¡Y seguimos con la trama! No sé qué me pasó, como que escribí este chapter de corrido :O
bueno la canción se llama Estoy Aquí, de Shakira xD Para que no digan que no hay variedad e.e
El protagonista capitular (xD) es Ren… y bueno, no es lo mejor que he escrito, para qué andar con cosas u.u
Pero se viene el final :D ! Paciencia, paciencia ToT
Estoy Aquí
Un mes más tarde…
- Ren, todavía tienes una oportunidad¿Vienes con nosotros?
- Gracias Yoh, de verdad, pero prefiero quedarme.
- Deja de insistir, Yoh, así por lo menos tenemos a alguien medio cuerdo cuidando la casa.- comentó la itako, contemplando a Ryu, que danzaba "sensualmente" frente al espejo, y a Tamao, que leía una extraña revista, la cual intentaba, sin mucho éxito, camuflar bajo "Romeo y Julieta" (seguramente su intento de disimulo hubiera sido creíble si la novela hubiese estado del lado correcto).
- Jijiji…
- Bien, váyanse de una vez a menos que planeen pasar el día aquí en el patio ¬¬
- ¡Hasta pronto! – se despidió el moreno, sonriendo amablemente. La rubia se limitó a hacer un movimiento de cabeza, y así, ambos partieron a Izumo.
-…- ya solo, Ren suspiró aliviado: al fin algo de calma. Si bien sabía a la perfección que la pensión era de Yoh (y Anna), no podía evitar sentirla como un segundo (o quizá primer) hogar, y en ese último tiempo la soledad en casa no le venía nada mal.
El chino subió a su habitación sin hacer ruido, y llegando fuera de su puerta, no pudo evitar lanzar una fugaz mirada hacia la de cierta personita… cuya alcoba se encontraba vacía. Se mordió levemente el labio, tratando de suprimir conocidos sentimientos que saldrían a flote en cualquier momento. Entró en su pieza y, sin pensarlo, se acomodó sobre la cama, pensativo.
Treinta días. Ni un día más, y ni uno menos, habían pasado desde ese entonces. Hacía treinta días había vuelto a Japón, para encontrarse con lo que más temía: nada. Horo-horo no lo esperó, y eso, aunque intentara negárselo todos los días, lo había destruido. Claro que, al llegar a Funbari En, no lo había demostrado: simplemente había solicitado su usual aposento, para luego encerrarse a sufrir en silencio, como tanto le gustaba. Yoh y él no habían tocado jamás el delicado tema, el primero, seguramente, por lástima o algo parecido (por lo menos según Ren), y él mismo, por el simple hecho de que no había nada que hacer. ¿Qué se suponía que podía decir al respecto? Lo hecho, hecho estaba, y ahora solamente le quedaba agonizar como un débil ente.
Cerró los ojos con pesadez, mientras soltaba un inaudible suspiro. A penas sus párpados se juntaron, vino a su mente la imagen de un apuesto y joven chico de pelo celeste, que le sonreía con simpatía y sinceridad. Horo-horo. SU Horo-horo. El chico al cual amaba, y al cual dudaba mucho que volviera a ver. Él no podía ir a buscarlo: no podría soportar llegar a Hokkaido y encontrarlo con una nueva vida, y por consiguiente una nueva pareja, porque eso significaba que lo había perdido… otra vez. En cuanto al ainu, el esperar que volviera era un caso perdido¿Quién lo haría?
Ya sé que no vendrás, todo lo que fue
el tiempo lo dejó atrás.
Sé que no regresarás.
Ren había descubierto, después de todo lo ocurrido, la cruel verdad: no habían segundas oportunidades. La vida era un triste "Lo tomas o lo dejas", una obligación a conservar lo que te hacía feliz con todos sus defectos encadenados, con todos sus contra incluidos. Si lo dejabas a causa de ellos, después no tenías derecho a recuperarlo, por muy arrepentido que estuvieras. Por mucho amor, mucho dolor que sintieras. No podrías vivirlo de nuevo.
lo que nos pasó
no repetirá jamás.
A presente, solo podría vivir de borrosos y sin embargo valiosos recuerdos que guardaba en lo más hondo de su ser, que, por cortos, antiguos o lejanos que parecieran, no desaparecerían. Estaba completamente seguro de que moriría con ellos dentro de él.
mil años no me alcanzarán
para borrarte y olvidar.
Ren quería cambiar las cosas, con todas sus fuerzas, y por mucho que lo negara. Quería algo imposible, algo injusto, que no merecía. Porque lo aceptaba, siempre lo había hecho: todo era su culpa, todo había sido provocado por él. Mas quería que las cosas cambiaran, egoístamente. E imaginaba constantemente que todo era distinto, que Horo-horo no lo odiaba, que podrían estar juntos. Imaginándolo. Soñándolo.
Lejos, muy lejos del dueño de sus ilusiones.
Y ahora estoy aquí, queriendo convertir
los campos, en ciudad,
mezclando el cielo con el mar.
Frunció el ceño con impotencia, mientras respiraba un poco más profundamente. Había comenzado a detestarse, de veras. ¿Cómo había sido tan imbécil? Era como si se hubiera transformado en otra persona, a la cual culpaba y aborrecía por sus anteriores actos llenos de miedo. Otra persona, que lo había lastimado hasta lo más profundo de su ser, quitándole lo que más había querido y quería. Lo triste de todo aquello, era que él era, en efecto, esa persona. Él era Ren Tao, y nadie más.
Sé que te dejé escapar, sé que te perdí.
Nada podrá ser igual.
Mil años pueden alcanzar
para que puedas perdonar.
Se paró cansadamente, para dirigirse al cuarto de baño. Ya en él, no pudo evitarlo y se contempló en el espejo.
Ren Tao.
¿Quién era él¿Dónde había ido a parar?
Ren Tao. Tao Ren. Hijo del sádico y avaro En Tao. Un cerdo millonario y, por cierto, un asesino. La razón por la cual había sentido tanto miedo, mas no el culpable. El culpable era él. Era sólo Ren. Una mísera sílaba, que ya no tenía significado para nadie. Su nombre, ahora, simplemente evocaba sus actos pasados, que eran a su vez su condena. Había sido sentenciado a seguir siendo únicamente Ren Tao, y no Ren, el novio de Horo-horo, quien alguna vez fue, cuando era feliz.
Estaba en Funbari En, un sitio x de Tokio. Existiendo. Eso creía. Sí… y su existencia se basaba en un solo nombre. Uno más largo y mejor que el suyo, que significaba para él muchas cosas. Todo, de hecho.
Allí y así estaba.
Estoy aquí queriéndote, ahogándome
entre fotos y cuadernos
entre cosas y recuerdos
que no puedo comprender.
En un mar de memorias que alimentaban su vivir, una tortura deliciosa que, aunque a momentos podría matarle, era lo único que lo hacía seguir con vida. La imagen de Horo tatuada cual fotografía en su interior. Palabras de arrepentimiento escritas en su piel. Incomprensión de su comprensión tan sumisa y moribunda, rodeándolo como una niebla.
Taladró visualmente la figura en el espejo, lleno de rencor. Y la destruyó.
SPLACK.
El ruido del vidrio roto y cayendo por todos lados alertó a Ryu y Tamao, que acudieron al cuarto de Ren velozmente, para encontrarlo con la mano sangrante, y una sonrisa de satisfacción, de alivio en el rostro.
- ¡Joven Ren! – chilló la pelirosada, para proceder a sacar de una repisa del lugar un botiquín de primeros auxilios, en busca de vendas y otras cosas. Ryu, a su vez, alarmado, contempló los trozos de vidrio ensangrentados del suelo, para después mirar a su amigo, preocupado.
- … - el chino se vio reflejado en un pedazo de espejo casi triangular, caído en el lavamanos. Lo tomó con su mano herida, mirando el reflejo de ojos que lo miraban, y no dudó en apretarlo con toda su fuerza.
- ¡Ren¿Acaso estás loco?!
Estoy enloqueciéndome, cambiándome
un pie por la cara mía
esta noche por el día y qué...
Lo sacaron del baño, le curaron las heridas. Tamao se encargó de limpiar, y Ryu, muy en vano, trató de hablar con él. Que entendía cómo se sentía, pero que no era motivo para hacer esas estupideces. Que fuera fuerte, que nada era tan terrible. Que esto, y lo otro, y aquello. Mentiras piadosas. Nada que le entrara en la cabeza. El de la espada de madera finalmente lo dejó, cuando ya Tamao se encargaba del almuerzo (o sea, mucho rato después). Ren suspiró entre aliviado y resignado. Él era así, y necesitaba eliminar a quien lo miraba desde el maldito espejo, con esos ojos fríos y cobardes. ¿Qué querían que hiciera?
Nada le puedo yo hacer
Bajó a comer sin prisa alguna. Fue un corto lapso de tiempo: sentarse, agradecer, comer, retirarse. Tamao y Ryu no se atrevieron a meterle conversación. Bien por ellos. O por él.
Entró nuevamente en su habitación, y se sentó en el cómodo escritorio que le habían incorporado hacía algún tiempo. Se entretuvo un rato mirando el vendaje de su mano. Era como un mal chiste: la venda le daba muchas vueltas a la herida, como los demás le daban demasiadas vueltas al asunto. Soltó un resoplido lleno de amarga burla, y abrió el cajón. Aquel cajón. Sacó montones de papeles de todos los tamaños, escritos por una o a veces ambas planas. Empezó a leer uno, y poco después lo arrugó. Siguió con otro. Duró un poco más, pero finalmente también fue a parar a la basura. Un tercero. "Querido Horo" era lo único que había escrito en ese, antes de desistir. También lo arrugó.
Las cartas que escribí, nunca las envié
no querrá saber de mí
Detestaba ese comportamiento tan humano que a veces tenía, de hacer cosas de las que finalmente se arrepentía, sin terminar usándolas para el fin con que las había hecho. Llegaban momentos en los que no se comprendía.
No puedo entender, lo tonto que fui
Aunque la realidad era que hacía mucho que no lograba comprenderse a sí mismo. Mucho.
Es cuestión de tiempo y fe
mil años con otros mil más
son suficientes para amar
A través de la ventana frente al escritorio, mientras aún sostenía la última carta que había arrugado, miró el cielo azul grisáceo. Su color triste y claro le recordó al ainu. Todo le recordaba al ainu.
- ¿Es que nunca voy a terminar de amarte? – preguntó con angustia al aire, ya sabiendo la respuesta.
Estoy aquí, queriéndote, ahogándome
entre fotos y cuadernos
entre cosas y recuerdos
que no puedo comprender.
El teléfono sonó. Alguien abajo debió haber contestado, pues no fueron más de dos tintineos. Poco después, la voz de Tamao, desde afuera, le llegó débilmente.
- J-joven… Joven Ren… Don Yoh quiere hablarle por teléfono…
- … - se paró y guardó rápidamente sus papeles en el cajón, para enseguida abrir la puerta de su alcoba.- Gracias.- le dijo, con voz neutra, a la sonrojada pelirosa, antes de tomar el auricular (inalámbrico) y volver a encerrarse.- ¿Sí?
- ¡Hola Ren!
- Hola.- se sentó sobre su cama, impaciente por terminar tan inútil conversación.
- ¿Cómo va todo?
- Bien.- mintió. Nada va bien, Yoh. ¿No te diste cuenta?
- Jijiji, qué bueno.
- Seh.
- ¿Cómo están las cosas?
- … - ¿Qué cosas? Recordó la escena del baño, e intuyó que Yoh sabía algo.- Bien.
- …
- Bueno, que disf…
- No finjas, Ren.
- …
- Le extrañas¿cierto? Aunque intentes no demostrarlo.
- …
- Sé que trataste de seguir con tu vida. No es tu culpa si no te es fácil. Creo que para nadie lo sería.
- …
- Así que… ¿Cómo estás, en verdad?
- ¿Cómo estoy…? – Se lo pensó un poco, produciendo un breve silencio.- Creo que voy a morirme Yoh. Traté, de veras que traté. Tú lo sabes. Todos lo saben. Pero es imposible. Imposible. Siempre supe que no podría olvidarlo, pero es peor: lo necesito. No soporto estar lejos de él... Así estoy.
Estoy aquí, queriéndote, ahogándome
entre fotos y cuadernos
entre cosas y recuerdos
que no puedo comprender.
- Lo lamento mucho… - murmuró el Asakura, con voz triste. De verdad no quería que su amigo sufriera tanto, mas no podía hacer nada. Sólo apoyarlo. De hecho, lo había llamado especialmente para escucharlo, para que Ren se desahogara, porque sabía que para él sería menos difícil sin tener que mirarlo.
- Sí, yo igual.
- Así que… ¿Rompiste el espejo?
- Lo siento.
- Jijiji.
- ¿Lo supo Anna?
- Sí ñ.ñ
- Bueno… no pude evitarlo… Dile que lo pagaré.
- Ya lo da por hecho… Dime… ¿Por qué lo hiciste?
- No lo sé. Sentí que iba a volverme loco. Es decir, creo que últimamente siempre me siento así, pero entonces fue peor…
Estoy enloqueciéndome, cambiándome
un pie por la cara mía
esta noche por el día, y qué.
- Creo entender…
- Hmpf… - resopló poco convencido. No debía de ser muy fácil entenderlo. Menos para alguien feliz como Yoh.
- …
- …
- …
- … Yoh.
- ¿Sí?
- ¿Crees que se olvidó de mí? – articuló como pudo, sintiendo un nudo en la garganta. Pensar la pregunta no se comparaba a expresarla con palabras, y menos si era a alguien más. Cerró los ojos, mientras se aclaraba la garganta.
- No lo creo.- replicó con toda la sinceridad que pudo. No sabía si, a fin de cuentas, le hacía daño al chino diciéndole eso, pero en verdad dudaba mucho que Horo-horo lo hubiera olvidado en tan poco tiempo. De hecho, imaginaba que no estaba mucho mejor que Ren, aunque como aún no recibía cartas o llamadas de él, le era muy difícil estar seguro de ello.
- Él…
- …
- ¿... Sabrá que volví?
- No lo sé, Ren. Pero no lo creo. Se fue antes de verte.
- Pero… Sabe que le espero… ¿no?
Si aún piensas algo en mí
sabes que sigo esperándote
- …
- Yoh…
- Me… me parece que Horo cree que… que ya no lo quieres…
- …
- Lo siento mucho.
- …
- ¿Ren…?
Estrelló el auricular contra su pared, haciéndolo añicos.
Dolía tanto que se lo dijeran… Tanto… Cayó al suelo, sintiendo que no podía respirar.
Estoy aquí queriéndote, ahogándome
entre fotos y cuadernos
entre cosas y recuerdos que
Sintió que los ojos le ardían, sin embargo no le importó. Respiró con mucho esfuerzo, intentando tranquilizarse.
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! – mas no pudo, y sólo se le ocurrió gritar. Gritar con todo lo que le dieron sus pulmones, para tratar en vano de sacarse todo eso de adentro.
Estoy enloqueciéndome, cambiándome
un pie por la cara mía
esta noche por el día, y qué...
Recargó su frente contra el frío suelo de madera, derrotado. ¿Acaso tendría que pasar así el resto de su vida? Allí, miserable, bajo la sombra del peor error de su vida.
Estoy aquí
(Estoy aquí queriéndote)
Enamorado hasta las patas de un chico que quizá nunca le perdonaría el haberlo abandonado. Si es que aún le recordaba. Porque nadie sabía nada de Horo-horo desde que se había ido, probablemente para siempre. Por su culpa.
Estoy aquí...
(Estoy enloqueciéndome)
Golpeó con los puños el suelo, queriendo destrozarlo, como se había destrozado a sí mismo. Tal vez asustaría a los otros dos actuales habitantes, pero poco le importaba. Que creyeran lo que quisieran.
(Estoy aquí queriéndote, ahogándome)
Total, tal vez no se equivocaban del todo.
Enloqueciéndome
Sus nudillos empezaron a sangrarle, ensuciando el suelo casi intacto, al contrario de sus manos. Golpeó como nunca había golpeado, no supo por cuánto rato. Quizá se había, en efecto, vuelto loco. No le importaba. Ya nada respecto a él mismo le importaba.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
A muchos kilómetros de distancia, un chico de pelo azulado miraba inseguro una vitrina que contenía varios boletos de muestra, entre ellos, uno con destino a Tokio.
The end.
Kya… u.u
Ya lo sé, es un poco corto… y aburrido… pero es un eslabón de la no tan larga cadena hacia el final. Tenía la duda entre esta canción y "Después de ti", de quién sabe xD pero me decidí por ésta porque la letra le iba como anillo al dedo, y descubrí un fic de estos mismos que tenía el título de la otra, y bueno no sé… :3 Por cierto, disculpen esa obsesión mía con lo de "un mes" xD no sé de dónde lo saqué xD!
Espero que manden Reviews ToT es que me gusta que sean 9 por capítulo, es como una manía. ¡Claro que sólo respecto a este fic, eh! Y si recibo más, pues bueno, qué le haré n0n
Y hablando de cantidad de reviews, estoy esperando recibir unos pocos más en Lazos Incorrectos :D es que en el primer capítulo recibí 10, y quería mantenerlo… Si no les cuesta nada decir dos palabras ¬¬ (por ejemplo: "Está malo" o "Síguelo please" xD). En fin se viene el penúltimo capítulo!! Espero que continuén leyendo. Bye y feliz Navidad! n.n
