CAPÍTULO VII - Lágrimas

Viernes. Odio los viernes. Casi todos los alumnos adoran este día, yo lo detesto. Es el día que me toca entrenamiento de oclumancia, a solas con Snape. No es como en clase de duelo, que Remus o Sirius siempre están conmigo, aquí no, nadie puede defenderme de sus amables palabras.

- Llega tarde, Potter – sus ojos me atraviesan al cruzar la puerta.
- Lo… lo siento, profesor.
- Al final recuperaremos esos 10 minutos y no admito discusión.
- No iba a discutir, con usted es imposible.
- Veo que está de buen humor hoy.
- No quiero hablar de esto con usted, limítese a darme clases y me iré cuanto antes, así podré dejarle tranquilo.
- Perfecto, me parece la mejor idea que ha tenido desde que le conozco. ¿Preparado? – pregunta empuñando la varita y con una media sonrisa de triunfo -. ¡Legerimens!
- ¡Protego!
- Bien, parece que va aprendiendo… ¡Legerimens!
- ¡Protego! – digo al cabo de unos segundos, pero estoy convencido que ha logrado ver algo.
- No estoy interesado en ver su vida amorosa – me sonrojo, no sé qué ha visto y eso me incomoda -. De pie y en su sitio… ¡Legerimens!

Los minutos van pasando y he conseguido repeler todos sus ataques, pero eso ha provocado que esté muy débil. Apenas me puedo tener en pie, pero parece que Snape nunca tiene compasión por nadie, y mucho menos por mí.

- Potter, una vez más, concéntrese, no lo eche todo a perder en el último momento. ¡Legerimens!

No puedo evitar su intrusión. En mi mente se agolpan las imágenes del sueño de Voldemort con Lucius. Snape sale de mi mente y yo caigo al suelo. Se acerca corriendo y me levanta, me sacude y me habla, pero apenas puedo oírle. Me sacude de nuevo, me arrastra hasta un sillón y me sienta en él. Poco a poco voy recobrando todos los sentidos.

- Potter… ¿cuándo vio… eso? – hay repugnancia en su rostro, y no es para menos. Recordar ese acto ha removido todo el dolor que guardaba dentro de mí.
- Yo… - empiezo a llorar.
- Potter… sé que esto… – las palabras apenas le salen -, esto tiene que ser duro para usted, pero tiene que informarme…
- Hace cuatro noches… la noche del lunes – respondo finalmente.
- ¿Se da cuenta de su fuerte conexión con el Señor Oscuro? – asiento y en mis ojos puede ver el temor -. No se preocupe, trabajaremos duro… Haré lo que sea para que no tenga que presenciar más actos de ese tipo, se lo prometo – por primera vez en mi vida noto un cierto tono de preocupación y compasión en su voz.
- Gra… gracias… yo…
- No diga nada, puede retirarse… intente olvidar… - su voz intenta sonar suave, aunque es difícil en un hombre como él, pero aprecio el gesto.

Salgo de las mazmorras intranquilo, ahora Snape sabe qué ocurrió y que no cerré mi mente. Esto último no me preocupa demasiado, sé perfectamente que sabe que no logro controlar las intromisiones de Voldemort en sueños, pero me preocupa el hecho de que relacione a Lucius conmigo. Si alguien se entera de la relación… Pero recapacito, ahora da igual que se entere todo el mundo, ya no existe nada a lo que llamar relación.

Con el semblante triste, cruzo el Gran Comedor y me siento al lado de Ron. Le miro, parece ausente, está removiendo la comida… definitivamente algo le preocupa y tiene que ser importante. ¡Él nunca desprecia la comida!

- Ron – susurro -, Ron…
- Oh, hola, Harry… - reacciona ante mis palabras.
- ¿Te pasa algo?
- No… no, ¿a mí? – parece nervioso.
- Sí, es que estabas como ausente.
- Ah, nada, pensaba – dice suspirando.
- ¿Y en qué pensabas?
- Pues en nada en especial… - estoy seguro que miente.
- ¿Seguro?
- Sí, seguro… - y continúa removiendo la sopa sin hacerme el menor caso.

Algo le preocupa, aunque no me lo quiera contar le conozco perfectamente como para saber que hay algo que no le deja estar tranquilo. ¿Tendrá relación con lo del otro día y sus miradas hacia los Slytherin? Oh, ya no me acordaba… tengo que descubrirlo. Veo como Ron levanta tímidamente la vista y la dirige hacia algún lugar al otro lado de la sala. Sí, ya no tengo ninguna duda… está mirando hacia la mesa de las serpientes. El problema es que no logro adivinar a quién está mirando, tendré que prestar más atención.

Mientras intento descubrir a algún Sly que mire disimuladamente hacia nuestra mesa, veo como Ron se levanta y nos da las buenas noches alegando que está cansado y prefiere ir a dormir. No me trago sus excusas y supongo que quiere estar solo un rato, a veces es lo mejor para reflexionar sobre los problemas de uno mismo. Ya le interrogaré en otro momento, ahora será mejor no presionarlo, además… si quien le gusta es un Slytherin no me extraña que esté tan preocupado, los Weasley harán papilla de Ron en cuanto lo sepan.

POV Ron
¿Por qué? ¿Por qué de entre todas las personas de este colegio tuve que fijarme precisamente en una serpiente? Pero lo cierto es que no puedo quitar los ojos de su cuerpo, ni en clase ni en el comedor. Cada vez que coincidimos, mi corazón empieza a latir a un ritmo trepidante. ¡Por Merlín! ¡Soy un Weasley y un Gryffindor! No tendría que gustarme alguien de Slytherin… no, eso no está bien. Pero el otro día… a mis amigos no les importaría, tanto Harry como Hermione dijeron que lo de Millicent con Justin les parecía bien… Al menos tendría su apoyo, porque cuando se enteren en casa, creo que mi madre inventará un nuevo pastel de carne con mi nombre.

Sí, sé que es una tontería que me pase todo el rato pensando en qué diría la gente… antes tendría que preocuparme qué piensa esa persona… No tengo ni idea de lo que siente por mí, bueno, sí, lo que siente cualquier Slytherin por un miembro de Gryffindor, asco como mínimo y odio, mucho odio. Por lo que veo no lo voy a tener fácil. Tiene una cara tan perfecta, con sus ojos oscuros, sus labios rosados y el pelo cayéndole harmoniosamente hasta los hombros… Es una belleza.

Un mar de lágrimas empieza a descender por mis mejillas, sé que nunca seré feliz a su lado. No sé qué daría para que se fijara en mí, pero sé que eso nunca ocurrirá. Yo… yo daría mi vida para estar a su lado toda la eternidad.

Una cama y dos cuerpos enlazados. Esa es la imagen que se puede vislumbrar en una habitación cercana a las mazmorras. Se aman con pasión, con intensidad, con amor… El paso del tiempo ha afianzado su relación, nadie habría apostado por ella en un principio, incluso ellos dos fueron los primeros sorprendidos. Descubrir esos sentimientos hacia una persona a la que has odiado durante cierto tiempo es siempre una sorpresa. Y para ellos lo fue aún más. No es fácil compaginar una relación perfectamente normal mientras aparentas frialdad e ignoras esa persona en público. Pero les ha salido muy bien, en todo este tiempo que llevan juntos, nadie ha sospechado nunca nada. El beso termina y los dos juntan sus frentes, sonríen, se miran a los ojos y sobran las palabras. Son felices, completamente felices.

- Te quiero – susurra en el oído de su pareja, la cual lo mira sorprendido, pues su amado es algo parco en palabras y más si son cariñosas.
- Y yo… ¿sabes? – le dice mirándolo fijamente a los ojos - adoro esa capacidad que tienes de sorprenderme en el momento más oportuno.
- ¿Por qué lo dices?
- Ahora mismo necesitaba esas palabras, sé que me quieres, me lo demuestras siempre con tus palabras, con los gestos, los abrazos, los besos y… cuando hacemos el amor… Pero hoy lo necesitaba para sentir que estás a mí lado, que te tengo a pesar de todo lo que pueda ocurrir a nuestro alrededor…
- Sé que estás preocupado por lo que te he contado, no hace falta que disimules conmigo… ¿Quieres hablar de ello?
- No lo sé… Harry me preocupa tanto… Él no se merece todo esto que le ocurre…
- Ven – dice el otro abrazándolo y secando las lágrimas que recorren el rostro de su pareja -, sabes que siempre estaré contigo… Además, intentaré portarme mejor con él, ¿te parece bien? – el otro asiente -. Pero ahora no pienses más en ello, sólo te hace daño, disfruta de la noche que tenemos por delante – dice finalmente capturando sus labios y las piernas vuelven a enlazarse de nuevo.

Después de cenar, doy una vuelta por el castillo antes del toque de queda, no quiero encontrarme con Filch sin la capa, sólo me faltaría un castigo. Decido irme a dormir, quizá pueda descansar un rato y así olvidarme de todo lo que ha sucedido en estos cuatro meses de curso. A lo mejor, con la llegada del nuevo año, todo cambie y pueda conseguir esa felicidad anhelada. La felicidad… sólo seré feliz a su lado… No, no, no, tengo que dejar de pensar en eso, se fue y ya todo terminó, no debo obsesionarme con ello. Abro la puerta de la habitación y miro hacia la cama de Ron, tiene las cortinas echadas, seguramente ya está durmiendo. Me pongo el pijama y me meto en la cama. El colchón está blandito y, junto con el calor que desprenden las mantas, me traslado hacia el reino de los sueños. De repente, oigo un ruido, no, no es un ruido… Es un sollozo. Paro atención. Sí, alguien está llorando y sé perfectamente de quién se trata. Sin pensármelo dos veces, me levanto, corro las cortinas y me meto en su cama. Se voltea y me abraza y yo hago lo mismo. Ron siempre ha estado a mí lado, ayudándome, apoyándome, y aunque no soy muy bueno en palabras y gestos de cariño, sabe que puede contar conmigo, ya era hora de poder demostrárselo tanto como él lo ha hecho en estos seis años de amistad.

Permanecemos callados un buen rato, sólo abrazados, sé que necesita ese contacto. De vez en cuando, le acaricio el pelo o le seco las lágrimas que caen lentamente encima de las sábanas. Nunca había visto a Ron en ese estado, quizá porque mi amigo no es muy propenso a mostrar sus verdaderos sentimientos, pero ahora sé que para estar así hay algo que debe deprimirle. Quizá haya llegado la hora de las confesiones.

- Ron… - me mira -, Ron… tienes que calmarte, yo estoy contigo… Sé que hay algo que te preocupa, puedes confiar en mí, sabes que intentaré ayudarte en lo que sea…
- Es… esta vez… no…
- ¿Por qué tiene que ser distinto ahora?
- No se fijará nunca en mí – vale, ya sé algo, mis sospechas eran ciertas.
- ¿Por qué? ¿Por qué es de Slytherin? – se sorprende y yo continúo -. Ron, aunque sea una serpiente no tienes que ponerte así. Si te gusta, ¿por qué no se lo dices?
- Yo… no… no querrá…
- Eso no lo sabes, además ¿dónde está el orgullo Gryffindor del que tanto te pavoneas? Te daré un consejo, no dejes pasar la oportunidad de ser feliz. Si te sale mal, sé que dolerá y pasarás un tiempo triste, pero si te sale bien…
- No va a salir bien…
- Ron, con esa actitud no irás a ninguna parte – le regaño.
- Pero ella… - oh, ahora ya sé que se trata de una chica… pero… ¿cuántas chicas hay en Slytherin? La verdad es que nunca me he fijado, podría describir a cada chico con todo lujo de detalles, pero en cuestiones de féminas… ando algo perdido.
- Ella quizá te acepte, no lo sabes.
- Sí, sí que lo sé, y no me aceptará. Los Slytherin nos odian, somos sus enemigos, rivales en todo… Y yo… yo he tenido que fijarme precisamente en ella…
- Eso no se escoge, Ron, por mala suerte no se elige de quién te enamoras… - me pongo algo triste al recordar mi situación -. Uno no puede elegir, el destino elige por él, a veces sale bien y otras sale mal – cuanto duelen mis palabras en mi alma -. Te… te lo digo por experiencia.
- Tú… tú… por eso estás tan mal estos días, ¿no? ¿Ya no estás con él?
- No, todo ha terminado…
- Lo siento, Harry… - su voz suena deprimida.
- No pasa nada, ahora ya está hecho… Por eso te lo digo, no dejes escapar la oportunidad que se te presenta. Afronta tus miedos e inquietudes, y véncelos, sé que lo puedes conseguir – salta encima de mí y quedamos los dos tumbados en la cama abrazados.
- Gracias, gracias, Harry, eres el mejor amigo que uno puede tener – el muy tonto ha hecho que me emocione y ahora estamos llorando los dos, él porque cree que nunca podrá tener a la persona amada, yo porque ya la he perdido.

Ron, algo más calmado se duerme en mis brazos. Con mucho cuidado me levanto, deposito su cabeza en la almohada, le acocho bien y echo las cortinas para que no entre luz. Me meto en mi cama, intento conciliar el sueño, pero es en vano. La conversación con Ron me ha hecho reflexionar sobre mi situación. Yo también pensaba que nunca podría estar con él, pero mi sueño se cumplió. Pasé un tiempo muy feliz hasta… hasta que esa felicidad se truncó. Alejo de mi mente esos recuerdos, mientras acepto que quizá le doy demasiadas vueltas a las cosas. Lo que está hecho ya está. Lo pasado ya es pasado. Pero nunca he sabido hacerlo. Mi naturaleza siempre ha sido la de esas personas que piensan bien las cosas antes de hacerlas y, cuando ya han tomado la decisión, vuelven a pensar si han hecho o no lo correcto. Otras veces, como con él, mi valentía Gryffindor sale a flote y mis impulsos ganan a mi razón. Genial, tanto pensar… ahora ya me he desvelado por completo, tendré que salir a dar un paseo para ver si me entra algo de sueño.

Cojo la capa y me la echo encima. Me pongo las gafas y las zapatillas y en el último momento agarro el mapa. Mejor ir bien equipado, por si tengo que salir corriendo antes de tropezarme con la presencia de ese odioso felino. Salgo de la Sala Común y giro a la derecha, un puntito me indica que la señora Norris anda perdida cerca de las cocinas. ¡Perfecto, cuánto más lejos, mejor! Consulto de nuevo el mapa. Todos parecen estar en las habitaciones, excepto Remus, que está paseando… ¡Oh, no, mierda, viene hacia aquí! Corriendo, empujo las distintas puertas del pasillo y entro en la primera que se abre. Cuando ya no oigo sus pasos, salgo de nuevo al pasillo y consulto el mapa otra vez para ver con qué peligros puedo toparme.

Parece ser que ya no queda nadie despierto. Doy un vistazo general al pergamino. Genial, todo está en orden: nadie en el Gran Comedor, normal a estas horas no hay nada qué hacer allí; los elfos en las cocinas, seguramente ya preparando el desayuno; los alumnos descansando en sus habitaciones, vaya por lo que veo Seamus y Dean no pierden el tiempo… ya era hora que se decidieran, tendré que contárselo a Ron y a Neville, y pensar que creen que no sabemos nada de sus sentimientos… ¡pobres ilusos¡; Snape dando vueltas en su habitación, ¿acaso este hombre no duerme nunca?; oh, Hagrid también está despierto, quizá cuide algún excéntrico animal… Bueno, aunque claro, el guardián de los terrenos debe vigilar las entradas de Hogwarts y controlar que no entre nadie ajeno a la escuela en ningún aula, ni en las torres, ni…

El mapa resbala de mis manos hasta el suelo, la varita sigue su mismo camino, me quito la capa rápidamente y recojo el mapa impulsivamente. Allí, en lo más alto de la Torre de Astronomía hay un punto negro estático con su nombre. Agarro la capa, la varita y el mapa en una mano y con la otra me ayudo apoyándome en las paredes para poder correr más rápido. Subo los peldaños de dos en dos, algunos incluso de tres en tres, y en este momento desearía poder volar para llegar lo antes posible. Me paro delante de la puerta, respiro hondo y me adentro en la oscuridad.

Tardo unos segundos en acostumbrarme al cambio, parpadeo unas cuantas veces y finalmente diviso un bulto en el suelo. Está apoyado contra la pared más alejada de donde me encuentro, no creo que me haya visto, pues no ha movido ni un músculo desde que he entrado. Camino lentamente, no sé qué decirle, no sé cómo reaccionará cuando me vea, no sé qué tengo que hacer… sólo sé que en cuanto he visto el punto en el mapa mi corazón ha empezado a latir de nuevo con ilusión. Me acerco, me sitúo delante, aún no se ha movido. Me pongo en cuclillas, justo a su altura, y compruebo que no tiene buen aspecto. Una profunda compasión se apiada de mí. ¿Qué le ha ocurrido? Tiene la ropa sucia y el pelo totalmente alborotado. Nunca habría imaginado ver a Lucius Malfoy de esa manera, totalmente alejado de su aspecto habitual, rozando la perfección.

Acaricio con suavidad su mejilla, le aparto un mechón de pelo que caía desde su frente cruzando la mitad de la cara y reacciona ante el contacto. Abre los ojos y se sorprende de encontrarme ahí. Intenta apartarse pero se lo impido, le obligo a sentarse de nuevo en el suelo y me sitúo junto a él. Le miro a los ojos, ya no veo ese brillo tan especial que me enamoró, y su rostro ya no es el más bello de este mundo a causa de la suciedad, pero para mí sigue siendo perfecto.

- Lucius, ¿qué…?
- Vete – su voz es apenas un susurro, totalmente distinta de su tono rebosante de seguridad.
- No, no pienso dejarte en este estado, tienes que…
- Vete, ¡te he dicho que te vayas! – alza la voz y me mira con odio, y esa mirada se clava en mi corazón.
- No – saco mi valentía y orgullo Gryffindor -, no te dejaré aquí, así que…
- No quiero que me ayudes…
- Pues tendrás que aceptarlo, ahora mismo necesitas ayuda y…
- No quiero tu ayuda…– nunca había visto tanto odio dirigido hacia mí.
- Pe… pero… yo… - se me empañan los ojos y no puedo evitar que resbale una lágrima.
- Patético… realmente patético, por eso odio los Gryffindor, tanto sentimentalismo no es bueno para nada. Vete, Harry…
- Yo…
- ¿Qué es lo que no entiendes? No quiero verte, te he dicho que te vayas, no necesito ayuda y mucho menos la tuya…
- Lu… Lucius…
- ¿Cómo tengo que decírtelo? ¿Tengo que lanzarte una maldición para que hagas lo que te pido de una vez? ¿O acaso el gran Potter, la esperanza del mundo mágico, no es capaz de entender una simple palabra? – sus ojos me atraviesan, creo que en este momento acabo de morir.

Le miro, no aguanto más y dejo salir todo mi dolor en forma de miles de lágrimas mientras me alejo de su lado. Abro la puerta y lo miro por última vez. Sigue sentado en el suelo, pero tiene la cabeza girada y no puede verme. Totalmente destrozado, abandono la torre mientras susurro un "te quiero".

Empiezo a andar por los pasillos, deshaciendo el recorrido que antes he hecho en un par de minutos, pero ahora tardo más de quince en llegar al lugar donde me encontraba antes de ver su nombre en el mapa. Me necesitaba y me ha apartado de su lado. ¿Por qué no deja que le ayude? Sí, desconfié de él, pero le amo, no puedo dejar de amarlo y mucho menos cuando sé que me necesita. Mi orgullo está totalmente hecho pedazos, no tenía que haber ido a su encuentro pero cuando le he visto en la torre… He sido un idiota, he pensado que quizá había vuelto para encontrarse conmigo, que me daría otra oportunidad y sólo he conseguido sentirme más culpable. Tiene toda la razón, no entiendo lo que me ha dicho porque no quiero entenderlo, eso supondría alejarme de su vida, y no puedo, sólo el día en que deje de amarle podré entender el "vete" que me ha dedicado varias veces. No pienso alejarme de su lado, no, no lo haré… Me trago el orgullo, doy media vuelta y empiezo a correr de nuevo. Abro la puerta de golpe y lo encuentro tal y como lo he dejado. Me mira, nuestras miradas se cruzan y con ella le hago entender que diga lo que diga no me alejará de su lado.

- Te he dicho…
- Me da igual lo que me hayas dicho, no pienso dejarte así, no pienso alejarme de tu lado. ¿Y sabes por qué? ¿Quieres saber por qué no te hecho caso? – me mira atentamente, desprevenido por mi decisión -. Porque te quiero – veo que se sorprende aún más con mis palabras - sí, te quiero, te quiero más que a mi propia vida y no quiero estar sin ti, porque si tú no estás conmigo no vale la pena seguir luchando por nada.
- Harry… yo… - pongo un dedo sobre sus labios y niego con la cabeza, cierra los ojos y se recuesta en mi pecho -. No te merezco… - añade y me siento el hombre más feliz del mundo.
- Lucius… no digas eso, soy yo quien debe pedirte perdón… Yo no confié en ti, no tenía derecho a decirte todas esas cosas y…
- Pero tenías razón… Yo… esa noche… fui… yo… - le abrazo fuerte, quiero protegerle de todo, me gustaría que no hubiera tenido que sufrir de esa manera, me odio a mí mismo por no saber cuidarlo como se merece.
- No digas nada… Lo sé… - le beso en el pelo.
- Lo… ¿lo sabes? – parece avergonzado y yo asiento -, ¿pero…?
- Lo… lo vi, en un sueño… Yo… sentí todo… - las lágrimas hacen acto de presencia, me siento tan culpable que no sé qué más decir.
- Harry… tú no tienes la culpa de nada – dice acariciando mi mejilla -, lo que pasó ya no puede remediarse, yo… debí… no… yo…
- No, no te sientas mal, no pudiste oponerte, eso habría sido tu sentencia de muerte… y no podría soportar estar sin ti – me levanto y le miro a los ojos, quiero ser sincero y demostrarle que sí confío ciegamente en él, eso es lo que más deseo en el mundo -. Te quiero, Lucius – estoy nervioso, me sudan las manos, doy un par de vueltas por la sala mientras sigo hablando - no sé qué me has hecho, pero te amo… siento que me falta el aire si estoy sin ti, sé que suena algo cursi o quizás infantil, pero no quiero estar con nadie si no es contigo.

Me quedo callado. Me volteo para encararle y le veo detrás de mí. Coge mi cara entre sus manos y me obliga a mirarlo a los ojos. Sus ojos… ese color plateado que vuelve a brillar de nuevo, por mí.

- Harry… Eres lo mejor que me ha ocurrido en la vida – sonrío y continúa hablando – pero… hay cosas que ya no puedo cambiar, y no hablo solamente de lo que ya sabes, hay mucho más, otras cosas que me lo impiden. Lo nuestro… lo nuestro no tiene futuro, tú estás destinado a salvar el mundo de la amenaza del Lord y yo… yo le sirvo a él, mi papel ya está asignado en esta vida – me quedo petrificado, no quiero seguir escuchando, y menos cuando sé que esto podría cambiar si él quisiera, si los dos estamos juntos -. Te amo, Harry, nunca había sentido esto por nadie, pero tienes que olvidarme… - intento protestar pero me lo impide, me abraza fuerte -. Si no lo haces, sufrirás demasiado y no quiero que sufras si puedo evitarlo - se separa un poco y me mira con el semblante serio -. Es mejor dejarlo ahora, antes de que pongas en peligro tu vida, no me perdonaría que te sucediera algo por mi culpa.

Se acerca, posa sus labios en los míos y me da el beso más tierno e intenso que haya existido jamás. Un beso de despedida, un beso mezclado con las lágrimas de los dos, puedo notar como su corazón también se rompe y no entiendo su decisión. Se aleja, quiero ir tras él pero no puedo, no consigo moverme. Todo lo que me ha dicho vuelve a mi cabeza, me quiere… sí, me quiere, lo sé, me lo ha dicho, no entiendo por qué tiene que alejarme de su vida. Se gira y me mira, sonríe sólo como él sabe hacer y desaparece.

Se ha ido, se ha ido de nuevo, y esta vez no habrá segundas oportunidades. Ya no habrá más ocasiones, ya no habrá más encuentros y ahora sé que no es por mi culpa, no es por mi desconfianza. Todo es culpa de Voldemort. Me juro que, aunque sea lo último que haga en esta vida, acabaré con él. Por Lucius. Por mí. Por nuestra felicidad. Por nuestro amor.