CAPÍTULO IX – Triunfadores y vencidos
A la mañana siguiente Ron no quiere ni salir de la cama. Después de correr las cortinas y de encontrarle debajo de dos mantas, tengo que cogerle y tirar de él para meterlo en la ducha y después arrastrarlo hasta el Gran Comedor para desayunar. No levanta en ningún momento la cabeza, está rojo como un tomate y apenas mira dónde pisa. A pesar de mi insistencia y la de Hermione por aparentar que no ocurre nada nada, somos el centro de atención y no sabemos si por lo que sucedió ayer en la biblioteca o por el extraño comportamiento de nuestro amigo.
Hermione quedó ayer por la noche con Blaise, quién aún estaba alucinado por el beso de Ron a Pansy. La chica no había dicho nada, había permanecido callada y eso al moreno le extrañaba. Normalmente, y conociendo a Pansy tal y como la conocía él, se hubiera estado carcajeando un buen rato antes de llegar a la Sala Común de Slytherin dispuesta a contar a todo el mundo lo que le acababa de ocurrir. Pero para sorpresa del chico, Pansy después de cenar se dirigió a su habitación sin haber cruzado palabra con nadie. Hermione le contó esto a Ron y nuestro amigo empezó a inventar un sinfín de excusas para la reacción de la chica. Al final, la más coherente, según él, era que no había dicho nada porque estaba preparándose para contraatacar. Bueno, lo que decía, cosas de Ron.
Llegamos a la mesa de Gryffindor y nos sentamos. Levanto la vista y veo a Blaise mirándonos. Le hago un gesto disimulando y levanta la mano haciendo el signo de OK. Bueno, parece ser que Pansy aún no ha contado nada. Me parece raro, viniendo de una serpiente, que no haya aprovechado para poner en ridículo a un miembro de Gryffindor. ¿Será que se están ablandando? No, eso no puede ser, aunque… Bueno, Blaise ha logrado dejar de lado esas estúpidas rivalidades y parecen felices con Hermione, al menos ella lo es. Veo como Draco pregunta alguna cosa a Blaise y este le responde, quizá le haya descubierto mirando hacia aquí y le regañe por ello. Pero él siempre nos mira, mejor dicho, me mira y no lo soporto, me pongo nervioso, y más aún ahora que su mirada me inquieta totalmente. Parece que quiere decirme algo con sus ojos, pero sólo logro leer preocupación. ¿Desde cuándo un Malfoy se preocuparía por un Potter? Creo que no ha llegado el día en que pueda ver eso. No, definitivamente, nunca llegará.
- Harry…
-
¿Sí?
- ¿Está ella allí?
-
Mmm, sí, Ron…
- ¡Oh, mierda!
- Ron, no te
preocupes… Blaise nos ha hecho señas de que ella no ha
comentado nada, quizá no sea tan malo…
- No sé,
Herms… pero lo peor vendrá ahora, ¡no quiero ni
pensarlo!
- Quizá no esté tan mal… en realidad si
ella no ha dicho nada, ningún Slytherin se meterá
contigo por este asunto – le digo para tranquilizarlo.
- Ya…
no… sí, debes tener razón sólo que… no sé
si podré volver a mirarla a la cara.
- Seguro que sí,
no tienes que avergonzarte por haberle confesado que te gusta, a
veces damos demasiada importancia a un hecho sin que la tenga, Ron –
añade Hermione.
- Herms tiene razón. Anda, levanta y
vamos a clase. Tranquilo – le digo al ver su cara de angustia -,
estaremos a tu lado, en todo momento – veo como sonríe y se
levanta con determinación, es un primer paso.
Caminamos despacio por los pasillos que conducen hasta las mazmorras porque Ron se ha empeñado en mirar a la cara de cada alumno con el que nos cruzamos, por si advierte el menor signo de burla en él. Pero nada, su misión fracasa. Apenas nos cruzamos con nadie y los que nos ven se quedan más sorprendidos por nuestra lentitud que por el hecho de ver a Ron mirándolos fijamente. Hermione se detiene, nos mira y asentimos, ha llegado la hora de enfrentarse a la verdad. Abrimos la puerta y entramos. Los Slytherin ya están ahí sentados, sólo faltamos nosotros. Doy un vistazo general, Blaise sonríe tímidamente a Hermione y Pansy, detrás suyo, mira fijamente a mi amigo. Parece que quiera traspasarle con la mirada, esa chica es peligrosa, creo que Ron se ha metido en un buen lío. Y para terminar de arreglarlo, ahí llega Snape. Lo miro, me mira y nuestras miradas chocan. Veo que está más pálido de lo habitual, su ausencia ha sido un hecho un tanto raro, pero me libré de él por un día. Sigue mirándome y noto como quiere entrar en mi mente, quizá quiera averiguar si he tenido más sueños, pero no lo consigue y finalmente desiste.
- Hoy harán una poción por parejas. Ahora mismo anotaré los ingredientes en la pizarra y, si logran hacerla bien, se les atorgarán 5 puntos, aunque para algunos nunca será un estímulo suficiente – dice mirando fijamente a Neville quien ya se ha puesto a temblar.
Empezamos a distribuirnos y Snape se gira para escribir en la pizarra. Cuando se voltea de nuevo, niega con la cabeza y me temo lo peor.
- Nadie les ha dicho que se colocaran, sólo he dicho por parejas, pero no he dicho cuáles, ¿verdad? – los Slytherin asienten, ellos no se han movido todavía -. Bueno, veo que sólo algunos me han escuchado atentamente, así que… 15 puntos menos para Gryffindor por su incompetencia auditiva – añade con una media sonrisa -. Y ahora… las parejas.
Trago saliva, sólo espero que no me toque con… con Malfoy. Rezo, suplico e invoco a todos los dioses habidos y por haber pero mis plegarias no son escuchadas. Tengo que sentarme junto a él. Hermione ha tenido más suerte, le toca con Blaise, aunque tienen que disimular la alegría con gestos bruscos y miradas asesinas. Y Ron… bueno, era previsible, está al lado de Pansy. Cabizbajo y totalmente ruborizado, no osa ni coger la pluma para anotar la lista de ingredientes. En cambio la chica parece disfrutar el momento, seguramente se tomará la venganza ahora que Ron está más indefenso, sabiendo que si dice algo o protesta Snape lo castigará. Genial, sólo Herms disfrutará de esta clase.
- Potter… ¿puedes
acercarme el cuchillo?
- Sí… sí, claro.
-
¿Perdido en tus pensamientos de nuevo?
- Eh… no, ¿por
qué lo dices?
- Por nada. ¿Me pasas el cuchillo?
-
Perdona – me disculpo por mi tardanza -. Malfoy… ¿por qué
lo haces?
- ¿Hacer el qué?
- Comportarte así.
-
¿Y cómo me comporto? – suspiro, esto va para largo.
-
Pues… no sé, bien… no me insultas, no te metes conmigo…
-
Oh, Potter, ¿no me digas que lo hechas de menos?
- No, no,
no quería decir eso, pero me resulta extraño. Además…
-
¿Qué?
- Tu cara…
- ¿Qué le pasa a
mi cara?
- Pues que parece que te preocupas por mí… -
digo susurrando.
- ¿Yo? ¿Preocupado por ti? Estás
soñando, Potter…
- No, llevo días observándote
y tú también. Te pasas el día mirándome…
¿Qué sabes?
- ¿Qué sé de qué?
-
Ya lo sabes…
- Potter, tus neuronas se están atrofiando…
No tengo ni idea de qué me estás hablando.
-
¿Entonces… no sabes nada…?
- No sé de qué
me hablas, creo que estás peor de lo que imaginaba. ¿Sabes?
Tendrías que buscarte novio, así al menos dejarías
de imaginarte cosas…
- Yo ya… - un nudo se forma en mi
garganta. "Ya tenía algo así", termino la frase
para mí y mis ojos se llenan de lágrimas que pugnan por
salir, pero tengo que ser fuerte, no debo llorar, ya no más,
no vale la pena.
- ¿Potter? – creo que se está
dando cuenta de que algo me afecta.
- ¡Déjame en paz!
– grito y toda la clase se queda mirándome.
- Señor
Potter… veo que está molestando al señor Malfoy, 5
puntos menos para su casa, espero que esté satisfecho –
sisea Snape con su mejor sonrisa.
Levanto la vista y veo que
Hermione me hace un gesto desaprobatorio, pero se la ve feliz al lado
de Blaise. Creo que hacen una bonita pareja. Miro un poco más
a la izquierda y ahí está Ron, como antes, sin mover ni
un pelo, es Pansy quien lo prepara todo. Espero que Snape no lo vea,
si se da cuenta le va a caer un buen castigo por lo menos. Un
momento… están… ¿están hablando? ¿Pansy
le habla a Ron? Debo de estar soñando, sino no me lo creo.
Esto o que todos los Slytherin se están volviendo
locos.
Después de comer, tenía la tarde libre. Había decidido pasarla descansando, analizando todo lo que debía hacer, intentando olvidar todo lo ocurrido… Sí, en pasado, porque justo me había tumbado en la cama cuando apareció una lechuza con una nota de mi querido profesor. Me citaba a un entrenamiento de duelo, puesto que no había podido supervisar el anterior. Y ahí me encuentro, en el aula de duelo, delante de él. Creo que esto no puede empeorar, el único día que tenía la tarde libre y justo… Rectifico, sí puede empeorar. Acaba de entrar mi padrino, con su porte, con su belleza, con su melena suelta, en todo su esplendor. Me siento pequeño, como una vulgar cucaracha a su lado, es normal que pudiendo tenerlo a él me haya abandonado. Es normal que con semejante belleza haya optado por dejarme. Es completamente normal que un hombre como Lucius esté con Sirius en vez de conmigo, "es normal" me repito mentalmente para hacerme a la idea.
- Hola, Harry… - me saluda como
siempre.
- Hola – utilizo tono seco y cortante.
- ¿Te
encuentras bien?
- Sí, perfectamente, ¿por qué?
– lo encaro, no me voy a acobardar.
- No sé, te noto
algo… raro.
- ¿Raro? Pues no tengo ningún motivo,
a parte de tener la vida destrozada gracias a mis seres queridos.
Me mira sin entender nada. La verdad es que en este momento de lo que tengo más ganas es de saltar a su cuello y atacarlo. Sí, es mi padrino, pero también se ha convertido en el hombre que me impide ser feliz. No voy a ceder tan fácilmente, no soy débil y se lo voy a demostrar. No renunciaré así como así al amor.
- Potter… concéntrese, para
variar, y demuestre que nuestras horas perdidas con sus enseñanzas
no son en vano – ya ha hablado el simpático del grupo.
Espero que no continúe así porque no responderé
de mis actos.
- Estoy preparado – digo poniéndome serio y
situándome encima de la marca en el suelo y veo como Sirius
hace lo mismo en el otro lado de la sala.
- Muy bien, pueden
empezar – Snape se aleja hacia un rincón para observarme
atentamente, noto que no me quita los ojos de encima -. Concéntrese,
Potter… lo está olvidando.
¡Maldito! ¡Oh, ahora encima de luchar contra Sirius tengo que cerrar mi mente! "Esto se pone interesante", pienso irónicamente. Levanto la vista y ahí está mi padrino, aguardando confiado mi ataque. Pero hoy no será como los demás entrenamientos, hoy será como un enfrentamiento verdadero.
- ¡Desmaius!
– ataca primero Sirius.
- ¡Expelliarmus!
-
¡Mimblewimble!
- ¡Protego! – me defiendo y
rápidamente lanzo otro -¡Petrificus Totalus!
-
¡Rictumsempra!
- ¡Crucio! – esto ya es mucho mejor,
creo que disfrutaré.
- ¡Impedimenta! ¡Expelliarmus!
– grita y veo como se va enfadando progresivamente.
-
¡Sectumsempra! – ¿maldito chucho, acaso lo va a
esquivar todo?
- ¡Tarantallegra! – me tiro al suelo, no
puedo distraerme, este casi me da de lleno.
- ¡Desmaius! –
vuelvo a gritar, esta vez con el odio recorriendo mis venas y casi le
alcanzo.
- ¡Imperius! – vaya, ya era hora de que jugáramos
fuerte.
- ¡Crucio! – exclamo de nuevo con todas mis
fuerzas y lo más rápido que puedo. Ahora sí, lo
he cogido por sorpresa, cae al suelo y se retuerce de dolor, le he
dado, pero no de pleno, solo en el hombro, pero la venganza ha
empezado.
- ¿Te has vuelto loco, Potter? – Snape me
zarandea hasta llevarme lejos de mi padrino.
- ¿Loco? ¿A
qué viene esa pregunta? ¿Estábamos entrenando,
no? ¿Y puedo utilizar cualquier hechizo, verdad? No es mi
culpa de que mi querido padrino – lo escupo como si su mención
me quemara la lengua – no sea capaz ni de esquivar un simple
hechizo…
- No era un simple hechizo, lo sabe muy bien, además,
había… había algo más en su intención,
quería hacerle daño de verdad – lo miro como si no
entendiera lo que me está diciendo – no ponga esa cara, sé
perfectamente lo que he visto.
- Pues creo que lo ha visto mal,
señor – mi tono sarcástico ha regresado.
- Potter,
retírese, y recuerde que mañana tiene clase de
oclumancia.
- No podría olvidarlo ni aunque quisiera, para
eso ya están sus malditas lechuzas – digo antes de salir por
la puerta sin mirar ningún momento a Sirius, sé que
está bien, lo demás no me
preocupa.
Entro por la puerta de la Sala Común apartando de mi camino cualquier cosa que me impida el paso, y eso incluye algunos compañeros Gryffindor. Hermione y Ron ponen cara de asombro, sé que normalmente no actúo así pero ahora mismo las contradicciones en mi interior son demasiadas. Sé que he hecho daño a Sirius a posta y esto me roe el alma, pero el dolor que siento en mi corazón por el engaño de Lucius es demasiado intenso aún y alguien tenía que pagar por ello. Quizá no sea justo culpar a mi padrino, puesto que él no sabe nada de lo ocurrido pero ha podido más mi orgullo y mis sentimientos que mi razón.
- ¿Harry?
-
¿QUÉ? – grito tirando todas mis cosas al suelo en un
arrebato.
- Harry… ¿qué… qué te pasa?
-
Nada – respondo de mala manera -, nada que os importe, ¿por
qué no vais a celebrar vuestra felicidad en otra parte?
-
Estás siendo injusto y lo sabes perfectamente – la empollona
ha hablado.
- ¿Acaso crees que lo sabes todo, que puedes
opinar sobre si estoy siendo justo o no? Pues te digo una cosa,
Hermione, no sabes nada, nada de nada de lo que me ocurre y…
¡Mierda, ya da igual todo! – exclamo tirándome en un
sillón.
- Muy bien, te dejaremos solo, así podrás
deprimirte aún más y tendrás más motivos
para amargarte, al fin y al cabo es lo que eres, un amargado… - me
levanto hecho una furia para enfrentarme a Ron.
- Ni se te ocurra
volver a decir eso, ¿me has entendido? – lo agarro del
cuello y lo empujo hacia una pared y entonces veo miedo en su rostro,
miedo por mi culpa -. ¿Qué estoy haciendo? – lo
suelto y me alejo de ahí.
Voy a la habitación y me desnudo, será mejor que me tome una ducha, después del entrenamiento huelo que apesto. Me meto debajo del agua, pero me siento igual de sucio. He hecho daño a Sirius, a Ron, a Hermione con mis palabras… ¿En qué me estoy convirtiendo? Parezco ya un monstruo sin sentimientos…
- ¡ Y TODO POR SU CULPA, POR SU MALDITA CULPA! – grito con todas mis fuerzas mientras golpeo con mi puño un par de azulejos -. ¡ TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO… ESTÉS DONDE ESTÉS ESPERO QUE DISFRUTES AL SABER QUE ESTOY ASÍ POR TI! – golpeo de nuevo la pared con todo mi odio hacia él, intento sacarlo fuera-. ¡OJALÁ NUNCA HUBIERAS EXISTIDO! ¡OJALÁ NUNCA ME HUBIERA ENAMORADO DE TI! – mis lágrimas se confunden con las gotas de agua que resbalan por mi cuerpo, me acerco a la pared y me siento en el suelo, mientras el agua sigue cayéndome encima.
Soy incapaz de levantarme, no me siento con fuerzas, he llegado al límite de mi capacidad. Estoy haciendo daño a la gente que más quiero, a los únicos que se preocupan por mí, ¿y todo por qué? Por su culpa, él es el único culpable en todo esto. Él me engañó, me utilizó, yo caí en su trampa y ahora estoy solo, sin nadie que me apoye, estoy perdiendo los amigos, tan sólo soy un amargado… "Ron tiene razón", acepto finalmente, sé que no he sido justo con nadie esta tarde, pero no sé cómo salir de este pozo, ojalá mañana despertara y tuviera una nueva vida, pero esto no va a ocurrir. Tendré que enfrentarme a la cruda realidad, al hecho de que solamente yo puedo luchar por salir adelante y olvidarle, sí, tengo que hacerlo… pero es tan difícil.
Una mano se posa suavemente encima de mi hombro. Levanto la cabeza y la vergüenza se adueña de mí. Ron me ayuda a levantar, cierra el grifo y coge una toalla. Me seca y me da el pijama. Como un autómata voy siguiendo sus pasos y haciendo lo que me ordena. Sé que no me he comportado bien con él y en vez de estar enfadado sigue ayudándome. No me merezco a un amigo como él, no merezco tampoco a Hermione, ni merezco tener a Sirius a mi lado. Me hace recostar en la cama y me acaricia el pelo. No decimos nada, no sé qué decirle, no sé cómo justificar mis actos. Veo que una lágrima recorre su mejilla y me siento el ser más miserable del mundo. Esa lágrima es por mi culpa y se clava como un cuchillo afilado en lo más profundo de mi corazón.
- Yo… lo siento Ron – quiere decir
algo pero le niego con la cabeza y sigo -. Sé que deberías
odiarme y lo entendería, eso que he hecho no es lo que se hace
a un amigo. No me he portado bien contigo ni con Hermione, te pido
que me perdones, aunque no sé si podrás hacerlo –
baja la mirada -, no sé si podrás volver a considerarme
tu amigo, sólo espero que con el tiempo todo vuelva a ser como
antes. Estoy arrepentido de mi comportamiento, ha sido
injustificable…
- Harry… ¿qué te ha ocurrido?
Tú no eras así, superábamos juntos cualquier
obstáculo, ¿por qué ahora tiene que ser
distinto?
- Te lo contaré, Ron, y a Hermione también,
pero ahora no es el momento.
- Deberías confiar en quienes
te queremos, Harry, sino lo haces terminarás solo – sale de
la habitación y me quedo mirando al vacío.
Solo… sí, me quedaré solo, pero ya estoy solo. Ron y Hermione harán su vida y yo me quedaré solo, como siempre. Debe de ser mi destino, seguramente estoy destinado a no ser feliz con nadie. Me acuerdo de mi cumpleaños y del deseo que pedí, ahora sé que nunca se cumplirá. Quizá haya llegado la hora de enfrentarlo todo y dejar de lado los sentimientos. Sí, no soy débil y lo demostraré delante de todos. No van a poder conmigo, basta de lágrimas, basta de lamentos y basta de darle vueltas a todo… a partir de ahora habrá otro Harry.
- Cloc, cloc, cloc…
- ¿Qué…?
– me volteo y una lechuza marrón de la escuela aparece en la
ventana -. ¿No se va a cansar nunca? ¿ACASO NO ME PUEDE
DEJAR EN PAZ? – grito a la nada antes de volver a abrir la ventana
para que el ave se vaya.
Mis ojos regresan al pergamino que he desatado de su pata. No es la letra de Snape, es su letra… La letra de Lucius. Mis dedos empiezan a temblar y me pongo nervioso. El Harry de antes ha regresado, odio como me siento, odio como logra derrocar mis barreras con una simple nota. Pero no pienso abrirla, no me importa lo que tenga que decirme, para mí es como si estuviera muerto. Tengo que ser fuerte y no ceder ante nada. Rompo el pergamino en cuatro trozos y lo hecho a la chimenea. Mientras el fuego lo consume, también se consume la última llama que quedaba por él en mi corazón.
-
Regresaste… a tiempo, querido Lucius – dice Voldemort mientras
lentamente acaricia con su mano la mejilla de su servidor.
- Sí,
mi señor.
- Perfecto, tenía planes para ti.
-
¿Planes?
- Sí, varias misiones de cuyo contenido
quiero que te encargues personalmente. Pero mejor no hablemos de esto
ahora… Me apetecen otras cosas – se acerca de nuevo y atrapa sus
labios.
El cuerpo de Lucius queda tendido en el suelo con el cuerpo del Lord encima, mordiéndole, torturándole cada centímetro de su blanca piel. Está sufriendo y sabe que su señor se está divirtiendo. Porque eso es lo que más adora Voldemort, que sus seguidores se rindan ante él y nunca antes lo había conseguido tanto. Lucius no tiene más remedio que rendirse completamente si quiere conservar su vida, y lo sabe, y lo que más odia es que el Lord también lo sabe. Y ese es el gran poder que tiene Voldemort, lo tiene controlado, no puede hacer nada más que acatar sus órdenes, sean cuales sean.
Sin preparación alguna, el Lord penetra a su amante que se retuerce de dolor. Voldemort disfruta con el placer del sufrimiento ajeno y se complace de ello, pero sus planes no terminan ahí. Se retira bruscamente de su interior y se coloca a su lado.
- Vas a sufrir, Lucius, pero no sufrirás más
dolor. Tengo otra idea mucho mejor. Te voy a dar todo el placer que
nunca has recibido en la vida y cuando grites pidiendo más
habré triunfado.
- No…
- Sí, lo harás –
añade Voldemort antes de bajar lentamente hasta la entrepierna
del rubio y atrapar el miembro fláccido con sus
labios.
Lucius nunca había recibido una mamada como la que estaba haciéndole su señor en ese momento, el maldito sabía qué hacer en cada momento para torturarle de placer. El rubio cerraba los ojos e intentaba no abrir la boca dejando escapar los gemidos que se apagaban en su garganta. El Lord tenía razón, sufría, y mucho. Aumentó el ritmo, empezó a lamer y succionar el glande con intensidad y, al cabo de unos minutos, Lucius alcanzó el clímax con un fuerte gemido. Voldemort se acercó hasta sus labios y le dio a probar su propia esencia.
- Siempre cumplo mis promesas – añadió fijando sus ojos en los plateados del rubio -, y pienso cumplir esta hasta el final.
El Lord se situó frente a él y empezó a prepararlo. Metió un dedo, otro y finalmente un tercero. Lucius quería gritar, gemir, jadear pero sabía que si lo hacía estaría aceptando que Voldemort tenía razón. Estaba sufriendo, retorciéndose de placer ante el contacto de ese hombre que le estaba forzando. Cuando notó que ya estaba preparado, se posicionó en su entrada y, lentamente, lo penetró. No hubo dolor y Lucius se maldijo por ello. Empezó a moverse con embestidas suaves, para ir aumentando el ritmo hasta dar con la próstata del rubio. Un leve gemido escapó de los labios de Lucius y en el rostro de Voldemort apareció el indicio de una sonrisa. Las embestidas de su señor se sucedían rápidamente y todas eran más que certeras para desgracia de Lucius. Una mano agarró su olvidada erección y no tardó mucho en volver a correrse. Los espasmos y la estrechez repentina del rubio provocaron que el moreno inundara el interior de Lucius con su cálida semilla. Instantes después, se tumbó encima de él y le sonrió. Pero no era una sonrisa de felicidad, sino de triunfo. Voldemort había triunfado.
Lejos de allí, un chico de ojos verdes lloraba en silencio.
