CAPÍTULO XI – Verde y plata

Los días pasan rápidamente, febrero ya ha llegado y el frío va cesando con la cercanía de la primavera. Los jardines y el bosque empiezan a florecer llenándose de vida, pero mi dolor no se va y mi corazón sigue tan desolado como siempre. Sé que ha llegado el momento de afrontarlo, hace demasiados días que lo estoy aplazando. Hablaré con él, no pienso dejar que estos estúpidos celos arruinen nuestra relación. Por primera vez, me sinceraré y acataré su decisión, aceptaré que me odie si es lo que elige. Ya le he dado demasiadas vueltas, es momento de pasar a la acción.

Recorro los pasillos solitarios, es de noche, los alumnos ya están en sus habitaciones y demás personal ha terminado su turno de trabajo. Mejor, así podré hablar con él a solas, espero que no esté durmiendo. Arrastro los pies, siento vergüenza por mi comportamiento y miedo ante su reacción, quiero que me perdone, sé que le herí también en el corazón, pero sólo deseo su perdón. No puedo vivir sabiendo que está enfadado conmigo, no puedo dejarlo de lado, es mi padrino y lo quiero y nadie me alejará de él, ningún hombre hará que lo deje de lado, aunque ese hombre sea Lucius Malfoy.

La puerta de la enfermería está cerrada, seguramente Madame Pomfrey ha salido unos minutos. Sirius se recupera rápidamente, pero está aún algo débil, así que debe permanecer allí un par de días más, según me ha dicho Remus. El licántropo se ha convertido en mi informador, ya que mi padrino apenas quiere verme. Me quedo parado, no se oye nada. Seguramente Sirius ya está durmiendo pues no se ve ninguna luz encendida. Creo que será mejor que me vaya. Siempre puedo volver mañana y… ¡NO, NO, NO! Dije hoy y será hoy, aunque tenga que despertarle. Giro el pomo de la puerta y entro. Intento no tropezar con nada para no alarmar a nadie ni despertarlo. Dirijo mi vista hacia la cama pero Sirius no está en ella, quizá ya lo han dado de alta, pero me habría enterado, Remus me lo habría dicho. Doy un par de pasos más y entonces… entonces mis ojos se abren tanto que creo que se van a salir de sus órbitas y me parece que se me ha desencajado la mandíbula al contemplar la escena. No puedo creer lo que estoy viendo. Rubio y moreno. Dos cuerpos, cuatro piernas y cuatro brazos entrelazados. Sirius besando a su amante mientras le está embistiendo y un rubio debajo, jadeando, satisfecho. Los dos con los ojos cerrados, disfrutando del momento. Procuro salir de ahí sin que me vean. Regreso al pasillo, me he quedado petrificado, y el hecho de no poder ni moverme me permite asimilar lo que acabo de ver. Rubio y moreno. Mi padrino y Malfoy. Sirius… y Malfoy. Draco Malfoy.

¿Cómo pude haber sido tan idiota? ¿Por qué me dejé llevar por los celos? ¡Maldición!, tenía que haberme asegurado que era cierto, no sólo con suposiciones… Y ahora, ahora lo tengo todo perdido. Mi padrino está enfadado conmigo, y con razón, y ahora me culpo más, él era inocente, no tenía derecho a herirle y menos sin haber hablado antes con él. Actué mal, como siempre, adelantándome a la razón. Y él… Lucius… ¡por Merlín! Le dije… ¡Mierda! Le dije que se fuera a los brazos de Voldemort! Esa bocaza mía… ¿Qué pretendía con eso? Hacerle daño sí, pero me aseguré de que con esas palabras ya no volverá a mí. Toda la esperanza se ha ido al traste por mi culpa, siempre por mi culpa.

Pero no sirve de nada lamentarse, es lo que he aprendido estos días, las cosas pasan por alguna razón y tengo que aceptar el destino que me ha tocado. Suspiro mientras levanto los hombros y me resigno, lo que tenga que ser será, tengo que vivir el presente y pensar en el futuro, el pasado… el pasado ya no se puede cambiar y tengo que convivir con mis errores. Mañana hablaré con Sirius, intentaré solucionar todos mis problemas y ser feliz, aunque sea solo, eso sí, con todos mis amigos.

Ron y Pansy. Hermione y Blaise. Me alegro por ellos. Los miro y sus ojos brillan al hablarse, al cogerse de la mano, al besarse. Nunca habría imaginado que ese par de Slytherin fueran las parejas adecuadas para mis mejores amigos, pero ahora creo que no hay nadie mejor. Pansy me está sorprendiendo. Su frialdad se convierte en atención cuando Ron anda cerca. Y Blaise se desvive por ver sonreír a Hermione las 24 horas del día. Si alguien me hubiera dicho hace pocos meses que estaría sentado con ellos cuatro cerca del lago, lo habría tomado por loco. Pero ahí estamos los cinco, hablando y comentando cosas de las clases, como si hubiéramos sido amigos toda la vida. Y me alegro, porque necesitaba hablar con gente nueva, distraerme y olvidarme un poco de lo que me preocupa.

Ayer fui a hablar con Sirius, finalmente solucionamos las cosas, pero costó. El gen Black está muy presente en él, pero por suerte es mi padrino y eso pudo más que todo.

Flashback
No sé qué decir. Estoy aquí frente a él y no puedo ni abrir la boca. Diga lo que diga, dolerá y no sé si quiero hacerle más daño, no se lo merece. Sirius ya ha sufrido demasiado.

- ¿Piensas decir algo o te quedarás callado para siempre? – me dice en un tono algo enfadado.
- Sirius… yo…
- Si no tienes nada que decirme, entonces puedes irte – gira la cabeza hacia el lado opuesto donde estoy.
- Verás… esto… no es fácil para mí…
- Tampoco lo es para mí, Harry – me mira fijamente a los ojos -. Eres mi ahijado y tú…
- Sí, te herí, a posta, además – quiere decir algo, abre la boca, pero gira la cabeza -. Sirius… te hice daño, lo sé, y sé también que quizá nunca me perdones pero yo… - se voltea al oír mis palabras.
- Harry, te perdono, pero me cuesta creer que actuaras de esa forma, tú siempre has sido un buen muchacho, no haces daño a nadie… ¿Qué te ocurrió para que actuaras de esa forma?
- Yo… yo… - ¿por dónde puedo empezar?
- ¿Confías en mí? – asiento -. Entonces puedes contarme todo lo que quieras. ¿Qué te sucede des de hace un tiempo? ¿Por qué lloras todo el día? ¿Por qué pareces un alma en pena? – sé que ha llegado el momento, es ahora o nunca, debo sincerarme con él.
- Celos – susurro.
- ¿Celos? – exclama -. Pero… ¿de qué? ¿Tú…?
- De ti y de tu pareja.
- ¿De mi… pa… pareja? – noto nerviosismo en su voz -. Yo…
- No disimules, os vi, pero demasiado tarde…
- ¿Demasiado tarde? Harry o te explicas mejor o…
- Pensé que era otro con quién estabas y sentí celos, porque él me había dicho que me amaba y luego pensé que estaba contigo y me vengué haciéndote daño… Lo siento, lo siento tanto, Sirius – me abrazo fuerte a él, no quiero volver a estar alejado de mi padrino, él me da fuerza, es parte de mi vida y sin él no sería quién soy.
- Harry, ya está, pequeño, no te preocupes… - me acaricia el pelo y me siento afortunado de tenerlo conmigo -. ¿Entonces, no te importa…?
- Sirius, no me importa si estás con él y eres feliz, pero podrías habérmelo dicho, me llevé una buena sorpresa.
- Ya y habrías montando un escándalo al saber de quién se trataba.
- No, no lo sé, quizá sí…
- ¿Quién pensabas que era? – dice al cabo de unos segundos de reflexión -. Has dicho que estabas celoso…
- Nadie, Sirius, ya no es nadie… Otro día, cuando no duela tanto, te lo contaré, te lo prometo.
- Como quieras, pequeño, ahora quiero que me ayudes a levantarme y quiero pasear contigo mientras todo vuelve a ser como antes – paso mi brazo alrededor de su cintura y se levanta, todo tiene que volver a ser como antes, por algo había que empezar.
- ¿Izquierda o derecha? – digo al salir por la puerta de la enfermería.
- Mmmm… donde tú quieras. ¿Por qué sonreías hace un momento?
- Porque me alegro de haberte recuperado, temía que no volvieras a hablarme nunca…
- ¡Eres un exagerado! – se ríe y sus ojos azules brillan como dos estrellas, añoraba su sonrisa, me llena de vida.
- Que no, Remus también lo sospechaba, el pobre ha sufrido mucho con todo esto.
- Bueno, más tarde hablaremos con él. Venga, paseemos.
Fin del flashback

Miro de nuevo a mis amigos. Parecen muy felices desde que se decidieron a salir con sus parejas. Ron y Pansy fueron el tema central del cotilleo de la escuela durante varios días. El hecho que la chica más fría y dura de Slytherin estuviera saliendo con un león y encima un Weasley sorprendió a muchos, pero todos lo aceptaron muy bien al ver sus amplias sonrisas cuando estaban juntos. Lo de Blaise y Hermione no fue para tanto. Mucha gente lo sospechaba, pues a pesar de sus intentos por disimular se les había visto juntos un par de veces estudiando en la biblioteca.

Dumbledore se puso muy contento, incluso en una cena, se levantó e hizo un discurso citando a los cuatro como ejemplo de la unión de la escuela ante la guerra que se avecinaba. Ron se puso rojo como un tomate y Hermione no osaba mirar a la cara de nadie, en cambio tanto Blaise como Pansy sonreían y asentían con la cabeza ante las felicitaciones de los demás alumnos y profesores. Ver para creer.

- Harry…
- Eh… ¿sí? – respondo descendiendo de mis pensamientos.
- ¿De dónde regresas? – me pregunta Hermione.
- Jajaja, pues estaba pensando en el discurso de Dumbledore del otro día, jajajaja – me tumbo en el suelo, no puedo parar de reír.
- Eh, no tuvo gracia – protesta Ron, quien ha vuelto a sonrojarse al recordar el mal rato que pasó.
- Pues a mí me gustó su discurso – esta chica cada vez me sorprende más.
- Pansy – le digo -, eres un pozo de sorpresas. Verás, me explico, siempre había pensado que eras muy Slytherin y lo eres – añado rápidamente al ver su cara de contrariedad -, pero no sé, me caes muy bien – le sonrío.
- Eh… gracias… la verdad no me esperaba esto – se sonroja.
- Oh, por Merlín, Pansy ruborizándose… No me lo puedo creer – dice Blaise -. Potter, has conseguido lo que nadie, nunca la había visto quedarse sin palabras.
- Es que Harry es muy especial – añade Hermione mientras besa en la mejilla a su novio.
- Claro, por eso es nuestro mejor amigo – interviene Ron.
- ¿Saben? Creo que empiezo a entender a los leones… y lo más raro es que me gustan – dice Pansy poniendo cara de alarma y todos nos reímos.

A pesar de haber arreglado ya las cosas con Sirius me siento vacío. Mi corazón está roto, pero ahora sé que sólo es por mi culpa. Yo dudé de él, yo no confié en él, yo no dejé que me explicara… Yo, yo, yo… Sólo yo. Siempre ha confiado en mí, se ha arriesgado mucho, ha puesto en peligro su vida para estar conmigo, ha sufrido en su propia carne la ira de Voldemort y mientras tanto yo culpándole, lamentándome por mi situación cuando la suya era mucho peor. Mis celos… ¡malditos celos! Estaba totalmente fuera de mí cuando pensé que me había engañado. Pero no lo hizo. ¿Cómo puedo remediar esto? ¿Cómo puedo hablar con él y hacerle entender que me he equivocado? Es demasiado tarde.

Subo hasta la Torre de Astronomía, para poder envolverme en sus recuerdos, en su olor. Aún me parece percibir ese aroma que desprende su cuerpo. Parece que pueda verlo ahí sentado, como esa vez, medio herido, obligándome a alejarme de él. Me siento en el alféizar de la ventana, desde ahí la vista es preciosa. Se pone el sol, los pájaros regresan a sus nidos, el lago está en calma, los últimos estudiantes regresan al castillo para cenar, las parejas reunidas bajo los sauces salen de sus escondites y disimulan ante los demás. Todo es perfecto…

- Menos mi vida – digo suspirando.

Sería tan fácil dejarme caer ahora mismo, apenas sentiría dolor, apenas sufriría y así podría ser feliz toda la eternidad. Regresar junto a mis padres, terminar de una vez esta pesadilla que me ha tocado vivir y sonreír, volver a sonreír. Podría dejar caer una pierna lentamente, mientras contemplo el horizonte, luego la otra como quien no quiere la cosa. Todos serían más felices sin mí. Estoy seguro que en un principio se sentirían tristes pero quizá sea lo mejor para todos. Lo mejor para mí. Ya no tengo nada que me una a este mundo. Sirius, Ron, Hermione y Remus tienen a alguien especial, puedo irme tranquilo. Luego sentiría como mis brazos se deslizan, y notaría el aire acariciándome el rostro, con suavidad, viendo el sol desapareciendo detrás de las montañas. "Sería tan fácil", repite una voz en mi cabeza. Sin pensarlo más, deslizo la pierna derecha fuera del alféizar, luego la izquierda, cierro los ojos y me dejo llevar, la caída es rápida aunque saboreo todas las sensaciones segundo a segundo: miedo a lo que vendrá, felicidad por dejar de sufrir, tristeza por mis amigos, seguridad ante el acto que llevo a cabo…

Pero… he dejado de caer y noto que estoy subiendo de nuevo. Regreso al punto del que he saltado. Cierro los ojos, debo de haber muerto y esto es un sueño, quizá estoy sea ya la muerte. Sí, seguramente, no hay más explicación. Un ruido me saca de mis pensamientos y abro los ojos. Me encuentro tendido en el suelo de la Torre y no entiendo qué ha pasado, hacía un momento estaba cayendo y ahora estoy aquí sin ni un rasguño. Miro a mí alrededor, no hay nadie, ya no sé si lo he soñado todo o ha ocurrido en realidad. Creo que me irá bien dormir un rato. Antes de salir por la puerta, veo algo que capta mi atención: un trozo de tela negra en el suelo. Reconocería esa ropa en cualquier sitio, la capa de los mortífagos. Lucius ha estado aquí, lo presiento, ha sido él quien me ha salvado, ha sido él quien ha evitado mi muerte… Y lo ha hecho, a pesar de mi desconfianza, de mis palabras cargadas de veneno y de todo el daño que le he hecho.

- ¿Por qué? – me volteo, no veo a nadie pero reconozco su voz -. ¿Por qué? – no puedo responder a eso, es demasiado complicado, son demasiadas cosas -. ¡Por Merlín, Harry! ¿POR QUÉ? – grita saliendo de su escondite y ahora puedo ver su rostro. Se sitúa frente a mí y no me atrevo ni a mirarle a los ojos, la culpabilidad se apodera de mí -. ¡Respóndeme! ¿POR QUÉ? – me sacude cogiéndome por los hombros y obligándome a encararlo.
- Lo… lo siento… No quería…
- ¿No querías? ¡Has estado a punto de morir! ¿Por qué lo hiciste, Harry? ¿Por qué saltaste? – está desesperado, puedo verlo en sus ojos.
- Yo… - se me hace un nudo en la garganta, lo amo tanto que sin él no valía la pena vivir.
- ¿Por qué renunciabas a todo? ¿Por qué pretendías acabar con esto de una vez?
- Por ti… - veo como sus ojos se iluminan antes de caerme al suelo y sumergirme en la oscuridad.

Despierto en la enfermería. Lentamente, los recuerdos regresan a mi mente, seguramente caí desmayado. Oigo como Madame Pomfrey atiende a los otros pacientes y como los pasos se acercan hasta mi cama. Me duele todo, me pesan los brazos y las piernas, incluso los párpados.

- Veo que ya ha despertado, señor Potter. ¿Cómo se encuentra?
- Bi… bien, creo.
- Bueno, eso ya está mejor. Llegó completamente desnutrido y deshidratado. ¿Cuánto tiempo llevaba sin alimentarse en condiciones? No lo niegue – dice al ver como sacudo la cabeza -, las pruebas médicas no mienten.
- Yo… unos quince días, más o menos – admito finalmente.
- ¿Acaso no se daba cuenta de que se estaba haciendo daño con eso? Hubiera podido morir… - mis ojos se abren al mencionar la palabra 'morir' y veo como se sobresalta al comprenderlo todo -. ¡Por Merlín, pequeño! Tuviste suerte de que te encontraran.
- ¿Quién…?
- Oh, el director, por supuesto – una desilusión se apodera de mi cuerpo, entonces no fue él -. Le trajo aquí rápidamente, por suerte hacía pocos minutos de su desmayo y su cuerpo, a pesar del estado en el que se encontraba, respondió rápidamente a las pociones que le suministré.
- ¿Cuándo podré salir de aquí?
- Bueno, teniendo en cuenta que aún está muy débil, tiene que guardar reposo un par de días más – intento protestar pero continúa – y no admito discusiones. Ahora intente descansar, más tarde le traeré un poco de comida.
- ¿Madame Pomfrey?
- ¿Sí?
- Las clases y…
- Tranquilo, el profesor Dumbledore ya informó a todos los profesores. Además, estos días que no ha podido asistir a clase…
- ¿Días? Pero si hace un rato…
- Oh, no, señor Potter, lleva tres días durmiendo. Estaba agotado, ya se lo he dicho. Descanse – la veo desaparecer tras las cortinas.

Tres días. He dormido durante tres días. No pude hablar con él, no pude contarle todo lo que quería. Dumbledore, quizá él me ayude a contactar con Lucius, tengo que saber qué se traen entre manos el director y un mortífago, esto no es normal. Además, un servidor de Voldemort no entraría así como así en Hogwarts ni tendría reuniones con Dumbledore. Ese par tienen muchas cosas que contarme y si no lo hacen por las buenas, será por las malas, descubriré de qué se trata, tarde o temprano.

- ¡Harry! – un par de brazos me agarran fuerte y apenas me dejan respirar.
- Hermione, suéltalo, que se ahogará… Además, yo también quiero abrazarlo – protesta Ron.
- Oh, Harry, lo siento… Pero es que al saber que ya habías despertado hemos venido lo más deprisa que hemos podido. Nos diste un buen susto – dice mi amiga regañándome.
- Lo siento, chicos – permanecemos unos segundos los tres abrazados cuando advierto la presencia de dos personas más en la sala.
- Hola – digo saludándoles con una sonrisa.
- Hola, Potter, ¿cómo te encuentras?
- Bien, gracias, Blaise. Me alegra saber que os habéis preocupado por mí.
- ¿Ya te han dicho cuando podrás salir de aquí? – pregunta Ron.
- Sí, Madame Pomfrey dice que tengo que estar un par de días más pero luego ya podré volver a las clases – miro a los cuatro y sonrío -. Me alegra saber que mis amigos no han estado solos, gracias.
- De nada, Potter. Eres su mejor amigo y nosotros… bueno… pues… - sé que a Pansy aún le cuesta hablar conmigo, han sido demasiados años de rivalidades estúpidas.
- Pansy – la chica se sorprende al decir su nombre -, gracias por cuidar de Ron. Y, Blaise…
- ¿Sí, Potter?
- Hermione se ve muy bien – la chica se sonroja -. Gracias por cuidar de ellos. Y llamadme Harry, ¿de acuerdo?
- Como quieras, Po… Harry – responde Pansy.
- Sin problemas, Ha… Harry – añade Blaise y nos reímos todos. La verdad es que es una escena bastante cómica ver a dos serpientes siendo tan amables conmigo. El mundo se ha vuelto loco, definitivamente.

Media hora después, ha venido Madame Pomfrey y los ha hecho salir, alegando que demasiado alboroto podía producirme dolor de cabeza además de dejarme agotado de tanto hablar. Me ha preparado una poción que sabía realmente mal, pero me la he tomado sin protestar, pues lo único que quiero es salir lo antes posible de la enfermería. Y ahora, acaba de obligarme a dormir. Pero no tengo sueño, después de tres días lo que ahora me apetece es pasear y estar despierto. Su cabezonería es superior a la mía, así que apaga la luz y me da las buenas noches. ¡Qué mujer tan desesperante!
Bueno, hasta mañana por la mañana nada de nada. ¿Qué puedo hacer ahora para pasar el rato? No puedo moverme de la cama, vaya plan… Si tuviera un libro, pero me he olvidado de pedírselo. Además, así mejor, puedo pensar. Tengo que pensar bien las palabras que le voy a decir a Dumbledore para preguntarle sobre sus encuentros con Lucius. Siempre había pensado que el director sabía más de lo que decía, pero ahora estoy totalmente convencido de ello.

- ¿Madame Pomfrey? – digo susurrando a la negrura que me envuelve, pues me ha parecido oír pasos -. Bah… seguramente me lo he imaginado…

Me recuesto en la cama, me pongo de lado, meto el brazo por debajo de la almohada y cierro los ojos. Intento dormir, pero no puedo, es imposible, no tengo sueño. ¿Cómo voy a tener si hace apenas 5 horas que he despertado? Cambio de lado, a ver si así estoy mejor. Nada, sigo sin poder dormir y cuanto más lo pienso menos sueño tengo. Quizá boca arriba… Bueno, ahora podría contar las estrellas que veo a través de la ventana. Los muggles cuentan ovejas, debe de ser más o menos lo mismo. Igual de aburrido, así que seguramente me dormiré.

- A ver… Una, dos, tres… - bostezo, parece un método bastante eficaz - … cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce – otro bostezo, esta vez más intenso, vamos por buen camino – trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve…
- ¿Vas a contarlas todas?
- ¡¿Lu… Lucius?!
- ¿Cómo te encuentras?
- Bi… bien – aún no sé cómo enfrentarlo.
- Me alegro. No debiste hacerlo, tienes toda la vida por delante…
- No – digo tajante, tengo que empezar a sincerarme -, si tú no estás conmigo, no hay vida.
- Harry… - su voz es dulce, me acaricia el pelo y se sienta a mi lado en la cama.
- No me interrumpas, quiero ser sincero. Verás, estaba muy enfadado contigo, yo… yo pensé que estabas con alguien más, escuché mal y me entraron celos – se sorprende ante la revelación -. Así que discutí con la otra persona y contigo, por eso te dije… te dije aquello. Sólo espero que puedas perdonarme algún día… - una solitaria lágrima resbala por mi mejilla y Lucius la seca con su dedo.
- Te perdono… - le miro y veo que está a punto de llorar.
- Siento todo lo que ha pasado, no quería decirte nada de eso, sólo quería esta contigo pero tú… tú me alejaste, dijiste que lo mejor era estar separados y luego yo… yo pensé que tenías a otro y que por eso me abandonabas – me cuesta decir todo esto pero a la vez adoro poder contarle todo lo que siento, para mí es fácil hablar con él.
- No pensaba que te lo tomaras tan mal, yo… pensé que era mejor, no pensé que sufrirías ni que intentarías…
- Eso ya está, dejémoslo, fue un error. Pensaba en lo fácil que me resultaría desaparecer, no encontraba ningún motivo para seguir aquí…
- Harry, mírame – lo miro fijamente a los ojos, no sé cómo he podido vivir todo este tiempo sin ver ese brillo plateado que me enamoró -, cometí una equivocación, pero si tú quieres, podemos olvidar esas últimas semanas…
- ¿Estás diciendo…?
- Sí, Harry, no puedo estar lejos de ti, sufro demasiado. No sé qué me has hecho, pero te quiero y no pienso dejar que esta guerra nos separe ni nos haga más daño – me lanzo a sus brazos, me acomodo en su pecho y oigo los latidos de su corazón, un corazón que late acompasado con el mío.
- Lucius…
- Shhtt… – pone un dedo encima de mis labios -, ahora tengo que irme, pero te buscaré, como siempre.

Se acerca, me acaricia la mejilla y se pierde en mis ojos, igual que hago yo con los suyos. Verde y plata, nunca antes se me habían antojado tan perfectos. Lentamente, unimos nuestros labios como si fuera la primera vez. Y para mí lo es, la primera de muchas que, ahora sí, tendremos la oportunidad de vivir.