Más vale tarde que nunca. Notifico que los versos son de la canción "Siguiendo a la luna" de los Fabulosos Cadillacs. Y ya saben todo lo demás, los personajes no son míos sino de Rowling (de otra forma yo no estaría aquí escribiendo fics) y bla, bla, bla...

La invitación.

Vamos mi cariño que todo está bien,

esta noche cambiaré, te juro que cambiaré...

Corrió a decírselo. Tenía que contárselo a alguien. Tal vez no era la persona más indicada, pero era la única que solía y quería escucharla.

- ¡Ginny¡Ginny!

La pelirroja daba la vuelta en uno de los tantos pasillos. Al oír su nombre, volteó saludándola con una gran sonrisa.

- ¡Hola Luna¿Sucede algo? – preguntó curiosa al verla tan emocionada.

- ¡Me invitó Ginny!… ¡Harry me invitó a la fiesta de Slughorn!

Le pareció, al ver un destello de desilusión en los ojos de la pelirroja, que había cometido un error al decírselo, pero Ginny siguió sonriendo con un tinte de ternura en el rostro.

- ¿De verdad?

Luna asintió, más luego, reflexionando en algo, murmuró – fue tan sorpresivo, nunca lo hubiera imaginado, es que ... – titubeó, pero su padre le había dicho que siempre hablara con la verdad, y así lo hizo – pudo haberte invitado a ti, pudo haber invitado a cualquiera, pero me invitó a mí y no sé por qué.

Ginny la miró fijamente y pasó un brazo por sus hombros – Luna, escucha, de todas las chicas de Hogwarts, Harry no pudo haber elegido a alguien mejor que tú para llevar a la fiesta.

Luna lo pensó un momento. Recordó lo que había dicho Harry en el tren. Ella había luchado a su lado. – Somos amigos – dijo abriendo los ojos como si le hubiera llegado una gran revelación. Ginny la miró con una sonrisa extrañada, aunque ya estaba acostumbrada al singular comportamiento de Luna, todavía solía sorprenderla – me considera su amiga, por eso me invitó a la fiesta... él me lo dijo.

- ¡Por supuesto que te considera su amiga! Nos acompañaste al Ministerio ¿no? Y además luchaste contra mortífagos para ayudarnos.

- Era lo correcto – contestó Luna resuelta.

Ginny, a su lado, bajó el brazo y dijo en voz muy baja - Diviértete mucho Luna, te lo mereces.

Luna recordó. Recordó una tarde en el lago y a una Ginny inconsolable por no poder ir con un héroe a un baile. – Pudo haberte invitado a ti – repitió con voz dulce. Y con la sinceridad aconsejada por su padre, aseguró – a ti te habría gustado ¿no es así?

Ginny la miró sorprendida. Luego, con voz ligeramente temblorosa, afirmó – eso quedó en el pasado, ya no importa. Ahora salgo con Dean ¿no recuerdas?

El compañero de Harry. Un muchacho alegre y simpático. Ginny se lo había contado. Aún así, a pesar de lo que Ginny dijera, Luna sabía muy bien que no había pasado. No podía ser tan fácil olvidarse de alguien como Harry.

- Bueno, dejémonos de cosas – espetó Ginny volviendo a abrazarla – esta noche tú tienes que ser la amiga más bonita de todas ¿ya pensaste en lo que usarás?

Luna no pudo contestarle. No había pensado en nada de eso. Pero ya Ginny la arrastraba tras de sí sin dejar de darle infinidad de consejos.

El reloj interno de Luna daría pasos en el agua hasta que dieran las ocho.


Se miró en el espejo satisfecha. Después de todo no estaba tan mal. Su túnica plateada caía vaporosa sobre su figura. Dio una, dos vueltas sobre sí misma. Aún no podía creerlo.

Observó su collar de corcholatas y sus pendientes, y por un segundo estuvo tentada a ponérselos. No veía que tenían de malo, pero Ginny, muy enfáticamente, le había dicho que esa noche tenía que lucir diferente.

- ¿Diferente¿Y para qué? – le había preguntado Luna encogiéndose de hombros - ¿acaso crees que Harry se arrepienta de haberme invitado si luzco igual que siempre?

Ginny sencillamente había suspirado diciendo algo como "¿por qué siempre tienes que ser tan directa?" . Para luego agregar en voz más alta – te aseguro que no es eso, con que cambies un poquito no se acabará el mundo.

Y tenía razón. No se acabó. Resbalaba bajo los pies de Luna, como resbala la nieve, mientras se encaminaba al vestíbulo. Era su primer baile y estaba contenta, tanto, que apenas si reparó en las miradas rencorosas que le lanzaban por aquí y por allá distintas muchachas.

Mientras era conducida por Harry hacia el despacho de Slughorn, el corazón de Luna reventaba con la certeza de que jamás olvidaría esa noche.


Trewlaney cada vez bebía más copas y Luna cada vez le entendía menos. Como no tenía caso seguir escuchándola, ni hablándole de la Conspiración Roftang, mejor se puso a observar lo que sucedía a su alrededor. Hacía un rato que Harry había desaparecido y Luna no sabía donde podía estar. Vio a Hermione Granger escabulléndose una vez más entre la gente. Eso le sucedía por no haber ido con la persona indicada.

Dio un sorbo a su vasito de hidromiel, pensando, ojalá Harry no se sintiera en la misma situación. No, seguramente no era así. Conociendo a Harry era altamente probable que trajera algo entre manos. Suspiró. Con tal que no se metiera en problemas. Aunque aquello era mucho pedir, a Harry, por lo general, los problemas parecían perseguirlo con demasiada frecuencia.

- Lo siento Luna, no fue mi intención dejarte tanto tiempo sola – la voz agitada de Potter la hizo volverse. Lo miró. Tenía aspecto de haber llegado corriendo.

- ¿Te persigue alguien? – le preguntó curiosa - ¿acaso Rufus Scrimgeourd quería chuparte la sangre?

- ¿Eh? – Harry pareció no entender su pregunta, más enseguida, reaccionó y lanzó una carcajada – no, no precisamente – rió de nuevo – es qué... tenía algo que hacer.

Aún sonreía. Luna pensó que le gustaba ver a Harry así, sonriendo. Era como si de pronto, Harry se volviera tan sólo un chico de dieciséis años sin la sombra de una guerra detrás de él. - Espero que no te estés aburriendo – dijo abochornado. Dejando escapar una bocanada de aire, agregó – creo que no soy muy buen compañero para una fiesta.

Ahora fue el turno de Luna de sonreír – oh no, no me aburro, platicaba con Trewlaney.

Harry observó de reojo a la profesora – pues no parece en condiciones de platicar.

- Hace un rato si lo estaba.

Harry volvió a reír. La música comenzó a escucharse (o tal vez ya sonaba y Luna no se había dado cuenta) y varias parejas no tardaron en dirigirse a la pista. Por alguna extraña razón Harry parecía indeciso, incómodo.

- ¿Quieres bailar? – le preguntó arrugando la frente. Quería ser cortés con ella. De verdad estaba avergonzado por haberla dejado sola.

- No me gusta bailar ¿no recuerdas? – respondió Luna con soltura y Harry se relajó.

- Sí, es verdad, que bien – dijo con alivio – a mi tampoco me gusta – aclaró.

Se quedaron un rato parados, en silencio, observando a las parejas girar. De pronto, Harry le tomó la mano y la arrastró detrás de él.

- ¡Vayamos por Hermione y brindemos con cervezas de mantequilla!

Una cálida sensación se extendió por el estómago de Luna. Ni siquiera pudo aclararle a Harry que había visto a Hermione saliendo de la fiesta sigilosamente, minutos antes. La mano de Harry se aferraba a la suya y era fuerte y protectora y hacía brotar de su pecho un millar de mariposas.


Platicaron durante todo el trayecto para llegar al pasillo que conducía a la sala común de los Ravenclaw. Luna le contó cada una de las cosas fantásticas que se le ocurrieron esa noche, logrando que Harry sonriera más de lo que Luna recordaba.

A ratos se le notaba ensimismado, pero Luna no podía reprochárselo¿no era normal en Harry preocuparse por la terrible sombra que amenazaba al mundo mágico?

Luna lo sabía. Sabía que Harry no iba a quedarse con los brazos cruzados.

-Llegamos – murmuró Luna al llegar al pasillo donde se encontraba la entrada a su sala común. Era hora de despedirse. De haber sido por Luna, hubiera lanzado un hechizo para hacer interminable esa noche.

- Gracias por haber aceptado venir a la fiesta conmigo – dijo Harry muy cortésmente. Tal vez a Harry le hubiera gustado ir con otra persona, pero había ido con ella y eso era lo importante.

- Gracias a ti por invitarme... me divertí mucho.

Siguieron unos segundos de silencio a las palabras de Luna. Harry volvió a parecer preocupado y Luna, por un efímero instante, tuvo el impulso de darle un abrazo.

- Tengo que irme – musitó sin llegar a hacerlo – que tengas felices vacaciones – le dijo. Dio media vuelta y comenzó a andar.

- Luna... – volteó para darse cuenta que Harry le había dado alcance – me alegra haberte invitado... de verdad, me la pasé genial – le dio una palmada en el hombro diciéndole – tú también, que tengas felices vacaciones.

Luna anduvo de prisa hasta su habitación. Su hombro aún cosquilleaba ligeramente. Lo que restó de la noche se deshizo con el silbido de un fénix y con la risa de Harry resonando en el interior de sus sueños.