CAPÍTULO VIII – El dolor de la verdad

POV Lucius

¿Cómo he llegado a este punto? ¡Por Merlín, es un chiquillo, ¿cómo me atreví?! Sí, era una obsesión y ya la consumí, ya me sacié con su cuerpo… pero le he hecho daño. ¿Por qué tuve que volver la otra noche y por qué tuve que regresar hoy? ¿Por qué no fui brusco ni le lastimé esa primera vez? Ese era mi objetivo, nada más. ¿Por qué tuve que abrazarlo, besarlo y amarlo como si fuera mi… mi pareja? No lo es, no, no puede serlo. ¿Por qué tuve que ser sincero y confesarle mis sentimientos? Fueron sus ojos… en sus ojos está lo que busco, ansío la libertad que me ofrecen pero no puedo renunciar a lo que soy. ¡Odio ser lo que soy! Pero ya no hay marcha atrás. Lo escogí hace muchos años y ahora tengo que atenerme a las consecuencias. ¡Ojalá pudiera retroceder y enmendar mis errores! Cambiaría tantas cosas…

A su lado podría hacerlo. Él me daría la fuerza suficiente, la ayuda suficiente, el amor suficiente para conseguirlo. Sí… puedo hacerlo. Por él… Pero no se merece a alguien como yo, ojalá pudiera ser sólo Lucius, los dos solos, como éramos la otra noche, él me aceptaría. Él me ama… sí, me lo ha dicho esta noche. ¿Quién sino una persona que me amara, hubiera aceptado, sin problemas, entregarse a mí? Su primera vez… y yo… yo sólo quería su cuerpo, no me importaba cómo se sintiera…

Pero todo cambió. Esa obsesión se fue… ha dejado paso a la preocupación por él, para saber cómo está, qué hace, cómo se siente… Siento que dependo de él… y no me importa. "¡Cuánto has cambiado, Lucius!", me digo a mí mismo, mientras sonrío al recordar su sonrisa inocente, embobado mirándome, contemplando al hombre que acababa de poseerle… sí, pero también contemplando al hombre que acababa de hacerle el amor.

¡Dios, tiene un cuerpo tan perfecto! Pese a su juventud, es un muchacho fuerte, de espaldas no muy anchas, pero desarrolladas, la cintura estrecha, las piernas bien torneadas, el estómago liso marcando abdominales… sí, definitivamente el quidditch y sus entrenamientos especiales le han proporcionado un cuerpo escultural. Y no puedo olvidarme de su culo… perfecto, prieto, con unas nalgas redondeadas… Pero lo que más me fascina de él es su rostro, y sobretodo sus ojos. Con ellos es capaz de expresar todo lo que siente, me lo he aprendido de memoria y adoro ver como cambian de color según sus emociones: verde oscuro antes de llegar al orgasmo, un verde más claro al sonreír, se oscurecen un poco cuando tiene miedo o se sorprende, resplandecen cuando le miro, se apagan cuando me alejo de su lado…

¿Cómo alguien puede calar tan hondo en tan poco tiempo? Eso aún no tiene respuesta para mí, sólo sé que quiero volver a verlo, necesito abrazarle… ¡Necesito que me abrace!

Pero ya he tomado la decisión, tengo que olvidarme de esto, todo ha terminado… ahora son sólo recuerdos. Sí, tienen que ser recuerdos, lo nuestro no puede ser. No, no es posible… Soy… soy la mano derecha de Voldemort, aunque me pese, aunque me torture o me… me posea como hizo esa noche. No, ya no hay marcha atrás. Quizá podría cambiar otros detalles, no soy un hombre libre, tengo demasiadas ataduras, pero con Harry… ¡Por Merlín! Tengo que olvidarme de ese amor que siento por él y aceptar lo que ya tengo, es lo que escogí hace mucho tiempo, y ahora no puedo desentenderme en un segundo. Son las consecuencias de mis actos y decisiones y tengo que asumirlo, aunque me vaya la vida en ello.

Fin POV lucius

Los días se me hacen eternos. Estamos a mitad de enero y el frío invierno que azota Hogwarts se ha alojado también en mi corazón. Mis lágrimas son como carámbanos de hielo que se forman al recorrer mis mejillas, cada latido es como un trozo de roca que se va esculpiendo… Nada me afecta, nada me ilusiona… Nada me importa.

Hermione y Ron se pasan los días observándome y preguntándome que es lo que me ocurre. No me siento con fuerzas para contarles la verdad. Como yo mismo le dije a Ron, esa historia se ha terminado y saben que la relación con mi ex pareja, para llamarlo de algún modo, no funcionó. Por ese motivo no insisten, me consuelan, me abrazan, me apoyan, siempre sin palabras. Están a mi lado y su presencia es fundamental para no derrumbarme. Creo que he arruinado los planes de Hermione varios días con mis lloriqueos, espero no perjudicar su relación. Aún no le hemos preguntado abiertamente sobre sus escapadas, pero ya habrá tiempo para todo. Sé que Ron también lo está pasando mal, come con desgana y suspira la otra mitad del tiempo. Ojalá puedan ser felices algún día, se lo merecen por haberme aguantado este tiempo. Se lo dije y sonrieron antes de abrazarme. Se está bien con ellos, siento que me quieren y ahora no necesito nada más.

Tengo que concentrarme en los deberes, no puedo seguir así. Me regaño a mí mismo porque me he pasado la última media hora repasando estos últimos quince días, desde… desde que se fue. Ron parece distraído, ha mojado tres veces la pluma en el tintero y aún no ha escrito nada. Y ahora lo vuelve a hacer.

- Ron, ¿quieres dejar el tintero en paz? No te ha hecho nada…
- ¿Eh? Oh, vaya… - dice al percatarse de la gran cantidad de tinta que tiene la pluma.
- ¿Por qué no le dices algo? – me mira y veo miedo en sus ojos.
- N… no… yo… no puedo – balbucea.
- Eso no es excusa, ya te lo dije, si te gusta haz algo, no esperes a que ocurra algún milagro.
- Sí, yo… lo sé, pero es que…
- ¿Vergüenza? – asiente y baja la cabeza, se está poniendo como un tomate -. No puedes seguir así, apenas comes, te pasas el día suspirando y la mitad de las noches en vela… - me mira sorprendido y continúo -. Te he estado observando y no pienso dejar que mi mejor amigo esté deprimido cuando él mismo puede solucionarlo. Así que o te decides y haces algo pronto o dejaré de hablarte – sabe que mi tono no admite discusión, pero es que me duele verlo así.
- Ha… Harry… no…
- No quiero volver a oír eso de no puedo hacer nada… Ron, es tu decisión – recojo mis cosas en silencio y salgo de la biblioteca.

POV Ron
Permanezco varios minutos mirando al vacío, pensando en las palabras de Harry. Sé que tiene razón, que no pierdo nada por intentarlo, pero la timidez y la vergüenza pueden conmigo. Me da rabia que esos simples impedimentos me alejen de mi objetivo, pero no sé siquiera ni si tendría éxito. Quizá ella me rechace, bueno es lo más probable tratándose de una Slytherin y yo de un Gryffindor, pero no lo sabré hasta que me decida. Miro hacia dónde está sentada. Tiene la pluma en la boca, parece que está pensando las respuestas de los deberes y, de vez en cuando, mueve la mano como si fuera a escribir pero finalmente no lo hace. Su cabello cae harmoniosamente sobre sus hombros y roza suavemente el pergamino. Sus labios, entreabiertos, se abren y se cierran de vez en cuando, seguramente repasando mentalmente las explicaciones del profesor. Sus ojos… oscuros como dos pozos sin fondo, donde me gustaría perderme para siempre.

Basta, basta… ¡Ya basta! Estoy harto de pensar en todo esto y de hacer suposiciones. Harto de los "y si…" que me estoy planteando. Nunca sabré qué piensa de mí si no me decido. Sacando fuerzas de vete a saber dónde, me levanto y me dirijo decidido hacia dónde está ella. En este momento, Zabini está sentado a su lado, parece que estén hablando de algo importante. Me paro en una estantería a repasar los libros mientras de reojo espío sus movimientos. ¡Genial, ese tío ha tenido que sentarse a su lado en el momento preciso! Compruebo la hora… ¡Mierda! Ya hace cinco minutos que estoy aquí parado mirando estos libros, al final van a creer que soy tonto. ¿Pero es que éste no se va a ir nunca? Ahora que ya había encontrado el valor para hablar con ella… No importa, lo haré igual… No, no, mejor espero… No, voy ya y… No, espero a que se vaya. Pero… ¿y si luego también se va ella? Oh, mierda… ¿Por qué es tan difícil esto? Vamos, Ron, sólo tienes que decirle algo, no será tan complicado… Bueno… quizá si… ¡Basta! He dicho que lo haría y lo haré, esté Zabini con ella o todo Slyterin en pleno.

Retomo mi rumbo y me planto delante de su mesa. Zabini levanta la cabeza y me mira extrañado, debe de estar preguntándose qué hago yo, precisamente, plantado delante de los dos. Espero a ver cómo reacciona, casi estoy temblando y noto que las rodillas no van a aguantar mucho más. Entonces, ella también me mira.

- ¿Qué? – me he quedado sin palabras, me habla, a mí… Oh, Merlín, me está haciendo caso… Esto no puede ser… - ¿Qué quieres, Weasley? No pensarás quedarte toda la tarde aquí, ¿verdad? – sus palabras me devuelven a la realidad.
- Yo… pues…
- ¿Qué? – repite algo molesta.
- Bue… bueno… yo…
- ¿El gen Weasley no desarrolla el habla? – se ríe y mira a su compañero.
- Sí, yo… quería…
- Si no tienes nada que decirnos, entonces vete…
- Yo… verás…
- ¿Sí? – su tono ya es el de una persona enfadada.
- Pues quería preguntarte…
- Oh, parece que vamos mejorando, ahora ya es casi una frase entera… - se ríen los dos, procurando no molestar a Madame Prince.
- Sé que… que tú eres… bueno, una Slytherin…
- Muy obvio, Weasley, pero eso ya lo sabía… - sus ironías van a poder conmigo.
- Y yo… pues yo…
- Sí, ya, no hace falta que lo digas, eres un león, tu estupidez Gryffindor no deja lugar para más… - ya no aguanto más sus burlas y exploto.
- ¡Basta! No te metas conmigo… Yo, yo he venido aquí sólo para… para…
- ¿Para qué? ¿Para hacerme perder el tiempo? – continúa en su línea.
- No… yo… - "es ahora o nunca", me digo.

En un arrebato, antes de que vuelva a abrir la boca y reaccione, me acerco a ella y la beso. Es un beso corto, apenas he tocado sus labios, pero la he besado. Sí, lo he hecho… Cuando me separo y me doy cuenta de lo que acaba de suceder, regreso a mi mesa, recojo todo lo que tenía por ahí y me alejo lo más rápido posible, no sin antes echar un rápido vistazo hacia donde se encuentra. Tanto ella como Blaise permanecen mirándose con cara de interrogación y sin saber qué decirse.

Salgo disparado hacia la Sala Común, a ver si allí puedo sentirme protegido, seguramente los Slytherin en este momento están agrupándose dispuestos a acabar con mi vida. ¡Por Merlín! ¿Qué he hecho? La he besado en mitad de la biblioteca, vale que no había mucha gente, pero estoy seguro de que mañana será el tema del día. Creo que me inventaré alguna excusa y no saldré de la habitación en… en varios días, o meses. Entro, por suerte no hay nadie, me tumbo en el sofá y dejo salir un suspiro de alivio. Al fin estoy a salvo.

Fin POV Ron, retomamos a Harry como narrador

- ¿Ha ido bien?
- ¡Harry!- exclama casi gritando -. Me… me has asustado. ¿Dónde estabas?
- Detrás del sofá, sentado en el suelo.
- ¿Y se puede saber qué hacías allí?
- No has respondido a mi pregunta.
- Ni tú a la mía.
- Estaba pensando, ¿y tú? ¿A qué viene esa cara de pánico?
- Yo… la he besado, Harry. ¡He besado a Pansy en mitad de la biblioteca!
- ¿QUÉ? – es lo único que logro decir, Ron acaba de sorprenderme, nunca pensé que mis palabras fueran a motivarle a tanto.
- Sí… he ido a hablar con ella y ha empezado a meterse conmigo, y yo… pues en vez de defenderme le he dado un beso.
- Bueno, la mejor defensa es un buen ataque, ¿no? – me río y veo que se molesta un poco. Perdona… ¿Y ella? ¿Qué ha dicho?
- Pues nada, bueno, no lo sé… Me he ido y he venido corriendo hasta aquí.
- ¿Has huido? Ron… ¿se puede saber dónde está tu valentía? Eres peor que los Slytherin…
- Eh, yo soy un Gryffindor, no me compares con esos… esos… cobardes.
- Pues tú has sido algo cobarde, ¿no?
- No, para nada… - le pongo mala cara – bueno, sí, lo he sido, pero no podía quedarme allí para verlo, además estaba ese tal Zabini con ella y…
- Un momento… ¿Has besado a Pansy en mitad de la biblioteca y encima con Zabini a su lado?
- … - reflexiona y pone cara de pánico – s… sí…
- Ron, ¡por Merlín! Eso ha sido más de lo que nunca habría imaginado… Pero ahora tienes un problema… y serio – me mira con cara de no saber de qué le hablo -. Mañana todo Hogwarts sabrá qué ha ocurrido, pero eso no será lo peor. A primera hora nos toca Pociones, con Slytherin, tendrás que enfrentarte a ella dentro de pocas horas y a todo su grupo en pleno. Y ya sabes quién es uno de sus mejores amigos…
- Malfoy… - susurra Ron.
- Exacto y ya puedes empezar a rezar para poder sobrevivir a esa clase.
- ¿Quién tiene que rezar? – Hermione hace acto de presencia.
- Ron – digo mirando a mi amigo, ladeo la cabeza y le hago entender de que Hermione no puede quedar fuera de esto.
- ¿Y por qué? ¿Acaso ha hecho algo malo? – nos mira a los dos y Ron asiente para que le cuente toda su historia.
- Bueno, teniendo en cuenta de que ha besado a Pansy en mitad de la biblioteca y delante de Zabini, creo… - le cuento antes de que me corte.
- ¿Blaise estaba con ella?
- ¿Blaise? ¿Desde cuándo Zabini se ha convertido en Blaise, Herms? – ahora sí, ya la he pillado.
- Bueno, me ha salido así… - enrojece repentinamente.
- Ya… Hermione, aprovechando que estamos de confesiones – empiezo yo, sentándome en medio de los dos -, sabemos que te ves con alguien – abre la boca pero no logra articular palabra – y… viendo tu estado de nerviosismo en este momento, pues creo poder afirmar, sin temor a equivocarme, que se trata de Blaise Zabini, ¿tengo o no razón?
- Yo… - suspira cabizbaja y se da por vencida -, no, Harry, no te equivocas…
- Hermione, ¿y cuándo pensabas contárnoslo? Somos tus amigos… - protesta Ron.
- Bueno, sí, lo… lo siento, chicos, pero con Blaise acordamos… pues no decir nada… de momento – añade.
- Vaya… veo que habéis hablado de todo, contando que hace, ¿cuánto? ¿Des de finales de octubre?
- En realidad… fue a principios de curso… lo siento, quería decíroslo pero pensamos que era mejor llevarlo en secreto, ya sabéis, las rivalidades y todo eso…
- Debe de haber sido difícil… - le digo cogiendo su mano y acariciándola para hacerle entender que estoy con ella.
- Un poco, no quería mentiros pero sabíamos que era lo mejor, Blaise tampoco ha dicho nada a sus amigos…
- ¡Oh, Dios! ¡Y yo he besado a Pansy ante él!
- Tranquilo, Ron, yo hablaré con él, procuraré que no se burlen, a ver si puede convencerlos…
- Déjalo, Herms, no vale la pena, igualmente había más gente de otras casas… ahora ya está hecho.
- Hombre, Ron… es que ha sido algo fuerte… - dice Hermione riéndose.
- Pero… Harry me ha dicho… yo… pues… oh, vale, sí, debisteis ver sus caras – y se ríe a carcajadas igual que yo. Hace tiempo que no nos reíamos los tres juntos. Creo que las cosas empezarán a mejorar.

La clase de duelo ha sido el otro momento agradable del día. Después de terminar de contar toda la historia a Hermione, he bajado a las mazmorras medio deprimido por tener que enfrentarme a Snape, pero no estaba. Quizá haya tenido algún problema, pues nunca falla y hoy tampoco ha dado clase. Pero así, a solas con Remus he podido estar más tranquilo y relajado, no había nadie que me controlara. Para empezar, hemos hecho un calentamiento suave, con hechizos fáciles, y después algo más complicado. Sin gritos, sin reproches, sin malas caras… No he echado de menos a Snape, pero se notaba que Remus sí.

- Le hechas de menos, ¿verdad?
- ¿Qué? – pone cara de no saber de qué le hablo.
- Vamos, no hace falta que disimules… Sé que estás preocupado por él.
- Harry… eso son tonterías, ni le echo de menos ni estoy preocupado.
- Ya, esa misma cara es la que se me pone a mí… - Oh!, mi gran bocaza de nuevo.
- ¿La que se te pone a ti, cuándo? Harry, creo que hay algo que Sirius y yo no sabemos, ¿verdad? – dice usando el mismo tono que yo he utilizado antes con él.
- No… nada, Remus – mi tono delata nerviosismo.
- Ya… - empieza a reír -. Harry, no hace falta que disimules… A ver, cuéntame, ven – dice al ver que no me muevo – anda, siéntate y dime qué te ocurre…
- Nada, ya te lo he dicho – intento resistirme pero las fuerzas me abandonan y me pongo a llorar.
- Harry… - dice Remus sorprendido -… ¡por Merlín! ¿Qué ocurre?
- Le amo, pero él…
- ¿No te ama?
- Sí, no… ya no lo sé. Creía que me amaba, y me dijo que me quería, pero dijo también que era mejor que no estuviéramos juntos…
- ¿Lo conozco?
- Sí, no, no… - me mira extrañado y yo estoy muy nervioso -, quiero decir que quizá le hayas visto pero no le conoces, pero Remus, prefiero no hablar de ello.
- Harry – me mira serio – si necesitas algo, ya sabes que siempre estaré aquí, ¿de acuerdo? – asiento y le abrazo.
- Y, ¿cómo te va con Snape? – se ruboriza.
- Harry… si empiezas otra vez… - le miro con morritos -. Está bien, sí, me gusta, pero no quiero hablar de ello, con Severus hace falta paciencia, eso lo sé bien.
- Remus… de todos los hombres de este mundo y tenías que enamorarte de Snape… - empezamos a reírnos, me seca las lágrimas y pasamos un rato divertido, comentando las caras que pone Snape cuando me regaña. Se nota que le quiere, espero que tenga más suerte que yo.

El haberme sincerado un poco con Remus me ha hecho pensar en mi padrino, el otro día dijo que me entendía y se le veía triste hablando de odio y amor, y quiero aclarar esto. Además, le debo una disculpa por cómo me comporté, fue demasiado patético. Sí, sólo puedo describirlo así, nunca me había derrumbado como en ese momento. Decido hacerle una visita sorpresa para aprovechar el rato que aún queda para el toque de queda. Hace varios días que no veo a Sirius, bueno, en realidad sólo dos o tres, pero ahora que está casi siempre a mi lado, si paso un día sin verlo ya le extraño. Remus me ha dicho que no tenía nada que hacer para la Orden, así que seguramente estará durmiendo o planeando la próxima misión, conociéndole o bien descansa o trabaja, este hombre no tiene término medio.

Llego delante de la puerta, doy un par de golpes suaves, no quiero despertarlo si se da el caso. No se oye nada, quizá sí esté durmiendo. De repente… ¡Por Merlín! Este hombre no descansa nunca. Gemidos, jadeos y… ¡gritos! Me ruborizo sólo de oírlo, a su edad… Bueno, no tiene tantos años, unos 20 más que yo… no llega ni a los 40, ¡joder! Con casi 40 años y con esta vida tan activa… Ya me gustaría a mí… Decido alejarme, no quiero interrumpir ni mucho menos que me descubran, pero me muero de curiosidad por saber de quién se trata.

- Mmmm… sí, Malfoy, más…

¡Maldita curiosidad! Mierda… Mejor me voy antes de volver a oír… Me paro, noto como mi cuerpo empieza a reaccionar. No… no, tengo que haber entendido mal. Unas palabras resuenan en mi mente "hay mucho más, otras cosas que me lo impiden". No, no puede ser, no debe ser, no quiero pensar que eso que imagino pueda ser posible. No… no… No… Me alejo, ahora sí, no quiero permanecer más delante de esa maldita puerta.

Huyo de ese pasillo como si me persiguiera el mismísimo Voldemort y me cobijo debajo del sauce, delante del lago, me arrimo al tronco, ahí me siento protegido. Me odio a mí mismo por haber creído en él, por haber creído en su amor… Ahora todo cobra otro sentido para mí, sus palabras, su sutil y elegante forma de decirme adiós… Claro, no podía levantar sospechas, y más tratándose de mi padrino. Jugó conmigo, sólo quería saciarse, nada de amor, para eso ya tiene a Sirius… Cada vez las palabras resuenan más fuerte en mi mente "otras cosas", sí, ahora lo veo todo muy claro, pero no son cosas, sino personas, y más concretamente una, Sirius, mi padrino. Pero no pienso llorar, no, ahora ya no, no vale la pena derramar lágrimas por él… Me engañó, me utilizó, se burló de mí haciéndome creer que le dolían mis dudas y ahora descubro esto. Para mí ha dejado de existir. Sí, Lucius Malfoy ya no es nada en mi vida.

La profesora McGonagall terminaba su ronda nocturna y se encaminaba hacia el despacho del director. Pronunció la contraseña, la gárgola empezó a girar cediéndole el paso a través de la escalera de piedra. Antes de llegar delante de la puerta se paró, había distinguido voces. Le extraño que a esas horas el director estuviera reunido, pero aguardó pacientemente hasta que esas voces dejaron de escucharse.

Llamó y el famoso "adelante" de Dumbledore resonó en la fría y solitaria sala. Minerva entró y miró a su alrededor, restó pensativa al ver que allí no había nadie y que minutos antes se oyeran dos personas conversando.

- ¿Ocurre algo, Minerva? – Dumbledore miró a la profesora por encima de sus gafas de media luna.
- No, no, sólo que… ¿Albus, había alguien contigo hace unos minutos? – preguntó decidida.
- No, estaba aquí repasando estos viejos pergaminos, tal y como me has encontrado al entrar.
- Qué extraño… pues habría jurado que te había oído hablar con alguien.
- Quizá hayas oído mi voz, seguramente hablaba en voz alta distraído, estaba desesperado con algunos hechizos que ahí se cuentan – dijo señalando la pila de pergaminos antiguos.
- Sí, debe de haber sido eso – aunque la voz no sonó muy convincente-. Bueno, sólo quería comunicarte que algunos alumnos habían sido castigados pues habían pasado por alto el toque de queda. Son de Ravenclaw, ya me he puesto en contacto con el profesor Flitwick pero quería notificártelo a ti también.
- Gracias, Minerva, puedes retirarte si quieres. Yo continuaré un rato con esto…
- Muy bien, Albus – cerró la puerta y permaneció varios minutos detrás. No oyó nada que no fueran el ruido de papel de los pergaminos y a Dumbledore quejándose a Fawkes por el estado de conservación de los mismos. Pensando que quizá se estuviera imaginando cosas, decidió irse a su habitación a descansar.