuyo nombre no puedo revelar porque se echaría a perder el encantamiento..., las flechas también son del mismo material y no fallan jamás, siempre dan al blanco, independiente de donde te halles. En el carcaj grabé ciertas runas...son para la buena suerte, luego podrás descifrarlas, confío en eso. El trayecto será difícil y oscuro, debes saber defenderte muy bien!-.
-oh-suspiró Lila, mirando su nuevo y pequeño arco y con ansias de ser una arquera excepcional; entendía lo útil que aquel presente le sería a futuro-, pero, yo no tengo ningún regalo para ti...-
-jajaja, descuida! Me basta que tú estés satisfecha y segura!; Ahora, vayamos afuera, tenemos la última merienda con la Dama y el Señor a orillas del río! Hay que decir adiós...-al decir esto, una profunda nostalgia invadió la voz de Merilnen, pero luego siguió sonriendo; agarró de la mano a la hobbit y salieron del palacio, comenzando a hacerse ánimos de una nueva y triste partida.
El día era hermoso, y el Sol brillaba resplandeciente sobre las cabezas platinadas de los Elfos Silvanos que organizaban un pequeño banquete a orillas del río Celebrant, a la espera de la Compañía y sus Anfitriones. Los árboles del Bosque de Oro limitaban con el borde del río, para continuar al otro lado, centelleantes y mágicos.
La Comunidad llegó después de un rato a la orilla del río, en los botes que los Elfos les regalaron. El césped era mullido y tierno, y florecillas de todos colores se esparcían por todos lados creando un ambiente casi de ensueño. Los Elfos iban y venían, repartiendo blancura y canciones, llevando solemnemente frutas y jarrones de agua fresca a un gran mantel plateado estirado en el pasto. Pippin se frotó los ojos, pensó que esta despedida iba a ser totalmente melancólica, pero no! Había comida! Sonrió con alegría, al igual que su primo Merry.
Se acomodaron en el sitio luego de bajar de sus botes, esperando a que Galadriel y Celeborn llegaran; Lila comenzó a examinar su nuevo arco bajo la mirada de sus amigos, pero lo guardó al instante, sin decir nada. En realidad, nadie tenía mucho que decir. Irse de Lothlórien era realmente una pena...
A lo lejos, en el río, comenzó a asomarse una espectacular embarcación, no muy grande, pero hermosa; se asimilaba a un cisne blanco con las alas medio abiertas, delicados remos impulsaban su movimiento a través de las aguas y una bandada de pajarillos blanquecinos volaba a su alrededor, emitiendo dulces sonidos. Los Elfos del prado se acercaron a la orilla, y la Compañía los siguió. El barco era una reminiscencia de tiempos remotos, en los cuales las embarcaciones de los Altos Elfos eran magníficas y poderosas y navegaban por los Mares del Mundo.
El Cisne llegó a la orilla, y los Elfos que remaban acomodaron una pequeña escalerita, por donde bajaron, impresionantes, la Dama Galadriel y el Señor Celeborn. La concurrencia los recibió solemnemente, y los guió a donde se preparaba la merienda.
Los Señores se sentaron en el césped, y con una sonrisa, invitaron a sus huéspedes a hacer lo mismo. Galadriel los miraba con tranquilidad, y por primera vez, no entró en sus mentes y corazones, se quedó ahí, impávida, observando desde el exterior. Tomó un jarrón de agua fresca e hizo beber a los invitados. Les extendió bandejas de frutas y pan, y ellos comieron, aunque poco, por el nervio que la partida les producía. Los Elfos silvanos, entre tanto, hacían música; nadie decía una palabra.
Un sonido de alas llegó hasta ellos, y un trino especial; Galadriel miró hacia el bosque, y Lila también lo hizo, reconociendo al Ruiseñor que hace una semana la había acompañado. El pájaro salió de entre los árboles, y se posó en el hombro de la joven hobbit. Frodo lo miró y no pudo evitar sonreír.
-Tindómerel ha señalado la hora del adiós.-dijo Galadriel, impasible, señalando al ruiseñor.-Pero antes, debo hacerles entrega de dones y regalos que esta tierra les quiere brindar. Vengan, levántense.-
La Dama se alzó, y caminó hacia una mesa de mármol situada un poco más allá, ocho Elfos la custodiaban. En la mesita había una serie de objetos extraños y brillantes, a primera vista. Los miembros de la Comunidad se acercaron, un poco cohibidos.
Los ocho Elfos caminaron hacia cada uno, les quitaron sus viejas capas, y les pusieron otras nuevas, grises, livianas y mucho más cómodas. Se las sujetaron con unos pequeños broches que simulaban una hoja verde, con adornos de plata fina.
-estas capas son muy preciadas-explicó Celeborn-, fueron delicadamente confeccionadas con un material fino pero resistente. Los protegerá del frío, y no será necesario quitárselas cuando haga mucho calor. Es más, no se las quiten, porque los salvará de enemigos inoportunos. Se camuflan con el ambiente en el que se encuentren, sin que lo sepan, pasarán desapercibidos. Y no se ensucian ni se rompen con facilidad, ningún ser maligno puede arrebatárselas. Cuídenlas mucho.-hizo una pausa y luego siguió-En sus equipajes les hemos guardado cuerdas que les serán de mucha utilidad llegado el momento, y pan lembas para el camino. Merilnen se encargará de su distribución, pues ella bien sabe que con un pedacito uno de ustedes queda en pie durante todo el día.-
La Compañía asintió muy agradecida, y Galadriel hizo una seña, para que se acercaran un poco más a la mesita.
-Ahora debo entregarles mis regalos personales-dijo ella, con seriedad.-Aragorn, ven.-
El Dúnadan se adelantó, y Galadriel le entregó una vaina para su espada Andúril, forjada con los pedazos de la antigua Narsil; era resplandeciente, llena de pequeñas piedras preciosas, y el nombre de la espada grabado en oro. Luego, la Dama alzó una maravillosa piedra verde, engarzada en un broche de plata con la forma de un águila con las alas extendidas. La luz del sol pasaba a través de la piedra, y se asemejaba a la luz pasando a través del follaje de los árboles. La mirada de Aragorn centelleó de alegría.
-he visto el brillo en tu ojos-sonrió Galadriel-y ya sabes que la hora ha llegado. Hace mucho tiempo esta piedra llegó a mi como un Don para curar y embellecer la Tierra Media, pero ya estaba pronosticado que cuando cumpliese mi labor, la guardara y se la entregara a alguien más, a quien llamaría con el mismo nombre de la joya, porque él tiene el poder de curar, y juntos serán el consuelo de esta Tierra que envejece. ¡He aquí la Elessar, la Piedra de Elfo y te la entrego a ti con mi bendición! Desde ahora en adelante, también serás Elessar, aquí y para todos nosotros. ¡Usa bien tu regalo!- diciendo esto, le entregó la piedra al emocionado Aragorn, quien se inclinó sonriente, y se alejó de la mesita. Con la Elessar en sus manos, Aragorn de pronto pareció más alto e imponente, tan bello como los Antiguos Señores del Oeste. Su poder se revelaba cada vez más.
-Merry, Pippin, ahora es su turno-los llamó la Dama, y ellos corrieron hasta ella, ansiosos-; primero que todo, les entrego una bendición especial, para preservar su alegría y optimismo en todo momento, pues son dones que no fallan y que aumentan la esperanza en misiones como esta. Siempre que se sientan un poco tristes o cansados, piensen en mí, y los aliviaré de sus cargas, porque son luz y risas en medio del silencio y la oscuridad.-Puso sus manos en los cabellos de los hobbits, y les sonrió, ellos se habían ruborizado. Luego les dio unos bellísimos cinturones de oro con rubíes engarzados, y ellos marcharon felices y satisfechos.
"Qué bueno que alguien haya notado nuestro aporte en la misión!"-pensaron Merry y Pippin, con una sonrisa de oreja a oreja.
La Dama inmediatamente llamó a Legolas, y le entregó un hermoso arco élfico, con su respectiva aljaba llena de flechas finas y certeras, y además, un cinturón de plata.
-Legolas, eres joven y poderoso entre los tuyos, más en tu corazón hay sabiduría, sencillez y un amor duradero. Libera ese amor, y serás aún más libre y bendito-le aconsejó Galadriel; él bajó la mirada algo turbado y se alejó con agradecimiento.
Luego Merilnen fue llamada, y la Dama la abrazó con suavidad.
-Mi regalo es sencillo, y el único poder que tiene es el del recuerdo y la fe-le deposita en sus manos un fino brazalete con una Luna forjada en plata, y un Sol grabado en oro.-Cuando lo mires, recuerda que el Sol brilla para encender nuestros ánimos, y que la Luna sale cada noche para aliviar las penas. No te entristezcas, alégrate! El Fuego nunca se apaga, y su calor nunca se desvanece. Tienes mi amor incondicional y mi bendición.-
-hantalë...-agradeció Merilnen con la voz quebrada por la emoción, besó la mano de la Dama, y se unió a sus amigos.
Y llegó el turno de Gimli, quien caminó hacia Galadriel con una timidez extraña en un enano como él.
-Gimli, hijo de Glóin-comenzó la Dama-, tengo mucho regalos, pero ninguno hay en esta tierra élfica para un Señor Enano tan valiente y amable como tú. Sin embargo, si hay algo que tú desees, puedes pedírmelo y lo recibirás. Sea lo que sea, pues lo mereces.-
-Mi Señora...-masculló Gimli con torpeza- hay...hay algo que deseo con todo mi corazón y que considero un atrevimiento pedírselo; pero usted me ha permitido pedir lo que sea..., así que mi pedido sería...uno de sus cabellos, tan sólo uno! Porque usted es la Dama más hermosa que he visto, y sus cabellos brillan como el oro puro que se esconde en las montañas. Si tuviera ese cabello, lo guardaría en un cofre de cristal como tesoro y alegría de mi casa hasta el fin de los días.-
Los Elfos quedaron anonadados con el pedido de Gimli, pero Galadriel le sonrió, y soltó una risa cantarina y cálida, que jamás nadie había escuchado antes. Soltó tres cabellos dorados de su cabeza, y se los entregó a Gimli, quien la miraba asombrado y aturdido.
-Aquí está tu regalo, Señor Enano, y cuídalo bien; con el irán mis pensamientos y buenos deseos, para ti y tu pueblo. Haz sido sincero y eso merece elogios.-miró a los Elfos que se encontraban cerca de ella- Que ningún Elfo mire mal a este Enano! Pues su pueblo fue gentil con nosotros en tiempos anteriores, y si dejó de serlo, no fue sólo culpa de ellos. Este es tiempo para perdonar! Gimli, eres amigo de mi pueblo-le dijo Galadriel, y la Compañía se alegró por él, porque había encontrado en la Señora una amiga en vez de una enemiga.
En ese minuto, Lila supo que su turno había llegado. Se acercó a la Dama lentamente, y ella la recibió con los brazos abiertos.
-Mi querida Lila, sólo tú y yo sabemos cuanto has crecido este último tiempo, cuanto te has conocido, cuando has aprendido..., en tu corazón comienzas a entender la verdad de las cosas, la belleza del Mundo eternamente rodeada por una cuota de maldad, tu vida... Estás lista para partir, aunque es en el mismo camino cuando se sabe porque hay que recorrerlo, a que hay que enfrentarse. No te diré mucho más porque ya lo sabes, y porque estaré constantemente recordándotelo, pensando en ti y enviándote mis bendiciones. Revélate a los demás cuando lo consideres necesario, Hija del Crepúsculo.-Galadriel hizo una pausa para tomar una pequeña cajita de cristal de la mesa de mármol y se la extendió a Lila- Esta cajita es muy especial, no diré que es lo que contiene, basta con que lo veas para entenderlo. Te ayudará cuando lo necesites, y cuando no quieras ese tipo de ayuda, tendrás a Tindómerel a tu lado para brindarte consuelo-el Ruiseñor gorjeó con alegría, y Galadriel acarició su plumaje con suavidad.
Lila abrió la cajita con mucho cuidado, y lo que vio fue nada más que una pequeña porción de agua. Al principio no comprendió que significaba, pero una luz se prendió en su mente y recordó el Espejo. ¡Era agua del Espejo de Galadriel! La piedra blanca de Arwen centelleó con fuerza, confirmándole la naturaleza del regalo. ¿Le serviría para ver más allá? Miró a la Dama, y ella le sonrió con complicidad.
-no te preocupes, el cristal es resistente y no se romperá ni abrirá por ningún motivo. Sólo usa la cajita cuando lo necesites!-.
Lila la guardó en uno de sus bolsillos, y no pudo evitar abrazar a Galadriel con todas sus fuerzas, abrazo que la Dama respondió con cariño. La hobbit se alejó enjugándose los ojos, y Frodo sabiendo que era el último, se adelantó.
-Frodo, mucho de lo que le dije a Lila iba para ti, así como lo que te diré a ti es para ella también; ambos están unidos, y sé que estás cansado de que te lo repitan. Nadie lo dirá más. Recuerda que más allá de todas las revelaciones, eres Frodo Bolsón de La Comarca, y no debes dejar de sentirte como tal. Tu camino se avecina, oscuro y tenebroso, aunque el sol brille y los días reverdezcan. La misión arriesga a toda la Tierra Media, pero también te arriesga a ti. Piensa en ti, en tu salvación. Yo lo haré continuamente.-En la mano de la Dama se posaba un frasco alargado y luminoso.- En este frasco, Frodo, he guardado un poco de la Luz de Eärendil, nuestra estrella más amada, la Estrella de la Mañana y de la Tarde. Brillará en los momentos más desesperados, cuando todas las luces se hayan extinguido y necesites un alivio.-
Frodo recibió el frasco con manos temblorosas, y se sintió inmediatamente cargado con una fuerza esperanzadora. Eärendil lo acompañaría. La Dama lo besó en la frente con ligereza, y luego lo llevó junto con sus compañeros.
-es hora de partir-anunció Galadriel- namárië! Que los Valar los protejan y que sus caminos se muestren un poco menos escarpados! Nos veremos cuando el cielo se despeje y los mares sean dulces! Namárië!-
Hizo un gesto de despedida, y la Comunidad fue guiada hacia sus botes para partir. Cuando ya el agua del Celebrant los llevaba lejos de la orilla, cada uno de ellos veía a la Dama Galadriel y al Señor Celeborn de pie, despidiéndose con una mirada llena de predicciones y un aire de melancolía. Cada uno tenía algo que recordar del País Encantado, y se hallaban en silencio, como en las últimas horas, reviviendo momentos y pensando en lo que venía. Una melodía llegaba desde los árboles y el prado, una canción de adiós, y de un retorno. Un retorno espiritual...ellos jamás volverían a Lothlórien.
(1) En la oscuridad puedo comprender la noche: los sueños flotan, una estrella brilla. ¡Oh!...
