CAPÍTULO V - Serpientes
La Navidad ya pasó, pero esta vez, a excepción de las anteriores, no he estado solo en Hogwarts. Ron, Hermione y la mayoría de los alumnos se han quedado también en la escuela para no poner en peligro sus vidas. Hace un par de días hubo ataques de mortífagos en el Callejón Diagón y además redujeron a cenizas varias casas de magos que vivían de incógnito en el Londres muggle. Por suerte no hubo que lamentar víctimas, pero el incidente provocó que las familias prefirieran dejar a sus hijos en Hogwarts antes que tenerlos en casa para celebrar las fiestas.
Cruzo el umbral del Gran Comedor y me acerco a la mesa de Gryffindor, están mis amigos ahí. Los leones se han quedado todos, igual que los de Ravenclaw y Hufflepuff, sólo algunos alumnos de Slytherin han regresado a sus casas. Aunque no todos los que me hubiera gustado. Ahí sigue Draco Malfoy, sin quitarme los ojos de encima. Me siento en el banco y hago como si no existiera. Me limito a desayunar junto a mis compañeros, a criticar a nuestros rivales y a comentar los últimos cotilleos amorosos.
- Sí,
me lo dijo Padma el otro día – nos cuenta Ginny.
- Pe…
pero… ¡es de Slytherin! – exclama Neville horrorizado ante
la mención de la nueva pareja de Hogwarts.
- Yo… es que
no sé, Millicent Bulstrode con Justin Finch-Fletchley…
ughhh… no me los imagino – afirma Dean poniendo cara de asco.
-
Sí, yo tampoco puedo creerlo – añade Seamus.
-
Pues yo creo que si se quieren… eso no debe importar – opina
Hermione, y todos la miramos extrañados-. Eh… no me miréis
así… casi dais miedo…
- Bueno, eso debe ser porque nos
ha sorprendido tu comentario… Creo recordar que no aprobabas las
relaciones entre los Slytherin y los alumnos de otras casas – le
digo mirándola de forma inquisitiva.
- Sí… ya…
pero… - su voz empieza a temblar - tal y como están las
cosas, pues… que… que la gente tiene que estar con quién
quiere y dejar de lado las habladurías – continúa la
castaña.
- Vaya, Hermione… me sorprendes – le dice
Ginny que está sentada a su lado-. Has cambiado… ¿qué
has hecho con nuestra antigua amiga? – todos nos reímos.
-
¿Y a qué se debe ese cambio? – interviene Ron que ha
permanecido callado hasta ahora.
- Emhm… pues a nada en concreto
– ahora se ha sonrojado notablemente -, simplemente creo que la
casa no importa, sólo importa la persona.
- ¡Creo que
Ginny tiene razón… tú no eres nuestra Hermione! –
le dice Neville riéndose.
- ¡Oh, basta ya! Si no
estáis de acuerdo conmigo, pues no preguntéis más
– responde ya un poco enfadada.
- Yo sí estoy de acuerdo
contigo – confiesa Ron, poniéndose rojo como un tomate al
terminar de decirlo, y todos centramos nuestra atención en
él-. Bueno… yo… pienso como Herms… si quieres a alguien…
pues no debe importar quién sea… ¿no? – esto último
lo dice casi susurrando temiendo la reacción de los
demás.
Cuánta razón tiene mi amigo… Cierro los ojos y regreso a mis divagaciones. Si ellos supieran quien ocupa mi corazón… Lo de Millicent con Justin no es nada en comparación con lo mío, creo que se morirían del susto si les contara quién ocupa mis pensamientos y mis sueños cada día. Me pongo a pensar en las palabras de Ron y Hermione. Comparto sus ideas, a mí también me gusta un Slytherin, una serpiente, casi la peor de todas las que han existido. Pero no puedo luchar contra eso. Apoyo la relación de ese par, si ellos se quieren, tal y como ha dicho mi amiga, pues adelante. ¿Será acaso que Hermione está…? No, no puede ser… pero esa nota… ¿Hermione con un Sly? Abro los ojos repentinamente y observo a mi amiga, permanece en silencio, mirando al vacío. ¿Y si lo que estoy pensando fuera cierto? Abro más los ojos, tanto que parece que de un momento a otro van a saltar. ¿Quién podría ser?
Dirijo mi mirada hacia la mesa verde y plata. Repaso sus caras. Ahí están Crabbe y Goyle peleando por un trozo de tarta; Malfoy criticando su infantil actitud mientras come con su habitual elegancia; Millicent mirando embobada hacia la mesa de Hufflepuff, la verdad es que se la ve enamorada; Zabini con semblante serio y pensativo sin mirar a ningún lado; Parkinson hablando con Tracey Davis y Daphne Greengrass sin preocuparse de lo que ocurre a su alrededor, y finalmente Theodore Nott mirando… ¡hacia aquí! ¡Mierda, me ha pillado mirándolos! Creo que tendré que retomar mis abandonadas investigaciones y hablarlo con Ron. Sí, eso, además Ron también opina… ¡Un momento! Ron, mi amigo Ron, mi mejor amigo Ron, también está de acuerdo con eso… ¿No será…? ¡Oh, por Merlín! El otro día estaba mirando hacia la mesa de Slytherin cuando lo pillé… Oh, oh… creo que empiezo a entender algunas cosas y no sé si debo alegrarme o lanzarme directamente un obliviate.
- Harry… Harry…
- ¿Sí? –
respondo regresando de mis divagaciones.
- Te preguntaba qué
opinabas tú, sobre todo esto… - me interroga Dean.
- Yo…
pues… yo pienso como Hermione y como Ron – digo de carrerilla,
sin vacilar y sacando fuerzas de quién sabe dónde -, si
ellos se quieren, que estén juntos, los Sly a veces no son lo
que parecen – me levanto de la mesa y les dejo a todos
boquiabiertos. Nadie se esperaba mi respuesta.
Paso la mitad del día deambulando por el castillo como un alma en pena. Al final me cobijo bajo un árbol cerca del lago. Recuesto mi espalda contra el tronco, acerco las piernas a mi pecho y apoyo la cabeza en mis rodillas. No quiero hablar con nadie, no quiero ver a nadie… no pueden ayudarme. Arranco trozos de hierba mientras voy pensando y lanzo las pequeñas hojas al suelo de nuevo. Se ha convertido ya en un gesto mecánico. No puedo recurrir a ningún amigo y contarles lo que me ocurre… ¡Pensarían que me he vuelto loco! Ojalá alguien pudiera ayudarme pero sin tener que contarle mucho del tema… pero no hay… ¡Sí! Él podría aconsejarme, al fin y al cabo es mi padrino, tiene experiencia y no tengo que contarle de quién se trata, sólo algunos detalles para que los analice y me diga lo que piensa.
Me levanto deprisa y dirijo mis pasos hacia la habitación de Sirius. Estoy convencido de que me será útil hablarlo con él y así podrá decirme qué le parece lo que me está pasando. Claro que si supiera… no, no debe enterarse de que me gusta Lucius, eso sería lo peor. Él odia a las serpientes, las odia des de su época de estudiante, nunca aceptaría que su ahijado estuviera con una, y menos con un Malfoy, y mucho menos con la mano derecha de Voldemort. Un escalofrío recorre mi cuerpo al recordar de quién me estoy enamorando, pero es tan fuerte el sentimiento que lo que haya hecho o lo que esté haciendo en este momento no me importa.
Tan ensimismado estoy en mis pensamientos que sólo me doy cuenta de que he llegado a mi destino cuando mis pies se paran delante de la entrada de su habitación. Levanto la mano para golpear la puerta pero un ruido me hace detenerla en el momento justo. Pongo más atención, creo que Sirius no está solo. Acerco mi cara a la puerta y, así, con la oreja pegada a la madera, intento descubrir quién está con él. No logro distinguir las voces, pero reconozco el tono de mi padrino. ¿Quién puede ser la otra persona? Quizá sea Remus, sí, ellos son amigos, estarán hablando de algo de la Orden o de la escuela, o de cualquier otro tema… es lo que hacen los amigos. Convencido de que se trata del licántropo, dirijo mi mano hacia el frío pomo de la puerta.
- Oh, sí,
Sirius…
- Mmmhhhmmm… eres delicioso…
Mis dedos retroceden como si el metal quemase. Sirius está… está… oh, ¡por Merlín!, está con alguien y precisamente no están hablando… Mi curiosidad parece que va en aumento des de hace algunos días y vuelvo a acercar el oído a la puerta. Oigo jadeos y gemidos de dos personas, estoy seguro de que se trata de otro hombre, pues hace tiempo descubrí las preferencias sexuales de mi padrino, y no me importan, puesto que yo también las comparto. Bueno, al menos se lo están pasando bien a juzgar por los gritos y el escándalo que están armando. Me río bajito, ya era hora de que Sirius encontrase a alguien.
- Mmmm… sigue así… sigue… más…
Esa voz… conozco a esa voz, pero no sé de qué. Quizá se trate de algún profesor de la escuela, o de un miembro de la Orden… pero lo cierto es que me resulta mucho más familiar. Bueno, ya lo investigaré, añadiré este misterio a mi lista particular. Me alejo de las habitaciones, prefiero que no me sorprendan deambulando por ahí, y regreso a mi refugio del lago. Ya hablaré con Sirius en otro momento, ahora… ahora que disfrute.
Como cada lunes -aunque esté de vacaciones no puedo olvidar mis obligaciones- me dirijo, puntualmente a las 7, a mi clase de duelo. Hoy no estará Sirius, claro, no me extraña, debe de estar agotado. Abro la puerta del aula y veo a Remus saltando de un lado para otro esquivando hechizos de… de Snape, quién sinó. ¿Es que nunca nos va a dar un respiro?
- Potter, vamos, prepárese,
hoy puede practicar con cualquier hechizo – dice al verme parado en
la entrada, es evidente que no me va a dejar descansar.
- Sí…
sí, señor.
Cojo mi varita y me sitúo frente a Remus, dejando el suficiente espacio para movernos con facilidad. Snape controla nuestros movimientos y nuestras posturas, nos corrige, bueno, mejor dicho, me corrige por si hago algo mal. Con Remus no se mete, es extraño teniendo en cuenta que cuando eran jóvenes no se llevaban muy bien. Claro que el licántropo no participaba de las bromas de mi padre y mi padrino… Bueno, deben haber llegado a un acuerdo con el paso de los años, pienso mientras me coloco bien encima de una X marcada en el suelo que señala mi posición de inicio.
- Harry…
-
¿Sí?
- No te distraigas – parece que Remus tiene
un sexto sentido muy agudo.
- Eh, sí… Vale, estoy
preparado…
- Perfecto, Potter, entonces, empieza a defenderte –
exclama Snape alejándose de nosotros.
- ¡Petrificus
totalus! – la voz de Remus me llega clara a pesar de encontrarse al
otro lado de la sala.
- ¡Protego! - este ha sido fácil,
pero tengo la impresión de que hoy sufriré -.
¡Desmaius!
- ¡Impedimenta! – no es fácil
sorprender al licántropo.
- ¡Imperius! - grito.
-
¡Dissaparate! – Remus ha desaparecido y, con la varita bien
agarrada, observo a mí alrededor.
- ¡Relaskio! –
oigo detrás de mí, pero es demasiado tarde. El hechizo
me alcanza y voy a parar al suelo.
- Potter… ¡levántese!
Perfecto, Lupin – Snape tan amable como siempre, al menos ha
felicitado a Remus por su acción-. De nuevo, en sus puestos…
-
¡Expelliarmus! – empiezo yo.
- ¡Tarantallegra! –
consigo esquivar este.
- ¡Desmaius!
- ¡Mimblewimble!
– grita Remus y el hechizo me golpea en el pecho, dejándome
completamente atontado.
Abro los ojos y veo a Remus a mí lado y también a Snape. Estoy tumbado en el suelo, me duele la cabeza… Oh, empiezo a recordar, sí, seguramente me he golpeado al caer.
- Aughh…
- ¿Te duele, Harry?
Te llevaré a la enfermería.
- No, no es nada… sólo
estoy un poco mareado.
- Bien, Potter, eso es porque no ha
prestado suficiente atención a la clase. El hechizo que le ha
lanzado el profesor Lupin – dirige su mirada hacia Remus y veo en
los ojos del licántropo pequeños destellos – ¡lo
hubiera esquivado cualquier alumno de segundo!
- … - no
respondo, estoy confundido por lo que acabo de ver.
- Potter…
¿acaso me escucha alguna vez?
- Sí, sí,
profesor. Yo… lo siento – respondo agachando la cabeza.
-
Severus, no seas tan duro con él – dice Remus y no sé
quién se ha quedado más sorprendido ante la mención
del nombre del profesor, si el mismo Snape o yo. Aquí está
pasando algo y yo no me he enterado.
- Lupin… no lo defiendas,
Potter es lo bastante mayor para saber que si no practica nunca
estará preparado – Snape mira a Remus con cara de pocos
amigos.
- Lo sé, pero son sus días de vacaciones, y
se ha defendido bastante bien – se acerca a mí y me pasa la
mano suavemente por el pelo -. Me siento orgulloso de ti, Harry… -
añade y yo me abrazo a él, hecho tanto de menos alguien
con quien confesarme.
- Ya he visto suficientes cursilerías
– exclama Snape al salir por la puerta.
- Remus, yo… Sé
que no soy muy bueno, pero… prometo que me esforzaré más…
-
Harry – pone su dedo índice sobre mis labios para hacerme
callar – no hagas caso de Snape, ya sabes cómo es…
-
Sí, lo sé, y me parece que tú también
sabes muy bien como es – veo que se ruboriza un poco.
- ¿Qué…?
-
Remus, antes lo has llamado Severus…
- Bue… bueno, es su
nombre…
- Ya…
- ¿Por qué sonríes
ahora?
- Porque mis investigaciones están dando sus frutos
– le digo mirándolo fijamente.
- ¿Investigaciones?
-
Sí…
- ¿Y se puede saber cuáles son?
-
Oh, claro… - empiezo a enumerar contando con mis dedos-, primero
descubrir quién es la pareja de Hermione, saber quién
le gusta a Ron, descubrir con quién estaba Sirius esta tarde
y, finalmente, saber quién ocupa tu corazón – le veo
ruborizarse – aunque tengo una ligera idea…
- ¿Mi co…
corazón?
- Remus… he visto cómo lo miras…
-
¿A quién? – ahora sí está nervioso.
-
A "Severus" – respondo imitando su voz y veo como se estremece
al nombrarlo.
- Harry, no…
- No me digas que no te gusta,
Remus, se te nota…
- Oh… - balbucea y aparta su mirada de la
mía.
- ¿Lo sabe?
- ¿Saber el qué?
-
¿Qué va a ser? Pues que te gusta…
- Ehmmm… no,
no lo sabe – añade intentando evitar entrar en este tema-.
Será mejor que vayas a ducharte – y desaparece.
Me quedo en medio de la sala, analizando lo que he descubierto sobre mi querido Remus. Lo compadezco, enamorarse de Severus Snape y no perecer en el intento debe de ser algo complicado. Claro que quizá Snape también tiene su corazón… ugghhh, no quiero ni imaginármelo… Decido ir a ducharme y alejar de mi mente esa horrible imagen de Remus jadeando debajo de Snape. ¡Por Merlín! Cuanto más lo pienso más terrible se me antoja.
Después de la ducha, algo ya más relajado, he bajado a cenar y para mí ha sido una auténtica tortura. Todos han estado preguntándome por mis amoríos, a raíz de mi comentario de esta mañana, pero no han conseguido que soltara ni una palabra y sólo he conseguido darle más vueltas a todo el asunto. He llegado a un sinfín de hipótesis, a cuál más increíble: que quiere entregarme al Lord después de seducirme, que es un plan de Voldemort para debilitarme, que es su propio plan para vengarse por algo, que me va a matar una vez se haya aprovechado de mí… y la más disparatada, pero que no importaría que fuera real, la que me hace estar en una nube todo el tiempo: que realmente está enamorado de mí, al menos un poco, tanto como yo ya lo estoy de él.
Sí, he tardado en darme cuenta y aceptar mis verdaderos sentimientos, pero he llegado a la conclusión de que lo que siento no es sólo una obsesión, ni se trata solamente de atracción, sino que es amor. Amo a Lucius Malfoy, y me odio a mí mismo por no poder reprimirlo.
El 31 de diciembre se agota y aquí estoy, la última noche del año, en la cama, pensando todo esto, maldiciéndome por ser incapaz de conciliar el sueño. Miro por la ventana, hay luna llena, se ve preciosa, tiene un leve color plateado… como sus ojos. Una lechuza con un brillante plumaje de color negro se posa en el alféizar de la ventana y picotea el cristal. Me levanto rápidamente para que no despierte a ninguno de mis compañeros y cojo la nota que lleva atada en su pata. Le doy un poco de galletas que tengo siempre preparadas en la mesita para Hedwig y desaparece. Casi temblando, desenrosco el pergamino. Aparece ante mí una sencilla indicación escrita con la letra más perfecta, elegante y estilizada que puede haber. "Torre de astronomía", es lo único que pone, pero no dudo ante mi decisión. Cojo la capa y el mapa, salgo por el retrato de la Dama Gorda y pongo rumbo hacia la torre.
Consulto el mapa por si Filch o su gata están cerca, pero no hay peligro, están haciendo su ronda en las mazmorras. Debe ser mi noche de suerte. Miro hacia mi objetivo y ahí está, un puntito negro que da vueltas como un león enjaulado. Sonrío ante el pensamiento que acaba de aparecer en mi mente, pues nunca se me habría ocurrido describirlo como un león, pero ahí está, esperándome: Lucius Malfoy.
Abro la puerta sin quitarme la capa e intento hacer el meno ruido posible. Temo aún que todo sea una trampa, pero está solo y parece nervioso. Nunca lo he visto perder los nervios, siempre es la viva imagen de la frialdad y su rostro es inexpresivo. Pero ahora… hay inquietud en su cuerpo y sé que es por mí. Me acerco a él, por detrás, lo observo detenidamente, él no se da cuenta de nada. Lleva el pelo suelto, cayéndole harmoniosamente sobre los hombros y la espalda. Viste una túnica oscura, parece negra, con pequeños ribetes plateados en los bordes. Me sitúo justo detrás de él, tiro mi capa hacia un rincón en el suelo y le abrazo. Se sobresalta por un instante pero después se da la vuelta hasta quedar cara a cara y me besa con ansiedad.
¡Dios! Esta sensación es mágica. Sus labios capturando los míos es lo más increíble del mundo. Estar junto a él es lo más maravilloso que ha podido ocurrirme jamás, aunque sea quién es. Se separa de mí y me mira, no dice nada, tan sólo deja que me pierda en la inmensidad de sus ojos, al igual que hace con los míos. Siento que voy a derretirme.
- Te echaba de menos…
- Yo también…
- respondo en un susurro.
Eso provoca que se abalance sobre mí y, a causa del ímpetu inesperado, quedamos tumbados en el suelo y seguimos desatando la pasión. De repente, se levanta, coge mi mano y me pide que le siga. Un poco apartado del sitio en el que nos encontrábamos, veo una cama iluminada por decenas de velas flotando a su alrededor. Coco, todo huele a coco, seguramente gracias a las velas que esparcen este embriagador aroma. Me quedo boquiabierto ante la visión y las molestias que se ha tomado por mí.
- Hoy va a ser distinto… ya todo es distinto, Harry…
No puedo ni creerlo, acaba de llamarme por mi nombre. Atrás ha quedado el 'Potter' tan habitual y de nuestra primera vez, pronunciado casi con asco, ahora soy 'Harry', dicho con dulzura. Permanezco embobado mirándolo a él y a la cama, mi cabeza se mueve de un lado para otro y, sin pensármelo más, le beso aferrándolo a mí y le empujo encima del colchón.
Y vuelvo a ser suyo, pero esta vez sin prisas, con paciencia y mucha ternura. Nunca hubiera imaginado que el temible Lucius Malfoy pudiera ser tan tierno cuando se lo propone. Recordando la primera vez, ésta me parece sublime. Empezamos a reconocer nuestros cuerpos y eso lo hace especial. No es lo mismo que la otra noche, ahora no es nuevo y podemos dedicarnos a saborear mejor el momento.
Está tumbado a mi lado, abrazándome y pienso que no hay nada mejor que estar rodeado por sus fuertes brazos. Parece una contradicción, pero me siento seguro con él, me siento protegido por su cuerpo, me siento acompañado, me siento feliz. Sonrío y me mira.
- ¿En qué estás pensando? – pregunta con una dulce voz.
Me quedo dudando, no sé qué decirle, todo es tan extraño… Saco todo mi valor gryffindor y decido contarle la verdad.
-
Pensaba que me siento bien así… entre tus brazos…
- Yo
también me siento a gusto abrazándote… - me
interrumpe.
- … y protegido…
- ¿Protegido?
¿Conmigo? – parece sorprenderse.
- Sí, aunque
parezca una contradicción por quienes somos…
- Shhhttt…
no hables de eso. Ahora sólo somos Harry y Lucius, y lo demás
no importa –dice besándome en la frente.
Me acomodo mejor a su lado y cierro los ojos. Aspiro el olor de coco mezclado con el aroma de nuestros cuerpos sudorosos y el olor a sexo. Me dejo llevar por todas estas sensaciones y sonrío al recordar sus palabras. Sí, tiene razón, lo demás no importa ahora.
-
¿Dónde está? – grita un hombre vestido con una
túnica negra en mitad de una oscura sala -¡¿DÓNDE
ESTÁ?!
- Mi Lord, no lo sabemos – responde una voz
masculina detrás de una máscara blanca.
- He
preguntado dónde está… ¡alguien tiene que
saberlo! Debería de estar aquí… Esos malditos
aurores… ¡Sois una panda de incompetentes! No servís
para nada…
- Mi Señor… yo…
- Oh, Bellatrix… ¿Tú
tampoco sabes nada de él?
- No, mi Lord.
- ¿Y tú
osas presentarte como mi más fiel servidora? No eres más
que un perro que se arrastra detrás de mí…
-
Yo…
- ¡Cállate! Nadie te ha dado permiso para
hablar… ¡Crucio! – sonríe al ver la mujer retorcerse
de dolor en medio de la sala.
- Ahhggghhhh… - los gritos de
dolor provocan escalofríos en los demás presentes.
-
¡Crucio! – de nuevo el rayo impactando sobre el cuerpo de
Bellatrix.
- Mi Señor… - la voz de un hombre interrumpe
la tortura.
- Ah… Lestrange… debí suponer que te
opondrías a mis métodos… Quizá quieras
acompañar a tu querida Bellatrix… O mejor aún… -
sus ojos adquieren un color rojo oscuro - ¡Avada Kedavra! –
un rayo de luz verde impacta en el pecho del hombre que cae al suelo,
muerto, al lado de su esposa herida.
- Bien, ¿alguien tiene
algo más que añadir? ¿No? – dice sonriendo al
ver retroceder a todos sus súbditos-. Perfecto… ¡y
ahora… buscadle! ¡No descanséis hasta encontrarlo!
¡Traedme a Lucius!
