Harry James Potter.

Vamos mi cariño ya no llores más,

por vos yo bajaría el sol

o me hundiría en el mar.

Y eso parece verdad para mí.

El agua estaba helada y al contacto de su mano se deshacía en suaves ondas que congelaban su piel. Luna se hallaba sentada a la orilla del lago sosteniendo sus piernas con un brazo mientras estiraba el otro para poder tocarlo. Hacía frío, muchísimo frío, pero Luna no quería estar dentro del castillo. No quería escuchar los rumores.

Había un silencio horrible donde antes había estado el silbido de un fénix. Sus ojos se humedecieron y Luna se los restregó disimuladamente con el dorso de su brazo.

Ginny, esta vez, no se lo había contado.

Supo la noticia después del partido donde Gryffindor se convirtió en campeón. Ginny y Harry eran novios. Y la mayor parte de los rumores coincidían en que nunca se había visto a Harry tan feliz.

Definitivamente hacía frío. Luna se arrebujó en su túnica mirando enfrente de si. Hacía días que no hablaba con Ginny, casi no la veía. Ahora casi siempre estaba al lado de Harry. La tarde anterior los descubrió, sin querer, tomados de la mano caminando por los pasillos. Cuando se detuvieron y Harry se acercó a Ginny, Luna echó a correr.

- ¡Trevor¡Ven a...!

PUM. Un ruido seco la hizo volverse. Neville Longbottom acababa de caer muy cerca de donde ella estaba y ahora se levantaba sacudiéndose su túnica.

- ¡Qué mala suerte¡Volví a perderlo! - se lamentó. Reparó en ella y al verla bien, quizás creyó que estaba siendo inoportuno porqué murmuró avergonzado – lo... lo siento... no quería molestarte.

- No me molestas- contestó Luna levantándose lentamente, recorrió el lugar con la vista limpiándose los ojos y preguntó - ¿perdiste a tu sapo?

- Sí, volvió a escapar – se quejó Neville y Luna supuso, que ayudar a Neville a encontrar su sapo, era mejor opción que estar ahí, tristeando.

- Yo te ayudo a buscarlo –decidió con convicción. Lo encontró quince minutos más tarde, escondido entre unos matorrales. Lo tomó con cuidado y lo puso en las manos de Neville. En la cara simpática y regordeta del chico se dibujó una pequeña sonrisa.

- Gracias Luna. Sin ti no lo hubiera encontrado tan pronto – dijo acariciando con ternura a su sapito. A Luna se le sobrecogió el corazón. Sabía perfectamente la historia de Neville y le pareció una soberana tontería estar triste por tan poco, mientras Neville encontraba consuelo en su mascota.

- Trevor es muy listo – aseguró acomodándose la varita detrás de la oreja – es natural que lo quieras tanto.

Neville se quedó muy serio y sujetó con más fuerza a su sapo – pero siempre huye de mí como si no lo entendiera... siempre tengo que andarlo buscando.

- No importa. Por mucho que se esconda, por mucho que lo busques, siempre termina a tu lado. Y por eso para él eres muy importante.

Y Luna comprendió. Aquello era verdad. Lo importante era estar siempre al lado de las personas queridas cuando más necesitaban de alguien que cuidara sus pasos.

Neville la miró. Y con una sonrisa tímida le dijo en voz baja – gracias... si yo pudiera ayudarte también lo haría.

Tal vez Neville no podía ayudarla. Pero estaba ahí y eso la hacía sentirse menos sola. Como con un amigo. Le sonrió. Al fin de cuentas eso era exactamente Neville. Un buen amigo. Y eso era trascendental.

Y eso era ella para Harry. Sólo que no entendía por qué, si la amistad era tan importante, podía ser tan dolorosa.


Parecía imposible. Si alguien más lo hubiera dicho difícilmente lo hubiera creído. Pero era Harry quién lo afirmaba. Entonces era verdad. No pudo evitar temblar al escuchar a Harry contar lo ocurrido con Dumbledore.

Sintió miedo y tristeza y se sintió inmensamente desprotegida.

Harry, seguramente, se sentía igual… o peor.

Sólo que el miedo de Luna no era solamente por lo que pudiera ocurrirle de ahora en adelante tanto a magos, como a muggles. Si Dumbledore había caído, entonces cualquiera podía caer.

Principalmente él. Harry Potter. El Elegido. El niño que vivió. Y sabía que nada podía hacer para alejarlo del peligro. Era él quién tendría que terminar enfrentándose al mago más tenebroso de todos los tiempos.

Y no quedaba más que luchar a su lado.


¿Cuánto tiempo esperó con paciencia ver cambiar su moneda? Día tras día. Semana tras semana. Y el galeón falso seguía sin alterarse ni un poco. Sin anunciar ninguna nueva fecha de reunión. Y cuando al fin lo hizo no dudó ni un instante en acudir al llamado. Como tampoco dudó ni un instante en arriesgarse y volverse comentarista de quiddicht. El caso era apoyar a Gryffindor y a Harry, y aunque lo había hecho fatal, Ron Weasley la había felicitado.

Al final la moneda cambió. Y sin felicitación y sin triunfo el mundo se volvió un caos. Y ahora estaba aquí, junto a Neville, siendo testigo del adiós a un gran mago. Neville gimoteaba quedamente de vez en vez, y con disimulo se limpiaba los ojos. Luna fingía no darse cuenta y su vista se clavó en el lago, donde las sirenas entonaban una hermosa y triste melodía. Alcanzó a darse cuenta de la presencia de Dolores Umbrigde y su puño se crispó con furia. Luego sus ojos se deslizaron hasta Harry. Luna hubiera dado la vida entera por no verlo sufrir de esa manera. Sereno, tranquilo, ausente, y sin embargo en sus ojos podía notarse esa tristeza infinita. Cuando el funeral terminó, Luna se levantó y como pudo ayudó a Neville a caminar. Sus pasos todavía eran inseguros, pero Luna estaba más pendiente de otra cosa.

- Es un golpe terrible para Harry – Neville no la miraba a ella, pero sin duda se había dado cuenta de a donde se dirigía la atención de Luna. Dejó escapar aire y caminó con un poco más de firmeza – se vienen tiempos muy duros y debemos estar unidos. No lo abandonaremos ¿verdad?

Luna negó con la cabeza. Neville era admirable aunque pocos lo creerían. Tenía razón y ante los malos tiempos, sólo les quedaba mantenerse lo más cercano posible. Y pasara lo que pasara, lo principal era no abandonar a Harry. No dejarlo solo nunca.


Pronto sería de noche y el expresso por fin llegaría a su destino. Londres casi estaba a la vuelta de la esquina. Luna intentaba dormir al igual que sus compañeros de vagón, pero una inoportuna inquietud se lo impedía. Se revolvió en su asiento y se volvió hacia la puerta. Justo en ese momento alguien pasó. Luna se levantó de golpe y con inusitada rapidez alcanzó la puerta y abrió. Era imposible no reconocer a lo lejos la figura de Harry. Atisbó a ambos lados. No se veía a nadie. Seguramente la mayoría de los alumnos vendrían dormitando. No lo pensó mucho y salió. Cautelosamente, más de lo necesario quizás, fue detrás de Harry sin saber muy bien para que lo hacía. No tenía ni una palabra de consuelo o de esperanza, pero Harry estaba triste y ella se había prometido no abandonarlo nunca.

Lo alcanzó al final del tren. Él estaba parado viendo el camino que quedaba atrás. Se atusó el pelo con impotencia y se recargó sobre una barandilla. Luna se quedó un rato observándolo. Tejiendo ideas. Cuando Harry se limpió los ojos con furia, Luna sintió el arrojo inundándola toda. Había que ser fuertes y no había más opción. Si para animar a Harry era necesario hacer lo imposible, sin dudar lo haría. Se acercó poco a poco y Harry debió sentir su presencia por qué volteó a verla con gesto hosco.

- Ah, Luna, eres tú - dijo y su semblante se suavizó. Eso animó a Luna para ponerse a su lado.

- Papá irá a Bulgaria a buscar una entrevista con un mago que puede hacer de cabeza una poción contra las quemaduras de heleópatas. Yo lo acompañaré.

Harry se quedó un momento confundido y luego volvió a recargarse en la barandilla. - Que bien Luna, al menos tú te divertirás. - Dijo, pero su voz sonó ausente.

- No lo creo - aseguró Luna bajando la voz y acercándose a él - es un tipo peligroso. Una vez convirtió a un mago en una tetera y todo por qué le preguntó la hora en un mal momento.

- ¿Ah, sí? - inquirió Harry mirando fugazmente a Luna y ella comprendió que contestaba por cortesía - ¿y si es tan peligroso por que lo acompañas?

- Por qué el peligro no es suficiente para dejarlo solo - y al decirlo, Luna fijó sus ojos en Harry.

Harry la miró entonces y sonrió débilmente - tu padre tiene suerte de tenerte a su lado. Guardaron silencio. La marcha inexorable del tren pronto llegaría a su término. En la lejanía, la luna en acecho esperaba paciente adueñarse del cielo nocturno. Luna se rascó la nariz dudosa, si habría de decir algo, tendría que decirlo ya.

- Aunque se abra Hogwarts, tú no volverás a clases ¿verdad?

Harry se quedó muy quieto, más casi al instante contestó sin verla - no, no regresaré - dijo dejando entrever una especie de rabia y tristeza - hay otras cosas que hacer...

- Comprendo - y la voz de Luna bajó hasta volverse un rumor apagado - pero no estarás solo, cuentas con Ron, con Hermione y con Ginny.

Harry se acomodó las gafas y de pronto pareció muy triste. - Ya no salgo con Ginny - puntualizó.

No era correcto. De ninguna de las maneras era correcto. Y sin embargo, Luna sintió un cosquilleo muy cálido calentando su pecho.

- De cualquier forma contarás con ellos ¿no? - dijo sin poder evitar sonar alegre.

- Si, supongo que sí - contestó Harry con un suspiro.

- También con Neville y conmigo - aseguró Luna muy convencida. Esta vez Harry si se concentró en verla.

- Luna, esto no es un juego - dijo en tono molesto - es muy peligroso y no...

- Sé lo que dirás - atajó Luna - no quieres arriesgarnos, pero ¿sabes? Ningún peligro es suficiente para dejarte solo.

Detrás de sus gafas, los ojos de Harry brillaron con afecto. - Te lo agradezco Luna, pero...

- Vamos Harry, de cualquier forma corremos peligro - tomó aire antes de decir - cualquiera de nosotros puede ser el siguiente, es mejor estar juntos y resistir.

Harry la miró pensativo, extrañado, luego, con aire curioso, preguntó - ¿no tienes miedo?

Por la cabeza de Luna pasaron muchas respuestas. Todas con el mismo fin: animar a Harry. Se decidió por la más sincera de todas.

- Si, mucho - dijo sin dudar.

Por un momento pareció que Harry diría algo importante, pero no fue así. Al verlo con esa expresión grave y madura en su rostro, Luna entendió que ese miedo agazapado dentro de ella, no le impediría seguir a Harry al mismo fondo del mar. Cazarían sirenas y caracolas. Y junto a Harry, esperar que la guerra acabase, ya no sería tan terrible.

- Cuando acabe todo esto te invitaré a buscar alguna buena noticia para la revista de mi padre. Iremos con él¡verás que divertido!

- Si, cuando acabe todo esto - repitió Harry ensimismado y Luna advirtió que Harry temía no poder cumplir con aquello. Fue inevitable. Luna se volvió con rapidez y lo abrazó con fuerza. Había cosas que no se podían decir con palabras y la promesa de no abandonarlo era una de ellas.

Harry, por un momento, se tensó cohibido, pero tal vez necesitaba de promesas como aquella. Un poco aturullado al principio, correspondió al abrazo, después, aferrándose a Luna, susurró - gracias Luna, siempre logras que me sienta mejor.

Se apartaron y se miraron fijamente. Aquello comenzaba a resultar incómodo. Luna tomó a Harry de la mano y lo arrastró hacia los vagones.

- Harry James Potter, es hora de arreglar tu equipaje o duendes ladrones vendrán a llevárselo.

Harry soltó una pequeña carcajada y fue tras ella. - ¿De dónde sacas tantas ideas? – le preguntó con una gran sonrisa. Luna se encogió de hombros y no contestó. Harry se detuvo y la obligó a hacer lo mismo. - ¿Sabes? Quizás tengas razón, tal vez también necesite de ti y de Neville…

Luna clavó sus grandes y grises ojos en él y con la sonrisa bailándole en la mirada, sacó algo de su bolsillo y se lo mostró a Harry. Era el galeón. – Si me necesitas yo lo sabré, siempre lo traigo conmigo.

Harry estrechó con fuerza su mano. Y tal vez también era una promesa. El canto de un fénix, muy despacito, volvió a resurgir de entre sus cenizas.

Tal vez no todo estaba perdido.

A lo lejos, una luna resplandeciente, por fin era dueña de un imponente cielo nocturno.

FIN.