Primer Capítulo de SEDAE:

"Un extraño suceso nocturno"

Para cuando Sakura estuvo frente a la oficina central de Sinco, ya habían pasado las cinco de la tarde; horario en el cual la mayor parte de los empleados se había dirigido a sus respectivos hogares y debido a este hecho, quedaban muy pocas personas en el edificio.

Todo el camino estuvo debatiéndose entre lo que debería o no hacer, y al fin había llegado a la lógica conclusión, de que jamás podría hacer algo así, convertirse en la clase de persona que eso requería.

El problema era que ya estaba metida en ese callejón sin salida, puesto que si no se presentaba a dar la entrevista, haría quedar como un irresponsable a su tío, y este jamás le facilitaría un empleo en su empresa, mientras que si se quedaba allí y daba las pruebas necesarias para ingresar en esa corporación, lo más seguro era que la emplearan inmediatamente...

Mientras llenaba los interminables formularios y contestaba a las millones de preguntas que Sinco requería para incorporarla a su plantel, le vino a la mente la solución para aquél problema en que estaba metida y, lo mejor…sin hacer quedar mal a nadie, además de contar con la posibilidad de conseguir trabajo en la empresa de su tío. Si cumplía con la promesa hecha a France solicitando el empleo, pero a la vez tomaba todos los recaudos necesarios para que no se lo dieran...la situación no pasaría más que como un empleo que no le habían otorgado por falta de experiencia, requisitos, o cualquier otro motivo...

Con ese objetivo en la mente, deliberadamente cometió errores de ortografía, hizo mal las pruebas de mecanografía y taquigrafía esenciales para cualquier secretaria de alto nivel ejecutivo; y por supuesto, omitió cualquier detalle de su título universitario por el cual había pasado años estudiando y trabajando como una loca.

Pero el toque maestro fue la respuesta a la última pregunta que se le hacía en el formulario.

Las instrucciones indicaban que debía señalar en orden de preferencia, los tres puestos que deseaba ocupar en la empresa. La primera opción que escribió Sakura y con la letra más ilegible que le fue posible, fue la de "presidenta", la segunda la de "jefe de personal" y recién en último lugar escribió "secretaria".

Cuando el señor Weatherby, gerente personal de Sinco, leyó las pruebas a las que la habían sometido, como era de esperar, en su rostro se reflejó una expresión horrorizada.

Con el brazo hizo a un lado los demás papeles y tomó el formulario de solicitud de trabajo; Sakura notó que su mirada se dirigía directamente en la parte inferior de la página, donde ella anteriormente había escrito entre las tres opciones, el cargo que ocupaba el propio señor Weatherby.

Al leerlo, el rostro del gerente del personal se puso rojo de furia y Sakura tuvo que morderse el labio inferior para no estallar en carcajadas.

Tal vez después de todo, sí esté hecha para la intriga y el subterfugio -pensó con una sonrisa interior mientras el hombre que tenía delante se ponía de pie y le informaba con gran frialdad que ella no cumplía con ninguno de los requerimientos pedidos por Sinco para incorporar a sus empleados.

Una vez que se encontró fuera del edificio, Sakura descubrió que la tarde nublada de agosto se había convertido prematuramente en una noche oscura y ventosa. Con un estremecimiento compulsivo se cruzó de brazos tratando de mantener el poco calor corporal que aún conservaba.

El tráfico de la hora pico era denso, un mar de faros y de luces de giro pasaron junto a ella en ambas direcciones. Mientras esperaba que cambiara la luz del semáforo para así poder cruzar, pesadas gotas de lluvia comenzaron a mojar la vereda. Al ver que no venía ningún auto cruzó corriendo el boulevard de varios carriles con las sandalias pisando el resbaloso piso mojado sin caer ni tropezar de pura casualidad, y llegó a la vereda opuesta segundos antes de que una serie de autos pasaran rugiendo y tocando bocina a su lado.

Sin aliento y totalmente mojada, levantó la vista para mirar el oscuro edificio en construcción que se alzaba ante ella. El garaje donde había dejado su auto estacionado distaba cuatro cuadras del lugar donde ella se encontraba, pero si cortaba camino por los terrenos que rodeaban ese edificio en construcción, se ahorraría por lo menos una cuadra. Una ráfaga de frío viento que soplaba del río Detroit le enredó la pollera alrededor de las piernas y la ayudó a decidirse. Ignoró el cartel que decía "prohibido pasar" y se agachó para sortear las sogas que rodeaban el terreno.

Mientras que caminaba con la mayor rapidez que le era posible, debido a sus tacones y al terreno completamente desigual, Sakura levantó la vista y miró las luces diseminadas aquí y allá en el oscuro edificio. Las luces ardían en el interior del inmueble, y llegó a divisar cantidad de cajas apiladas en las oficinas, como si sus inquilinos se estuvieran preparando para ocuparlas.

Vio que si avanzaba pegada al edificio, este la protegía del fuerte viento que soplaba del río, de manera que se cuidó bastante de permanecer cerca de las paredes. Pero mientras caminaba con rapidez, se le ocurrió pensar que era una mujer solitaria y que se encontraba completamente sola en la oscuridad de una ciudad bastante famosa por sus crímenes. Ante ese pensamiento, sintió que la recorría una oleada de miedo.

Repentinamente oyó pesados pasos a sus espaldas, y su corazón comenzó a latir violentamente a causa del temor; empezó a caminar más rápido y notó que el desconocido también aceleraba el paso. Presa del pánico, comenzó a correr a los tropezones.

Justo cuando ya se aproximaba a la entrada principal del edificio, las enormes puertas de vidrio se abrieron de repente, abriendo paso a dos hombres que salían de la obra en construcción, sumida totalmente en las tinieblas, exceptuando por unas cuantas luces en las plantas superiores.

-Socorro-gritó, desesperada-¡Alguien...!

Su pie chocó con una pila de cables que se le enredaron alrededor del tobillo. Sakura voló por los aires, con la boca abierta en un aullido silencioso, agitando los brazos en un esfuerzo vano por recuperar el equilibrio, calló de cara en la tierra, justo a los pies de los hombres que salían.

-¡Pedazo de tonta-exclamó uno de ellos con una mezcla de enojo y preocupación, mientras ambos se inclinaban y la miraban con ansiedad-Qué demonios se cree que esta haciendo?

Sakura se alzó con ayuda de sus brazos, y levantó la vista.

- Practicando para trabajar en el circo - contestó con sequedad-Y si me piden un bis, por lo general me caigo de un puente en medio de la nada.

El otro individuo lanzó una risa profunda mientras la tomaba por los hombros y la ayudaba a mantener el equilibrio.

- Cómo se llama-preguntó.

Y cuando Sakura se lo dijo, agregó con tono y cara preocupada:

- Puede caminar bien?

- Los kilómetros que sean necesarios-le aseguró temblorosa. Le dolían todos los músculos del cuerpo, y el tobillo izquierdo, el cual se le había doblado al caminar, le latía dolorosamente.

- Entonces, supongo que lo más normal sería que llegue hasta el edificio sin ninguna clase de problemas, no? Para así poder ver los daños que se ha hecho - dijo el hombre con una aparente sonrisa, que se reflejaba en su voz.

Le pasó un brazo alrededor de la cintura, y se la acercó para que pudiera apoyarse en él.

- Shaoran - dijo el otro hombre- sería mejor que yo fuera a llamar a una ambulancia, mientras tú permaneces aquí con la señorita Kinomoto.

- No, por favor no llamen a una ambulancia-imploró ella- de veras que no es necesario, además estoy más avergonzada que lastimada. Agregó con desesperación, y suspiró con alivio, cuando el individuo llamado Shaoran empezó a conducirla hacia el oscuro vestíbulo. Pero al instante Sakura recapacitó que era muy poco aconsejable entrar a un edificio desierto con dos desconocidos, pero en cuando llegaron al vestíbulo, el segundo de los hombres encendió unas luces del techo, y prácticamente todas las dudas de Sakura se disiparon en el acto. Era un hombre de mediana edad y de aspecto digno, vestía un costoso traje conformado por saco y corbata haciendo juego. Aún en la penumbra su aspecto era más bien el de un industrial de éxito que el de un ladrón. Sakura miró de soslayo a Shaoran, que todavía le rodeaba la cintura con un brazo. Vestía jeans y una chaqueta de cuero. A juzgar por su perfil en sombras, dedujo que debería tener poco más de treinta años y no había nada en él que le resultara peligroso.

Shaoran se dirigió, al otro hombre, hablándole por sobre el hombro.

- Mike, en alguna de las salas de mantenimiento debe haber un maletín de primeros auxilios. Búscalo y súbelo.

- De acuerdo - contestó el otro hombre, encaminándose a un cartel luminoso que decía "escaleras".

Sakura miró con curiosidad el inmenso vestíbulo.

El piso estaba íntegramente recubierto por mármol travertino, al igual que los elegantes pilares que se alzaban hasta el cielo raso. Contra una de las paredes se alineaban docenas de macetas con árboles y arbustos, como a la espera de que alguien los colocara en su lugar definitivo.

Cuando llegaron a los ascensores, ubicados en el extremo opuesto, sin dejar de sostenerla Shaoran oprimió el botón de llamada. Las resplandecientes puertas de bronce se abrieron y entraron en el ascensor brillantemente iluminado.

- La voy a llevar a una oficina amueblada para que se siente y descanse hasta que pueda caminar por sus propios medios- Explicó Shaoran.

Sakura le dirigió una mirada sonriente y agradecida...

Y quedó totalmente petrificada.

De pie a su lado, las facciones ahora claramente iluminadas por la intensa luz del ascensor, se encontraba uno de los hombres más apuestos que había visto en su vida. Más sin embargo, en ese momento las puertas del ascensor se cerraron, y Sakura apartó la mirada del rostro de su acompañante.

- Gracias- consiguió decir en un susurro extraño y ronco, mientras se apartaba con timidez del brazo con que él la sostenía-Creo que ya puedo pararme sola.

Shaoran oprimió el botón del piso ochenta y Sakura contuvo el femenino impulso de pasarse la mano por el pelo para alisárselo...Lo consideró un gesto demasiado vanidoso y evidente; se preguntó si le quedaría algo de rouge en los labios, si tendría la cara sucia de tierra,… y de repente se detuvo.

Considerando que era una joven sensata, estaba reaccionando de una manera muy tonta ante algo que, después de todo no era más que una cara masculina atractiva.

¿Será realmente tan buen mozo?- Se preguntó a si misma.

Decidió que volvería a mirarlo, pero esta vez con discreción.

Con aire indiferente, levantó la vista del tablero que había sobre la puerta del ascensor, en el que se iban iluminando los pisos por los que pasaban.

Con cautela miró hacia un costado... él también estaba observando los números con la cabeza levemente ladeada, de perfil hacia ella.

Además de ser más guapo de lo que ella había creído, por lo menos debía medir un metro ochenta y cinco de estatura, tenía hombros anchos y era musculoso y de cuerpo atlético. Su abundante pelo oscuro era de un tono marrón café más claro en algunas zonas, que parecían reflejos aunque fueran naturales, y además de esto lo tenía maravillosamente bien cortado. Cada una de sus facciones orgullosas emanaban fuerza y masculinidad, desde las oscuras cejas rectas hasta el mentón arrogante.

La boca era firme, pero sensual.

Ella seguía estudiando los labios de su acompañante, cuando notó que éstos de repente esbozaban una sonrisa divertida. Levantó la vista con rapidez y, para su asombro y horror, descubrió que él había clavado en ella la mirada de sus penetrantes ojos color marrón oscuro con betas claras.

Una vez que fue descubierta en una situación tan embarazosa, ya que no solo lo estaba mirando fijamente, sino que estaba prácticamente segura que la expresión que aparecía en su rostro era una de total hipnotismo, optó por decir una excusa al menos algo coherente.

- Les... les tengo miedo a los ascensores-improvisó como enloquecida-tr…trato de fijar la atención en cualquier otra cosa para...este...para no pensar en las alturas.

- Me parece una actitud muy inteligente- comentó él, pero por su tono de broma era evidente que no admiraba su solución sensata al miedo de los ascensores, sino su ingenio al haber inventado una mentira tan plausible.

Sakura tuvo ganas de reír de la seca observación de Shaoran, y al mismo tiempo temió ponerse colorada porque sabía que no había logrado engañarlo. Pero no hizo ninguna de las dos cosas; en cambio mantuvo la mirada cuidadosamente fija en las puertas del ascensor hasta que se abrieron al llegar al piso ochenta.

-Espere aquí hasta que encienda las luces-Pidió Shaoran.

Instantes después se prendieron los paneles de luces del cielo raso, los cuales iluminaron todo el ambiente, cuya mitad izquierda parecía una inmensa zona de recepción, y cuatro amplias oficinas de paredes recubiertas de madera. Shaoran colocó una mano debajo del codo de Sakura; cuando avanzaron, los pies de la muchacha se hundieron en la espesa alfombra verde esmeralda, mientras ambos se encaminaban hacia el costado opuesto a los ascensores.

Esa otra mitad del piso ochenta tenía una zona de recepción aún más importante que la primera, con un escritorio circular para una recepcionista en el centro. A la derecha, alcanzó a ver una hermosa oficina que ya se encontraba equipada, con archivos pegados en las paredes y un resplandeciente escritorio de madera y cromo para una secretaria. No pudo menos que comparar ese escritorio con el que ella tenía en su empleo anterior, que era de acero y se encontraba en una oficina atiborrada de cosas donde trabajaban tres personas. Le resultaba difícil creer que un lugar tan amplio y lujoso estuviera dedicado a una simple secretaria.

Cuando expresó su pensamiento en voz alta, Shaoran le dirigió una mirada burlona.

-Las secretarias profesionales capaces se sienten muy orgullosas de serlo, y los sueldos que cobran crecen año a año.

-Sucede que yo soy secretaria- Anunció Sakura mientras cruzaban la recepción rumbo a una puerta doble de palo color blanco con betas grises-Antes de...este...conocerlo a usted, estuve en la vereda de enfrente, postulándome para un puesto de secretaria en Sinco.

Shaoran abrió ambas puertas de par en par y se hizo a un lado para dar paso a Sakura.

Ella sintió con tanta intensidad esos ojos marrones clavados en sus piernas, que le temblaron las rodillas, hasta el punto de que recién cuando estaba en el centro de la habitación pudo mirar a su alrededor.

Lo que vio la hizo detenerse de golpe.

-¡Santo Dios-Exclamó-Pero qué es esto?.

-Esto-contestó Shaoran, sin poder evitar una sonrisa ante la expresión estupefacta de la muchacha-Es la oficina del presidente de la empresa. Es una de las pocas que está completamente terminada.

Muda de admiración, Sakura paseó su mirada por la gigantesca oficina. La larga pared que tenía delante era de vidrio y proporcionaba una excelente vista panorámica nocturna de Detroit que se extendía muchos kilómetros a la redonda. Las tres paredes restantes estaban recubiertas en madera de palo de color blanco con betas grises.

Una mullida alfombra de color azul oscuro cubría el piso, y un magnífico escritorio de pino azul verdoso, ubicado a la derecha, enfrentaba la habitación. Había seis sillones cromados, tapizados en un verde musgo, estratégicamente ubicados frente al escritorio, mientras que, en el otro extremo del cuarto tres profundos sofás verde musgo formaban una U alrededor de una inmensa mesa ratona con tapa de cristal, cuya base estaba formada por un inmenso trozo de madera lustrada.

-Este lugar es sobrecogedor-murmuró ella.

-Prepararé algo para beber mientras llega Mike con el botiquín-dijo él.

Sakura se volvió a mirarlo sorprendida mientras él se acercaba a un sector de la pared y la presionaba con la punta de los dedos. Un enorme panel se deslizó silenciosamente hacia un lado y reveló un maravilloso bar hecho de espejos e iluminado por pequeños reflectores. En los estantes de cristal se veían vasos, copas y botellones de cristal.

Al notar que Sakura no respondía a su ofrecimiento de beber algo, se volvió a mirarla por sobre un hombro. Ella apartó la vista del bar y al mirarlo a los ojos notó la expresión que trataba de ocultar. Estaba obviamente divertido por su reacción de sorpresa ante tanta opulencia. De repente Sakura tomó conciencia de algo que hasta ese momento se le había escapado: mientras que ella no podía dejar de admirar el atractivo masculino de Shaoran, él parecía ignorarla por completo como mujer.

Después de seis años de soportar el asedio de los hombres, por fin conocía a uno a quien desesperadamente quería impresionar y que no reaccionaba como los otros. Un poco intrigada y decididamente desilusionada trató de no pensar en el asunto. Algunos afirmaban que la belleza estaba en los ojos del que miraba, y por lo visto al mirarla a ella Shaoran no veía nada interesante. ¡Y eso no habría sido tan terrible si además no la encontrara tan malditamente cómica!.

- Si quiere lavarse un poco, ahí hay un baño - indicó él, señalando con la cabeza la pared contigua al bar.

- ¿Dónde-preguntó Sakura, confusa, siguiendo la dirección de su mirada.

- Camine derecho hacia adelante y al llegar a la pared simplemente presiónela.

Le temblaban de nuevo los labios, estaba tentado de risa, y Sakura le dirigió una mirada de exasperación mientras hacía lo que acababa de indicarle. Cuando tocó la pared con la punta de los dedos, el panel se abrió revelando un baño espacioso, y ella entró.

- Aquí está el botiquín de primeros auxilios- anunció en ese momento el hombre llamado Mike, mientras entraba en la oficina. Ella estuvo por cerrar la puerta del baño, pero se detuvo cuando lo oyó decir en voz baja:

- Shaoran, como abogado de la compañía te aconsejo que esta misma noche hagas revisar a esa muchacha por un médico, para tener constancia de que no se ha hecho un daño grave. Si no insistes en ello, es probable que algún abogado reclame aduciendo que ha quedado inválida a causa de la caída y le haga juicio por varios millones a la compañía.

- ¡No sigas dándole tanta importancia al asunto- oyó que contestaba Shaoran- la chica no es más que una criatura agradable e inocente que se asustó por esa caída tan fea. Un viaje en ambulancia la aterrorizaría.

- Está bien- suspiró Mike- tengo una reunión con Troy a la que ya llegaré tarde, de modo que debo irme, pero por el amor de Dios, no le ofrezcas ninguna bebida alcohólica. Sus padres podrían iniciarte juicio por tratar de seducir a una menor y...

Intrigada e insultada al mismo tiempo por haber sido llamada criatura inocente y atemorizada, cerró la puerta en silencio, sin que ninguno de los dos hombres se percatara de que había llegado a oír parte de su conversación. Frunciendo el ceño, se observó su reflejo en el espejo de encima del lavatorio y sofocó un grito de terror y risa.

Tenía todo el rostro recubierta con tierra, el prolijo peinado que se había realizado para ir a la oficina de Whitworth estaba hecho un desastre y el pelo, antes atado con una hermosa cinta, le caía escandalosamente por la nuca; tenía mechones parados por toda la cabeza y el saco le colgaba del hombro izquierdo.

Soltó una risita ante la vista de su persona y pensó que parecía una caricatura de si misma...una especie de perro callejero, sucio y con la ropa rota.

Por algún motivo, se puso en mente la meta de salir de allí presentable, con un aspecto totalmente diferente al que ahora tenía. Se sacó con rapidez la manchada chaqueta azul marino, gozando enormemente por anticipado de la sorpresa que le esperaba a Shaoran cuando ella saliera del cuarto de baño, limpia y presentable.

Si el pulso comenzó a acelerársele a causa de la excitación mientras se lavaba la cara y las manos, se dijo que era sólo porque estaba a punto de poder reírse ella de él y no porque quisiera que la considerara atractiva. Pero tenía que apurarse; si demoraba demasiado tiempo allí dentro, su transformación no causaría el mismo efecto.

Se quitó las medias, haciendo una mueca de desagrado al observar los agujeros que tenía en las rodillas, tomó una de las toallas blancas y la mojó con agua jabonosa, después se la pasó fuertemente por las rodillas para sacar los restos de barro, y lo mismo hizo con la cara y los brazos. Una vez que estuvo razonablemente limpia, vació el contenido de su cartera sobre la mesada y luego de soltarse el cabello comenzó a cepillárselo vigorosamente, apurada por desenredarlo. Una vez que hubo terminado, el pelo color ámbar le caía sobre los hombros y la espalda en una suave y brillante cascada. Se pintó los labios y le dio un tenue toque de sombra a sus párpados.

Como último detalle, se delineó cuidadosamente sus profundos ojos verdes, continuando con el lápiz negro hasta el vértice final de sus ojos, dándole así un toque exótico y seductor a su rostro.

Satisfecha se alejó del espejo, y tomando aire para contener la sonrisa que pugnaba por salir de sus labios, abrió la puerta y entró nuevamente en la lujosa oficina.

Shaoran estaba de espaldas a ella, con postura totalmente relajada, propia de la gente con mucha confianza en sí misma. Se había despojado de la chaqueta de cuero, y la camisa blanca se ceñía a sus músculos, mientras preparaba algo para beber.

-Lo lamento, pero en este bar no hay bebidas que carezcan de cierto grado de alcohol, así que me he tomado la libertad de prepararle un agua con una gotas de limón y azúcar-dijo todo esto sin mirarla-Perdí tiempo porque tuve la necesidad de atender una llamada urgente, pero esto ya casi esta listo, encontró todo lo que necesitaba en el baño-Agregó.

Ante la mención de la limonada ella sofocó una carcajada risueña, y entrelazó las manos en su asiento, mientras se sentaba delicadamente en uno de los blancos y confortables sillones, permaneció quieta en su sitio, mientras observaba los movimientos económicos que Shaoran realizaba al ejecutar su tarea. Se sintió llena de suspenso cuando notó que el tapaba el botellón donde se encontraba el whisky, tomaba los dos vasos y se giraba en dirección a ella.

Dio dos pasos en su dirección y se detuvo, petrificado.

Juntó las cejas y entrecerró los ojos color marrón al notar la cascada de cabello color miel oscuro que enmarcaba el fino y aristocrático rostro de Sakura y caía con glorioso abandono sobre sus hombros y espalda. Su mirada asombrada se clavó en el rostro la muchacha, notó los ojos color verde esmeralda, sombreados por largas pestañas, en los cuales resplandecía una expresión de humor y burla; la nariz perfecta, las mejillas fuertemente coloreadas y finamente esculpidas, los labios suaves. Después la mirada se Shaoran se deslizó hacia abajo, hacia los pechos generosos, la cintura esbelta y las piernas largas y bien formadas.

Sakura pretendía que viera en ella a una mujer, y sin lugar a dudas lo había conseguido. En ese momento abrigaba la esperanza de que le dijera algo agradable, pero él no lo hizo.

Sin pronunciar una sola palabra, giró sobre sus talones, se acercó al bar y volcó el contenido de uno de los vasos en la pileta de acero inoxidable.

-Qué esta haciendo-preguntó Sakura con curiosidad.

Él le contestó con un tono entre irónico y divertido.

-Le mezclo un poco de gin a su limonada.

Sakura lanzó una carcajada y él la miró por sobre el hombro con una mirada triste.

-Sólo por curiosidad, ¿cuántos años tiene?

-Veintitrés.

-Y se presentó a solicitar un puesto de secretaria en Sinco antes de...caer a nuestros pies esta noche-musitó Shaoran, mientras agregaba una modesta cantidad de gin a su limonada.

-Si.

Él le alcanzó el vaso y señaló el sofá con un movimiento de cabeza.

-Siéntese...-dijo al ver que ella se ponía de pie para tomar el vaso que él el ofrecía- No debería estar parada con ese problema en el tobillo.

-En realidad ya no me duele-protestó ella, pero se sentó con docilidad.

Shaoran permaneció de pie delante de ella y la miró con curiosidad.

-Y en Sinco le dieron el empleo?.

Era tan alto que Sakura tuvo que echar la cabeza atrás para poder mirarlo a los ojos.

-No.

-Me gustaría echarle un vistazo a ese tobillo

Depositó el vaso sobre la mesa ratona, se arrodilló y comenzó a quitarle la sandalia. El solo contacto de los dedos de Shaoran sobre su tobillo envió descargas eléctricas a través de la pierna de Sakura, quien se puso tensa, sorprendida por su propia reacción.

Por suerte él no pareció notarlo mientras le exploraba cuidadosamente el tobillo con los dedos fuertes, los cuales le masajearon fuerte y suavemente el fino tobillo.

-Se considera una buena secretaria-preguntó él sorpresivamente.

-Mi ex jefe consideraba que si.

Shaoran le siguió hablando con la cabeza aún inclinada.

-Las buenas secretarias siempre hacen falta. Es probable que la oficina de personal de Sinco la llame y le ofrezca un puesto.

-Lo dudo-contestó Sakura con una sonrisa que le fue imposible de reprimir- Me temo que el señor Weatherby, el jefe de personal, no me crea demasiado inteligente-explicó.

él levantó la mirada y contempló con admiración masculina sus facciones vivaces.

-Sakura, yo creo que usted es tan brillante como una moneda recién acuñada. Weatherby debe de estar ciego.

-¡Por supuesto que está ciego-exclamó ella- De no ser así, jamás se pondría la corbata que usa.

Él sonrió.

-Tan horrible es?

-Espantosa-afirmó ella y el momento amistoso de repente se cargó de una extraña tensión. En ese momento, al sonreírle, Sakura sólo vio a un hombre muy buen mozo. Notó un leve cinismo en los ojos de Shaoran, atenuado por una gran dosis de calidez y de sentido del humor. También notó la dura experiencia estampada en sus facciones fuertemente cinceladas. Para Sakura, eso lo convertía en un hombre aún más atractivo. Además, era imposible negar el magnetismo sexual que ejercía sobre ella. Ese magnetismo emanaba de cada centímetro del cuerpo de Shaoran y la traía hacia él.

-No me parece que esté hinchado-comentó él, volviendo a inclinar la cabeza hacia el tobillo- Le duele?

-Muy poco, más me duele mi dignidad.

-En ese caso, es muy probable que mañana su dignidad y su tobillo estén completamente sanos.

Todavía de rodillas, tomó el tobillo de Sakura con la mano izquierda, mientras que con la derecha recogía la sandalia. Justo cuando estaba por ponéserla, levantó la cabeza para mirarla y su sonrisa perezosa hizo galopar el pulso de Sakura cuando le preguntó:

-No había un cuanto de hadas en el que un hombre busca a una mujer cuyo pie quepa en un zapato de cristal?

Ella asintió.

-Si. La Cenicienta.

-Entonces qué sucederá si le cabe este zapato?

-Lo convertiré en un hermoso sapo-bromeó ella.

Él largó una carcajada, un sonido rico y maravilloso. Ambos se miraron y algo relampagueó en las opacas profundidades de los ojos de él...una breve llama de atracción sexual que Shaoran sofocó con rapidez.

El momento de las bromas acababa de terminar. Le abrochó la sandalia y se puso de pie. Tomó su copa, bebió su contenido con rapidez y volvió a depositarla sobre la mesa ratona. Sakura presintió que era una señal poco agradable de que el tiempo que pasarían juntos había llegado a su fin. Lo observó inclinarse, tomar el teléfono que había sobre el otro extremo de la mesa y marcar un número de cuatro dígitos.

-George-dijo en cuanto le comunicaron- Soy Li Xiao-Lang- La joven a quien perseguía como intrusa se ha recuperado de su caída. Por favor, traiga el auto de seguridad a la entrada principal del edificio y llévela a donde ella le indique. De acuerdo, lo veremos dentro de cinco minutos.

A Sakura se le cayó el ánimo al piso. Cinco minutos, ¡Y ni siquiera sería él quien la llevara hasta su auto!. Y tuvo el espantoso presentimiento de que tampoco le preguntaría cómo podría ponerse en contacto con ella. Ese pensamiento eclipsó la vergüenza que sintió al saber que había estado huyendo de un guardia de seguridad.

-Usted trabaja para la empresa que construyó este rascacielos-preguntó tratando de postergar la separación y averiguar algo acerca de él.

Shaoran miró su reloj casi con impaciencia.

-Si.

-Le gusta el trabajo de construcción?.

-Disfruto construyendo cosas-contestó él lacónicamente-Soy ingeniero.

-Y cuándo este edificio esté terminado lo enviarán a otra parte?

-Durante los próximos años pasaré aquí la mayor parte de mi tiempo-contestó él.

Sakura se puso de pie y tomó el saco, completamente confusa aunque sin demostrarlo. Tal vez en los nuevos rascacielos, con complejas computadoras que se encargaban de manejar todo, desde la calefacción hasta los ascensores, fuera necesario mantener entre el personal activo alguna clase de ingeniero. Aunque qué importancia podía tener eso, pensó con una terrible sensación de frustración. Lo más probable era que nunca volviera a verlo.

-Bueno, muchas gracias por todo. Espero que el presidente de la compañía no descubra que arrasó con su bar.

Shaoran le dirigió una mirada extraña.

-Este bar ya ha sido arrasado por todos los porteros. Habrá que cerrarlo con llave para evitar que siga sucediendo.

Durante el descenso en el ascensor parecía preocupado y apurado.

Tal vez tenga una cita-pensó Sakura apesadumbrada.

Con alguna mujer hermosa, una modelo, por lo menos, si estaba a la altura de su sorprendente apostura. Por supuesto también era probable que estuviera casado...pero no usaba alianza, y no tenía el aspecto de un hombre casado.

Un automóvil blanco, con las palabras "Industrias Global-División de seguridad", había estacionado sobre la superficie de tierra frente del edificio y esperaba, con un guardia uniformado al volante. Shaoran la acompañó hasta el auto y le abrió la puerta para que ella se ubicara en el asiento del acompañante, junto al guardia de seguridad. Enseguida apoyó una mano sobre el techo del auto y se inclinó a hablarle.

-Conozco bastante gente en Sinco; llamaré a alguien para ver si pueden convencer a Weatherby de que cambie de idea.

A Sakura le levantó el ánimo esa indicación de que ella le gustaba bastante como para incitarlo a interceder en su favor, pero al recordar la manera en que deliberadamente había estropeado sus pruebas, meneó la cabeza con desolación.

-No se moleste. No cambiará de idea...le causé muy mala impresión. Pero gracias por el ofrecimiento.

Diez minutos después, Sakura paró en la playa de estacionamiento y salió al bulevar bañado por la lluvia. Hizo un esfuerzo por no pensar en Li Shaoran, siguió las indicaciones que le había dado la secretaria de France y contempló con ánimo sombrío su próximo encuentro con la familia Whitworth.

En menos de media hora volvía a entrar en esa mansión de Grosse Point. Los recuerdos del humillante fin de semana pasado catorce años atrás invadieron su mente y la hicieron estremecerse de miedo y de vergüenza. El primer día no fue del todo malo, ya que prácticamente estuvo sola. Lo pero empezó después del almuerzo del segundo día, Carter, el hijo adolescente del matrimonio Whitworth se presentó en su dormitorio, donde ella esta leyendo, y anunció que su madre le había pedido que la sacase de la casa porque esperaba la visita de algunos amigos, y no quería que la vieran. Durante el resto de la tarde, Carter la hizo sentir miserable, insignificante y atemorizada.

Además de llamarla cuatro ojos porque usaba anteojos, se refería constantemente a su padre, profesor de la Universidad de Chicago, como profesor de escuela, y a su madre, una importante concertista de piano, como la simple pianista de la familia.

Mientras acompañaba a Sakura a dar una vuelta por los amplios jardines de la casa, le hizo una zancadilla "accidentalmente" que la derrumbó en medio de un cantero con flores llenas de espinas. Media hora después, cuando acababa de cambiarse el vestido sucio y rasgado, Carter se disculpó y se ofreció a mostrarle los adorables y cariñosos perros de la familia.

Parecía tan sincero y ansioso, que ella decidió que el episodio de los rosales debía haber sido realmente accidental.

-En casa yo también tengo una perra-le confió con orgullo mientras se apuraba para mantener el paso a la par del de Carter cuando los dos cruzaban el bien cuidado parque en dirección a la parte trasera de la propiedad-Se llama Fluffi y es blanca-agregó cuando llegaron a un cerco que ocultaba un enorme canil cerrado por un alambrado de tres metros de alto. Sakura sonrió al ver a los dos Doberman, y se volvió hacia Carter, que en ese momento abría el enorme y pesado candado que abría el canil-Mi mejor amigo tiene un Doberman, juega con nosotros a la mancha y hasta a veces hace pruebas.

-Estos también deben de saber hacer algunas pruebas-afirmó Carter mientras abría la verja y se hacía a un lado para cederle el paso a Sakura.

Ella entró en el canil sin miedo.

-Hola perritos-saludó con suavidad, acercándose a los dos canes silenciosos y atentos. En el momento en que estiró la mano para acariciarlos, Carter cerró la puerta con fuerza y gritó:

-Cómanla muchachos, Cómanla!

Ambos perros se pusieron inmediatamente tensos, mostraron los dientes y gruñeron mientras avanzaban hacia Sakura que estaba petrificada.

-Carter-gritó la chica fuera de sí, retrocediendo hasta dar con la espalda pegada al alambrado-¿Por qué me gruñen así?

-Si estuviera en tu lugar, yo no me movería -se burló Carter desde el otro lado del alambrado-Si lo haces et atacarán y te morderán la yugular-y con esas palabras se alejó, silbando alegremente.

-No me dejes aquí-aulló Sakura-Por favor! No me dejes aquí!

Treinta minutos después, cuando la encontró el jardinero, ya no gritaba. Sollozaba histéricamente, con la mirada clavada en los dos perros que no cesaban de gruñirle.

-¡Sal de ahí de una vez-Ordenó furioso, el jardinero mientras abría la reja y entraba furibundo en el canil-¿Qué te has creído? ¿Por qué enfureces a los perros-y tomándola del brazo prácticamente la sacó a la rastra.

Cuando el jardinero volvió a cerrar la verja, algo en su total falta de temor impactó a Sakura, liberando sus cuerdas vocales.

-Me iban a morder el cuello-susurró con voz ronca por las lágrimas que le empapaban las mejillas.

El jardinero miró los ojos verdes atemorizados de la pequeña y parte del enojo se esfumó de su voz.

-No te habrían lastimado. Esos perros están entrenados para ladrar si ven a algún desconocido y para asustar a los intrusos, pero nada más. Saben bien que no deben morder a nadie.

Sakura pasó el resto de la tarde tirada en la cama, contemplando una variedad distintas de fórmulas de cómo vengarse de Carter, pero aunque le resultaba intensamente satisfactorio imaginarlo de rodillas, pidiendo misericordia, todos los planes que se le ocurrían eran muy poco practicables.

Esa noche, cuando su madre subió a buscarla para ir a comer, Sakura se había resignado a la necesidad de tragarse su orgullo y simular que nada había pasado. No tenía sentido que le contara a su madre lo sucedido con Carter, porque Nadeshiko Kinomoto era una ítalo-norteamericana que poseía la profunda y sentimental devoción de los italianos por su familia, por distante y oscura que esa relación "familiar" pudiera llegar a ser. Por lo tanto su madre, expondría caritativamente que Carter sólo le había hecho una broma de adolescente.

-Pasaste un lindo día querida-preguntó su madre mientras ambas bajaban la escalera curva, camino al comedor.

-No estuvo mal-murmuró Sakura; pero en su interior se preguntaba cómo sofocaría sus ganas de pegarle un puntapié a Carter Whitworth.

Cuando llegaron al pie de la escalera, una mucama anunció que el señor Fujitaka Kinomoto las llamaba por teléfono.

-Ve tú al comedor mientras hablo con tu padre-indicó Nadeshiko a su hija esbozando una de sus suaves sonrisas; tomó el teléfono ubicado en una mesita al pie de la escalera.

Al llegar a la arcada que daba al comedor, Sakura vaciló. Bajo una araña resplandeciente, la familia Whitworth ya se había sentado a comer ante la enorme mesa de comedor.

-Le advertí con claridad a esa mujer que debía bajar a comer a las ocho en punto-le decía en ese momento la madre de Carter a su marido-Ya son las ocho y dos segundos, si no tiene suficiente sentido común o la necesaria educación para ser puntual, comeremos sin ella-le hizo una seña con la cabeza al mayordomo, quien de inmediato comenzó a servir la sopa en los frágiles recipientes de porcelana ubicados frente a cada comensal.

-France, hasta ahora he sido tan tolerante como he podido con este asunto-siguió diciendo la mujer-pero me niego a volver a tener que soportar más huéspedes pesados y cargosos como estos en mi casa-volvió la cabeza elegantemente peinada para mirar a la mujer mayor sentada a su izquierda-Mamá Whitworth, habrá que poner fin a esto. Supongo que con esta gente ya habrá tenido suficientes datos para completar su libro.

-Si no fuera así, no tendría necesidad de estar rodeada de personas como ésas. Ya sé que son irritantes, mal educados y un sacrificio para todos, pero tendrás que tolerarlos un poco más de tiempo, Carol.

Sakura seguí parada en la puerta, con un brillo de rebelión en sus furibundos ojos verdes. Una cosa era que ella sufriera indignidades a manos de Carter, ¡pero no permitiría que esa gente horrible menospreciara al hombre brillante que era su padre y a su hermosa y talentosa a madre!.

En ese momento su madre se le reunió en la puerta del comedor.

-Lamento haberlos hecho esperar-dijo, tomando la mano de su hija. Ninguno de los integrantes de la familia Whitworth se dignó a contestar, sino que siguieron comiendo con toda tranquilidad.

Presa de una repentina inspiración, Sakura dirigió una rápida mirada a su madre, que en ese momento desdoblaba la servilleta de hilo y se la ponía en la falda. Inclinando piadosamente la cabeza, Sakura unió las manos en actitud de oración y dijo con voz aguda e infantil:

-Querido Dios, te pedimos que bendigas esta comida. También te pedimos que perdones a todos los hipócritas que se creen mejor que todos los demás porque tienen dinero. Gracias señor Amén-y evitando meticulosamente la mirada de su madre, tomó con calma la cuchara.

La sopa-por li menos Sakura supuso que se trataba de sopa-estaba fría. El mayordomo, de pie a un costado, notó que la pequeña depositaba la cuchara en el plato.

-Tiene algún problema señorita-preguntó

-Mi sopa esta fría-explicó ella, desafiando la mirada desdeñosa del hombre.

-Dios, qué imbécil eres-exclamó Carter mientras Sakura tomaba su pequeño vaso de leche-Esto es vichssoise y se supone que debe comerse frío.

En ese momento el vaso de leche se "resbaló" de las manos de Sakura y un blanco diluvio bañó a Carter y su traje.

-Oh, cuanto lo siento-exclamó la pequeña, sofocando la risa, mientras Carter el mayordomo trataban de secar la leche derramada-Sólo fue un accidente. Y Carter tú sabes mucho acerca de los accidentes, verdad? Quieres que les cuente a todos los "accidentes" que tuviste hoy-ignoró la mirada asesina del muchacho y se volvió a la familia Whitworth-Hoy a Carter le sucedieron muchos "accidentes". Mientras me mostraba el jardín "accidentalmente" me hizo una zancadilla y aterricé entre las rosas. Después, mientras me mostraba los perros "accidentalmente" me dejó encerrada en el canil y...

-Me niego a seguir escuchando tus desagradables y groseras acusaciones-dijo Carol Whitworth de mal modo, con el hermoso rostro tan frío y duro como un glaciar.

De alguna manera Sakura había logrado reunir el coraje necesario para mirarla a los ojos sin retroceder.

-Lo siento, señora-dijo con simulada dulzura-No sabía que era mala educación hablar sobre lo que me había sucedido en el día-y mientras toda la familia Whitworth la miraba echando chispas por los ojos, tomó la cuchara-Por supuesto-Agregó con aire pensativo-Tampoco sabía que era buena educación decir que los invitados son pesados y cargosos.

Holas!

Bueno, este capítulo casi ni lo modifiqué, pero eso fue porque no encontraba nada que pudiera cambiarle para mejor, extraño pero real…

Igualmente, uno de los motivos principales por los cuales volví a subir todos los capítulos de nuevo, es porque debido a mi retraso en actualizar varias personas que leían el fic me comentaron que no recordaban prácticamente nada, de modo que tomé esta decisión…acertada o no, no lo sé, lo sabré con el tiempo P…

Bueno espero que los que antes lo leyeron me disculpen por casi no haber hecho modificaciones, y a los que son nuevos lectores les agrade!

Mucha suerte!

Los veo en la próxima!

Y a los que leen el resto de mis fics, los veo allí!

Nadeshiko-Luna