NOOOOOOOOOOOOOO ToT
En realidad, sí xD Finalmente el final…
Primero que nada, les diré que la canción (por si no lo notaron xD) es Ámame, de Alexander Pires, según tengo entendido. En realidad, siempre pensé en esta canción para el final, aunque no sé por qué. Simplemente me gustaba como terminación … No hay final como el sexo xDDDDD porque sí, señores (aunque dudo que sean muchos HOMBRES los que van a leer esto xD), escribí mi primer lemon, y ustedes están a unos cuantos párrafos de leerlo! OwO
Ya qué xP Abajo están todas las aclaraciones que me acordé de escribir (léase: NO todas las necesarias xD), así que, por última vez, les dejo seguir con el fic…
Ámame
Horo-horo bajó del bus algo cansado por el viaje. No había podido, durante todas esas horas, conciliar el sueño. Su conciencia no lo dejaba en paz: nadie en Hokkaido estaba al corriente de su retorno a la pensión. Por otra parte, el nerviosismo lo consumía. No sabía qué esperar, si ilusionarse o prepararse para lo peor. Pero ya no había modo de regresar. con las manos temblándole pero decidido se encaminó hacia Funbari En.
-.-.-.-.-
Ren miraba la televisión, distraído. Ya no llevaba la mano vendada. Le aliviaba pensar que Yoh y Anna regresarían sólo al día siguiente, y que, por ahora, disponía de mucho tiempo para meditar. Tamao y Ryu habían ido a hacer las compras. Comenzó a hacer zapping, deseoso de encontrar algo mejor que el programa de cocina que acababa de empezar, y llegó a un reportaje sobre carreras de Snowboarding. Sonrió con amargura y algo de nostalgia, dejando el control remoto sobre el sofá, mientras sus ojos vagaban perdidos por el paisaje nevado de las montañas.
Alguien llamó a la puerta. Eran golpes lentos, bastante débiles, que no logró reconocer. Fastidiado por la ausencia de la servidumbre – como cariñosamente llamaba a la pelirosa y al de la espada de madera- , se dirigió hacia la entrada, sin entusiasmo alguno. Abrió la endemoniada puerta para encontrarse con…
Horo-horo sintió como si le patearan el estómago, al encontrarse frente al chico de ojos dorados. Así que sí estaba allí… Había considerado aquella posibilidad, mas no imaginó nunca que sería él quien le recibiría. Notó que sus mejillas le ardían de repente y que innumerables escalofríos se apoderaban de su cuerpo. Estuvo a punto de retroceder, pero desistió. Ya había llegado¿no?
- Horo…horo. – pronunció el Tao, sin poder creerlo. ¿Qué hacía allí¿Acaso después de todo realmente se había vuelto loco?
Sin saber cómo reaccionar, abrió del todo la puerta, invitando al ainu a pasar. Por su parte, el Usui desvió la mirada, y finalmente, se decidió a entrar, cuidando de no pasar cerca del chino al hacerlo. Oyó cómo el último cerraba la puerta detrás de él, y tuvo la sensación de haber quedado atrapado.
- ¿Y los demás? – su voz salió extremadamente tímida, muy diferente de la usual. Caminó hacia la sala, pues el recibidor, de pronto, le pareció muy estrecho. Su corazón latía monstruosamente rápido, tanto, que casi le dolía. Concentró su vista en el suelo, cuidando todos sus movimientos. Incómodo.
- Pues… - lo examinó con disimulo, siguiéndolo hasta la sala. Notó lo inseguro que estaba, cosa que le oprimió el pecho. No esperaba que lo tratara con la mayor de las confianzas, pero se notaba a kilómetros de distancia que tenía miedo… sin mencionar que prácticamente lo estaba persiguiendo.- Ryu y Tamao fueron a hacer las compras, y Anna e Yoh están en Izumo.
- Ah… - ésta vez, la voz del norteño salió casi como un estremecimiento. Perfecto. Maravilloso: estaban solos. Si antes estaba nervioso, ahora se sentía desprotegido.
- Puedes sentarte.- Obedeció a Ren sin titubear, convencido de que sus piernas no daban para mucho más. Ya acomodado sobre el sofá, centró su completa atención en sus manos, lleno de impotencia. ¡Cuántas cosas que preguntar, que gritar, y no se atrevía ni a mirar al chino a los ojos! Torció la boca, aguantando un suspiro frustrado.- Así que… regresaste… - la voz de Ren le llegó de cerca y, al elevar discretamente la vista, descubrió que estaba sentado junto a él, demasiado próximo para su gusto.
- Yo… - Quitando su vista del Tao, retrocedió sin temor a que lo notara. El asunto era simple: no lo quería así de cerca. No deseaba confundirse o salir lastimado de nuevo. Sin embargo, al sentir una mano sujetando con firmeza su brazo, se detuvo en seco.
- No te alejes…
Ven a mí, dulce amor,
Algo hubo en la forma en que Ren se lo pidió, que lo obligó a obedecer. Se quedó donde estaba, mientras sus ojos se fijaban, con disimulo, en la mano de Ren en su brazo. ¿Hacía cuánto que no lo tenía así de cerca¿Hacía cuánto que la piel del chino no rozaba la suya? De pronto, tenía la urgente necesidad de tener el cuerpo del Tao rodeándolo… Sacudió la cabeza, entre asustado y avergonzado.
Horo-horo… Sigues igual de hermoso… ¿Me extrañaste¿Por qué volviste¿Por mí, acaso? Horo¿Por qué no me miras¿Por qué estás temblando? No voy a hacerte daño. Lo sabes¿no?
Ren contempló al hokkaideño, dudando entre si hacer o decir algo, o quedarse así por el resto de su vida, contemplando su rostro perfecto, lleno de inseguridad. Quería hablarle y hacerlo sentir bien… Pero no sabía cómo actuar. No quería atemorizarlo más de lo que ya parecía. Deseó, entonces, que el norteño hiciera un esfuerzo, y lo ayudara. ¿Podía Horo-horo facilitar las cosas, mirándole de una maldita vez, atreviéndose a hablarle?
Ayúdame a cambiar este destino
- Y… ¿Cómo has estado? – el peliceleste se esforzó y formuló la vacía pregunta, impaciente por matar ese tenso silencio que sólo lo ponía más nervioso.
- He estado quedándome aquí desde hace un tiempo… ¿Y qué hay de ti?
- Este… Bueno, en Hokkaido, conseguí trabajo… tal vez me asciendan…
- Entonces¿piensas volver pronto?
No. Dí que no, Horo. Te lo ruego, quédate aquí conmigo… .
Ren, no me hagas esto… te lo suplico, cambia de tema, si quieres búrlate de mí o algo… pero no hablemos de eso, no ahora. ¿No entiendes que me lastima creer que de veras te importa? Sé que estás jugando, pero por favor detente. ¿No ves que ya me hiciste suficiente daño?
¡Sálvame! por favor,
Que tengo el corazón partido en dos.
En lugar de responder, el norteño miró a Ren con los ojos cargados de angustia, pidiéndole, con la mirada, todo lo que no llegaba a expresar con palabras.
El Tao observó aquellos maravillosos ojos oscuros, que alguna vez lo contemplaron con amor y dulzura. ¿Acaso ahora, llenos de aquel brillo melancólico, producto de haber vivido experiencias dolorosas, le resultaban tan o incluso más atrayentes?
Horo-horo, frente a la analítica mirada del chino, la cual juzgó imposible de sostener, tuvo la intención de bajar la cabeza, pero una suave mano, que antes se encontraba sobre su brazo, sostuvo su mejilla con delicadeza, una delicadeza que bastó para inmovilizarlo.
No dejes de mirarme…
Dame mas, quiero más,
De esa bendita forma en que me miras.
- H-horo-horo…, tú…
- …
- No tienes idea de lo mucho que te extrañé… - confesó, lanzándose al vacío y sabiendo que no habría vuelta atrás.
- Ren, mejor no…
- Lo lamento mucho. Sé que te lastimé…
- ¡Ya basta!
- Te amo.
Podía parecer cursi, o excesivamente dulce. ¿Acaso importaba? Sólo estaban ellos dos, y para él, en ese momento, sólo existía Horo.
Solo tú, sólo yo,
- Mentiroso.
¡Cállate¿Por qué, Ren¿Por qué tenías que decir eso? No tienes perdón. Falso, mentiroso. No te creo. ¡Tú no me amas, y nunca me amaste¡Me mentiste, así que no sigas haciéndolo!
- ¡¡No estoy mintiendo!!
Miró los ojos cristalinos de Ren, que había adoptado una adolorida expresión. Sintió sus propios ojos humedecerse, e intentó endurecer su semblante. En vano. La mano en su mejilla se deslizó lentamente, a penas tocándolo, mas solamente el roce bastaba para embriagarlo.
Caricias que me roben la razón.
¿Por qué¿Por qué crees que miento¿No viniste porque me perdonaste¿Qué otra razón podrías tener, eh? No finjas, por favor. Dímelo; dime que tú también me amas. Dime que, como yo, nunca dejaste de hacerlo…
Ámame,
- ¿Por qué me dejaste? – interrogó al finalmente, con la voz quebrada y cargada de dolor. No quiso mirarlo, reacio a llorar frente a él otra vez.
- Mi… familia… Tenía miedo. Tú eres fuerte, pero yo… yo nunca había sentido algo así; tenía miedo de perderte… - se sintió como un idiota que balbuceaba cosas incoherentes, mas esa era la verdad, todo lo que decía era cierto y no sabía cómo expresarlo con mayor claridad.
- ¿Acaso crees que yo estaba acostumbrado a sentir amor, Ren? – Indagó, casi indignado.- Yo también tenía miedo, pero…
- Todavía lo sientes¿verdad? – Llevó ambas manos al cuello del sweater del ainu, para aproximarlo a él e impedir que desviara la mirada.- Dime la verdad.
- …
- …
- Sí, yo…- pero esa sola palabra bastaba, esa afirmación era lo que Ren pedía.
Interrumpió al norteño, besándolo con suavidad mientras se apegaba aún más a él.
Horo no opuso resistencia alguna. Por el contrario, se encargó él mismo de acercarse un poco, extasiado por esos labios que no pensó volvería a probar. Necesitaba sentirlo cerca, convencerse de que era cierto lo que Ren decía. Necesitaba entregar todo el amor que había reprimido durante ese tiempo, y que había comenzado a aniquilarlo de a poco, en medio de esa falsa vida reconstruida que ahora mismo se le antojaba distante, lejana.
Acércate y ámame.
Ren sintió los brazos del ainu tensarse, dudando entre abrazarlo o no. Rozó su mejilla con la de Horo, sonriendo para sí, mientras susurraba en su oído.
- Hazlo…
Regálame de a poco tu calor,
Atrévete a mi amor.
Al instante, el norteño se aferró a él al casi desesperadamente, mientras el beso iba ganando intensidad. Ren lo acostó en el sillón, sin romper el contacto, quedando sobre él.
Al sentir la proximidad de sus cuerpos, Horo lo apartó, interrogándolo con los ojos. Y obtuvo una respuesta que nunca hubiera esperado: una sonrisa.
No tengas miedo
Y solo ámame,
Y aquel gesto por parte de Ren bastó para tranquilizarlo. Sintió algo duro bajo su espalda, y deshizo el abrazo para sacar…
- ¿Un control? – miró la televisión, recién percatándose de que estaba encendida, y sonrió, con las mejillas coloradas.- ¿Estabas viendo Snowboarding? – inquirió con una nota traviesa en la voz.
- … - el chino dirigió su vista hacia cualquier lado, mientras su rostro adoptaba un fuerte color rojo. Frunció el ceño, avergonzado por haber quedado al descubierto, y para peor, en una situación como esa.
Mas se sorprendió bastante al sentir los labios de Horo sobre los suyos, incitándolo a reanudar el beso. No dudó en responderle, enviciándose con aquella cálida y agradable sensación, que se volvía cada vez más necesaria. Infinita.
Ahora y siempre
Ámame.
¿Por qué Ryu y Tamao aún no regresaban¿Era coincidencia que se encontraran solos?
Parecían ser los únicos en el mundo. Y tener a Horo-horo era más que suficiente. Lo único que necesitaba para ser feliz.
El mundo se inventó para los dos
No tiene la pasión de explicación
El ambiente se tornó aún más íntimo cuando los labios de Ren se deslizaron por el cuello del norteño, mientras sus manos levantaban su sweater con lentitud, con la meta de quitárselo. Horo-horo se dejó hacer, respirando con dificultad al sentir las manos de Ren rozando su piel de vez en cuando.
Junto a ti seducción,
Poco tiempo después, el ainu se encontraba, en lugar de su sweater, sólo con su blanca camiseta sin mangas, dedicado a ayudar al chino a despojarse de su propio abrigo. Finalmente, ambos terminaron en camiseta, sin embargo estaban lejos de sentir frío. Sus bocas volvieron a encontrarse, reviviendo aquella sensación adictiva, mientras sus caderas se movían casi imperceptiblemente, incrementando la pasión del beso.
- Ren…
Sus cuerpos en entero exigían un mayor contacto, mientras sus pulsos aceleraban poco a poco.
Enciendes uno a uno mis sentidos.
- Horo… horo… - jadeó dentro del beso, acariciando su cuerpo con lentitud.
- Ren… Déjame… nh… sentirte cerca… - atrajo al chino hacia sí, cerrando fuertemente los ojos, como si pudiera desvanecerse.
El Tao se sorprendió levemente al ser abrazado por Horo, y no pudo reprimir una nueva sonrisa, mientras él mismo lo rodeaba con sus propios brazos.
Quédate con mi amor,
Envuélveme en tus brazos sin temor.
- Podría quedarme así para siempre… - murmuró con el rostro vuelto hacia el ainu, con el resto de su cuerpo descansando sobre el del último.
Viviré siempre así,
- ¿De veras…? – quiso saber, abriendo lentamente los ojos mientras lo estrechaba aún más, sintiendo que el aire era cada vez más cálido.
- Sí… - apoyándose en sus brazos, evitando obligar al norteño a soltarlo, cambió de posición, para poder mirarlo fijamente a los ojos.- No importa lo que pase, o lo que los demás piensen… Yo… creo que voy a amarte hasta la muerte… - aprisionó los labios tibios de Horo, mientras éste volvía a atraerle hacia sí.- Incluso…- continuó hablando dentro del beso.- después de… haber muerto…- finalizó como pudo, con el rostro encendido. Y es que no era mucha su costumbre de decir ese tipo de cosas.
Enamorado digan lo que digan.
- Yo… también, Ren… Sólo podría amarte a tí… a nadie… más.- replicó, luego de recibir cada palabra pronunciada por el chino como una suerte de bálsamo para su alma herida, sin mencionar el alivio que le producía el poder confesar sus propias emociones después de tanto tiempo de haberlas escondido.
Y seré para ti
- Más te… vale… - advirtió, logrando que Horo sonriera con ternura.
- Eres… el único que… diría algo como… eso… mmmm…
Porque tú eres uno en un millón
Las manos del chino exploraron por debajo de la camiseta de Horo, primero de manera suave, y luego con mayor rapidez. El norteño hizo lo propio, mientras sus besos se tornaban cada vez más apasionados.
- Ah… - el ainu soltó un tímido gemido en cuanto las caderas de Ren entraron en pleno contacto con las suyas.
- Horo… - volvió a besarlo ansiosamente, mientras sus respiraciones se volvían bastante agitadas.
- Ren… dilo de… nuevo…
- Mm… ¿Qué cosa…?
- Que me… amas…
Ámame,
- Hn… - no pudo evitar resoplar entre impaciente por la situación y divertido por la petición.- Te amo, Horokeu Usui… - comenzó, lentamente, a deslizar su prenda superior hacia arriba, acariciando de paso el cuerpo caliente del norteño.
- … - ayudó al chino en su tarea, levantando los brazos, terminando vestido de la cintura para abajo. Se acomodó de manera que quedaran sentados, Ren encima de él.- Yo también te amo… - susurró, sus rostros a penas separados por pocos centímetros.
- ¿Quieres… - Ren volvió al cuello del de Hokkaido, acariciando la zona suavemente con sus labios.- demostrármelo, Horo?
Acércate y ámame.
Por cualquier respuesta, el shaman de hielo empezó a desabrochar cuidadosamente la camiseta de Ren, que, como toda su ropa, era china. No demoró mucho en eso, y al terminar, sólo atinó a apegarse lo más que pudo a su koi, logrando que aquella suave piel acariciara la suya.
- Ren… - jadeó sin poder contenerse, cuando el último, sin abandonar su cuello, empezó a moverse contra él.
- Horo… horo… - susurró, incrementando el roce.
Regálame de a poco tu calor,
Atrévete a mi amor
- Espera.
De un momento a otro, Ren cayó casi de espalda sobre el sofá, anonadado por el ligero empujón que le dio Horo, que, con el fin de separarse del chino, había caído sobre el suelo.
- … ¿Qué sucede? – interrogó sin pestañear, tratando muy en vano de regular su respiración. Se asustó levemente ante el silencio del hokkaideño, que se incorporó sin prisa alguna.
- … - miró a Ren, recostado en el sofá, confundido por su extraña actitud, y eso le dolió. Le dolió lo que había hecho, es decir, lo que había detenido (o no había hecho, más bien); y le dolió lo que iba a hacer.
- Oye.- contempló al de pelo celeste mientras éste, con una extraña mirada en el rostro, mirada que por cierto no le agradó en lo más mínimo, se sentaba sobre el sillón nuevamente. Y nuevamente, con la intención de ubicarse lejos de él.
- Tengo una novia en Hokkaido.- soltó todo de corrido, imaginando que así sería menos difícil. Dios santo, tal vez ni siquiera valía la pena estarle diciendo eso, es decir, era más que probable, era obvio que iba a terminar su relación con Hikari… pero en esos momentos la chica seguía siendo su novia, por lo que si no se lo decía a Ren, iba a ser como si se lo estuviera ocultando. Y lo que menos quería en esos momentos era mentirle…
-… - Aunque realmente se lo esperaba, nunca imaginó que Horo se lo diría en un momento como ese, y eso, más que lo demás, lo descolocó un poco. Miles de preguntas surgieron, muy a pesar suyo, dentro de su cabeza¿Cómo se llamaba¿Era linda¿Se parecería en algo a él¿Cómo trataba a Horo? Mas hubo una en especial que absorbió gran parte de sus dudas¿Por qué se lo decía, y ahora?
- Lo lamento… - se disculpó de todo corazón, cerrando los ojos, mientras se percataba de que, lo que de veras, de veras le dolió, había sido decirle a Ren algo que era muy posible lo incitaría a dejarlo nuevamente, y que esa vez la culpa era exclusivamente suya. Y quedó aún más que estupefacto al sentir los brazos desnudos de Ren abrazándolo por la cintura, mientras éste, arrodillado detrás de él, recargaba el mentón sobre su hombro derecho.
- ¿Acaso crees que me importa?
- ¿Eh? – giró la cara hacia la de Ren, consiguiendo que sus narices se rozaran. El chino esbozó una media sonrisa, mientras el agarre de sus brazos se acentuaba.
- Estás aquí, y me dijiste que me amabas. ¿Crees que me importaría si estuvieras casado?
No tengas miedo.
Y solo ámame.
- P- pero…
- Dime algo. ¿Piensas terminar con ella?
- Sí… - admitió, sosteniendo aquella dorada mirada, asombrado.
- Pues entonces no veo por qué maldito motivo interrumpiste eso en lo que estábamos.- le dijo provocativamente al oído, con una chispa de burla en la voz, justo antes de besarlo intensamente mientras aflojaba el abrazo. Sus respiraciones, cada vez más violentas, chocaban con fuerza.
- ¡Ah…! – gimió en cuanto una de las manos de Ren se situó posesivamente entre sus piernas.
- ¿Te gusta…? – preguntó, sonriendo maliciosamente por la reacción del norteño.
- No te… detengas…
Ahora y siempre.
Ámame.
Con extrema agilidad, Ren empujó a Horo sobre el sillón, poniéndose a horcajadas encima de él. Mordió el labio inferior del norteño, para luego deslizar sus labios por el resto de su cuerpo. Debajo de él, Horo temblaba, en parte por el contacto, en parte por lo que este último le producía. Trató de volver a sentarse bajo el cuerpo de su koi, sin embargo terminó contra el respaldo del sillón, su cuerpo pegado al del chino.
- Lo siento, pero sólo uno puede dirigir, Hoto-hoto.
- ¡Es Horo-horo…¡ah! – las caderas de Ren embistieron las suyas, mientras le ojidorado llevaba los labios a su oreja.
- Horo… - gimió sensualmente en su oído, frotándose contra él, logrando que oleadas de placer recorrieran los cuerpos de ambos.
- ¡Aaah! Ren… puede…nh… venir alguien…
- Créeme, Horo… mmm…, no va a venir nadie… -declaró antes de besarlo con pasión.
El mundo se inventó para los dos
No tiene la pasión de explicación
- Mmm…- gimieron ambos dentro del beso, cuando el norteño rodeó con sus piernas la cintura de Ren, obteniendo un completo contacto entre sus miembros.
- Ren… no pares… - pidió, abrazándolo con fuerza, mientras el aludido lo estampaba aún más violentamente contra el respaldo del sofá, retomando los movimientos de hacía un rato.- ¡Uhm…!
Ámame,
- No pensaba hacerlo… - le anunció sin vergüenza alguna, incrementando la velocidad de sus embestidas de cadera.
- ¡Ah…! – exclamó, cada vez más acalorado y excitado por la entrepierna del chino sobre la suya.
Acércate y ámame
Ren desabrochó velozmente el pantalón del de Hokkaido, que a su vez lo despojaba de su propia prenda. Ambos en ropa interior, Ren hizo a Horo voltearse con delicadeza, siempre apoyándolo contra el mueble. Finalmente, sin rapidez alguna, bajó la prenda íntima del norteño.
- … - El Usui se tensó ligeramente al sentirse expuesto en la posición en la cual se encontraba, de espaldas a su koi. Sólo lo tranquilizaron los labios de Ren en su cuello, mientras el último se quitaba su bóxer.
- ¿Listo…? – preguntó en su oído, mientras sus manos lo acariciaban con ternura. Al ver que Horo asentía con la cabeza, se dedicó, con extrema suavidad, a penetrarlo lentamente.
- Nh…
- ¿Quieres que pare? – interrogó al instante, totalmente dispuesto a detenerse. Es que, si bien se encontraba excitado como nunca, no pretendía bajo ninguna circunstancia lastimar a su Horo-horo.
- N-no… - se giró levemente, para dirigirle una adolorida pero sincera sonrisa, la cual le contagió. Ren terminó de introducirse, y se quedaron así durante unos segundos, durante los cuales el chino esperó que el cuerpo de Horo se acostumbrara a la intromisión. - … ¿Qué esperas? ¬¬
- Hm… - luego de soltar una risita algo burlona, muy característica de él, el chino empezó a moverse dentro de él, mientras una de sus manos se posaba entre sus piernas.
- Ah…
- ¿Estás bien…? – quiso saber, sin dejar de moverse, dominado por una placentera sensación que nunca había conocido.- Mm…
- Ajá… Nh… S-sigue…
El chino obedeció sin protestar, adoptando en poco tiempo un ritmo adecuado, mientras repartía caricias en el miembro de su koi, consiguiendo innumerables gemidos. Poco a poco, fue aumentando la velocidad, ya convencido de que Horo no sentía dolor, si no que, al contrario, disfrutaba de aquella placentera sensación tanto como él.
Regálame de apoco tu calor
atrévete a mi amor
- ¡Ah, Ren…!
- ¡Horo-horo…! Nh…
- Ren… - se mordió el labio inferior para reprimir un fuerte gemido ante el atrevido roce de la mano del chino, esforzándose por hablar con claridad.- Ren… ah… No… No vuelvas a dejarme… - dijo al fin, respirando de forma excesivamente agitada, rozando el clímax.
- Nunca.- Respondió con voz entrecortada, transmitiéndole en una palabra toda la seguridad del mundo. Nunca volvería a dudar. Nunca volvería a separarse del Usui. Nunca volvería a temer…
No tengas miedo
Y solo ámame.
- ¡Aaaah…! – gritaron luego de un tiempo indeterminado, mientras un cálido líquido cubría la mano de Ren, y otro llenaba el interior del hokkaideño. Exhaustos, permanecieron quietos durante algunos segundos, para que luego el Tao saliera con delicadeza del cuerpo de Horo.
- … Te amo… - murmuró el ainu, con la mirada perdida y las mejillas encendidas. Un tibio y agradable aliento abanicó su cuello, y enseguida se encontró tendido en el sofá, cómodamente apoyado en el chino.
- Yo también te amo… Hoto-hoto.
Ahora y siempre.
Ámame
El de Hokkaido se aferró al cuerpo del Tao, sonriendo con ternura por la manera en que éste había pronunciado su sobrenombre. Llevó una de sus manos a los desordenados cabellos de Ren, intentando en vano de ordenarlos. Y de pronto se dio cuenta de algo: era feliz.
-.-.-.-.-
- ¡Maldición, apúrate Hoto!
- ¡Hazlo tú si soy tan lento!
- Yo no tengo por qué lavar esa cosa…
- ¿Y por qué me obligas a hacerlo, eh?
- ¿Y acaso quieres que cuando Anna e Yoh lleguen vayan a sentarse al sofá y lo encuentren lleno de… ? -desvió la mirada, abochornado e incapaz de terminar su pregunta.
- ¿Lleno de qué? – interrogó "inocentemente" el norteño, ganándose unan aterradora y amenazante mirada.- jejeje… - y volvió a su tarea de fregar la cobertura de género que usualmente protegía al mueble.
- La lavadora está muy lenta… - comentó el chino, aún sonrojado por el extraño diálogo que acababan de tener.
Ambos vestían una nueva muda de ropa, Horo obviamente una de Ren, puesto que él no había llevado nada de equipaje, mientras las prendas que llevaban antes eran limpiadas por el aparato mencionado por el ojidorado.
Mientras, quejumbroso, el ainu intentaba eliminar de la cobertura toda pista de lo que habían hecho (n//ñ), Ren dirigió su mirada hacia la ventana del cuarto de lavar, en donde se encontraban. El cielo se encontraba teñido de un precioso color pomelo, mientras un rojizo y ardiente Sol comenzaba a desaparecer. Estando con Horo, ni cuenta se había dado de lo tarde que se estaba haciendo.
Y Ryu y Tamao aún no vuelven…
El mundo se inventó para los dos
No tiene la pasión de explicación
Cuando ya hubo anochecido, escucharon la puerta abrirse. Alarmado, Horo revisó la cobertura del sofá, que había colgado con un par de ganchitos, descubriéndola aún húmeda.
- Podemos convencerlos de que no se sienten ñ.ñ…
- ¬¬… De todos modos son sólo la tartamuda y el asaltacunas, así que cualquier cosa que les digamos está bien.- comentó sonriendo confiado, pues sabía el miedo que podía inspirarles con tan solo una mirada.
- Jajaja, "asaltacunas" xD… O.O Espera, entonces… - los ojos oscuros del norteño se fijaron en Ren con reproche.- ¡¡Entonces no tenía por qué lavar nada!!
- ¡No seas terco, cabeza de mazorca! Anna e Yoh llegan mañana temprano, que es lo mismo a que llegaran hoy, además si recién se está secando – señaló apuntando el gran trozo de género- va a estar listo justo para cuando estén.
- ¿Ren?
Al oír la voz del de la espada de madera llamándolo desde la sala, sin pensarlo dos veces el Tao tomó con firmeza la mano del hokkaideño, provocándole una sorprendida sonrisa, y se dirigió hacia donde el mayor se encontraba. Al sentir la mano de Ren sujetando la suya, luego de vacilar unos instantes, Horo también ejerció presión sobre la de su koi, ya convencido de que al chino no le importaba que los vieran así. Su sonrisa se acentuó ante este pensamiento, y lo siguió sin el menor indicio de temor ante la reacción de los demás.
Ámame,
acércate y ámame
- ¡HORO-HORO! – al ver los ojos del de peinado estrambótico casi salir de sus cuencas, el shaman de hielo no pudo reprimir una divertida risa.
- Tanto tiempo, Ryu.- lo saludó con afecto, haciendo que Ren frunciera el ceño y aumentara la presión de su mano.- Auch.- se quejó, mirándolo sin entender.
- ¬¬.- y sin recibir explicación alguna.
- O.O – al igual que la pobre Tamao, que ya se encontraba completamente confundida. Es decir, primero el joven Horo-horo se iba, justo para que después el joven Ren volviera, y luego de un tiempo ya estaba casi segura de que el chino comenzaba a enloquecer, y ahora encontraba a los dos chicos con las manos tomadas como si nada…
- ¡Estoy tan… feliz! – antes de que el pesado cuerpo de Ryu cayera sobre el asustado ainu, Ren tiró del último con fuerza, propinándole indirectamente a su otro amigo una dolorosa caída.- Ou… XoX
- Dejemos las cosas claras.- ordenó el Tao, como siempre, yendo al grano.- Horo y yo volvimos¿está claro? – al recibir no dos si no tres atónitos asentimientos de cabeza, continuó.- Perfecto. ¿Alguna pregunta?
- … - luego de que un cardo (1) rodara por la habitación, el chino sonrió con conformidad.
- Eh… J-joven Horo-horo… ¿Quiere que le prepare una habitación o…?
- Ya tiene.
- Oh… - luego de ser interrumpida por las frías palabras del de ojos claros, como método de escape, Tamao balbuceó algo sobre preparar la cena y desapareció.
- Oye, Ryu¿Por qué demoraron tanto? – un par de temerosos ojos oscuros se posaron en el peliazul, mientras su dueño se preguntaba qué diantres podía inventar para justificar la demora.
Porque la verdad era que Tamao y él no habían demorado más de una hora en efectuar todas las compras, pero al volver… había visto todo: Horo golpeando la puerta, Ren abriendo, ambos entrando. Y como la rosadita ni cuenta se había dado por andar fantaseando con algún manga shonen-ai (porque no era inocente como parecía), se había valido de miles de pretextos para que volvieran a la tienda, en donde le informó que necesitaba urgentemente un shampoo que sólo vendían en el centro y luego, "aprovechando que estaban allí"… En resumen, Ryu se las había arreglado para dejarlos solos, pero sabía que si se los decía, lo más seguro era que recibiría una golpiza como agradecimiento.
- Este… yo… ¿¡¡Cómo has estado, Horo-horo!!? –cambió sin disimulo alguno el tema, encaminándose hacia el asiento más cercano.- ¿Mm¿Qué le pasó al sofá? O.O
- Ya me dio hambre¿le faltará mucho a Tamao?
- Eres un cerdo, Hoto-hoto.
- Sólo porque no todos somos flacuchentos como tú no significa…
- ¿¡A quién le dices flacuchento, obeso!?
- ¿¡A quién crees!?
Ryu observó a sus dos camaradas alejándose mientras discutían como hacía tiempo que nadie los veía hacerlo, y no pudo reprimir una sonrisa: al parecer, todo se había arreglado entre esos dos. Pero… ¿Qué había pasado con el sofá?
-.-.-.-.-
Las estrellas de siempre en el cielo de siempre formaban el cuadro nocturno, mas esa noche era para Horo-horo y para Ren una como hacía mucho tiempo no las había.
- Más te vale que no ronques.- advirtió el mandarín, mientras el norteño se acomodaba encima de la única cama de la habitación.
- No entiendo para qué me pones tantas condiciones si tú mismo fuiste el que quiso que me quedara aquí.- le rebatió el peliceleste, cerrando los ojos…
- Hm… -… y volviéndolos a abrir rápidamente, al sentir un ligero peso sobre él.- ¿Acaso quieres irte, Hoto-hoto? – inquirió su koi, iluminándolo con una dorada mirada en medio de la penumbra de la habitación.
- … No, nunca.- respondió quedamente el ainu, mientras se incorporaba para abrazarse fuertemente al chino, pillando a éste último desprevenido.
- Me alegra escuchar eso… - susurró contra su mejilla, justo después de salir de su asombro por el repentino abrazo.
Saber que había recuperado todo lo que ayer creía perdido para siempre, saber que Horo seguía amándolo y que nuevamente confiaba en él, todo aquello lo llenaba de una dicha indescriptible, que aunque no demostrara con palabras, transmitía al norteño con cada acto, cada caricia y cada beso que le daba.
- Oye, tranquilo, que la gente abajo está durmiendo… - medio bromeó al sentir las manos de Horo recorrerlo ansiosamente, mientras el hokkaideño repartía suaves besos por su cuello.
- No me importa.- se limitó a contestar, para enseguida acostarlo lentamente, ubicándose encima de él.
Regálame de apoco tu calor,
atrévete a mi amor
El chino rodeó aquel cálido cuerpo con sus brazos, respirando aquel aroma único de aquel chico único, que ahora era suyo y únicamente suyo, y que siempre lo sería. Le importaba un soberano pepino la opinión del resto del mundo, la reacción de su estúpida familia y, para qué negarlo, de sus amigos (aunque dudaba mucho que la última fuera negativa, puesto que ya habían pasado por eso hacía tiempo). Amaba a Horo, y Horo lo amaba, y mientras supiera eso, nada malo podía pasar.
No tengas miedo.
Fueron cerrando lentamente los ojos, sus cuerpos convertidos en uno como lo estaban, sin percatarse de que estaban vestidos, con zapatos, y de que ocupaban la cama al revés. Mañana habría muchas explicaciones que dar (aunque por parte de Ren sería difícil conseguir alguna) y en el futuro en general también. Horo tendría que hablar con su novia y hacerle un daño inevitable para evitarle otro mayor; Ren debería enfrentarse a los suyos, pero ahora sin ese miedo que unos 8 meses atrás los carcomía… Sin embargo, en esos momentos, durmiendo plácidamente en los brazos del otro, estaban solos en un mundo lleno de gente, juntos. Y eso era lo único que valía para ellos.
Y sólo... Ámame
-.-.-.-.-
Y cuando en la pensión Asakura comienza la actividad matutina, mientras nuestra pareja de tórtolos dormita profundamente, Tamao hace el aseo con su inagotable paciencia de todos los días, y en la radio que a esa hora acostumbra a poner, suena una canción que todos conocemos, sobre todo cierto ainu y cierto chinito, aunque ellos tal vez no lo sepan.
En un día de estos en que suelo pensar
"hoy va a ser el día menos pensado"…
The end, por siempre y para siempre jamás n.n
(1) Cardo: estoy segura de que los conocen, son esas bolas de pelusa que ruedan por los desiertos y lugares vacíos (que vendrían a ser casi lo mismo xD) impulsados por el viento. Es bastante común verlos en las caricaturas xD
-
Que no voy a llorar, maldita sea TnT
No puedo creerlo… ¡Al fin, después de meses de trabajo y espera! (xD)
¿Qué puedo decir? De verdad, de todo corazón espero que hayan disfrutado este último capítulo, porque de verdad le puse esfuerzo xD, no, enserio ¬¬
Espero que no les haya molestado el lemon, pero la verdad a mí me pareció adecuado… no sé, es mi estilo, estoy loca, y ya. :P
Ahora quiero agradecerles a todos y cada uno de los reviewers (así es? O.O) que han seguido la trama de Rosas.
MUCHÍSIMAS GRACIAS A
Zahia-vlc
Liver Girl
Faye-BD
Ran Tao
Kakashi.4ever
Hikari Segawa
Mary
Ero-Eli Kyouyama
vickyng
Shanille Tao
Vampy's Team
Elian
Hitomi Miwa
Nicky
Lavance.
Alexi the bat
Kasiel-16
nicky-hitomi
alely
Neferura.K
MARYAM-CHAN
Marcia
N4t5u0
rei asakura
Miguel
Aruba
your fan nº 1
chokoreeto
(Perdonen si me faltó alguien –aunque lo dudo xD- o si repetí a alguien)
Sin ustedes me hubiera sido imposible seguir con este reto (xD), de verdad sus reviews valieron y valen muchísimo para mí, cada palabra de aliento, halago y crítica me sirvió mucho, y nunca me voy a olvidar de todos ustedes ToT aunque no los conozca xD
¡¡Gracias:)
Bueno, pues ahora no nos queda otra que encontrarnos en futuros fics, y también los que deben ser actualizados.
Hasta la vista.
Y arriba el RENxHOROxREN (L)
