Continuación de la historia. Canción de Franco de Vita (creo), cuyo título orinal es si la ves. Por razones obvias, cambié algunas cosas (bastante pocas).
Para Kasiel16: ¡Me caíste muy bien! n.n ¡me alegra que nos hayamos conocido! Ojalá te guste, aunque no es el final :P
Si lo ves
Por Sad.Whisper
Efectivamente, un mes había pasado desde la separación de ambos shamanes. Un mes y algunos días pero, ¿es necesario ser exactos? El punto, es que hacía algún tiempo que no estaban juntos. Juntos, como querían estarlo. Porque sí, ninguno de los dos, por más que hubieran intentado, había olvidado al otro.
Ren no lo soportó más, y de un día para otro, desapareció de su mansión. Iba de vuelta a Japón, donde Horo-horo lo esperaba. O al menos, eso quería creer él.
JAPÓN
- ¿Seguro que te vas? – preguntó nuevamente Yoh, con un semblante triste y algo preocupado.
- Síp. Tengo muchas cosas que hacer en Hokkaido. Tú sabes, deberes con la familia, y toda esa lata. Jejeje.
- …- no pudo evitar sonreír levemente. Después de todo lo que había ocurrido, el que Horo bromeara así era todo un logro. Le alegraba ver que su amigo ya estaba, en cierto modo, recuperado de lo de Ren. Y hablando de él…- Horo… ¿Qué hago si…?
- En caso de que se dignara a volver… - le interrumpió con un tono de voz demasiado serio, que contrastaba con su sonrisa, la cual, desde que Yoh abordara el tema, se había vuelto algo forzada.- coméntale que estoy muy ocupado con asuntos que sí valen la pena…
Si la ves dile que,
Que me has visto mejorado
Y que hay alguien a mi lado
Que me tiene enamorado
- D-demo…
-¡y que no se te olvide comentar lo linda que es mi nueva novia! – exclamó, sonriendo traviesamente, aunque su pecho se oprimía cada vez más.
- Horo, no creo que…
- Por favor, Yoh.
-…
- Digas lo que digas, déjale claro que todo terminó entre nosotros… - le pidió apretando los puños mientras agachaba la cabeza.- Es lo mejor para ambos… - murmuró mientras acomodaba el bolso que colgaba de su hombro derecho.- o por lo menos para él…
Que los días se han pasado
Y ni cuenta yo me he dado
Que no me ha quitado el sueño
Y que lo nuestro esta olvidado
Mientras tanto, un atractivo chico de cabello violáceo viajaba en el primer vuelo de ese día, que en poco tiempo llegaría hasta Japón.
-…- lo único que podía rogar a todos lo dioses que existieran en el planeta (creyera o no en ellos…) era que le dieran una segunda oportunidad. Tenía, necesitaba arreglar las cosas… Necesitaba ver a Horo-horo. Por lo menos, que éste entendiera sus razones... y lo perdonara. Podían volver a empezar, ¿no? Como el ainu siempre le había dicho, nada en el mundo es tan grave como parece. Debía admitir que esa frase le había parecido repugnantemente optimista, sin embargo esperaba que fuera cierta.
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
- Horo, eres mi amigo así que no pienso obligarte a quedarte, pero…
-…
- ¡Por lo menos quédate hasta la cena! n.n ¡Comeremos tamales en tu honor, y así no pasas hambre en el viaje!
- … - se sorprendió bastante ante la proposición. Su amigo Yoh siempre sabía cómo hacerlo sentir mejor. Incluso cuando no era su intención, o cuando parecía que todo estaba perdido, ése chico era, en simples palabras, un maestro para sacar sonrisas a la gente.- Está bien.- aceptó, entre resignado y agradecido.
- Jijijiji… Entonces, deja ese bolso por… aquí… - canturreó, mientras dejaba el poco equipaje de Horo tirado (prácticamente abandonado ¬¬) en un rincón del pasillo principal. Acto seguido, tiró de la playera de Horo y lo condujo hasta la mesa.
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Ren descendió del avión velozmente, cosa poco común en alguien que estuvo sentado durante varias horas. Pero, claro, hay algo que muchos conocemos que logra esa clase de actitudes (extrañas) en la gente. ¿Adivinan? Pues si dijeron amor, entonces, acertaron.
Comenzó, casi inconscientemente, a trotar, para luego correr. No había planeado nada: ¿Qué iba a hacer ahora? Algo que estaba claro, es que tenía que ir donde Yoh, pero…
Dile que yo estoy muy bien
Que nunca he estado mejor
Si piensa que tal vez me muero
Por que ella no está que va
No se le había ocurrido pensar que Horo tal vez no sentía deseos de verlo. Verdad era que tenía motivos para haberse marchado así, sin embargo, a su vez, el ainu tenía motivos para sentirse herido, traicionado… Y, fuera de eso, estaba la siempre presente posibilidad que más temía fuera cierta: podía ser que el peliazul ya lo hubiera olvidado.
¿Qué demonios, entonces, estaba haciendo? ¿Se había precipitado? La noche anterior, en el muelle, lo había meditado profundamente, y aún así, continuaba siendo asaltado por esas terribles dudas. Lo único que quizá, y únicamente QUIZÁ, le aseguraba que las cosas saldrían bien, eran todos los momentos que había vivido con Horo, todos los sentimientos que, aún a distancia, se apoderaban de él con solo pensar en el chico, todo lo que el norteño había intentado decirle antes de que lo abandonara… En resumidas cuentas…
- Horo… - era su gran y única razón para arriesgarse. Y vaya que valía la pena. Siguió corriendo, un poco menos dubitativo.
Donde Yoh, los únicos presentes eran el norteño y el dueño de casa, que, sentados en la mesa, comían tamales como muertos de hambre.
-¡¡Ahora entiendo por qué te gustan tanto!! – exclamó el moreno, mientras engullía su tercer tamal y se preparaba para sacar otro de la charola.
- ¡Pues qué creías! Son deliciosos ToT
- Tienes muy buen gusto, ¿eh?
- Sí… - replicó orgulloso, hasta que, repentinamente, su semblante se ensombreció.- Por lo menos en algunas cosas…
- No digas eso, Hoto…
- Tienes razón.- suspiró.- ¿Sabes algo? Las cosas están mejores así. Yo no voy a quedarme a esperar algo que talvez nunca existió y… - su mirada se perdió melancólicamente en el vacío.- al final, Ren me hizo un favor.- agregó, sabiendo a ciencia cierta que mentía.
Dile que al final de todo
Se lo voy a agradecer
- ¿De veras piensas así?
- …
- Horo-horo… Ren también es mi amigo, y yo sé que él no lo hizo para dañarte… tú sabes como es su familia, ¿no? – el peliceleste se limitó a asentir con la cabeza, de cualquier modo reacio a dejarse convencer por quien fuera.- Yo creo que… que lo hizo para protegerte…
- Puede ser.- le cortó amargamente.- Sin embargo, logró todo lo contrario. ¿Vas a negarme que tenía otras soluciones?- comenzó a pinchar con su tenedor el resto de su comida, distraído.- Yo creo que no puedes…
-…- desvió la mirada, deprimido, como ante un problema irreparable. ¿Por qué algunas cosas son así de difíciles? Él sabía que ese par de tercos se amaban, sin embargo, parecía que lo único que querían era lastimarse mutuamente, y también a sí mismos.
-Pero Yoh…- miró a su camarada con ojos brillantes: un brillo desesperado, destrozado, y, pese a lo anterior, lleno de amor.- Yo…
Aunque pensándolo bien
Mejor dile que ya no me ves
- Jijiji… no te preocupes, de todos modos no tenía pensado decirle nada de eso n.n
- Je…je… - continuaron comiendo, en un ambiente mucho menos tenso y desanimado.
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Ren corrió hasta llegar a la parada del autobús que lo dejaría a menos de dos cuadras de la pensión Asakura. Aunque estaba agotado, se mantuvo todo el trayecto de pie, listo para salir disparado en cuanto llegara a su destino.
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Horo-horo e Yoh terminaron su cena tranquilamente, y finalmente llegó la hora de la partida.
- ¿No te gustaría qued…?
- Enserio, Yoh, te lo agradezco, pero tengo que irme…
"Tengo que sacarme a Ren de la cabeza" pensó firmemente, aunque posiblemente no lograría sacarlo de su corazón. Por lo menos no en poco tiempo.
- Bien…
- Nos vemos, amigo.- ambos se estrecharon las manos afectuosamente.
- Hasta pronto.- Yoh vio como Horo-horo se alejaba, sim embargo, a los pocos pasos, este último retrocedió aceleradamente hasta quedar nuevamente frente a él.- ¿Mm?
- Yo… - balbuceó, notablemente avergonzado.- mejor, que Ren sepa que estoy bien, como antes… ¿Bien? Que no… que no lo necesito…
Si lo ves dile que ya no espero su llamada
Y que ya no me despierto
En plena madrugada
- … - lo miró algo atónito, y decidió, aunque fuera mentirle (pues no estaba dispuesto a dejar las cosas así), asentir con la cabeza.- Jijiji…- soltó una risita cuidando de que Horo no lo oyera, divertido ante el cariño evidente que Horo aún demostraba sentir por el chino.
- Adiós.- se despidió quedamente, antes de reemprender su marcha velozmente.
- … - contempló a su amigo alejarse, mientras deseaba que todo se solucionara.
lllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllll
Hacía unos momentos que Horo había desaparecido de su vista, cuando Yoh, ahora sentado en la entrada de su morada, oyó unos rápidos pasos que se dirigían hacia él.
- Amidamaru- llamó a su espíritu, levantándose de un salto y poniéndose en guardia. El samurai apareció de inmediato, fiel, como siempre, a su amo. Ambos esperaron la aparición del dueño de aquellos pasos.
-…- su carrera fue volviéndose más lenta, al ver su destino tan cerca. Mientras respiraba con algo de esfuerzo, se preguntó qué demonios diría… Seguramente lo sabría al estar frente a Horo. Al llegar a la entrada, se encontró con su amigo Asakura junto con su espíritu acompañante, ambos en posición de combate. Éstos, al verlo, quedaron estupefactos.
- ¡¡¡REN!!!
-… El mismo… - murmuró algo extrañado por la inusual recepción del prometido de Anna. Se percató, con sorpresa, de que Yoh no quería (o podía) agregar nada más, por lo que, sin rodeos, preguntó.- ¿Y Horo-horo?- ante la mención del norteño, Yoh reaccionó al instante.
-Se fue.- replicó… estúpidamente ¬¬
-…
-… ¿Ren…?
- ¿Cuándo?
- Hace unos minutos.
-… - no podía ser posible.
- Volvió a Hokkaido para ayudar a su familia y… pues… - el semblante de Yoh se enserió, antes de agregar.- Ren, me dijo que…
- ¿Qué cosa? – lo apresuró, impaciente. Estaba demasiado nervioso para pensar con claridad.
- Me dijo que te dijera… - Yoh miró por donde Horo se había alejado, buscando las palabras.- que está bien… y no te necesita.
Y que ya no lo recuerdo
Y que ya no me hace falta
Dile que ya estoy curado
Y que lo nuestro ya es pasado
- … - su mirada se perdió en la nada, mientras intentaba procesar aquellas palabras. Debería sentirse aliviado, ¿no? El chico que quería estaba bien… pero… ¿Por qué le dolía tanto?
- Pero… - añadió, sin mucha seguridad. Al fin y al cabo, no era un asunto propiamente suyo…
- ¿Qué? ¿Pero qué? – interrogó desesperado. Esto no podía terminar así. No después de todo lo que habían pasado Horo y él. Porque, según Yoh le decía y, en parte, como él lo había supuesto, el norteño había estado donde Yoh hasta, justamente, aquel día.
- … - no supo si fue la mirada atemorizada del chino, o quizá el hecho de que fueran tan buenos amigos, lo que le obligó a responder.- Pero a mí me pareció que estaba mintiendo.- al ver el alivio en los ojos dorados de su camarada, no se abstuvo de sonreír como sólo él sabe hacerlo.
- ¿Por dónde se fue?
- Por allí.- le indicó el camino que Horo había seguido y, en menos de dos segundos, Ren ya se había alejado de la pensión.
Al mismo tiempo, un atractivo chico de cabello celeste vagaba por las calles ya casi vacías de la ciudad, pensativo. Cualquiera que se hubiera fijado bien, hubiera podido advertir que sus ojos se encontraban llenos de lágrimas que, al menor descuido, caerían.
Dile que yo estoy muy bien,
Que nunca he estado mejor,
Si piensa que tal vez me muero por que el no esta que va
El ainu sabía lo que había hecho: había mentido. Sin embargo, él sabía (o quería creer) que con eso Ren, si es que algún día aparecía por allí, no se sentiría culpable o algo. Aunque ni él mismo sabía lo que Ren sentía. El chino era un misterio. Un cruel y doloroso misterio que había roto su corazón. Un misterio de ojos bonitos que él nunca, nunca olvidaría.
Pero aunque las personas no pueden vivir sólo de recuerdos, tampoco pueden vivir sin ellos. Y Horokeu Usui tenía muy claro que, dentro de él, siempre estarían todos esos magníficos instantes en que realmente había sido feliz. Y eso, Ren se lo había dado, y siempre le estaría agradecido…
Dile que al final de todo
Se lo voy a agradecer
Aunque pensándolo bien mejor dile que ya no me ves
… aunque no volvieran a verse.
- Creo que siempre te amaré…- suspiró al vacío, mientras una aguja invisible se enterraba en su corazón.
Detuvo repentinamente su andar, mientras divisaba, oculta entre la neblina de la noche, la plaza donde tantas veces había estado con el Tao. Sonrió de costado al ver el banquito, tan abandonado a esas horas de la noche y, prácticamente sin notarlo, fue a sentarse en él.
Que me he perdido
Y que no voy a regresar
Quería desaparecer para siempre, para nunca volver a ese mundo donde todos, obligatoriamente, sufrían tanto. Pero sabía que si moría, al menos dos o tres personas lo extrañarían mucho. Como él a Ren. Se acomodó en el banquito por última vez, posiblemente en su vida. Éste último pensamiento logró hacer que las lágrimas asomadas en sus ojos resbalaran por sus frías mejillas. Buscó algo en su liviano bolso, para luego de poco tiempo sacar su walkman – cortesía de Manta-; lo encendió y se puso los audífonos, como había visto a muchos de sus amigos hacerlo cuando querían evadir sus sentimientos. La música distrae excelentemente. O por lo menos eso decía Yoh. Presionó "play" se dispuso a escuchar una canción cualquiera. . Cerró los ojos con un deje angustia.
¡¡HOTO!!
Recordó cómo el chino gritaba su nombre, como cuando, antes de todo, eran sólo amigos, y solían pelear como perro y gato. ¿Era más feliz de ese modo? Quién sabe, quizá después de todo no habían sido hechos el uno para el otro, pero si lo hacían elegir entre el pasado y el presente, definitivamente escogía el ahora. ¿Razón? Algún día talvez él mismo la conocería.
-¡¡HOTO!!
Ren había llegado, hacía algunos minutos, cerca de una plaza que le era muy familiar, y había decidido llamar al Usui. Mientras caminaba fuera del lugar, recordó que allí habían estado innumerables veces. Juntos. Con toda la fuerza de sus pulmones, siguió pronunciando el nombre de SU chico, decidido a no darse por vencido. Además, no podía haber ido muy lejos… ¿O sí?
- ¡¡HORO-HORO!! – el aludido abrió los ojos, estupefacto. Había comenzado a ganarle el sueño cuando, entre dos canciones, había oído claramente la voz de Ren llamándolo. ¿Ahora se volvía loco? ¿No estaba ya suficientemente mal?
-… - detuvo la música, atento, aunque poco convencido por su intuición. No supo cuánto estuvo esperando, sólo que no escuchó nada. Soltó un quebrado suspiro, mientras se acomodaba mejor y volvía a prender la música. Pensó en, a su vez, gritar el nombre de Ren, pero ¿Y si todo era su imaginación? Él no iba a perder la cordura, no por voluntad propia. Definitivamente, ya estaba muy cansado, y su mente le jugaba bromas crueles. ¿Podía ser que todo en el mundo estuviera en su contra? Cerró los ojos, preguntándose si se podía enloquecer de dolor.
Y dile tambien que
Aunque me llame no contestare
Si lo ves
Ren ya había guardado silencio, derrotado. Finalmente, resultó que Horo no estaba por allá. Probablemente ya estaría camino a Hokkaido, completamente dormido y… y no pensando en él. Tal vez, efectivamente, a YOH le había PARECIDO que el norteño mentía… o quizá se lo había dicho por lástima.
Y Dile que yo estoy muy bien (aunque yo sé muy bien que no)
Que nunca he estado mejor (miente un poco por favor)
Si piensa que tal vez me muero por que él no esta que va
-…- se detuvo, muy cansado, y se arrodilló en el suelo. Para él no era nada difícil buscar a Horo-horo por toda la ciudad, pero ya estaba convencido de que iba camino a su hogar. Donde seguramente tenía amigos y familiares que jamás le lastimarían como él lo había hecho. Donde conseguiría una linda novia cuya familia no sería peligrosa o vengativa como la suya.
Dile que al final de todo (no sigas mintiéndole)
Se lo voy a agradecer
… Y nunca volverían a encontrarse. Nunca podría pedirle perdón, ni explicarle nada.
- No merezco que me perdones…- susurró con un hilito de voz, mientras sentía sus ojos humedecerse.
No pudo evitar preguntarse si le había hecho algún bien a Horo… y si éste lo recordaría, por muy vagamente que fuera, con algo más que odio o dolor. No pudo evitar preguntarse si su recuerdo sería capaz de causar una sonrisa en el lindo rostro del chico…
No pudo evitar llorar silenciosamente, quizá como nunca antes lo había hecho, preguntándose si algún día Horo volvería, preguntándose si en verdad se habría ido hacía poco o si había sido una mentira piadosa por parte de Yoh. Preguntándose si Horo, de alguna manera, sabría que lo amaba como a nada en el mundo. Preguntándose si no lo volvería a ver jamás.
Aunque pensándolo bien mejor dile que ya no me ves
The end.
Espero sus reviews con sugerencias o reclamos n.n y lamento si está malo o si no les gusta la canción pero a mí me pareció que iba bien… aunque también me parece que con la letra se podría hacer un trabajo mucho mejor n.ñ
Bye.
