Este es para el tema "Reencuentros" muchas gracias por sus comentarios a:

Vicky: sí a mi también me gustó lo de la resistencia, lastima que lo haya tenido que hacer tan chiquito pero así son las reglas, bueno espero que este también te guste, cuídate mucho.


ALMAS GEMELAS

Habían pasado centurias, desde que asistiera a la opera, de hecho desde que se inventó el cine, tenía mejores cosas que presentarle, pero ahí estaba, pues la compañía Japonesa había a Inglaterra. Y extrañamente decidió ir.

Desde que se había convertido en rey, a fuerza de que el anterior había muerto a manos de cazadores, nada en toda su eternidad como vampiro, podía conmoverlo, o eso creía.

Y es que, desde que había asumido el control, había buscado a su alma gemela, aquella que finalmente se convirtiera en su reina.

Pensaba que durante todos los siglos, que había visto tanta miseria y guerra entre los seres humanos ya no existían los ángeles, pero se había equivocado, aquella primera cantante, lo había conmovido profundamente, aquel ángel de cabello negro con voz celestial, tenía los ojos amatistas, y la palidez de su piel sólo se asemejaba a la suya, era ELLA, su alma gemela, en lo profundo de sus ojos azules, muertos hacía siglos, brilló el deseo y aunque no lo quisiera creer, sintió su corazón, al final de la obra supo el nombre de aquella que convertiría en su compañera eterna... Tomoyo Daidouji.

Con el increíble poder de persuasión que poseía logró entrar en los camerinos, y entró en el principal escondiéndose en las sombras para observarla.

"Touya , ya te dije que no, no me casaré contigo nada más porque mi madre a muerto". Dijo aquel ángel, que se veía molesta.

"Tomoyo, estás sola en el mundo, no tienes más familia, nadie más que yo". Dijo un apuesto moreno.

"Te aseguro, que aunque no lo creas, no me siento sola". Dijo la amatista con una profunda calma en su voz.

"Desde que llegamos aquí, no paras de decir sandeces, cómo la última que dijiste antes de que llegáramos aquí, que alguien te estaba llamando".

"¿Lo ves? Ni siquiera puedes entender que alguien me está llamando, de hecho..." y la amatista giró por todo el vestidor buscando, en las sombras, su oscuro ángel observaba maravillado que al parecer, ella sabía que estaba ahí.

"¿Ahora qué? No me vas a decir que tu alma gemela esta por ahí esperando encontrarte". Y el moreno hizo un gesto burlón, el oscuro ángel sólo se contuvo de golpear ese engreído rostro.

"Es posible que sí, ahora sí me disculpas, tengo que cambiarme". Y Touya salio más a regañadientes porque Tomoyo no le dio opción de más.

"Dios, cómo es posible que espere que me case con él y que ni me apoye en venir a Inglaterra", y detrás de ella, aquel ángel oscuro la observaba cambiarse, desde lo sedoso que se veía el cabello, aquellos senos perfectamente redondeados pasando por unas hermosas piernas. Todo lo encontraba perfecto.

La siguió en absoluto silencio hasta el hotel en el que estaba hospedada, aunque la chica estaba segura que la seguían.

"Por Dios, Tomoyo, creo que ya exageras." Tomoyo, no le contesto nada, estaba cansada de escucharlo, llamándola paranoica, lo único que no le había dicho es que ya estaba loca.

"Bueno, sí no me soportas ¿no crees que debes entonces irte a tu habitación? Probablemente ahí este la televisión , te será mejor de compañía."

Cuando la amatista llegó a su habitación, de verdad sintió que alguien la observaba desde el lugar más oscuro del pasillo y sintió la necesidad de ver. Se topó con un chico que al parecer no tenía más que 3 años más que ella, teniendo en cuenta que ella tenía 24, sintió como si lo conociera de hace mucho tiempo.

"¿Te conozco?" Preguntó la joven. "Porque te parecerá raro, pero te me haces familiar". Finalizó, acostumbrada a decir lo que pensaba siempre.

"No, no me parece para nada raro, probablemente tú y yo, estemos destinados el uno al otro, desde hace siglos". Respondió el chico, con voz fría, sin embargo a Tomoyo le pareció extrañamente confortante.

"Bueno, mucho gusto soy Tomoyo Daidouji". Y alzó una mano para saludarlo.

"Yo soy Eriol Hiragizawa". Y depositó un beso galantemente en la mano de la chica.

Y en los ojos del chico, en las profundidades azules no vislumbró la oscuridad que la mayoría de los súbditos de él, veían y temían, sólo encontró... soledad. Abrió la enorme habitación y la oscuridad reinante se esfumó cuando la araña de luz se iluminó.

"¿Gustas pasar?" Tomoyo no sabía porque pero este chico, le inspiraba confianza, confianza que ni siquiera Touya le brindaba y se sentía extrañamente segura. Sobre todo que cuando le había dado permiso de entrar a un vampiro cuando era realmente la única medida de seguridad contra él.

"Por supuesto" Y una ligera sonrisa se mostró en aquel frío rostro.

Las horas pasaron lentamente y Tomoyo le había contado toda su vida, hasta que llegadas las 11 de la noche llegaron a la razón por la que Tomoyo decidió hacer el viaje a Inglaterra.

"Sólo sé que algo o alguien me llamaba, no puedo explicarlo, pero sé que debo estar aquí". Y cómo empezaba a tener sed, se acercó al refrigerador a tomar algo de agua, pero encima de este, había un espejo y por el cual, el níveo no se reflejaba y eso que estaba frente a ella, Tomoyo lo notó y sólo fue cuestión de sumar dos más dos.

"¿Quién eres tú?" Dijo la amatista muy tranquila, él la miró intrigante y a modo de respuesta ella señaló el espejo.

"Creo que ya sabes la respuesta." Dijo a modo de contestación.

"¿Tú me llamaste?"

"Sí" Y el chico se acerco lentamente a ella, y la beso de tal manera que Tomoyo se sintió viva por primera vez.

Luego las caricias, los sutiles roces y los besos apasionados la llevaron a poseerla en la cama. Después de fundirse en uno, el oscuro ángel, se sintió en paz, y supo que había encontrado lo que había esperado durante tanto tiempo.

"Tomoyo, debo preguntarte una cosa ¿quieres irte conmigo?"

Tomoyo no sabía porque pero la respuesta que pugnaba por salir de sus labios era afirmativa, no sabía porque, pero cuando habían hecho el amor, era la primera vez que Tomoyo se sentía segura, querida, amada. Desde que lo vio supo que quería estar con él para siempre.

"Sí Eriol, quiero irme contigo".

"¿Sabes lo que implica? No volverás a ver la luz del sol, ni a tener la vida que tenías."

"Lo sé" Y los ojos de Tomoyo sólo transmitían una serenidad memorable.

En aquel momento el oscuro níveo la besó en los labios y bajo hasta su cuello, tomó un poco de su sangre, que conducía a reclamarla como suya, luego hizo que ella tomará un poco de la de él, que conducía a convertirla en su reina.

"Vámonos." Dijo él, una vez que se terminaron de vestir, al fin el encuentro que esperaba había llegado a él.

Y salieron del hotel, tomados de la mano, y se perdieron en la oscuridad que aún cubría a Londres, la Tomoyo Daidouji que todos conocían, había muerto y ahora era una reina oscura.