Quinto capítulo: Un vuelo destrozado, y un corazon entregado.

-¡Eh, Shaoran! -exclamó una voz jovial desde corta distancia de donde ellos se encontraban-. ¿Eres tú?

Sakura retrocedió de un salto, soltándose de su abrazo, como si la hubieran descubierto haciendo algo inconcebiblemente malo, y enseguida se tentó de risa al escuchar a Shaoran que contestaba: con toda seriedad:

-¡Li se fue hace horas!

-No me digas¿se fue? Por qué? -preguntó el hombre acercándose y mirándolos con desconfianza desde la oscuridad del jardín.

-Sin duda debe haber tenido cosas mejores que hacer.

-eso veo -contestó el individuo, con tono bondadoso. Y habiendo identificado a su presa no mostró tener la menor inclinación por aceptar la grosera insinuación y alejarse. Con una sonrisa amistosa salió de las sombras. Era un individuo gordo y grandote que a Sakura le hizo pensar en un oso. Tenía el saco del esmoquin abierto, el cuelo de la camisa de etiqueta desabrochado y la corbata le colgaba alrededor del cuello. Sakura llegó a la conclusión de que tenía un aspecto… adorable. Instantes después Shaoran se lo presentó como Dave Numbers

-¿Cómo está, señor Numbers?-dijo ella con amabilidad.

-No puedo quejarme, señorita -replicó él con una afable sonrisa, y luego, volviéndose a Shaoran, le explicó-: No puedes ni imaginarte la partida de blackjack que están jugando en el yate de Middleton. Bebe Leonardos acaba de perder veinticinco mil dólares. Tracy Middleton no baja sus apuestas de tres mil y George lleva dos manos seguidas con dobles parejas... las leyes de probabilidades de que suceda una vez sonde cuatro mil a una. Las posibilidades de que eso suceda dos veces seguidas deben de ser ...

Sin abandonar su sonrisa amable, Sakura apoyó la cabeza en el pecho de Shaoran en busca de calor, mientras fingía escuchar los detalles que proporcionaba Dave Numbers sobre los resultados de la partida. No sólo tenía frío, sino que sentía que se adormecía y la caricia de Shaoran, que movía perezosamente una mano por su espalda, ejercía sobre ella un efecto hipnótico. Sofocó un bostezo y luego otro, y pocos minutos después se le cerraron los ojos.

-Estoy durmiendo a tu compañera, Shaoran - se disculpó Numbers cuando hablaba de los posibles resultados de un partido de fútbol próximo a disputarse.

Avergonzada, Sakura se irguió y trató de sonreír, intentó esbozar una sonrisa, que no pasó de una mueca somnolienta, cosa que Shaoran observó con sentido del humor.

. -Creo que Sakura está lista para la cama -dictaminó..

EL hombre la miró y de inmediato le guiñó un ojo a Shaoran.

-¡Qué suerte tienes!- y después de hacerles un saludo con la mano, se volvió y echo a andar hacia la casa.

Shaoran la abrazó con fuerza y enterró la cara en el fragante cabello de Sakura.

-Te parece que es cierto, Sakura?

Sakura se acurrucó contra su pecho.

-¿Si es cierto qué?-murmuró

-Que esta noche voy a tener suerte

-No.- contestó ella casi dormida.

-Eso me pareció-rió él, sacudiéndola suavemente-. Vamos, ya estás casi dormida-Le rodeó los hombros con un brazo y empezó a caminar de regreso a la casa.

-Me gusta el señor Numbers -Comentó ella.

Divertido, Shaoran le dirigió una mirada de soslayo.

-Su nombre de verdad es Mason. Numbers es un sobrenombre.

-Ah, porque debe de ser un genio de las matemáticas- dijo Sakura con admiración- Y es un hombre agradable. Es muy amistoso y…

-Un levantador de apuestas-informó Shaoran-

-Un qué?-exclamó Sakura, trastabillando sorprendida.

Cuando llegaron junto a la casa, la fiesta se hallaba en su mayor apogeo, a pesar de lo avan­zado de la hora.

-¿Esta gente nunca duerme? -preguntó Sakura cuando entraron en el interior de la casa, donde había un gran alboroto de risas y voces.

-No, si pueden evitarlo- contestó él, observando la escena con indiferencia. Le preguntó a un sirviente por la habitación que le había sido asignada a Sakura, y luego la condujo al piso superior.-Yo me quedaré en la Caleta esta noche, y mañana pasaremos el día allí… los dos solos.-Al abrir la puerta del dormitorio de Sakura, agregó- Las llaves de tu coche las tiene el mayordomo. Mañana, en cuanto te levantes, dobla en la carretera en dirección hacia el norte, y, tres kilómetros después, gira a la izquierda en el primer camino lateral que encuentres. La Caleta está al final del cami­no y es la única casa de la zona… no te puedes equivocar. Te espero allí a las once.

Su arrogante suposición de que ella estaría más que encantada de reunirse allí con él-y de hacer cualquier cosa que se le antojara- provocó en Sakura una sensación a la vez divertida y exasperada

-¿No deberías preguntarme si estoy dispuesta a ir allí para estar sola contigo?

Shaoran lanzó una risita.

-Ya sé que quieres. -contestó. Le sonrió como si se tratara de una chiquita de nueve años y se burló un poco de ella- Si no tienes ganas , sólo tienes que girar hacia el sur y tomar la autopista que te llevará hacia Missouri-Entonces la tomó en sus brazos y reclamó sus labios para darle un beso largo y ardiente-. Nos veremos a las once.

Algo resentida, Sakura contestó con impertinencia:

-A menos que decida ir a Missouri.

Cuando se hubo marchado, se desmoronó en la cama sonriendo, preguntándose cómo un hombre podía ser tan arrogante, presumido y al mismo tiempo maravilloso. Ella siempre había estado demasiado ocupada con sus estudios, su empleo y su música para involucrase profundamente con un hombre, pero ya era una mujer adulta. Sabía lo que quería, y quería a Shaoran. Era todo lo que debía ser un hombre: fuerte, suave, inteligente, sabio…. Y además tenía sentido del humor. Era buen mozo y sexualmente atractivo…

Sakura tomó la almohada, la rodeó con sus brazos, y la atrajo hacia su pecho; después la refregó contra u mejilla como si la tela blanca fuese la camisa de Shaoran. él estaba jugando con el juego del deseo, pero ella quería que además la quisiera…. Quería conquistarla. Y si quería que la amara tenía que ser diferente a las mujeres que él conocía...

Sakura se tendió de espaldas y contempló el cielo raso. Decidió que Shaoran estaba demasiado seguro de ella. Por ejemplo, no tenía dudas de que ella iría a encontrarse con él en la Caleta. Una buena dosis de inseguridad tal vez le quitara parte de su equilibrio y ayudara a sus propósitos. Por lo tanto llegaría tarde, se demoraría justo el tiempo necesario para que Shaoran creyera que no iría. Las once y media sería una hora perfecta. Para entonces Shaoran habría decidido que no iría, pero no habría tenido tiempo de irse a otra parte. Todavía abrazada a la almohada, y con la sonrisa en los labios, Sakura se quedó dormida. Se durmió con la paz interior y con el júbilo profundo de la mujer que sabe que ha encontrado al hombre cuyo destino está enlazado con el suyo.

OoOoOoOoOoO

El aeropuerto estaba prácticamente vacío, a pesar de que Dallas era una ciudad bastante grande y autosuficiente, se seguía conservando el ritmo habitual en cuanto al trabajo y el movimiento económico de viejas épocas, por lo tanto, era razonable que un domingo a las once de la mañana no hubiera ni un alma por allí, sin contar a una joven que se hallaba cómodamente sentada en un asiento de los miles que había en el lugar.

A pesar de que exteriormente parecería que se hallase absolutamente tranquila y serena; por dentro la estaban carcomiendo los nervios.

El vuelo 108-CN proveniente de Italia acaba de decolar por la plataforma número 52.

Ella se puso de pie rápidamente, al tiempo que comenzaba a restregarse las manos unas con otras para así tratar de disminuir en algo la repentina humedad que las acosaba, y se encaminó hacia la plataforma de llegada.

Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho de lo rápido que latía.

Ese día se sabría toda la verdad.

Bueno, tal vez no toda- se reconoció a sí misma.

Pero sí una parte muy importante de su vida que llevaba oculta desde hacía demasiado tiempo.

Levantó su extraviada mirada, que se posaba fijamente en la punta de sus zapatos-cosa que hacía inconscientemente cada vez que era absorbida por sus pensamientos-y observó el avión del cual se suponía que debía bajar el pequeño fruto de un amor tan intenso.

Una tenue luz de alarma se encendió en su cabeza al ver que bajaban unos diez pasajeros-de seguro los únicos que había decidido viajar en ese nublado y frío día- y entre ninguno de ellos se hallaba su hijo.

La luz brilló en todo su esplendor, paralelamente que un sudor frío le recorría el cuerpo, al notar que las compuertas se cerraban y los ayudantes de pista se disponían a dejar todo listo para guardar el avión y dejarlo en condiciones para el próximo vuelo.

Desesperada y frenética, se dirigió con pasos apresurados al mostrador de informes, mientras sentía el ecos de sus zapatos chocar contra el duro piso de linóleo.

En el puesto de informes, la única empleada que se hallaba allí, se encontraba cómodamente recostada contra la silla de color azul eléctrico, con los pies apoyados sobre el escritorio, al tiempo que sostenía entre su hombro y oído el tubo del teléfono y con la mano derecha jugaba asquerosamente con un chicle rosado que salía de su boca, y al cual ya había estirado por lo menos unos quince centímetros.

Trató de llamar su atención de todas las formas y métodos posibles; movió las manos de un lado hacia el otro, saltó, por poco no bailó una polca en el aire (si, ya quisiera ver como haces eso…) y sin embargo, la condenada mujer siguió concentrada en su amena conversación.

Ella puso los ojos en blanco, al advertir que la joven sonreía con ese mohín típico de las mujeres enamoradas… en cualquier otro momento, la hubiera comprendido y hasta hubiera permitido que siguiera tranquilamente con su charla, puesto que en su momento, ella habría deseado que alguien hubiera tenido ese simple, pero cordila y hasta a veces imprescindible, gesto para con ella; sin embargo, ahora estaba en juego el paradero de su hijo, y eso estaba por sobre todas las cosas.

Cuando estaba a punto de sacarse un zapato y partir en trocitos el vidrio que la separaba y aislaba de la feliz empleada-sin siquiera preocuparse son la mataba con eso- un grito a sus espaldas la contuvo justo a tiempo.

-Mamma!

Por Dios era el sonido más hermoso del mundo, no sólo porque había sufrido una eternidad en apenas cinco minutos, sino también porque hacía meses que no se hallaba bajo el mismo techo que ese pequeño diablo y cada vez que lo veía después de un tiempo se daba cuenta de lo imprescindible que era esa personita en su vida.

Con la velocidad de un rayo, se giró sobre sus talones, y sus ojos se inundaron de lágrimas, al notar el cambio producido en su hijo.

El niño corría torpemente hacia ella con los brazos abiertos de par en par, los cuales la estrecharon en un asfixiante abrazo, cuando sus cuerpos entraron en contacto.

Sintió el inconfundible aroma a dulce que emanaba de su primogénito, y pensó que si pudiera elegir, moriría de esa forma, asfixiada por los brazos de su hijo e impregnada de su empalagoso aroma.

Franchesco le tenía devoción a los dulces; cualidad que de seguro había heredado de su golosa tía.

Lentamente, se desprendió del abrazo de su hijo-aunque no del todo y lo obsequió con una sonrisa.

Su cabello era una mezcla indefinida, oscilaba entre el negro más profundo y unos firmes reflejos cafés. Lo mismo sucedía con sus ojos, que había resultado ser del color del tiempo…. En ese preciso momento, eran una mezcla entre el gris plateado y el tinte azulado que nunca lo abandonaba.

Ya aliviada, se disponía a preguntarle a su hijo por qué no había bajado del avión con los restantes pasajeros, cuando una voz la hizo levantar la mirada.

-Tanto tiempo, Tomoyo amore mío.

La sonrisa se le congeló en los labios, al observar el cabello castaño oscuro del color de los granos maduros del café, y los ojos del mismo color que la miraban con una mezcla de frialdad y furia…

Era un rostro demasiado conocido como para que ella pudiera observarlo y volver a respirar con tranquilidad…

Él la había perseguido en sus sueños a lo largo de todos los años que había estado separados… pero lo que más la atemorizaba, era el hecho de que se hallara allí, mirándola del modo en que ella sabía que lo haría, cuando se encontrara frente a frente con su hijo…

¿Qué demonios haría ahora?

De acuerdo con su plan de llegar un poco más tarde a La Caleta, Sakura le pidió al mayordomo las llaves de su auto y salió de la casa a las once y veinte, pero cuando llegó a su coche, se encontró con la desagradable sorpresa de que éste se encontraba bloqueado por otros seis vehículos, por lo menos. Cuando después de conseguir localizar a los propietarios, éstos retiraron los coches, eran ya las doce menos cuarto, y Sakura estaba frenética. Salió al camino alterando con fuerza el volante del auto ¿ Y si Shaoran sabía decidido no esperarla?.

Exactamente a tres kilómetros de lo de los Middleton vio un camino que se abría a la derecha y un cartel indicador que decía "La Caleta". Allí dobló y subió a toda velocidad la cuesta indicada, asustando a su paso a los conejos y las ardillas del bosque.

Una casa en forma de L se erguía al final de camino, una estructura espectacular de vidrio y de madera de cedro sin cepillar que daba la impresión de formar parte de un risco que se alzara sobre el océano Pacífico. Sakura frenó el auto junto a la casa, tomó la cartera y se apresuró a recorrer el camino de lajas que conducía a la puerta de entrada.

Tocó el timbre y esperó, después volvió a tocar y esperó un rato más. Pero cuando tocó por tercera vez, sabía ya con seguridad que no había nadie dentro para abrirle. La casa estaba desierta.

Sakura miró tristemente al jardín de césped que se extendía a sus pies, desalentada. No tenía sentido que se encaminara hacia la parte trasera , porque la casa estaba construida en el borde de un risco y detrás sólo había una caída de treinta metros hasta el agua y una galería de cedro que parecía suspendida en el aire.

-Shaoran no me esperó demasiado-pensó con amargura. AL ver que no llegaba a la hora indicada, debió de creer que ella había decidido volver a Missouri. El no tenía el coche allí, así que lo más probable era que se hubiera marchado a algún lugar con el dueño de aquella casa.

Sakura echó a andar por el sendero que conducía a la salida, desolada y con ganas de llorar. No podía quedarse allí sentada esperando que Shaoran acudiera a dormir aquella noche, y tampoco podía volver a casa de los Middleton sin él, pues ella no era más que su acompañante. Se sentía co­mo una tonta por haber intentado hacerle una jugarreta a un hombre que era un maestro en seme­jantes menesteres. Por hacerse la interesante con un hombre, que sin dudas no soportaba ese tipo de cosas, iba a tener que pasarse aquel día en la carretera, de vuelta a Missouri, en vez de disfrutar de unas horas maravillosas con Nick.

Sakura trató de tragar el nudo que se le había formado en la garganta, abrió la puerta del auto y depositó la cartera sobre el asiento. Se paró otra vez a contemplar la belleza salvaje que la rodeaba y entonces su mirada se detuvo en unos escalones cavados en la piedra del risco, a poca distancia de donde ella se encontraba, oyó un extraño sonido metálico que venía de abajo. Sin duda los escalones conducía a la playa por entre los árboles… ya allá abajo había alguien. Mientras empezó a bajar los inclinados escalones

Se detuvo en el último escalón; paralizada por la emoción y la alegría al ver la figura tan familiar y delgada de Shaoran , vestido únicamente con unos pantalones blancos de tenis, luciendo al sol su hermosa piel bronceada y su cuerpo musculoso. Se encontraba muy ocupado arreglando el motor de una pequeña lancha sobre la arena, de espaldas a ella.

Durante un rato, Sakura simplemente lo observó, solazándose en la vista de sus anchos hombros y sus brazos musculoso, de su espalda musculosa que brillaba como bronce al sol.

Y mientras ella permanecía allí parada, de repente él dejó de trabajar y consultó su reloj pulsera. Al ver la hora, dejó caer el brazo y se volvió con lentitud para mirar algo a su derecha. Sakura siguió su mirada y quedó conmovida por lo que allí vio. Shaoran había extendido dos mantas sobre la arena, bajo una sombrilla, y un poco más allá, un mantel preparado con cestas de picnic que tenían el aspecto de estar repletas de comida.

Sakura comprendió que Shaoran debía de haber subido y bajado esas escaleras de piedra no menos de media docena de veces. Considerando que pocos minutos antes creía que ni siquiera le interesaba lo suficiente como para esperarla, esa prueba de que en realidad le importaba le resultó bastante emocionante.

No tan emocionante, se recordó con rapidez mientras trataba, sin éxito de ocultar su sonrisa. Después de todo, lo que en ese momento era le escena cuidadosamente preparada de su propia seducción… De su propio intento de seducción, se corrigió sonriendo para sus adentros.

Alisó la remera de terciopelo verde que hacía juego con sus shorts, y decidió saludar a Shaoran. Por supuesto que él se mostraría indiferente, simulando no haber notado su tardanza. Con esa idea en la mente, se adelantó. Por desgracia nos e le ocurrió nada ingenioso para decir.

-¡Hola! -exclamó con tono alegre.

Todavía inclinado, Shaoran se volvió con lentitud, sin soltar la herramienta que tenía en la mano. Cruzó los brazos sobre el pecho y la miró con ojos fríos y de expresión inescrutable.

-Llegas tarde-dijo.

Su respuesta había sido tan distinta de lo que ella imaginaba, que Sakura tuvo que hacer une esfuerzo par ano reír mientras se le acercaba.

-¿Creíste que no vendría? -preguntó en tono inocente.

Shaoran levantó las cejas en un gesto irónico.

-No era eso lo que se suponía que debía creer?

Aquello no era una pregunta, sino una acusación en frío. El primer impulso de Sakura fue negarlo, pero terminó por asentir con la cabeza sin poder contener una sonrisa.

-Si-confesó con suavidad, mientras notaba que la expresión de frialdad desaparecía de los ojos de Shaoran dando a lugar a un interés cálido, casi a una expresión fascinada-Te sentiste desilusionado?-Preguntó ella enseguida, pero en el acto se arrepintió, porque sabía que Shaoran se vengaría con una respuesta cortante.

-Me desilusioné muchísimo-. Contestó él en cambio, en voz baja.

N calor traicionero invadía el sistema nervioso de Sakura cuando miraba esos hipnotizantes ojos marrones, y al ver que Shaoran se erguía con lentitud retrocedió un paso.

-Sakura?

Ella tragó con fuerza para poder hablar.

-¿Sí?

-¿Te gustaría que comieramos algo antes?

-¿Antes? -repitió ella en un susurro-. ¿Antes de qué?

-Antes de salir a navegar.-contestó él, mientras la estudiaba intrigado.

-¡Ah! A navegar! -exclamó ella con una carcajadas-. Sí, gracias, me encantaría comer primer. Y me encantaría salir a navegar.

OOOOOO

Aquel día resultó ser uno de los más felices de la existencia de Sakura. Llevaban dos horas navegando y durante ese tiempo se había establecido entre ellos una agradable camaradería. Habían charlado y reído hasta la saciedad, y en aquel momento descansaban en silencio. Sakura contem­plaba el puro cielo azul, surcado por algunas nubecillas blancas. Shaoran, sentado en la proa, la miró sonriente y ella le devolvió la sonrisa. Luego, volvió la cara al cielo, consciente de que los escru­tadores ojos grises de Shaoran no se separaban de ella.

-Podríamos echar aquí el ancla para pescar y nadar un poco. ¿Te gusatría?- preguntó Shaoran

-Sí, estupendo.-Sakura lo observó ponerse de pie y empezar a arriar la vela.

-Con un poco de suerte, podremos pescar algo de pescado azul para la cena -comentó Shaoran, sacando dos cañas de pescar-. También hay unos salmones estupendos en el lago, pero para capturarlos necesitaríamos cañas especiales, y además, es muy complicado.

Sakura había ido a pescar muchas veces con su padre por los ríos y arroyuelos de Missouri, pero nunca lo había hecho desde una embarcación. No tenía ni idea, por tanto, de cómo era aquella caña especial ni las complicadas maniobras que habría que hacer con ella, pero estaba dispuesta a averiguarlo, pues si al hombre del que estaba enamorada le gustaba la pesca, a ella también.

-¡Ha picado uno! -exclamó Shaoran media hora después, mientras su línea salía disparada lago afuera. Sakura dejó caer su caña y salió corriendo hacia la proa, donde estaba Shaoran. Sin pensarlo dos veces, empezó a gritarle indicaciones.

-¡Mantén la punta de la caña hacia arriba y el sedal tenso¡No dejes que se afloje! Se aleja… dale cuerda y después recoge.

-Dios que mandona eres! -contestó Shaoran con una sonrisa y tirando con fuerza, recién entonces ella se dio cuenta de que pescaba como un experto. Algunos instantes después Shaoran se agachó sobre la borda y con una red de mando largo sacó del agua un gran róbalo. Como un chiquito orgulloso que muestra su trofeo a una persona muy especial, sostuvo en alto el pez para que Sakura lo admirara-. Bueno¿qué te parece?

Al ver su sonrisa ilusionada y sus ojos brillantes, Sakura sintió que el amor que Shaoran desper­taba en ella crecía y le oprimía el pecho con una emoción desconocida.

Eres maravilloso!-pensó

-Es maravilloso -dijo.

Y en aquel momento, aparentemente sin importancia, Sakura tomó la decisión más fundamental de su vida. Aquel hombre era ya dueño de su corazón; era lógico que aquella misma noche tambien fuera dueño de su cuerpo.

OoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoO

-De modo que has decidido otorgarles el aumento, a pesar de todo?

Él miró a la hermosa joven que tenía sentada frente a él y por un instante se preguntó, qué era lo que le impedía enamorarse de ella. Constituía todo lo que siempre había admirado en una mujer, era elegante, distinguida, fría cuando debía serlo y lo suficientemente ardiente en la cama, la única contra que podía encontrársele era que tal vez era demasiado distante y reservada… es decir, exactamente igual a él… y además…

Que nunca sería igual a ella.

No, Tomoyo y su prometida eran lo que se llamaría polos opuestos; mientras que la mejor amiga de su hermana era tierna, dulce y cariñosa, Ruby era lo que se llamaría… seca; nunca demostraría su cariño hacia él u otra persona de manera espontánea, uno tenía que aprender a leer una especia de idioma subliminal mediante el cual, apenas se podía entender lo que ella sentía.

Era como verse reflejado en un espejo.

Tal vez ése era el motivo por el cual ella era la única que había logrado permanecer a su lado por un tiempo razonable. De hecho más que razonable; él no se caracterizaba precisamente por ser estúpido, y sabía que en su empresa todos ansiaban el momento en que anunciaran su próximo casamiento.

No obstante, él no pensaba contraer nupcias pronto, nunca de hecho.

El único motivo por el cual Ruby llevaba ese costoso y elegante anillo en su anular, era porque él deseaba "protegerla" de alguna forma, de la reputación que se ganaba cada mujer que pasaba por su vida…

Y ella lo sabía.

-Touya?

La suave voz de su novia lo trajo de vuelta a la realidad.

-Eh?

-Es muy interesante su comida?

Él miró con renovado interés su plato de costillas de cerdo con papas a la crema esperando encontrar a las costillas saltando entre ellas (antes de que me olvide, gracias a mi compañera de banco, Julieta por brindarme la cena de mi amado Touya, cuando no sabía que darle de comer…). No obstante no encontró nada inusual.

-Por qué lo dices?-dijo frunciendo ligeramente el ceño. En ocasiones, aún podía ser tan ingenuo como un niño de dos años.

-Porque llevas por lo menos cinco minutos mirando tu plato con una concentración envidiable.

Perplejo, tardó en comprende que ella se refería a que había estado perdido en sus pensamientos por más tiempo del debido.

-Lo siento-instantáneamente, fabricó la excusa habitual que compartían cuando él no quería decirle en que había estado pensando- Es que Yamazaki me ha estado atosigando nuevamente con cuestiones absurdas.

Ella asintió, con sus ojos color violeta oscuros repletos de su habitual expresión de frialdad.

-Entonces; por qué me trajiste a cenar aquí?

-Directa y concisa como siempre-pensó él

Se hallaban en un restaurante de comida francesa, extremadamente elegante y expensivo; pero la razón por la cual ella le preguntaba eso, era porque cada vez que él la llevaba a sitios elegante, en vez de servirle una apetitosa comida casera en su casa, era porque tenía una noticia que darle.

Y generalmente, no era una muy alentadora.

-Su semblante te tensó y se convirtió nuevamente en el hombre de negocios conocido por todos. No era muy diestro manejando los asuntos afectivos.

De hecho, nunca lo había sido.

-A decir verdad, es precios que realice un viaje a Dallas para ver a mi familia, y preferiría hacerlo solo-dijo con un tono de voz y una expresión ligeramente hoscas.

Ella simplemente lo miró, y adoptó una expresión escéptica.

No lloró, no mostró desilusión alguna, no tuvo un ataque de histeria, ni gritó a los cuatro vientos que era un cretino que la ocultaba a su familia y que sólo la utilizaba para una cosa.

De hecho, esbozó una sonrisa, y luego comenzó a reír a carcajadas.

Al ver la consternación en el rostro masculino, expresó:

-Y por eso te gastaste novecientos dólares en una cena?-dijo conteniendo la risa- Touya, me lo podrías haber dicho en la oficina. Cuánto planeas quedarte?

Él se sintió ligeramente incómodo por el evidente desinterés que ella demostraba; pero después de todo eso era lo que él siempre había buscado, alguien que no le hiciera planteos exagerados, ni escenas de celos, no era así? Al pensar en eso, se le cruzó por la mente, la imagen de una morocha con los ojos encendidos de furia al tiempo que le arrojaba la cartera por la cabeza…

La apartó y relegó al rincón de sus recuerdos y se concentró nuevamente en contestar la pregunta.

-no lo he pensado detenidamente, pero supongo que no más de un mes.

-De acuerdo entonces-y con eso, ellas dio por finalizado el tema, y ubicó la conversación en el plano que más l agradaba… los negocios.

Touya la escuchó, al tiempo que comía su cena, y trataba de comprender lo que ella intentaba decirle.

O-O-O-O-O

El aeropuerto rebosaba de gente, personas eufóricas que corrían de un sitio al otro, chocándose mutuamente, empujándose..

ÉL caminaba lentamente, sin importarle un palmo lo que pasaba a su alrededor, iba concentrado en sus propio problemas y pensamientos.

En realidad, sus problemas y pensamientos eran lo mismo, hacía tanto tiempo que ocultaba los primeros que habían llegado a convertirse en los segundos atormentándolo no sólo en la realidad, sino también en su mente.

Una voz infantil que hablaba el español con notable dificultad y con una mezcla de acentos lo suficiente importante y notable como para llamarle la atención, despertó su interés.

Intrigado, se dirigió con su pasaje y la boleta para recoger su maleta una vez que hubiera llegado a destino, al encuentro con ese jovencito de apenas unos tres años que intentaba hacerse oír por l señorita de informes.

Acción bastante difícil de realizar, puesto que ni siquiera llegaba a alcanzar el mostrado.

Increíblemente maravillado con ese niño que apenas debería saber hablar bien su lengua natal-cualquiera que fuese, puesto que pronunciaba con un acento italiano algunas palabras, y otras con algo que daba toda la impresión de ser un rasposo japonés- pudiera como mínimo decir unas cuántas frases en un poco claro español. Se agachó para estar a su altura y lo miró al rostro. En ese instante, el pequeño se dio vuelta para observar quién se la había cercado.

Y él quedó completa y absolutamente anonadado.

Ese jovencito mostraba un sin igual enfado; era razonable, puesto que todos lo ignoraban, pero lo que más le sorprendía era lo identificado que se sentía con ese infante. Casi parecíale estar mirándose a un espejo.

Un espejo décadas más jóvenes, pero espejo al fin.

-Quién es usted'-preguntó bruscamente, al tiempo que le plantaba sus extraños ojos en él. Nunca había visto un color tan extraordinario.

Él le sonrió, y le extendió su diestra,-Mi nombre es Touya. El tuyo?

El pequeño permaneció dubitativo, al tiempo que lo estudiaba atentamente y le correspondía su saludo.

-Franchesco Ranieri.

-Un placer Franchesco, si me permites la libertad de llamarte por tu nombre.-El niño asintió-Pues, dime, qué haces aquí?

-Yo…-comenzó a decir Franchesco, sin embargo las palabras que surgieron a continuación, fuero pronunciados en un dificultoso japonés-Mi avión tuco que hacer una escala aquí, puesto que al parecer una de las turbinas tuvo algunos problemas al despegar, y ahora estoy tratando de que me indiquen cómo puedo tomar el siguiente vuelo.

Asombrado , de que a pesar de su corta edad, manejara dentro de todo bien un idioma tan rico y complicado como lo es el del imperio del sol naciente; le contestó en el mismo lenguaje.

-De qué país vienes y adónde te dirigías?

-Vengo de Portugal, donde viven mis abuelos, pero vivo en Italia, al menos hasta hace un tiempo, ahora me dirijo a Japón para ir a vivir con mi madre.

-Yo también me dirijo a Japón, veamos si logramos viajar en el mismo vuelo, qué te parece'

Por supuesto, par aun hombre de su influencia le resultó tan sencillo como chasquear los dedos. De modo que habiendo pasado sólo media hora, ya se encontraban en la fila para abordar el avión.

No entendía muy bien qué fue lo que lo había motivado a ayudar a ese pequeño, de hecho, él no soportaba a los niños. Le resultaban los habitantes más molestos del mundo, siempre gritando, corriendo, rompiendo cosas, y si uno no les daba lo que ellos querían empezaban a llorar y a hacer berrinches hasta que lo aturdían.

No obstante, hubo un época en que tener hijos había sido uno de los más grandes anhelos de su vida.

Tal vez ése era el motivo por el cual, ahora se hallaba sujetando firmemente esa diminuta manito en la suya fuerte y grande.

Ese niño le recordaba a ella.

No tanto en apariencia, claro; sino más bien en esencia.. Y además estaban sus ojos…

Ese tinte azulado que guardaba en el fondo de su iris le hacía recordar al tono añil que cubría en totalidad los femeninos.

Durante las cinco horas que duró el viaje, el niño estuco atormentándolo con historias acerca de lo maravillosa que era su madre.

Él no le hubiera prestado la más mínima importancia, de no ser porque esa desconocida le recordaba demasiado a ella.

Hacía tiempo, cuando el nombre Tomoyo significaba demasiado para él, y le era sobradamente doloroso siquiera escucharlo, había canalizado su padecimiento de la mejor y más efectiva formar que conocía.

Enfrentándola.. Así pues, cuando tuvo el dinero y la decisión de hacer con su vida lo que quisiera había decidido, fundar su propia empresa, bautizándola con el nombre de su más grande temor y anhelo.

Por aquél entonces, el amor con ella lo había dejado indefenso, y sin ningún tipo de barrera que protegiera a su corazón.

Ahí fue cuando había conocido a Nakuru, ella era muy similar a Tomoyo, y por eso la había evitado y tratado con un comportamiento indigno de cualquier persona.

No obstante, una noche ella lo había enfrentado-pese al temor que sentía por él- y le exigió saber el motivo por el cual, él la trataba de tan mala manera.

Él había permanecido en silencio, comprendiendo que le estaba inculpando a ella todos los errores que había cometido otra persona; y que el único pecado del que ella era culpable, era de ser en extremo amable, sincera y demasiado dulce para la salud.

Por ese mismo motivo, seguía evitándola, había dejado de tratarla como un trapo de piso, pero aún así, no dejaba que se acercarse demasiado a él.

A pesar de todo, ella se había hecho indispensable, primero en su empresa y después en su vida.

Además era su cuñada.

O al menos, algo parecido. Gracias a ella había conocido a Ruby-Moon.

El hecho de que ellas fueran hermanas-y encima de todo gemelas idénticas-era una perfecta demostración de las ironías de la vida.

Mientras que una era fría, la otra era alegre y cálida; entre tanto que una era elegante y distinguida, pendiente hasta del más mínimo detalle de su apariencia, la otra era descuidada y le importaba muy poco si tenía tinta en la cara o si su ropa estaba arrugada.

Pero la principal diferencia entre ambas, era que mientras una era capaz de amar hasta a una serpiente venenosa. La otra no amaba a nadie más que a sí misma.

Entonces, la pregunta era… porque estaba con Ruby, en lugar de con Nakuru?

Sencillo, porque Nakuru le recordaba demasiado a Tomoyo, y eso era algo que no lograba soportar.

Y ahora, se hallaba atado con el simple y flexible elemento que era un cinturón de avión, con un niño que hablaba exudante de orgullo de una mujer que era prácticamente el reflejo de Tomoyo.

O al menos en lo que ella siempre había deseado convertirse.

-Mi madre pasa poco tiempo conmigo-redecía el pequeño con un deje de tristeza en la voz- Pero yo lo entiendo, su trabajo se basa principalmente en conciertos, y si nunca saliera de Italia, no podíamos vivir de la forma en que lo hacemos; Oh, pero yo se que a ella le disgusta mucho dejarme, lo veo en su mirada. Y a demás me abraza como si fuera a ser la última vez que lo hiciera. A pesar de que siempre viene a verme por lo menos una vez por mes porque no puede estar sin verme demasiado tiempo.

Distraído, no había logrado escuchar a qué se dedicaba su tan apreciada madre.

-Y sus conciertos son muy populares?.le preguntó tratando de sonsacarle, sin herir su orgullo, la profesión exacta de su madre.

-Oh, si!-exclamó realmente entusiasmado, apenas podía contenerse lo suficiente para nos salirse de los límites de su asiento, viajaban en primera clase como era natural, de modo que sus "asientos" eran mucho más amplio y confortables-Sólo he tenido oportunidad de presencia uno o dos, pero concurrieron al menos cinco mil personas.

Ese chic lo asombraba cada vez más; si su madre era lo suficientemente popular como para atraer a tanta gente, de seguro su nombre era reconocido mundialmente.

-Disculpa., pero se me olvidó su nombre, como se apellida tu madre?

-No puedo darte su apellido-dijo apenado-Pero su nombre artístico es April (otra vez gracias, a otra compañera, Carito, que me brindó el nombre que estaba buscando)

Podrías ser posible?-se preguntó a sí mismo sarcásticamente- algo más que me la recuerde?

-Su nombre es muy conocido en Europa, aunque no tanto en Estados Unidos.

-Espera un momento…-dijo de repente, recordando algo-Tu madre es esa famosa cantante que mezcla la música clásica con el pop?

-Si, quién más!-dijo exultando alegría.

-Señores pasajeros, rogamos no desabrocharse los cinturones, estamos a punto de aterrizar en suelo japonés.

La azafata continuó hablando, y transmitiendo el mismo mensaje en variados idiomas.

Él permaneció enfático mientras el avión se dedicaba a aterrizar.

En una ocasión o dos había tenido oportunidad de escuchar a esa famosa interprete, no obstante nunca había querido ver su rostro; el motivo era muy sencillo de explicar, su voz le recordaba mucho a la de ella.

De modo que cuando ella en sus giras mundiales a España, él simplemente te encerraba en su empresa, apartamento o subía las ventanas de su auto y evitaba cualquier contacto con la realidad.

-Señor?

La voz infantil lo distrajo y le hizo darse cuanta de que todos estaban abandonando el avión.

Se puso en pie, y lo ayudó a buscar su bolso de mano-donde traía su playstation portatil, y algunos otros juego-y a bajar del avión.

-Bueno, creo que aquí nos separamos-dijo agachándose nuevamente para estar a la altura del pequeño-Recuerda que tu equipaje llegará en dos día a más tardar.

El niño asintió y lo abrazó al tiempo que le sonreía.

Touya se levantó y comenzó a caminar hacia la zona donde recogería su equipaje-Ya que él no tuvo necesidad de cambiar de avión, sus maletas había viajado con él-cuando undebé tirón en la manga de su saco lo hizo girarse.

-Señor-Franchesco lo miraba con una expresión desconsolada.

-Por qué no me dices Touya? Haría más fáciles las cosas.

El pequeño asintió, y una diminuta sonrisa cruzó su afligido rostro.

-Esta bien… Touya, no conozco esta zona del aeropuerto se suponía que debía encontrarme con mi madre en la plataforma 52, pero creo que esta es la 9, nunca había estado aquí.

-Quieres que te acompañe?

El rostro del infante te iluminó al tiempo que decía:

-Oh, si por favor!

-De acuerdo-dijo él, expresando la primera sonrisa sincera en años.

De ese modo podría conocer a esa misterios a mujer que se hacía llamar April y cuya voz le recordaba tanto a la de su "hermana"

Continuara…

Notas de la autora: Bueno, al fin.. Aquí estoy… de nuevo, mil disculpas por la tardanza, pero es que debido al comienzo de clases, mi vida se convirtió en un torbellino, y no tengo un minuto libre, además, estoy trabajando y aunque es poco tiempo, eso me quita aun mas mis ratos de ocio…

Bueno, de todas formas, no se preocupen, porque esta situación debería cambiar aproximadamente hacia mediados de año (falta, pero no falta tanto) puesto que para esa altura pienso tener mi compu en casa, y en cuanto eso suceda… tengo la seguridad de que podré actualizar con mucha más frecuencia…

Pero bueno, espero que hayan disfrutado el capítulo… y también espero que no me maten por dejar donde dejé la historia… a verdad, es que viéndolo objetivamente… las dos partes de la historia terminaron un tanto… como decirlo?… en suspenso?

Bueno, no puedo asegurárselos, ya que no terminé de escribir aún el siguiente capítulo, pero estoy casi segura de que todo se va a develar en la próximo parte, bueno no todo, pero al menos si una parte importante… así que espero que sigan ahí.

Por cierto muchas gracias por sus reviews! Me encanta que se tomen el tiempo necesario para dejarlos, me motiva aún más a seguir escribiendo!

Saludos a todos!

Nos vemos en la próxima!

Nadeshiko Luna