Capitlo9:

Roy afilo la pluma por tercera ves, aunque no lo nesecitaba. Ya era la cuarte ves que revisaba los informes sobre las salinas y los ganados que los hermanos tenían en la abadía. Se levanto, camino hacia al ventana del despacho del abad y miro hacia el exterior.

-Es la tercera ves que miráis por la ventana. Mi señor. ¿Esperáis a alguien?

Roy intercambio una mirada con el abad, quien con un gesto, despidió a otros dos monjes que había en la estancia. Cuando se marcharon, Grumman invito a que se sentara.

-Voy a deciros algo, Roy. Algo sobre mi mismo que tu padre sabia, pero tu no.

-¿Y que es, Grumman?- pregunto intrigado.

-Cuando era joven, era un caballero y un cruzado. Viaje por todo el continente con mi señor feudal. Incluso me case.

-¿De verdad? No lo sabia- dijo sorprendido.

-Pero cuando mi muré murió, dirigí mi vida al servicio de Dios.

-¿Y por que me estáis contando esto?- pregunto Roy.

-Porque habéis vuelto a vuestro hogar hace menos de una semana con una mujer que, por lo que se dice, es joven y hermosa. Y porque os habéis quedado aquí durante al menos dos días mas de lo necesarios- contesto Grumman y bajo la vos-. Porque soy mas mundano que el anterior abad y soy mas capas de discutir sobre cuestiones de…bueno, de maridos y mujeres.

Roy cerró los ojos y sacudió la cabeza. ¿Qué el podía contar a aquel monje? Ni siquiera sabia como se sentía por lo que había ocurrido entre Riza y el. No, se estaba engañando a si mismo. El problema era que sentía demasiado y que no sabia que hacer a continuación. Era cierto que estaba retrasando el regreso a su casa y el hecho de enfrentarse a una mujer a la que deseaba poseer de todas las formas posibles y a la que deseaba estrangular al mismo tiempo.

-Os agradezco vuestra amble oferta, Grumman, pero…-empezó a decir, pero el abad lo interrumpid.

-Roy, considero que somos amigos. Quiero que sepáis que mantendré vuestros secretos, si nesecitais desahogaros con vuestros problemas.

-Reuniré a mis hombre y me marchare a Silloth – dijo levantándose- ya me he quedado demasiado tiempo- debía regresar y enfrentarse a la relación con su mujer.

-Si, es lo mejor. Hay que enfrentarse a los problemas antes de que se hagan mayores.

Salieron juntos al patio de la abadía y Roy comenzó a dar órdenes. Menos de una hora después ya habían recibido la bendición de Grumman y comenzaban el viaje hacia el norte. Envió a un mensajero para que se adelantare e informara a su administrador y a su mujer de su regreso para aquella tarde.

Volvió a pensar en Riza. ¿Como habría estado durante su ausencia? Sabia que se la estaba tratando bien, ya que eso fue lo que le dijo el mensajero que acudió a el pidiéndole permiso para enviar las cartas a la familia de Riza. ¿Habría aceptado finalmente su destino y su lugar como su esposa ahora que habían consumado el matrimonio?

Sintió arrepentimiento y deseo, una mezcla frustrante, al recordarla durante la noche que la había poseído. Aunque entonces no se había dado cuenta, ahora sabia que Riza avía jugado con el, lo había retado y lo había inducido a que la tomara. Podía ver sus ardides, pero no entendía sus razones. Si Riza se oponía al matrimonio y creía que no duraría, entonces la consumación seria a lo ultimo que lo urgiría.

Durante el camino de vuelta no hizo mas que pensar en aquello. ¿Cuáles serian las razones de su esposa? También se preguntaba que Riza lo esperaría de regreso. ¿La melancólica? ¿La tentadora? ¿La enfadada? ¿O tal ves se encontraría con otra faceta diferente que aun no conocía?

Lo único que sabia que no la trataría de forma deshonesta. Si ella no lo quería en su cama, no la forzaría, a pesar de lo mucho que deseaba poseer y saborear cada rincón de su cuerpo.

Justo antes del anochecer llegaron a Silloth y atravesaron las murallas del castillo. Roy espero a que se llevaran su caballo y después entro con sus hombres. Por los sonidos y por los olores que procedían del comedor supo que la cena estaba preparada. Inspiro profundamente y suspiro. Se sentía bien volver al hogar. Se detuvo un momento en la estancia que había junto al comedor para quitarse la armadura y permitir que uno de sus sirvientes lo librara de la cota de mallas. Con un poco de agua que le ofreció otro sirviente en un cubo, se lavo la cara y la cabeza y se aseo lo mejor que pudo.

Entro en el comedor, saludando a su gente y a los sirvientes mientras se dirigía a su asiento. Intento no fijarse en la mujer que esperaba junto a su silla, pero no pudo evitarlo. Incluso desde lejos pudo ver que estaba pálida. Su rostro estaba inexpresivo, pero cuando sus miradas se encontraron, Riza lo saludo con una inclinación de cabeza.

Riza permaneció de pie junto a los demás a la cabecera de la mesa y espero a que el llegara a su asiento para sentarse. Trisha se sentó a la derecha de su hijo y Maes, a al derecha de ella. Roy ordenó que empezaran a servir la cena. Después de las comidas bastantes frugales de la abadía, estaba deseando disfrutar de viandas más contundentes. Su cocinero no lo decepciono.

Miro a Riza, sentada tranquilamente a su lado. Aceptaba de ves en cuando comida y bebida de el y le daba las gracias con un murmullo. No inicio ninguna conversación, pero respondía a todas las preguntas que el le hizo. Comió muy poco y bebió mucho menos.

¿Estaba tan nerviosa como el por enfrentarse a su situación personal o había algo mas en juego? Cuando todos se hubieron saciado, Roy se levanto y le tendió la mano a su mujer. Riza también se puso de pie y sus miradas se encontraron. ¿Era miedo lo que había en sus ojos? Maes se levanto y se acerco a el. Roy estaba observando a Riza y vio que el color escapaba aun mas de sus mejillas.

-Me gustaría hablar contigo, Roy- dijo Maes.

-Por la mañana. Ahora estoy cansado y quiero retirarme.

-Por la mañana, entonces- contesto Maes, pero miro a Riza mientras hablaba.

La mirada de Riza se encontró con la de Maes por un segundo, pero fue suficiente para que Roy lo viera. Roy salio del comedor con su mujer, atravesó el pasillo y se dirigió a sus aposentos. Dejo que Riza entrara en su habitación primero y después cerro la puerta tras de ellos.

-¿Qué hay entre vos y Maes?- pregunto finalmente.

-No hay nada entre nosotros, mi señor- contesto ella con calma.

-Maes y yo somos amigos desde que éramos niños. Ahora, además, es el capitán de mis soldados. No tenemos secretos entre nosotros y valoro sus consejos y su honestidad mas que los de ninguna otra persona- se acerco a Riza y esta dio unos pasos atrás-. ¿Y bien, mi señora? ¿Me lo vais a contar o debo escucharlo de labios de Maes por la mañana?

¿De que podía estar tan asustada? Maes nunca traicionaría su confianza, de eso estaba seguro, pero no confiaba en Riza.

-Se hablar vuestro idioma- dijo en un ingles titubeante-. Vuestro amigo o sabe y os lo dirá por la mañana si yo no lo hago antes.

Roy frunció el ceño.

-¿Y teníais que ocultármelo? ¿Era algo tan importante que teníais que mentirme?- Roy sintió que la furia lo invadid. Sabía que había algo mas, pero no podía imaginar que era. Apretó los dientes y la miro-. ¿Os vahéis dado cuenta de que os habéis reído de todos nosotros mientras intentábamos ayudaros? Mi gente se ha esforzado por daros la bienvenida y vos nos habléis mentido.

-No deseo estar aquí, mi señor. ¿No lo entendéis?- dijo en vos baja y suplicante.

-Habéis aprovechado cualquier oportunidad para hacérmelo saber, tanto a mi como a mi gente.

Se acerco un poco más a ella y la tomo por los hombros. Antes de que pudiera decirle que espera be que a la mañana siguiente se disculpara ante todos, ella hizo lo que Roy menos se habría esperado: se dejo caer al suelo de rodillas y se hizo una bola, protegiéndose la cabeza con los brazos. Roy parpadeó, atónito, y dio unos pasos atrás mientras ella gritaba:

-¡Por favor, mi señor! ¡No me golpeéis la cara! La cara no…- pidió encogiéndose aun más.

Roy ni siquiera le había levantado la mano a una mujer en toda su vida, así que el hecho de que Riza creyera que lo haría lo sorprendió enormemente. ¿Acaso Jean la había maltratado?

La toco en los hombros y ella se sobresalto, así que volvió a apartarse. Pasaron algunos minutos antes de que Riza dejara caer los brazos y lo mirara a la cara.

-Aunque estaría en mi derecho, no tengo intención ni deseo de pegaros.

Riza asintió con la cabeza.

-Simplemente quiero irme. Yo no pertenezco a esta lugar- dijo en vos baja. No era ningún desafió, sino una declaración. Roy se dio ¡cuenta de que Riza aun hablaba en ingles.

-No esta en mis manos, Riza. Los dos seguimos las ordenes del rey- camino hasta la cama y se sentó en ella. Era el momento de preguntarle lo que realmente quería saber-. Si deseabais que este matrimonio terminara, ¿Por qué… me animasteis a consumarlo?

Los ojos de Riza se llenaron de confusión mientras parecía buscar las palabras adecuadas.

-Sabia que me deseabais, y yo quería que todo terminara pronto. Si tenia que entregarle mi cuerpo a otro hombre que no fuera Jean, quería que todo acabara lo mas rápidamente posible.

Roy sintió lastima. Lo mas triste de todo era que no le habría puesto una mano encima si ella no lo hubiera animado. Pero Riza había provocado lo que ella misma mas temía y odiaba: que otro hombre la poseyera.

-Otra cosa que nunca he hecho y que nunca haré es tomar a una mujer por la fueras. Si hubierais dicho una sola palabra, si os hubierais negado de cualquier manera, no os habría tomado aquella noche- le dijo- y no lo volveré a hacer.

Roy cerro la puerta tras de el, sin esperar a ver su reacción. Entonces el llanto de Riza lleno la habitación, atravesó la puerta y se le clavo en el corazón cono si fuera una daga.

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Al principio, Roy no reconoció el sonido. Aun desorientado por el sueño, se incorporo sobre los codos y escuchó. Los gemidos se hacían cada ves mas fuertes que provenían de la habitación de Riza.

Camino hasta la puerta que separaba sus cuartos y la abrió ligeramente. Su mujer estaba en la cama, aun vestida, encogida y gimiendo de dolor. Roy se acercó a ella y le aparto el cabello de la cara. No le gusto lo que vio. Sus mejillas estaban perdiendo todo el color y tenia los ojos llenos de lagrimas.

-¿Riza?- susurro- ¿estas bien?

Ella abrió los ojos y lo miro.

- Estoy enferma, mi señor. No estoy…- sus palabras se desvanecieron mientras volvía a cerrar los ojos.

Roy le puso una mano en la frente. Gracias a Dios no tenía fiebre. Tardaría mucho tiempo en buscar al hermano Marco para que fuera a verla, así que decidió llamar a su madre. Regreso corriendo a su habitación, se puso una bata y salio hacia las habitaciones de su madre mientras se la abrochaba. La despertó rápidamente y enseguida estaba de vuelta con ella en las habitaciones de Riza.

Roy se quedo a un lado mientras su madre la examinaba. Descubrió que no era un hombre paciente. ¿Qué le ocurriría? ¿Estaba enferma? ¿O estaba…? Ni siquiera podía pensar en ello. ¿Acaso las sospechas de su madre eran acertadas? Tras unos minutos, Trisha se puso a su lado.

-¿Esta…?- pregunto el. No podía pronunciar las palabras.

-Es una enfermedad de mujeres, Roy. Tiene dolores.

-¿Se lo he provocado yo? ¿se lo cause cuando…- se interrumpió al recordar con quien hablaba. No iba a hablar con su madre de las relaciones con su mujer.

Trisha francio el ceño y después sacudió la cabeza.

-Tú no se la has podido causar. Es su periodo. Riza dijo que tenia menstruaciones muy dolorosas. Le traerá una piedra caliente para aliviarle el dolor, y un poco de mi medicina para dormir- dijo y salio de la estancia.

Roy dejo escapar un suspiro de alivio. Por un momento había pensado que al poseerla la hubiera dañado de alguna manera. Pero aquello contestaba a su pregunta: Riza no llevaba en su interior al hijo del rey.

Poco después su mujer estaba tumbada con una piedra caliente envuelta en tela sobre su estomago. Después de haber bebido el liquido que le había dado Trisha, se quedo echada sobre un costado, de cara a al chimenea. Ya que no había nada mas que pudiera hacer, Roy regreso a sus aposentos. Ella se sentiría mejor por la mañana. Pero cuando comenzaba a cerrar la puerta se dio cuanta de que Riza estaba temblando.

Sin saber muy bien por que, volvió a la cama de su mujer y se deslizó junto a ella, bajo las sabanas. Ella protesto débilmente con un quejido.

-Dejadme que me quede, Riza- le susurro- solo quiero abrasaros.

Ella aprecio aceptar su oferta y no paso mucho tiempo antes de que Roy sintiera de que comenzaba a relajarse entre sus brazos y que su respiración se hacia mas lenta y profunda. Mientras el mismo comenzaba a ceder al sueño, se dio cuenta de que había visto otra faceta completamente de su mujer.

¿Qué le depararía la mañana?

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Ya esta, espero que les haya gustado el chap y ya saben mañana próxima actualización.

Como siempre agradezco a todos los que leen y por supuesto a los que me dejan su opinión, así que:

Unubium, Xris, Al shinomori, Walku-chan, Nairelena, The Hawk eye, Sherrice Adjani muchas gracias, hoy voy con un poco de prisa a si que mañana si les respondo a cada una, muchas gracias por su apoyo.