SEDAE 7: The truth will free my soul

Detuvo el auto, y luego de sacar las llaves, salió de él, cerrando enérgicamente la puerta.

Se encaminó hacia la entrada delantera de su casa, y una involuntaria sonrisa afloró a sus labios.

Sabía, que pasara lo que pasase, siempre todo estaría bien para ella en ese lugar; en todas las ocasiones habría un par de brazos dispuestos a cobijarla y una taza de algo caliente para confortarla.

Tocó el timbre, y el sonido ahogado de un ladrido y pasos detrás de la puerta le hizo ensanchar su sonrisa. Instantes después, el pórtico se abrió y le mostró el rostro amable y dulce de su madrastra.

-Sonomi!-exclamó al tiempo que la abrazaba fuertemente.

-Sakura!-dijo la mujer, echándola hacia atrás para observarla atentamente-Hace apenas unos días que te fuiste pero pareció mucho más. Estás algo distinta… te encuentras bien?

-Supongo que eso quiere decir que mi triste intento de suplantarte no dio resultado.

La dulce voz de su hermana, que acababa de ingresar en la sala, la salvó de contestar esa última e incómoda pregunta de su madrastra.

Sonriente, caminó rápidamente hacia su hermana y la abrazó fuertemente. Hacía meses que no se veían.

-Ella tiene razón, sabes?-dijo Tomoyo, tomando su cara entre sus níveas manos y observándola atentamente- Estas distinta.

El gesto de preocupación de la morocha se borró, al escuchar un ladrido y unos pasos atolondrados, corriendo en dirección a la castaña.

Segundos después, Sakura tenía parado sobre sí a un hermoso labrador color oro, apoyado en sus hombros.

-Al parecer, no fuimos los únicos sen extrañarte.

Ala joven detuvo a su perro llamado Kero, el cual el estaba llenando el rostro de besos, para ir a saludar a su padre; en el cual pese a su aspecto algo enfermizo, se leía vitalidad en sus ojos.

-otoosan!-Por poco gritó, echándose literalmente a sus brazos; su padre siempre fue su sostén, y esos días lejos de él, la hacían sentirse desmoronada.

-Ahora que ya has saludado a todos-dijo Sonomi Kinomoto encaminándose a ellos y sonriéndoles a todos- Qué tal si pasamos a la cocina, y mientras, yo les preparo hot cakes?

Tres rostro brillaron al recordar las tardes de antaño, cuando toda la familia se reunía en esa habitación, comiendo, riendo y compartiendo los manjares de Sonomi.

O-o-O-o-O-o-O

-Bueno, ahora piensas decirme qué es lo que te sucede?

La hija menor de Fujitaka Kinomoto, la miró extrañada y preocupada a la vez.

-Por qué lo dices, tan mal estoy?-inquirió.

-No es que estés mal precisamente, tienes un brillo particular n los ojos, pero está como empañado por la preocupación y la angustia.

Sakura se maravilló ante la perceptividad de su hermana, se hallaban en el viejo cuarto que compartieran cuando jóvenes, después de haber tenido una hermosa cena en familia; sabía que ella era la única persona en su vida capaz d de ver que estaba pasando por emociones tan contradictorias, en tan sólo unos segundos.

-No es nada en especial-dijo pensativa, dudosa si decirle la verdad o no, al final decidió contarle sólo una parte- Es que… conocí a alguien… un hombre.

Tomoyo hizo una mueca irónica.

-Si, no hacía falta la aclaración, uno no dice "conocí a alguien" en ese tono, cuando esta iniciando una amistad; y cuál es el problema?

-Estoy confundida, creí que él sentía… una especie de cariño hacia mi- no le dijo que creía que la amaba, porque hasta para ella sonaba tondo el que pretendiera que un hombre al que apenas conocía, se enamorara perdidamente de ella… por más que hubiera sido posible en su caso- Pero, al despedirse de mí, antes de que yo partiera hacia aquí… no lo sé, no noté en él ningún tipo de calidez que me indicara que quisiera volver a verme.

-Hay algún motivo en especial por el cual, pudiera haber actuado de esa forma contigo? Hiciste algo que pudo haberlo molestado?.

Sakura pensó que él no parecía para nada disgustado, esa mañana temprano cuando la tenía entre sus brazos.

-Bueno… no, al menos eso creo; sin embargo…-La única señal de intriga en el rostro de su hermana, fue una leve elevación de cejas, pero fue suficiente para hacerla hablar, le detalló las desventuras vividas con su madre.

Luego, guardó silencio esperando la opinión de su hermana.

-Y tu crees que él te esta haciendo a un lado porque siente desconfianza hacia todas las mujeres en general?

-Algo así-admitió ella, sabiendo que sonaba melodramático y excesivamente romántico.

Tomoyo se impulsó hacia delante, apoyando su mentón sobre su mano derecha convertida en un puño, a la vez que su pierna diestra cruzada sobre la izquierda, soportaba el peso de su codo derecho.

-Sakura… no quiero desilusionarte ni amargarte… pero mi experiencia con los hombres, me lleva a creer que realmente es muy tonto guiarse por esos motivos; en realidad, lo que quiero decir… es que no debes ver más allá de los hechos, para así evitar salir herida, entiendes? Es preferible que pienses que él no tiene intenciones de volver a verte- a pesar de que eso te destruya por dentro- y que cuando te llame o entre en tu vida nuevamente, te sorprenda gratamente; a que esperes con ansias lo contrario y que termines destrozada al ver que él no piensa reaparecer… puede sonar crudo, y hasta cruel lo que te estoy diciendo; pero a la larga verás que es lo mejor… es preferible prepararse para lo peor… de modo que la desgracia no te sorprenda.

Dicho esto, observó el rostro de su pequeña hermana, en él se dibujaban la desolación y tristeza; sabía que estaba sufriendo, y que lo que le había dicho, no era más que un burda mentira, puesto que uno nunca terminaba de aceptar la ausencia de un ser querido; pero si tenía suerte… Sakura aún no estaba lo suficiente involucrada como para terminar fatalmente herida (n/a: Ni que lo digas… porque no tienes idea de las cosas que hacer tu hermana! P). No obstante, se sintió en la obligación de decirle algo que la reconfortara; sin faltar a la verdad por supuesto.

-Con esto no quiero decir que tu idea sea incorrecta, es posible; sin embargo… rara vez las personas pueden ser juzgadas bajo hechos tan específicos; además hay algo que me dice que no sabes la historia entera. De todas formas, aún no lo he visto, y por lo tanto no he tenido oportunidad de observar sus ojos, recién cuando lo haga estaré en condiciones de decirte con toda seguridad que es lo que pasa por su cabeza.

Sakura esbozó una pequeña y vacilante sonrisa, siempre era un placer hablar con su hermana; sabía que por más difícil que fuera la situación ella le daría su punto de vista más sincero. Acababa de darle un consejo que sabía que le resultaría muy difícil de seguir, puesto que ya esperaba con todas las ansias de su ser volver a ver a Shaoran; sin embargo, una parte de sí misma estaría preparada para no volver a verlo nuevamente.

-Gracias hermana.-exclamó desde lo profundo de su corazón.

Extrañamente la morocha se sonrojó al responderle:

-De nada-Hizo una pausa y dijo- En realidad, es a ti a quién debo darle las gracias, eso si me ayudas en lo que voy a pedirte.

Sakura apoyó una mano sobre el brazo de su hermana y dijo:

-Sea lo que sea, sabes que cuentas con mi apoyo.

-Sabía que así sería-sonriente, la mayor de las dos, se cambió de cama, de modo de estar sentada a su lado y no frente a ella; tomó una de las manos de la castaña ente las suyas. Y mirándola a los ojos, le dijo:

-Franchesco está aquí.

La reacción de la joven fue inmediata, se puso de pie de un brinco, y comenzó a mirar la habitación de un lado hacia el otro, al tiempo que exclamaba con la alegría de un niño.

-Aquí? Dónde? Cómo…

Tomoyo estaba tan feliz de ver esa expresión de alegría y esperanza en su hermana menor, que olvidó contestarle.

Hacía mucho tiempo que no veía esa mirada en esos ojos verdes tan profundos y vastos como un campo en flor. En los últimos años, en que ella estuvo alejada de su familia en interminables giras alrededor el mundo. Sus padres creyeron que todo el tiempo acompañaba a Sakura en sus giras como pianista, pero lo cierto era que eso sólo había sido así durante el primer año, luego ella había comenzado su propia carrera.

En esos momentos, sólo pensaba en los consejos de su padre, los abrazos de su madre y esa mirada única en los ojos de su hermana. Expresión que se fue borrando con el pasar del tiempo y el aumento de sus compromisos.

Y luego… llegó Franchesco.

Ella fue la única integrante de su familia que estuvo con ella durante su embarazo y parto, y aún era la única que conocía su secreto. Pero fue un favor compartido, porque a la vez que le otorgaba a ella tiempo, Sakura recuperó esa mirada luminosa; al menos cada vez que veía o escuchaba hablar de su sobrino.

-¿Tomoyo?

La voz de su hermana la sacó de sus profundas cavilaciones, y la hizo notar que no había respondido a ninguna de sus anteriores preguntas.

-Él no esta precisamente aquí-expresó a la vez que un mohín de simpatía se formaba en su rostro, al notar que la desilusión se apoderaba de la lozana faz de la joven pianista- Pero sí se encuentra en el país.

-Pero cómo…

Con un gesto de su mano, Tomoyo le pidió en silencio que la dejara continuar.

-Está con Sebástian, lo que yo pensaba pedirte, es; si no te molestaría alojarnos a los dos.

-¿Molestarme?-Preguntó Sakura, conteniéndose, a duras penas para no gritar de alegría-Creo que de haber sabido de la situación… te habría rogado que accedieran a vivir conmigo.

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-No, no! Fucking demon thing!

-¡Frachesco!

El grito resonó en el amplio comedor viajando por todo el espacio de la casa hasta llegar a la pequeña habitación que ocupaba el niño que respondía a ese nombre.

El chicuelo hizo una mueca que expresaba algo similar a "uy!" y cerró su play station portátil para luego guardarla en el mueble a su izquierda.

Casi al instante, un hombre alto y moreno apareció en el umbral de su habitación con una expresión adusta en el rostro, y los brazos cruzados sobre el pecho.

-Qué te he dicho con hablar de esa manera?.

El niño dibujó un mohín en su suave rostro con el que intentaba sofocar un tanto la furia de su padre.

El adulto reconoció el truco, pero también notó el parecido de esa sonrisa con la que se dibujaba habitualmente en el rostro de la madre del niño-en realidad, la que había observado en las fotografías, puesto que desde que él la conociera, ella nunca había logrado expresar una sonrisa de absoluta felicidad, aún cuando miraba a su hijo hacer alguna cosa graciosa o realizar un logro, en su sonrisa se interponía un velo de tristeza- Y por tal motivo, suspiró cansinamente y renunció a su enfado.

Dio dos pasos, hasta sentarse en el lecho, junto al niño.

-Te diré qué… no le diré a tu madre que últimamente te asemeja más a una letrina del siglo XVI, que a la de un joven bien educado como eres tú; a cambio de que tú no le menciones el hecho de que no viajamos juntos hacia aquí, como deberíamos haber hecho.

Al infante le resultó justo el trato; aunque eso significaría que no le podría contar a su madre de su encuentro con su nuevo amigo en el aeropuerto de España.

Pero si comparaba esa posibilidad, con la de que su madre se enterara de ciertas cosas que decía… en fin, prefería enfrentarse a la horca antes de a los enfados de su progenitora. De modo que asintió a la propuesta de su padre.

-Así me gusta, es un trato entre caballeros, no?-le dijo el mayor, tendiéndole la diestra para cerrar el pacto.

Una diminuta mano se vio apretada en una del doble de su tamaño, cuando Franchesco extendió su mano derecha hacia la de su padre.

-Ahora, siendo ya las nueve, considero que es hora de que te vayas a dormir; y por si acaso, me llevaré esto.

Sebástian Ranieri, se puso en cuclillas y extrajo del mueble junto a la cama de su hijo, la playstation portátil, aún encendida.

-Que descanses, hijo-dijo dándole un suave beso en la frente, para luego salir de la habitación y cerrarla puerta tras de sí.

Al quedar a solas, el pequeño esbozó una sonrisa, y sacó de debajo de su almohada un game boy.

A veces resultaba tan fácil engañar a su padre que se sentía culpable.

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Un suspiro de alivio y un sentimiento de querencia se adueñó de él, al observar la casa provinciana.

El acogedor porche cubierto íntegramente en madera, aún conservaba la inmensa y confortable hamaca doble de mimbre, que colgaba desde el techo, y la mesita del mismo material que usaban para depositar sobre ellas las infusiones que tomaban por la noche, cuando se sentaban a conversar.

Al pensar en la persona con quien compartía esas veladas, una sombra aviesa se formó en sus ojos, desproveyéndolos de cualquier tipo de calidez.

Tratando de borrar esos negros pensamientos, bajó de su Land Rover azul metálico y subió de dos en dos los escalones hasta alcanzar la puerta frontal y tocar el timbre.

Unos lentos pasos se escucharon al otro lado del umbral, y pocos segundos más tarde, su padre le abría la puerta.

-Touya!

Casi le pareció notar una dosis de decepción en su padre al verlo; sin embargo, dicha idea se esfumó de su mente, cuando el hombre mayor lo abrazó con fuerza y con la alegría dibujada en sus ojos.

-Pasa hijo-dijo Fujitaka, entre tanto cerraba la puerta tras ellos y se dirigía al living-Hace apenas unos minutos, Sonomi salió con Sakura hacia Dallas, ella estará de vuelta esta noche; pero tu hermana ha conseguido un trabajo en la ciudad y permanecer allí- Intencionalmente, evitó mencionar a Tomoyo en el asunto.

-Qué lástima, hace mucho que no veo al monstruo.

-Si una pena- "Ni que lo digas"

De todas formas, sólo pasé a saludarte y dejarte mi teléfono; a decir verdad estoy bastante apurado; aproveché que me quedaba de camino hacia la casa de Yukito al cual no veo hace años y debo preguntarle algo urgentemente. Pero hoy, en unas horas debo estar de regreso en Dallas.

-Lo entiendo-dijo su padre con la gentileza característica en él- SI quieres, déjame tus datos y ve a la casa de Yukito, si cuando terminas de hablar lo que necesitas con él, te sobra a tiempo; puedes regresar y hablaremos cómodamente. De todas formas, el mero hecho de que te encuentres en el mismo país que yo, ya me reconforta inmensamente.

El castaño asintió, al tiempo que extraía del bolsillo de su saco negro, un pequeño anotador junto con un diminuto bolígrafo, y en él anotó todos los datos referentes a su domicilio; teléfono y otros similares como el interno de su oficina y demás. Luego se lo tendió a su progenitor.

-Blooomfield Hills?-Exclamó atónito el mayor de los dos.

-Sí, qué sucede? Es un barrio sub urbano muy agradable y seguro, unos días antes de volver arreglé la compra de un departamento allí.

-No es eso…

-Entonces?

-Es que… es un barrio muy caro.

Una expresión de irritación se dibujó en la morena faz del hombre.

-Ya te expliqué que el dinero no es un problema para mí, y tampoco debería serlo para ti, si me hicieras caso por una vez en la vida y aceptaras mi ayuda.

El semblante de Fujitaka se volvió implacable.

-.Tengo todo lo que necesito, con mi mujer y mis hijos cerca.

El trigueño asintió, reconociendo su derrota.

-De acuerdo, voy a tratar de que mi visita a Yukito sea lo más corta posible; de modo de poder regresar; de todas formas estaré de vuelta en dos o tres días.

-Esta bien hijo, cuídate-expresó el actual marido de Sonomi, ya en la puerta nuevamente, al tiempo que posaba una mano en el brazo de su hijo, a modo de despedida.

Una vez que el mayor de sus hijos se hubo puesto en marcha, cerró la puesta tras de sí y sonrió.

"De modo que Bloomfield Hills, eh?… el destino tiene raras formas de unirlos Touya y Tomoyo… que hará cuándo descubran que viven a tan sólo cinco casas de distancia?"

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El optimismo de Sakura se prolongó durante los ajetreados días que pasó empaquetando sus cosas, con ayuda de su hermana; quien ya tenía todo listo para emprender el viaje. A medida que los días pasaban, su excitación iba en aumento, y cuando se despidieron de su pa­dre y su madrastra el jueves por la mañana, de la segunda semana, yo no cabía en sí de impaciencia.

Aquella misma noche llegaron al elegante barrio de Bloomfield Hills donde se encontraba su nueva casa. Al principio, nada más verlo, le resulto muy difícil hacerse a la idea de que a partir de entonces tendría que vivir en un barrio tan lujoso formado por amplias calles bordeadas de árboles e impresionantes mansiones.

Al mirar de reojo a su hermana, notó que en ella no impactaba en lo más mínimo… era natural… mientras que ella aún debía pelear con diez concursantes más para tocar en algún anfiteatro de poca relevancia, con que Tomoyo diera su nombre- en algunos casos con que la vieran nomás- las puertas de la buena vida y el lujo se abrían para ella.

Eran las diez en punto cuando detuvo el coche en la entrada de la urba­nización de estilo colonial. Inmediatamente, se les acercó el conserje y, después de preguntarle su nombre, le dijo:

-El señor Whitworth ha llegado hará media hora. Tome ese camino; le encontrará al final. Ustedes son las nuevas ocupantes del departamento ¿verdad? Estoy aquí para ayudarlas en todo lo que se les ofrezca.

Su casa, el número ciento setenta y ocho, resultó ser un chalecito de color blanco con un pa­tio delantero. Junto a la entrada del garaje se encontraba el coche de France.

-Sakura, creo que lo mejor será que permanezca en el auto; después de todo… es tu tío y no el mío… No sé si se alegrará tanto de verme también.

-No digas tonterías, Tomoyo; antes de venir hacia aquí, le pregunté si había algún problema con que vinieras a vivir conmigo, y me dijo que a él le resultaba igual; que de hecho era mejor porque de ese modo no estaría sola.

La joven de añiles ojos asintió, aún dubitativa, mientras salía del auto a saludar al hombre que las esperaba en el recibidor.

Al verlas, su expresión reflejó la más absoluta de las sorpresas.

-Sakura… no irás a decirme, que esta es tu hermana, no es así?

La castaña miró asombrada a su tío, al tiempo que deslizaba la mirada entre él y Tomoyo.

-Si, ella es…

El hombre apenas le prestó la más mínima atención, sino que inmediatamente tomó las manos de la joven morocha y plantó un respetuoso beso entre ambas.

-Es un placer verla nuevamente, señorita April.

En ese momento, ella comprendió todo; su tío era uno más de los admiradores de su hermanastra. Le causó gracia lo que el talento y la belleza de su hermana podían hacer en los hombres.

-Un placer ciertamente correspondido- respondió con una sonrisa gentil Tomoyo; aunque en realidad hubiera querido clavarle el taco aguja en el ojo; ese hombre no le caía para nada bien… si siquiera hubiera sospechado que esa casa le pertenecía… no se hubiera acercado ni a diez kilómetros. Empero, ahora todo estaba sobre rieles y ella no podía detener la marcha del tren.

-Bueno- dijo France, con una sonrisa con las que seguramente conquistaría a mujercitas huecas y frívolas- Espero que ahora que tendrá algo de tiempo, aceptará esa copa que me rechazó el año pasado.

"Fue más de una copa lo que me ofreció usted"

-Será todo un placer- "de igual magnitud que atragantarse en medio de un recital en el Coliseo".

-Bueno, pero ¿qué estamos esperando, pasemos de una vez a conocer el interior.

-¿Y bien? ¿Qué les parece? -preguntó aquél, media hora más tarde, cuando había terminado de enseñarles el lujoso apartamento.

-Me encanta. Pero la ropa nueva que su tía ha dejado en los armarios... ¿qué debemos hacer con ella?- Inquirió Sakura.

-Bueno, supongo que la señorita April no necesita ciertamente esa ropa, pero si a cualquiera de ustedes dos les interesa; pueden quedársela. Sino creo que llamaré a alguna institución dedicada a la caridad y les pediré que vengan a llevársela.

Sakura abrió un armario y acarició un precioso vestido de terciopelo rojo. Mirando la eti­queta, descubrió que, además de sus mismos gustos, la tía de France usaba su misma talla.

-France, ¿seria posible que yo comprara parte de esta ropa? Me gusta mucho, y casi todo está sin estrenar.

France se encogió de hombros.

-Ya se los he dicho, tomen lo que quieran o necesitan, y el resto regálenlo.

-Pero estos vestidos son muy caros...

-Sé lo que cuestan -le interrumpió France bastante molesto- porque lo he pagado yo. Tomen los que quieran... son suyos. Antes de irme, les advertiré una cosa. Mi mujer no sabe que compré este piso para mi tía. Tiene ciertos reparos en mi familia, ¿sabes? Piensa que se aprovechan de mí. Por eso te ruego que no le digas nada.

Cuando se quedaron a sola en aquel apartamento, decorado con exquisito gusto y lleno de lujos y comodidades, incluidos los trajes que había en los armarios, Sakura comprendió lo que a su hermana no le había llevado más de cinco segundos advertir... France no había comprado todo aquello para una tía suya, sino para una «amiga» que ya no estaba en su vida.

Con una sonrisa, decidió que aquel asunto no merecía más su consideración, pues no era cosa suya.

-No sabía que conocieras a France- le dijo a Tomoyo, al tiempo que corroboraba que el teléfono funcionara; lo cual afortunadamente era cierto. Al día si­guiente era viernes y Shaoran podía llamar.

-Yo tampoco, lo conocí bajo el nombre de Philip; en un recital privado.

-Qué extraño, por qué se habrá cambiado el nombre?- se preguntó a sí misma la menor de las dos.

Tomoyo se abstuvo de decirle que muchos hombres hacían lo mismo cuando acudían con sus amantes a determinados sitios; para así no dejar un rastro.

-No lo sé, peor en fin; vamos a acomodar todo, así podemos ir a dormir que mañana por la mañana debemos ir a buscar a Franchesco.

-Tienes toda la razón- El entusiasmo había contagiado su voz, al pensar en su sobrino; el cual pronto estaría viviendo bajo su techo y al cual podría malcriar a gusto.- Yo ocuparé la habitación de la derecha, tú puedes ocupar la que tiene una ventana al interior del barrio, mientras que Franchesco puede ocupar la que está junto a esta.

Tomoyo asintió con una sonrisa en el rostro; al pensar en lo agradable que sería vivir un tiempo estática en un lugar; ya era tiempo de que se tomara un año sabático… o tal vez dos.

O tal vez… pudiera pensar en retirarse.

La idea la agradaba.

O-o-O-o-O-o-O-o-O

A la mañana siguiente, muy temprano, entre tanto Tomoyo iba en busca de Franchesco, Sakura se sentó a la mesa de la cocina y se puso a hacer la lista de lo que necesitaría para comer y vivir. Decidió incluir un par de cosas especiales para cuando Shaoran fuera a vi­sitarla: una botella de whisky y otra de licor Grand Marnier. Antes de salir, miró al teléfono con cierto temor, pensando que quizás Shaoran no llamaría. Pero apartó rápidamente aquel pensamiento. Una cosa era segura: Shaoran la deseaba, y lo había demostrado de sobra en Harbor Springs, así que aunque sólo fuera movido por la atracción sexual, la llamaría.

Además, era de seguro que cuando volviera ese pequeño monstruo que era su sobrino andaría rondando por la casa. Eso logró levantarle le ánimo y hacer que entrara con una sonrisa al supermercado.

Dos horas más tarde, regresó con una bolsa repleta de cosas. La cual fue inmediatamente arrojada a los brazos de su hermana, para poder salir corriendo a abrazar a su querido ahijado.

-Tía!- exclamó a los gritos el pequeño, al tiempo que saltaba para prenderse de su abrazo con más fuerza.

-Cómo estas monstruo?

El escuchar el afectuoso diálogo que su hermana mantenía con su hijo, a Tomoyo se le llenaron los ojos de lágrimas. Más aún al escuchar a Sakura llamar con ese apodo a Franchesco; no podía evitar que eso le trajera recuerdos excesivamente lacerantes.

Su hijo se merecía vivir en un entorno así, haber pasado los primeros hijos rodeado de su familia, y no viviendo en una casa inmensa en Italia rodeado de extraños, y visitado una vez al mes por sus padres.

Se prometió que de ahora en más, eso se convertiría en rutina para Franchesco y no en ocasiones especiales.

Una vez que Franchesco estuvo acostado para dormir la siesta, luego de haber regresado del colegio que quedaba a dos cuadras de su casa en el cual su hermana lo había anotado, Sakura pasó el resto del día probándose ropa, eligiendo la que se quedaba y la que necesitaba algún arreglo. Siempre con la inigualable compañía de su hermana.

Llegó la hora de dormir y Shaoran no había llamado, pero Sakura se fue a la cama plenamente tranquila, confiando en que lo haría al día siguiente.

El sábado se dedicó a deshacer las maletas, sin alejarse demasiado del teléfono.

Tomoyo había salido con Sebástian y Franchesco, al igual que lo hizo al día siguiente; se maravilló de la relación que guardaba su hermana con su ex marido, a pesar de las condiciones nada amenas en que se habían divorciado.

El domingo, se sentó en el porche, al sol, esperando que los restantes habitantes de la casa regresaran y elaboró pacientemente un plan de gastos que le permitiera mandar a su casa la mayor cantidad de dinero posible.

En medio de los cálculos, recordó la gratificación de diez mil dólares que France le había prometido si llevaba a feliz término la labor de desenmascarar al supuesto espía... Aunque semejante acción la haría caer a ella tan bajo como a aquél.

El lunes por la mañana, encontró en una tienda una lana gris plateada, exactamente del color de los ojos de Shaoran reflejando el tono de la luna mientras navegaban. La compró y decidió hacer un jersey, que según se dijo ella, sería el regalo de Navidad para su hermano, aunque interiormente sabía que estaba dedicado a Shaoran.

El domingo por la noche, mientras preparaba la ropa para su primer día de trabajo, y escuchaba cómo su hermana le relataba un cuento a su sobrino; se decía a sí misma que Shaoran iba a llamarla al día siguiente, sin más tardanza. Sí, la telefonearía para desearle suerte en su primer día de trabajo.

-Dígame, ¿ha decidido abandonar? - le preguntó en tono jocoso , Eriol Hiragizawa su nuevo jefe, al finalizar su primera jornada-. ¿O le gustará seguir trabajando aquí?

Sakura estaba sentada frente a él , escritorio de por medio, con el anotador cubierto de dictados. Shaoran no la había llamado para desearle buena suerte en su primer día de trabajo, pero ella había estado tan ocupado que no tuvo tiempo de sentirse desdichada.

-Creo - Contestó riendo- que trabajar con usted es lo mismo que estar en medio de un remolino.

Eriol sonrió y le hizo un gesto como disculpándose.

-Nos llevamos tan bien en el trabajo, que después de una hora de estar con usted me olvidé que era nueva.

Sakura no pudo menos que sonreír ante el cumplido. Era cierto, se llevaban muy bien trabajando juntos.

-Y qué impresión le ha hecho el personal?- preguntó él, pero antes de que pudiera contestar, agregó- Todos lo hombres de esta empresa coinciden en que tengo la secretaria más hermosa de la corporación. No han hecho más que acosarme con preguntas sobre usted durante todo el día.

-Qué clase de preguntas?

-La mayoría sobre su estado civil… si es casada, soltera y si está disponible.-La miró alzando las cejas, intrigado- Esta disponible, Sakura?

-Para qué?-Bromeó ella, pero tuvo la extraña sensación de que él trataba de averiguar qué tipo de relación mantenía con Shaoran- Quiere que pase estas cartas a máquina hoy mismo (si aunque no lo crean en determinadas empresas aún las cartas se hacen a máquina… increíble en la era de las telecomunicaciones, pero generalmente son cartas formales y de vital importancia) antes de irme?- preguntó poniéndose de pie.

-No páselas mañana por la mañana.

"Serán fantasías mías, o las preguntas de Eriol estuvieron destinadas a satisfacer una curiosidad personal y no las preguntas de sus colegas y empleados" se preguntó Sakura mientras ordenaba su escritorio. No era posible que estuviera pensando en invitarla a salir. Según lo que le habían dicho ese mismo día durante el almuerzo, tres de las secretarias de Eriol cometieron el error de caer rendidas ante su atractivo carismático, y él las transfirió con rapidez a otras divisiones.

De acuerdo con los comentarios, Eriol era un hombre socialmente prominente, rico y muy buscado por las mujeres, pero creía que era un error mezclar el trabajo con el placer " Sin duda es buen mozo, pensó desapasionadamente Sakura. Alto, de cabello negro con tintes azulados, del mismo tono que sus añiles ojos cálidos.

Miró su reloj y cerró apresuradamente el escritorio. Si Shaoran iba a llamarla, sin duda lo haría esa noche,. La llamaría para saber cómo le había ido en su primer día de trabajo. Si no llamaba ese día, después de dos semanas de silencio, era evidente que no tenía intenciones de volver a verla. De sólo pensarlo, Sakura se sintió mal.

Volvió a su casa con toda la rapidez que se lo permitió. Cuando lo hizo eran las seis y cuarto, y Franchesco estaba hablando sin parar del primer día de colegio y todos sus compañeros, al tiempo que su madre lo miraba con la calidez reflejada en la mirada.

Sakura participó de la conversación, sin embargo, se sentó cercana al teléfono; tratando de prestar la mayor atención posible a la perorata del niño. En un momento dado se cruzó con la mirada de su hermana, y notó que ella sabía qué era lo que le ocurría.

A las nueve y media subió, se duchó con la puerta del baño abierta para poder oír la campanilla del teléfono del dormitorio. A las diez se acostó. Shaoran no la llamaría.

Nunca.

Cerró los ojos llenos de lágrimas y volvió a ver su rostro apuesto y bronceado. Recordó la expresión de deseo que había en sus ojos cuando la miraba, y le pareció oír su voz profunda diciendo "Te deseo, Sakura".

Era evidente que ya no la deseaba, Sakura volvió la cabeza sobre la almohada y empezó a verter amargas lágrimas.

Notas de la Autora: Hola! Bueno acá estoy de vuelta! Qué les ha parecido este capítulo? Por cierto que no es demasiado favorecedor para la pareja principal de la trama… pero así son las cosas. Desgraciadamente, Sakura esta pagando por pecar de imprudente, y esto demuestra que uno siempre debe conocer minímamente cómo es y como reaccionaría la persona que tiene al lado antes de compartir algo tan importante como lo que ella compartió con Shaoran… qué sucederá ahora entre estos dos? Bueno, en el próximo capítulo tendremos un pequeño adelanto.

Y con respecto a Touya y Tomoyo? Qué locura, no? Van a vivir en el mismo barrio y ni siquiera lo saben, qué pasará cuando se enteren? Y encima Franchesco le ha tomado mucho cariño al parecer…

Bueno, se vienen unas cuantas cosas nuevas en este fic! Gracias por el apoyo! Suerte! Y no olviden dejar sus reviews!

PD: Ah! Me olvidaba, he adquirido mi preciada computadora, así que si Dios me brinda la suficiente inspiración tendrán actualizado este fic mucho antes de lo que está demorando actualmente.

Hasta pronto!

NadeshikoLuna