Amatistas

Tomoyo le miró atónita, mientras la luz del sol moribundo los iluminaba a ambos. La terraza donde se encontraban estaba totalmente iluminada de rayos dorados, haciendo que las plantas arrojaran destellos verdes, como si estuvieran inmersos en un mundo mágico de jade y oro. Eriol sonreía, aunque se le veía tenso, esperando la reacción de la muchacha. Todo parecía congelado… incluso los fulgores de aquella hermosa piedra, una joya engarzada a una banda de oro. Como sin darse cuenta, el joven inglés explicó:

-Es una amatista… me recordó tus ojos… aunque ahora que me fijo bien la opacan claramente- al fin, Tomoyo sonrió- ¿qué me dices, Daidouji Tomoyo?

-No, Daidouji Tomoyo no… Hiiragizawa Tomoyo- le contestó ella, radiante. Eriol deslizó el anillo por el anular de la chica y observó las tres amatistas brillar de tal manera que parecían destellos hechos solo para él. Y así era.

(147 palabras) ¡YAY!