Fresas con chocolate

Tomoyo apretó el paquete contra su pecho, angustiada. Si, debía de haber sido más previsora; sí, de todas las personas que la rodeaban, incluso esa vez Sakura había tenido más sentido común que ella, pero ¡no era del todo su culpa! Los nervios la habían alterado muchísimo. Y por eso se encontró a ella misma buscando en vano por todas las tiendas algo de chocolate para San Valentín un día antes de la fecha esperada. ¡No podía fallarle! Después de todo, era el primer 14 de febrero que celebraba al lado de Eriol… pero al Destino pareció importarle un demonio que la ocasión fuera tan especial. Todas las existencias agotadas. Ni un solo bendito chocolate en todo el distrito de Tomoeda. Al final, tuvo que arreglárselas con un poco de chocolate que le sobró a Sakura y con una docena de fresas que por casualidad halló en su casa. Y ahora estaba allí, sentada en el salón de la residencia Hiiragizawa, escuchando las cariñosas burlas de Nakuru y sintiendo que el mundo se venía abajo. El joven inglés había tenido la suficiente sensatez de ocultar todos los chocolates que había recibido en la escuela; pero por desgracia no podía acallar a la hiperactiva guardiana, lo cual ponía a Tomoyo cada vez más tensa. Pues claro. A saber cuantos regalos mejores que el suyo le habrían dado a su apuesto novio. Tomó una decisión, que se proyectó en su mente con tanta intensidad que no oyó salir a Spinel ni a Ruby Moon: fingiría que olvidó el regalo, prometería dárselo otro día y así poder obsequiarle algo decente. Sus cavilaciones se vieron interrumpidas por un ligero contrapeso a su lado en el sofá: Eriol había tomado asiento a su lado. Volteó a verlo con timidez. Él le sonreía, lo que la hacía sentir aún más culpable. Ya iba a comenzar a ejecutar su plan (no era precisamente "maquiavélico", pero serviría por el momento) cuando él exclamó, con una sonrisa luminosa tanto en sus labios como en sus ojos:

-Tomoyo-chan… ¿ese paquete que traes… es para mí?

-¿Eh…? ¡Ah! Esto… pues…- clavó su mirada en aquella expresión de cachorrito que le daría ternura hasta a una piedra- pues… sí... Sí, Eriol-kun, es para ti.

Se lo entregó y desvió la mirada, sin querer ver como la sonrisa se le escurría al inglés de los labios.

-¡Fresas con chocolate!- exclamó Eriol, feliz como un niño en Navidad. Tomoyo le vio boquiabierta, segura de que era un cumplido por compromiso. Pero si así era, ¿por qué la expresión del chico seguía siendo tan… pues tan… emocionada? Eriol era un excelente actor, eso que ni que, pero… ni él lo era tanto. Al parecer en verdad estaba feliz. Esto hizo sonreír a la japonesa apenas un poquito, nerviosa como estaba. Eriol mordió a medias la enchocolatada punta de la fresa, sonriendo. Luego abrió los ojos, con una expresión totalmente ajena a la infantil felicidad que les inundaba hacía solo un instante, y acercó su rostro al de su novia, invitándole a compartir la fruta. La muchacha le miró pasmada durante un momento; luego se sonrió y aceptó la callada invitación. No recordaba una sensación así, tan nueva y…

La acidez de la fresa, luego la suavidad del chocolate… para terminar encontrando la dulzura de los labios de la persona a quien más quería en el mundo. Prolongaron el regocijo de aquel beso durante largos minutos… Cuando al fin se separaron, ambos estaban rojos y sonrientes.

-¿Gustas otra?- preguntó pícaramente el inglés.

-Por supuesto- asintió Tomoyo con una risita. "Vaya, señor Destino- pensó mientras mordía la siguiente fruta con singular alegría- tú si que sabes por qué haces las cosas…"

(614 palabras) Oo algo larguillo!

OK, ¿así o más almibarado? xD Creo que le está comenzando a salir miel a mi compu… :P jejeje, espero sus comentarios! ;D (Y es que vamos, estamos hablando de Eriol-kun, ¿quién no mataría por un momento así? xD) Ja ne, gente bonita!