CAPÍTULO VI – Felicidad truncada

Muevo una pierna, después un brazo… Empiezo a tomar conciencia de que aún estoy en la cama, seguramente Ron pronto me va a despertar con sus gritos diciendo que llegaremos tarde a clase. Estiro los brazos y… ¡un momento! No estoy en mi cama, no está Ron a mi lado, estoy… ¡estoy con Lucius en una cama enorme en mitad de un aula abandonada porque esta noche hemos hecho el amor! Me sobresalto y mis bruscos movimientos al recordar todo lo sucedido unidos a mi sorpresa inicial han terminado por despertarlo.

Abre los ojos, gira un poco la cabeza hasta quedarse mirándome fijamente y me sonríe. ¡Por Merlín, qué sonrisa! ¿Es que lo tiene todo perfecto? El sol se cuela por la ventana e ilumina toda la estancia. Repaso lentamente su cuerpo, sólo tapado por una fina sábana de seda blanca. Sí, lo tiene todo perfecto corroboro, todo en él es perfección, parece irreal. Vuelve a sonreír de medio lado, esa sonrisa algún día me va a matar, pero espero que sea dentro de muchos años. Acerca su mano hasta la mía, la coge y deposita un suave beso en mi palma. La sensación que recorre mi cuerpo es casi electrizante, ese hombre es capaz de excitarme con un casto beso en la mano. ¡Malditas hormonas adolescentes!

- Harry…
- ¿Sí? – casi estoy babeando.
- Vas a llegar tarde a clase… será mejor que te vayas antes de que tus compañeros sospechen algo.
- No quiero – pongo morritos - ¿por qué no puedo quedarme aquí todo el día, contigo?
- Porque no puede ser. Tú tienes unas obligaciones que cumplir y yo… - deja la frase inconclusa y aparta su mirada, pero le cojo dulcemente de la barbilla y le obligo a fijar sus ojos en los míos.
- Tú no estás obligado a nada… no tienes por qué seguir con esto, si no quieres – añado casi susurrando.
- Harry, todo es muy complicado…
- Es complicado porque tú lo quieres así, si quisieras…
- No se trata de querer, Harry, son demasiados años…
- Si de verdad yo te importara un poco no dudarías en hacer lo que quieres… - me levanto de la cama y empiezo a vestirme.
- Eso que dices es injusto, no tienes ni idea de nada – se ha puesto serio, casi me da miedo.
- ¿Que no tengo idea de nada? Tengo el privilegio de verlo con mis propios ojos en sueños y siento lo que él siente… ¡Así que no me digas que no tengo ni idea, porque sé perfectamente qué hace Voldemort y sus secuaces, entre ellos tú…!
- No hace falta que me lo recuerdes – se ha levantado también y se sitúa frente a mí, por dentro estoy temblando y se da cuenta de que le tengo miedo –. Sabía que esto no funcionaría, nunca confiarás ciegamente en mí – añade sin mirarme, en estos momentos debe despreciarme y por eso ni quiere verme la cara.
- Yo…
- Harry, será mejor que te olvides de mí y que olvidemos todo esto…
- No, yo no quiero… - pero ya se ha ido.

Me recuesto de nuevo en la cama, agarro la almohada que aún conserva su olor y la abrazo fuerte contra mi pecho. Mis ojos rompen a llorar, miles de lágrimas empiezan a descender por mis mejillas y mi alma se rompe en pedazos, al igual que mi corazón. Me siento como un idiota, he dudado de él y lo ha visto. Sabe que no confío en él ciegamente, pero no puedo hacerlo… Él es… ¡Mierda! Dije que no me importaba, pero supongo que no era completamente cierto. ¡Claro que me importa! No es cuestión de rivalidades entre casas, ni de odios infantiles… es un mortífago, me odia des de que nací, ¿cómo puede pretender que olvide todo esto de un día para otro? No puedo borrar de mi mente sus acciones ni sus actos asesinos… No puedo… No sé si quiero pero… no puedo…

- Mi Lord, ¿me buscábais? – dice un hombre arrodillándose a los pies de su señor.
- Lucius… Ayer debiste estar aquí – en su voz hay resentimiento.
- Lo sé, mi Señor, os fallé, aceptaré el castigo que me impongáis – no levanta la cabeza, la tiene casi pegada al suelo, sólo consigue ver el bajo de la túnica del Lord y no tiene fuerzas para encarar su mirada. Hoy no.
- ¿Castigarte? Creo que tengo otros planes para ti – su voz adquiere un deje de ironía -. De momento, lamento comunicarte que Lestrange ha… ¿Cómo decirlo? Ha muerto felizmente… des de hoy, Nott asumirá su cargo.
- Como ordene, mi Lord.
- Muy bien, Lucius, puedes retirarte – Voldemort se lo repiensa y le coge del hombro cuando el otro ya se ha levantado – pero antes… ¿dónde estabas ayer por la noche?
- Mi… Señor… Estuve revisando la zona en busca de aurores, analicé los puntos donde nos atacaron y creo saber el motivo de su ataque sorpresa.
- ¿Y cuál es ese motivo? – la mano de Voldemort acaricia suavemente la mejilla de Lucius.
- Creo que hay un espía entre nosotros.
- ¿Un espía? – el Lord se separa y sus ojos se inyectan de ira -. ¿Quién puede osar engañarme a mí? ¿Quién puede atreverse a desafiarme? ¡A mí, al Señor Oscuro! – grita enfurecido -. Lucius… te ordeno que descubras quién es y cuando lo hayas encontrado… - sus ojos resplandecen - ¡mátalo!
- Sí, mi Señor, así lo haré – afirma retirándose.

Despierto sobresaltado. Acabo de presenciar su encuentro con Voldemort, sé que Lucius está en peligro y yo no puedo hacer nada. Dudo que Voldemort se haya creído las explicaciones que le ha dado, y sé también que investigará si ha dicho la verdad. Así es Voldemort, no se fía de nadie, ni de su fiel mano derecha. Seguramente pondrá a uno de sus súbditos para que le espíe y así poder controlar sus movimientos. Y si esto ocurre… ya puedo olvidarme de una reconciliación con él.

¡Dios! ¿Por qué tiene que ser tan difícil? Ahora que parecía que todo iba viento en popa… que había vuelto a mi lado, yo lo he echado todo a perder con mi estupidez. ¿Por qué tuve que dudar de él? Unas cuantas razones regresan a mi cabeza y decido olvidarme de ellas. Cada minuto que pasa me siento más y más culpable. Él vino a mí sin pedirle que lo hiciera y yo lo he apartado de mi lado con mis dudas y mis temores. Ahora no sé si regresará… Las lágrimas hacen su aparición de nuevo y, mientras recojo mis cosas y me pongo la capa encima para que no me vea nadie, me alejo tan rápido como puedo de esa aula mugrienta y llena de polvo que se ha convertido en mi paraíso.

Llego a mi habitación, por suerte aún no se han levantado y me tumbo unos minutos en la cama, pero al cabo de lo que me ha parecido un segundo, una mano me sacude para que me levante. Es Ron, ahora sí, ya no estoy soñando. Estoy en mi cama y mi amigo me regaña porque si sigo así voy a llegar tarde de nuevo. Me levanto, me froto los ojos que me escuecen de tanto llorar y decido tomar una ducha bien caliente para relajarme.

- ¿Harry?
- ¿Sí?
- Dile a ese noviecito tuyo que deje de morderte… - se ríe Ron y junto con él, Dean, Seamus y Neville.
- ¡Oh, mierda! – exclamo al contemplar mi espalda desnuda en el espejo del baño.
- No me extraña que te duermas en clase, con esas noches tan salvajes que tienes… - Dean y sus acertados comentarios.
- Oh, Harry, tienes que contarme tus secretos – se burla Seamus- yo también quiero un amante tan fogoso.
- Sí, Harry… cuéntame cómo conseguir uno… - añade Neville.
- ¡Iros a la mierda!- respondo dando un portazo.

Ni el agua me ha relajado ni el desayuno me sabe a nada. Estoy ausente, no oigo nada, no veo nada, no quiero saber nada. Si alguna vez me he sentido desgraciado, es en este preciso instante. Cualquier cosa que me haya ocurrido antes no había dejado un vacío tan enorme en mí como en este momento. Le he perdido… lo sé, lo presiento, sé que no volverá a mí, porque no confía que mi amor sea lo suficientemente grande para no dudar de él. Nunca algo me había dolido tanto en el corazón. Perder a mis padres fue muy trágico, pero no llegué a conocerlos y amarlos lo suficiente, no tuve tiempo. Sé que eso que pienso es demasiado cruel, pero me duele más haber perdido la oportunidad de ser feliz a su lado. No levanto la vista del plato, sé que todos están observándome y no quiero ser el centro de atención. Hoy no. No más. Me levanto y salgo casi corriendo del comedor. Al girar por un pasadizo a la derecha topo con alguien y rodamos por unas escaleras hasta llegar al nivel inferior. Intento salir de encima de esa persona y pedirle perdón cuando diviso una rubia cabellera y unos ojos plateados que parecen leerme los pensamientos.

- Oh… yo… lo siento…
- ¿Podrías mirar por dónde vas, Potter?
- Malfoy… yo…
- ¿No sabes decir otra cosa?
- Sí… no…
- Vale, entiendo, tu cerebro no da para más… - le miro por primera vez fijamente a la cara y las lágrimas asoman de nuevo. Me separo de él y me alejo -. ¡Espera! – grita al cogerme del brazo para retenerme - ¿qué te ocurre?
- Nada que te importe – respondo sin mirarlo.
- Estoy intentando ser amable…
- ¡Nadie te ha pedido que lo seas!
- Pero me preocupa verte así… - cada vez me sorprende más su actitud.
- Pues deja de preocuparte… ¡Déjame en paz, olvídate de mí! – cuanto duelen estas palabras en mi alma -. ¡Estoy harto de la compasión Malfoy!

Le dejo ahí plantado con cara de no haber entendido qué acaba de suceder y retomo mi camino. Corro y corro sin rumbo, hasta que llego delante de una puerta que conozco muy bien. La abro y entro, dejando mi valentía en el umbral. Me derrumbo, todo me recuerda a él, me tiro encima de la cama y empiezo a sollozar. Golpeo con fuerza la almohada, maldiciéndome por no estar ahora con él por mi culpa. Con cada golpe que doy es como si me lo diera a mí mismo, mi cuerpo va cediendo a medida que los puñetazos son más intensos y, agotado, ceso el ataque. Me tumbo boca abajo y lloro con la cara enterrada en esa almohada casi destrozada, hasta que noto que mi cabeza va a estallar. Oigo un ruido detrás de mí, volteo rápidamente la cabeza para saber de quién se trata pero tengo los ojos tan hinchados que apenas puedo abrirlos completamente. Se acerca y me abraza. Sirius. Me aferro a él y lloro en su pecho como un niño pequeño. Él sólo me acaricia e intenta calmarme, pero es en vano, sigo sollozando y llorando hasta un buen rato después, creo que ya he agotado todas las reservas de lágrimas. Me separo un poco y me quedo mirando al vacío.

- ¿Qué te ocurre, Harry?
- Sirius… yo…
- Sabes que puedes contarme cualquier cosa, ¿verdad? – asiento con la cabeza – Dime, ¿qué te preocupa tanto por estar así?
- Se ha ido…
- ¿Quién? ¿De qué hablas, pequeño?
- Él… no confié en él… y ya no estará conmigo…
- ¿Tu… tu pareja? – sé que esto le ha costado de decir, para Sirius y Remus es como si aún tuviera cinco años.
- No… sí… no sé si éramos pareja, supongo que no… Pero no volverá…
- ¿Y cómo lo sabes?
- Desconfié y lo notó…
- ¿Y por qué no confiaste en él?

Permanezco callado unos segundos. ¿Cómo le puedo contar que desconfié porque es un asesino? ¿Que desconfié de él porque sirve al mago que quiere matarme? Lo miro… intento buscar algo convincente que contarle a mi padrino, pero no sé qué explicar para no decirle de quién se trata.

- ¿Te engañó? – me pregunta al verme indeciso.
- No… no… yo… - suspiro y tomo aire, me hará falta – no confié en él… no piensa como yo y… le dije que nunca cambiaría y se enfadó…
- Harry, si estaba contigo eso demuestra que ya ha cambiado un poco, ¿no?
- No lo sé… quizá…
- No sé si soy bueno dando consejos, pero te diré una cosa. Las personas pueden dar un giro radical a su vida, si uno quiere, puede cambiar…
- Pero no sé si él quiere cambiar…
- Bueno, así es más complicado… No es fácil dejar atrás odios, viejos rencores, venganzas e ideales y sacrificarlo todo para estar con la persona que quieres, incluso la amistad o comprensión de los que te rodean… Pero si uno ama lo suficiente a esa persona, puede hacerlo… - su voz suena melancólica, se ha quedado mirando fijamente la pared, medio ausente.
- Me gustaría creerte, Sirius, pero él… es distinto…
- ¿Y por qué? ¿Por qué es distinto?
- Porque… no va a cambiar nunca, lo sé. Gracias por todo, Sirius.

Me levanto, salgo del aula y decido darme otra ducha para despejarme e intentar distraerme un poco antes de… ¡Mierda! Consulto mi reloj… Las 11.27, me he saltado dos clases y media… No me puedo creer que lo haya olvidado. No tengo justificación, tendré que hablar con los profesores, suerte que hoy no me tocaba clase con Snape. Finalmente decido tomar esa ducha, la necesito. Perder otra clase ya no viene a cuenta, además, ansío dormir un rato para no tener que pensar en todo lo que me ha sucedido hoy. He tenido suerte de que Sirius que consolara, pero… ¿cómo sabía dónde encontrarme? ¿Me habrá seguido o habrá visto que entraba ahí?

Últimamente Sirius se comporta de forma extraña, y esas palabras de que si uno quiere puede dejar de lado todo para estar con la persona que ama… Eso ha sonado muy biográfico. ¿Será que está…? Oh, Dios, creo que no quiero imaginarme con quién puede estar. Quizá no lo dijera por experiencia propia, sino por decir algo que me alegrara. Pero… sonaba tan convincente y se ha puesto triste al contarlo… Hablaba de dejar de lado viejos rencores… Pero Sirius se lleva bien con todo el mundo menos con… ¡Oh, no! Creo que más de uno seremos desgraciados en el amor.

Por la tarde me encuentro a Ron en la Sala Común haciendo los deberes. Me acerco y me mira preocupado. Sé que le debo una explicación, pero ahora no quiero pensar en ello ni recordar nada así que, antes que se decida a preguntarme cualquier cosa, intervengo yo.

- Ron… ¿podrías decirme qué deberes nos han puesto hoy?
- Eh, sí, claro… - me tiende una lista con lo que tengo que hacer -. Si quieres te ayudo, ya casi he terminado los míos.
- Gracias, sí, me iría bien.
- ¿Te encuentras mejor?
- Sí, un poco… Ron, no quiero ser grosero pero ahora no quiero hablar de ello, espero que lo entiendas.
- De acuerdo, Harry, nada de preguntas, sólo las referentes a las clases.
- Gracias por todo – le doy un abrazo y se queda estático, no acostumbro a hacerlo pero ahora sentía que lo necesitaba. Al cabo de unos segundos me separo y observo a mí alrededor -. ¿Dónde está Hermione?
- No lo sé, hace más de dos horas que se fue y no dijo a dónde.
- Vaya, otra de sus escapadas misteriosas, ¿no?
- Eso parece…
- Bueno, entonces, ¿me cuentas eso de Herbología que seguro no entenderé? – me río y mi amigo también, al menos me distraeré un rato.

- ¿Qué te ocurre, preciosa?
- Na… nada, tranquilo.
- Hermione… sé que te preocupa algo, ¿por qué no me cuentas?
- Es que no sé…
- ¿No puedes contarlo?
- Sí, no es nada… me preocupa Harry.
- ¿Potter? ¿Por qué?
- Bueno, hace semanas que está distraído, se rumorea que está viéndose con alguien, pero no sabemos quién, y hoy… esta mañana estaba llorando y no ha venido a clase en todo el día.
- Vaya… ¿no lo has visto aún?
- No, des de la hora del desayuno, se ha levantado corriendo y no sé nada más.
- ¿Quieres ir a ver si lo encuentras para hablar con él?
- Oh, pero ahora… nosotros…
- A mí me preocupas tú, y si tú estás preocupada por tu amigo, prefiero que lo soluciones, no me gusta verte así, sin poder contemplar esa sonrisa que me vuelve loco – Hermione se ruboriza -. Vamos, cariño, no te de vergüenza, sabes que te adoro…
- Sí… lo sé… sólo que…
- Dame un beso y puedes irte – la chica se acerca y pone sus labios encima de los de su amado, y el beso le sabe a gloria. El chico profundiza más, introduciendo lentamente la lengua en su boca para después delinear sus labios con ella hasta separarse-. Vale, ahora sí… - se ríe el chico.
- ¿Qué haría yo sin ti? – pregunta la chica recogiéndolo todo.
- Seguramente estudiar mucho más – bromea él.
- Sí, pero no sería tan feliz – responde ella antes de irse y le lanza un beso al aire.

El camino hasta la Sala Común se le hace corto, parece que esté flotando entre algodones. Da varios pasos casi saltando, retoma la marcha normal y vuelve a cambiar, ahora camina lentamente, mientras su mente repasa los minutos que ha podido estar con él. Se para delante del retrato, dice la contraseña y entra. Ahí están Ron y Harry, haciendo los deberes.

- Hola, chicos – nos saluda con una gran sonrisa que desaparece al ver mi rostro, debe ser poco tranquilizador -. Harry, ¿cómo estás?
- Bien, Herms, gracias. No te preocupes, ya se me ha pasado.
- Oh… yo…
- No tienes que decir nada, con saber que os tengo a mí lado – digo mirándolos a los dos – ya soy feliz.
- Harry… - balbucea Hermione abrazándome -. Siempre estaremos contigo, ya lo sabes…
- Sí, amigo, puedes contar con nosotros para todo.
- Ya lo sé y no sabéis cuanto os lo agradezco – un par de lágrimas se escapan de mis ojos.

Se separan y Hermione saca su pañuelo y me seca los ojos y Ron me abraza de nuevo. Suerte que les tengo a ellos, a Remus y a Sirius… Quizá sea hora de escoger lo que más me conviene, aunque eso suponga el fin de mi felicidad.

- ¿Me llamabais, mi Señor?
- Sí, Lucius, pasa y siéntate – responde señalándole un par de butacas de cuero negro en mitad de la sala-. Me gustaría tratar un par de temas contigo…
- Claro, como guste – responde Lucius sentándose.
- Verás, Lucius… he estado pensando en lo que hablábamos esta mañana, creo que tienes razón. Los últimos ataques al mundo muggle y mágico siempre se han visto sorprendidos por los malditos aurores del Ministerio. Quizá haya llegado la hora de tomar medidas algo más drásticas…
- ¿Más drásticas?
- Sí, Lucius, estoy decidido a encontrar al espía y no cesaré hasta descubrirlo. ¿Me ayudarás?
- Sí, mi Lord. Sabéis que podéis contar conmigo para lo que haga falta.
- Perfecto, Lucius, me alegra oír esto – Voldemort se levanta casi deslizándose cual serpiente de la butaca y se acerca a la de su vasallo -. ¿Sabes que eres realmente fascinante? – le dice acariciando su mejilla y Lucius se incomoda un poco -. ¿No tienes miedo, verdad? – Lucius niega con la cabeza -. Mejor, porque tengo apetito… y necesito saciarlo – Voldemort posa sus finos labios en los de Lucius y empieza a besarle con verdadera pasión.

Lucius intenta deshacer el contacto, pero Voldemort tiene demasiada fuerza y no es recomendable negarse ante sus peticiones. Sabe muy bien qué les pasa a los que lo hacen. Se resigna y acepta esa lengua que devora con fiereza su boca y que recorre su cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja derecha. Deja que su Señor explore cada rincón de su pálido cuerpo sin replicar. Voldemort empieza a desabrochar la túnica del rubio, la deja en el suelo y le indica que se tumbe encima. Voldemort empieza a quitarle lentamente la ropa sobrante mientras le ordena que haga lo mismo con la de él. Lentamente, va descubriendo el cuerpo de su Señor, hasta quedar los dos completamente desnudos.

- Sí, realmente, encantador – añade Voldemort pasándose seductoramente la lengua por los labios mientras contempla el cuerpo que yace bajo él-. Lástima que esto te vaya a doler.

Lucius no tiene tiempo de reaccionar cuando el miembro de Voldemort entra en él de una sola estocada. Siente como su entrada se desgarra y está seguro de que está sangrando notablemente. Voldemort no tiene contemplaciones y empieza con un vaivén frenético mientras Lucius grita de dolor y algunas lágrimas recorren su bello rostro. Pero las embestidas no cesan hasta al cabo de unos minutos, cuando el rubio siente que un calor inunda su ser y ve como Voldemort se separa.

- Habrá que repetirlo más a menudo – le dice antes de salir de la sala.

Y Lucius permanece tumbado en el suelo, temblando de frío y de asco. Nunca se había sentido tan poca cosa como en este momento. Él, el gran Lucius Malfoy, mano derecha del Lord, violado por su mismo Señor al que tanto ha idolatrado, tirado en el suelo, llorando, sangrando y con todo su orgullo destrozado.

- ¡Noooooooooooooooo! –mi grito retumba en la habitación antes de romper a llorar.
- ¿Qué ocurre, Harry? – Ron se ha despertado y ha saltado de su cama para abrazarme.

No respondo, permanezco hecho un ovillo sobre la cama, abrazado a Ron y sólo puedo abrir la boca y tragarme las lágrimas. Ahora sí me siento sucio, Voldemort lo ha violado y yo he sentido todas y cada una de sus emociones, incluso la del placer de ver a Lucius retorciéndose de dolor entre mis brazos.