La confesión
Jamás pensó que ese momento fuese tan diferente de cómo lo había imaginado. Había comenzado de manera muy rara… puesto que Syaoran y Sakura ya habían hecho equipo, Eriol y ella habían quedado de reunirse para estudiar juntos, cosa que Tomoyo esperaba ansiosamente; pero para su sorpresa, el inglés no llegó solo. Una muchacha bajita de cabello rojizo le acompañaba.
-Eriko- había dicho Eriol- es la mejor de mi clase es Literatura. Le pedí que nos ayudara a estudiar.
La chica le hubiera caído a Tomoyo muy bien en cualquier otra circunstancia, pues era simpática y bastante inteligente. Pero en ese momento, en ese lugar… solo podía forzarse a sonreír y a reprimir las ganas que tenía de retorcerle el cuello al chico de ojos azules. Pasaron un par de horas lentamente. Eriko se excusó diciendo que tenía que llegar temprano a su casa. Después de despedirla ambos con efusividad, se concentraron de nuevo en el libro de texto, con la amatista ahora si ya bastante enfurruñada. Eriol le hacía comentarios con la misma suavidad de siempre, pero ella, difiriendo por mucho de su carácter habitual, solo le contestaba con monosílabos y uno que otro gruñido ligeramente molesto. Eriol terminó por cerrar el libro y mirarle fijamente.
-¿Te pasa algo, Daidouji-san?
"No, sólo quiero matarte por traer una anexada a NUESTRO rato a solas, ¡idiota!"
-Para nada, Hiiragizawa-kun- contestó con voz cortante, sin mirarlo siquiera. Pero él continuó insistiendo hasta que le colmó la paciencia a la japonesa.
-¡Ya te he dicho que no!
-¡Si no tuvieras nada, no estarías gritándome!
-¡No te estoy gritando!
-¡Claro que sí! ¡Escúchate solamente!
-¡ah! ¿Y tú no me estás alzando la voz, de casualidad? ¿No tendrá eso algo que ver, eh?
Pronto se estaban gritando de cosas de un lado a otro de la mesa. Era una suerte que el jardín de la escuela estuviera desierto, o hubieran provocado una verdadera escena. La discusión se acaloró hasta el grado de que ambos se pusieron de pie y comenzaron a vociferarse a menos de un metro de distancia. Era un cuadro realmente inaudito: ¡dos de los seres humanos más serenos de la Tierra, gritándose! Pronto salió a colación el tema de Eriko, pues Tomoyo estaba demasiado furiosa como para contenerse de cualquier manera. Eriol primero la miró perplejo, luego una especie de sonrisa se le insinuó en el rostro.
-¿¡Qué es tan divertido?!
-Pues que no pensé que te fueras a poner así de intensa por Eriko…- su tono de voz daba a entender algo que hizo la sangre de Tomoyo hervir.
-¡Pudiste haberme avisado, por lo menos! ¡Así hubiera podido preparar temas de estudio para tres, y estar más organizados!
-¡Por favor!- Eriol parecía contenerse con mucha dificultad. Ya tenía "la palabra" pujando por salir de sus labios.
-¿Por favor qué?
-¡Tú sabes bien lo que pasa!
-No, no sé lo que cruza por esa cabezota tuya. ¿Qué debería saber?
-Pues que estás…- hizo una pausa como para contenerse, pero la pelea pudo más- ¡estás CELOSA!- Tomoyo abrió la boca ligeramente. Se había atrevido. Había osado mencionar "la palabra".
-¿Cómo que celosa? ¿De qué debería?- de nuevo la mueca sonriente se insinuó en el rostro de Eriol.
- ¡De que vine con ella, de eso!
-¡Por favor! ¡No te des tanta importancia!
Y así siguieron un buen rato, hasta que sus caras estuvieron a diez centímetros de separación, viéndose furibundos. Luego pasó algo. Ambos hicieron una pausa de silencio que se volvió tenso en unos segundos. Los dos respiraban con dificultad, y estaban sonrojados por el enojo… Casi como si fuera un reflejo, Eriol la tomó por la barbilla y atrajo el rostro de Tomoyo hacia el suyo, con tal rapidez que ella ni pudo reaccionar. Fue un beso muy breve, pero bastó para ponerlos aún más colorados de lo que estaban. Se miraron a los ojos por un instante antes de abrazarse y besarse de nuevo. Su respiración era aún muy pesada, y aquel beso duró hasta que ambos latidos cardiacos habían alcanzado un ritmo más o menos normal (ya no de enojo, sino de emoción). Cuando se separaron, el inglés empujó muy suavemente con su mano la nuca de Tomoyo para apoyar la cabeza de ella en su hombro. Así se quedaron un rato, demasiado perplejos para hablar siquiera, hasta que Eriol le dijo, tan suavemente como si se lo hubiera imaginado:
-Estoy enamorado de ti, Tomoyo.
Ella alzó la vista, preocupada que de verdad hubiera sido solo un susurro de su mente. Pero no; los ojos color zafiro le sonreían al igual que su dueño, que le acariciaba el cabello con lentitud. La japonesa sonrió y volvió a acurrucarse en su hombro. Definitivamente así no lo había imaginado… pero la sorpresa de aquel momento lo volvía mejor, mucho mejor que cualquier sueño que hubiera podido tener antes: era verdad.
(809 palabras) ¡Worales!! Oo
