SEDAE CAPÍTULO 9: Reencuentros By: Nadeshiko-Luna

Con las manos firmemente posadas en la cintura, dejó que sus ojos vagaran por la habitación, explorando todo a su alrededor; y cuando hubo revisado cada rincón de ella, un gesto de complacencia apareció en su rostro.

Él bien podía arreglárselas sin que Nakuru tuviera que andar por ahí, acomodando todo y disponiéndolo de manera tan práctica, que en raras ocasiones perdía algo o demoraba en encontrarlo más de dos segundos.

Al pensar en la joven, se dio cuenta que realmente iba a extrañar sus comentarios impertinentes sobre lo que debía hacer con respecto a su vida.

Suspiró, notando que a pesar de lo cálida que era la muchacha, y de lo necesaria que se había vuelto en su vida, no era verdaderamente imprescindible. Nadie lo era.

A excepción claro de su familia... y de ella.

Enfadado consigo mismo por tener esa clase de pensamientos, salió de la sala de estar decorada en un tono chocolate, para dirigirse a la funcional y moderna cocina.

Inspeccionó el sistema del microondas, y puso a calentar en él un poco de agua para hacerse un té verde. Treinta segundos más tarde estuvo listo, y con la tasa en su mano derecha, se encaminó hacia la habitación, para tenderse en la inmensa cama de dos plazas y media.

Con el brazo derecho flexionado, y su cabeza apoyada arriba de su mano, la cual reposaba sobre la nívea almohada; meditó acerca del encuentro que había tenido esa mañana con el pequeño Franchesco.

Ese niño tenía algo que le hacía sonreír cada vez que pensaba en él, y que le levantaba el ánimo cada vez que se lo encontraba. Cuando en el aeropuerto, camino a reunirse con su madre, se habían cruzado con su padre, pudo comprobar el por qué el pequeño le resultaba tan parecido a él cuando niño.

Él y ese hombre bien podían ser gemelos idénticos.

Si no estuviera completamente seguro de que el otro era una mezcla de un occidental con un japonés, le habría preguntado el nombre de sus padres y le hubiera sugerido el hacerse un análisis para comprobar que realmente no fueran parientes.

Más no obstante, no era el parecido con él lo que lo hacía experimentar esa sensación en el pecho cada vez que veía a Franchesco. Sino el que el infante se pareciera tanto a lo que en incontables ocasiones, él había proyectado que podía ser su hijo con Tomoyo.

Hasta la expresión de esos ojos demasiado grandes para ser completamente orientales, le hacían pensar en ella. En ellos podía observar la inocencia, en conjunto con la astucia, que observaba cada día que había pasado en compañía de la joven de ojos índigos.

Al pensar en eso, un lejano recuerdo vino a su mente; generalmente los reprimía, pensando en alguna otra cosa; más sin embargo, en esta ocasión no pudo hacerlo, tal vez fuera por su sorpresivo encuentro, o porque se encontraba en un país que estaba poblado de reminiscencias para él. Como fuera, no pudo contenerse...

Eran apenas las nueve de la mañana de un sábado, cuando el timbre irrumpió en la rutina que habitualmente reinaba ese día, a esa hora en la casa.

-Touya, puedes atender?- le preguntó su padre- Sonomi está arriba, ayudando a preparar el equipaje de Sakura, y Tomoyo está con ella; ya sabes cómo se ponen cuando las interrumpes en algo relativo a la ropa...

Él asintió sin apenas escuchar a su padre; ese día apenas podía pensar en alguna otra cosa que la morocha que se encontraba con su hermana. Se dirigió distraídamente hacia la puerta de entrada, y la abrió antes de tomar la precaución de fijarse quién era. De haberlo hecho...

-Hola, está Tomoyo?

Al oír ese tono de voz tan conocido y fastidioso para él, su atención se centró en el joven que tenía delante. Estaba por cerrarle la puerta en la cara- como era su costumbre cada vez que se aparecía por allí- cuando escuchó el melodioso tono de la dama en cuestión, decir:

-Ah, Tom; gracias por venir tan pronto.

Se dio media vuelta para mirarla, y la descubrió en el último peldaño de la escalera, con las manos detrás de la espalda, en una postura que exudaba de inocencia, mirando directamente al mocoso parado detrás de él. El hecho de que apenas unas horas después de lo que habían compartido la noche anterior, ella se atreviera a llamar a su "novio", lo llenaba de una increíble sensación de disgusto.

No era sólo eso, debía reconocer. Desde que habían llegado sus padres la noche anterior, ella se había dedicado con ahínco a ignorarlo.

A decir verdad, él no sabía tampoco cómo reaccionar, lo que había sucedido lo había sorprendido tanto como a ella; no obstante, hubiera preferido que ella no lo excluyera de semejante manera.

Y ahora esto.

Tuvo que contar hasta cien para no correr detrás de ellos, una vez que la joven hubo pasado por su lado- sin siquiera dirigirle una mirada- e ido junto con el muchacho.

A pesar de todos los defectos que tenía; el husmear en la vida privada de los demás no entraba dentro de ellos; por ese motivo, le sorprendió el hecho de que tuviera que apelar tanto a su autocontrol para no seguirlos y escuchar de qué hablaban. No obstante, el constante esfuerzo, lo ponía cada vez de peor humor.

Y ni que decir cuándo hubieron pasado dos horas y la joven no hubo regresado aún.

Qué demonios podían estar haciendo esos dos, que demoraban tanto... imágenes atormentantes de Tomoyo en los brazos de ese mocoso- se prohibía terminantemente a llamarlo por su nombre, aún en sus pensamientos- acudieron a su mente, hecho que colaboró sólo para aumentar su mal humor. Tornándolo de un estado irascible que apenas le permitía estar en presencia de otra persona en la misma habitación sin hablarle de mala manera, o tener una explosión de mal humor.

La joven se dignó a aparecer media hora más tarde, justo a tiempo para el almuerzo; y aunque su semblante no era del todo feliz, no sirvió en nada para ayudarlo a disminuir su enfado.

Tuvo que soportar toda una comida, durante la cual su mirada iracunda se fijó con tanta frecuencia en ella, que logró que un tono carmín apareciera en sus mejillas; aunque aún no le dirigiera la palabra. Y recién después que hubieron terminado de recoger los platos, tuvo la oportunidad que tanto estaba esperando.

Sus padres iban a salir en dirección a Detroit para visitar a una persona que podía guiar a Sakura en su próximo ingreso a la escuela en dos meses, y los dejaron a cargo de la casa.

Aguardó, hasta que ya no pudo distinguir el ruido del auto andar sobre el pavimento, y se dirigió hacia la cocina; donde ella se encontraba lavando los platos.

En realidad no sabía bien qué decirle, de lo único que era totalmente consciente era que los celos lo estaban carcomiendo vivo- sensación nada agradable- pero también se hallaba en pleno conocimiento que no tenía ningún derecho para hacerle la escena que tenía ganas.

De modo que se acercó hacia donde se encontraba, sin hacer el menor ruido, y tomó uno de los platos que ella estaba dejando sobre la mesada, para luego secar; y comenzó a hacerlo él mismo. Pudo apreciar, cómo ella se sobresaltaba al notar que él había ingresado en la estancia y que se hallaba a su lado.

Continuaron con la tarea en silencio, ninguno con el coraje suficiente como para afrontar al otro.

Cuando hubieron terminado de lavar, ella se secó las manos en el delantal que tenía puesto, y se dio media vuelta para colgarlo en un perchero que había hacia su izquierda, al lado del calefón. En el momento en que quiso dar media vuelta, notó que una pared de músculos no se lo permitía. Levantó la mirada, vacilante, y se encontró con la café de él.

Estaba nerviosa- lo cual ocasionaba que sus movimientos se volvieran torpes- y no sólo por lo sucedido la noche anterior, sino por la furia que podía adivinarse en la profundidad de esos ojos masculinos.

-He esperado toda la mañana para estar a solas contigo- dijo él finalmente, aunque le costó muchísimo pronunciar dichas palabras. Pudo ver cómo ella se contraía, sabía que esperaba lo peor de él; y no era para menos, desde que había descubierto que se sentía atraído hacia ella, había convertido su vida en un infierno.- Quisiera saber qué piensas acerca de lo que sucedió ayer. –dijo en un tono más suave esta vez.

Sus ojos violáceos se clavaron en los de él, sospechosamente húmedos.

-En realidad no puedo decir que estuviera pensando exactamente, cuando sucedió lo que sucedió; de otra forma...

No hubiera sucedido.

Las palabras no fueron pronunciadas, pero el silencio que siguió a esa frase incompleta, lo rellenó por ella.

-De modo que te arrepientes- dijo lentamente él, deseando con todas sus fuerzas que la respuesta fuera negativa, pero sabiendo que no sería así.

-No!- la vehemencia con la que ella pronunció ese monosílabo, los sorprendió a ambos- No- volvió a repetir en un tono más bajo y calmado esta vez- no me arrepiento.

Él contuvo un suspiro de alivio, no le agradaba reconocer sus temores, pero había sentido un miedo enorme de que ella estuviera verdaderamente arrepentida de lo sucedido, en cuyo caso, él tendría que irse de esa casa. Jamás podría convivir con ella, viendo cómo estaba en brazos de otro... y ya que su mente le recordaba ese "insignificante" detalle...

-Sí, pude apreciar cómo de feliz estás con lo sucedido; no esperaste ni a que las sábanas se enfriaran para ir corriendo con tu noviecito.

El impacto de una mano estrellarse contra su mejilla, llenó el silencio seguido a esa frase.

-Cómo te atreves?- inquirió ella, verdaderamente alterada, aunque sin gritar; ella nunca gritaba- Nunca dije que estuviera feliz de cómo habían sucedido las cosas, simplemente que no me arrepentía.

Él la miró impasible, por qué siempre tenía que convertirse en un gusano cuando estaba frente a ella? Jamás había sido su intención preguntarle de esa manera las cosas.

-Lo siento- jamás imaginó que ella sería la última persona a la que le pediría perdón.-No quise hablarte de esa manera, es que esta mañana me levanté totalmente inquieto, sin saber en realidad cómo afrontarte, y antes siquiera de que pueda cruzar una palabra contigo, me encuentro al pelmazo de tu novio-dijo la palabra como si tuviera mal sabor- y encima de todo, me entero de que tú lo mandas llamar.

Ella lo miró, más calmada. A pesar de que se encontraba acorralada contra la pared, cercada por el calefón y la mesada, no hubiera cambiado de lugar ni con la princesa de Mónaco, si se lo hubieran ofrecido.

-Supongo que yo también te debo una disculpa, es que me pareció lo más acertado, hablar con Tom, antes de hacerlo contigo.

Él la miró con la incertidumbre dibujada en el rostro.

-me puedes explicar qué importancia tenía que hablaras antes con él que conmigo?- inquirió confundido.

-Es que quería estar libre de todo compromiso, antes de volver a hablar contigo.

Tardó un segundo en comprender lo que ella había querido decir.

Cuando volvió a fijar su atención en ella, notó que estaba sonriendo. Con esa sonrisa que le caldeaba el corazón cada vez que la veía en su rostro.

No pudo responder con palabras, no se sintió capaz de hacerlo sin arruinar el momento. Por el contrario, inclinó la cabeza y depositó un suave beso en sus labios entreabiertos.

Lo que había comenzado siendo una caricia en agradecimiento, pronto se convirtió en una apasionada caricia; era mágico, no terminaba de comprender cómo era posible que ante el mínimo roce, su cuerpo se incendiara con un ansia posesiva por ella.

Antes de que las cosas fueran demasiado lejos nuevamente, se separó lentamente de ella. Respiró profundamente para no volver a besar esos labios húmedos e hinchados por su reciente atención sobre ellos, y dirigió las pocas neuronas que no estaban ofuscadas a concentrarse en aclarar un poco la situación.

-No sé qué significó para ti lo de anoche, pero para mí...

Ella selló sus labios con un beso.

-No pongamos etiquetas a lo que sucede entre nosotros- dijo con la voz un tanto ronca.- Simplemente dejemos que sea lo que sea.

No supo con exactitud lo que ella quiso decir, pero en sus ojos notó que pensaba de igual manera que él.

-Sabes que tendremos que mantenerlo en secreto?- le preguntó suvemente, al tiempo que deslizaba su palma abierta por su mejilla- Tal vez cuando tú comiences a ir a la universidad, podamos contárselo.

Ella asintió, feliz de que él pensara que para esa época ellos todavía estarían juntos.

Mentira. Eso había sido. Simplemente una enorme y gigantesca mentira, él había hablado enserio cuando se refería a ellos como unidad, mientras que ella simplemetne había estado jugando.

Habían pasado cinco años desde que la vio por última vez, y sin embargo sabía que el engaño al que ella lo había sometido reverbería para siempre en su persona, a tal punto que lo condenaría a no enamorarse jamás. Ni siquiera podía sentir el profundo amor que alguna vez había sentido por ella. Sólo un profundo vacío y un rencor que no se apaciguaba con el pasar del tiempo.

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A Sakura le temblaba la mano mientras se ponía rouge en los labios y un poco de rubor en las mejillas.

Miró su reloj de pulsera; Eriol pasaría a buscarla en quince minutos. Se encaminó a uno de los placares cubiertos de espejos, sacó un vestido de gasa, el que había elegido esa tarde, con ayuda de su hermana, después de probarse todos sus vestidos de noche recién adquiridos.

Ahora que sé que Shaoran es un cretino falso, carente de principios y arrogante; posiblemente no me resultará nada atractivo, decidió mientras se subía el cierre del vestido y se ponía las sandalias. Pero aún así su vapuleado orgullo le exigía estar lo mejor posible esa noche.

Cerró el placard y se alejó para contemplarse de cuerpo entero en el frente de espejos.

-No sé por qué te preocupas tanto por tu apariencia, hermanita. Sabes que los hombres se vuelven locos, con tan sólo una mirada tuya.

Lentamente se dio media vuelta para mirar a su hermana, cómodamente apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados debajo del pecho.

-Trato de sentir placer al comprobar que tu también piensas que luzco bien, pero me lo impide el mero pensamiento de que estoy a punto de enfrentar al hombre que me sedujo sin el mínimo esfuerzo y que luego sugirió que lo llamara si llegara a quedar embarazada; un multimillonario a quien invité a almorzar y a quien le aseguré que estaba en condiciones de pagar cualquier plato que figurara en el menú.

Tomoyo la miró con la comprensión reflejada en los ojos; al día siguiente que Eriol le comunicara su intención de llevarla a la fiesta, le había revelado todo el asunto a su hermana, esperando que su hermana le dijera lo insensata que había sido; no obstante, Tomoyo le había sonreído tristemente y le había dicho que todo el mundo cometía una insensatez de vez en cuando.

-Lamentablemente existen ese estilo de personas- señaló la joven de cabellos oscuros, al tiempo que se separaba de la puerta y se erguía frente a ella- Ahora, muéstrame nuevamente cómo planeas tratarlo esta noche.

La miró con el agradecimiento en los ojos, e hizo lo que su hermana le pedía. A causa de lo sucedidos, era natural que Shaoran supusiera que se mostraría herida y enojada. Justamente por ello, no tenía la menor intención de permitir que notara que era eso lo que sentía. En cambio pensaba convencerlo de que el fin de semana que compartieron en Harbor Springs para ella no había sido más que una pequeña escapada divertida, lo mismo que sin duda fue para él. De ninguna manera pensaba tratarlo con frialdad, porque eso sería demostrarle que todavía le importaba lo suficiente como para estar enojada. Aunque le costara la vida, lo trataría con indiferencia, de una manera amistosa pero reticente... con la misma indiferencia impersonal con que trataría al portero de un edificio durante las horas de trabajo.

-Con eso lograré desequilibrarlo- dijo decididamente, esperando la confirmación de su hermana para tranquilizarla un tanto. La otra mujer asintió con la cabeza, tratando de transmitirle un poco de fuerza.

Al tiempo que trataba de preparase psicológicamente para lo que vendría, comenzó a buscar los aros de su madre.

¿Pero dónde pueden estar?- se preguntó en voz alta, bastante frenética, algunos instantes después.- No es posible que los haya perdido...

-De qué hablas Sakura?- inquirió intrigada su hermana.

-De los aros de mi madre!... siempre los guardo con especial cuidado. Son los únicos objetos que conservo de ella, recuerdo habérmelos puesto para la fiesta de Harbor Springs... y al día siguiente cuando fui a la Caleta. Y esa noche, mientras estábamos juntos, Shaoran se dedicó a besarme las orejas, y me los sacó porque le molestaban...

Miró a su hermana, mortificada. ¡Los aros de su madre habían quedado en la cama de la amiga de Shaoran!.

Sakura se apoyó contra la cómoda mientras la recorría una nueva oleada de furia y dolor. Lo probable era que la amiguita de Shaoran tuviera en su poder los aros de su madre.

-Tranquilízate Sakura-le dijo suavemente Tomoyo, al tiempo que depositaba una mano sobre su hombro, en un gesto de consuelo- Lo único que tienes que hacer es pedírselos; si es tan asquerosamente rico como averiguaste, nada le importarán un par de aros de oro.

En ese momento sonó el timbre de la puerta de calle, y se enderezó sobresaltada. Después de respirar hondo, y dedicarle una sonrisa y un beso de despedida a su hermana, bajó la escalera y abrió.

Allí estaba Eriol, con aspecto de importante ejecutivo. Vestido con traje oscuro y corbata.

-Pase, por favor- lo invitó en voz baja. Cuando él estuvo en el vestíbulo, agregó- Sólo debo buscar la cartera y estaré lista para salir. Pero no le gustaría tomar antes una copa?- Al notar que él no respondía de inmediato, se volvió a mirarlo- Pasa algo malo?

Eriol recorrió con la mirada las facciones perfectas y el pelo brillante de su secretaria, que caía sobre sus hombros como una cascada de ondas. Examinó con admiración su figura perfecta, y sus piernas largas y bien formadas.

-Nada que yo pueda ver-contestó con una sonrisa.

-Le gustaría tomar una copa?-volvió a preguntar Sakura, sorprendida por la sincera mirada de aprobación de su jefe que, sin embargo, no le resultaba ofensiva.

-No, a menos que a usted le haga falta para reunir el coraje suficiente para enfrentar a Shaoran.

Sakura hizo un movimiento negativo con la cabeza.

-No hace falta que reúna coraje. Li no significa nada para mí.-Al oírla decirlo, Eriol le dirigió una mirada divertida y la escoltó hasta su Corola negro metalizado.

-Deduzco que quiere convencerlo de que ya no tiene ningún interés en él, no es así?.

Sakura tuvo la incómoda sensación de que Eriol no se dejaba engañar por su fachada de indiferencia hacia Shaoran... pero, bueno, él la había visto llorar desconsoladamente por él.

-Así es-admitió.

-En ese caso-dijo Eriol mientras ponía el auto en marcha y salía a la carretera. Y aunque no me lo haya pedido, le daré un consejo. Por qué no conversa amigablemente con él durante algunos minutos sobre la fiesta o sobre su nuevo empleo y luego, con una sonrisa muy encantadora, se aleja y se acerca a algún otro...? A mí, por ejemplo, si estoy cerca, cosa que trataré de hacer.

Sakura se volvió a él con una sonrisa de gratitud en el rostro.

-Gracias-dijo. Y ya más confiada y tranquila, se relajó.

Pero cuando las puertas del ascensor se abrieron en el elegante restaurante del piso ochenta y uno, y Sakura vio la multitud bulliciosa y animada que lo llenaba, la tensión se cerró sobre su pecho, sofocándola. Shaoran se encontraba en algún lugar de ese cuarto.

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-¿Franchesco?

El pequeño fijó sus grandes ojos que en ese momento tenían una tonalidad marrón verdosa, en la mujer que estaba apoyada en el marco de su habitación.

-Qué pasa mamma?- él podía reconocer ese gesto de preocupación reflejado en el rostro de su madre.

La mujer se acercó lentamente a su hijo, y se sentó junto a él en el suelo, teniendo que empujar unos cuantos juguetes para poder hacerlo.

-El miércoles recibí un llamado de Eric...

La cara del pequeño se transformó en un segundo, pasando de una profunda expectativa hasta llegar a una horrible aceptación.

Ella pudo sentir cómo su estómago se contraía al ver la tristeza en el rostro de su hijo, y lo que era peor; el pequeño era tan generoso que no le haría ningún cuestionamiento, simplemente aceptaría la situación.

-Pero quería consultarlo contigo primero- dijo dubitativamente, era algo que recientemente había decidido, si hacer ese recital le causaba un profundo malestar a Franchesco, ella lo rechazaría- El recital del que me habló, es con Il Divo, y se llevaría a cabo dentro de dos meses, por lo cual tengo un mes para estar enteramente contigo, puesto que sólo tendría que ensayar aquí, en casa. ¿Qué te parece? En este caso te estoy consultando, porque es completamente decisión tuya, si quieres que se lleve a cabo, así se hará, de lo contrario, me quedaré contigo como te prometí.

El pequeño se debatía entre el amor por su madre que lo llevaba a decirle que realizara ese recital con el que siempre había soñado, y el deseo egoísta de tenerla para él solo durante un año, como ella le había prometido.

-Quiero saber una cosa- dijo suavemente, mientras levantaba la mirada que tenía fija en el suelo, y miraba desde abajo a su madre.

-Lo que quieras- contestó inmediatamente ella.

-Dónde es el recital?

-Aquí, en Detroit.

El infante dudó un segundo, si el concierto se realizaba allí, eso quería decir que incluso cuando su madre tuviera que ensayar la vería. Si ella le prometía que ese sería el último, bien podía soportar uno más. Después de todo, desde que tenía memoria, ella vivía viajando de un sitio hacia el otro. En este caso, estaría con él un poco todos los días.

Era más de lo que había tenido en su vida entera.

-Si me prometes que es el último recital que harás en este año, no me molesta en lo absoluto.

Tomoyo miró a su hijo con lágrimas en los ojos, ese niño había tenido que crecer tan rápido. Con tan sólo tres años y medio, era más maduro y desinteresado que la mayoría de los adultos que ella conocía; era un rasgo que seguramente había heredado de su hermana.

Y, aunque le doliera en el alma, tenía que admitir que todo era por su culpa, a causa de su egoísmo.

-Tengo algo que decirte, éste no será el último recital en un año.

El pequeño la miró con la tristeza reflejada en el rostro.

-No?

-No- le dijo ella con una sonrisa- Será el último, no daré más conciertos, al menos hasta que tú seas grande.

-En verdad?- inquirió el niño, con un brillo particular en los ojos- Pero tú amas cantar, mammá.

-No si te hace mal a ti-respondió ella- April dejará de existir en dos meses- dijo al tiempo que lo abrazaba.

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Una vez en el bar, Eriol ordenó bebidas para ambos y Sakura miró con cautela a su alrededor, justo en el momento en que un grupo se desplazaba hacia un lado.

Y allí estaba Shaoran...

Se encontraba de pie en el otro extremo del salón, y en ese momento echaba atrás la cabeza oscura para reír de algo que le acababan de decir. El corazón de Sakura empezó a latir con violencia cuando posó la mirada en las facciones apuestas y bronceadas; en la elegancia con que lucía el traje oscuro de corte impecable; en el gesto de indiferencia con que sostenía el vaso en una mano. Notó cada detalle doloroso y familiar. Y enseguida vio a la hermosa morocha que lo miraba sonriente, con una mano apoyada sobre su brazo.

La angustia recorrió el cuerpo de Sakura como un ácido caliente. Ésa era Mei-Ling Li, la mujer a quien había visto fotografiada con Shaoran en innumerables revistas. Y el hermoso vestido color crema que lucía en ese momento era el que Shaoran le había enviado para que usara en Harbor Springs...

Apartó la mirada y empezó a decirle algo a Eriol, pero la expresión tensa que notó también en él cuando vio a la morocha la detuvo en seco. En el rostro de su jefe Sakura vio desolación, enojo, ansias y tristeza, las mismas emociones que ella había experimentado instantes antes, al ver a Shaoran. Instantáneamente llegó a la conclusión de que Eriol estaba enamorado de Mei-Ling (N/A: y yo me pregunto por qué no será tan perspicaz para otras cosas...).

-Aquí tiene su copa-dijo Eriol por fin, alcanzándosela- Ha llegado el momento de que comencemos nuestra pequeña charada-Con una sonrisa sombría, la tomó del brazo y la condujo en dirección al lugar donde se encontraban Shaoran y Mei-Ling.

Sakura trató de detenerlo.

-Pero supongo que no hay tanto apuro, verdad? Si Shaoran es el dueño de casa, es suya la responsabilidad de saludar a todos sus invitados.

Eriol vaciló y enseguida asintió.

-Esta bien, que ellos vengan a nosotros.

Durante la media hora siguiente, mientras circulaban entre los invitados, Sakura se convenció cada vez más de que su presunción acerca de Eriol y Mei-Ling era acertada, y que su jefe estaba tratando de lograr que tanto Shaoran como Mei-Ling se pusieran celosos. Cada vez que Mei-Ling miraba hacia donde ellos se hallaban, Eriol le sonreía a Sakura o le hacía alguna broma. Sakura cooperaba simulando que se estaba divirtiendo como nunca en la vida... pero lo hacía por el bien de Eriol, no por el suyo. En el fondo de su corazón entristecido, sabía que a Shaoran no le importaba lo que ella hiciera ni con quien lo hiciera.

Estaba bebiendo la segunda copa cuando de repente Eriol le rodeó la cintura con un brazo. Fue tan grande su sorpresa que no percibió el apretón de advertencia de los dedos de Eriol.

-Ese grupo de allí-dijo él en un susurro y con una deliberada sonrisa- es la junta de directores. Son todos industriales ricos por derecho propio. El de la izquierda es Fung Li, el padre de Mei-Ling. Los antepasados de Fung han sido petroleros durante muchas generaciones-aclaró.

-Qué cosa tan incómoda para ellos!-bromeó Sakura, batiendo cómicamente las pestañas para hacerlo reír.

Eriol le dirigió una mirada de advertencia antes de continuar hablando.

-El hombre que está a su lado es Crawford Jones. La familia de Crawford, y también la de su mujer, se dedica a los bonos de renta fija.

-Pobres!-continuó bromeando Sakura.

-Sí, pobres-dijo una voz dolorosamente familiar justo detrás de ella- Tanto Crawford como su mujer son feos y eso es algo que ninguna fortuna logra contrarrestar. Aun con todas las cirugías estéticas existentes hoy en día.

Al oír la profunda voz de barítono de Shaoran, el cuerpo íntegro de Sakura se puso tenso, pero ella reaccionó de inmediato y se obligó a volverse. Al ver la expresión divertida con que la miraba, esperando su reacción, el orgullo fue en su ayuda. Aunque por dentro se sentía destrozada en mil pedazos, consiguió sonreír y le tendió la mano.

-¡Hola, Shaoran!

Él tomó la mano en la suya.

-¡Hola, Sakura!- contestó sonriente.

Ella liberó cuidadosamente su mano y enseguida se volvió a Mei-Ling con una sonrisa brillante y expectante, Eriol enseguida las presentó.

-He estado admirando tu vestido toda la noche, Sakura- comentó Mei-Ling- Es fascinante.

-Gracias- contestó Sakura y agregó, sin mirar a Shaoran- En cuanto entré, no pude dejar de notar el tuyo- Entonces se volvió a mirar a Eriol- Ah!, Allí está el señor Simon. Ha estado tratando de hablar contigo toda la noche, Eriol- Y con el poco aplomo que le quedaba, levantó sus ojos verdes a los inescrutables de Shaoran y dijo con amabilidad- Nos disculpan, por favor?

Poco después, Eriol se enfrascó en una conversación con un vicepresidente, de manera que Sakura tuvo que hacer un esfuerzo, mostrarse encantadora e ingeniosa, y arreglárselas sola. Pronto se vio rodeada por una cantidad de hombres que le demostraban su admiración y su interés y durante el resto de la velada evitó mirar hacia donde estaba Shaoran. En dos oportunidades se volvió y por casualidad notó que él la miraba fijo, y las dos veces ella miró con indiferencia hacia otro lado, como si estuviera buscando a alguien. Pero a las tres horas, la tensión de hallarse en la misma habitación que él le resultó insoportable.

Necesitaba un poco de soledad, algunos minutos de respiro, libre del constante acecho de su presencia. Buscó a Eriol y lo vio parado cerca del bar, conversando con un grupo de hombres. Sakura esperó hasta atraer su atención y luego le hizo una seña con la cabeza en dirección a la terraza descubierta del restaurante. Él asintió y su expresión le transmitió que se reuniría allí con ella.

Entonces Sakura se volvió y se deslizó hacia la bienvenida quietud nocturna. Envuelta en la oscuridad aterciopelada de la noche, se encaminó hasta la pared de no más de un metro que rodeaba la terraza y contempló la vista de las luces titilantes que se extendían a lo largo de muchos kilómetros, ochenta y un pisos más abajo. Había triunfado, consiguió tratar a Shaoran con una perfecta combinación de amistad impersonal y de sonriente desinterés. Sin recriminaciones, sin una justificable indignación debido a que él no la hubiera llamado. "Mi actitud debe de haberlo sorprendido"- pensó Sakura con cansada satisfacción. Levantó su vaso y bebió un sorbo de la bebida que contenía.

A sus espaldas oyó el susurro de las puertas corredizas que se abrían y cerraban, y se resignó a la pérdida de su tan necesaria soledad. Eriol se reunía con ella.

-Y, qué tal me he portado hasta ahora?-preguntó, obligándose a hablar con tono alegre e intrascendente.

-Te estás portando muy bien-contestó la voz burlona de Shaoran- Casi has logrado convencerme de que soy invisible.

A Sakura le temblaron tanto las manos que los cubos de hielo de su vaso se entrechocaron. Se volvió con lentitud, haciendo un esfuerzo por recuperar la compostura. Se recordó que debía mostrarse despreocupada y sociable, como si lo que había sucedido entre ambos tuviera tan poca importancia para ella como la tenía para él. Se obligó a levantar la mirada, más allá de la camisa blanca y la corbata rayada hasta sus ojos de expresión humorística.

-Es una fiesta maravillosa- comentó.

-¿Me extrañaste?.

Sakura abrió muy grandes los ojos, con expresión de inocencia.

-He estado muy ocupada.

Shaoran se acercó a la pared, sobre la que apoyó un codo; la contempló en silencio. Observó el pelo que le caía sobre los hombros desnudos y que la brisa movía levemente antes de mirar su rostro.

-Así que no me has extrañado nada?-preguntó con una sonrisa.

-He estado ocupada-repitió. Pero perdió parte de su compostura y agregó- Y por qué debería extrañarte? No eres el único hombre disponible en Michigan.

Shaoran alzó las oscuras cejas, en un gesto de divertida especulación.

-Ésa es tu manera de comunicarme que después de tomarle el gusto al sexo conmigo decidiste que te gustaba y has estado... este... aumentando su experiencia?

¡Dios Santo¡Ni siquiera le importaba la posibilidad de que se hubiera acostado con otros hombres!

-¿Y ahora que has estado con otros hombres y tienes posibilidades de comparar, qué tal me consideras?-bromeó Shaoran.

-Esa pregunta es digna de un adolescente-retrucó Sakura.

-Tienes razón. Vamos- Bebió de un solo trago el resto del contenido de su copa, la depositó sobre una mesa, le quitó la de ella, la colocó junto a la suya y le tomó la mano. Enlazó sus dedos fuertes con los de Sakura, y ella experimentó una sensación tan fuerte de mareo al sentir que los dedos cálidos de Shaoran aprisionaban los suyos, que no se detuvo a pensar hasta que él empezó a conducirla hacia una puerta no identificada a la vuelta de la esquina de la terraza.

Cuando Shaoran estiró la mano para abrir la puerta, Sakura recuperó la sensatez y se echó atrás.

-Quiero hacerte una pregunta, Shaoran, me gustaría que me contestaras con franqueza-al ver que él asentía, Sakura preguntó- Cuando nos separamos en Harbor Springs, tenías intenciones de volver a verme alguna vez... de invitarme a salir?.

Shaoran la miró a los ojos.

-No.

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-Ah, señor Kinomoto, qué alegría verlo por aquí.

El aludido miró indiferentemente al hombre; vestido con un elegante traje, de pie al lado del escritorio de recepción del último piso, de lo que prontamente se convertiría en una de las sucursales más importantes que pensaba instalar en Estados Unidos; y siguió de largo sin devolverle el saludo.

Sin esperar a ser anunciado, ingresó en la oficina del presidente provisorio.

Pudo escuchar, antes que ver, el revuelto de ropas y un murmullo acelerado detrás del escritorio, que presagiaba sin lugar a dudas, que había interrumpido una sesión de amoríos con su pronta llegada.

Cruzó los brazos sobre el pecho, mientras observaba pacíficamente cómo el señor Wilson, se desprendía de su joven secretaria rápidamente. Quien salía apresuradamente del lugar, aún con sus ropas en la mano, cubriéndose con ellas el pecho desnudo, y haciéndole una mueca que ella esperaba, fuera sugestiva, pero que él consideró particularmente desagradable.

-No te pago para que utilices mi oficina como un hotel de visitas rápidas- pronunció desinteresadamente, entre tanto ingresaba en la habitación, y miraba un adorno que había sobre uno de los estantes.

-Lo siento Touya, no pensé que fueras a venir hasta la semana entrante y...

-El hecho de que no esté aquí no autoriza tu comportamiento.- prosiguió aún sin mirarlo.

-Es cierto, y te debo una disculpa, pero...- intentó seguir explicándose el hombre, al tiempo que se ponía de pie.

-Que sea la última vez- dijo en un tono mortuorio, al tiempo que depositaba el adorno en su lugar y se acercaba al escritorio, para sentarse en el lugar que segundos antes ocupaba el Sr. Wilson- Ahora, me gustaría ver los resultados del balance que solicité antes de venir hacia aquí, y el plan de obras.

-Si, por supuesto.

El hombre se dirigió al área contable de la empresa, mientras Touya consultaba el valor de las acciones en la bolsa. Le resultaba extremadamente difícil concentrarse, pero debía hacerlo si quería volver a España y seguir con su vida habitual.

De repente, al ingresar en un sitio web del país, una publicidad se abrió automáticamente. Por lo general las cerraba sin siquiera prestarles la más mínima atención, pero el rostro que mostraba en primer plano capturó su atención como ninguno.

Un frío helado le recorrió la espalda, y sintió como los pelos de su nuca se tensaban. La suave sonrisa en sus delicados labios rosados, el pelo de color ébano estaba totalmente lacio, aunque él sabía que en realidad tenía ligeras ondas, su piel tan nívea que casi era transparente, y esos ojos..., habían sido su perdición durante mucho tiempo, y ahora lo miraban fijamente desde un anuncio.

Su aturdida mente, recapacitó que no había motivo racional para que ella se encontrara en una propaganda en Internet... hasta donde sabía ella continuaba estudiando en Europa, lejos de él, a pesar de estar en el mismo continente.

Obligándose a comprender las palabras que figuraban a un costado de su rostro, en un trasfondo rojo, escritas en blanco.

Y al fin llegó...

después de muchos años...

tan esperada...

April se encuentra con nosotros finalmente!

April... ese nombre... por qué le resultaría tan familiar...

En el mismo instante en que su mente hizo relación, su mundo comenzó a desmoronarse lentamente, hasta no dejar ni la más mínima pista de lo que había construido en esos años anteriores...

Todo había sido reemplazado por una furia indescriptible.

OoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoOOoOoOoOoOoO

Ella seguía absorbiendo el golpe que significaba esa única palabra, cuando notó que él abría la puerta.

-A dónde vamos?

-A mi casa, o a la tuya, no importa dónde.

-Por qué?-insistió ella con obstinación.

Él se volvió a mirarla.

-Considerando que eres una mujer inteligente, ésa es una pregunta muy tonta.

Sakura perdió la paciencia.

-Eres el hombre más arrogante, más egoísta...!-Se detuvo el tiempo para respirar hondo antes de continuar- Yo no sé manejar el sexo ocasional e indiscriminado, y lo que es más, no me gusta la gente que puede hacerlo... la gente como tú!.

-Yo diría que hace cuatro semanas te gusté bastante- le recordó con frialdad.

Sakura se puso colorada y le contestó echando chispas por los ojos.

-Hace cuatro semanas creí que eras alguien especial! Hace cuatro semanas no sabía que eras un millonario licencioso, un play boy que cambia de amante lo mismo que de camisa! Eres todo lo que desprecio en un hombre; no tienes principios, eres promiscuo, y moralmente corrupto! Eres cruel y egoísta y de haber sabido lo que realmente eras no te habría regalado una sola hora de mi vida.

Shaoran contempló a esa joven belleza furibunda que así lo denostaba. Con una voz peligrosamente suave, la desafió.

-Pero ahora sabes quién soy y lo que soy realmente, ya que no quieres tener nada que ver conmigo, no?

-Por supuesto- siseó Sakura- Y yo...

En un solo movimiento, la tomó por los hombros, la abrazó y capturó sus labios en un beso de salvaje e insolente sensualidad. En cuanto la tocó, en todas las fibras del cuerpo de Sakura comenzó a vibrar el deseo de volver a experimentar el placer increíble de ese cuerpo duro que se introducía dentro del suyo. Le rodeó el cuello con los brazos y se arqueó contra él. Shaoran lanzó un quejido, su beso se hizo más suave y profundo.

-Cualquiera puede salir y vernos.

Y entonces su boca se separó de la de Sakura. Shaoran la soltó y ella se apoyó débilmente contra la pared a sus espaldas.

-Vienes?-preguntó Shaoran.

Ella negó con la cabeza.

-No, ya te dije que...

-Ahórrame la perorata acerca de mi moralidad- la interrumpió él con voz helada- Ve a buscar a algún hombre que sea tan cándido como tú y si eso es lo que quieres, los dos podrán manosearse con torpeza en la oscuridad y así aprender.

Como un tajo profundo que durante algunos instantes no sangra, Sakura quedó atontada por el dolor que le produjeron sus palabras; sólo sintió furia.

-Espera-dijo, al ver que él abría la puerta para irse- Tu amante, amiguita o prima, o lo que sea Mei-Ling, tiene los aros que heredé de mi madre. Yo los dejé en su cama, en su casa, con su amante. Me importa un bledo que se quede contigo, pero quiero recuperar los aros de mi madre- El dolor empezaba a recorrerla y se intensificaba con cada momento que transcurría, tanto que hasta empezó a temblarle la voz- Quiero recuperar esos aros.

El cielo raso encima de la cama de Sakura era un vacío oscuro, lo mismo que su corazón, cuando empezó a recordar la escena vivida con Shaoran. Shaoran había llegado a la fiesta con Mei-Ling, pero quiso irse con ella. Por lo menos esa noche la deseaba más de lo que deseaba a Mei-Ling. Tal vez había sido una tonta al no irse con él..,

Furiosa, se acostó boca abajo. Dónde estaban su orgullo y su respeto por sí misma? Cómo era posible que considerara la posibilidad de mantener una relación pasajera y sórdida con ese libertino arrogante y sin principios? No volvería a pensar en él. Se lo sacaría definitivamente de la cabeza!

Continuará…

Notas de la autora:

Buenas!!, cómo anda todo el mundo por aquí? Hace demasiado que no aparezco, se acuerdan aún de mí? No los culparía si no fuera así. Realmente, esta vez tengo justificaciones pero no excusas… creo que sólo aquél que ha vivido un viaje de egresados y el fin de curso que conlleva luego, sabe de lo que estoy hablando… además de que uno vuelve de un viaje de once días (de los cuales, dos fueron de viaje exclusivamente, y nada menos que en un micro!), en el cual apenas duerme dos horas por día, entre ir a bailar y las excursiones, tiene que llegar y empezar a rendir exámenes terminar monografías, dar los toques finales a la fiesta de egresados… en fin reacomodar toda nuestra existencia en apenas un mes…

De todas formas, la razón por la que tardé tanto en actualizar fue porque me fui a Bariloche sin haber avanzado prácticamente nada en este capítulo, y por lo tanto, cuando regresé tenía que escribir no sólo este sino también el de SVAM, cosa que no me hubiera demorado tanto si no hubiera tenido que preparar tantas cosas como ya dije (y creedme cuando digo que no estoy mencionando un montó de cosas).

En fin, encima cuando por fin me pude sentar a escribir y terminar el capítulo, cuando lo leía para editarlo, siempre había un montón de detalles que no me gustaban, y tenía que volver a cambiarlo…

Pero bueno, no importa… aquí estoy, y espero que les haya gustado el capítulo, para el próximo no demoraré tanto, ya que aunque aún me faltan al menos dos semanas para terminar las clases (en realidad no sé bien cuánto porque nadie me dice con exactitud), y tengo que rendir por lo menos siete exámenes más, tengo bastante avanzado el próximo capítulo, y planeo actualizar lo más pronto posible… además, si todo va bien, estaré subiendo este capítulo desde mi casa (finalmente!!) lo cual implica que tardaré mucho menos en actualizar… (en realidad planeo hacerlo cada dos/ tres semanas, como hice antes de irme de viaje).

Bueno… mejor me dejo de hablar… qué les pareció el capítulo??? Yo, sinceramente hubiera matado a Shaoran cuando le dijo eso a Sakura en la última escena… (ya ni siquiera me conformaría con un buen golpe), esa chica es demasiado buena…

Y ahora… por qué Touya habrá reaccionado de esa manera cuando se enteró finalmente que Tomoyo es April??... hay varias sospechas, me imagino y una que comparten todos de seguro…pero bueno… sólo el tiempo lo dirá, no? Sólo esperemos que la deje viva el tiempo suficiente como para ver a su hijo ir a la primaria P…

Bueno gente! Eso ha sido todo por esta vez!!!

Nos vemos prontito!!!

Muchas gracias por sus reviews! Especialmente a: Kaori-Chan y Luz. Que no puedo agradecérselos de ninguna otra forma!

Suerte!!!

Nadeshiko-Luna